Archivos Mensuales: enero 2006

Grandes cagadas de la historia del hombre(1): Destrucción del Partenón

prólogo de la sección


El Partenón, hoy

El Partenón no es ni el más grande de los templos griegos, ni el mejor conservado ni el más fotogénico. Sin embargo, se trata del templo griego más “currao” por la simple razón que, cuando se hizo, Atenas era una ciudad importantísima que tenía dinero a espuertas: no sólo los que le correspondía por sus impuestos, imperio marítimo, etc. sino porque los atenienses eran los encargados de “custodiar” el tesoro de la Liga de Delos. Por si no os lo imaginábais, se fundieron dicho tesoro en hacer un templo carísimo: compraron el mármol más caro, a los mejores arquitectos (Reformas Ictino & Calícrates) y a los mejores escultores (Saneamientos Fidias S.L.) de la época, que ya es decir mucho.
Total, que una de las acciones de desfalco más descaradas de la historia tuvo como fruto, allá por el 432 a.C., a este pedazo de montón de mármol. No voy a aburriros con detalles sobre por qué es tan especial, digamos sólo que su grandeza está en los detalles y el refinamiento, que provoca orgasmos mentales a todo apasionado del orden y las matemáticas y vosotros me creéis.

Las cagadas comienzan con el incendio del año 256 d.C. (hasta entonces el edificio estaba como nuevo) que destruyó la cubierta y afectó a toda la estructura. Los trabajos de restauración ya no fueron tan precisos ni tan perfectos como en tiempos de Pericles. Este detalle es impresionante, porque estamos hablando de los mismísimos romanos, que tan duchos eran en hacer acueductos, no fueron capaces de restaurar los refinamientos del Partenón. A pesar de eso el edificio se mantenía con una magnífica salud, por lo que esta es una cagada menor.

La imposición del cristianismo en todo el Imperio Romano tuvo como consecuencia la primera gran cagada: se le puso un crucecita encima, se le añadió un ábside y se dijo que Atenea era realmente la virgen María y todos tan contentos. ¡Ah! Se me olvidaba: se destruyeron la mayoría de las metopas esculpidas por Fidias y se decapitó a parte de las estatuas de los frontones (ya sabéis, eran demasiado profanas). La estructura del edificio, sin embargo, se mantenía intacta y fue un popular centro de peregrinaje durante la alta Edad Media. Más tarde pasó a manos de los francos y, en 1460, Atenas fue tomada por el Imperio Otomano y el Partenón convertido en mezquita.

Los otomanos ostentan el honor de haber cometido una de las mayores cagadas de la historia del hombre. Durante la guerra con los venecianos no se les ocurrió otra cosa que convertir al Partenón en su polvorín (visible desde kilómetros a la redonda y en la cima de una peña: blanco perfecto). Esta muestra de estupidez absoluta fue coronada con la participación de los propios venecianos, que lanzaron una bomba el 26 de septiembre de 1687 con gran puntería, haciendo saltar por los aires todo el edificio (total para nada, porque no se hicieron con la ciudad).

El vandalismo y el saqueo hicieron desaparecer poco a poco las estatuas y los frisos que aún sobrevivían desperdigados. Casi hay que agradecer a Lord Elgin que se llevara todo lo que pudo a Londres, porque los restos desaparecían inexorablemente (que quede claro que en absoluto justifico la actual dispersión de los frisos entre Londres, París y Atenas).

Finalmente, a mediados del siglo XIX comenzó la larga serie de restauraciones de la Acrópolis que le han dado el aspecto de ruina restaurada que vemos hoy, si bien se estima que faltan 10 años para que dejemos de ver andamios y grúas. A pesar del lamentable estado en el que ha quedado, el poder evocador del Partenón se mantiene y nos recuerda que el ser humano es capaz de los más exquisitos refinamientos y de las más estúpidas ideas.

Grandes cagadas de la historia del hombre: prólogo

En estos momentos se inaugura una nueva sección de la bitácora: “Fascículos”, donde os torturaré con paridas mentales que son demasiado largas como para entrar en un sólo post (no es plan de abusar de la paciencia del lector), pero que por separado no son peores que las demás.

La primera colección está intitulada: Grandes cagadas de la historia del hombre. El ser humano adolece de un narcisismo patológico. Aparentemente estamos muy orgullosos de lo que somos y de nuestras proezas y tenemos la medalla de oro en todas las grandes hazañas del arte, la ciencia y un montón de otras disciplinas que nosotros mismos hemos inventado (como los automatismos para persianas y los posavasos para el coche). Sin embargo, a veces nos pasan desapercibidas las grandes meteduras de pata que sólo un ser racional es capaz de cometer. Tal vez si sopesáramos juntos nuestros logros y nuestros fracasos no seríamos mucho mejores que otros organismos cualesquiera, no sé, por poner un ejemplo, los copépodos.

En esta colección temática por fascículos haré un repaso de algunas de las mayores cagadas de nuestra historia y constará de temas como (*):

destrucción de obras de arte

errores de la ciencia

destrozos de biodiversidad

etc

* Esta colección puede sufrir alteraciones en su orden y extensión sin previo aviso, así como aumentos del precio de cada fascículo

Por supuesto no se trata de algo exhaustivo ni objetivo, es más, presentará un sesgo evidente hacia mis gustos e intereses personales, por lo que antes que ponerse a criticar (que sé que os encanta), echad una mano y añadid vuestras cagadas favoritas en los comentarios.

Títulos publicados

(1) La destrucción del Partenón

(2) La sangría

El valor del voto en blanco

¿Qué ocurriría si, en las próximas elecciones, más del 80% de los electores de una capital decide espontáneamente votar en blanco? Este es el planteamiento de la penúltima novela del portugués José Saramago. Lo que en principio es un derecho ciudadano, una expresión de hastío o de incapacidad de otorgar el voto a ningún partido concreto, se convierte en una sacudida del sistema. La primera reacción de los políticos es la de incredulidad: las elecciones se repiten un tiempo después, pero el resultado sigue siendo igual de contundente y cunde el caos entre la clase dirigente del país, que se lo toma como una verdadera amenaza a la democracia. No pasa desapercibida para el lúcido lector la evidente paradoja que supone creer que la expresión del 80% del pueblo (demos) sea en sí misma antidemocrática, pero cosas más raras se ven todos los días.

A Saramago le gustan bastante este tipo de “experimentos sociales” que suelen ser el argumento de sus novelas, pero esta es la más “política” de todas las que he leído, hasta el punto de convertir la narración en una dura crítica a las altas esferas del gobierno (y de los medios de comunicación). El consejo de ministros inicia una serie de medidas contra el supuesto complot antisistema comenzando, ni más ni menos, que por declarar el estado de sitio en la ciudad rebelde en cuestión. Seguidamente (y aquí es donde empieza la trama propiamente dicha) se procede a buscar al culpable, porque “tiene que haber un culpable”…

Advierto a quien no haya leído a Saramago que su estilo es bastante “peculiar”: este señor no emplea signos de puntuación que no sean el punto o la coma. No esperéis ni dos puntos, ni puntos suspensivos, ni guiones en los diálogos (ni siquiera saltos de línea), ni interrogaciones, ni títulos en negrita de los capítulos ni nada de nada. Sus novelas son áridas sucesiones de frases, separados por puntos y comas (algún punto y aparte de vez en cuando que te permite dejar de leer cuando llegas a tu estación). Ahora haré una maliciosa puntualización: es curioso que le hayan dado un premio Nobel a Saramago por hacer algo que a cualquiera de nosotros nos hubiera costado un disgusto en el colegio/instituto. Malicia aparte debo aclarar que ese estilo me encanta. Aunque parezca árido, a mí en el fondo me recuerda a cómo funcionan las cosas en mi cabeza, cómo voy saltando de pensamiento en pensamiento de forma continua; quizá por eso me siento tan cómodo leyendo a este autor, al que considero más que recomendable.

Para terminar, un par de frases que me han gustado de esta novela (es política de la empresa no destripar nada de la trama):

“Lo más natural del mundo, en estos tiempos en que a ciegas vamos tropezando, es que nos topemos al volver la esquina más próxima con hombres y mujeres en la madurez de la existencia y de la prosperidad que, habiendo sido a los 18 años, no sólo las risueñas primaveras de costumbre, sino también, y tal vez sobre todo, briosos revolucionarios decididos a arrasar el sistema del país y poner en su lugar al paraíso, por fin, de la fraternidad, se encuentran ahora, con firmeza por lo menos idéntica, apoltronados en convicciones y prácticas que, después de haber pasado, para calentar y flexibilizar los músculos, por alguna de las muchas versiones del conservadurismo moderado, acaban desembocando en el más desbocado y reaccionario egoísmo. Con palabras no tan ceremoniosas, estos hombres y estas mujeres, delante del espejo de su vida, escupen todos los días en la cara del que fueron el gargajo de lo que son.”

“El silencio que sucedió a estas palabras demostró una vez más que el tiempo no tiene nada que ver con lo que de él nos dicen los relojes, esas máquinas fabricadas a base de ruedecillas que no piensan y de muelles que no sienten, desprovistas de un espíritu que les permitiría imaginar que cinco insignificantes segundos escandidos, el primero, el segundo, el tercero, el cuarto, el quinto, fueron una agónica tortura a un lado y un remanso de sublime gozo al otro.”

El anuncio del disfraz de castor

Vi por primera vez este anuncio en la tele por casualidad y no podía parar de reir. Lo he encontrado escondido en el blogoplancton, os pego el enlace

Romance entre pastores

Brokeback Mountain ya está siendo catalogada como “mejor película del año” y “favorita para los Oscars” para algunos críticos. No será por la originalidad del argumento, que es todo un clásico: yo mantengo que nos encontramos ante una novela pastoril. Que no confunda al lector/espectador el hecho de que los protagonistas se llamen Jack y Ennis en lugar de Grisóstomo y Marcela o que las montañas de Wyoming (USA) sustituyan a las lomas de Sierra Morena (Espein). Tampoco hay que dejarse llevar por el aspecto aguerrido y la estética sofisticada de los llamados “cowboys” (chicos-vaca, como tradujo un compañero mío durante una épica clase de ingles, tiempo ha) que, a fin de cuentas, no son más que pastores con pistolas. La historia (especialmente sus primeros minutos) narra un idílico romance entre Jack Twist (Jake Gyllenhaal) y Ennis del Mar (Heath Ledger) en una naturaleza bucólica e idealizada, al margen de la realidad, donde todo es posible y nuestros protagonistas retozan como cervatillos sin ser molestados por nadie. La novedad radica, como ya sabíais, en que ambos pastores son hombres hechos y derechos.

Aprovecho para incidir en lo triste que resulta que esta última particularidad sea la que llame la atención, aunque efectivamente es novedoso que el tratamiento del romance en esta película carezca del tufillo a armario apolillado. Me refiero al que atesta otros metrajes que, aparentemente (y sólo aparentemente), podrían meterse en el mismo saco al considerar que se definen por las preferencias sexuales de los protagonistas. En este sentido, el logro de Ang Lee es hablar de sentimientos universalmente humanos al margen de otras erróneas clasificaciones.

Cuando Jack y Ennis, tras su trabajo de verano en Brokeback Mountain, regresan a la cruda realidad de la sociedad estadounidense de 1963 se ven obligados a ocultar sus sentimientos y seguir con sus vidas, casarse y tener una prole. El amor y el deseo, que son muy obstinados, les harán volverse a encontrar en sucesivas ocasiones durante los próximos años, obligándolos a mentir más de una vez, creando un aura de infelicidad a su alrededor y desencadenando conflictos verdaderamente dramáticos y de difícil solución.

La pausada cadencia de la película, junto con una banda sonora fría pero poderosamente emotiva, permite disfrutar de los silencios, de las palabras que no se dicen y de miradas que lo dicen todo. Hay más de una escena realmente conmovedora y la fotografía es soberbia, aunque cuando se cuenta con un marco natural de la categoría de las Montañas Rocosas, se tiene mucho trabajo hecho. En definitiva una buena película, aunque tal vez se exagera sobre ella por motivos más morbosos que cinematográficos.

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