Archivos Mensuales: junio 2006

La(s) familia(s), el orgullo y el Papa de Roma

Se cumple un año de la reforma del Código Civil que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo en nuestro país. Se cumple también un año de la primera manifestación masiva (veinticinco millones de asistentes, mil arriba, mil abajo) de la democracia española en la que se intentó que un colectivo de ciudadanos NO recibiera un derecho civil. Algo ha llovido ya desde entonces, a pesar de la pertinaz sequía, y ni “La Familia” como institución se ha derrumbado, ni se ha extinguido la raza humana por una proliferación incontrolable de sodomizaciones masivas, ni un rayo exterminador ha fulminado a los infieles. Nada. La gente sigue haciendo su vida como si dicho acontecimiento nunca se hubiese producido. Este es el mejor síntoma de la normalización de la situación.

Sin olvidarnos de que el recurso del PP contra el “matrimonio gay”, perdón, perdón. Se me olvidaba que estos colectivos no están en contra los maricones homosexuales, perdón por el descuido. Iba diciendo que, sin perder de vista que el recurso del PP azuzado por ultracatólicos vaticanistas “a favor de la familia”, sigue en espera de que le llegue el turno, podemos recapacitar sobre los motivos que se esgrimían en su momento para estar tan “a favor de la familia”.

Me resultaba especialmente gracioso que mucha gente defendiera esa oposición argumentando que el diccionario de la RAE especifica que el matrimonio era la unión entre un hombre y una mujer, ignorando que los diccionarios definen las palabras en función de su significado en nuestra sociedad y no al contrario (amén de que el DRAE dista mucho de ser la apoteosis del virtuosismo lexicográfico, como bien podrían explicarnos las lectoras filólogas de esta santa casa). Vamos, no sé a vosotros, pero a mí el salario me lo dan en euros, y no en sacos de sal.

A este argumento seguían otros de carácter etimológico en los que se insistía en la función procreadora del matrimonio (del latín mater, uséase, madre), en el que tanto le insistieron a la generación de nuestros padres y, por lo que se ve, también a la nuestra.

Es evidente que en España el matrimonio como institución ha estado ligado durante milenios al cristianismo católico y por eso para algunos resulta tan difícil asumir la naturaleza del matrimonio puramente civil. Yo entiendo que los sectores más conservadores de la Iglesia no quieran ver cambiar el modelo de familia, que aparezcan alternativas que entran en conflicto con su forma de pensar. Cuando se lleva tantísimo tiempo cortando el bacalao en todos los aspectos debe ser desgarrador perder paulatinamente las parcelas de poder. Entiendo que quieran mantenerlas a toda costa, pero es muy ingenuo no percatarse de que a mucha gente no le gusta que le digan lo que tienen que hacer con su vida y con quién o cuándo pueden o no acostarse (tan sólo un ejemplo concreto de una verdad como un templo más general).

Hay evidencias que son difíciles de asumir: es imposible detener la ampliación del concepto de familia porque es un cambio que ya ha tenido lugar y es irreversible. Divorciados, arrejuntados, madres solteras, parejas del mismo sexo… ninguna de estas concepciones familiares tiene la aspiración de imponerse sobre los demás ni de hacerse dueño de un concepto o una palabra, esa es la diferencia.

En el fondo de eso se trata todo, de considerarse poseedor del concepto de “matrimonio” y “familia” al margen de la evolución que ha habido entre nosotros. Esta evolución, por mucho que pese a algunos, no es el producto de conspiraciones judeo-masónicas y no hay que buscar a más responsables que a nosotros mismos. ¿Quién se atreve a poner en duda que la ciudadanía no es capaz de decidir lo que le resulta conveniente, al margen de políticos y politicastros?

Quizá no sea casualidad que justo un año después de la modificación del Código Civil se celebre en Valencia el “Encuentro de las Familias” presidido por un señor que debe saber mogollón de estos temas: el Papa de Roma. Desconozco el efecto que esto pueda tener en la sociedad como conjunto, pero tampoco es casualidad que la celebración mundial del “orgullo gay” del año 2007 vaya a ser en Madrid. Tendréis que reconocer que hubiese sido un puntazo que coincidieran ¿eh?

Para terminar, la viñeta de Lula & Roger del ADN de hoy. Buen fin de semana ¡y nunca dejéis de estar orgullosos de vosotros mismos!

Crónicas épicas a metro y medio. Acto 3

 

El de la ingeniería civil

 
Moradores del blogoplancton:

 No estoy orgulloso de lo que voy a contar a continuación, pero lo que es, es y lo que fue, fue. Es largo, pero sé que os gusta.

 De nuevo situamos los acontecimientos en el parque que había al lado de mi casa por aquel entonces durante un tórrido verano de finales de los 80 (¡qué gran década!). Hasta ahora creo que no he dicho que en dos esquinas de dicho parque, justo en el borde de la explanada central del mismo, había sendas fuentes. Las fuentes, para todo el que haya perdido su infancia jugando a la consola o sexando pollos, son el punto estratégico más importante de un parque y este detalle es de vital importancia para los juegos de estrategia militar como los “Gijoes” ([yiyóus]) o el super-rescate (una versión personalizada del rescate que acababa siendo como el Monopoly porque nunca se acababa). Las fuentes te permitían beber después de darte 4 carreras, llenaban los globos de agua y otras armas mojadoras y, en definitiva, el que controlaba las fuentes controlaba el juego. Alejandro lo sabía, Aníbal lo sabía, y ahora lo sabéis vosotros (quien reconozca la cita tiene un gallifante).

 Las fuentes, por lo tanto, se usaban constantemente durante el verano por toda la chiquillería del barrio. Eventualmente, durante estos meses en cuestión, el desagüe de una de ellas se atrancó, y de tanto usarse el agua empezó a rebosar y a fluir por el suelo hacia la cuesta que había en el borde del parque, derramándose toda ella hasta la acera. La erosión del flujo de agua provocó en pocos días un pequeño cauce por el que corría un chorrito de agua, como un riachuelo en miniatura de agua sucia. Y aquí entramos en escena los tres mosqueteros: Marcos, Lucas y un servidor. Aburridos de lo que fuese que andáramos haciendo en ese momento nos sentamos en la cuesta, junto al chorrillo de agua, y como quien no quiere la cosa, Lucas empezó a amontonar arena en el chorro para impedir el paso del agua. Lo hacía mientras hablábamos de otra cosa, pero yo no podía parar de mirarle. Pese a sus esfuerzos, el agua llenaba enseguida la pequeña presa y se desbordaba, resultaba desafiante detener el líquido así que, a lo tonto, nos pusimos los tres a construir una presa con arena y barro. La presa se llenaba poco a poco hasta llegar a acumular bastante agua, hasta que finalmente acabó por ceder a la presión, vaciándose.

 El juego nos gustó, y nos pusimos a hacer otra más grande, y así pasamos la tarde. Lo que empezó siendo un entretenimiento estúpido fue cobrando vida propia. En pocos días cada uno de nosotros hacía una presa por separado a lo largo del chorro y jugábamos a ver cuál aguantaba más. El problema era que el chorrito era insignificante para nuestros delirios ingenieriles y no se nos ocurrió otra cosa que turnarnos para mantener el grifo de la fuente abierto y dejarla correr. De esta forma, el chorrillo que rebosaba del desagüe se convertía en un nada desdeñable chorro, un desafío para todo diseñador de embalses. Las presas cada vez eran más grandes y resistentes, con una estructura de elaboración creciente. Teorizábamos sobre los materiales más adecuados, sobre las mejoras que aportaba emplear palitos como armazón y muchas cosas más. En poco tiempo otros niños se unieron a nosotros y por las tardes se podían ver hasta 5 ó 6 presas en serie en el mismo chorro, que de tanto usarse ya tenía un cauce muy definido. Ver cómo, a pesar de nuestros esfuerzos, una presa se llenaba a rebosar hasta que se desbordaba era un espectáculo emocionante. Al principio sólo eran unas gotas de agua debidas a una filtración o algo así, pero si no se remediaba a tiempo el flujo era imparable y acababa por destrozar el trabajo de toda una tarde (aunque a veces también lo provocábamos nosotros sólo por el gustazo de verlo).

 Todo era alegría y felicidad. El espectáculo asombraba a grandes y pequeños y muchos adultos miraban con curiosidad todo el tinglado que teníamos montado allí. Sin embargo, cierto reducido número de adultos-cognazo miraba con desagrado el hecho de que nos turnáramos para mantener abierto el grifo de la fuente a pesar de que no hubiera nadie bebiendo alegando no-se-qué de que si el agua es un bien escaso y otras cosas por el estilo. Había un señor en cuestión (al que en un alarde de originalidad habíamos apodado cariñosamente “el Caraculo”) que era especialmente reacio a que malgastáramos el agua cristalina del canal de Isabel II en un plan hidrológico local. Este señor tenía un hijo de nuestra edad al que estaba enseñando a montar en bici sin ruedecitas para nuestro descojone, pues ya dominábamos el arte de caerse de una bici sin apenas rasguños. Siempre pensé que en el fondo su hijo se moría de ganas de unirse a nosotros y que le enseñáramos a hacer presas con doble capa impermeable y armazón de palitos (las mejores). Sólo había que mirarlo para darse cuenta que bajo esa mirada de desconfianza y desaprobación había un ingeniero en potencia, pero me estoy desviando de tema.

 La cosa es que el Caraculo siempre que nos veía en acción nos daba la charla y amenazaba con llamar a la policía. Lo normal es que el Caraculo se rindiera y no llevara a cabo sus amenazas, retirándose con su hijito y la bici rechinando los dientes. Debo decir que a mí me incomodaba bastante todo eso, es decir, no es que sus palabras me importaran un pimiento precisamente, pero en el fondo de mi conciencia una vocecita decía que todo aquello era de ser mal ciudadano. Una lástima que esa voz no pudiera traspasar el rugir de las aguas cuando una presa se desbordaba arrasando a las poblaciones de hormiguitas indefensas que había debajo. ¿Os acordáis de la escena de la presa que se rompe en “Superman”?… pues eso.

 Hasta aquí la historia no pasa de anécdota, pero una tarde al acudir al parque había una sorpresa esperándonos: el cauce del chorro estaba bloqueado por un inmenso montón de arena. Resulta que estaban de obras en el chiringuito del parque y los obreros habían dejado la arena necesaria justo sobre el chorro, así que ya os podéis imaginar que no estamos hablando de un montoncito de arena, no, sino de una auténtica montaña. Cuando vimos aquello se nos desencajaron las mandíbulas. ¡Qué era aquel derroche de materia prima! No tuvimos que decirnos nada para saber a qué nos íbamos a dedicar toda la puñetera tarde: nos pusimos manos a la obra para construir la presa más grande que había visto la historia, un proyecto faraónico, vamos que ni la presa de Asuán y la M-30 juntas.

 Con todo nuestro ahínco conseguimos lo que nos proponíamos y comenzamos a turnarnos para mantener el grifo abierto constantemente. También hicimos algunas presas previas para poder ir acumulando agua mientras terminábamos la Presa. A las pocas horas todo estaba listo y abrimos las compuertas intermedias para que se fuera llenando todo. ¡Qué espectáculo! ¡Qué de curiosos y de mirones acudían a admirar nuestra insuperable obra! Sin duda éramos la envidia de todo el parque. Ya sé que con el tiempo tienden a exagerarse las cosas, pero no quiero que perdáis de vista que realmente estamos hablando de MUCHA agua, del orden de mil litros (dos bañeras). Y en esto, según llega el atardecer y la Gran Presa se aproxima a sus niveles máximos de capacidad, aparece el Caraculo. Ni os imagináis la cara que puso el buen hombre, blanco como una tiza se quedó, en serio, de piedra; cuando pudo reaccionar ni siquiera nos dijo nada, sino que se llevó a su hijo con la bici a beber a la otra fuente mirándonos con cara desafiante. Yo empecé a sospechar que aquello no iba a acabar bien. El nivel del agua, lodosa y marrón, subía y subía cada vez más y la Presa aguantaba la presión como una campeona mientras nosotros tres saltábamos de la emoción. ¿Cómo hubiese acabado la historia de no ser por el Caraculo? Nunca lo sabremos porque al poco tiempo se empezaron a oír las sirenas de la policía.

 Al principio uno no se cree que aquello vaya con él, pero cuando ve aproximarse a los agentes de la ley y aparcar junto al parque, pues uno se acojona, pero de verdad. Evidentemente no íbamos a dejar eso así: la parte más divertida de hacer presas era ver cómo se destruían, así que en un último acto desesperado Marcos y yo nos subimos al borde del embalse y lo abrimos. El agua empezó a salir a toda presión, con mucha más fuerza de lo previsto. Nos despedimos de ella entristecidos, viendo como una riada de agua y barro alcanzaba la carretera en pocos segundos y seguidamente salimos corriendo a escondernos en las cuevas de los setos.

 No nos pillaron, no, pero estábamos tan acojonados que nos quedamos ahí metidos, elucubrando sobre lo que nos podría pasar si nos encontraban durante demasiado tiempo (cárcel fijo), hasta que se hizo de noche y nuestros padres empezaron a preocuparse. No era la primera vez que tenían que bajar a buscarnos llamándonos a grito pelao, pero en aquella ocasión nos hicimos mucho los remolones y tardamos en salir. La bronca de turno no pasó de lo previsible, nosotros teníamos otras cosas en las que pensar. De regreso a casa miramos de reojo en lo que se había convertido nuestra Gran Presa: unos restos de barro donde antes estaba la montaña y toda la cuesta del parque y la carretera de enfrente llena de arena y agua. El fin de un sueño hecho realidad.

 Volvimos a jugar a las presas, pero ya nunca fue lo mismo.

 
TELÓN

 Reflexiones:¿Mi oposición al Plan Hidrológico Nacional tiene algo que ver con el agua que derroché en el pasado?

¿Qué influencia tuvo nuestro juego en el actual estado de los embalses madrileños?¿Qué diría Esperanza Aguirre si lo supiera?

¿Por qué el hijo del Caraculo nunca se atrevió a dejar la bici a unirse a nosotros?

¿Qué casualidad del destino hizo que los obreros pusieran el montón de arena justo en el recorrido del chorro? ¿Qué pensarían al día siguiente cuando viesen que el montón de arena se había esfumado?

¿Por qué las presas con base de barro y cubierta de arena aguantaban mejor la presión del agua?

 
Preguntas sin respuesta, me temo

Desde la Iberia profunda

Amigos de lo kish, la decadans y el bizarrismo: estoy seguro de que vais a agradecerme la puesta en común de algunos jugosos hallazgos durante mi última incursión por la Carretera de Andalucía y sus incomparables áreas de servicio.
Va por vosotros.

El último éxito de Pel·lita de Huelva contiene “Nadie te dá (con tilde) la mano”, “Qué bonita es mi niña” y una nueva versión del “Cumpleaños”. Esperamos que pueda continuar su gira tras superar su trágica adicción al maquillaje.

El esperado hit de Paquiro (Alias “el preso número 9″): Gitanita Canastera. Una lástima que la calidad de la foto no permita disfrutar en plenitud la expresión de gozo del artista.

Y, ¡Atención! presentamos como primicia internacional un “casete” que no debe faltar en ningún vehículo de las carreteras hispanas “La Canción del jubilado“, cuya carátula nos informa para nuestro alivio que ¡sí!, ¡Contiene la canción del niño y los pajaritos! (amén de otros imprescindibles como “Madre sólo hay una” y, de nuevo, una versión (suponemos que trance-progressive)del “Cumpleaños Feliz”.

Jamón pata negra que llega al blogoplancton directamente desde vuestras áreas de servicio favoritas.

Y como despedida por hoy, una simpática muestra de espontaneidad manchega:

… y ahí queda eso.

Desguace de versos (1): reencuentro con Caín

“¿Qué narices es esto del desguace de versos?” Os estaréis preguntando, y con toda la razón. Pues nada, que me ha dado por crear una nueva sección donde periódicamente publicaré alguna poesía que me guste, por lo que sea, y la destriparé a golpe de motosierra al copepod way. “¿Por qué no lo has llamado de una forma menos sangrienta, como taller de poesía o algo así?” podríais decirme. Pues sencillamente porque considero que no tengo ni puñetera idea de poesía como para hacer un taller, laboratorio o algo medianamente constructivo. Yo lo que voy a hacer es comentar de forma personal por qué me gusta el poema de turno, osando incluso a hacer intrepretaciones muy subjetivas. Y si os esperáis que diga algo así como “Puede que no sea una interpretación correcta, pero es la mía y punto” estáis equivocados. Que estemos hablando de arte no quiere decir que todo lo que opine un lector sin formación ni criterio (como el menda) sea válido ¡no! Mis interpretaciones serán aceptables o no, así que no os cortéis cuando tengáis que decir que todo lo que digo es un soberano ejercicio de onanismo encefálico, porfi.

Vamos al turrón. La última responsable de esta nueva sección es Edryas, que nos ofreció ayer por la noche un recital de poesía, tal y como estaba convenientemente convocado en su blog. Cotilleando por “Losers are winning” podéis familiarizaros con algunas obras suyas, pero durante el recital me conmovió especialmente un poema muy corto pero muy intenso y me comprometí a hacer una especie de cometario. He aquí los versos en cuestión:

Caín sólo quería
que Dios mirara sus ojos,
pero el Padre fue a posar
su vista más abajo:
a la fruta fermentada
llena de vida futura.
Caín no quería
que nadie cayera,
sino nacer con Abel
de la sangre nueva,
comulgar con él
y ser uno,
(golpea)
ser uno,
ser uno.

Bien, y ahora es cuando empiezo a desbarrar:
Estos versos me emocionaron porque suponen una reinvención del mito de Caín y Abel visto desde una perspectiva helénica en lugar de la interpretación clásica (judía), y no me refiero (únicamente) a la evidente analogía Apolo-Abel y Dionisos-Caín.

¿Cuál es la versión tradicional de los hechos? Caín era agricultor y Abel pastor. Ambos ofrecen un sacrificio a Yavé, pero a éste le resulta más grato el sacrificio de sangre de un cordero degollado por Abel que la ofrenda frutal de Caín. Esto pone a Caín como el malo y a Abel como el bueno, se palpa el concepto de pecado y de culpa y Caín (el malo, el pecador) comete el primer asesinato de la mitología bíblica por celos. Después viene esa terrible escena en la que la sangre de Abel que empapa la tierra clama a Yavé, etc etc… y no entraremos aquí en el asunto de cómo se perpetuó la raza humana a partir del estigmatizado Caín, que sobre eso ya han dado muchas y estrambóticas hipótesis distintos teólogos (lo dejamos para los comentarios, si os interesa).


“Caín y Abel” de Tiziano. Santa María de la Salud, Venecia

Vayamos con la interpretación del poema. ¿Qué es lo que quiere Caín de Yavé? Ser amado por quien es, que le mire a los ojos como hijo suyo. Sin embargo a Yavé le interesa otra cosa, la “fruta fermentada / llena de vida futura”. ¿Se refiere la autora a la ofrenda frutal de hermano agricultor? ¡no! Está hablando de los testículos de Caín y de su valioso contenido en el que está depositado el futuro del plan divino, ¡la Humanidad al completo! Eso es una carga muy pesada para un sólo hombre, un hombre al que no se le ha preguntado si desea ser el padre de una estirpe (maldita). Caín no es pecador, ese concepto no tiene sentido en la mitología clásica: los designios de Yavé (los dioses, el destino, las circunstancias,… llamadlo como queráis) ya han sido fijados y Caín los afronta como un hombre adulto, capaz de asumir una responsabilidad pesada, de acudir al encuentro de su destino. Como Héctor al enfrentarse a Aquiles, como Orestes de regreso a Micenas, se prepara la tragedia. Caín ama a su hermano, pero debe matarlo ¿por celos? ¡no!, porque su sangre derramada agradará a Yavé (los dioses). Abel es la víctima del sacrificio, el verdadero cordero cuya sangre debe manchar el altar para obtener el favor divino.

El acto en sí queda reflejado en la poesía como una comunión, un acto de amor: Caín sabe que su estirpe también será la estirpe de la sangre de Abel ¡estamos ante un coito místico! ¡Incesto! La tragedia griega se materializa en nuestras narices. “(Golpea) / ser uno, / ser uno.”

Recordar la tragedia de Caín es una catarsis para los que llevamos su marca, como lo eran las tragedias clásicas. El Yavé que acude tras el sacrificio de Abel no es tal; son las Erinias las que perseguirán ya a Caín hasta la tumba, y él lo sabía igual que Orestes, igual que Edipo.


“El cuerpo de Abel, hallado por Adán y Eva” de William Blake (detalle de Caín). Tate Gallery, Londres

Caín, padre de la humanidad, loser con todas las letras, incomprendido por la historia, héroe trágico: esta noche ofreceré libaciones en tu nombre.

(y no, no me he fumado nada, palabrita)

Guía de campo galáctica (4):el gremlin

Gremlin
Mogwaius propaguliferus

Descripción
Los gremlins adultos son organismos de unos 100-120 cm de altura y constitución antropoide-reptiliana (como tantos otros seres galácticos). Sin embargo, son fácilmente identificables por las características y llamativas expansiones laterocefálicas del tegumento destinadas a la conducción de ondas sonoras hacia los órganos auditivos (orejas) que son de un tamaño desproporcionado para un organismo de este tipo. Al margen de este carácter diagnóstico de campo, los gremlins resultan ser unos organismos algo anodinos en su anatomía, si bien extraordinarios en sus aptitudes de aprendizaje, sociabilidad y macabro sentido del humor.

Para que la identificación sea satisfactoria hay que tener en cuenta que nos encontramos ante una especie dimórfica en la que el adulto o sauriogremlin, ya descrito, es sensiblemente distinto a la fase juvenil colonizadora o peluchogremlin (Dante 1984). El peluchogremlin conserva como rasgo distintivo sus características orejas, aunque su tamaño es mucho menor (apenas 25 cm de altura) y su constitución más rechoncha, amén de unos grandes ojos y una piel cubierta de un acariciable pelaje que le da un aspecto de lo más inofensivo. No se deje engañar el lector de la guía: los peluchogremlins son seres potencialmente peligrosos que sólo deben ser manipulados por expertos. Existen casos documentados de peluchogremlins usados como mascotas que han puesto en peligro la vida de sus dueños por no conocer con exactitud el ciclo vital de estos problemáticos organismos (por otra parte de interesantísima biología). Desconfíe de amables ancianos que pretendan lucrarse con la ignorancia de sus congéneres humanoides en fechas navideñas y denuncie este comercio ilegal de seres vivos inocentes que son sacados de su hábitat.

Ciclo vital y comportamiento
La biología de los gremlins es aún insuficientemente conocida, aunque se puede deducir que los peluchogremlins, por su aspecto agradable e inofensivo, actúan como la fase colonizadora de la especie. El peluchogremlin está instintivamente dotado de recursos para provocar cariño y ternura y ser adoptado por un grupo de organismos sociales de inteligencia limitada (como los humanos).
El potencial invasor del gremlin se mantiene latente durante una temporada de aclimatación. Eventualmente, el contacto con el agua provoca la reproducción asexual de estos organismos mediante gemación dorsal. Efectivamente, tras aplicar agua en la espalda de un peluchogremlin surgen pequeñas yemas de tegumento que originan nuevos individuos (Dante 1984). A los especímenes surgidos mediante esta gemación se les denomina conidiogremlins, y suelen presentar un comportamiento menos cándido que su progenitor con el objetivo de desencadenar la culminación del ciclo cuando la sociedad humanoide ha cogido la confianza suficiente.

Una vez que se ha instalado una protocolonia de conidiogremlins en el seno de una sociedad humana, éstos empiezan a sembrar el caos hasta que resultan difíciles de controlar. El paso del tiempo determina que, bien por descuido o por ignorancia, los conidiogremlins se den un atracón después la medianoche, lo que desencadena la metamorfosis que los convertirá en sauriogremlins. Según recientes investigaciones del equipo científico de los editores de la presente guía, cuando los niveles de cierta hormona de concentración dependiente de la luz solar (que tiene su pico justo tras la medianoche) coinciden con un incremento brusco de la glucosa en sangre, se desencadena una respuesta mediada por cantidades ingentes de AMPc. Los conidiogremlins segregan un mucus a través de las glándulas epidérmicas hasta formar un capullo viscoso donde realizar la metamorfosis.

Tras la eclosión simultánea de los capullos, los sauriogremlins ya están preparados para subyugar a la raza hospedadora y establecer sus sociedades estables. Los sauriogremlins, al igual que los peluchogremlins, son capaces de reproducirse por gemación al ponerse en contacto con el agua, por lo que emplean este… atavismo para incrementar la población de sus sociedades. Las actividades favoritas de los gremlins adultos son las fiestas y los botellones masivos donde bailar y jalear hasta el paroxismo destruyendo objetos y sembrando el pánico. Son unos cachondos y unos excelentes compañeros de bares.

Existen casos documentados de sauriogremlins que han adquirido una inteligencia superior al ponerse en contacto con hormonas indeterminadas (Dante 1990), así como transmutaciones en corrientes eléctricas (?). Hasta la fecha se desconoce si los gremlins son capaces de reproducirse sexualmente, así como de la manera que tienen las sociedades establecidas de generar peluchogremlins colonizadores.

Conservación
Las poblaciones de estas criaturas son tan desconocidas en su estado natural que no es posible aportar datos suficientes para asignarle una categoría de amenaza de la IUCN, por lo que el Mogwaius propaguliferus debe ser considerado como “Insuficientemente conocido” (DD, Data Deficient). Se desconoce su planeta natal y su distribución, aunque existen evidencias que apuntan hacia un comercio ilegal de peluchogremlins sin licencia CITES. En caso de que detecte la presencia de uno de estos organismos en una familia de amigos, proceda a ponerse en contacto con las autoridades competentes. Si tiene que hacer frente a una plaga incontrolada de sauriogremlins, resulta particularmente efectiva la exposición a intensas radiaciones electromagnéticas de baja frecuencia (ej. Microondas), e incluso basta un poco de luz solar para atajar el problema con rapidez. En todo caso, recuerde que debe evitar ponerlos en contacto con el agua y nunca, bajo ninguna circunstancia, permita que se alimenten después de medianoche.

Referencias

Joe Danet (1984) Gremlins

Joe Dante (1990) Gremlins 2

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