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Mis vivencias con los patucos de San Espiridión (Psicodrama traumatizante)

Publicado por Copépodo en 3 Noviembre 2006

San Espiridión (Άγιος Σπυρίδων en griego) es uno de los santos más venerados del cristianismo ortodoxo, especialmente en la isla de Corfú, de la que es el patrón oficial. Espiridión (al que también llamaremos Spiro, por ser la abreviatura más usual) nació lejos de Corfú, en Chipre, allá por 270 d.C. Era pastor y como suele ocurrir con los santos era muy bueno y muy beatillo, y llegó a participar en el Concilio de Nicea (año 325), famoso macrobotellón de cardenales donde se decidieron cosas muy muy trascendentes, que ahora no vienen al caso, la verdad. La cosa es que tras la muerte de Spiro (año 348 según la tradición), pues se le empezaron a atribuir milagros y claro, de ahí a que cogiera fama de santo hubo solo dos avemarías. Sin embargo, fue con el motivo de la ocupación árabe de Chipre cuando se le elevó definitivamente a los altares, ya que antes de que los infieles tocaran el féretro de nuestro amigo Spiro, los cristianísimos chipriotas exhumaron su cadáver y ¡oh, sorpresa!, su cuerpo estaba incorrupto. Hagamos aquí un inciso para aclarar que, en jerga religiosa, la incorruptibilidad de los cadáveres es algo más bien relativo. Lo que se quiere decir es que en lugar de la esperable descomposición el cuerpo, éste se ha momificado de forma natural. La momificación espontánea es un proceso raro pero ocurre ocasionalmente cuando las condiciones ambientales tras el enterramiento son las propicias y no necesariamente sólo a personas buenas. Curiosamente esas condiciones están en relación con aquellas que aseguran la correcta curación de los jamones, si me permitís la comparación. De esta forma, cuando nos hablan de el/la incorruptible (parte del cuerpo) de (santo de turno) suele decepcionar a quien no esté muy instruido, verbigracia, el incorruptible brazo de Santa Teresa y fragmentos por el estilo. Pues bien, al descubrir que Spiro era realmente santo se le trasladó a Constantinopla (por aquel entonces, capital del Imperio Bizantino), y cuando ésta cayó en manos del turco infiel en 1453 un monje corfiota llamado Kalojerétis (Καλοχαιρέτης) lo volvió a desenterrar con sus propias manos y se lo llevó (¡en un saco!) hasta Corfú, donde estuvo a salvo de infieles hasta nuestros días. Desde entonces, San Espiridión es veneradísimo en esta isla y el nombre “Spiro” es el más popular. Sus restos descansan en la iglesia homónima, en el centro de la capital de la isla (la del campanario rematado en rojo de la foto de abajo). A la momia del santo se le saca en procesión el Domingo de Ramos, aunque periódicamente se abre el féretro para que los fieles puedan pedirle a la cara todos los favores y (aquí viene lo bueno) besarle los pies.

Quien conozca el célebre y muy recomendable libro de Gerald DurrellMi familia y otros animales” (o quizá sea algún otro de la trilogía de Corfú) recordará que con la ocasión de la festividad del santo, la familia Durrell (unos ingleses acomodados) acude a la ciudad acompañados por su tronchante amigo nativo que se llamaba precisamente Spiro. La señora Durrell entra en la capilla y al descubrir horrorizada que debe besarle los pies al santo monta un numerito la mar de ofensivo para los devotos locales y bastante cómico para el lector. La parte anecdótica de la historia que os cuento comienza cuando, hallándome yo en Corfú en agosto de 2005, realicé la obligada visita a la iglesia de San Espiridión. En una capilla lateral había una larga cola de feligreses que esperaban no se sabe qué mientras que los turistas entrábamos por turnos. Amigos, allí dentro reposaba la mojama de San Espiridión, o mejor dicho, su lujosísimo sarcófago. Mientras estaba admirándolo con dos amigos se abrió una puerta y entraron dos típicos sacerdotes ortodoxos (vestidos de negro, gordos y barbudos) portando un cirio y un inciensario y cantando con alegría el Kýrie eléison en genuino griego. Todos los turistas (mis amigos incluidos) huyeron de la capilla pero yo, intuyendo que algo autóctono y esotérico iba a tener lugar, me quedé. Los sacerdotes se sacaron sendas llaves de plata de debajo de la sotana y, sin dejar de cantar y de agitar el inciensario abrieron sendas ventanitas del recargado ataúd: una que permitía ver la cara momificada de San Espiridión en persona (con una mueca en la cara bastante tétrica, la verdad) y la otra que dejaba a la luz dos patuquitos de terciopelo púrpura bordados en oro. Un par de mujeres besaron con devoción los patucos murmurando oraciones y entonces me di cuenta de que mi posición en aquella capilla era la de tercer feligrés de la fila. Sí amigos, sin comerlo ni beberlo me había colado en la fila para besar los patucos sagrados de San Espiridión. Por temor a ser irrespetuoso me acerqué a los patucos cuando me llegó el turno y los examiné con mirada inquisitiva. Tras unos segundos de duda uno de los sacerdotes, que debió verme dubitativo, empezó a susurrarme “στα πόδια, στα πόδια” (en los pies, en los pies), por si no me había quedado claro. Finalmente, reuní todo el valor que pude, me agaché y… bueno, me besé la mano y toqué los patucos del santo, que la intención es lo que cuenta. Salí de allí disparado y sin mirar atrás, ignorando las miradas recelosas que se me clavaban en la espalda. Después de aquello casi me arrepentí: en la guía de viajes aseguraban que besar los pies del santo se considera muy higiénico por los corfiotas, que tienen el detalle de cambiarle los patucos sagrados una vez al año.

7 comentarios para “Mis vivencias con los patucos de San Espiridión (Psicodrama traumatizante)”

  1. edryas escribió

    jajajaja, eso es lo que hacíamos en teatro cuando no queríamos besar a nuestro galán.

    Si es que ya lo dice Gacelo: los santos incorruptos son de las cosas más corruptas del Universo.

  2. ricardo escribió

    Puajjj, que asco de historia. Las reliquias siempre me han dado mucho asquito.

  3. Defensor escribió

    Hola:

    interesante tu experiencia, no quisiera pasarla. solo algunos detalles. los cuerpos incorruptos de los santos no son solo simples momificaciones. Incluso no ocurren por las condiciones del lugar, de hecho, hay cementerios donde se han enterrado miles de personas y solo el considerado santo ha sido encontrado incorrupto, cosa distinta a la momificacion. lo mismo con las tumbas, en una misma tumba han sido enterrados muchos y solo el considerado santo es incorrupto. por otra parte, los hay lo mismo en climas fríos, cálidos, desérticos, húmedos, en todo tipo de tierra. ademas, nada de eso explica la no rigidez de los cuerpos, o la presencia de sangre fresca, ojos brillantes y otras caracteristicas.

    es cierto que hay reliquias que no deberian estar expuestas, porque a nuestra mentalidad ya no dicen lo que decian antes,a pesar de ser tan importantes para la fe, como para la buena mesa,”los jamones”.

  4. Rafa escribió

    Defensor: a efectos científicos cuando un cadáver no se descompone normalmente se habla de momificación espontánea (para distinguirla de la momificación artificial que ejercían, por ejemplo, los egipcios). Aunque desde la fe se puede creer lo que sea, desde la ciencia no es un fenómeno extraordinario, tiene explicación, y le ocurre a gente buena o mala indistintamente (también se quedó momificado, creo recordar, Carlos V).

  5. JON escribió

    Recién acabo de terminar la trilogía de Durrell y buscando en Google referencias al santo patrón “incorrupto” de Corfú fui a parar a este blog.Muy ameno,me ha gustado mucho,Rafa.Y tu experiencia con los pinreles de Spiro podría haber sido peor:IMAGINA QUE NO TUVIERA PATUCOS!

    Aunque a mi parecer lo que realmente me dartía mucho yuyu sería ver a esos popes ortodoxos con sus gorros,sus vestimentas negras y sus incensarios

  6. Rafa escribió

    Jejeje, gracias Jon. Tendrías que ver el careto que tiene la mojama de Spiro, parece que se murió de susto.

  7. carmen rivera escribió

    pues me parece bien que la vida de los santos sea publicada, lastima que hay personas tan tontas que no la valoran. mil gracias por su pagina

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