Archivos Mensuales: noviembre 2008

Más solo que la una

En este campus caben más de 20.000 alumnos, más profesores, personal de servicios, despistados, etc. Un jueves normal estaría de bote en bote. Hoy ha sido la ocasión en la que los yanquis comen pavo hasta reventar y se sienten muy culpables si alguien no come pavo y pasa frío. Y yo aquí currando todo el día. Sospecho que no hay nadie más en cinco millas a la redonda. Es una sensación extraña. Menos mal que ya me voy a casa.

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Este post sería más digno del Piador (como lo llama SantiEgo) pero como no tengo, os lo tenéis que comer igualmente, y para rellenar un poco os pego un video que me ha pasado Biosfofo, que me ha gustado mucho, que no viene a cuento pero que de esta forma tengo un motivo para dar gracias: Zankiu, Biosfofo.

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PD: no, nadie nos ha invitado a pavo. Una nueva falacia destapada.

La naturaleza de Nueva Inglaterra contada para europeos (1)

Moradores del blogoplancton:

En los sucesivas cuatro entradas voy a intentar condensar lo que he aprendido en los últimos meses sobre la naturaleza de esta región en la que aún me encuentro. Es fruto de leer un poco de aquí y de allá y de mis propias excursiones que el escaso tiempo libre me ha permitido. No pretende ser muy detallada ni exhaustiva pero quizá si que llene la curiosidad de algunos. La primera impresión que se lleva un naturalista europeo (especialmente si es de la Europa más atlántica) es que todo esto no es muy distinto de lo de allá, y no le falta razón. La historia compartida entre Eurasia y Norteamérica hasta tiempos relativamente recientes hace que se consideren un único reino florístico y dos muy próximos en cuanto a fauna. Sin embargo, su separación durante el principio de la era Cenozoica y sus diferencias orográficas han provocado escenarios distintos para la evolución de sus especies con lo que, en la actualidad, podemos disfrutar de lo que hay en uno y otro continente con la satisfacción de reconocer a viejos conocidos a la par que nos sorprendemos de la presencia de especies muy exóticas para nosotros. Espero que os guste.

Otoño en Vermont

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UAM vs. UConn

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No, no es el partido de los Huskies del sábado, simplemente, y a modo de recapitulación me gustaría hacer una comparación superficial entre dos universidades, la Autónoma de Madrid (mi alma mater) y la University of Connecticut, que llevo catando una temporada. En el fondo lo que sale a relucir de este ejercicio es más bien las dos formas tan distintas de “hacer universidad” a uno y otro lado del Atlántico, cada una con sus ventajas y sus inconvenientes. Vaya por delante que no pretendo inventar la rueda, ser exhaustivo, ni tan siquiera estar especialmente inspirado o ser concluyente, pero puesto que he tenido la oportunidad de ver cómo se hacen las cosas aquí he pensado que estaría bien comentarlas y dejarlas un poco en el aire a ver qué os parecen.

Los mayores primero: la UConn es una universidad “pública” fundada en 1881como “Storrs Agricultural School” entre las granjas del estado de Connecticut (en mitad de ninguna parte, donde sigue estando). En la actualidad consta de seis campus (¿cámpuses?), aunque su principal sede es Storrs y alberga a unos 28.000 estudiantes que estudian una variada oferta educativa desde el derecho a la odontología y de la linguïstica a la farmacia. Algunos de sus departamentos son muy bien valorados por la comudidad investigadora de sus respectivas áreas. No es que sea Harvard, Yale o Stanford, pero digamos que según la clasificación mundial de universidades de 2008 se mantiene en un digno 99º puesto (77º si sólo se cuenta EEUU y Canadá).

LA UAM se fundó en 1968 y también es pública, tiene dos cámpuses (siendo el principal el de Cantoblanco, al norte de Madrid) y alberga a unos 32.000 estudiantes igualmente repartidos en una oferta docente igualmente variada. También tiene varios departamentos internacionalmente reconocidos por la labor de sus investigadores. En la misma clasificación aparece en el puesto 419º del mundo (180º de las universidades europeas). Esto contrasta bastante con otros resultados que había visto (especialmente sobre universidades españolas) en los que la UAM queda algo mejor, entre el puesto 2º y 12º de las universidades españolas, pero digamos que es suficiente para mostrar que ambas universidades son más o menos comparables.

El elemento más importante a la hora de comparar ambas instituciones es, lógicamente, la educación que se imparte en ellas y su calidad. Por desgracia esto es algo que me ha sido muy inaccesible durante estos meses y no puedo entrar a valorar con mucha confianza, pero por lo poco que he visto (por ejemplo durante varias tutorías que tenían lugar en la misma sala donde estaba trabajando), el nivel con el que se imparten las asignaturas de licenciatura (undergrad ) me ha parecido bastante superficial y que muy a menudo incluía contenidos que yo consideraría casi de instituto en lugar de universitarios. Aquí puedo estar dando una opinión muy subjetiva porque desde que yo me sentaba en las aulas hasta hoy ya ha llovido bastante y el efecto LOGSE se ha hecho notar (no seré yo el primero que lo diga). En fin, ese es un tema distinto, pero a mí me enseñaron lo que era un estambre y un ventrículo en EGB; para lo que nos ocupa asumamos que, efectivamente, el nivel de licenciatura puede ser algo más bajo en la UConn. Otra cosa es, por ejemplo, la forma de impartir esa educación. En este sentido me da la impresión de que las aulas están mucho menos masificadas en la UConn y que las actividades prácticas en laboratorios podrían tener más protagonismo que en la Autónoma (laboratorios, por cierto, bastante bien equipados donde, de entrada, cada estudiante tiene un iMAC disponible). Además hay un ambiente bastante dinámico en cuanto a clases con pocos estudiantes y con un formato muy participativo, a modo casi de seminarios.

En cuanto a los estudios de doctorado (graduate), la cosa cambia. El subidón que se pega en la UConn es muy notable en cuanto al nivel y la preparación, si bien, al igual que en España, se trata de una minoría de estudiantes. Ser doctorando no es precisamente un camino de rosas en ninguno de los dos países, pero en EEUU hay que añadir las dificultades de una dura presión académica (que para nada son comparables a los cursos de doctorado, a menudo de calidad baja y prácticamente testimoniales), así como la docencia (20 horas semanales que imparten aquí los doctorandos frente al máximo de 60 anuales que establece la ley española) y la dificultad para encontrar financiación (bueno, eso casi igual que en España). A esto hay que sumar que un doctorando en los EEUU sigue siendo considerado, a todos los efectos, como un estudiante (grad student) y que aquí no he detectado ningún tipo de movimiento social para dignificar la figura del doctorando y que se reconozca en su investigación un verdadero trabajo cualificado, aunque se esté aún en un proceso de formación. Aquí directamente en verano no te pagan aunque sigas investigando, así que ya puedes buscarte algo para pagar el alquiler.

Sin embargo, el ambiente científico que se disfruta en la UConn ha sido de las experiencias más estimulantes que he tenido nunca. Los laboratorios están llenos de gente muy activa dedicados con pasión a su trabajo y que generan una comunidad activa alrededor de la biología evolutiva donde todo el mundo parece estar a la última. Semanalmente el departamento organiza seminarios de altísimo interés, desde la conmemoración del bicentenario de Darwin (1,2,3) pasando por la paleontología de Bermuda, la evolución de los tritones o el conocimiento de las plantas medicinales en la Edad Media, ¡semanalmente! Y además aquellas personas que lo soliciten pueden acordar una entrevista personal con el ponente, por ejemplo, si tu tema de investigación puede verse beneficiado con su experiencia. Añádase a esto charlas de distintos temas, discusiones periódicas entre los miembros de cada equipo sobre bibliografía reciente o resultados en curso, grupos de lectura de libros sobre teoría evolutiva,… no sé, todo está lleno de detalles que hacen que el trabajo diario sea realmente (más) apasionante. Esto contrasta un poco con el ambiente universitario español que conozco donde, si bien hay muchísima gente estupenda que son a la par buenos docentes y buenos investigadores, noto cierta ausencia de sentido de comunidad, excesivas rencillas históricas (o auténticas batallas campales) entre dinosaurios y a veces incluso apatía, aburguesamiento, llámese como se quiera.

No estoy muy seguro de a qué se debe esta diferencia tan pronunciada que he percibido, pero imagino que una parte importante se debe a la filosofía más liberal (en sentido europeo) de la universidad yanqui, la acentuada competitividad por conseguir la financiación, y esas cosas. Esto me ha hecho pensar que muchos aspectos del sistema americano (clases pequeñas, seminarios, interacción, competitividad, etc) es, en el fondo, la materialización de algunos elementos del Plan Bolonia para el Espacio Europeo de Educación Superior. Por una parte es interesante ver que, lo que a veces me han parecido entelequias, son factibles y funcionan muy bien. Por otra también me doy cuenta de que este sistema sólo es posible si, tanto el profesorado como el alumnado está dispuesto a trabajar más de lo que venían haciendo hasta ahora, cosa que desgraciadamente, dudo mucho que vaya a pasar. Cuando además se pretende que el proceso se realice a coste cero, sigo teniendo mis dudas de que al final no nos quedemos con lo peor del sistema viejo y lo peor del sistema nuevo, por no añadir que mi impresión es que los undergrad students tienen un nivel más bien bajo. Por supuesto esto no quiere decir que me parezcan bien otros aspectos del Plan Bolonia como la participación de las empresas privadas en la financiación universitaria. Tengo que reconocer, sin embargo, que investigar en un sitio como este (siendo además un edificio nuevo) es una gozada.

Todo lo referente a la comunidad universitaria es muy superior en la UConn: instalaciones deportivas de lujo, bibliotecas estupendas, teatros, salas de exposiciones, auditorios, tiendas, edificios comunitarios, asociaciones,… para estar en mitad de ninguna parte, esto está lleno de cosas. Un detalle que me encanta: hay un centro de excursionismo donde puedes alquilar todo tipo de material de campo, desde la mochila a la tienda pasando por una canoa, para llevártelo el fin de semana.

Y por último, hablemos de pasta. Todo lo expuesto en los párrafos anteriores cuesta dinero, y no sé si sabéis de dónde sale. Cuando leí que la UConn es una universidad pública, lo entendí en el sentido europeo y me equivoqué. Es cierto que el estado de Connecticut invierte mucho dinero en esta universidad y que, concretamente a finales del siglo XX se llevó a cabo el plan “UConn 2000″ en el que la tesorería del estado inyectó la friolera de mil millones de dólares, seguidos de mil tresciendos algunos años después, lo que supuso un impulso sustancial para el desarrollo de la intitución (empezando por el edificio nuevo donde trabajo que os comentaba antes). Sin embargo eso no quiere decir que, a fin de cuentas, el dinero proceda fundamentalmente de los alumnos. ¿Cuánto cuesta estudiar en la UConn?

Según la página web, los principios de la institución  establecen que “the students can receive a stellar education without graduating with a mountain of debt“, con lo que imaginamos que debe ser una universidad relativamente barata. Un ciudadano de Connecticut debe pagar 7.200 dólares en concepto de matrícula al año, 2.138 de tarifas universitarias, un coste estimado de 5.090 de alojamiento (obligatorio los primeros cursos) y 4.414 para el plan de comidas. El coste estimado del “material escolar” (libros y demás) es de 800 dólares. En resumen, un solo curso en la UConn cuesta 20.000 dólares. Si, por desgracia, el estudiante es de otro estado, el montante es de 33.000 dólares (no me preguntéis por qué). Esta es la cruda realidad de una universidad “pública” estadounidense. Cuando uno se entera de estas cosas entiende por qué Marge Simpson lleva un frasco lleno de dinero en el pelo para la universidad de Lisa. Financiarse unos estudios universitarios es algo que sólo unos privilegiados pueden hacer en el país de las oportunidades. Muchos estudiantes (o sus familias) deben pedir créditos bancarios o recurrir a medidas desesperadas como alistarse en el ejército (subvencionarte los estudios es uno de sus ganchos) para poder estudiar.

En la UAM estudiar un curso (90 créditos) de primer ciclo de Biología (carrera experimental, y por tanto algo más cara) cuesta 1245 euros, y los de segundo ciclo (60 créditos) 830 euros. Eso por no hablar de las subvenciones a familias numerosas, becas a las rentas bajas y un largo etcétera que hace que en la práctica la educación superior esté al alcance de todos (mientras Bolonia no diga otra cosa, claro). Esto te hace pensar en lo triste que es que a veces los alumnos no valoren la suerte que tienen por el hecho de estar estudiando.

En fin, que ojalá pudiesen combinarse lo mejor de los dos sistemas y tener una universidad pública al alcance de todos con el dinamismo que tienen por aquí.

El herbario del Jardín Botánico de Nueva York

A escasos diez días de mi regreso a Madrid, me gustaría ir cerrando temas y hablaros de algunas cosillas que se han ido quedando en el tintero, sobre todo por falta de tiempo en esta recta final.
Hace poco tuve la oportunidad de visitar el Jardín Botánico de Nueva York (NYBG), sito en el Bronx. En este caso no se trataba de una visita turística, por los parques e invernaderos llenos de plantas vivas debidamente identificadas, sino de una visita de trabajo a la trastienda, a los edificios de investigación que normalmente no están abiertos al público y concretamente a las colecciones científicas de plantas (el herbario, vaya).

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Un herbario consiste, en efecto, en una colección de pliegos. Cada uno de ellos contiene un espécimen vegetal debidamente conservado e identificado con toda una serie de datos sobre el lugar y la fecha donde se recolectó, la persona que lo hizo, las condiciones en las que vivía la planta e incluso puede llevar adjuntas notas de taxónomos que se han encargado de su estudio en el pasado o correspondencia entre científicos que discutieron el estatus del ejemplar. Las plantas pequeñas suelen conservarse enteras, pero las de tamaño mediano y grande, lógicamente, no son conservadas íntegramente sino que se seleccionan porciones de su anatomía que resulten representativas y suficientes para su identificación. Cada pliego de herbario encierra una pequeña historia y pueden llegar a ser muy antiguos y valiosos, a la vez que muy necesarios para la investigación botánica contemporánea. Por ejemplo, si uno se ve en la tesitura de decidir si unas plantas determinadas pertenecen o no a la especie “A”, hay que recurrir al texto que escribió el autor de la misma para comprobar exactamente a qué se refería cuando decidió que “A” era una especie distinta a “B” y “C”. A menudo puede ser necesario recurrir a la propia planta que recolectó dicho autor y sobre la que se basó al describir la especie “A” (lo que llamaríamos el holótipo), y esto nos puede llevar, como fue mi caso, a bucear entre pliegos de herbario centenarios hasta dar con el añejo ejemplar y comprobar de primera mano en qué estaba pensando Fulano de tal en 1801 cuando describió “A”.

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Como ocurre con un museo o una biblioteca, los herbarios se enriquecen con el tiempo y con el trabajo de los especialistas. Las guerras y la desidia son responsables de la pérdida de grandes colecciones de valor incalculable. El NYBG, fundado en 1891, cuenta con más de siete millones de pliegos y puede jactarse de ser uno de los más importantes del mundo. Hoy os voy a colar por una de las dependencias del herbario para mostrar cómo lo tienen montado.

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Al igual que en muchas hemerotecas, los herbarios de este calibre suelen estar ubicados en grandes salas (a veces casi una suerte de “búnkers”), protegidos de las inclemencias del tiempo, cambios bruscos de temperatura y humedad, fuego y demás “inconveniencias”. Los pliegos están depositados en enormes estanterías móviles, también ignífugas, que se pueden desplazar girando unos volantes para dejar libre el pasillo que nos interese y compactar las estanterías que no necesitamos (de esta forma se aprovecha mejor el espacio).

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El contenido de cada estantería se indica en su extremo, siguiendo normalmente un orden taxonómico.

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Cada estantería aparece dividida en cajones en los que están ordenados los pliegos, a su vez agrupados en carpetas de cartón. Una vez que hemos localizado el género de la planta que buscamos, encontramos las especies ordenadas alfabéticamente (aunque los especímenes tipo están todos juntos en primer lugar). Existe además un código de colores que relaciona las carpetas con el continente donde fue recolectado el material.

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Tomamos con amor y cariño los pliegos que buscamos y nos los llevamos a alguno de los puestos que hay por allí para hacer nuestras observaciones y tomar nuestras notas.

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Aquí, por ejemplo, veis el aspecto que tiene un pliego de un helecho.

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Las plantas de tamaño muy pequeño, como los briófitos, suelen colocarse en sobres que se pegan a la carpeta correspondiente. En este caso estamos ante un espécimen tipo, como aparece indicado.

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En los pasillos de acceso tienen expuestos algunos pliegos realmente bonitos que quedan mucho más atractivos en esta entrada. En estos ejemplos podéis ver que “doblar” una rama para que quepa en un pliego de forma elegante es todo un arte o a qué soluciones se puede llegar para representar una planta demasiado grande.

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En la página web del herbario del NYBG podéis acceder a mucha información e incluso hay digitalizada una parte del material. Abajo: imagen del holótipo de Pourouma uvifera, una cecropiácea recolectada en Bolivia en 1921.

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V edición de los premios Copépodo de Oro (convocatoria oficial)

¿Creíais que este año os íbais a librar?

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De forma muy apresurada y tirándonos a la piscina (que su Espaguetidad nos pille confesados), la Excelsa Academia de los Premios Copépodo de Oro convoca por quinta vez consecutiva los premios homónimos (Copepod Awards 2008). En esta ocasión se celebrarán el próximo 13 de diciembre y, como viene siendo habitual, hay dos formas de participar:

Sección oficial: trepidante gymkana por las frías calles de Madrid el 13 de diciembre por la tarde limitada a los VIP de la copepodidad (que ya han recibido su invitación por correo electrónico).

Sección blogoplancton: en la que cualquier administrador de un bloj o bitácora puede participar (ver bases). ¡Anímate! ¡Este año está dedicado a los berberechos!

Los ganadores de ambas secciones obtendrán el codiciado Copépodo de Oro que, recordemos, no es un premio virtual sino una exclusiva obra de artesanía de edición limitada y valor incalculable forjada en el Monte del Destino por Biosfofo (alias, “Demiurgo de los copépodos”). Me comprometo a hacer llegar al ganador su premio a cualquier parte del mundo.

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Imagen de los Copépodos de Oro de la edición de 2007

Para el correcto seguimiento de estos premios y para conocer las bases de participación, visita la página oficial “Copepod Awards 2008″.

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