Archivos Mensuales: marzo 2009

Sobre la ciencia…

Algunas cosillas que he leído, visto o escuchado últimamente relacionadas con el empleo de argumentos supuestamente científicos para defender posiciones ideológicas y publicitarias (ya sabéis, niños, que eso no puede hacerse).

La ciencia demuestra que la vida humana comienza en el momento de la fecundación

Varios medios derechosos. Sobre el aborto

No es magia, es ciencia

Sussana Griso, periodista y madre. Sobre el Actimel

Los datos científicos disponibles sobre las etapas del desarrollo embrionario son hechos objetivables, cuya interpretación y difusión han de estar exentas de influencias ideológicas o creencias religiosas. Por ello, denunciamos el reiterado uso del término “científico” al referirse a opiniones sobre las que ni la Genética, ni la Biología Celular ni la Embriología tienen argumentos decisorios. El momento en que puede considerarse humano un ser no puede establecerse mediante criterios científicos; el conocimiento científico puede clarificar características funcionales determinadas, pero no puede afirmar o negar si esas características confieren al embrión la condición de ser humano, tal y como se aplica a los individuos desarrollados de la especie humana. Esto entra en el ámbito de las creencias personales, ideológicas o religiosas.

Los científicos, como el resto de los ciudadanos, tenemos la libertad de adoptar en función de nuestras ideas y creencias, posturas personales frente a cualquier iniciativa legislativa, que habrá de ser finalmente aprobada por el Parlamento de la Nación, pero consideramos importante evitar que se confunda a la sociedad, contaminando problemas de carácter social, y por lo tanto de convivencia, con argumentos a los que la Ciencia no otorga legitimidad.

Ni pinchan ni cortan. Recomendable manifiesto contra la utilización ideológica de los hechos científicos. Vía Otto Neurath

La ciencia es una puta cruel con tacones de diez centímetros

Salió ayer en el capítulo 3×05  de Dexter

Copépodos contra el cambio climático

No me resulta agradable tener que hacer esto, pero como representante en el blogoplancton de la clase de los copépodos no puedo permanecer impasible ante la noticia que ha conmocionado la opinión pública el día de hoy, que además es la primera ocasión de la que tengo constancia en la que los copépodos acaparan la actualidad informativa.

elmundomaniLa noticia, que podéis leer íntegra aquí y que han reproducido en algunos blojs de habla hispana y profusamente meneada, se puede resumir de la siguiente manera:

El llamado experimento Lohafex tiene como objetivo generar un sumidero de carbono en el fondo oceáno para disminuir los efectos del calentamiento global por la acumulación de dióxido de carbono atmosférico que incrementa el llamado efecto invernadero. Recientemente llevaron a cabo un ensayo que consistía en la fertilización de una zona del Atlántico Sur con seis toneladas de partículas de hierro. El hierro es a menudo un factor limitante del crecimiento de los organismos fotosintéticos. La idea es que un subidón tan tremendo de hierro puede disparar el crecimiento del fitoplancton, los organismos fotoautótrofos del plancton, capaces de multiplicar su población muy rápidamente, absorbiendo y fijando cantidades ingentes de dióxido de carbono durante el proceso. Una vez que tienes esa enorme cantidad de algas microscópicas llenitas de carbono, estas acaban muriéndose (?) y se hunden para siempre en el fondo del mar, aliviando parcialmente el dilema ambiental.

El problema es que los científicos estos no contaron con los copépodos. Toda esa masa verde de carbono, en lugar de hundirse disciplinadamente en las profundidades abisales, atrajo la atención de lo que New Scientist ha definido como “una jauría de hambrientos copépodos” que se dieron el banquete de su vida. A su vez, estos rechonchos copépodos sirvieron de alimento a otros crustáceos, en este caso anfípodos, y así, pasito a pasito, el carbono que tan duramente fue absorbido por las algas se ha quedado, de nuevo, en las capas superficiales de la biosfera.

De forma injustísima los copépodos han sido maltratados por la opinión pública y se han convertido en el chivo expiatorio del fracaso de este experimento. El pasado domingo, unos siete billones y medio de copépodos se manifestaron en las calles de la Dorsal Medioatlántica para protestar por el injusto trato que han recibido. La manifestación tuvo lugar sin incidentes ni percances destacables, aunque un grupúsculo de tres millones de copépodos calanoideos de ideología maxilípeda acabaron dando la nota causando daños materiales e hiriendo a una colonia de sifonóforos que pasaba por allí. Además se pudieron ver algunas banderas pre-cenozoicas, pero que no representaban al espíritu pacífico del acto.

El área ocupada por la manifestación de copépodos fue de aproximadamente 500 hectáreas.

manifacopepodos

Algunas imágenes de la manifestación de copépodos, cedidas por “El Copepodómetro”, que demuestran los límites demarcados.

Más imágenes de una jornada memorable.

Eeeemmm, esta última ya no me acuerdo si es de otro sarao distinto.

Teniendo en cuenta estas instantáneas del momento de máxima afluencia…

calculamos una presencia de copépodos de 150 por centímetro cuadrado, copépodo arriba, copépodo abajo, con lo que extrapolando al área estimada de 500 hectáreas (aprosimadamente) obtenemos un total de…

¡¡¡¡Siete billones y medio de copépodos!!!!

(y eso que no se han contado los que andaban en las aceras laterales, en los balcones y parasitando a los peces que pasaban por allí) Por favor, no hagáis caso a las estimaciones de los medios vertebradistas que estiman la participación en tan sólo unos cuantos cientos de millones

Cuando la cabecera de la manifestación llegó a la corriente de Bengala se leyó el manifiesto, pese a que el grueso de la manifestación aún no había podido apenas moverse ¡tal era la concentración de los manifestantes!

MANIFIESTO DE LA ASOCIACIÓN DE COPÉPODOS DEL ATLÁNTICO SUR

Copépodos y copépodas, amigos crustáceos, miasmas e invertebrados varios:

Nos hemos reunido aquí todos para protestar por el trato que nos están dando los medios de comunicación como culpables del fiasco del experimento Lohafex.

CONSIDERAMOS

Que ser copépodo es algo muy nuestro no exento de dificultades, y que está en nuestra naturaleza devorar el fitoplancton como única aspiración vital para después pasar a alimentar al siguiente nivel trófico. Negarnos nuestro sustento supondría el exterminio de millones y millones de potenciales huevos de crustáceo que podrían convertirse en copépodos adultos y seguir reproduciéndose. ¡Negarnos la alimentación provocaría la muerte potencial de millones de copépodos!, ¡un genocicio en toda regla!

EXIGIMOS

A las autoridades competentes el reconocimiento como parte fundamental del plancton marino, ¡los copépodos somos importantes!

(el público aplaude enfervorecido)

EXIGIMOS

Que no se nos limite ni se nos acose por querer alimentarnos y reproducirnos provocando explosiones demográficas

EXIGIMOS

Que no se considere que nuestro alimento es sólo un sumidero de carbono que debe hundirse en las profundidades abisales, ¡¡queremos comer!!

EXIGIMOS

Que puesto que han sido los mamíferos, con sus flatulencias y sus quemas de depósitos fósiles, los que han desequilibrado el dióxido de carbono atmosférico, sean ellos también los encargados de desfacer el entuerto cometido

(rugidos de apoyo de la multitud)

Pues eso, que me encargaron que lo hiciera saber, y eso es lo que he hecho. Y por hoy ya está bien de tonterías.

Gracias por el chivatazo, Lanarch.

Defensa del cambio de hora

Acabo de cambiar los relojes al horario de verano. Con regularidad astronómica se empezarán a suceder en el blogoplancton las quejas sobre el cambio horario: lo fastidioso que resulta, lo falso que es eso de que ahorra energía y todas esas cosas de las que toca quejarse. Como creo que nunca lo he dicho aquí, aprovecho para manifestarme: Me gusta el cambio de hora, y lo que es más, seguro que puedo convencer a alguno de los lectores de que en el fondo, no está tan mal.

Veamos, si decidimos acabar con el cambio de hora, ¿en qué horario nos quedaríamos, en el de invierno o en el de verano? La mayor parte de la gente a la que se lo he preguntado dice que el horario que le gusta es el de verano, ya sabéis, salir de trabajar aún de día, largas tardes llenas de luz solar en la terracita, tomándose unas cañas, y todas esas sensaciones que elevan el espíritu. Bueno, pues resulta que el horario de verano es, de hecho, el más anómalo y si se anula lo del cambio de hora, la que se quedaría sería la de invierno, porque es la más parecida a la hora solar.

De hecho, en España, el horario oficial está notablemente distorsionado respecto al solar: ya sea verano o invierno, tenemos la misma hora que Berlín cuando deberíamos tener la de Lisboa (y los gallegos, con más razón). En los países normales, durante la época cercana a los equinocios (hoy mismo, sin ir más lejos) el sol debería salir alrededor de las 6 de la mañana y ponerse, de forma simétrica, a las 6 de la tarde. No me quiero ni imaginar el efecto que tendría un horario más afín al solar en los peculiares ritmos circadianos ejpañoles. Yo sospecho que habría suicidios en masa. Sospecho además que esta es también una de las razones por las que en España se come y se cena tan tarde, respecto a los países normales, claro.

Así que ya sabéis: esto del cambio de hora es lo que permite la existencia de las maravillosas tardes de verano en la piel de toro. Yo no cambio eso por nada. Si hay que tirarse dos mañanas al año cambiando relojes, no me importa.

Banda sonora: June Afternoon (Roxette)

It’s a bright June afternoon, it never gets daaaaaark…

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Ains, los 90. ¿A que no recordabas a Roxette así? Sólo un verano escandinavo puede provocar estas reacciones tan maravillosamente lisérgicas en un par de suecos.

Darwin y la religión: una controversia larga, estéril y cansina

En la entrada anterior de esta serie se afirmaba que posiblemente la aportación más revolucionaria de Darwin era precisamente aquella que podía salirse un poco más del ámbito científico e impactar en el pensamiento, así en general. El materialismo darwiniano hacía posible por primera vez dar una explicación a la  apabullante diversidad de los organismos a través de propiedades y dinámicas intrínsecas de la materia viva sin la necesidad de que hubiese ningún ente dirigiendo la evolución. Este salto cualitativo que Darwin produce sobre anteriores hipótesis evolutivas es entendido por muchos sectores, fundamentalmente religiosos, como una afrenta y una osadía. Como veremos a continuación, a veces da la sensación de que muy poco se ha avanzado desde esta confrontación nacida hace 150 años, y que de hecho resulta muy ingenuo pensar que se puede llegar a innovar algo en ella.

El origen de las especies no fue un libro nacido de la nada. Había precedentes. Los largos años de reflexión y estudio sobre la evolución por parte de Darwin dio lugar primeramente a un boceto, un borrador que ya contenía muchas líneas argumentales y que está fechado en 1842. Dos años después, en 1844, Darwin lo amplió a un ensayo de varios capítulos que puede considerarse ya un verdadero esqueleto de lo que sería el origen de 1859, impulsado, como sabemos, por la audacia de Wallace. Pues bien, pese a las muchísimas diferencias entre los textos de 1842, 1844 y 1859, los tres concluyen con una frase prácticamente idéntica, una frase que Darwin quiso conservar desde su primerísimo boceto y que, sin duda, consideraba suficientemente importante como para cerrar su obra. Podéis leerla directamente en la página 490 de la primera edición  del origen (imágenes obtenidas en Darwin Online).

finalorigen1

Hay grandeza en esta concepción según la cual la vida, con sus diferentes fuerzas, ha sido alentada en un reducido número de formas o en una sola, y que, mientras este planeta ha ido girando según la constante ley de la gravitación, se han desarrollado y se están desarrollando, a partir de un principio tan sencillo, una infinidad de las formas más bellas y portentosas.

Ni una coma de las que aparecen en este párrafo fue escrita por casualidad. En estas pocas palabras Darwin resume las claves de su obra, a saber: que las especies evolucionaron y continúan evolucionando, el origen común de toda la biodiversidad (a partir de “un reducido número de formas o una sola”) y la naturaleza mecanicista de la evolución, a la que compara con la fuerza de la gravedad. Unas palabras, por otra parte, muy afortunadas.

Veamos, sin embargo, cómo se modificó este final en la segunda edición del origen, la de 1860, mediante sólo tres palabras que ya se quedarían en esa posición hasta la sexta y definitiva modificación del libro, que es la que normalmente se puede encontrar:

finalorigen2

Darwin añade que las formas biológicas originales fueron alentadas “por el Creador”. Esta enmienda tiene su importancia y su interés. Fijáos cómo el dueño oficial del libro escaneado anotó al margen “not in 1st ed.“, señalando que este cambio no pasó desapercibido. ¿A qué se debe este cambio deliberado de Darwin en uno de sus párrafos estrella? ¿Creía Darwin que Dios estaba detrás de la evolución?

Según la biógrafa Janet Browne, estas tres palabras fueron una concesión al reverendo Charles Kingsley, uno de los pocos clérigos de los que recibió una crítica positiva, y se arrepintió más tarde de haberlas añadido. Sin embargo, esa adición nos dice algo importante acerca de lo que Darwin quería transmitir. Como buen científico, a Darwin se la traía al pairo el asunto de la existencia de Dios cuando trabajaba; tenía muy presente que ese asunto debía quedar al margen de sus investigaciones. El lector perspicaz se dará cuenta al leer el origen que se hace referencia ocasional a un “creador”, pero nunca se le da ningún protagonismo ni responsabilidad; Darwin no quería ser tachado de ateo. Al científico, así en general, le resulta irrelevante que la naturaleza se explique por una serie de leyes e hipótesis mecanicistas o que haya un dios, un Monstruo de Espagueti o un copépodo gigante sagrado que sibilinamente actúe en la naturaleza como si hubiera unas leyes mecanicistas y ciegas que le den forma. De ahí la obsesión de Darwin con comparar la evolución con la gravedad; él por lo que abogaba era por una ley clara que pusiese la evolución al nivel del resto de los fenómenos naturales. Su osadía no es, por lo tanto, negar a Dios, sino explicar el mundo vivo de tal forma que ya no es imprescindible. Que esto constituyese algo inadmisible para algunos es harina de otro costal.

En su vida privada, Darwin tenía una opinión bastante definida sobre religión. Si bien fue creyente durante muchos años, en su vida adulta fue paulatinamente rechazando las religiones hasta llegar a calificar al cristianismo de “doctrina detestable”. En su autobiografía podemos encontrar bastantes reflexiones relacionadas con su percepción del hecho religioso. Cuanto más ahondaba en el estudio de la naturaleza, más improbable le parecía la existencia de algún dios. En un momento dado llega a calificarse como “agnóstico” y no como “ateo”, lo que fundamentalmente refleja que era poco amigo de polemizar, o que simplemente negaba la capacidad humana de responder a esa cuestión y por lo tanto dejó de preocuparse por ella.

Ahora bien, ¿cómo se entiende esta aparente contradicción del Darwin? En sus escritos, se esfuerza en no negar la existencia de dioses ni en distinguir si las leyes de la naturaleza son los hilos que maneja el titiritero o la consecuencia de un mundo exclusivamente materialista, pero en su vida personal, detesta el cristianismo y con la edad rechaza cada vez con más firmeza cualquier tipo de religión.

Sabemos que a Darwin le afectaba que le tacharan de ateo, de provocador y de revolucionario; no iba en el carácter de Darwin “dar la nota” en este sentido, pero además podemos suponer, y creo que también acertaríamos, que Darwin alcanzó un nivel de madurez suficiente en este campo como para darse cuenta de que, en el fondo, el asunto de Dios es totalmente irrelevante en la ciencia, y que una cosa es lo que el científico cree en su fuero interno, y otra cómo demuestra o defiende sus hipótesis (y aquí los deus ex machina deben estar siempre ausentes). La ciencia es fruto del ejercicio de la razón, mientras que la fe, por su propia definición, es algo irracional, es creer sin pruebas, seguir lo que no puede verse ni demostrarse. No hay nada de malo en ello, los humanos hacemos constantemente cosas irracionales. Lo malo es no saber reconocerlo.

El error fue, desde el principio, que los “poderes religiosos” se dieran por aludidos, cuando deberían haberse quedado al margen… pero claro, no es lo mismo que los objetos se atraigan con una fuerza proporcional al producto de sus masas que haya “fuerzas” naturales que anden por ahí, creando especies nuevas, sin barro, sin costillas y sin dedazos divinos.

En 1860 la universidad de Oxford organizó un sarao de alto copete para debatir el darwinismo. Ortodoxos y darwinistas se enfrentaron en una especie de mezcla rara entre congreso científico y programa del corazón. Curiosamente Darwin no asistió debido a un oportuno empeoramiento de su delicada salud. Eso permitió que la polémica se desatara y que los asistentes se soltaran la melena y se gritaran los unos a los otros (por eso digo lo del programa del corazón). El debate más influyente tuvo lugar el 30 de junio, entre el obispo Samuel Wilberforce (Soapy Sam, que le llamaban) y Thomas Huxley (también conocido como el bulldog de Darwin; él sí que era amigo de las beligerancias). El debate en cuestión fue muy intenso y apasionado, pero no contribuyó, como era de esperar, con ningún tipo de razonamiento que resolviese la cuestión. Lo que es más interesante es que, pese a todo lo que habría que discutir sobre el darwinismo en aquel momento, el debate quedó reducido a la cuestión de si el hombre “viene del mono” o no, que es precisamente lo mismo que sigue preocupando a los ultrabeatos postmodernos de hoy en día. El origen de la variación, la tasa de cambio y el gradualismo no es lo que les importa, sino cuál es nuestro pedigrí.

wilberforce_huxley

El debate de Oxford sobre evolución. Yo creo que su relevancia se idealizó con el tiempo.

No me voy a extender sobre aquel debate (hay un post muy bueno aquí), aunque recordaré el chascarrillo famoso de cuando Wilbelforce, en mitad de una encendida discusión, le preguntó a Huxley si descendía del mono por parte de madre o de padre, a lo que éste le respondió que “antes preferiría ser familia de un simio que de un hombre como el propio obispo, que utilizaba tan vilmente sus habilidades oratorias para tratar de destruir, mediante una muestra de autoridad, una discusión libre sobre lo que era o no verdad”. Lo que quería destacar es que cuando uno repasa los argumentos que usaban los creacionistas en el siglo XIX, se sorprende con que son exactamente los mismos que nos encontramos hoy (como por ejemplo el omnipresente argumento del diseño) y a pesar de todo hay gente que sigue pensando que va a ser capaz de demostrar algo o de convencer al contrario para que cambie de opinión.

Plantear un debate en estos términos es absurdo y cansa un poco. Lo importante no es si hay gente, que en su fuero interno, no puede concebir la naturaleza sin ayuda de la religión. Allá cada uno. El problema es que se intente meter con calzador una visión teleológica (el diseño inteligente) como si fuese una hipótesis científica a tener en cuenta en las clases de ciencias. Aquí no hay debate que valga, sólo sirven los latigazos. Como alternativa me presento como primer voluntario para ir los domingos a la iglesia, cinco minutitos antes del final, para dar “una teoría alternativa” a lo que diga el señor cura, por eso de ver las dos versiones de la jugada.

Suspenden la cuenta de YouTube de “Videodromo”

Sin ningún tipo de aviso previo o de explicación, hoy han suspendido la cuenta en YouTube del blog Videodromo, que albergaba cientos de videos de confección propia, entrevistas con actores y cineastas, ruedas de prensa, reportajes y presentaciones de películas. Era el fruto del trabajo y dedicación de varios años. ¿A cuento de qué viene esto? Los videos son originales de Alfie y los fragmentos de películas proceden de los tráilers cedidos al propio autor de la bitácora por las productoras para su difusión y publicidad. De la noche a la mañana no puede acceder a su cuenta y los videos están desaparecidos, vulnerando el propio reglamento de YouTube que sostiene que el usuario recibe un aviso si se considera que está vulnerando alguna condición de uso. Por supuesto, establecer contacto con alguien de YouTube es bastante difícil y, teniendo en cuenta episodios previos, esto tiene pinta de acabar muy mal. Si alguien sabe algo más sobre cómo lidiar con estos asuntos y qué perspectivas hay, en Videodromo os estarán agradecidos.

¿A quién se supone que están defendiendo con esta actitud? ¿No hay ningún tipo de “presunción de inocencia” antes de que se puedan tomar medidas irreversibles como parece ser esta? En fin, la próxima vez que leáis algo sobre diversificar vuestros contenidos en Internet, tomáoslo en serio, nunca se sabe cuándo le va a dar el punto a alguien.

Os dejo. Voy a hacerme una copia de seguridad del bloj.

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