Archivos Mensuales: abril 2009

Día del libro 2009: Viaje de un naturalista alrededor del mundo

dialibro2009

Como está muy mal romper con las tradiciones, hoy que es el día del libro me voy a atrever a hacer una recomendación y, matando dos pájaros de un tiro, cumplir con el objetivo de publicar una entrada darwiniana al mes durante este año. El libro que os propongo es, ni más ni menos, Viaje de un naturalista alrededor del mundo, del amigo Carlos.

Es una buena lectura por varias razones. La principal es que siempre es un gustazo poder zambullirse en una parte de la historia que nos interese de primera mano, acompañando a sus protagonistas, sin intermediarios ni interpretaciones, ¿y qué mejor forma hay de conmemorar el bicentenario de Darwin que leyendo uno de sus libros? El origen de las especies es un libro muy importante y tal, pero sólo se lo recomendaría a quienes realmente tienen interés por conocer el nacimiento del paradigma evolutivo del darwinismo o por la historia de la ciencia en general. Es muy denso, requiere estar medianamente concentrado y, dado que el lector ya se conoce el final, digamos que no es muy adecuado para tenerlo en la mesilla de noche.

Por el contrario, el libro que os propongo es una delicia para cualquier lector con curiosidad por las ciencias naturales y la historia. Es un libro de viajes escrito por un chaval de veintitantos que, de rebote, tuvo la oportunidad de dar la vuelta al mundo; un mundo mucho más vasto e inabarcable que el nuestro, donde las distancias eran inmensas y las comunicaciones limitadas. Este viaje acabaría cambiando la historia de la ciencia, pero en aquel momento el joven Charles no tenía ni idea. Simplemente anotaba en su diario con celo y disciplina todo lo que sus sorprendidos ojos percibían cada día, en Montevideo, en la Patagonia, en los Andes, en las Galápagos o en Nueva Zelanda. Había infinidad cosas que podían maravillar a un chaval inglés adinerado y de provincias, desde el trato inhumano que recibían los esclavos en las colonias europeas al misterio de cómo se formaban los atolones. Nada escapaba a su mirada. Y esa es, en el fondo, la virtud principal del autor, y la madera de la que está hecho el buen científico: la capacidad de observación; infinitamente más importante que la inteligencia sobrehumana o la memoria enciclopédica.

voyage_of_the_beagleDerrotero del segundo viaje del Beagle

Acabamos con algunos fragmentos que corresponden a la célebre visita al archipiélago de las Galápagos que, en contra de lo que se suele pensar, no causó una impresión trascendental en nuestro viajero hasta que las hubo dejado atrás.

geochelone_nigra_porteriComenzaré por describir las costumbres de la tortuga (Testudo nigra, antiguamente llamada indica). Parece que prefieren las partes elevadas y húmedas aún cuando también se las encuentra en las bajas y áridas. El número de tortugas cazadas en un día prueba su abundancia. Algunas alzanzan tamaños fabulosos. Los machos viejos son los más grandes; las hembras pocas veces alcanzan esas magnitudes; se distingue muy bien el macho de la hembra en que tiene la cola más larga.

(…)

A fuerza de pasar por los mismos sitios han trazado verdaderos caminos que irradian en todas direcciones desde los manantiales a la costa; siguiendo estos senderos fue como descubrieron los españoles los manantiales. Cuando yo desembarqué en la isla Chatman, me preguntaba con extrañeza qué animal sería el que metódicamente seguía los senderos trazados en la dirección más corta. Es muy curioso ver cerca de los manantiales un gran número de estas inmensas criaturas, dirigiéndose unas con mucha prisa hacia el agua con el cuello extendido, y las otras marchando en calma con la sed satisfecha.

Y eso es todo. Me voy una semana al monte con los de 4º. Por si las sabinas no me dan cobertura wifi, sed buenos en mi ausencia (o al menos parecedlo).

From “Lost” to the river: cómo cargarse una serie

(¡Sin spoilers!)

La quinta temporada de “Perdidos” (Lost) está a punto de acabar y no puedo reprimir mi decepción. Me tragaré lo que quede, y la sexta temporada, y la séptima y la décima, si llegaran a hacerlas, claro, pero más como un cerdo llevado al matadero, tapándome los ojos (y mirando entre los dedos) que con la emoción que se sentía al principio.

El cartelillo de la primera temporada

Soy muy selectivo con las series. Sé que hay muchas excelentes en este momento, algunos de vosotros las recomendáis y seguro que me gustarían, pero el tiempo da de sí hasta cierto punto y al final, casi por religión, me tengo prohibido ver series nuevas: voy siguiendo Perdidos y Dexter (bueno, y alguna revisitación ocasional a fantasmas del pasado: “V”). Por eso me jode ver cómo se están cargando todo lo que Perdidos tenía de auténtico. Los síntomas para mí son claros, y se pueden asimilar a una epidemia bastante extendida en las mentes creativas de estos tiempos caducos que nos toca vivir. Se trata de una fobia a los finales, o incapacidad de acabar lo que se empieza.

En el fondo esto no es sino una consecuencia de la avaricia mezclada con los talentos mediocres y aduencia acrítica. Si una fórmula funciona, repítela, alárgala, crea secuelas, precuelas y metacuelas, pero bajo ninguna circunstancia la acabes. Eso implicaría ponerse a pensar en algún proyecto nuevo y, francamente, demasiada coña hemos tenido para tener éxito una vez como para esperar repetir la hazaña. Olvídate de pensar en algo nuevo y sigue estrujando a la gallina de los huevos de oro porque total, estos son todos una pandilla de fricazos sin sentido crítico que se van a correr de gusto si les sigues dando más de lo mismo. Creo que sabéis a qué me refiero. Hay que madurar intelectualmente, leches, hay que asumir que las cosas empiezan y acaban, y así debe ser. Estoy hasta las narices de trilogías y de sagas, ¡quiero una película buena, de hora y media, y punto! Pero me estoy desviando…

Perdidos tenía que haber tenido cuatro temporadas y ya está. Es cierto que el recurso de introducir nuevos elementos “misteriosos” es parte esencial de esta serie, pero se corre el riesgo de que cuanto más y más se mantiene esta tendencia, más fácilmente se pierde verosimilitud. Perdidos, desde hace mucho, era una serie de fantasía, como tantas otras, pero razonablemente verosímil y consistente. Los seguidores coincidirán conmigo en que la verosimilitud hace aguas desde la cuarta temporada, se abusa de soluciones y de explicaciones “ad hoc”, conejos de la chistera y recursos muy forzados. Lejos de resultar en que las piezas van encajadando, se siguen dejando más y más cabos sueltos, y cada vez se hace peor.

El efecto más grave que tiene esta improvisación, esta aceleración de la trama es que se ha cargado por completo algunos de los elementos que hicieron de las primeras temporadas una genialidad narrativa: el desarrollo de los personajes, esa alternancia del argumento del capítulo con los episodios de la vida del personaje protagonista que te hacían entender el por qué de su reacción en el momento justo; ahí se notaba un mimo, un celo de los guionistas, una coherencia interna, fidelidad a una idea, a un plan. Echo de menos cosas aparentemente tan superficiales como el cuidado en la banda sonora, o esa fotografía tan cojonuda de las primeras temporadas, ¡había planos que llenaban todo el salón de mi casa, joder! Ahora, por el contrario, se meten personajes nuevos que nunca se desarrollan, quedan superficiales; la cadencia narrativa se ha destrozado totalmente y los aspectos formales están descuidadísimos.

Al contrario de lo que dicen algunas críticas por ahí, el problema de Perdidos no es tanto cómo se resuelven los misterios, o incluso que se resuelvan o no (yo aceptaría incluso un final en el que no se desvelaran todas las incógnitas); más bien pienso que el problema viene porque ha dejado de ser fiel a sí misma.

Pues eso, que ya “de Perdidos al río”, que sí, que acabaré de verla, pero mira que hay que ser gañán para cargarse una serie tan resultona. A veces hay gente tan megalómana que hasta sus propios proyectos les quedan grandes.

Os dejo con una pieza que me hizo gracia, parodiando al modo de trabajar de los guionistas de Perdidos.

Da escalofríos descubrir cómo el argumento ha acabado pareciéndose a lo que en origen era una parodia.

Buceando en la Palma

Buceando en la Palma

Continuando con el material acumulado durante estos días en la Palma (siento estar tan monotemático), paso a contaros cómo nos fue el asunto del buceo. Efectivamente conseguimos sacar unas horas para bautizarnos en el Atlántico, que estuvo lleno de nuevas experiencias, así que continuando con mi hábito de hacer crónicas de mis inmersiones (::1::, ::2::), aquí tenéis la que toca esta vez.

Acostumbrados al buceo en mares interiores (Mediterráneo, Caribe, Mar Rojo), calentitos y tranquilos, la primera novedad de bucear en Canarias fueron los 18ºC del agua primaveral. Al final de la segunda inmersión ya se empezaba a echar de menos estar sequito y en la costa. Además, el tiempo no estuvo del todo favorable: durante los días anteriores el mar anduvo un tanto picado, y a pesar de que el día en cuestión la cosa se había tranquilizado bastante, había mar de fondo (que para el que bucea se traduce en un molesto vaivén contínuo) y por lo tanto mucho material en suspensión y una visibilidad relativamente mala, de sólo 15-20 metros (esto empeora mucho la calidad de las fotos). Como además, uno es marinero de agua dulce, me mareé bastante en la barca. A pesar de todo la experiencia fue muy interesante y pudimos ver bastantes cosas.

palmabuceoUn primer comentario sobre el área de inmersión, al oeste de la isla, cerca del Puerto de Tazacorte. Se trata de un área muy adecuada para practicar el buceo por varias razones. La primera es que se encuentra al abrigo de los vientos dominantes (los alisios del noreste). Además, las corrientes son menos intensas en esta zona, ya que en los estrechos que se forman entre las distintas islas el flujo del agua es más rápido. Por último, la temperatura del agua del archipiélago tiende a aumentar conforme nos alejamos del continente africano, ya que cerca de esta costa hay una corriente de agua fría.

En cuanto a los fondos, eran rocosos, así que no tuvimos ocasión de ver ninguno de esos sebadales (praderas de la fanerógama marina Cymodocea nodosa) que tanto parecen entorpecer a algunos politicuchos canarios. Estos fondos de roca están normalmente cubiertos por distintas especies de algas, a excepción de las zonas en las que prolifera el erizo de mar Diadema antillarum, un voraz herbívoro que a menudo deja las rocas totalmente peladas de algas dando lugar a los llamados “blanquizales”. Su proliferación es un verdadero problema en algunos lugares del archipiélago y hay voluntarios que se dedican a erradicarlos, pese a todo no he leído en ningún sitio que el erizo en cuestión sea una especie invasora en sentido estricto.

Diadema antillarum

Diadema antillarum

Había bastantes peces: doncellas, roncadores, sargos, lábridos, y las vistosas viejas, pero los que más disfrutamos fueron los jureles, que formaban bancos numerosos a los que te podías acercar mucho.

Cardumen de jureles (Pseudocaranx dentex)Cardumen de jureles (Pseudocaranx dentex)

Cardumen de jureles (Pseudocaranx dentex)

Jureles (Pseudocaranx dentex)

Lo mejor (¿acaso lo dudábais?) son, como siempre, los invertebrados. Aunque la profundidad a la que bajamos no era suficiente como para poder admirar las paredes llenas de coral negro, me quité un poco el gusanillo con la gorgonia roja (Leptogorgia ruberrima) y con alguna liebre de mar (Aplysia dactylomela).

Leptogorgia ruberrimaAplysia dactylomela

Y de regalo, un fascinante poliqueto: Hermodice carunculata, el “gusano de fuego”.

Hermodice carunculata

LA parte más interesante de la segunda inmersión fue el interior de una cueva, o mejor dicho, de un enorme arco de piedra (entrar en cuevas es peligroso y sólo se debe hacer cuando se está debidamente instruido, y no es el caso). La oscuridad de este entorno favorece la presencia de otros organismos, y así, aunque a primera vista el fondo no tenía nada de particular, a la luz del flash se descubrían los colores de un mosaico de esponjas.

Fondo de la cueva de agua dulce

En uno de los rincones de la cueva pudimos ver una cosa curiosísima: una surgencia de agua dulce, que se podía percibir gracias a los borbotones que producía en la arena. Grabé un pequeño video; la calidad es bastante mala porque no me dejaba enfocar bien la arena.

Y básicamente, eso fue todo… bajo el agua, porque mientras nos desplazábamos entre un punto y otro nos topamos con una nueva sorpresa, muy agridulce:

Tortuga boba herida

Tortuga boba herida

Una preciosa tortuga boba (Caretta caretta) que había sufrido una herida con bastante mal aspecto producida por las hélices de alguna barca. La herida estaba llena de crustáceos parásitos y la tortuga apenas podía sumergirse. La recogimos y nos estuvo esperando en la barca mientras hacíamos la segunda inmersión. De regreso al puerto la recogieron y se la llevaron a un centro de recuperación de fauna en Tenerife, así que quizá esta historia tenga un final feliz.

Lyell, los volcanes y el vino de Fuencaliente

Parque Nacional de la Caldera de Taburiente

Parque Nacional de la Caldera de Taburiente

Yo no sé qué es lo que tienen las Canarias que llevan fascinando a los naturalistas durante siglos. Desde que Alexander von Humboldt “redescubriera” Tenerife y diese el pistoletazo de salida a  la geobotánica describiendo sus pisos de vegetación, un número enorme de viajeros y científicos se han rendido a los encantos de las islas afortunadas. Tal fue el caso, por ejemplo, de Philip Barker Webb, que haciendo escala en las islas en su camino, ni más ni menos que a Brasil, no pudo sino cambiar de opinión y convertirlas en el objeto de su estudio. Junto con Sabin Berthelot sería el coautor de “L’Histoire naturelle des Îles Canaries“. Nunca se sabe en qué puede acabar un viaje a las Canarias. Por mi parte, esta es la cuarta isla que me pateo, y no pienso darme por satisfecho hasta no conocer las siete.

lyell2Hoy os propongo seguir los pasos de uno de estos célebres visitantes, el geólogo escocés sir Charles Lyell, en la isla de la Palma. Aunque no son muchos los datos que se conservan de esta visita, sabemos que la relevancia de sus observaciones aquí contribuyeron en alguna de sus teorías. Para este propósito nos ayudaremos de la magnífica biografía de Carmina Virgili y del proyecto Humboldt, la web que alberga muy jugosa documentación sobre las expediciones científicas a Canarias.

Lyell fue uno de los típicos viajeros-científicos de la época victoriana que tanto me gustan. De alguna forma fue el que convirtió la geología en una disciplina realmente científica, el que buscó los “principios” de este campo del saber. En el fondo esa es la historia del desarrollo de las ciencias: ya vimos cómo a Darwin le obsesionaba la idea de convertir a la biología en una verdadera ciencia, emulando a Newton buscando una ley general (la evolución por selección natural), análoga a la gravitación descrita en los Principia Mathematica.  Igualmente Lyell busca, precisamente, los “principios de la geología“.

Sin embargo, si por algo se distingue Lyell de otros naturalistas contemporáneos es por ser un empedernido viajero. Si Humboldt, Darwin y Wallace tuvieron la oportunidad de realizar uno o dos viajes a los que le sacaron sobrado partido a lo largo de su vida, Lyell visitó en numerosas ocasiones muchos paisajes de Europa y cruzó el Atlántico dos veces. Contaba más de 60 primaveras la última vez que subió al Etna y al Vesubio. Ya firmaría yo por poder hacer lo mismo en su momento.

A su regreso del segundo viaje por Estados Unidos, en 1854, fue cuando tuvo lugar su visita de Lyell al archipiélago canario (concretamente pisó Tenerife, Gran Canaria y la Palma, y como decía antes, no se conserva mucha información sobre la visita). Sabemos que un tinerfeño, Pedro Maffiotte, profesor de ciencias, se encargó de acogerle y acompañarle a algunos lugares y facilitarle información necesaria para su visita a la Palma, que es donde continúa nuestra historia, y donde estuvo dos semanas.

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La Palma, vista por el Gúguel-erz y un mapa chulísimo de von Buch (1836)

En la isla de la Palma, de característica silueta en forma de gota invertida, se pueden distinguir dos unidades de relieve. La Caldera de Taburiente, que domina el norte de la isla, y la cordillera de Cumbre Vieja, que se alarga hacia el sur. La Caldera de Taburiente suele describirse como un “cráter de erosión” de 1500 metros de profundidad. Su grandeza es impresionante y las vistas desde sus cumbres quitan el aliento. Sin embargo, pese a lo sugerente de su nombre la Caldera no es un cráter en el sentido que podríamos imaginarnos en principio: nunca fue una verdadera caldera llena hasta el borde de lava burbujeante cual potaje canario para colmar el jilorio. En lugar de eso hay que pensar en la mitad septentrional de la misma como los restos de un inmenso volcán cóncavo, con forma de escudo (el “Taburiente”), cuya mitad inferior acabó por venirse abajo. Otros procesos volcánicos posteriores cerrarían la Caldera en el sur, manteniendo un estrecho canal como desagüe natural hacia el suroeste (El Barranco de las Angustias, de enorme interés botánico, por cierto).

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La Caldera de Taburiente en la 6ª edición de los “Elementos de geología” de Lyell

La cosa es que por aquellos tiempos había dos teorías contrapuestas para explicar el origen de los conos volcánicos. El alemán Leopold von Buch era partidario de la teoría de la elevación. Las masas subterráneas de lava levantarían la corteza terrestre formando el cono volcánico que, eventualmente, entraría en erupción después. Lyell, por su parte, defendía la teoría de la acreción, que viene a decir que son las propias erupciones las que van amontonando el material que conforma el volcán desde su comienzo. La Palma, visitada tanto por von Buch como por Lyell, puso su granito de arena en la resolución de esta controversia.

En una carta de Lyell a Maffiotte fechada el 5 de abril de 1854 dice:

Empleé catorce días en la exploración de la isla de La Palma. El tiempo estaba muy bueno; la Caldera, desde la cual se descubre una inmensa vista, es de gran importancia geológica, y bajo muchos conceptos ofrece novedad.

A efectos del asunto de los volcanes, lo que le interesaba a Lyell podía verse escrito en las paredes septentrionales de la Caldera, que contaban la historia del volcán Taburiente. Su estructura alternaba lavas y piroclastos, sugiriendo que, efectivamente, se había formado por acreción a lo largo de erupciones sucesivas. Durante nuestra visita pudimos ver esas mismas paredes de la Caldera que contribuyeron a la consolidación de la teoría de la acreción.
Pared de la Caldera de Taburiente

Foto de la pared de la Caldera de Taburiente. Un estrato de piroclastos (marrón claro) aparece hecho un sandwich entre dos capas de lavas (marrón oscuro) correspondientes a distintas erupciones. Un azucarillo para el que sepa qué son las líneas oblicuas que cruzan la imagen.

Lyell disfrutó como un enano en la isla y tomó muchas notas de campo, meditando sobre el origen “of the Caldera”.

lyellcalderaEn este momento el escocés planeaba escribir un libro sobre Canarias y Madeira, y aunque finalmente no fue posible, la Palma y su caldera sí que aparecen mencionadas en sus Elementos de geología, por ejemplo, con esta chulada de perfil, que representa una sección de la Caldera vista desde el Norte.

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La otra unidad de relieve, el rosario de volcanes que se extiende hacia el sur de la isla, también nos sirve para poner un ejemplo de la aportación fundamental de Lyell a la geología: el actualismo. Frente al catastrofismo de Cuvier, que requería para explicar la formación y destrucción del relieve de la participación de sucesos puntuales, violentos y catastróficos, Lyell piensa que las fuerzas que explican la generación y erosión  de la tierra firme  son las mismas que podemos observar en el presente, y que en realidad lo que ocurre es que la historia de nuestro planeta es mucho más vasta de lo que se pensaba. Esto era una herejía muy grande, y tal.

Al recorrer la llamada “ruta de los volcanes” se pueden ver conos volcánicos y coladas de lava que no estaban allí durante la visita de Lyell.

Cráter del Hoyo Negro

Lavas del Duraznero

Cráter del Hoyo Negro y lavas del Duraznero. Erupciones de 1949

teneguiaLa ruta de los volcanes finaliza en el municipio de Fuencaliente. Es en él donde tuvo lugar la última erupción histórica de la isla, que corresponde con la del volcán Teneguía en 1971 (izquierda). Las lavas que el Teneguía vertió al Atlántico cambiaron el contorno de la isla haciendo que el municipio de Fuencaliente sea el único de España (se me corrija si me equivoco) que ha ganado terreno al mar en tiempos tan recientes. Efectivamente, no hay que recurrir a catástrofes violentas para demostrar que la orografía del territorio sigue cambiando en el presente. Bien por Lyell.

Las tierras de Fuencaliente, en una superficie muy significativa están ocupadas por viñedos, y los vinos que nacen aquí sientan estupendamente después de cenar, tras una larga jornada subiendo y bajando lomas, como pudimos comprobar.

Casualidades de la vida, resulta que Fuencaliente es la patria del señor Mapoto, la mente pensante de Crucemos los dedos. Pese a que, desgraciadamente, no pudimos coincidir en este lugar y conocernos en persona, Mapoto nos exhortó a visitar el bar Parada, donde nos tenía reservada una botella de vino de la tierra como inmerecido obsequio. Una serie de errores imperdonables hicieron que, en realidad, al final hubiese dos botellas esperándonos (que aceptamos a regañadientes) y con las que brindaremos a su salud.

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Los godos saquean las islas. Productos traídos de la Palma, incluyendo las botellas de vino de Fuencaliente, cortesía del sr. Mapoto y el bar Parada. El resto lo compramos en el SPAR. Los almendrados no llegaron con vida a la Península. Nótese que el ron miel ya ha sido desprecintado.

Para afianzar esta hermandad blogueril, nosotros por nuestra parte hicimos entrega de una humilde caja de Chatitas, pero eso es otra historia que debe ser contada en otra ocasión.

Las glándulas malignas

¡Anda! Pues resulta que se pueden enlazar archivos de audio al bloj. Para probar esta capacidad os pongo un clásico de la manifestación anti-maricones por la familia de 2005, cuando un reportero de la COPE consigue una declaración científica incontestable:

Mi parte favorita es la del final: “Yo no creo que eso sea interesante para la sociedad en ningún aspecto”.  Dan ganas de responderle: “señora, hable por usted, hay una parte de la sociedad que de hecho lo encuentra empíricamente interesante (y divertido)”.

Lástima que nos quedáramos sin saber lo que tenía que decir sobre la masturbación de las mujeres ¡censura!

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