Archivos Mensuales: noviembre 2009

Cata de coca-colas

Dentro de 24 horas estaremos sobrevolando el Atlántico de regreso a Madrid. Espero que la vuelta a la normalidad me permita ponerme al día con los blojs de los demás y que la calidad de esta santa casa retome los niveles habituales de resultona mediocridad. Como despedida de este periplo americano ayer estuvimos rodando una pieza para Videodromo con ayuda de Isaac, parte de la diáspora ibérica en la Universidad de Connecticut. Se trata de una prueba para ver si se puede identificar la Coca-Cola por su sabor (y es que la vida yanqui ya empezaba a afectarnos a la neurona) en la que yo hice de presentador. En realidad es una petición que un lector le hizo a Alfie el año pasado, pero nos permitió echarnos unas risas.

Darwin Centre: el legado del bicentenario

La estatua de Darwin, en la soledad nocturna del Natural History Museum, Londres. Imagen en exclusiva para DDUC

Hoy se cumplen 150 años de la publicación del origen de las especies, segunda y última celebración de este año darwiniano. Sobre el libro en sí ya dijimos algo hace unas semanas y seguro que a estas alturas ya todos sabéis que los mil y pico ejemplares de la primera edición se agotaron en la editorial el primer día y que una copia costaba quince chelines de 1859.

Darwin, al igual que otros colegas británicos contemporáneos fueron el fruto de un país que vivió durante el siglo XIX una edad de oro científica, y en la actualidad se le considera como uno de los hijos más ilustres de Reino Unido. Es normal que las celebraciones del bicentenario hayan tenido un eco especial en la capital británica, y si no, recordad la histórica exposición “Darwin’s Big Idea” que acogió a millones de visitantes hasta la pasada primavera. Los londinenses, sin embargo, no han querido quedarse en algo pasajero y han aprovechado este año 2009 para dejar un legado impresionante para la historia en el Natural History Museum, el Darwin Centre.

Rutilante nuevo edificio de las colecciones del NHM, conocido como “el capullo”

Las dependencias del llamado “Darwin Centre” -DC- corresponden ni más ni menos que a las colecciones de biodiversidad del museo. Se trata de un centro integrado donde se conservan y se estudian los especímenes de plantas y de animales del NHM. Con ocasión del bicentenario de Darwin se ha aprovechado para unificar toda la colección y dotarla de nuevas instalaciones, incluyendo el nuevo edificio, así como de espacios de exposición y de trabajo para los científicos. Todo un lujo.

En seguida os cuento por qué es un lugar excepcional, pero antes os llamo la atención sobre las imágenes que podéis ver en este post. Me las hizo llegar una amiga mía que tiene el privilegio de haber podido trabajar en el herbario del museo como parte de su tesis doctoral. Algunas de estas fotos corresponden a lugares que no son accesibles al público o de antes de la inauguración del centro, el pasado mes de septiembre, así que desde aquí le mando a Rut un agradecimiento especial por su ayuda.

En este post me gustaría recordar la importancia de este tipo de lugares destacando concretamente la excepcionalidad del nuevo DC. Las palabras se quedan cortas a la hora de describir lo que se encierra aquí dentro. Tres kilómetros de armarios albergan más de veinte millones de especímenes de plantas y animales. Se trata de la colección científica de biodiversidad más grande de todo el mundo. Hay mayor número de especies de organismos aquí que en ningún otro edificio del planeta. Gracias al trabajo de los conservadores del museo aún son accesibles especímenes recolectados durante las expediciones de Cook o del propio Darwin durante su viaje a bordo del Beagle entre otros muchísimas muestras procedentes de todas los rincones del mundo que de forma constante han nutrido este museo durante más de tres siglos. Algunos ejemplares corresponden a especies posiblemente extintas y son el único testimonio que existe sobre su existencia. Da vértigo pensar en la cantidad de horas de trabajo que hay en estas paredes: cientos de vidas profesionales dedicadas al conocimiento de la biodiversidad y a su conservación, un patrimonio valiosísimo que se hace más accesible que nunca al visitante. Da gusto ver cómo se ha invertido generosamente en renovar, mantener y exponer este conocimiento; sin duda alguna una decisión muy acertada para celebrar la efeméride darwiniana con un legado permanente para toda la comunidad científica. Bravo (¡y qué envidia!).

Imágenes del herbario de plantas vasculares del DC

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Una breve representación de los más de 1o millones de especímenes de insectos que se custodian aquí

Y por supuesto, una de las mejores características del DC es lo vanguardista que resulta. No se trata sólo de un lugar donde hacer exposiciones ni donde trabajan los botánicos y zoólogos, sino que pretende ser un punto de interacción entre la sociedad y los científicos. Al igual que pasaba en el Field Museum, aquí hay “peceras”, centros de trabajo donde el científico de turno trabaja a la vista del público, y donde cualquier visitante puede charlar con él si tiene interés para que le explique en qué consiste su trabajo.

Laboratorio-expositor

Si el NHM ya resultaba mastodóntico para el visitante, gracias a esta nueva ampliación se asegura mantener su puesto entre uno de los mejores del mundo, sacando provecho al que posiblemente es su patrimonio más importante. Si ya tenía ganas antes, ahora ya me muero de las ganas de conocer este lugar. Os dejo con un breve video de presentación y con la recomendación de que no os lo perdáis si visitáis Londres en el futuro:

No se me ocurre una forma mejor de celebrar un bicentésimo cumpleaños.

La Tierra con anillos

Echad un vistazo a este video. Nos muestra cómo sería la Tierra si tuviese un sistema de anillos como el de Saturno (reescalados a nuestro tamaño).

La animación es curiosa y está muy bien explicada, además quedan muy exóticas esas vistas de las ciudades del mundo con los anillos tal y como se verían a la correspondiente latitud.

Puestos a imaginar estuve dándole vueltas al asunto ese de los anillos y creo que se podrían haber dicho varias cosas más sobre cómo sería nuestro planeta con unos anillo molones de esos.

Por ejemplo, no tengo muy claro que los anillos fuesen visibles a plena luz del día siempre. Normalmente el brillo del sol impide que veamos la luna durante el mediodía cuando está entre el cuarto mengunte y la luna nueva y entre la luna nueva y el cuarto creciente (pese a que, técnicamente, está en el cielo), y sólo cuando está bajo en el horizonte nos damos cuenta de la presencia de nuestro satélite aunque sea de día.

Otra cosa que no se comenta es que los anillos sólo serían parcialmente visibles durante la noche, ya que una porción nada desdeñable estaría a la sombra (fijáos en las fotos de Saturno). No importa en qué momento del año estemos, por la noche sólo veríamos una parte del sistema. De hecho creo que estas circunstancias, asimiladas con naturalidad por toda la humanidad desde el principio de los tiempos, habrían tenido como consecuencia que el “descubrimiento” de la redondez terráquea podría haberse asumido mucho antes y por muchas más civilizaciones, porque sería fácil darse cuenta de que en realidad los anillos son continuos y ese eclipse constante no es más que la sombra de la Tierra. Además, sería una herramienta excelente para orientarse, ya que los anillos siempre marcarían la posición del ecuador.

Sin embargo la consecuencia más importante para la vida en nuestro planeta sería otra. Los anillos, si os dais cuenta, son suficientemente opacos como para proyectar una sombra negrísima sobre Saturno. De tenerlos nosotros una banda de la superficie terrestre tendría oscuridad diurna durante un número variable de semanas al año. La sombra sería mínima durante los equinocios (y caería justo sobre el ecuador), y máxima en los solsticios, proyectándose sobre el hemisferio que está en invierno. Es decir, que los inviernos serían más fríos y oscuros. Estas sombras no llegarían a los polos, oscilarían entre el ecuador y una latitud variable que dependería de cómo de lejanos y de anchos son los anillos, y a buen seguro que tendrían consecuencias importantes sobre el clima, pero claro, ya todos estaríamos prevenidos y nos sabríamos de memoria cuándo sale y se pone el sol por los anillos (dos veces al año, en la mayoría de los casos) y durante cuánto tiempo. Seguro que en la previsión meteorológica nos recordaría estos acontecimientos como quien anuncia la llegada del verano, y seguro también que ver salir el sol después de varios días o semanas de oscuridad es un acontecimiento que atraería a muchos aficionados a la astronomía y a románticos por igual.

En fin, que la idea de los anillos daba un poco más de sí y el video ese me dejó con las ganas.

Nuevo advenimiento de los yihadistas del Mac

Con esto del lanzamiento del Windows 7, la tele se llena de publicidad y se pueden ver anuncios como estos:

Esto no me sorprende más allá de lo inusual que es en España que haya anuncios de sistemas operativos (corregidme si me equivoco, pero por allí no ponen este tipo de publicidad en la tele, ¿no?). Desde un punto de vista estrictamente publicitario, son unos anuncios simpáticos y muy bien hechos, pensados para quitar el mal sabor de boca de Vista.

Más llamativo resulta, por la agresividad, encontrar la contrapublicidad de Mac, que es intensísima estos días y que la verdad, desde el punto de vista publicitario está muy bien.

Digo que son agresivos por lo directos que son a la hora de poner verde a la competencia. De hecho el factor común de estos anuncios es que, básicamente no anuncian nada, sino que se limitan a poner a parir a Bill Gates de forma más o menos directa (¿Alguien sabe qué limitaciones existen en la publicidad española a la hora de nombrar a la competencia?) . Fijáos en los detalles: el chico del Mac nunca cambia, viste de forma sencilla, es más joven y más auténtico y no va racaneando adeptos (pese a que los anuncios es sí son proselitistas a más no poder). Hay una colección inmensa de anuncios de esta serie que podéis ver en YouTube, y otras tantas parodias de gente que está un poco asqueada con el rollete publicitario de los Mac. También hay algunas parodias donde aparece por medio alguna distribución de Linux, claro:

Labyrinth: la guerra contra el Terror

Cuando se juega a wargames históricos se hace, como siempre, para divertirse. Uno (o al menos yo) no se pone a pensar muy en serio en las vidas humanas arrasadas en las campañas, los mutilados, las familias rotas, las ciudades destrozadas y las heridas imborrables, porque a fin de cuentas son fichitas de cartón y precisamente la gracia está en poder hacer heroicidades sin lamentarse por las consecuencias más allá de lo razonable. Ahí tenemos el ajedrez, la quintaesencia de los wargames, que no deja de ser una batalla igual de sangrienta que la de Gaugamela, y seguro que nunca os ha dado por pensar en la familia del peón que acabáis de sacrificar por ganar una buena posición ¡desalmados! Hay quien dice por ahí que los deportes de equipo no dejan de ser una ritualización inofensiva de la guerra, pues bueno, pues vale.

Si el juego en cuestión es histórico se valora la fidelidad con la que se recrea el escenario, cómo se simulan sucesos históricos (o verosímiles). Normalmente no te tomas como algo personal tomar el mando del ejército de Napoleón, Julio César o Lincoln porque de lo que se trata es de pasarlo bien. Aunque posiblemente nadie tenga una aprensión excesiva a ninguno de los campos de la Guerra de los Siete Años, ¿cambia la cosa cambia si hablamos, por ejemplo, de asumir el papel de Hitler en la Segunda Guerra Mundial o del bando fascista en la Guerra Civil? No creo que sea muy difícil de entender que incluso cuando los conflictos son relativamente recientes, un juego es un juego y si te toca ser un dictador, pues se es hasta las últimas consecuencias, y si consigues que el poderío del Tercer Reich se extienda por todo el mundo te pondrás más contento que unas castañuelas. Que una guerra nos quede más cercana no es impedimento para que haya juegos chulos sobre ella y que se puedan disfrutar tanto o más que los que se basan en la antigüedad.

Lo que hasta ahora nunca había visto, y la verdad es que no sé si hay algún precedente, es que se diseñe un juego sobre un conflicto que sigue activo en el presente, y eso es precisamente lo que están anunciando la gente de GMT en su programa de prerreserva P500: Labyrinth, the war on terror.

El juego es exactamente lo que aparenta: comienzo del siglo XXI, dos jugadores (también se puede jugar en solitario), uno de ellos asume el papel de los terroristas islámicos que intentan sembrar el pánico, expandir sus células por el mundo, cometer atentados y poner a todo quisqui mirando a la Meca, el otro tomará el control de los Estados Unidos y se pondrá a “luchar contra el terror” extendiendo la errr democracia por los confines del planeta. ¿Quién ganará? Todo depende de tu talento y de la suerte que tengas con las cartas…

Labyrinth no es en realidad el típico juego de guerra, no manejas ejércitos y batallas, sino que todo es mucho más sutil y diplomático, y de lo que se trata es de expandir tu influencia por los distintos países. En esto se parece mucho al Twilight Struggle, un juego muy popular y divertido también reeditado recientemente por GMT que trata sobre la Guerra Fría. En él, la URSS y los EEUU compiten por mantener su influencia en las distintas regiones del globo, un equilibrio inestable que constantemente está a punto de desatar una guerra nuclear. Yo he jugado un par de veces con Jmongil y la verdad es que está muy bien.

Mapa de Twilight Struggle

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Mapa (provisional) de Labyrinth. Chiíes y suníes, armas de destrucción masiva, células de Al-Qaeda, aliados, actas patrióticas, reservas de petróleo,… todo esto nos suena, ¿no?

Por lo poco que se puede saber de momento, esto del Labyrinth no tiene mala pinta, pero me ha llamado mucho la atención eso de recrear un “conflicto” que está por ver cómo acaba y debido al cual hay muertos todas las semanas en alguna parte del mundo.

Bueno, pues ya lo sabes, si tienes un Bin Laden o un George W. Bush dentro, este es el juego en el que puedes dar rienda a tus instintos sin que nadie tenga que lamentarlo (excepto quizá, tu adversario).

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