Archivos Mensuales: enero 2010

Mis cuadernos de campo: un homenaje a Gerald Durrell

Hoy se cumplen 15 años de la muerte de Gerald Durrell, el famoso naturalista y escritor británico. Si digo que una parte de mi vocación biológica se debe a él no creo que os sorprenda mucho, ya que algunos de sus libros, y muy concretamente “Mi familia y otros animales” son de sobra conocidos y muchos de vosotros habréis leído las divertidas anécdotas de la familia Durrell en Corfú y os habréis sentido igualmente inspirados por este señor. Durrell escribió después muchos otros libros autobiográficos sobre sus experiencias en distintas partes del mundo, principalmente expediciones a lugares tropicales, desde Argentina a Madagascar. Acabó fundando un parque zoológico en la isla de Jersey, en el canal de la Mancha, dedicado a la reproducción de especies amenazadas para su reintroducción en la naturaleza y de hecho acabó siendo un gran defensor de los zoos como centros de estudio y recuperación de fauna. Sin duda se ganó a pulso un lugar privilegiado entre los grandes comunicadores y escritores sobre la vida salvaje y su conservación.

El primero de sus libros que leí no fue ninguno de los de su infancia en Corfú, sino una “manual técnico” que encontré en la biblioteca de mi barrio y que prácticamente acaparé en préstamos continuo durante meses cuando tenía 14 años. El libro se llama “La Guía del Naturalista“, y sólo muchos años después llegué a tener mi propio ejemplar. Posiblemente es uno de los libros que más ha influido en mi vida y le tengo muchísimo cariño. En él se describen técnicas para la observación y estudio de la flora y la fauna de distintos tipos de ecosistemas desde un punto de vista a la vez riguroso y asequible, con el toque personal que sólo podía dar el autor de la trilogía de Corfú. Pues bien, en la sección de referencias “técnicas” del libro, donde se enumeran y describen los instrumentos de los que nos podemos valer para hacer el cabra en el campo, Durrell no duda en destacar que lo más importante, por encima de las guías de campo o de los prismáticos, es el cuaderno de campo donde llevar un registro de nuestras actividades. En un momento dado dice así:

Ten siempre presente que, después de tus sentidos, la pieza más importante de tu equipo es un cuaderno meticulosamente al día. Las observaciones hay que hacerlas sobre la marcha, porque si lo dejas para más tarde comprobarás que tu memoria no es infalible. (…) El periodo que pasé en Corfú estaba recogido en una veintena de diarios, pero por desgracia se perdieron durante la guerra, cosa que lamento profundamente.

La lectura de este párrafo me hizo pensar en la utilidad de tener un cuaderno de campo. Hasta entonces no me planteaba que en el futuro me interesase recordar lo que había visto en tal o en cual lugar, sino que la naturaleza la disfrutaba in situ, pero tal era la importancia que Durrell parecía darle que a partir de ese momento me forcé a ir siempre al campo con un cuaderno. Hoy no me cabe duda de que fue una excelente decisión.

Mis cuadernos de campo, desde 1995 hasta la actualidad

Así que no se me ocurre mejor manera de homenajear a este señor que haciendo un recorrido por mis cuadernos de campo. Esta entrada es un poco personal y entiendo que no os parezca muy interesante, pero os animo a que toméis vosotros también notas cuando salgáis al campo. No sólo es útil para recordar cómo se llega a un lugar, o dónde encontrar tal especie de planta rara, sino que obviamente, con el paso del tiempo se empieza a apreciar vuestra evolución personal que os va a parecer muy interesante.

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20.000 light years into space

Linux no es un sistema operativo para el que se hagan muchos juegos, sobre todo si lo que pides son los juegos comerciales con gráficos 3-D de la última película de turno. Sin embargo hay un buen abanico de juegos de estos que en principio son sencillos, pero que cuando te quieres dar cuenta te dan las tantas sin querer. Os quiero hablar de “20.000 light years into space”, que me tiene muy entretenido últimamente.

Como digo, se trata de un juego en principio muy sencillo. Se acaba de construir una ciudad en un planeta, y esa ciudad necesita… vapor. Sí, vapor, vale que no encaja mucho pero dejad de moñear y seguid leyendo. Las fuentes de vapor se distinguen porque salen chorros de ídem, así que tienes que construir bombas y unas tuberías para transportar ese vapor a la ciudad. Fácil, ¿no?

La ciudad unida a su primera fuente de vapor

Pero la ciudad debe ir subiendo de nivel, y para ello necesita más y más vapor, así que hay que expandir la red a base de bombas, tuberías y nodos (que reparten y acumulan vapor).

La red, ampliándose como una mancha de aceite

Lo más importante de todo es que la demanda de vapor de la ciudad aumenta, y si la presión cae durante demasiado tiempo, pierdes el juego. La presión se comporta a lo largo de la red según las propiedades de los gases, tendiendo siempre a igualarse en toda su extensión.

EL truco está en hacer cuantas más conexiones y nodos mejor, de esta forma la red es más resiliente a las perturbaciones que nos irán azotando sin descanso (alienígenas que destruyen las conexiones, terremotos y tormentas). Si la red está bien construida, la presión se mantendrá constante durante los ataques hasta que se realicen las reparaciones. Recuerda que los nodos acumulan algo de vapor, y por lo tanto actúan como almacenes en casos de disminución de la presión, gracias a ellos la red puede resistir unos segundos críticos.

Fuentes, tuberías y nodos pueden también mejorarse, aumentando su capacidad.

Y básicamente esto es todo, si llegas al nivel 9 ganas. Puede llegar a ser muy estresante, sobre todo cuando pasas del nivel principiante.

Podéis descargaros el juego para Linux, Windows y MacOS aquí. Ya me contaréis.

Sobre la flora dunar

Una amiga mía me ha pedido que ponga a libre disposición un cuaderno divulgativo sobre flora dunar que ha estado compilando recientemente. Resulta muy útil si queréis identificar plantas de estos lugares porque además están ordenadas en función del estado de desarrollo de la duna. Podéis descargarlo pinchando a continuación:

Podéis leer más información sobre el cuaderno y algunas novedades en la protección de costas en Just like a wave, de donde os cuelgo un extracto.

El Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino (MARM) anuncia la transposición de la Directiva 2008/56/CE o Directiva Marco sobre la Estrategia Marina. (El anteproyecto de la Ley de Protección del Medio Marino de España podéis descargarlo aquí).

Ya se estaba haciendo notar, desde hace unos años, la ausencia de un marco normativo que regulase el medio marino. La Ley de Costas de 1988 se basó en regular la gestión del Dominio Público Marítimo-Terrestre, que a pesar de ser también Marítimo, se quedó prácticamente en la parte Terrestre.

El objetivo de la Ley de Protección del Medio Marino es, al igual que su Directiva correspondiente a nivel de la UE, lograr el buen estado medioambiental de las aguas marinas, a través de herramientas de planificación como son las estrategias marinas. Para ello, se crean siete Demarcaciones Marinas, cada una de las cuales elaborará su estrategia.

Cada estrategia es la elaboración de una serie de tareas consecutivas cuyo eje central se basa en el diseño de indicadores para poder evaluar la consecución de los objetivos medioambientales. De modo que muchos grupos de investigación y administraciones están aunando esfuerzos en el diseño de estos indicadores.

Uno de los puntos que más me preocupa de la ejecución de esta ley son las aguas objeto de regulación. Teniendo en cuenta que hay fronteras todavía no acordadas entre España, Marruecos y Gibraltar, ¿cómo se va a hacer para asegurar conseguir el buen estado medioambiental de las “aguas de nadie” ? ¿Quiénes tendrán legitimidad sobre unas zonas u otras?

Por otra parte, lo cual considero es uno de los mayores aciertos, España estará obligada a crear una Red formal de Áreas Marinas Protegidas. Atendiendo a las advertencias desde Bruselas, en la Península hemos sido capaces de declarar como protegidas zonas de alto valor ecológico, pero siempre nos hemos centrado en lo eminentemente terrestre. Nuestra asignatura pendiente son las zonas costeras y marinas. Entiendo este aspecto de la nueva Ley como un buen impulso a la protección de zonas marinas de gran valor ecológico y social.

Lingotazo homeopático masivo

Supongo que todos vosotros estáis familiarizados con lo que es la homeopatía. Esta supuesta medicina alternativa tiene sus orígenes en aquello del equilibrio de los humores hipocráticos y básicamente viene a decir que la curación que provoca, por ejemplo, una intoxicación, viene de la mano de administrar esa misma toxina en unas dosis muy bajas. De hecho los principios activos se diluyen tantas veces que desde un punto de vista químico empírico acaban siendo indistinguibles del agua, a lo que los homeópatas nos vienen con que es que el agua tiene memoria y tal.

Pues bien, la empresa británica Boots, especializada en productos de salud y bienestar, tiene en sus estanterías productos homeopáticos que vende junto a otro tipo de medicamentos verdaderos, de origen natural o industrial. El grupo escéptico 10^23 (cuyo nombre está adecuadamente inspirado en el número de Avogadro, la constante empleada para contar moléculas) se ha tomado este asunto muy en serio y planea para el próximo día 30 un botellón masivo de productos homeopáticos de Boots para demostrar que no tienen ningún efecto.

La carta abierta que han escrito viene a decir cosas como esta:

La mayoría de la gente no tiene tiempo ni inclinación a comprobar si los artículos científicos apoyan las afirmaciones de eficacia que hacen los productos homeopáticos. Confiamos en que marcas como Boots comprobarán esos hechos por nosotors, que aportarán un consejo médico verdadero y que nos proporcionará sólo aquellos productos que tengan un beneficio médico demostrable.

No esperamos encontrar en la estantería de la farmacia productos que no funcionan.

Estos productos no sólo no son efectivos sino que pueden ser peligrosos. Los pacientes pueden retrasar acudir al médico porque creen que la homeopatía puede tratar su estado. Hasta hace poco, la página web de Boots llegó al punto de decirle a los pacientes que “después de tomar medicina homeopática tus síntomas pueden empeorar ligeramente” y que esto era un signo “de que las energías naturales han empezado a contrarrestar la enfermedad”. Consejos como este animan directamente a los pacientes a retrasar la consulta médica real incluso cuando su condición se deteriora”.

Veremos en qué acaba esta intoxicación masiva, de momento ya hay un homeópata que les ha respondido en uno de esos videos de YouTube que hace la gente que está encantada de conocerse.

Nueve minutazos tarda este tío en decir que la gente que participe en esta libación no va a sufrir ningún efecto (qué lince, el tío). Con grave riesgo para mi integridad física he escuchado a este “doctor” decir que el problema de este grupo escéptico es que parten de la premisa de que la sustancia homeopática jarepéich va a tener algún efecto en la gente sana, ya que para que sea eficaz el cuerpo tiene que estar “susceptible” a que le afecte la medicina. Vamos, que la medicina tiene efecto si el que la va a recibir está por la labor, me seguís, ¿no?

Mientras esperamos a ver qué ocurre, dejamos para la reflexión de cada uno que en la facultad de medicina de la Universidad de Zaragoza se enseñe y se promueva la homeopatía como si fuese verdadera medicina. Lo mismo hace falta aquí también algún botellón de agua.

Para terminar os recuerdo que evidentemente la homeopatía puede curar, concretamente mediante el efecto placebo. Lo que es cuestionable es si está bien que unos cuantos espabilados ganen dinero (y no poco, precisamente) por recetar agua.

Liberando libros

Hace unos días llegó a mis manos un libro libre, de estos registrados en bookcrossing. Ya sabéis en qué consiste, imagino: un voluntario registra en internet un libro (preferiblemente que le haya gustado), lo etiqueta tal y como te explican en la página web y lo libera para que otros los disfruten. La gracia está en que con un poco de suerte varias personas podrán disfrutarlo y a la vez se podrán ir siguiendo las peripecias del libro en sí si los que lo encuentran se molestan en registrar sus hallazgos. Pese a que como dice SuperSantiEgo, (que además fue por quien aprendí de qué iba esto) la inmensa mayoría de los libros que se sueltan en la dura jungla de asfalto no vuelven a dar señales de vida, no he podido resistirme a abrirme una cuenta y a probar suerte con algunos libros que considero apropiados para viajar o que, por casualidades de la vida, tengo repes:

A cada uno de ellos se les asigna un número identificativo (BCID) único que luego escribes en las etiquetas libremente disponibles e imprimibles. De esta forma la persona que lo encuentra, si no le falta buena voluntad, puede añadir en el historial del ejemplar las condiciones en las que lo ha encontrado, si le ha gustado o no, etc.

“Miguel Strogoff” es un libro que me encantó siendo chaval y aunque hace muchos años que no me lo leo, creo que es una historia fácilmente disfrutable por cualquiera. Una pena que esta edición no venga con un mapa de Rusia. “El hombre duplicado” es una de las novelas de Saramago que, creo, más puede enganchar a un lector generalista y también me parece muy adecuada. Por último “Nieve” es el libro de Pamuk que más me ha gustado (ya lo comenté en su momento) y también me apetecía probar a liberarlo.

A lo largo de los próximos días los iré soltando a los pobres a ver si tienen suerte. Me recuerda un poco al rollo ese de los billetes viajeros, pero con un poco más de personalidad. A ver qué pasa.

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