Archivos Mensuales: mayo 2010

El hocico de los lémures y otras historias de marineros


Hoy toca hablar de la naturaleza de Madagascar, y vaticino que no será la última vez durante los próximos meses. Este post es largo, pero creo que interesante y comprensible.

ResearchBlogging.orgHablar de la fauna de Madagascar, irremediablemente nos lleva a hablar de lémures. Como sois gente de mundo y estáis bien enterados de todo, sabéis de sobra que los lémures no sólo eran los “fantasmas” de los romanos, sino que además son un grupo de primates endémicos de Madagascar y el emblema más significativo de la fauna de esta isla. Todos ellos son únicos. Todos ellos son endémicos de este privilegiado rincón del mundo. Es más, tanto la flora como la fauna de la isla tiene unos niveles de endemicidad que causa auténticos mareos: en 80% de sus especies son exclusivas de este lugar, situándola con todo el derecho como uno de los puntos calientes de biodiversidad. Ahora bien, este fenómeno es conocido en otras grandes islas/continentes del mundo, como Australia, Nueva Guinea, las Galápagos, Canarias,… ¿Qué tiene de especial Madagascar? Pues bien, resulta que Madagascar es la isla más antigua del mundo, y esto la convierte en el laboratorio ideal para entender mejor cómo funciona la evolución.

¿Qué tienen de especial los lémures?

Madagascar formaba parte del supercontinente Gondwana, que englobaba básicamente todo el mundo actual excepto lo que luego se convertiría en Eurasia (salvo India) y Norteamérica. Su fragmentación comenzó hace 167 millones de años, pero lógicamente, unas partes quedaron aisladas antes que otras. Madagascar (originalmente unida a la India) se aisló completamente en el Cretácico inferior, hace unos 120 millones de años; mientras que la India acabó colisionando con el sur de Asia (homogeneizando la flora y fauna que albergaba), Madagascar ha continuado “derivando” por su cuenta hasta nuestros días. Si tenemos en cuenta, por ejemplo, que Australia (con todos sus marsupiales y eucaliptos) no se aisló del resto del mundo hasta hace “sólo” 80 millones de años se entenderá mejor por qué el caso de Madagascar es realmente único en el mundo.

Mapilla del mundo en el Cretácico, se ve cómo Madagascar y la India formaban una gran isla

Los lémures, inconfundibles en cuanto se les ve, son unos simpáticos primates que forman parte de los llamados “prosimios“. Esto no quiere decir que sean más tontos que los “simios de verdad”, simplemente es como se denomina al grupo basal de primates, que tenían otras preocupaciones distintas a los que evolucionaron después  al margen de su inteligencia y que con el tiempo fueron sustituidos por la versión más moderna del concepto de primate. Aunque fueron multitud en su día, los únicos representantes de los prosimios vivos en la actualidad son los lémures y sus primos asiáticos y africanos (loríes y gálagos). A estos primates se les llama también estrepsirrinos, porque tienen hocico “húmedo” (una característica que refleja su cercanía con otros mamíferos no primates), mientras que a los primates más derivados se les (nos) conoce como haplorrinos, y tienen (tenemos) nariz “seca”.

Mamíferos con “hocico húmedo”, incluyendo perros (carnívoros), ratas (roedores) y primates estrepsirrinos (un lémur de cola anillada malgache y un lorí del sudeste asiático)

Estos, por el contrario, son primates haplorrinos, y tienen “nariz seca”

Una traducción a efectos fisiológicos: el mundo de los estrepsirrinos es sobre todo, olfativo (como para la mayoría de los mamíferos), mientras que para los haplorrinos la vista pasó a jugar un papel preponderante. Esta interpretación se ve fundamentada en qué regiones del cerebro están más desarrolladas en unos y otros primates.

Parece que tiene sentido que en una isla tan antigua permanezcan los prosimios, que se han ido extinguiendo en el resto del mundo, ¿no? Sería fácil entender que en un pasado remoto, los ancestros de los lémures poblaran toda Gondwana, de forma que unos pocos de ellos se quedaran en “Indiagascar” tras la fractura de las placas tectónicas y, como si fuese una fortaleza, Madagascar los ha mantenido a salvo de lo que ha pasado “fuera”. Pues bien, la sorpresa llega cuando nos enteramos de que los primeros restos de primates datan de hace 65 millones de años, es decir, que para cuando los primeros prosimios estrepsirrinos vieron la luz, Madagascar llevaba como 100 millones de años vagando por el mar.

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Los misterios de La Isla o el teorema de Bolzano

Otra entrada sobre Lost

Sí, ¿qué pasa? Yo también voy a hablar de Lost, me da igual que estéis hasta el moño o que nunca hayáis visto la serie: me he pasado seis años viendo cada capítulo, descargándolos con mimo, volviéndolos a ver bastantes veces, empleado mucho el tiempo en devanarme los sesos con explicaciones inverosímiles y desesperándome ante la lenta y dolorosa agonía que ha sufrido esta serie, así que estoy en mi derecho, y ya sabéis que este NO es un bloj de ciencia. Así que toca aguantarse.

Esta entrada NO es sobre el capítulo final de Lost, pero conviene que lo hayas visto para leerla (puede contener trazas de sopilers)

Me daba un poco de pereza escribir esta entrada, pero por suerte ya hice un avance hace unos meses que suscribo hoy en su totalidad, por desgracia:

Perdidos tenía que haber tenido cuatro temporadas y ya está. Es cierto que el recurso de introducir nuevos elementos “misteriosos” es parte esencial de esta serie, pero se corre el riesgo de que cuanto más y más se mantiene esta tendencia, más fácilmente se pierde verosimilitud. Perdidos, desde hace mucho, era una serie de fantasía, como tantas otras, pero razonablemente verosímil y consistente. Los seguidores coincidirán conmigo en que la verosimilitud hace aguas desde la cuarta temporada, se abusa de soluciones y de explicaciones “ad hoc”, conejos de la chistera y recursos muy forzados. Lejos de resultar en que las piezas van encajadando, se siguen dejando más y más cabos sueltos, y cada vez se hace peor.

El efecto más grave que tiene esta improvisación, esta aceleración de la trama es que se ha cargado por completo algunos de los elementos que hicieron de las primeras temporadas una genialidad narrativa: el desarrollo de los personajes, esa alternancia del argumento del capítulo con los episodios de la vida del personaje protagonista que te hacían entender el por qué de su reacción en el momento justo; ahí se notaba un mimo, un celo de los guionistas, una coherencia interna, fidelidad a una idea, a un plan. Echo de menos cosas aparentemente tan superficiales como el cuidado en la banda sonora, o esa fotografía tan cojonuda de las primeras temporadas, ¡había planos que llenaban todo el salón de mi casa, joder! Ahora, por el contrario, se meten personajes nuevos que nunca se desarrollan, quedan superficiales; la cadencia narrativa se ha destrozado totalmente y los aspectos formales están descuidadísimos.

A esto hay que añadir que los personajes dejaron de tener reacciones razonables y que pasaron de convertirse en personas con un pasado complejo a marionetas que cambian de bando dos o tres veces en un capítulo o que se dejan convencer por la persona que ha intentado matarlos hace nada. Esto no tiene nada que ver con que sea una serie fantástica, tiene que ver con aspectos esenciales de saber escribir una narración coherente consigo misma. No me importa comulgar con ruedas de molino (magia, religiones, viajes en el tiempo) siempre que se haga con coherencia.

Al contrario de lo que dicen algunas críticas por ahí, el problema de Perdidos no es tanto cómo se resuelven los misterios, o incluso que se resuelvan o no (yo aceptaría incluso un final en el que no se desvelaran todas las incógnitas); más bien pienso que el problema viene porque ha dejado de ser fiel a sí misma.

Pues eso, he aquí un espectador que se decepcionó mucho en la cuarta temporada, se tiró de los pelos en la quinta y mandó la serie a la mierda varias veces durante la sexta. Sé que como yo hay bastantes.

En mi caso, el final no me ha decepcionado mucho, incluso opino que supone una auténtica remontada del nivel al que se había caído (sin salir de la mediocridad). Supongo que esto se debe a que hacía años que estaba casi seguro de que los “misterios de La Isla” no se iban a solucionar. ¿Por qué? Muy fácil, era evidente que esos misterios se regían por una función estrictamente creciente. Los guionistas sólo sabían resolver las incógnitas de una manera: desdoblándolas, respondiéndolas con más preguntas, nunca siendo claro en la respuesta, y demasiado a menudo en la última fase, ignorándolas por completo y creando lagunas (qué digo lagunas, ¡océanos!) que era evidente que nunca se podrían vadear. Por tanto, cuando quedó claro que los guionistas no sabían hacer otra cosa, sólo había dos opciones: bien que llegado el momento apareciese alguien y se tirase días contando, paso a paso cómo coño se explicaba todo, o bien que sólo se resolverían algunos. Sinceramente, lo primero no se lo creía nadie.

Al contrario de lo que se empieza a leer por ahí, esto de dejar casi todas las tramas a medias es un rotundo fracaso para la serie, que una cosa es un McGuffin y otra tener un morro inmenso y no reconocer que la cosa se te ha escapado de las manos. Pero con todo, y con mis expectativas por los suelos, disfruté del capítulo final. Tras el mismo, han abundado dos reacciones que me enervan por igual.

Por un lado, los seguidores entregados irracionales a los que básicamente les da igual lo que les echen: nunca reconocerán que hubo una caída en picado y que los capítulos se conviertieron en una parodia de lo que eran.

Por otro lado, hubo mucha gente que ni era fan de Perdidos ni le había importado nunca una mierda que estaba, literalmente, afilando el machete esperando el “final Resines” para pasar a descojonarse de los que la hemos estado siguiendo y mirar por encima del hombro a los demás porque al parecer ellos son demasiado listos para ver este tipo de series (muchos de ellos, por cierto, ni siquiera se enteraron del final).

Reconozco que aunque soy el primero que pone a parir a los responsables de Lost por haber estropeado una historia muy prometedora y su propio sello de identidad creativo, me pongo a la defensiva cuando la gente a la que nunca le gustó la quiere poner a parir como si fuese una basura. No lo puedo evitar. Ya estoy muy mayor para andar intentando convencer a Internet de mis puntos de vista, pero aquí hay algo más que el contenido de una serie de televisión: está la inmadurez de no entender que a cada uno nos pueden satisfacer cosas distintas sin necesidad de que nos engañen ni de ser absolutamente racionales. Todos hacemos cosas por el simple hecho de que nos gustan: gente que se disfraza de sus personajes favoritos de ficción, aficionada a determinados videojuegos, a tunear coches, a ser emo, a comprar ordenadores caros con las mismas prestaciones de uno barato, a ver cómo otros practican deporte, y un largo etcétera. Hace poco hacía en el bloj de Eulez una comparación entre el fútbol y Lost, y es un símil que se puede sacar aquí, dado la vuelta: ¿se puede entender que uno vaya a ver el partido de su equipo, que éste vaya ganando en la primera parte y la cague garrafalmente en la segunda -derrota estrepitosa incluída- y que aún así uno no se arrepienta de haber comprado la entrada? Así me siento yo con Perdidos. No me siento engañado. No me siento estafado, y me molesta que haya gente que piense que es así como debería sentirme (bueno, en el fondo me la suda, pero me toca un poco el epidídimo, ya me entendéis). Y sí, también es verdad que los fans de Lost pueden (podemos) ser muy cargantes.

Soy el primero en reconocer que la han cagado, pero no puedo evitar sentir que algo especial se ha terminado, algo que me ha hecho disfrutar como ningún otro producto televisivo lo ha hecho jamás, y tristemente dudo que vuelva a haber una serie que me emocione, que me provoque y que me agite tanto.

¿Cómo se come esta contradicción tan grande? ¿Cómo puedo a la vez poner a parir a los cabronazos que fueron incapaces de estar a la altura de lo que se esperaba de ellos y reconocer que volvería a ver la serie entera desde el primer capítulo hasta el último mañana mismo? Pues haciéndolo, ya véis: no soy completamente racional, y no me avergüenzo de ello. No digo que Lost haya sido objetivamente “la mejor serie de la historia” como dicen por ahí, pero sí que creo que ha sido una muy especial.

Se me siguen poniendo los pelos como alcayatas del siete.

Esta entrada está dedicada a Rufo, responsable de que me enganchara (cabrón), y a Alfie, con quien he visto todos y cada uno de los capítulos (algunos, muchas veces) y he compartido momentos tronchantes como los de las “fotos-lost” en Cuba. Una foto-lost consistía en lo siguiente: plano americano de Alfie o mío en la selva, con una camiseta sin mangas sudada, sosteniendo las cinchas de la mochila, mirando al infinito con cara de pasmo como pensando “estoy oyendo susurros misteriosos en la selva” o “¿Qué coño está pasando aquí?”. No tengo palabras para contaros las risas que pudimos echarnos.

En fin, que sí, que estoy un poquitín triste estos días. Jack Shepard que estás en Lost cielos: sit tibi terra levis.

Irracionalmente vuestro: er Cope

Evaluando

Las viñetas de PhD comics ya han salido por aquí varias veces por su excelente labor reflejando la realidad de los doctorandos (y post-docs). Una vez más vuelven a dar en el clavo. Estos días me toca evaluar algunos exámenes (hasta hice un curso y todo hace poco, donde me contaron cómo hacer rúbricas) y aquí Cecilia lo clava:

Día de dibujar a Mahoma

¿No sabes de qué va esto?

Motivos para la revolución

Hoy estoy en plan abuelo cebolleta, y advierto: si estás estudiando una carrera y continúas leyendo esta entrada, al final de la misma posiblemente pienses que soy un gilipollas, y puede que con razón, pero avisado quedas.

La entrada de hoy es una especie de comentario de texto. Un texto muy breve de esos que se te cruzan por casualidad. En un campus universitario de cuyo nombre no quiero acordarme hoy me he encontrado con esta pintada:

5 DIAS, 5 EXAMENES? REVOLUCION [sic]

Apenas unas palabras y cuantísimas cosas podemos comentar de las mismas. Vamos a empezar por lo obvio. El autor de esta pintada parece ofuscado, (¡qué digo ofuscado! ¡iracundo!) porque al desgraciado le toca estudiar mucho: el pobrecito va a tener que presentarse a cinco (¡cinco!) exámenes en cinco días, es decir, a uno diario. Esta circunstancia debe parecerle un abuso tan grande que no puede contener su indignación y pide una revolución para que la pedagocracia inmunda atienda a sus demandas.

Tela.

Para empezar, estaréis de acuerdo conmigo en que la queja revela de forma cristalina qué sistema de aprendizaje tiene este individuo. Puesto que tener un examen al día no es una exigencia física ni psicológica insalvable (contando con un buen desayuno y sus necesarias horas de sueño), todos sabemos que lo que echa en falta el artista es tiempo suficiente entre examen y examen para olvidar todo lo que llevaba “aprendido” con pinzas para la prueba anterior y echarse al hombro con los mismos alfileres los conocimientos necesarios para salvar la siguiente evaluación y así sucesivamente.

¿Cuánto tiempo sería necesario tener libre entre examen y examen? Todos sabemos la respuesta: el imprescindible para darse el atracón de último momento y poco más. Estas estrategias de aprendizaje, impropias de una persona adulta que, se supone (ya, soy un ingenuo) quiere adquirir una educación superior pueden negarse de forma más o menos convincente pero se revelan ante lapsus del lenguaje muy habituales entre los alumnos: “me he quitado ya x créditos” (cuando quizá debería “ponérselos”), y expresiones por el estilo, como si una carrera fuese precisamente una ídem de obstáculos donde los exámenes se ponen para joder y no una suerte de escalera donde los escalones se suben progresivamente, no sin esfuerzo, pero tampoco sin recompensa.

Anécdotas al margen, sabemos de sobra que se pueden hacer varios exámenes seguidos ¡e incluso varios en el mismo día! Es más, los estudiantes universitarios saben perfectamente qué es eso y todos ellos han salido airosos al menos en una ocasión (las pruebas de acceso a la universidad duran 3 días, y me da en la nariz que se hacen más de cinco exámenes).

Por supuesto no se trata de ser hipócrita. Todos nos hemos dado atracones de estudio en algún momento u otro, pero igualmente todos sabemos que así no es como se hacen las cosas, y que es nuestra responsabilidad asumir las consecuencias de decidir cómo queremos sacar adelante la carrera. En la mano de cada uno está la posibilidad de dosificarse el esfuerzo o de dejarlo para el final. Por eso ver esta pintada me produjo una mezcla de ternura y ganas de dar collejas pensando en el inocente autor de la pintada, rabioso de ira, incapaz de dar crédito porque quieran hacerle estudiar en una universidad.

Manda narices.

Pero eso no es lo más importante, a fin de cuentas estoy exagerando y sí que es razonable quejarse si el calendario académico no está bien planificado. Lo que me llama la atención es el medio elegido y esa “exigencia revolucionaria”. Podéis pensar que simplemente es una queja más o menos razonable de un estudiante, pero ¡hay que ponerse en situación! Por mucho que ese pensamiento ronde los encéfalos de muchos alumnos, esa pintada no se ha hecho sola. Alguien concreto, con nombres y apellidos, se ha tomado la molestia de plasmarla. Vamos a intentar ponernos en su piel.

Imagináos comprando el bote de spray, esperando mientras pasan las horas del día, buscando un momento discreto, os acercáis a la pared, completamente en blanco, más que una pared es un murete, pero se hace inmenso según os acercáis; la adrenalina se derrocha en vuestra sangre, oís vuestros propios latidos acompasados con el sonido de los pasos solitarios en el suelo hasta que estáis a apenas unos centímetros de la pared y sentís un agradable mareo de euforia. Una pared en blanco, inmaculada, un universo de posibilidades, ávida de recoger vuestra ira e indignación, sedienta de libertad de expresión, esa pared os está pidiendo que le digáis al mundo con un alarido cuál es la causa por la que estáis dispuestos a luchar, se os brinda esa oportunidad en bandeja, ¡es el momento!

… y decides quejarte porque tienes que estudiar mucho.

¡No hombre no! ¡Menuda cagada! ¡Nene, tú estás tonto hombre! No os imagináis lo que he deseado haber estado al lado en el momento de la pintada y quitarle el spray al tontuelo quejica y haber hecho algo útil en esa pared. Total, no sería la primera vez que se me acusa de apología de la violencia callejera, que sea por alguna razón. Si yo me viese en esa situación desataría mi rabia y mi ira por motivos  que realmente me dan ganas de tirar cócteles molotov a según quién.

¿QUÉ MIERDA DE FUTURO ES ESTE?

AHORA METÉOS LOS LADRILLOS POR EL CULO

FELIZ 1984

LA HUERTA MUERE Y TÚ TE EMBORRACHAS

MEDIO MUNDO SE MUERE DE HAMBRE Y EL OTRO MEDIO PORQUE LA GRASA LE OBSTRUYE LAS ARTERIAS

EL MILENIARISMO VA A LLEGAAAAAR

Y yo qué sé, cualquier cosa tío, que Jesús te ama, que te tiraste a Maripaz, que te gusta la fabada, pero ¿que estás en la universidad y tienes que estudiar mucho? ¡Serás blando y quejica!

Da un poquito de pena que eso sea lo que dé de sí la rebeldía de un estudiante universitario. Ya sé que, además de hacer apología del gamberrismo contra paredes públicas, también soy un maniqueo manipulador por descontextualizar la frase y que no tiene por qué ser representativa, pero es que según la he visto, eso ha sido lo que me ha venido a la cabeza: qué desperdicio de spray, de pared y de matrícula.

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