Archivos Mensuales: diciembre 2010

Tyler-Pepe os desea un feliz año nuevo

(Sigue los planes megalómanos de Tyler-Pepe en Twitter)

Balance del año de la diversidad biológica

¡Si ya lo decía yo! La ONU declaró a 2010 el año internacional de la diversidad biológica, con un logo muy bonito y todo, pero ¿esto ha servido de algo? A nivel nacional, el gobierno inició la campaña esa de “algo se vuelve importante cuando se habla de ello” (y si lo piensas realmente es al revés). Esta campaña ha servido para gastar el dinero haciendo anuncios que pretendían que la gente hablase de biodiversidad (yo mismo puse la pegatinica en la barra lateral, que no se diga que no colaboro), pero me pregunto si de verdad alguien va a comprobar si la campaña ha tenido algún efecto (qué sé yo: incluir en la conversación del café datos sobre la futura lista roja de los animalicos de turno o algo así), y desde luego, incluso aunque así hubiera sido, ¿Se ha vuelto por ello la biodiversidad “más importante”?

Durante este año, alguien del sarao este se puso en contacto conmigo para ofrecerme gratuitamente un librito con todos los anuncios de la campaña (muy buenos artísticamente, reconozco, y realizados por la agencia Shackelton). Debieron de ver que tenía en el bloj el banner de la campaña. Les dije que puesto que estaba disponible en pdf, no necesitaba una copia en papel. No me contestaron. Al parecer no dieron salida ni siquiera a esos librillos, porque a las pocas semanas volvieron a escribirme para mandarme el libro y volví a decirles que no.

Pues bien, ¿En eso se ha quedado todo? ¿En una campaña publicitaria? ¿Dónde están los resultados? ¿Qué iniciativas ha tomado el gobierno? ¿Hay algo más que palabras bonitas? Yo es que no me he enterado de nada, ¿alguien sabe algo de esto?

La cosa es que 2010 se acaba. Pues bien, el año 2011 será, entre otras cosas

EL AÑO INTERNACIONAL DE LOS BOJQUES

 

¿Estamos preparados para el acontecimiento planetario? ¿A qué huelen las nubes? ¿Para qué sirve la ONU? Yo creo que en el fondo todo esto merece la pena por ponerse logos bonitos. ¿Los venderán en chapas?

Vuelos bajos (1)

Ya os he hablado otras veces de Arkás, el viñetista griego este que me gusta tanto. Lleva un porrón de años dibujando y escribiendo cómics de toda clase, con personajes muy entrañables, pero mis favoritos son los de “Vuelos bajos“, cómic protagonizado por un gorrión y su hijo que viven en una ciudad sucia y postmoderna. En mi reciente visita a Atenas me hice con toda la colección (7 cómics de unas 60 páginas), que comenzó a escribirse en 1992 y acabó en 1997. Aprovechando que prácticamente su obra no se conoce en nuestro idioma he decidido empezar a traducir selecciones de páginas de “Vuelos bajos”, para que vayáis conociendo a los personajes y para ver si este humor a la vez desapegado y pesimista pero tierno e inocente os gusta tanto como a mí.

AVISO: No soy traductor, por lo que quizá el texto no sea un prodigio de españolidad. Tampoco soy traductor de cómics así que a veces los tamaños de las letras cambian para adaptarse al tamaño del bocadillo (nunca me había parado a pensar en las dificultades específicas que tiene traducir un cómic). Tampoco soy un Miguel Ángel del GIMP y… bueno, lo habéis pillado ¿no?

A continuación, una selección de 16 páginas del volumen 1, que se titula “¡Papá, vuelo!”. Como es el primero tendréis ocasión de leer la presentación de padre e hijo y sus peculiares caracteres (el hijo es un cabronazo, básicamente, y el padre un santo varón). Fijáos no sólo en los textos sino en cómo Arkás retrata cómo es una ciudad para los pájaros, los rincones que frecuentan (o que sufren), casi sin interacción humana, como si fuese un submundo aparte: cables de la luz, señales de tráfico, rincones con basura… etc

Espero que os guste, si tiene aceptación, puedo seguir traduciendo los siguientes. (Click en las imágenes para ampliar).

Actualización: aprovecho para agradecer a Jose la ayuda rehaciendo los bocadillos para darles un acabado más digno.

Quinto aniversario de “Diario de un copépodo”


Pues va a ser que empiezo a pillarle el truco a esto de tener bloj.

Pues sí. cinco añitos de copepodidad, y parece que fue ayer. Alguno se acordará de que el año pasado por estas fechas andaba yo un poco taciturno con el bloj y tal. Quizá se debiese a la famosa “crisis de los cuatro años”, porque lo que es ahora, la verdad es que me encuentro muy a gusto con la criatura y sin ganas de cambiarla. Eso sí, la idea de iniciar un bloj secreto, partir de cero con una identidad nueva, siempre me parece atractiva (y quién sabe si ya la he puesto en práctica, mbuahahahaha).
En fin, que ya sabéis lo que toca hoy:

Cuando escribo esto van ya más de 868.779 páginas vista, 725 entradas y 8748 comentarios. El promedio de visitas diarias ha subido de 667 en 2009 a 890 en 2010, superándose las 1000 en los últimos 3 meses. Todo esto está muy bien, pero como no os dejéis engañar por los números: la gran mayoría de las visitas entran a ver entradas muy concretas, algunas chorradas, otras obsoletas, y otras posiblemente útiles. Por cierto, el post más visitado de la historia de esta santa casa, con abismal ventaja, es este, seguido de este. ¿Os lo esperábais? Yo no.

Este ha sido un año muy bueno para el bloj. Asistí a mi primer encuentro bloguero (Blogs y Ciencia) en la Universidad de Granada, allá por el mes de abril, y todo porque algún despistado me confundió con un gurú. Sin duda fue una de las mejores experiencias de 2010 en las que tuve ocasión de conocer en persona a otros blogueros como Juanmgar, Raven, Bioinformatiquillo, Nchazarra, BioTay y cómo no, a Ondasolitaria (¿me dejo a alguien?). La verdad es que ha sido un año de profusión de desvirtualizaciones, ya que en primavera también tuve el honor de conocer a Xema (que me guió por los famosos canutos gaditanos en busca de helechos raros) y más recientemente a Bich y al inigualable Dr.Litos.

También ha sido el año en el que decidí pasar olímpicamente de Menéame, decisión de la que me alegro más y más cada día. Soy masoquista en muchos aspectos: me encantan las amenazas a mi alma por fundamentalistas religiosos y los insultos gratuitos, pero con la elefanta naranja es que no puedo. ¡Y cómo olvidarlo! Este ha sido el año en el que la egoblogomierda ha salido del armario, ¡por fin! (Anda por ahí pendiente la idea de escribir el manifiesto, recuerdo). El bloj ha pasado también por una breve crisis existencial en la que se decidió que, por mucho que se hable de ciencia, este bloj nunca, nunca, nunca será, conceptualmente, un bloj de ciencia. Más claro, agua. Tengo que decir además que la política de no preocuparme mucho si no mantengo un número de entradas determinadas mensulaes me ha ayudado a superar la crisis bloguera de la que hablaba antes. Está bien esforzarse en actualizar, pero no sirve de nada llevar un ritmo incompatible con el tiempo libre del que se dispone. Hay blojs por ahí que actualizan constantemente, y muchos de ellos entradas de gran calidad. Este no es uno de ellos y hay que asumirlo, cuando lo haces te quedas de un tranquilo…

Muy importante también, y hablando de Don Eulez y su perniciosa influencia: en 2010 me hice ciclista urbano y hasta me compré una bici con la devolución de hacienda, y ahí sigo muy contento y orgulloso de que en una bicicrítica me llamaran perroflauta ¡a mis años!

Y no podría haber celebrado mejor el año de la biodiversidad que con un viaje memorable, ¡a Madagascar, nada menos!, tras el que hice varios posts sobre su naturaleza de los que estoy bastante orgulloso, como ya sabéis (::1:: ::2:: ::3:: ::4:: ::5:: ::6::). De este viaje guardo aún algo de chicha en la recámara para un día de estos.

Quizá sea el momento de mencionar que este año no ha habido Copepod Awards. No sé si alguno (aparte de Ricardo) los ha echado de menos. Hay varias razones detrás que no vienen a cuento, pero la cosa es que he decidido pasar página de aquello. Sorprendentemente, mis amigos me dedicaron una edición especial: “Copepod Awards 2010, Todos los hombres del presidente”, un rol en vivo memorable que realizamos el 20 de noviembre unas 20 personas y del que haré una reseña cuando me envíen unas cosillas pendientes (aunque adelanto que por deseo expreso de muchos de mis amigos y el mío propio, no se colgará material gráfico ni sonoro en internet).

En definitiva, este ha sido un gran año para “Diario de un copépodo”, y como siempre, os lo debo todo a vosotros (sobre todo a los que comentáis, leñe, que hay que insistir siempre en eso). Espero que si os gusta lo que leéis aquí, os siga entreteniendo en el futuro, deseemos que largo, y que si te has incorporado recientemente a esta jaula de grillos, seas bienvenido.

Tenía pensado hacer unas cuantas reformillas en el bloj, pero ando corto de tiempo. De momento, he recuperado la sección de selecciones de mis posts favoritos, muchos de ellos perdidos en el olvido, y planeo un cambio de look profundo en el acuario (sin actualizar desde hace años) en navidades. Seguiremos informando…

Gracias

El Spore y yo


Hay un motivo por el que estoy tan parco en palabras últimamente. Tiene cinco letras y se llama Spore. Muchos ya conoceréis este videojuego de Maxis que salió al mercado en 2008 pero que yo no pude probar hasta hace unos días porque mi viejo portátil no era suficientemente potente. Como el jueguecito chupa gran parte de mi tiempo libre de estas semanas, qué menos que dedicarle unas líneas, aunque no sean de rabiosa actualidad precisamente (y más hablando del mundo de los videojuegos).

Spore es, según la propia página web, “un poco como el regalo que imaginas que tendría un dios en su primer cumpleaños: un mini universo de creación en una caja”, y no es una mala definición. se trata de una simulación en la que diriges la evolución de una criatura desde que es una organismo del plancton hasta que explora y coloniza la galaxia, ahí es nada. Es un juego bastante sencillo e intuitivo (cosa que se agradece, que si no uno pierde el interés enseguida) que se divide en varias fases como os cuento a continuación. Aclaro que las capturas de pantalla están sacadas de internet y no son de mis criaturas y alimañas, pero es que no consigo hacer capturas de pantalla y además me da mucha pereza hacerlo para un post rápido. Tampoco os sorprenderá mucho saber que mi primer intento de juego fue precisamente el de hacer de los copépodos una raza de inteligentes criaturas que dominasen la galaxia.

Estadio Célula


Empiezas controlando un bichillo del zooplancton (que bien puede ser clavadito a un copépodo) y empiezas a comer y a engordar. Si tienes éxito recibes “puntos de ADN”, que puedes emplear en la evolución del organismo cuando te reproduces. Añades ojos, cilios, flagelos, mandíbulas, órganos electrógenos, etc. Nos topamos ya desde aquí con el principal problema que le veo al juego, y es que el concepto de evolución está muy poco logrado (¡es un juego lamarckista, en realidad!). No sólo porque eliges qué órganos va a desarrollar, sino porque puedes cambiarlos totalmente y de un momento a otro tu bicho no se parecerá nada a su predecesor. Por supuesto, entiendo que de otra forma no sería tan jugable, y que conste que no me importa mucho, simplemente digo que podrían haber aplicado algún tipo de algoritmo que emulase una selección natural, que favoreciese ciertos órganos respecto a otros según el ambiente, de esta forma les habría quedado muy realista. Además, los organismos de esta fase no son unicelulares, así que el nombre está un poco mal puesto. Por último: el origen del organismos siempre está en un cometa: ¡panspermia! No es que esté en contra pero… ¿Siempre tiene que ser así?

Por encima de todo, el juego entretiene una barbaridad. También desde este primer estadio hay que destacar lo cuidada que está la labor artística. Es un juego precioso, pese a su “ingenuidad” que en este caso emula la inmensidad del plancton con organismos de todo tipo y detallitos muy curiosos como algas que crecen de froma fractal, cristales, burbujas, esqueletos y organismos de fantasía. Una pasada.

Estadio criatura

Cuando se alcanza cierto nivel, al organismo le salen patas y sale a tierra firme. Por supuesto, desde un punto de vista biológico es muy discutible que todos los linajes tengan que salir a tierra firme tarde o temprano como síntoma de un mayor desarrollo. Es demasiado teleológico para mi gusto, pero una vez más: sí, es un juego ¡y mola! En tierra firme nuestra especie vivirá alrededor de un nido colectivo con otros congéneres y se dedicará a alimentarse (de fruta o de otras especies, según dieta) y a interaccionar con otros organismos. Los puntos de ADN se consiguen cooperando con otras especies (alianzas) o extinguiéndolas. De nuevo, cada vez que tenga reproducción sexual se podrán usar los puntos de ADN en cambiar el aspecto de la especie con nuevos y molones órganos (una evolución lamarckista y con diseñador más o menos inteligente, en función de quién juegue). La verdad es que las posibilidades son tremendas, los organismos son muy versátiles y divertidos, aunque eso sí: todo queda reducido a animales terrestres de simetría bilateral y bastante vertebradocéntricos o artropodocéntricos, como mucho, (pero a pesar de todo mola).

Una vez más, la labor artística está muy lograda. Habrá quien diga que es demasiado simple, caricaturesca, pero el juego consigue paisajes de fantasía, amaneceres imposibles en sistemas binarios, mares de colores, plantas estrafalarias y una fauna que sorprende. Una de las gracias de jugar es la emoción de ver con qué otras especies nos vamos a ir encontrando, y las sorpresas no paran ahí: animales colosales salidos de la nada, lluvias de meteoritos e incluso razas espaciales inteligentes que irrumpen en la tranquilidad de tu nido para abducir especies.

Estadio tribu

Cuando la especie con la que juegas consigue alcanzar unos objetivos se supone que adquiere inteligencia. Hay una animación muy cachonda inspirada en “2001” cuando llegas a este punto. Tu labor entonces es trabajar para la tribu (encontrar comida y construir chozas). Empiezas a relacionarte con otras especies inteligentes incipientes y tienes que conquistarlas o aliarte con ellas. Una vez lo consigues pasas al siguiente estadio, el de civilización. (Esta fase es la que me parece más sosa).

Estadio civilización

De hecho es como un mini-juego tipo la saga del Civilization, pero muy simplificado y rápido (cosa que se agradece, que para eso ya hay muchos otras opciones). Tu especie domina el planeta, pero hay varias naciones. Puedes anexionártelas mediante estrategias comerciales o religiosas, o bien puedes dedicarte al clásico y noble arte de la guerra. Además hay una serie de pozos de “especia” cuyo control te asegura la capacidad de producir vehículos y edificios. al igual que ocurría con las criaturas, tienes total libertad para diseñar los vehículos y los edificios de esta fase del juego.

El diseño de ciudades y naves está muy simplificado, pero insisto en que a la larga se agradece. Llegan momentos en los que te piden que diseñes un barco y ya estás hasta las narices de creatividad.

¡A la conquista del espacio!

Cuando tu nación unifica todo el planeta, llegas a la última parte del juego, aquella en la que se desarrolla el vuelo espacial y en la que te dedicas a viajar por el espacio y colonizar otros mundos. Es la fase más larga del juego, y quizá mi favorita.

Con tu flamante nave espacial sales de tu sistema solar, viajas a otras galaxias y encuentras otras civilizaciones. Supongo que la facilidad con la que se atraviesa el espacio y se cambia de estrella sin sufrir ningún tipo de efecto relativista debe poner a los físicos un poco como a mí me pasa con la evolución lamarckista y dirigida de las otras fases, pero ¡mola! El fundamento es parecido al de otros juegos: comercio de especia, colonización de planetas, terraformación de los mismos y guerras. Los controles de la nave facilísimos e intuitivos. La principal pega es que acaba siendo un poco agobiante y tienes que ir apagando fuegos de una estrella a otra de tu imperio.

Lo mejor: el desarrollo artístico: supergigantes azules, enanas rojas, sistemas binarios, agujeros negros, gigantes gaseosos, lunas con océanos helados, planetas volcánicos, mundos acuáticos, cometas, asteroides… un universo por descubrir. En muchos planetas hay vida, y si desciendes lo suficiente vuelves a ver mundos de fantasía como los del estadio de criatura. Puedes abducir especies para estudiarlas, para transplantarlas a planetas que estás terraformando, puedes plantar monolitos para despertar la inteligencia de una “especie elegida”… y así se te pasan horas y horas sin actualizar el bloj.

Ya sé que soy poco exigente con los juegos, pero hacía mucho tiempo que no me enganchaba tanto a uno. Menos mal que los síntomas están remitiendo.

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