Archivos Mensuales: septiembre 2011

Mi lista de libros para primero de biología


Aceptando la propuesta que lanza Wraitlito desde su bloj “Oteando desde la proa“, voy a sugerir una lista de cinco diez libros que recomendaría a un estudiante de biología que comienza la carrera en estos días. La premisa es que debe ser una lista personal, que abarque en la medida de lo posible un gran abanico de temas de primero de carrera, sin redundancias (un conjunto axiomático de libros) que además puedan ser una referencia para futuros cursos, y sobre todo “que ayuden, que ilustren y que motiven”. En su lista original hay desde libros de divulgación a otros de texto o de problemas, así que voy a intentar igualmente incluir libros de varios tipos.

Pues bien, no es una tarea fácil y cualquier lista va a ser inevitablemente incompleta, pero aquí va la mía.

El pulgar del panda. (Stephen Jay Gould). Un libro de ensayos de Stephen Jay Gould es una sugerencia facilona y poco original, pero hay aportaciones que son insustituibles. Si bien podrían servir igualmente otras de sus recopilaciones de ensayos (La sonrisa del flamenco, Brontosaurus y la nalga del ministro, Un dinosaurio en un pajar, etc etc), me parece que cualquier estudiante de primero debería leerse alguna de ellas. Al tratar de forma rigurosa y apasionada temas diversos, creo que este tipo de libros pueden aportar mucho a una persona que se aproxima a la biología en serio.

Genoma. (Matt Ridley). Se trata de otro libro de divulgación, pero en este caso centrado en la genética. La forma de narración es muy original. Cada capítulo aborda un cromosoma del genoma humano y explora temas muy distintos, desde la biología molecular básica a las enfermedades genéticas o la evolución. Me gustó mucho cuando lo leí, y aunque quizá se haya quedado algo desfasado (es de la época inmediatamente anterior a la finalización del Proyecto Genoma Humano), creo que se lo recomendaría a un estudiante de primero.

Aves de España. (Eduardo de Juana). Una de los aspectos más interesantes y formativos que tiene la biología, que por desgracia se ve cada vez más marginado por los planes de estudio, es el aprendizaje en el campo. Los estudiantes interesados tendrán que aprender a buscarse las castañas por su cuenta y unirse a las salidas de campo de asociaciones o bien hacerlas por su cuenta juntándose con compañeros interesados por lo mismo. Los intereses de los futuros biólogos en el campo serán muy variados, y hay muchas guías de campo distintas (recuerdo que hice un post sobre ellas, aunque a estas alturas andará algo desfasado). A un estudiante de primero le recomendaría esta guía de aves de España, por aquello de que mucha gente empieza a interesarse por la fauna salvaje precisamente por el pelo y la pluma. Ya llegarán los líquenes y los invertebrados.

Guía de campo de las flores de España, Portugal y sudoeste de Francia. (Oleg Polunin). No es que sea muy fan de esta guía, pero entiendo que para un estudiante de primeros cursos que quiera empezar a identificar plantas por su cuenta, esta puede ser una buena inversión. Es habitual que en el primer curso de botánica se le pida o se le ofrezca que haga un herbario, y esta guía puede ser un buen punto de partida.

Ecological and General Systems. (Howard T Odum). Esta es una apuesta arriesgada por mi parte, pero si tuviese que recomendar un libro de texto como tal quizá fuese este. Odum ha sido el ecólogo que más me impactó durante la carrera, especialmente a través de otros libros suyos sobre temas específicos. Consigue como ningún otro que entiendas que todo puede ser analizado como el flujo y la transformación de la energía (con sus famosos diagramas). Una vez alcanzado este “nirvana”, nuestro entorno se entiende de una forma muy diferente, y no en vano también es autor de obras comprometidas con el decrecimiento y la crisis energética. Para un estudiante de primero es un libro que puede venir algo grande, pero qué bonito sería si llegase a conectar con lo que Odum tiene que decir. Que sepa no hay traducción al español, pero también desde el principio hay que perderle el miedo al idioma de la ciencia de nuestros tiempos.

ACTUALIZACIÓN:

La lista original me dejó insatisfecho poer tener que elegir sólo cinco libros así que me voy a tomar la libertad de añadir otros cinco en los mismos términos que se dicen al principio.

Sobre el crecimiento y la forma. (D’Arcy Thompson). Si uno entiende este libro es como si tuviese media carrera aprobada o casi. Ya sé que soy un exagerado, pero este clásico plantea algunas de las cuestiones más importantes de la biología y explora uno de los factores más relevantes para explicar por qué los organismos son como son. ¡Muy recomendable!

Walter’s Vegetation of the Earth (Siegmar-W. Breckle). Un libro maravilloso que explica las distintas formaciones de vegetación del planeta y sus causas. Walter tiene una obra más extensa sobre el tema, en tres tomos, centrada sobre todo en los trópicos, así como una versión más reducida (Zonas de vegetación y clima). Cualquiera de las tres, dependiendo del interés, es una obra de consulta obligada para los interesados en la vegetación y los biomas del mundo, pero recomiendo la intermedia (en la que Walter, como pasa en muchos grandes autores, pasa a estar en el título de la obra) por ser muy equilibrada y contener jugosa información. Yo lo sigo usando para preparar mis viajes a zonas remotas.

Invertebrados. (Richard Brusca). Mi texto favorito de zoología con diferencia, que nunca llegué a tener y LA referencia obligada para el estudio de los invertebrados. Excede con creces las necesidades de un estudiante de primero, pero de acuerdo con las premisas del meme, merece estar en esta lista.

Diccionario de botánica. (Pío Font Quer). Una obra de consulta de la que los hispanohablantes deberíamos estar orgullosos. Precisamente uno de los aspectos que hace de la botánica que causa más problemas es la extensión y complejidad de un vocabulario propio. Pese a que la morfología de algunos términos tal y como aparecen en este diccionario son algo arcaizantes, es muy útil y recomendable que el estudiante tenga muy a mano este diccionario cuando estudie botánica.

Your Inner Fish. (Neil shubin). Acabamos con otro libro de divulgación que en este caso tapa la laguna pendiente de la paleontología. Se trata de un librito muy ameno y relativamente actualizado que gira alrededor del descubrimiento de Tiktaalik y hace un interesante recorrido por la morfología comparada de los vertebrados.

Ahora sí me quedo más a gusto.

Pues bien, como la idea tenía espíritu de “meme”, que se de por aludido el que quiera y que tire p’alante.

Galletas de desayuno: comparativa muy personal



Está fuera de toda duda que el desayuno más exquisito que existe son un par de tostadas de un pan en condiciones, aún calentitas, con unos generosos chorretones de un aceite de oliva virgen de esos que rascan la garganta con tomatito natural por encima coronado todo ello por unas lonchitas finísimas y cuasi-transparentes de jamón ibérico. Este es un hecho que no voy a discutir con nadie que no sepa apreciarlo. Sin embargo, no todos los días uno tiene la oportunidad de prepararse exquisiteces y hay que recurrir a alimento más mundanos y no por ello menos ricos. ¿Cuál es vuestro desayuno más habitual? En mi caso, las galletas. Galletas ceremonialmente mojadas en leche (leche fría, por cierto), el tiempo suficiente como para que tengan una textura esponjosa pero consistente para que no crujan, pero sin pasarse de tiempo (de lo contrario la galleta se rompe y debemos realizar la incómoda misión de rescate con una cucharilla-batiscafo). Si la cosa se ha dado bien, incluso tendremos ocasión de rellenar el vaso de leche y aplicar un desayuno-prórroga que nos dará la energía necesaria para acometer las tareas diarias.

Qué galleta escoger y cómo valorar cada una en su individualidad es una tarea nada sencilla. Como ya sabéis, soy un filántropo incorregible y una buena persona y por ello voy a compartir mis opiniones sobre las distintas marcas de galletoides industriales* que me han llevado a donde estoy durante los últimos treinta años de mi vida. De nada.

(*) Sí, ya sé que en los ultramarinos que tienes en la esquina hay unas artesanas mucho más ricas y que incluso hechas en casa son mejores, pero ¿qué valor de universalidad tienen las galletas no industriales? No me seas aguafiestas y entra al trapo.

Para el siguiente análisis vamos a valorar distintas cualidades a observar en toda galleta y se puntuarán del 1 al 5.

Diseño. Nulla ethica sine aesthetica, serán galletas industriales, pero no es lo mismo poner un grumote de masa sin más que molestarse en darle una impronta inconfundible que marque la infancia y despierte el apetito.

Consistencia. Una de las pruebas clave para el noble arte del mojeteo. Una galleta pulverulenta y farinosa se deshará con sólo mirarla, mientras que una que sea como un ladrillo nos llevará a gastar preciados segundos de inmersión hasta que haya alcanzado su punto justo.

Sabor. Obviamente, el factor más relevante (y quizá el más subjetivo). Una buena galleta debe dejarte buen sabor de boca, para ir con el regustillo en el metro o en la bici.

Valor energético. Si estuviésemos en un mundo postapocalíptico, el mayor número de calorías se puntuaría con el máximo valor, pero en nuestro entorno no son calorías lo que nos falta, precisamente. Se penalizará el exceso.

Packaging. ¡Ajá! Una comparativa adecuada no puede pasar por alto cómo se empaquetan las galletas. Los galletófilos tienen en casa cajas adecuadas donde conservarlas sin que enrancien, pero pese a todo, los fabricantes cada vez incluyen más y más envoltorios de plástico, aumentando aún más su huella ecológica. Se penalizará el exceso de embalajes.

Cantidad/precio. ¿Cuánto nos dura una caja de galletas en la despensa? ¿Compensa el gasto económico por el peso neto que se nos ofrece? ¡Estamos en crisis, amigos!

¡Manos a la obra!

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Mi gato no se droga…


…eso lo harán los gatos de los demás.

Sé que esta entrada no aportará gran cosa a muchos aficionados a los gatos, pero para mí ha supuesto una revelación sorprendente. A continuación, un vídeo de unos gatos colocándose hasta las trancas (con ver unos segundos al azar basta).

Estos gatos se están zampando hojas y flores de una planta, se frotan con ella y no pueden parar. La encuentran genuinamente adictiva. Hay muchísimos vídeos similares en internet, y volveremos a ellos a su debido momento, pero quiero poner el centro de atención en esta planta de la familia de las labiadas: Nepeta cataria (comúnmente conocida como nepeta, nébeda, menta gatuna, gatera, y de otras muchas formas).

 

Nepeta cataria

El género Nepeta se distribuye por la región holártica y cuenta con unas 250 especies. La que nos ocupa está ampliamente distribuida por la Península Ibérica (izquierda, citas registradas en Anthos a fecha de la publicación de este post), ya que es una planta común, típica de ambientes ruderales y agrícolas. En su momento pudo incluso cultivarse localmente, pues se le conocen propiedades beneficiosas a sus infusiones, por ejemplo, para combatir los catarros y mejorar la digestión. En los gatos los efectos de su aroma son mucho más espectaculares. Aunque puede variar según los individuos, en general tiene consecuencias embriagadoras y extasiantes, e incluso aluginógenas: les hace rodar por el suelo, golpear y morder las plantas, cazar presas inexistentes, babear, etc, pero algunos se pondrán agresivos al entrar en contacto con ella. Al parecer los gatos continúan retozando en la planta sin parar por un tiempo variable hasta disparar un periodo refractario de unos 30 minutos a dos horas antes de volver a ser atraídos.

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Reforma en el acuario (5). El bosque inundado de Río Negro


Este post está dedicado a Hexo, que anda estos días buscando inspiración para su futuro acuario o paludario, y que, por cierto, agradece que algún vecino de Barcelona le haga el favor de decirle el pH y la dureza del agua del grifo en la ciudad.

Entre otras muchas cosas, ya iba tocando actualizar también cómo anda el nuevo montaje del acuario. En la última entrega el ciclado estaba acabando y así quedó la cosa. Lo que no conté es que me crecieron los enanos y anduve empantanado con varios contratiempos: troncos que no se hundían, un agua demasiado turbia por culpa del exceso de taninos y de la espantosa decisión que tomé con el sustrato (NO recomiendo Amazonia aquasoil de Amano), hongos malolientes en los troncos, algas de todas clases, etc. Muchas de estas descompensaciones son habituales en acuarios nuevos y por fortuna todo se fue estabilizando con el tiempo. En este momento su aspecto es más o menos este, aunque adelanto que aún no está terminado. Este post está dedicado a la idea general del acuario en sí y a cómo conseguir el ambiente de Río Negro. En un próximo post habrá una sección de fauna y fotos detalladas de los peces.

Inspiración

Y ha llegado el momento de explicar con algo más de detalle el tipo de ecosistema que me propuse reconstruir esta vez: el bosque inundado de la ribera del Río Negro (Brasil). El Río Negro es uno de los más caudalosos del mundo, y el más importante de los afluentes del Amazonas. Nace en Colombia, cerca de la divisoria con la cuenca del Orinoco, y recorre en sus primeros tramos una vegetación xerófila conocida como caatinga, cuyos detritos vegetales configuran la química de sus aguas, rica en ácidos orgánicos. Haciendo honor a su nombre, el Río Negro es muy oscuro debido a una alta presencia de taninos en sus aguas, pero esto no significa que el agua esté turbia, al contrario: es un agua cristalina, sin partículas en suspensión, pero oscura como un té. Por otra parte, apenas contiene carbonatos u otras sales en disolución (es agua blanda) y su pH es algo ácido.

La caracterización de los distintos tipos de agua de la cuenca amazónica es un tema muy estudiado y una de las características más curiosas de su hidrografía. Además de las mencionadas aguas negras se habla también de ríos de aguas blancas (fangosos y turbios, de pH neutro o básico) y de ríos de aguas claras (Sin taninos, con pocos sedimentos y pH algo ácido).  Los contactos entre los distintos tipos de aguas es uno de los espectáculos que nos brindan los ríos amazónicos.

Contacto de las aguas negras con las aguas blancas en la desembocadura de Río Negro con el Solimoes (Amazonas) en Manaos

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Fermi se hace biólogo: la nunca concluyente estimación del número de especies


ResearchBlogging.orgEl físico Enrico Fermi era conocido por su facilidad para calcular cifras y datos que a primera vista hubiesen resultado imposibles en ausencia de un buen montón de datos y de un nada desdeñable tiempo de cálculo. Suele decirse que esta fama le vino especialmente por aquella ocasión en la que calculó la potencia de una bomba atómica dejando caer unos papelillos durante la explosión y fijándose en cuánto se desplazaban éstos (dejando claro que además de bueno con las estimaciones los tenía muy bien puestos). Como sabréis, el truco reside no tanto en la exactitud del resultado como en la capacidad de ofrecer una respuesta que se aproxime medianamente a la cifra real, al menos en orden de magnitud. Ciertamente, conocer los céntimos sueltos que indica el precio de un cómic, unos pantalones o un vinilo es muy poco relevante comparado con saber si eso de ahí es un uno de verdad y resulta que la broma son 130.95 y estamos intentando mear fuera del tiesto…

Bajo el nombre de “estimaciones de Fermi” o “problemas de Fermi” encontraréis muchos desafíos ingeniosos que nos permitirán de forma rápida obtener respuestas a preguntas aparentemente irresolubles sin un enunciado más completo, como cuántos afinadores de piano hay en Chicago, cuánto pesa un cachalote de 20 metros o cuántas personas hay en todo el mundo metiéndose el dedo en la nariz en este preciso instante. (Y si no, al menos podréis detectar respuestas escandalosamente altas o bajas).

Los usos de estas estimaciones son muchos y diversos en cualquier campo de la ciencia. Sin embargo, hay una pregunta típica de la biología que se resiste a dar una respuesta concluyente incluso con imaginativas estimaciones fermianas: ¿Cuántas especies distintas existen en este momento en el mundo? La única respuesta verdaderamente sincera es que no tenemos ni puñetera idea. Ni zorra, oiga. No tener una respuesta concreta tampoco es motivo de vergüenza, pero que las distintas estimaciones que se han realizado ni siquiera sean capaces de ponerse de acuerdo en el orden de magnitud sí que es algo curioso y digno de mención.

Si escogemos un biólogo al azar, perfectamente esférico, probablemente nos responda la frase de manual: “se estima que en la Tierra hay entre 3 y 30 millones de especies o más” (me encanta el “o más”), que es como no decir nada, e incluso hay audaces investigadores por ahí pululando que, como veremos, se atreven a elevar a unos escalofriantes 100 millones las especies presentes en este planeta. Ahí es nada. Dos órdenes de magnitud de intervalo. ¿Cómo se os queda el cuerpo?

Claro que el problema comienza por no saber ni siquiera cuántas especies hay, no ya totales, sino al menos “conocidas” para la ciencia (es decir, que cuenten al menos con un par de palabrejas latinas nombrándolas y una somera descripción en alguna publicación científica). Al no haber una base de datos centralizada de este conocimiento (aunque cada vez crecen con más profusión bases parciales, mejor o peor hechas) tampoco se puede dar una respuesta correcta a esta pregunta, pero para resumir y no hacer de esto una agonía diremos que 1.2 millones (May 2010). A destacar, por si acaso alguien todavía no lo sabe, que la gran, la inmensa, inmensa mayoría artrópodos (mayormente, escarabajos).

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