Reforma en el acuario (5). El bosque inundado de Río Negro


Este post está dedicado a Hexo, que anda estos días buscando inspiración para su futuro acuario o paludario, y que, por cierto, agradece que algún vecino de Barcelona le haga el favor de decirle el pH y la dureza del agua del grifo en la ciudad.

Entre otras muchas cosas, ya iba tocando actualizar también cómo anda el nuevo montaje del acuario. En la última entrega el ciclado estaba acabando y así quedó la cosa. Lo que no conté es que me crecieron los enanos y anduve empantanado con varios contratiempos: troncos que no se hundían, un agua demasiado turbia por culpa del exceso de taninos y de la espantosa decisión que tomé con el sustrato (NO recomiendo Amazonia aquasoil de Amano), hongos malolientes en los troncos, algas de todas clases, etc. Muchas de estas descompensaciones son habituales en acuarios nuevos y por fortuna todo se fue estabilizando con el tiempo. En este momento su aspecto es más o menos este, aunque adelanto que aún no está terminado. Este post está dedicado a la idea general del acuario en sí y a cómo conseguir el ambiente de Río Negro. En un próximo post habrá una sección de fauna y fotos detalladas de los peces.

Inspiración

Y ha llegado el momento de explicar con algo más de detalle el tipo de ecosistema que me propuse reconstruir esta vez: el bosque inundado de la ribera del Río Negro (Brasil). El Río Negro es uno de los más caudalosos del mundo, y el más importante de los afluentes del Amazonas. Nace en Colombia, cerca de la divisoria con la cuenca del Orinoco, y recorre en sus primeros tramos una vegetación xerófila conocida como caatinga, cuyos detritos vegetales configuran la química de sus aguas, rica en ácidos orgánicos. Haciendo honor a su nombre, el Río Negro es muy oscuro debido a una alta presencia de taninos en sus aguas, pero esto no significa que el agua esté turbia, al contrario: es un agua cristalina, sin partículas en suspensión, pero oscura como un té. Por otra parte, apenas contiene carbonatos u otras sales en disolución (es agua blanda) y su pH es algo ácido.

La caracterización de los distintos tipos de agua de la cuenca amazónica es un tema muy estudiado y una de las características más curiosas de su hidrografía. Además de las mencionadas aguas negras se habla también de ríos de aguas blancas (fangosos y turbios, de pH neutro o básico) y de ríos de aguas claras (Sin taninos, con pocos sedimentos y pH algo ácido).  Los contactos entre los distintos tipos de aguas es uno de los espectáculos que nos brindan los ríos amazónicos.

Contacto de las aguas negras con las aguas blancas en la desembocadura de Río Negro con el Solimoes (Amazonas) en Manaos

Las aguas de Río Negro son, además muy pobres en nutrientes (oligotróficas), lo cual supone cierto problema para la fauna de este río, y a pesar de ello su diversidad ictiológica es, como ocurre en el resto de la cuenca, simplemente fabulosa. De las 1800 especies de peces óseos descritas en toda la cuenca amazónica (y se cree que habría 3000 en total), 600 habitarían el Río Negro, ¡Más que en toda Norteamérica! Para entender mejor qué es lo que está pasando, hay que tener en cuenta otro fenómeno esencial que afecta a gran parte de los ríos amazónicos: las inundaciones estacionales. En el caso de Río Negro ocurren una vez al año; el caudal de agua es tan extraordinario que el nivel desborda la ribera e inunda la pluvisilva circundante durante meses. Este fenómeno tiene una relevancia enorme, ya que el bosque inundable es un ecosistema diferenciado en sí mismo. Su banda de acción puede penetrar 20 km tierra adentro y la profundidad en algunos puntos supera los 15 m. Toda la flora y la fauna se ve afectada por esta peculiaridad, y muchos investigadores (uno muy conocido es Michael Goulding) afirman que ha tenido una importancia grande para la especiación y que por lo tanto esta inundación cíclica es una de las responsables de la exorbitada biodiversidad de la selva amazónica.

Una lectora (millones de gracias, Virginia), me pasó hace unos meses fotos del bosque inundable en distintas épocas del año en la zona de aguas blancas de la desembocadura del río Japurà, en una reserva donde estuvo viviendo. Las siguientes fotos están tomadas en el mismo lugar, pero en distintos momentos del año.

Cuando se inunda, los peces pasan del cauce del río al bosque, y allí encuentran una gran cantidad de alimento vegetal en forma de frutos y de restos vegetales de los que antes no disponían. Una nueva cadena trófica se establece sobre este gran aporte de nutrientes y las poblaciones de peces se disparan. Muchas de las especies aprovechan este momento para reproducirse (y para comerse unas a otras) e igualmente son fuente de alimento de animales pescadores que son capaces de adentrarse en el bosque de inundación. Cuando las aguas vuelven a su cauce, a menudo quedan unas lagunas aisladas que se secan progresivamente volviéndose cada vez más ácidas y que constituyen otro ecosistema propio donde sólo contadas especies de peces pueden sobrevivir. La mayoría mueren o regresan al curso principal del río.

Supongo que con lo que he dicho ya justifica el interés de intentar inspirar un acuario en este peculiar entorno, pero hay además algunos detallitos históricos que también contribuyeron a que tomara esta decisión. En el Río Negro es donde desemboca un “pequeño” brazo fluvial que conecta la cuenca del Orinoco con la del Amazonas y que se conoce como el canal del Casiquiare. Esta anastomosis (¡de 326 km!) entre dos cuencas tan tremendas es una rareza geográfica sin igual en todo el mundo. Su existencia, aunque conocida por los indígenas, permaneció sin cartografiar con exactitud durante los primeros siglos de exploración del continente americano, y su localización geográfica exacta corresponde al grande, grandísimo Alexander von Humboldt, hecho que tuvo lugar el 6 de mayo de 1800. Efectivamente, durante su expedición a “las regiones equinociales del globo”, Humboldt navegó por el Orinoco y se embarcó en la búsqueda de ese pasillo que le llevaría a la cuenca del Amazonas gracias a indiciaciones de los conocedores de la zona. Esta empresa tuvo un éxito rotundo y pudo cartografiar el Casiquiare como era su intención, adentrándose en el Río Negro después. Humboldt narra cómo, a diferencia de en otros ríos, las aguas cristalinas y oligotróficas del Negro podían beberlas con tranquilidad (niños, no hagáis eso sin la supervisión de un adulto, por si acaso) y en un momento dado tiene un momento de comunión con este paraje que refleja con gran belleza en su prosa.

Aquellas orillas sin historia del Casiquiare, inhabitadas y cubiertas de selva, ocupaban entonces mi imaginación. Allí, en medio del Nuevo Continente, se acostumbra uno casi a considerar al hombre como algo que no pertenece necesariamente al orden natural. El suelo se halla densamente cubierto de plantas, cuyo libre desenvolvimiento no encuentra obstáculo alguno. Una gruesa capa de mantillo prueba que las fuerzas orgánicas han actuado incesantemente, sin interrupción. Los caimanes y las boas son los dueños del río; el jaguar, el pécari, el tapir y los monos deambulan por la selva sin temor ni peligro; moran allí, su patria de origen. Este espectáculo de la Naturaleza viva, en la que el hombre no es nada, tiene algo de paradójico y de opresivo. Aquí, en un territorio feraz, adornado de un verdor perenne, busca uno en vano la huella de la acción del hombre; se cree uno relegado a un mundo distinto de aquel en el que nació.

Alexander von Humboldt

Decoración

Pues bien, una vez hechas las presentaciones, pasemos a la acción: ¿Cómo recrear el Río Negro en nuestro salón? Los elementos fundamentales para recrear el bosque inundado de Río Negro son tres: el agua (blanda, ácidas y con muchos taninos), presencia de desechos vegetales en el suelo y ausencia casi absoluta de plantas acuáticas.

Al igual que pasaba con el acuario del sudeste asiático, la elección no sólo se vio condicionada porque me gustara el lugar (que ya veis que sí), sino por motivos prácticos. La combinación de agua ácida y blanda me resulta muy conveniente, ya que el agua del grifo de Madrid tiene una dureza mínima y cuesta muy poco bajarle el pH. Con eso ya hay mucho ganado para conseguir el agua deseada. Los taninos (que le darán al agua la característica coloración oscura, como de té, y que será un fondo estupendo para los contrastes multicolores de los peces) se consiguen precisamente cumpliendo el segundo requisito: los desechos vegetales.

El fondo del bosque inundado está llevo de restos de madera y de hojarasca. Hay que imaginarse caminando por la selva y pensar que, de repente, todo queda oculto por el agua. Conseguí unos troncos muy bonitos y retorcidos, y aunque me costó varias semanas hasta que se empaparon bien y se hundieron (eran demasiado aparatosos para hervirlos), el resultado me gusta. Para la hojarasca empleé en primer lugar hojas de roble. Como os podéis imaginar quienes me conocéis, intentar recrear el suelo del bosque amazónico para acabar viendo hojas de Quercus pyrenaica en él era algo que me chirriaba. Buscar sustitutos por mi cuenta me daba un poco de miedo (la mayoría de las hojas de plantas lauroides de jardín que me gustaba tienen alcaloides y no quería arriesgarme a que afectaran a los peces), así que al final opté por hojas de Terminalia catappa, que las venden en tiendas de acuario y son inocuas. Vale que es una especie asiática, pero sus hojas dan el pego mejor que las de roble. Bien, ya tenemos nuestra decoración y nuestra fuente de taninos para oscurecer el agua. Confieso que en su momento me pasé un poco en este punto y durante un par de meses, y haciendo honor a su nombre, el agua estaba negra, negrísima (hasta el punto de que no se veía bien a través del acuario). La virtud está en el término medio y conviene no pasarse, aunque sea por el bien de la estética.

El último punto me lo he saltado de forma temporal. Creo que apenas hay plantas que sobrevivan a la inundación del bosque (y si las hay dudo que las comercialicen), así que de momento puse algunas Echinodorus, género típicamente amazónico, pero que no sobreviviría cuando el bosque no está inundado. No descarto quitarlas o sustituirlas, pero de momento me he consentido esta licencia de color.

Pues de momento esto es todo. En el próximo post hablaremos de la fauna de Río Negro y de los peces que he escogido para el acuario.

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Publicado el 15 septiembre 2011 en Acuario, Ciencia y naturaleza. Añade a favoritos el enlace permanente. 12 comentarios.

  1. Ya he recibido el libro que me recomendaste. Voy a echarle un ojo a ver qué me recomienda para el agua dura que tenemos aquí. Gracias por la dedicatoria. Me ha encantado la historia de Humboldt. :D

  2. Gran post como todos los de la saga de los acuarios, imagino que con estas entregas Hexo no lo va a tener difícil para inspirarse en un acuario amazónico.

    PD otro ecosistema que me encanta es el de los lagos Africanos (Malawi)

  3. Hexo: es un libro apañado, y la introducción viene muy bien. Espero que te sea útil o al menos interesante.

    Sr. Belizón: aún no está claro qué acuario elegirá Hexo, y uno que tendría asequible sería el de lagos africanos. A mí también me encantan esos peces.

    Xema: ¡totalmente!

  4. Me ha gustado mucho lo que has comentado sobre la anastomosis entre el río Negro y el Orinoco. No tenía ni idea.
    También impresionante el choque de aguas entre el Negro y el Amazonas. He echado un vistazo al Google Maps y se ve claramente.

  5. Si el agua de barcelona es dura, el lago Malawi o Tanganica creo que te viene bien Hexo, pero ante todo a uno le tiene que inspirar el ecosistema que va a recrear ya que el acuario es un hobbie que se convierte en un elemento de decoración y siempre puedes modificar las características del agua.

    Yo tuve durante años el mismo que ha recreado copépodo (río negro selva inundada), pero siempre quise pasarme a los cíclidos africanos por, las características del agua de donde vivo y porque me parecen uno de los acuarios de agua dulce más bonitos y más parecidos a los marinos…, al final lo vendí y ahora picado ando con el gusanillo de volver (cuando tenga espacio) ;o)

  6. Jmongil: gracias, ya sabes: nunca te acostarás…

    SrBelizon: ¿Y son difíciles de mantener los cíclidos africanos? La verdad es que son preciosos, pero aunque pueda variar las propiedades del agua, prefiero mantener acuarios con aguas parecidas a la del grifo. Me resulta más práctico.

  7. “…se cree uno relegado a un mundo distinto de aquel en el que nació”. No hay otra manera mejor de expresarlo… Me ha encantado el post, y el acuario te ha quedado majo, majo!Todo un placer leerte de nuevo!

  8. Osea que básicamente ese tipo de acuario es té con pecesitos

  9. Los cíclidos africanos, que yo sepa, no son complicados. Lo bueno de que necesiten agua dura y alcalina es que en muchos sitios es lo que sale del grifo.

    Con el marino necesitas por narices un filtro de ósmosis :)

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