Archivos Mensuales: noviembre 2011

Perdiendo la durianidad


Qué bien sienta tener la oportunidad de hacer cosas por primera vez ¿verdad? Es como volver a ser niño. Ojalá seamos lo suficientemente afortunados como para continuar teniendo experiencias nuevas por muchos años. Hoy mismo he tenido la suerte de experimentar una muy esperada sensación: la de probar una fruta hasta ahora desconocida para mis sentidos… ¡el durián!

Como quizá no hayáis oído hablar de él, os cuento. El durián es un fruto procedente del sudeste asiático. Reciben este nombre el fruto de  alrededor de 30 especies distintas del género Durio, aunque la más extendida y la única que se comercializa fuera de su distribución original es Durio zibethinus. Los árboles pueden llegar a los 50 metros de altura y los frutos  alcanzan el tamaño de un melón. Son inconfundibles por su aspecto espinoso, y aunque aquí (que yo sepa) no lo vemos en los mercados, se exportan a todo el mundo.

Su interior está dividido en paquetillos, tantos como carpelos, normalmente con unas pocas semillas del tamaño de una castaña. La parte carnosa que envuelve las semillas (arilo) es lo que se come.

Para los obsesos de la botánica aclaro que este es uno de esos géneros que tradicionalmente se englobaban entre las bombacáceas o bien entre las malváceas si se tiene un concepto muy amplio de esta familia, y que como nuestras modestas malvas tienen estambres de una sola teca reunidos en fascículos. En la actualidad, tras la incorporación de los avances de la filogenia molecular, tiende a considerarse que su historia evolutiva se refleja mejor con una familia propia, la de las durionáceas, con seis géneros y unas 45 especies restringidas al Archipiélago Malayo, Indochina, Sri Lanka y sur del Indostán.

¿Y por qué tenía yo tanto interés en probar el durián? Es probable que hayáis oído hablar de esta fruta exótica por una de sus más sobresalientes cualidades: su olor nauseabundo. En efecto, el pestazo del durián es célebre en todo el mundo. En muchos lugares de Asia está prohibido en determinados edificios o en el transporte público. En los bosques tropicales donde es originario, incluso antes de que madure y caiga al suelo el durián desprende su característico y penetrante olor que los orangutanes son capaces de percibir y rastrear desde kilómetros de distancia. El paseo les sale a cuenta, ya que los durianes son tremendamente energéticos, y apreciados por estos primates como un auténtico manjar.

Orangután dándose un banquete. Vídeo completo en Arkive

Entre los humanos la cosa no parecía tan clara. Las experiencias de mis informantes eran a veces contradictorias: unos lo ponían como la asquerosidad más repugnante con la que se habían topado, mientras que otros me hablaban de un manjar de dioses que le habría dado el sobrenombre de “el rey de las frutas”. En cuanto a la fetidez de su esencia todo el mundo aparentaba estar de acuerdo, pero en lo que respecta a la exquisitez de su sabor, parecía haber grandes discrepancias.

Al parecer, esto es del metro de Singapur. Nótese que llevar un durián es una falta, pero comérselo en el metro es una doble infracción.

Nuestro amigo Alfred Russell Wallace lo describía de una forma más que indulgente en su libro de peripecias por el Archipiélago Indomalayo.

Para los que no están acostumbrados, al principio parece oler a cebollas podridas, pero inmediatamente después de probarlo, lo preferirán a cualquier otro alimento. Los nativos le rinden honores, lo exaltan y componen versos sobre él.

Los cinco gajos son blancos y sedosos y están rellenos de una masa de pulpa firme de color crema con tres semillas cada uno. Esta pulpa es la parte comestible y su consistencia y sabor son indescriptibles. Unas natillas con aroma de almendras dan una idea general, pero hay bocanadas ocasionales que recuerdan a crema de queso, salsa de cebolla, jerez y otros sabores incongruentes. Además está la deliciosa textura untosa en esa pulpa que ninguna otra cosa posee, pero que se añade a su delicadeza. No es ácido ni dulce ni jugoso, pero no requiere ninguna de estas cualidades, es perfecto tal y como es. No produce náuseas ni otro efecto negativo, y cuanto más lo comes, menos te apetece parar. De hecho, comer durianes es una nueva sensación que bien merece la pena viajar a Oriente para experimentarla.

Buscando esta cita me he topado con otra (también en la Wikipedia), que no puedo evitar poner igualmente para ilustrar la disparidad de opiniones que levanta esta fruta sin igual. La siguiente descripción es del escritor Jon Winokour.

Su olor puede describirse como mierda de cerdo, trementina y cebollas aderezado con calcetines sudados. Se puede oler a kilómetros de distancia.

Con estos antecedentes, y esa capacidad de polarización entre los comensales ¿Quién no querría salir de dudas por sí mismo y comprobar si uno es pro-durián o anti-durián? Anteriormente yo había visto durianes en el Chinatown de Nueva York (izquierda), pero claro, no me iba a poner a comprar uno y más aún conociendo los problemas que puede darte en el metro.

Por suerte un compañero de trabajo ha regresado de un viaje por Laos y entre otras curiosidades gastronómicas ha traído consigo unos paquetitos de pulpa de durián, que hacen que la experiencia no sea tan inmediata (ni posiblemente tan intensa) como tener la fruta delante, pero que para quienes somos vírgenes en esto de la durianidad, es una estupenda idea.

El olor, desde luego, es indescriptible y muy difícil de comparar con ninguna otra cosa que haya olido nunca. Muy penetrante e intenso, dulzón (demasiado), empalagoso, que recuerda al vómito y al mismo tiempo muy artificial, como si tuviese betún. Estoy de acuerdo en que el sabor es completamente distinto, pero es muy difícil evadirse de la sensación que produce su aroma. La textura es muy suave, mantecosa pero sólida como un “sugus” y efectivamente sabe como a crema, como a caramelo pero sin ser apenas dulce. Si os digo la verdad no estoy seguro de si me ha gustado o no, me tengo que decidir. Las emanaciones olorosas te repiten tiempo después de haberlo comido, pero dan ganas de comer más. Es bastante raro. No me ha parecido una exquisitez pero ha satisfecho parcialmente mi curiosidad hasta que tenga la ocasión de probarlo al natural.

¿Y vosotros? ¿Habéis perdido la durianidad? ¿Opiniones?

..

Bueno, yo ya me he decidido. ¡Qué cosa más asquerosa, por favor!

.

Bueno, no, mejor me espero a probarlo mañana sólo una vez más.

Etiqueta roja


Estos días estoy demasiado liado como para cumplir con mis deberes blogueriles (qué le vamos a hacer), pero algo de tiempo estoy sacando para leer. A falta de nada más elaborado voy a compartir un descubrimiento curioso que tuve el otro día leyendo un ensayo de Stephen Jay Gould (concretamente, “No hay ciencia sin imaginación, no hay arte sin hechos”, incluido en “Acabo de llegar“). En este ensayo se ahonda en una faceta poco conocida de Nabokov: la de apasionado entomólogo. Curiosamente tiene por ahí un poema que trata sobre la descripción de una especie de mariposa y que acaba tal que así:

Oscuras pinturas, tronos, piedras que besan los peregrinos,

poemas que perduran un milenio

tan sólo imitan la inmortalidad

de esta etiqueta roja al pie de una pequeña mariposa.

(traducción completa del poema)

Como bien dice Gould, hay un detalle interesante y es la referencia a esa etiqueta roja a la que el poeta le da tanta relevancia. Resulta que en las colecciones científicas, tanto de animales como de plantas, el color rojo en las etiquetas está reservado para los especímenes tipo, es decir, aquellos que sirven como referencia a la hora de asignar un nombre científico. De esta forma, el poeta equipara el descubrimiento de una nueva especie a la inmortalidad artística. De hecho, para el propio Gould, el hilo que engarza ambas facetas del escritor ruso es la atención y minuciosa descripción del detalle.

Desde luego no siempre tenemos ocasión de que un artista de este calado dedique su talento a expresar sentimientos que proporciona la ciencia, pero también me ha recordado una mezcla de conceptos que suele ser muy habitual. Lo de otorgar a un espécimen concreto la categoría de “tipo” puede hacernos pensar que, en este caso la mariposa en particular, tiene algún tipo de privilegio sobre los demás. Hay que recordarse que el espécimen tipo simplemente actúa de “recipiente” de un nombre científico: en caso de follón a la hora de cómo hay que llamar a qué bichejo se recurrirá al espécimen y su etiqueta roja para salir de dudas, pero lo que es “inmortal” es simplemente el nombre, el significante, y no la especie de mariposa en sí, ni por supuesto el espécimen (¡pues anda que no hay casos de tipos que han sido perdidos, destruidos o devorados por las plagas!). Al final lo que queda es la letra impresa, igual que con los propios poemas.

 

 

Zapatero Presidente


Adaptación libre de la tragedia de Sófocles “Edipo rey”  y continuación lógica y debida a “Los PPersas“.

Nota: lo creas o no, se trata de un texto de HUMOR. Tenlo en cuenta al leer y comentar.

Noche del 20 de noviembre de 2011. Jardines del Palacio de la Moncloa. Una multitud de indignados acampa frente al balcón de la presidencia del gobierno

DRAMATIS PERSONÆ

El CORO lo integra la multitud de indignados acampados frente al palacio, llevando tiendas Quechua y pancartas de protesta. El Corifeo es un PERROFLAUTA, con rastas, pancarta, perro y flauta reglamentarios.

ZAPATERO en el papel de Edipo

SALGADO interpretando a Creonte

RUBALCABA haciendo de Tiresias

.

(Zapatero sale al balcón de la Moncloa y se dirige a la multitud acampada)

ZAPATERO: ¡Oh, españoles! ¿Por qué esa actitud protestona ante mí? ¿Por qué blandiendo pancartas y carteles os presentáis ante el palacio monclovita? El país se convulsiona y protesta, lleno de lemas y coplillas ruge cada rincón, y yo, porque considero justo no enterarme por la prensa he venido en persona. Yo, el llamado ZP, el de cejas acuminadas, acudo a vuestra llamada amistosa. Así que oh, perroflauta, dime en nombre de todos: ¿cuál es la causa de esta manifa? ¿El temor o el ruego? Piensa que yo querría ayudaros en todo. Sería indigno de mí no compadecerme ante semejante actitud.

PERROFLAUTA: ¡Cejialto Zapatero! Ves de qué edades y condiciones nos reunimos aquí: jubiletas de mínima pensión, becarios eternos, que ni a mileuristas llegan, parados de todas clases. El país, como tú mismo puedes ver, está agitado y no es capaz de levantar la cabeza de las profundidades por la sangrienta sacudida. ¡Odiosa crisis, bajo cuyos efectos los mercados especuladores se lucran de nuestros suspiros y nuestros lamentos! Ni yo ni estos jóvenes estamos sentados como suplicantes por considerarte capacitado, pero sí el primero de los hombres en la responsabilidad. Tú, que al llegar liberaste al país del ímprobo Aznar de recio bigote y firmes abdominales, tú que prometiste que la dulce caricia del poder de ninguna forma podría cambiarte, vergüenda deberías sentir por este espectáculo. Con favorable augurio nos procuraste entonces esa fortuna. Sé también sensato en esta ocasión, pues si vas a gobernar esta tierra, es mejor reinar con hombres en ella que vacía, que nada es una fortaleza ni una nave privadas de hombres que las pueblen.

ZAPATERO: ¡Oh españoles dignos de lástima! Venís a hablarme porque anheláis algo conocido y no ignorado por mí. Sé bien que todos estáis sufriendo y, al sufrir, no hay ninguno de vosotros que padezca tanto como yo. De modo que no me despertáis de un sueño en el que estuviera sumido, sino que estad seguros de que muchas lágrimas he derramado yo y muchos caminos he recorrido en el curso de mis pensamientos. El único remedio que he encontrado, después de reflexionar a fondo, es el que he tomado: envié a Salgado, la de áurea y leonina permanente, ministra económica y numérica, al Oráculo de Standard & Poor’s, a fin de que se enterara de lo que tengo que hacer o decir para generar confianza en los mercados. Sería yo malvado si, cuando llegue, no cumplo todo cuanto el la agencia clarividente manifieste.

PERROFLAUTA: Precisamente éstos me están indicando por señas que Salgado se acerca.

(Elena Salgado entra apresurada en La Moncloa y sube hasta el balcón desde donde se dirige a la multitud y a Zapatero)

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Conversaciones con el Huracán


Hace ya casi un año que tengo el gusto de conocer (virtualmente) a Gerardo Sanz, ilustrador, diseñador ¡y cantante! cuyos trabajos podéis seguir aquí. Durante los últimos meses, con aquello de la criptobiosis, me quedé un poco descolgado de sus novedades y veo que en su nueva página web han proliferado historias y dibujos que personalmente, me están gustando mucho y que os animo a visitar. Sin embargo, las historias que nos llevaron a coincidir son concretamente las de una serie dedicada a la ciencia: Conversaciones con el Huracán.

Concebidas como una dosis breve y ultraconcentrada de ciencia y humor, estas historias constan de una única página, cada vez dedicada a un tema, en la que Huracán Romántica (alter ego del autor en el escenario y “nuestro vocero favorito”) habla de la materia oscura, el Big Bang o la Teoría Atómica como si te lo estuviera contando en la barra del bar, plagado de chascarrillos y chistes hiperbreves. La calidad y salero de las ilustraciones la podéis apreciar vosotros mismos y como sé que entre los lectores hay varios a los que se os da bien el tema, estoy seguro de que lo disfrutaréis. En cuanto a los contenidos, al principio solía decirle que me parecían historias muy precipitadas al estar limitadas a una página, pero con el tiempo y vistas en conjunto (ahora que tiene ya un par de docenas), la verdad es que son parte fundamental de la gracia, por aquello que comentaba del efecto “dosis ultraconcentrada”. Además, leyendo hace poco unas notas del autor Calvin y Hobbes (cuando al principio tenía el espacio de sus historietas físicamente muy limitado) me he dado cuenta de que este tipo de desafíos forman parte del oficio.

Lo dicho, que os una muestra para iros enganchando y que vayáis a por más. Me consta además que tiene una historia por ahí esperando dedicada al preformacionismo y los homúnculos.

La materia oscura

2011, el año de los gusanos xenúsidos (En busca del origen de los artrópodos)


ResearchBlogging.orgLa prensa nos sorprendía ayer con noticias sobre un gusano fósil encontrado en Murero (Aragón) que parece tener mucha relevancia para el esclarecimiento del origen de los artrópodos. Lo cierto es que este año está resultando muy fructífero para el estudio del origen de los animales articulados por excelencia, y este gusano maño es sólo la última de las crecientes piezas del puzle que parece que va cobrando forma. ¿Cuál es la relevancia concreta del gusano aragonés? ¿Por qué es importante conocer el origen de los artrópodos?

¡Ah! Los artrópodos. ¡Ah! Los puñeteros artrópodos. Los artrópodos son siempre los empollones de la clase, los que más destacan, a los que hay que tener siempre en cuenta por su relevancia y su diversidad. La gran mayoría de los animales que existen son artrópodos, como los zoólogos nos recuerdan constantemente. El origen de los artrópodos ha ocupado, como era de esperar, los sueños y cefaleas de muchos investigadores durante décadas. ¿Cómo y por qué surgen los artrópodos? ¿Cuál es el grupo a partir del cual evolucionaron? Y ese tipo de cosas.

Hace ya bastantes años, la gente parecía tener las cosas bastante claras: los artrópodos descendían de los anélidos, concretamente de los poliquetos (o algo parecido). A fin de cuentas estos gusanos marinos son ya como un artrópodo a medio hacer: ahí todo segmentadito, le faltan solamente unas patitas y una cutícula y andando.

Más claro agua, hoygan… ¿o no?

Sin embargo, desde la década de los 90 del siglo pasado sabemos que no, que muy posiblemente los parientes cercanos de los artrópodos sean gusanos, pero no gusanos bonitos y segmentados, sino toda una caterva de gusanejos inmundos, como los nemátodos, muchos parásitos, sin segmentar ni nada, que pululan por ahí sin que hayan recabado nunca una atención equivalente a la de ser parientes cercanos del muy noble y aristocrático filo de los artrópodos.

En su momento esto fue “poner a los elfos y a los orcos juntos

La clave, como muchos sabréis, es que este grupo de animales mudan su exoesqueleto (cutícula), y este proceso tuvo un origen común en todo el linaje y muy probablemente haya contribuido a su gran éxito evolutivo. Esta gran estirpe de animales se conocen como ecdisozoos, haciendo referencia a la muda (ecdisis) de su cutícula.

Ecdisozoos variados (fuente)

Este descubrimiento trajo consigo nuevas incógnitas, porque de la noche a la mañana el origen de los artrópodos dejó de estar claro. Si los nobles poliquetos quedaban descartados, ¿A quién achacar ser el padre de la criatura? ¿Podrían los nemátodos y otros gusanejos infames haber originado a los estupendísimos artrópodos? Y la eterna pregunta que tanto les gusta a los creacionistas: ¿dónde están las formas transicionales?

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