Archivos Mensuales: marzo 2012

II Certamen de Microrrelatos Científicos Feelsynapsis 5′-3′

Un poco de difusión para la segunda edición del concurso de microrrelatos científicos de Feelsynapsis. ¡Anímate!

El segundo Certamen de Microrrelatos Científicos Feelsynapsis 5’-3’ está organizado por la Red Social para la divulgación científica Feelsynapsis (www.feelsynapsis.com) en colaboración con Fisher Scientific.

El objeto de este certamen se centra en descubrir el talento literario, despertar la creatividad y fomentar la divulgación científica de todas aquellas personas interesadas en las ciencias, tecnología, innovación, arte y cultura.

La temática de las obras estará vinculada al ámbito de las Ciencias Sociales o Humanidades (Historia, Derecho, Economía, Psicología, Antropología, Políticas, Filosofía, etc.), Ciencias Experimentales (Astronomía, Biología, Física, Química, Geología, etc.), Investigación, Innovación y Tecnología.

Se repartirán 600€ en metálico, distribuidos en seis premios de 100€ cada uno.

ACCEDE AQUÍ A LAS BASES DEL CONCURSO

 

El sesgo linneano


Reflexión tonta del día: en este bloj hemos hablado en múltiples ocasiones de la nomenclatura biológica, es decir, la manera que tenemos los biólogos de nombrar a los organismos conforme a una serie de reglas y estableciendo unas categorías jerárquicas. Me gusta incidir en que la verdadera relevancia de la nomenclatura está en su universalidad para que los biólogos nos entendamos, pero no en que el sistema sea en sí mismo el mejor posible. Al igual que cuando hablamos, al usar esta nomenclatura asumimos un funcionamiento análogo al del signo lingüístico, con su significante (conjunto de fonemas) y su significado, o sea, el concepto que los fonemas designan. Los significantes son normalmente arbitrarios y su valor está en que sean universalmente reconocidos. De igual manera, los nombres científicos en sí mismos son sólo etiquetas, significantes, cuyo valor reside en el consenso. Si usamos el binomio Homo sapiens para designar a la especie humana, poco nos importa que muy a menudo haya gente que no merezca ser considerada muy inteligente, al igual que tampoco es relevante que Quercus canariensis, en realidad, no viva en el archipiélago canario, siempre y cuando todos sepamos a qué nos estamos refiriendo. Mucha gente confunde la arbitrariedad consensuada de la nomenclatura con cuestiones realmente taxonómicas (de clasificación y delimitación de tipos de organismos y sus jerarquías; que debe ser conforme a la filogenia). Por eso hay que recordar constantemente que la nomenclatura es simplemente una disciplina que pone etiquetas, nombres, significantes vacíos en sí mismos, de acuerdo a unas reglas precisas (aunque no exentas de su problemática propia, que se las trae, por cierto).

Por supuesto, el hecho de que los nombres científicos de los organismos sean meras etiquetas no es en absoluto impedimento para que puedan resultar muy interesantes y que seamos capaces de sacar de ellos información curiosa. Hoy me apetece hablar de un fenómeno que me llama la atención y que podréis descubrir en muchos grupos de plantas y animales. Me refiero a cómo a menudo, determinados linajes muy diversos de organismos han comenzado a conocerse desde la excepción, y cómo eso ha quedado fijado en la nomenclatura. Voy a poner algunos ejemplos.

Los romanos usaban la palabra “ficus” para designar a la higuera (de ahí viene la palabra “higo”). En la actualidad llamamos Ficus carica a esta especie de árbol, pero no es la única. Dentro de su género hay más de 850 especies, la mayor parte de ellas tropicales, y muy diferentes a la higuera. La higuera, de alguna forma, es uno de los “Ficus” más raros y excepcionales que hay: es extratropical y originario de Oriente Medio, tiene hoja caduca y en su forma silvestre apenas se levantaba más de unos pocos metros del suelo. La higuera es, desde luego, la antítesis de un “Ficus” representativo, y sin embargo, todos reciben ese nombre genérico por ella.

Sicono de un Ficus en Ranomafana
Sicono de un Ficus tropical. No tan apetitosos como nuestros higos

Otro ejemplo son los camaleones. Reciben, igualmente, un nombre antiguo, pero que originalmente había hecho referencia a una única especie: la que hoy llamamos Chamaeleo chamaeleon, nuestro camaleón común, presente en el norte de África, Oriente Medio y algunos puntos selectos de la Europa Mediterránea. La mayoría de las aproximadamente 160 especies de camaleones que existen viven en el África subsahariana y Madagascar. Si quisiéramos buscar un representante característico de este grupo de reptiles, lo último que haríamos es escoger la especie más norteña, en nada representativa, y sin embargo es ella la que nombra a toda la familia: la de los camaleónidos.

Calumma oshaughnessyi 

Bradypodion sp. 

Arriba, nuestro humilde camaleón (Chamaeleo chamaeleon), una rareza de su estirpe. Abajo, otros ejemplos de África meridional y Madagascar (géneros Calumma, Furcifer, Bradypodion y Trioceros)

Algo parecido pasa con los martines pescadores (suborden alcedinos), un grupo de unas 90 especies de aves inconfundibles por su forma y sus costumbres. La primera especie nombrada “oficialmente” fue Alcedo atthis, el martín pescador que nos resulta familiar a los europeos, pues es el único que vive en nuestra geografía. Sin embargo, en el contexto de su grupo familiar, quizá resulte una especie anodina y algo descafeinada. Lo mismo no estais de acuerdo, pues el martín pescador es una de las aves más bonitas de nuestra fauna, pero es que algunos de sus primos cercanos son realmente espectaculares.

 

Martines pescadores “exóticos”. El martín pescador enano oriental (Ceyx erithaca), común en el sudeste asiático, y el martín pescador gigante (Megaceryle maxima), extendidísimo por casi todo el continente africano.

Enésimo ejemplo: el de las ranas arborícolas (familia de los hýlidos), pequeños anfibios con característicos dedos acabados en ventosillas adhesivas. Se trata de una familia realmente multitudinaria ¡casi 900 especies! y están especialmente diversificadas en las Américas. Sin embargo, la especie que les da nombre… ¿Lo habéis adivinado? Sí, es una de las pocas presente en el continente europeo: la ranita de San Antón o Hyla arborea.

Hyla arborea 

Nuestra humilde ranita de San Antón (Hyla arborea) junto a la inconfundible rana arborícola de ojos rojos (Agalychnis callidryas)

A estas alturas ya os habréis dado cuenta de por dónde voy. La nomenclatura nos está dando pistas de dónde comenzó geográficamente el trabajo de nombrar científica y sistemáticamente a los organismos, y por lo tanto, cuáles resultaban más comunes a las primeras personas que se dedicaron a esta labor, pese a que esa familiaridad nada tuviese que ver con la representatividad de grupos que a veces sólo estaban presentes en Europa de chiripa. Hay literalmente cientos de ejemplos parecidos, estos son sólo unos pocos, pero os animo a hacer vuestras propias aportaciones en los comentarios.

¿Podemos afinar más? Pues sí. El estornino pinto recibe el epíteto de “vulgar” (Sturnus vulgaris) por ser el más común en el norte de Europa, frente, por ejemplo, al estornino negro (Sturnus unicolor) que es el que habría considerado realmente “vulgar” un español o un portugués. De forma análoga, el “enebro común” (Juniperus communis) es realmente el “común” en la Europa eurosiberiana, pero no tanto en la mediterránea, donde hay otros enebros distintos. El pino silvestre (Pinus sylvestris) no es menos “silvestre” que los demás, pero sí que es el único que vive de forma natural en Escandinavia…

Lógicamente, el responsable de nombrar todos estos ejemplos, allá por el siglo XVIII, fue el propio Linneo. Como sueco y como europeo, empezó a nombrar animales y plantas que le resultaban familiares, sin que existiese aún una perspectiva global de qué lugar ocupaban las especies europeas en el vasto conjunto de la diversidad global, y a veces esa posición era muy excéntrica. No puedo asegurarlo con rotundidad, pero sospecho que este patrón tan curioso ha impregnado la nomenclatura tal forma que sería detectable para un observador atento y objetivo. Digamos, para un biólogo extraterrestre postapocalíptico que tuviese acceso a nuestras bases de datos. Este observador hipotético podría darse cuenta de que la nomenclatura comenzó en Europa por la frecuencia de este tipo de sesgos y ya, si nos ponemos estupendos, que su epicentro estaba en Uppsala. Sería una conclusión quizá desconcertante: ¿Cómo es posible que una labor tan titánica tuviese su semilla en un área tan relativamente pobre en diversidad? ¡Ay! ¡Qué importante es la constricción histórica! Este patrón habría sido totalmente incomprensibe sin conocer la figura de Linneo.

Lo dicho: en el fondo esto es simplemente una curiosidad. Es irrelevante para nuestro conocimiento de los seres vivos qué conjunto de letras usemos para designar a los organismos… pero en el fondo dice mucho sobre nosotros mismos y nuestra historia. En el caso de este “sesgo linneano”, lo que ha permanecido “fosilizado” es el eurocentrismo de la nomenclatura biológica.

Este post participa en el XI Carnaval de Biología, que este mes hospeda Gerardo en Ciencia y alguna otra cosa.

 

El planeta de los simios: por qué se debe llevar a un biólogo en la tripulación


(Enriquecido en spoilers, aunque si a estas alturas no has visto El planeta de los simios no sé muy bien qué vamos a hacer contigo)

El pasado fin de semana, un extenso grupo de frikazos y gente de mal vivir tuvo la ocasión de disfrutar en pantalla grande de ese clásico del cine que es El planeta de los simios (1968) como parte de la Muestra SyFy. ¿Qué se puede decir de esta película? Cada vez que la veo me gusta más y le saco más enjundia. En conjunto me parece una maravilla y ha envejecido mucho mejor que otros clásicos. Reflexión tonta: es curioso que más de 40 años después de su estreno una de las cosas que más chocan es ver a Charlton Heston fumarse un puraco en la nave espacial, y sin embargo, los trajes espaciales e incluso la nave del comienzo de la película es bastante apañada.

¡Purazo espacial!

Pero a lo que iba. Siendo, como lo es, un peliculón con todas las letras, tiene algún problema de dirección artística. (Este concepto no es que lo suelte yo aquí por hacerme el interesante, sino que me lo enseñó hablando del tema un amigo mío que sabe de estos asuntos y lo empleo para poder llamar a las cosas por su nombre). No es que se trate de problemas muy importantes, pero ya sabéis que en esta santa casa tenemos cierta trayectoria mirando con mucha atención detalles cinematográficos relacionados con las localizaciones (::1:: ::2::), y en ellos me voy a centrar.

Como recordaréis, el plato fuerte de la película se sirve al final. El comandante Taylor, acompañado por Nova, descubre que en realidad, el hostil y salvaje planeta de los simios era la Tierra, unos cuantos de miles de años en el futuro, y que la civilización humana se había desvanecido. El encuentro con la ruina de la Estatua de la Libertad es, merecidamente, uno de los hitos del Séptimo Arte. Yo tuve la suerte de ver esta película siento un niño muy impresionable y con aún poco cine a mis espaldas y este final me puso los pelos de punta. Sospecho una película como esta estrenada a día de hoy no habría tenido el mismo efecto y el espectador medio, acostumbrado a “BrucesWillis” que están muertos desde el principio y tal, se habría olido la tostada mucho antes.

¡Yo os maldigo!

A lo que voy es que, pese a todo, no habría sido necesario esperar tanto para concluir que nos encontrábamos clarísimamente en el planeta Tierra. Incluso un individuo como Charlton Heston lo habría concluido con mucha facilidad si hubiese tenido cierta formación biológica y hubiese prestado un poco de atención a su entorno. Retrocedamos desde el final hacia el comienzo para señalar varios puntos clave en los que se podían haber atado cabos.

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Tratado de Chick sobre el calentamiento global


A pesar de mis esfuerzos divulgadores, mucha gente sigue sin conocer al gran Chick y sus viñetas (tratados) proselitistas y fanáticos evangélicos. ¡Ya os vale! Por eso nunca, nunca, nunca se han leído y comentado suficientes tratados de Chick. Los chickólogos del mundo debemos continuar con el trabajo de análisis y exégesis que admire y pasme a las generaciones venideras. Hoy ha llegado una nueva ocasión para llevarlo a cabo. Hace sólo unos días, la lista de correo de Chick Publications me informó de la publicación de un nuevo tratado. Para alegría y regocijo de todos nosotros, trata sobre el calentamiento global y creo que es uno de los mejores ejemplos de cómo Chick retrata a los científicos, los escépticos, los ecologistas y los jipiflautas en general. Aviso desde ya que es un poco flojo, ¡pero los chickólogos nos debemos a nuestra noble causa! así que, dejémonos de palabrerías y sentémonos a paladear esta maravilla.

Tachán, tachán…

EL CALENTAMIENTO GLOBAL

Dramático comienzo para un tema espinoso. Un interlocutor televisivo, a modo de Gran Hermano, nos interpela como culpables del calentamiento global. El motivo por el que tamaña acusación nos la debe hacer un televisor no está clara, pero ya iremos viendo que en este tratado Chick mezcla cosas bastante distintas y en general a todo lo que sea EL MAL. Fijáos en la margarita marchita a un lado de la imagen para añadir dramatismo. El lector medio ya está acojonado ¡y acabamos de empezar!

Esta viñeta es magistral. Atentos a cómo interpreta Chick al mundo científico. El laboratorio está lleno de detalles: el sol enfadado en el gráfico del clima, el diminuto cartel que reza “I did it”, rebosante de soberbia, el cerebro en un tarro, la vela en la pared de ladrillo y… ¿quién es ese de la derecha? ¡¡Es Igor!! ¡Un genuino Igor en un laboratorio de cambio climático! Seguro que es un becario FPU. Esa figura chepuda, servicial y lamentable y esos ojos destrozados de tanto mirar al microscopio sólo son posibles en un becario español. Dáos cuenta también de que los científicos crean el calentamiento global, no lo descubren. Y por supuesto, ese aire de falsa confianza en el científico que, como veremos, en realidad no es más que un soberbio que juega a ser Dios y sólo ansía sustituirle.

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IX Muestra de Cine Fantástico de Madrid

¡Ya está aquí un año más! La muestra de cine fantástico cumple su novena edición, y como en los últimos años es el canal Syfy en que la hace realidad. Hay cambios importantes para este año. Para empezar, la muestra no tendrá lugar en el cine Palafox (como venía ocurriendo desde que yo tengo memoria de este acontecimiento), sino en el cine Callao. Sin duda echaremos de menos su entrañable ubicación original, en la que ya teníamos localizados los lugares estratégicos, pero la verdad es que todo parece indicar que esta va a ser una muestra por todo lo alto. La otra novedad es el programa, que es muy extenso y que parece que gana en contenido en Ciencia Ficción (algo que echaba bastante de menos en ediciones anteriores).

Del 8 al 11 de marzo podremos disfrutar de títulos como John Carter, Hell, o Apolo 18. Al igual que el año pasado, habrá sesión de Trash entre amigos, con Nacho Vigalondo y Raúl Minchinela (Dr. Repronto), y además disfrutaremos de la proyección en pantalla grande de Ultimátum a la Tierra y El Planeta de los Simios.

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