Archivos Mensuales: septiembre 2012

Miguelito slasher (capítulo 3)


¡Continúa el horror neorrural! Si no sabes de qué va esto tienes aquí el capítulo 1 y en ¡Jindetrés sal! el capítulo 2

La cortina de macarrones se abre bruscamente con un ruido característico y la luz del exterior deslumbra a los parroquianos del bar. En el umbral, dubitativas, una mujer y una niña pequeña miran al interior, incapaces de distinguir nada. Son dos forasteras. Sin articular palabra, los parroquianos habituales (los de la partida de dominó, los del tute, Blasico Pisarranas y Herminio, el hijo del Nuevededos) miran con desconfianza.

Ignorando la bienvenida, Mamen tira del brazo de su hija y sin ni siquiera saludar atraviesa la estancia mientras doce pares de ojos siguen cada uno de sus movimientos. Ángela señala estupefacta la televisión que tanto llamaría la atención a su hermano unos minutos más tarde, cuando el horror se hubiese desatado. El tubo catódico emitía una mortecina imagen de “Cine de barrio” bajo lustros de polvo perpetuo.

- Vamos hija, ¡aguanta! – farfulla Mamen mientras abre la puerta del servicio. Lo que vio en ese rincón no tenía comparación ni siquiera en aquel especial de National Geographic sobre las fosas sépticas más asquerosas del mundo. La onda expansiva de los hedores más espantosos las proyectó un paso atrás, pero como la luz era aún más rápida, sus retinas quedaron también marcadas por un espectáculo… dantesco.

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Historia de una flora maldita

Charles Léo Lesquereux (1806-1889), mi héroe

El propósito de este post es únicamente dar a conocer un chascarrillo botánico-histórico del que me enteré realizando la tesis. Es una anécdota sin interés científico pero que me impresionó personalmente cuando fui consciente y me hizo admirar aún más el trabajo de ciertos botánicos del siglo XIX a los que a estas alturas les tengo verdadera devoción. A la mayoría ya les tenía en gran aprecio antes de enterarme de la anécdota en sí, y es que una de las grandes experiencias de mi doctorado ha sido la de enfrentarme a problemas taxonómicos que llevaban abiertos, literalmente, más de siglo y medio. En este tipo de proyectos es habitual sumergirte en la bibliografía que se manejaba en aquella época, en la que la diversidad del continente americano aún era en gran parte desconocida, y llegas a tener una relación casi de cercanía con los protagonistas de esa silenciosa epopeya científica a base de leer sus artículos y de examinar sus especímenes, preservados en los herbarios desde entonces, como pequeños tesoros.

Cuando, después de examinar cientos de ejemplares, de usar microscopía óptica y electrónica y filogenia molecular (métodos que sonarían a ciencia ficción para nuestros protagonistas) se llega a la conclusión de que algunas de las especies propuestas en la década de 1860 (y posteriormente olvidadas o ignoradas) son perfectamente válidas, uno no puede sino admirarse con toda sinceridad. En una época en la que el conocimiento era aún muy fragmentario y en el que la microscopía óptica estaba aún perfeccionándose, algunos de estos entusiastas hicieron gala de una intuición y una capacidad de observación absolutamente geniales; capacidades que no siempre alcanzaron algunos de los que llegarían después.

Esta admiración inicial creció cuando fui consciente del esfuerzo y el tesón que hubo detrás de algunos de sus trabajos, que, por supuesto, son absolutamente desconocidos para casi todo el mundo. Si la historia de la botánica no se encuentra precisamente entre los campos más populares, ¿qué os puedo contar de la historia de la botánica criptogámica (la de las plantas sin flores)? El chascarrillo que os voy a contar, pertenece a la historia de la briología: el estudio de los briófitos (musgos y plantas afines), que pese a ser el segundo grupo más diverso de plantas verdes, es relativamente minoritario en cuanto a su estudio y conocimiento. Incluso dentro de los que estudian las plantas hay “clases”, y ya os podéis imaginar que los que las algas o los musgos no venden tanto como las orquídeas. Esto siempre ha sido así, y tampoco es lo mismo un ornitólogo que un parasitólogo, para qué engañarnos: los estudiosos de los musgos, los priapúlidos, las amebas y los loricíferos siempre andaremos quejándonos de ser una minoría de frikazos incomprendidos.

A lo que iba: es muy posible que este post os parezca un rollazo intragable. Así me lo temo cuando lo releo intentando abstraerme de lo que estas personas significan para mí. Aún así he intentado transmitir lo que me ha llamado la atención. Los señores de los que voy a hablar son relativamente conocidos entre los taxónomos del gremio, pero casi siempre son simplemente unos nombres sin más. Una breve exploración biográfica permite familiarizarse con ellos y con sus vidas para comprobar que los problemas a los que se enfrentaban y el curso de los acontecimientos (y las serendipias que los rodean, haciéndolos siempre parecer asombrosos a posteriori) los llevó a trabajar en un objetivo común, a menudo sobreponiéndose de forma admirable a muchas dificultades.

La anéctota propiamente dicha la leí en una carta fechada en 1924, tiempo después de la muerte de los protagonistas, y que permanecía en un pliego del herbario Farlow de la Universidad de Harvard. Tras pensar tranquilamente en qué orden iba a contar los hechos, creo que es mejor dejar para el final autoría y contenido de la carta y empezar por la historia para la que dicha carta sirve de guinda. Avisados quedáis.

La historia tiene por principales hitos estos dos libros:

El primero de ellos es el Manual of the Botany of the Northern United States, de Asa Gray. Se trata de un ejemplar de la 5ª edición de 1868 del que estoy muy orgulloso y del que os hablé cuando lo compré. El segundo libro es un facsímil del Manual of the Mosses of North America, editado en 1884.

Ambos libros pertenecen al mismo “género literario”: son floras. Las floras son unos libros bastante esotéricos que sólo interesan a la gente realmente devota por las plantas. Hoy en día pueden ser bastante atractivos al incluir muchas claves, ilustraciones o fotos, pero en el siglo XIX, cuando los grabados no siempre eran asequibles, no eran raras las floras realmente áridas en las que se suceden enumeraciones y descripciones minuciosas de familias, géneros y especies durante cientos de páginas sin respiro ni piedad para el lector.

¡Son ideales para el insomnio!

Ni qué decir tiene que las floras son herramientas fundamentales para los botánicos, de uso constante, cual diccionario. Las floras se actualizan y se mejoran, pero ¿cómo se escribe la primera flora de un territorio? Es decir, ¿Cómo se inicia un diccionario desde cero, cuando no hay ninguno previo en el que basarse? Acometer la primera flora de una región es una empresa sólo adecuada para gente disciplinada en el trabajo y con grandes dotes de observación. Más aún si dicha empresa abarca un territorio tan vasto como la Norteamérica decimonónica, aún en gran parte inexplorada científicamente.

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Escuela de presentadores Jesús Hermida


A veces, la línea que separa el esperpento, el horror de lo sencillamente asombroso es muy difícil de trazar. Por desgracia para mi salud mental, soy adicto a los oscuros rincones de internet en los que esa línea palpita, salta, se contorsiona y se pliega sobre sí misma, y lo siento pero una vez más no puedo evitar compartir con vosotros mi último hallazgo (quizá un poco desfasado pero no por ello menos impresionante). Todo empezó con un anuncio en YouTube:

Bien, la muchacha quiere ser presentadora, bien… ¡cómo! ¿Estoy leyendo bien? ¿Escuela “Jesús Hermida” de presentadores de televisión? ¡Esto no me lo pierdo! Y efectivamente…

¡Qué bonito! Si tiene hasta la silueta inconfundible (?) de Hermida y su pelazo. Me fascina esta imagen corporativa, creo que me equivoqué de estudios y todo. La silueta. La silueta con las manos en los bolsillos lo dice todo. Sólo con ella me he sentido transportado a los años 90, cuando me quedaba hipnotizado delante de la caja tonta con los vaivenes del pelazo de Jesús Hermida durante horas. Hay gente realmente afortunada. Pues sí, en efecto, existe un Curso superior de Presentadores de TV con el nombre del ínclito periodista… vaya, me acabo de quedar un poco cortado, es posible que algunos de vosotros ¡no sepáis quién es Jesús Hermida! ¿Será cierto?
Tomemos una alícuota de hermididad. Antena 3, 1990. Sólo con ver la entradilla merece la pena. Atentos al público, sentado en sus mesitas, disfrutando de la experiencia. Esa clase noventera, esas hombreras, ese glamour…

Jesús Hermida. ¿cómo describirlo? Bueno, os tengo que confesar (y esto es totalmente cierto) que cuando se nombra a Hermida siempre, siempre me viene a la memoria este sketch de Martes y Trece (Nochevieja de 1992) y la cancioncilla se me queda en la cabeza durante horas (ver de 0:46 a 1:15).

Con todo esto en mente, ¿cómo no sentir curiosidad por un curso así? ¿Te enseña el propio Jesús Hermida a hacer pausas dramáticas interminables, circunloquios eternos y otros recursos? El curso pertenece a una tal TRACOR Communication Arts Institute y lo certifica el CEU, pero sí que parece que Jesús está muy implicado. Él mismo nos lo explica, a su manera.

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Encuentro con los homínidos del Museo Nacional de Etiopía


Cuando a uno le hablan de “evolución humana” es posible que le venga a la cabeza esto:

Curación progresiva de una hernia discal acompañada por depilación láser de mediocre resultado

Por muy inevitable que sea, a estas alturas todos nosotros, que somos gente escéptica y enteradilla, sabemos que el típico icono de arriba es una simplificación errónea de la evolución del ser humano tanto por su linealidad como por su idea de avance hacia el progreso. Sobre esto ya habló en su día el amiguete Gould y no nos extenderemos. Sin embargo, quizá debamos ser algo indulgentes con los antropólogos del pasado, ya que durante mucho tiempo, la ausencia de fósiles de homínidos, especialmente de aquellos que estuviesen próximos a nuestro antepasado común con otros homínidos vivientes como los chimpancés o los gorilas, no ponía nada fácil la reconstrucción de “el origen del hombre”.

Esta situación es, afortunadamente, muy distinta hoy. Se conocen más de una veintena de especies extintas que van dibujando cada vez con más nitidez la historia de nuestro linaje desde que éste se separó del de los chimpancés, hace 6-8 millones de años. Durante la última década muchos nuevos fósiles de australopitecinos basales han sido descritos y es muy posible que si te interesa el tema pero has andado despistado últimamente, se te hayan escapado unos cuantos. Para hacernos una idea de por dónde van los tiros en este momento, hay una filogenia muy apañada (actualizada hasta 2011) en la wikipedia que he tuneado un poquito (click para ampliar):

Los puristas, entre los que me encuentro según me da el día, encontrarán algunas pegas a esta representación, pero ese no es el tema hoy, así que no nos entretendremos más

Efectivamente, nuestros parientes vivos más cercanos están representados por el género Pongo (orangutanes), Gorilla (gorilas) y Pan (chimpancés y bonobos). Se puede ver que se conocen algunas especies del linaje humano que se remontan posiblemente hasta puntos muy cercanos a la divergencia con los chimpancés, verbigracia:  Orrorin tugenensis y Sahelanthropus tchadensis. En yacimientos más modernos se han encontrado muchísimos restos englobados en los géneros Australopithecus, Ardipithecus, Kenyanthropus y Paranthropus. Se conoce además fósiles aún más antiguos de la base de los linajes de gorilas y orangutanes. Si queréis comprobar hasta qué punto ha cambiado el panorama de la evolución humana no tenéis más que comparar este esquema con cualquier libro editado hace más de 15 años, porque el cambio es muy espectacular.

Pues bien, en la figura anterior he rodeado con verde aquellas especies que se encuentran expuestas en el Museo Nacional de Etiopía, en Addis Abeba. En efecto, este museo cuenta con una de las mejores colecciones de homínidos fósiles (especialmente australopitecinos) que podemos visitar en todo el mundo. No en vano, el Valle del Rift, allá por donde pasa, ha dado muchas sorpresas a los paleoantropólogos, y concretamente en su región más septentrional (el Afar) vivieron un buen número de candidatos a antepasados. Resulta reconfortante que un país con escasos resursos, como es Etiopía, encuentre la forma de conservar y hacer valer su patrimonio como pude ver en este museo. Preparar y mantener una buena exposición no es sólo cuestión de dinero, sino de cuidado institucional (otros museos etíopes resultaron ser calamitosos) y casi de cariño por parte de los responsables. La parte del museo dedicada a paleontología en el sótano del edificio es un buen ejemplo de ello. Apenas cuenta con espacio o con medios adecuados, pero pese a todo está bien expuesta y explicada y la disfruté muchísimo. La calidad y valor de los fósiles es indudable, y una buena parte de ellos han sido portada de Nature cuando su descubrimiento fue dado a conocer.  La iluminación era modesta y las fotos que pude sacar no son muy allá, pero espero que os puedan transmitir parcialmente la emocionante visita.

Representación de las especies de homínidos del linaje humano en el tiempo (relativamente actualizado)

SALA “GENERAL”

En una pequeña sala se encuentran expuestos la mayoría de los fósiles de un buen número de homínidos diversos abarcando los últimos 10 millones de años.

Estos son dientes de Chororapithecus abyssinicus, el homínido más antiguo del museo (vivió hace 10 millones de años) y el único que no está directamente emparentado con el hombre. Chororapithecus parece estar en la base del linaje de los gorilas (muy cerca de su divergencia con otros primates) y de hecho muy probablemente tendría un tamaño similar. Su descubrimiento tuvo lugar en la región de Afar y se publicó en Nature en 2007. El conocimiento de esta especie contribuye a hacer dataciones más precisas en las reconstrucciones filogenéticas.

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Miguelito slasher (capítulo 1)


El relato que se puede leer a continuación es una variante de cadáver exquisito escrito por el Dr. Litos y un servidor. Cada autor desconoce lo que tiene en mente el otro hasta que el capítulo sale publicado. Podréis leer cada semana, alternándose entre nuestros respectivos blojs, un capítulo nuevo de esta inquietante historia de suspense neorrural.

MIGUELITO SLASHER

Capítulo 1

En lo más profundo de la provincia de Albacete, un monovolumen surca la autopista exactamente a 123 km/h, gracias a su moderno y conveniente sistema de velocidad programada. Desde que adquirió este confortable vehículo familiar, Julián se ha ahorrado unas cuantas multas en los viajes de ida y vuelta a La Manga, y más de un berrinche también gracias a la posibilidad de enchufarles a sus hijos (o “los críos”, como les gusta llamarlos delante de los extraños) un poco de tele. Sin embargo, este regreso de la habitual segunda quincena de agosto en la playa está siendo algo más enervante de lo habitual y ni siquiera el DVD de High School Musical está sirviendo de mucho. Carlitos y Ángela llevan como 100km peleándose, minando lenta pero inexorablemente la paciencia de sus padres.

- ¡Ya vale! ¡YA VALE! – interrumpe finalmente Mamen – ¡Parad de una vez! ¡Me tenéis frita!

- Pero mamá, es que no me deja la…

- ¡Que os calléis!

- Pero…

- ¡Ni pero ni pera!

- Mamá, me hago pis – interrumpe Ángela, no demasiado intimidada por la subida de tono de voz de su madre.

- ¿Que te haces pis? – Mamen no sale de su asombro – ¿Cómo que te haces pis? Si te lo pregunté justo antes de salir… ¿Tú lo oíste, no? – dice dirigiéndose a Julián, al volante – Lo oíste que se lo pregunté y nada, que no quería. ¡Arrrg! – Julián se limita a encogerse de hombros. Lo cierto es que no recordaba haber presenciado ese diálogo – Pero, ¿Mucho pis?

Ángela la mira con cara de gravedad y asiente.

- Yo de verdad que no lo entiendo.

- Cari, no te preocupes, que paramos y ya está. Si además hay que echar gasolina, salimos aquí y listo. – Julián toma el desvío siguiendo una señal con el símbolo del surtidor de gasolina, provocando una reacción insospechada en Mamen.

- ¡Noooo! – dice gritando, y casi provoca un volantazo -

- ¿Cómo que no? -reacciona asustado- ¿No teníamos que parar? ¡Joder Mamen, no hay quién te entienda!

- ¡Pero en esta no! ¿No ves que no está en la autopista? ¡Nos vas a meter en el pueblo! – Mamen se lleva las manos a la cara. Hoy no es su día

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