Archivos Mensuales: diciembre 2012

La especie de la semana: Philodendron geniculatum


Mirad qué cosa más curiosa: esta planta llevaba cultivándose más de 50 años en tres continentes distintos. Se sospechaba que correspondía a una especie no descrita del género Phylodendron, pero como nunca se le había visto en flor, no se había podido comprobar. Finalmente, el pasado mes de abril, unos afanados botánicos consiguieron el prodigio en el jardín botánico Nymphenburg de Múnich. Con la inflorescencia delante, fueron capaces de confirmar la sospecha, e inmediatamente hicieron lo que hacen los botánicos en ese momento: arrancar, secar y prensar la planta para preservarla en un herbario. Leí una vez que alguien decía que los físicos trabajan haciendo chocar cosas y viendo lo que queda después. Los botánicos, en su caso, anadarían arrancándolo todo y prensándolo entre papeles de periódico. Cada cual con sus manías. En fin, la nueva arácea salió publicada hace unos días y se ha bautizado bajo el nombre de Phylodendron geniculatum.

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Phylodendron geniculatum. Que no se os olvide que el pirinchunflo no es una flor, sino una espádice.

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La especie de la semana: Cerviniopsis reducta


Estos son días de mucho lío, pero para intentar no abandonar la iniciativa en su tercera semana, ahí va un cutrepost de última hora:

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Cerviniopsis reducta sp. nov.

Como podéis ver, se trata de un bonito copépodo marino, recolectado en la bahía de Sagami (Japón) en 2002. Sería un ejemplo bueno para retratar el tiempo que pasa muchas veces entre que un espécimen se recolecta y el momento en el que se le identifica y describe como una novedad taxonómica. Además, me atrae bastante la forma de trabajo de la sistemática de copépodos (pese a que, como me ha tocado aclarar varias veces, no tengo la menor experiencia personal): los copépodos típicos miden menos de 1 mm, y sin embargo, su estudio detallado incluye una disección minuciosa y descripción de todos sus múltiples apéndices, siendo cada uno de ellos un alarde evolutivo de la complejidad.

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Verbigracia: anténulas, antenas y labro de C. reducta

Lo cual me recuerda que en estas fechas tan entrañables, los crustáceos en la mesa siempre dan para buenos temas de conversación. Pasadlo bien.

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Diario de un copépodo: séptimo aniversario


Pues sí, parece mentira: milagrosamente, este bloj caduco y marchito sigue dando señales de vida en su interminable estertor final.

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Behind the scenes: un día cualquiera en la redacción de Diario de un copépodo. La decadencia se ha adueñado de la otrora industriosa estación de musas.

Hace hoy siete años que se publicó el primer post de esta santa casa que tantas satisfacciones me ha venido dando, originalmente instalada en bitácoras (todavía colea el bloj original, como comprobé hace poco), y luego migrada a wordpress en algún momento del otoño de 2006.

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Otra imagen reciente y abochornante de la redacción. Mucha biodiversidad y mucha tontería sobre la que escribir, pero aquí no trabaja ni dios

Tradicionalmente esta es la ocasión en la que aprovecho para hacer autoumbilicoscopia, y coincidiendo con el final del año, un balance de la última temporada.

No estamos para innovaciones

En este contexto no parece muy sorprendente que ni siquiera me apetezca hacer el balance tradicional. ¡Hasta ese punto hemos llegado! Así que seré muy breve: este ha sido un año gran año, característico e irrepetible, de los que podríamos denominar. Ha estado marcado por el fin de la tesis y mi traslado a Connecticut como flamante refugiado científico. Han sido meses también de muchos viajes interesantes no traducidos (¿aún?) en entradas y grandes experiencias vitales como probar la sopa de almejas. Acabados los motivos de la supuesta sequía, el bloj siguió sin estar actualizado como antaño y su ritmo continuó errático e impredecible. Los esfuerzos por superar un mínimo de calidad se deben a proyectos colectivos en los que los editores me torturan y amenazan para cumplir los plazos. Este sería un buen momento para decidir cerrar el chiringuito, pero como en el fondo me lo sigo pasando muy bien, me temo que seguiré soltando chocheantes balbuceos de bloguero demenciado en el año venidero.

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La redacción en 2008. Imagen de archivo

Y como siempre, mi sincero agradecimiento a todos los lectores, especialmente a los comentaristas, que son los que realmente me habéis animado a seguir a pesar de suponer un atentado contra el buen gusto y el sentido común.

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Siempre en la vanguardia, estas imágenes corresponden al estreno de las nuevas técnicas de motivación empleadas en la redacción de DDUC para hacer salir adelante la serie sobre naturaleza etíope próximamente (o no).

La evolución de la teoría


De regreso a Madrid por (ponga aquí su celebración de solsticio de invierno favorita) me estaba esperando una sorpresita: El cómic-biografía de Darwin de Jordi Bayarri, un proyecto muy bonito que conocí gracias a SergioEfe y en el que participé infinitesinalmente mediante la plataforma de Crowdfunding en Lánzanos.

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Total, que ahora tengo un ejemplar de “Darwin, la evolución de la teoría” ¡dedicado!, un libro para colorear y unas postales muy chulas. Quería aprovechar para recomendároslo porque la verdad es que me ha gustado mucho. Aunque se trata de una brevísima biografía orientada a un público infantil-de-todas-las-edades, es una gran incorporación a cualquier biblioteca darwiniana y cienciófila en general, y ya si tienes churumbeles, ni te cuento. La síntesis biográfica es muy buena, y no era fácil seleccionar los momentos clave y las anécdotas para que una obra tan corta quedara una impresión adecuada: el entusiasmo de Darwin en su juventud, los roces con su padre, las primeras reflexiones sobre la variabilidad a bordo del Beagle y el largo retraso hasta la publicación del Origen, además de anécdotas varias. Sin embargo, lo más atractivo e irresistible es la labor ilustradora, lo majete que sale Darwin, la recreación de la sociedad victoriana y los distintos “cameos” que se van viendo (Fitzroy, Wallace, Lyell, Hooker,…). Pues eso, que os lo recomiendo. Se puede encargar aquí.

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Además hay buenas noticias: este no es sino el primer volumen de una colección de biografías de científicos, y es seguramente muy pronto salga el cómic de Galileo.

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La especie de la semana: Psilocybe allenii


¿Qué mejor forma de empezar la semana que con una especie recién salida del horno? Y si encima se trata de un hongo alucinógeno, quizá sea aún mejor. ¡Con todos vosotros: Psilocybe allenii!

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Psilocybe allenii Borov., Rockefeller & P.G. Werner, sp. nov

Estoy seguro, y pondría la mano en el fuego, de que ninguno de vosotros, que sois gente buena y saludable, sabía nada sobre los hongos del género Psilocybe, pero para eso estoy yo, para deciros que estas setitas tienen efectos psicotrópicos. Con la que está cayendo, bien podríamos empezar a buscar una forma de producirlos en masa.

La historia de esta especie es interesante: los aficionados a la (¿psico?)micología de la costa oeste estadounidense, venían encontrando con frecuencia unos monguis que no les encajaban mucho con las especies que conocían. En un foro incluso la bautizaron provisionalmente como P. cyanofriscosa, (en el artículo incluso citan el nick del autor de este nombre, lo que me parece un detallazo), pero al parecer no atrajeron la atención de ningún micólogo capaz de hacer la descripción. Un experimentado recolector que responde al nombre de John Allen, insistió repetidamente unos micólogos checos en la validez de esta especie, y finalmente les envió unos especímenes. Una revisión morfológica de estos y otros ejemplares recolectados en la costa oeste de EE.UU. llevó a los autores a la conclusión de que, efectivamente, existía una discontinuidad que distinguía a estas setas de las descritas anteriormente. Un (ya rutinario) pequeño estudio filogenético confirmó que existía también una señal genética específica para estas muestras. Como además, su distribución (desde el estado de Washington a California) tenía sentido, los autores asumieron que había evidencias suficientes para describir esta seta como una nueva especie para la ciencia. En señal de agradecimiento al recolector que tanto insistió con la validez de esta especie, han llamado al nuevo hongo en su honor: allenii, forma latinizada en genitivo singular de “Allen”. Y fueron felices y se lo pasaron muy bien.

PD: el holotipo se recolectó en el campus de la Universidad de Washington en Seattle. ¡Aguantáos esa risa floja, sinvergüenzas! ¡No van por ahí los tiros! A lo que voy es que este es un ejemplo más de que sin necesidad de irnos a lugares muy alejados de eso que venimos llamando “civilización”, estamos constantemente rodeados de especies aún no reconocidas o no descubiertas. ¡Andáos con los ojos bien abiertos!

PD2: la observación atenta de los seres vivos y el estudio de su morfología sigue siendo una parte esencial de la exploración de la biodiversidad, eficiente y barata.

PD3: según el Código de Melbourne (aunque no es ninguna novedad, pues ya pasaba antes) el nombre no oficial “cyanofriscosa” no sienta “jurisprudencia” (se dice que es un nombre inválido) por no haber sido publicado según los estándares de una descripción botánica. Por muy modernos que queramos ser, un foro de internet sigue sin ser un medio aceptable para la publicación de una nueva especie, (al menos de momento).

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