Archivos Mensuales: enero 2013

Las especies de la semana: metalasias a cascoporro


No una, sino tres, ¡tres! especies traigo esta semana. No llevo ni dos meses con esta coña y ya estoy hasta las narices de la especie de la semana, la verdad, si será por especies nuevas. Todos los domingos por la noche igual, buscando especies de prisa y corriendo. Esta misma, ¿qué más dará? Qué poca constancia, de verdad…

Las de hoy son especies del género Metalasia. Las pongo porque son unas plantas que me recuerdan a mi viaje a Sudáfrica, al Reino Capense. Son unas compuestas muy curiosas que viven a menudo en zonas costeras y que tienen unos diminutos capitulillos blancos con muy poquitas flores. Deben ser endemoniadamente difíciles de identificar, y hay más de cincuenta especies, supongo que todas ellas endemismos capenses. En el artículo de hoy, los autores describen tres nuevas metalasias: Metalasia eburnea, M. formosa y M. tristis y después regalan al mundo una clave dicotómica de 111 pasos ¡Ciento once pasos, como ciento once soles, nada menos! por si en vuestras correrías sudafricanas os sentís aventureros y os da por determinar una Metalasia. Cosas más raras se han visto.

Buena semana a todos.

metalasias

A y D: Metalasia eburnea; B y E: M. formosa; C y F: M. tristis.

Referencia

Y ya que estamos:

Metalasia sp.

Metalasia sp. fotografiada por el menda en 2009

El amante de Jesús y las dramáticas consecuencias del homoerotismo bíblico


juan1De todas las cosas que me han llamado como bloguero, quizá la que más ilusión me hizo fue aquella vez en la que me definieron como “irreverente”. Queda muy guay que te llamen irreverente, como muy alternativo y modernillo. Me hizo ilusión por lo inesperado, ya que no tengo mucha conciencia de serlo particularmente. Podría parecer por el título de este post que me propongo cumplir mi cuota mensual de irreverencia de forma facilona y premeditada. He releído dos veces el tochazo que os queda por delante y la verdad, no creo que sea así, pero no puedo evitar pensar que estoy poniendo un cebo jugoso para que se acuerden de mí y de todos mis familiares. Lo que vais a leer es una de estas ideas que tienes en el tintero durante años (yo antes hacía más cosas de este estilo), pero que nunca te animas a escribir porque no es el momento, o porque ya no estás para ciertos trotes. Reconozco que ha habido un suceso que ha sido el que me ha animado a retomar esta idea abandonada. Se trata, una vez más, de uno de esos ejemplos en los que la religión saca su comodín de excepcionalidad para que no se le pueda aplicar lo que en cualquier otro colectivo sería perfectamente aceptable. El uso de un ídolo en un cartel publicitario de un acto de una revista satírica (que podía haber sido mucho, mucho más cruel y blasfema) ha bastado para que afloren las lágrimas de cocodrilo, la susceptibilidad más encendida a flor de epidermis y la querella como remedio contra los mosquitos. Por eso me ha parecido que era un buen momento para animarme a compartir otra de mis reflexiones irrelevantes y así mato dos pájaros de un tiro: doy salida a la idea que llevaba años en el tintero, y de paso ejercito un poco el músculo de la libertad de expresión, no sea que se nos atrofie. Como ya habréis adivinado, pues sois gente enteradilla y avispada, vamos a hablar de Jesús de Nazaret y de si tuvo un amante de su mismo sexo, y luego divagaremos largo y tendido.

Antes de entrar en materia, un nuevo aviso: el primero que no se cree nada de lo que vais a leer a continuación soy yo mismo. No le doy ni el más mínimo crédito, oiga, nada, cero. Básicamente porque a Jesús de Nazaret no se le puede tratar como si fuese una figura histórica. Como dice un tío mío, profesor de historia (muy sabio él, aunque esto es una percepción mía que no tenéis por qué compartir si no os fiáis de mí), si hiciéramos una aproximación a Jesús usando las herramientas habituales de investigación histórica no obtendríamos un cagao; no pasa la prueba del algodón. Jesús no es una figura histórica. Si alguna vez os han hablado del tema, lo mejor os acordáis de Flavio Josefo o Suetonio soltando un par de frasecillas aisladas casi un siglo después de la supuesta crucifixión y que ni siquiera son sobre Jesús en sí, sino sobre los primeros cristianos. Lo cierto es que no hay ni una sola fuente fiable y contrastada, siquiera de la existencia del tal Jesús, y en caso de que existiese de verdad, de su vida sabemos lo que quisieron decir los sucesivos evangelistas, cuyos relatos ni son ni pretenden ser históricos, se escribieron en años muy posteriores a la vida de su protagonista, y guardan entre sí a veces significativas incoherencias. La aproximación a Jesús, o se hace desde la fe (cosa que este invertebrado no puede hacer), o se hace desde la mitología-literatura, cosa que sí podemos hacer todos para nuestro deleite y disipación. En resumen, hablar sobre la sexualidad de Jesús viene a ser como hablar de si a Ulises le olía el aliento o si a Quetzalcóatl le fastidiaba madrugar: es simplemente un ejercicio que se puede hacer para pasar el rato leyendo y aprendiendo curiosidades, pero ni es productivo ni tiene por qué acercarnos a ninguna realidad histórica. Obviamente esto tampoco es una investigación seria ni he realizado ninguna revisión bibliográfica, ni he hcho nada original que mereca la pena reseñar o que no se hubiese dicho antes. Esto es un bloj y lo que aquí cuento es como si lo soltara en el bar, (un bar un poco raro) avisados quedáis.

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La especie de la semana: una araña sin nombre


Hoy estoy un poco vago, así que la especie de la semana la presenta Phil Torres. Se trata de una “araña titiritera“, que tiene por costumbre fabricar con restos vegetales una imagen bastante fidedigna y amenazadora de una araña más grande que ella. Lo realmente impresionante es que esta araña de mentira tiene ocho patas, prosoma y opistosoma, como las arañas de verdad. En este vídeo Torres lo explica todo con detalle y además se puede ver el metraje correspondiente al descubrimiento en sí de la araña, lo cual está muy bien. Aún no está confirmado que se trate de una nueva especie del género Cyclosa, pero por ahí parecen ir los tiros.

Aunque el descubrimiento tuvo lugar hace tiempo, la araña en realidad está sin describir aún, y como os dice Phil, aceptan sugerencias para el nombre, así que, animáos y participad.

Vía: BioTay, que también le puso el apodo de “titiritera”

Los desheredados de Foster Drive y otras historias autobuseras


Hoy toca un poco de costumbrismo. ¿De qué sirve esto de venirse al extranjero si uno no puede demostrar su provincianismo asombrándose del abismo cultural atlántico? ¿eh, eh, eh? Como luego me dicen Eulez y Morti que sólo digo cosas buenas de Estados Unidos, hoy vamos a cachondearnos un poco de cómo me va con la movilidad en la “esquina tranquila de Connecticut”.

No os digo nada nuevo si empiezo recordando que Estados Unidos es mayormente un país pensado para los coches. Cuando me decidí a venirme no quería añadir a todos los gastos que supone empezar una nueva etapa en otro país el hecho de hacerme con un coche. Me hace mucha gracia que cuando dices esto todos los españoles te dicen, “no, si en Estados Unidos el mercado de segunda mano es muy dinámico y por poco diner”UNA MIERDA pinchada en un palo. Que sí, que por 3000 dólares tendrás un coche de segunda mano, pero ¿qué pasa, que vosotros podeis sacar de debajo de una piedra 3000 dólares como si nada? Yo, después de seis meses en el paro y un viaje a Etiopía (mucha mejor inversión que una chatarra con ruedas) no, desde luego. Y menos después de pagar la fianza de un apartamento (totalmente vacío, claro) y todos los gastos iniciales que no son moco de pavo. Además, os informo que para comprar un coche aquí para empezar tienes que sacarte el carnet de conducir del estado, y para ello a su vez tienes que tener un número de la seguridad social, que es un trámite que lleva su tempo… vamos, que por mucho que te lo propongas, no puedes tener un coche el día que llegas. Como mucho puedes alquilarlo, y ya os digo yo por experiencias anteriores en mis estancias que esta opción es una auténtica ruina.

Hasta tal punto le cogí manía al coche en mis visitas previas (se comió él solito toda la ayuda extra que me daba la beca, que por aquel entonces sí se daban a tiempo) que tenía claro que no quería saber nada de él por este y por otros motivos. Es por esto que elegí sabiamente mi ubicación (ventajas de conocerse el terreno previamente) en el único pueblo que tiene línea de autobús con el campus. Que conste que mucha gente me ha ofrecido, y a veces he aceptado, llevarme a sitios y tal, pero por lo general mi cabezonería y mis ansias de autonomía, me han llevado a que me busque la vida sin que nadie me saque las castañas del fuego en la mayoría de las ocasiones. Y además hay un servicio de alquiler por demanda que no funciona mal para recados ineludibles. Sigo contento con esta decisión: ni tengo coche ni creo que lo vaya a tener, al menos en un tiempo, pero hay que asumir las consecuencias: para empezar las caras de asombro y desconcierto que me devuelven cuando lo confieso y para terminar la sensación de depender de ese cordón umbilical motorizado. La parte buena es que da para muchas observaciones de campo interesantes.

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La especie de la semana: Rhacophorus helenae, con comentario crítico sobre las especies crípticas


Es lunes y tenemos especie nueva. ¿Qué será, será? Alegría, alboroto, perrito piloto, redoble de tambores….

Rh

Rhacophorus helenae sp. nov.

Pues sí, una preciosa rana voladora vietnamita. Más maja que las pesetas, ahí, toda tan pancha. Las llamadas ranas voladoras del género Rhacophorus se llaman así porque al parecer se tiran desde las alturas con las palmas abiertas, de forma que las membranas interdigitales se encargan de realizar una, supongo, dudosa labor planeadora. Siempre me acuerdo de que Wallace (que está de aniversario en 2013) descubrió durante sus viajes por el archipiélago indomalayo una de estas ranas que aún hoy se sigue apodando “rana de Wallace” (R. nigropalmatus), así que ¡razón de más para acordarnos de ella durante toda la semana!

Cosas importantes de esta rana: la acabamos de conocer, no hace ni unos meses que ha sido “presentada en sociedad” y ya está en peligro de extinción. Tan sólo se conoce su existencia en dos localidades boscosas próximas a Ciudad Ho chi Minh y a un tiro de piedra de un paisaje fuertemente antropizado y en vías de deforestación. Severo recordatorio de que las amenazas a la biodiversidad pueden ser tan acuciantes que las especies desaparezcan antes de ser descubiertas.

Y una cosa más. Existen como 80 especies conocidas de ranas voladoras asiáticas; debe haber un buen berenjenal ahí montado. Es el típico contexto en el que se espera que haya especies crípticas, es decir, especies que son tales por cumplir determinados criterios pero que son morfológicamente indistinguibles. Es entonces cuando llega salvadora y triunfante la filogenia molecular y reconoce distintos linajes aislados, se publica como un nuevo caso de complejo críptico y blablabla y todos tan felices. No, no, no ¡NO! Así no se hacen las cosas. Casi con seguridad se esá abusando del recurso de las especies crípticas como una solución muy fácil.

Las especies crípticas hay que testarlas como cualquier otra hipótesis de trabajo. Muchas veces se publican descubrimientos de supuestas nuevas especies crípticas, insondables e indetectables sin un laboratorio de biología molecular con su ultrasecuenciador de 125.000 dólares, cuando nadie se ha molestado en comprobar si realmente, son morfológicamente indistinguibles. Dar por crípticas especies que no lo son es una chapuza. La mayor parte de las veces el nuevo descubrimiento quedará fuera del alcance de muchos profesionales “de campo”, aparte del resto de la sociedad, y a menudo las nuevas especies ni siquiera reciben nombre, perdiéndose en el limbo sin ser reconocidas en ningún listado oficial o base de datos taxonómica.

¡Mal! ¡No hay que dar nada por supuesto!, ni siquiera la indistinguibilidad de las ranas voladoras porque, amigos, esta pedazo de rana es perfectamente distinguible a simple vista, por morfología de toda la vida. De entre todas las ranas voladoras es la más grande y es la única de las de gran tamaño que tiene el dorso verde, sin manchas, y el vientre blanco. Así de simple. Resulta que cerca de la ciudad más populosa de Vietnam había una rana voladora sin describir, abierta de patas a la espera de que un herpetólogo la mirase con detenimiento. ¡Ni Illumina ni gaitas!, ¡primero hay que mirar a los organismos y estudiarlos bien y luego ya veremos! Los autores, aunque no se esmeran mucho, también hacen una comparación de distancias genéticas entre el ARNr de la nueva rana y la de su prima más próxima, porque cuatro ojos ven más que dos y siempre hay que emplear tantas fuentes de información como se pueda y necesite. Así sí. Bastante problemáticas son ya las especies crípticas de por sí como para engordar esta categoría con taxones que no lo merecen, cuyo único pecado ha sido no recibir una reevaluación morfológica debida.

Referencia

Agradecimiento especial a Jorge Mederos, que enlazó un artículo en Mongabay en el que contaban el descubrimiento de la rana.

Post sobre Wallace en la edad dorada (e ingenua) de Diario de un copépodo

Wallace, la película, en LEET MI Explain

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