Desmintiendo mitos y leyendas de la taxonomía (versión beta)


Este es un tema recurrente en esta santa casa, pero noto que incluso entre la gente interesada en biología la percepción que se tiene sobre la labor de clasificar los seres vivos sufre constantemente el mismo tipo de desconfianzas y empanadas mentales que poco a poco van ampliando mi lista de citas taxoescépticas, todas ellas malvadamente sacadas de contexto, claro que sí:

La taxonomía me pareció siempre una ciencia de segunda categoría

Los taxónomos modernos están recurriendo cada vez mas a los caracteres moleculares en vez de libros tremendamente densos

La taxonomía es como los culos: todo el mundo tiene uno

La linea de separación entre dos especies diferentes no deja de ser arbitraria en función del o de los criterios adoptados. Ni aún basandonos en criterios morfológicos mas o menos evidentes deja de ser una postura digamos que aventurada

A la gente le gusta ser el descubridor de una nueva especie, subespecie, o forma, y ponerle el nombre dedicado a su cuñao o a su mujer, por lo que hay descritas muchas más especies de las que debería

Son los propios taxónomos ‘muy analíticos’ los que describen especies y son los propios taxónomos ‘muy sintéticos’ los que las invalidan, y visto desde fuera, lo siento pero da la impresión de que el asunto es demasiado arbitrario, caprichoso y sujeto al cristal taxonómico de quien lo mire

Las clasificaciones no son reflejos de la naturaleza o la esencia de los seres vivos, ni tampoco son “descubrimientos” de grupos que están ahí. Son artificios que contruyen los humanos con una buena dosis de arbitrariedad, idiosincrasia, moda, estrategia, etc.

Toda clasificación es siempre una convención, en la actualidad la genética molecular ha desbancado a la morfología como fuente de criterios de clasificación taxonómica

¡No gano para disgustos con vosotros! ¡Me vais a matar!

Como me da la sensación de que este es un tema un poco árido por el que no mucha gente en la blogosfera hispana parece tener interés por escribir, de vez en cuando se me hincha la vena del cuello lo suficiente como para decidir escribir un nuevo post soporífero que si por mí fuese os obligaría a leer atados a una butaca y con los ojos abiertos en plan “Naranja Mecánica” (pero de buen rollo). Ya sé que os aturulla cada vez que a vuestra mariposa favorita la cambian de familia o cuando se decide que el endemismo de vuestro pueblo no merece ser considerado como tal, pero corazones, ¡es que estamos hablando de una labor muy chunga! Así que aquí os presento hoy mis nuevas reflexiones, que podrían resumirse de la siguiente manera:

Para no meter la gamba al hablar de cómo se clasifican los seres vivos, hay que tener muy claros las relaciones y distinciones entre los siguientes elementos relacionados con la taxonomía: fundamento, datos, métodos y nomenclatura. Vuestro amigo Copépodo os certifica que identificando de qué hablamos en cada momento entenderéis mucho mejor por qué ciertos aspectos de la taxonomía no son estáticos (por suerte).

1. FUNDAMENTO

El FUNDAMENTO de la taxonomía biológica es, formalmente desde 1859, e informalmente desde mucho antes, clasificar en función de relaciones filogenéticas (de parentesco). Este fundamento se ha mantenido estable desde entonces y es tan profundo que sólo será posible alterarlo cuando haya un cambio de paradigma.

En cualquier momento dado de la historia de la biosfera, los seres vivos no forman un continuo, sino que se encuentran repartidos de forma fragmentada en individuos, individuos que cuando son examinados muestran diversos tipos de afinidades entre ellos. Clasificar los tipos de organismos vivos, obviamente es una actividad humana, como lo es mirar al cielo a ver si llueve. La palabra “taxonomía”, entendida como una simple “clasificación”, aceptaría formas muy diversas de clasificar seres vivos, empezando por los propios intereses humanos. Definir “plantas comestibles” y “plantas venenosas” es una clasificación totalmente pertinente y utilitaria de la misma manera que podemos clasificar las nubes en “con forma de perrito” y “todas las demás”. Sin embargo, si lo que queremos es una clasificación que científicamente tenga algún sentido, debemos buscar un FUNDAMENTO objetivo que haga que nuestra clasificación sea contrastable y falsable por un señor en China que nunca ha sabido nada de nosotros.

En el caso de las nubes, podríamos pensar que al clasificarlas en cirros, cúmulos, estratos, etc, estamos indagando en que una serie de procesos físicos de la atmósfera comunes que dan como resultado unas agrupaciones de agua atmosférica con una serie de propiedades determinadas que se comportan de una forma conocida. Independientemente de los nombres empleados, seguro que los agricultores de Zarzalejos del Montesanto y de Villanueva del Avemaría reconocían los mismos rasgos en el cielo.

Ahora bien, ¿existe alguna manera objetiva, potencialemente falsable, de clasificar los seres vivos? Pues resulta que sí que la hay: agrupar a los organismos jerárquicamente en función de su árbol “genealógico”, o mejor dicho, filogenético. Cada grupo de organismos debe su sentido a la existencia en el pasado del mismo ancestro común para todos los elementos que lo integran. El problema, por supuesto, es que no conocemos con detalle ese árbol, y no lo conoceremos jamás con certeza absoluta. Son las sucesivas aproximaciones a la filogenia las que nos llevan a modificar la taxonomía, pero eso no quiere decir que el FUNDAMENTO cambie: el objetivo perseguido es siempre el mismo.

Fenología de insectos ibéricos

Como he dicho, el verdadero árbol filogenético nos es totalmente inaccesible, y cuanto antes lo asumamos, mejor. ¿Cómo podemos, desde el punto de vista teórico, reconstruirlo? El FUNDAMENTO teórico de la reconstrucción filogenética es la homología de caracteres. Si un rasgo está presente en un conjunto de organismos, y sólo en ellos, podemos postular que dichos organismos deben formar parte del mismo grupo asumiendo que ese rasgo es “el mismo” en todos ellos, es decir, que dicho rasgo apareció una única vez en la historia de la vida; estaba presente en el ancestro común de todos esos organismos (es decir, en el ancestro hipotético que nos permite delimitar el grupo) y lo han heredado de él. El rasgo en cuestión es homólogo y por lo tanto comparable. El problema, por supuesto, es que los caracteres que muestran los seres vivos son extraordinariamente plásticos y a menudo las apariencias engañan: lo que a primera vista puede parecer el mismo rasgo, quizá sea únicamente una semejanza externa, y ambos caracteres no tienen su origen en el mismo evento de aparición. En este caso hablaríamos de homoplasia, de una pista falsa, de ruido taxonómico.

"I think..." Cuaderno B. El primer árbol filogenético de la historiaPues bien, el trabajo de discernir lo que es homología de lo que es homoplasia es la verdadera dificultad fundamental de la taxonomía. El análisis de la variabilidad de los organismos a todos los niveles está lleno de incertidumbre. Si no existiese incertidumbre y toda la señal filogenética fuese inequívoca, la reconstrucción filogenética estaría libre de cualquier ambigüedad, y la clasificación global de todos los seres vivos sería una cuestión trivial de resolución inmediata.

Una reflexión interesante es que el estudio de la homología es muy anterior al Origen de las especies. Esta búsqueda de la homología, de desechar las “apariencias” y profundizar en lo “relevante” lo encontramos en Aristóteles al percatarse de que los cetáceos, pese a ser acuáticos, no eran “peces”. Los zoólogos y botánicos predarwinianos ya se dejaban los cuernos distinguiendo homología de homoplasia, pero no sabían por qué unos rasgos les parecían “más relevantes” o “más esenciales” que otros. Desde los primeros sistemas de clasificación llamados “naturales” se percibía que algunas características parecían más propicias como fundamentos taxonómicos de otras. Algunas posibles explicaciones atribuidas eran “planes divinos” o “diseños anatómicos”; la anatomía comparada se afanaba en analizar la integridad de los datos para delimitar taxones que parecían responder a un mismo “plan”. Estas reflexiones esencialistas recibieron una respuesta explícita en el libro de Darwin: la homología compartida no responde a un diseño común, sino a una historia común, a la presencia de un ancestro compartido. El nacimiento de la genética unas décadas después supondría la cristalización definitiva de este fundamento.

2. LOS DATOS

El único requisito necesario para que unos DATOS sean taxonómicamente útiles es que contengan información sobre rasgos homólogos. Los datos pueden ser de fuentes muy diversas, como caracteres anatómicos o secuencias de macromoléculas, pero en última instancia siempre buscamos lo mismo: una matriz de presencias y ausencias de rasgos homólogos que nos permitan inferir los vericuetos de la evolución.

Pongamos algunos ejemplos de datos morfológicos que proceden de la anatomía comparada. Consideremos primero el rasgo “presencia de vértebras”. Como las vértebras son unas estructuras muy definidas y particulares, parece poco plausible que haya orígenes independientes y postulamos que las vértebras aparecieron una sola vez en toda la historia de la Biosfera. A todos los descendientes de ese primer organismo con vértebras, y que en principio poseen vértebras porque las heredaron de dicho ancestro, se les engloba en un mismo grupo.

vertebrados

Ahora pensemos en otro carácter, por ejemplo, tener un cuerpo sin patas. Como vemos que muchos animales se mueven de forma parecida cuando no tienen patas, postulamos que la pérdida de extremidades fue un evento único que fue heredado por serpientes, luciones y anfisbénidos.

apodos

A priori los dos razonamientos son paralelos, pero como veremos en el siguiente punto, hay MÉTODOS que nos facilitan estimar con mayor precisión si nuestra elección de caracteres nos permite recuperar información filogenética (caracteres homólogos) o si nos estamos dejando llevar por el ruido (homoplasia).

Pongamos ahora por ejemplo un pequeño set de datos moleculares. En la figura de abajo se reproduce una breve matriz que compara una porción de la región espaciadora que hay entre dos genes del genoma cloroplástico de varias plantas. Las filas corresponden a la secuencia de nucleótidos (A,T,C y G) de cada espécimen (numerados del 1 al 13). Como se puede ver son todas bastante parecidas. Esto es así porque todas estas secuencias derivan de una secuencia común, por lo tanto son homólogas y útiles como fuente de datos. Sin embargo veremos que pese a usar un tipo de datos totalmente distinto de los morfológicos, los problemas a los que nos enfrentamos (filtrar la homoplasia) son exactamente los mismos que con los datos morfológicos.

alin

Fijémonos por ejemplo en la posición 1976. Todos los especímenes tienen en ese lugar una citosina (C), excepto los especímenes 12 y 13, que tienen una adenina (A). ¿Podemos considerar esa transversión de C a A un carácter de interés filogenético? Si basándonos en esta posición asumimos que los especímenes 12 y 13 merecen estar en el mismo grupo porque son los únicos que comparten esa “A”, estamos postulando que la transversión C->A tuvo lugar una única vez en el ancestro común de 12 y 13 y que por lo tanto la transversión es homóloga. Sin embargo, al igual que en los ejemplos anteriores, no podemos, a priori, descartar la homoplasia, es decir, que esa transversión ocurriera independientemente en dos eventos no relacionados. En este caso también nos estaríamos dejando llevar por el ruido.

Por supuesto, en ninguno de los dos casos nos limitaremos a examinar un único carácter, sino que emplearemos un set de DATOS tan grande como podamos y estudiaremos la coherencia de la información depositada en los estados de carácter. Esto entronca con la sección siguiente, la de los métodos, pero en este momento lo importante es tener cristalino que lo que determina la bondad de los DATOS no es su naturaleza (morfológica, molecular o mediopensionista), sino su contenido en caracteres homólogos. No hay intrínsecamente nada malo en los datos morfológicos. Son tan válidos hoy como en el siglo XIX siempre y cuando sepamos filtrar correctamente el ruido, la homoplasia. Y es que, ¡amigo!, cada tipo de datos viene con sus propios problemas.

La anatomía de los organismos puede llegar a ser tremendamente compleja, y advertir las verdaderas homologías una cuestión nada trivial. Durante siglos la anatomía comparada fue la única fuente disponible de información filogenética, y su estudio debe ser calificado como de rotundo éxito. Sin necesidad de ninguna ayuda extra, sino de la simple y cuidadosa observación, se pudo en su momento determinar relaciones nada evidentes y establecer que los cirrípedos son crustáceos y que los cnidarios y los ectoproctos no tienen nada que ver entre sí aunque se parezcan superficialmente. Por supuesto que los datos moleculares han revolucionado gran parte de lo que sabemos sobre filogenia, pero también validaron incontables éxitos de la anatomía comparada ¡y esto hay que decirlo más! Sin embargo, es cierto que a menudo la variabilidad morfológica es tan plástica, o tiene tantas lagunas que resulta muy difícil filtrar la homoplasia, y esto nos ha llevado a reconstrucciones (y clasificaciones) que han resultado ser erróneas. ¡Pero ojo! Esto NO es un problema del tipo de datos en sí, sino de los “sucios” que están por el ruido homoplásico.

¿Qué pasa con los datos moleculares? Exactamente lo mismo. Su naturaleza normalmente permite disponer de más cantidad de información, pero no necesariamente más limpia. Si nos limitamos a secuencias de ácidos nucleicos, cada posición sólo permite 4 posibles estados, y la homoplasia aumenta significativamente cuanto más lejanas son dos secuencias entre sí. Con el paso del tiempo, dos secuencias divergentes tienden a saturarse con coincidencias homoplásicas y parecen ser más cercanas de lo que en realidad les correspondería. A esto se le llama “atracción de ramas distantes” y es sólo uno de los casos en los que la homoplasia puede ensuciar un set de datos moleculares. De hecho es curioso que a veces la homoplasia morfológica puede ser detectada siguiendo ciertos criterios (topológicos, embriológicos…) pero la molecular no. Químicamente las adeninas de la posición 1976 son idénticas tanto si se han adquirido de forma homóloga como si se trata de homoplasia. Es materialmente imposible determinar su origen  con una certeza absoluta.

Los problemas particulares de cada set de datos no deben confundirse con una valoración general de lo aptos que son unos u otros: sabemos que tanto la anatomía comparada, la morfometría, la biología del desarrollo, el estudio de isozimas, los alineamientos, los microsatélites, etc, pueden ser fuentes valiosas de información filogenética, pero claro, hay que estimar cuáles son más útiles e informativos en un momento dado. y exprimirlos adecuadamente. Los datos nunca sobran. Cuanta mayor sea la cantidad de información derivada de homología de caracteres, mejor, más fácil será aclarar las ambigüedades derivadas de la homoplasia. Los DATOS de distintas fuentes son compatibles entre sí porque el FUNDAMENTO que se persigue es el mismo. Que hoy en día se usen ciertos DATOS se debe a su disponibilidad, pero no a que lo que se hiciese antes fuese incorrecto o a que algunos se hayan pasado de moda. Si hay homología, hay información filogenética útil. De hecho cada día son más frecuentes estudios de taxonomía integrativa, que intentan sintetizar información procedente de varias fuentes, y eso es interesante, porque a veces una de las procedencias puede sacar del atolladero a la otra y viceversa.

Al contrario de lo que mucha gente piensa, en la actualidad siguen siendo perfectamente aceptables trabajos taxonómicos clásicos, basados en el estudio morfológico. Podéis comprobar en cualquier revista del gremio de turno que esto sigue siendo así. También se ven descubrimientos de especies crípticas gracias al uso de filogenia molecular, a menudo sin ni siquiera incluir un análisis morfológico. Todo eso es aceptable, pero por supuesto, lo deseable es emplear, cuando los recursos y la experiencia lo permitan, la mayor cantidad de datos posibles y de tantas fuentes como sea necesario.

Que nuevos datos den más información y por lo tanto corrijan las clasificaciones pasadas no es una cuestión arbitraria o sujeta a modas y caprichos. Forma parte integral del avance científico. Hay que recordar en todo momento la enorme complejidad de este campo del saber. Por supuesto, los conflictos entre distintos sets de DATOS son posibles, e incluso habituales, pero que no cunda el pánico: no es el fin del mundo, sino más bien algo esperable cuando la señal filogenética no está clara, por ejemplo, por una homoplasia bestial. A menudo una investigación más profunda, que consiga más datos o menos “ruidosos” acabará decantando el fiel de la balanza. Mientras tanto no confundamos el resultado del último artículo de Nature con la verdad absoluta: hay que asumir que nunca veremos la filogenia real, sólo reconstrucciones parciales a partir de unos datos concretos, y que hay que considerarlos en perpetua “afinación”.

3. MÉTODOS:

Denomino “métodos” los diversos sistemas que se han usado y se usan para analizar los datos y extraer su información filogenética. Los métodos han cambiado mucho a lo largo de la historia de la taxonomía y es de esperar que sigan cambiando en el futuro. Esto es una de las razones por las que las clasificaciones pueden corregirse con el tiempo: si se desarrollan nuevas formas de extraer y filtrar la información de los datos, también es de esperar que nuestras clasificaciones sean cada vez más afinadas. Pero eso NO significa que se haya decidido cambiar el FUNDAMENTO ni que se hayan invalidado ciertos DATOS: siempre se busca lo mismo, una clasificación que se base en la filogenia, y siempre se obtiene a partir de información codificada en caracteres supuestamente homólogos.

cuvierEn los siglos pasados, ¿cómo decidía el botánico o zoólogo de turno qué caracteres comunes correspondían a homología y cuáles a homoplasia? En última instancia la elección dependía de su criterio experto. A primera vista no parece un MÉTODO muy objetivo, y ciertamente era bastante mejorable, pero poco más se puede pedir en una época sin ordenadores ni ingentes cantidades de DATOS. En realidad, el ejercicio de ojo crítico del taxónomo de toda la vida realmente se explica por un análisis (subjetivo pero no necesariamente deshonesto) de la integridad de dicha información: después de conocer a fondo la anatomía y la variabilidad morfológica de los organismos estudiados, el especialista hace una valoración de qué conjuntos de caracteres son de forma más plausible los que recopilaban rasgos homólogos y sus sucesivas variaciones, con mayor o menor fortuna.

Por eso, la disponibilidad de sets de DATOS de naturaleza independiente constituyen una fuente riquísima de información. No sólo amplían la potencial cantidad de caracteres homólogos a estudiar, sino que además se convierten en una forma extraordinaria de comprobar la coherencia de las distintas fuentes entre sí, y sospechar que se va por el buen camino, o que algo se puede estar escapando.

Independientemente de lo dicho en el párrafo anterior, la preocupación por encontrar MÉTODOS cada vez más objetivos de analizar los DATOS hizo que se desarrollaran distintas escuelas encomendadas al tratamiento de la información contenida en los DATOS de toda procedencia. Ni qué decir tiene que esta etapa estuvo estrechamente ligada al desarrollo de los ordenadores a lo largo del siglo XX. Así, hablaremos de cálculo de distancias, de fenética, de parsimonia, de cladística, de probabilística, etc. Cada vez hay métodos más sofisticados, pero todos buscan lo mismo: extraer la homología de los datos y filtrar la homoplasia. El resultado final es una reconstrucción filogenética, de la que se deriva inmediatamente la clasificación. A tener en cuenta: por muy sofisticado y chachi-mega-cibernético, polémico o novedoso que sea el MÉTODO, éste nunca supone un cambio en el FUNDAMENTO (Asa Gray en el siglo XIX básicamente trataba de hacer lo mismo que hoy pretende el Angiosperm Phylogeny Group) y además se puede aplicar a todo tipo de DATOS (morfológicos y moleculares, por ejemplo).

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En los ejemplos anteriores, un zoólogo acabaría decidiendo que la presencia de vértebras es homóloga para todos los organismos que las tienen porque son muchos otros los caracteres que de forma coherente también parecen indicar la existencia de un ancestro común para todos ellos. Sin embargo, la existencia de reptiles ápodos (serpientes, luciones y anfisbénidos), no parecen correlacionarse con una cantidad muy superior de otros caracteres (por ejemplo, óseos) y llegaría a la conclusión de que la integridad de los datos parece indicar que la pérdida de patas tuvo lugar en tres eventos independientes. En el caso del alineamiento, diríamos que es muy probable que la transversión C->A en la posición 1976 tuviera lugar en un ancestro común de los especímenes 13 y 14 porque comparten muchas otras mutaciones únicas (posiciones 1972, 2007 y 2009). Hoy en día, los ordenadores tratan de hacer una consideración a gran escala, integrada y objetiva, de este tipo de deducciones.

Los MÉTODOS modernos no es que sean subjetivos, pero están constreñidos por una serie de postulados teóricos que cambian con relativa rapidez (¡Insisto! Sin afectar al FUNDA… vale, sí, ya lo vais pillando). Por ejemplo, nuestras reconstrucciones filogenéticas siguen buscando resolverse en dendrogramas dicotómicos, y eso es una constricción teórica que limita hasta cierto punto el tipo de resultados que podemos obtener. Otras polémicas como el papel de la transferencia horizontal de genes, la consideración que merecen los grupos parafiléticos y los fundamentos de la delimitación de especies dependiendo de los distintos conceptos son algunos de los ejemplos que nos demuestran que este campo es muy activo y cambiante. sin embargo creo que es un error interpretar esta actividad como una debilidad o inestabilidad de la taxonomía. Como se ha dejado claro arriba, es nuestra incertidumbre a la hora de reconstruir la filogenia la única responsable de que estemos siempre ampliando y corrigiendo las clasificaciones, pero esto no obedece a cambios caprichosos de opinión o a querer “dedicar una especie al mi cuñado”.

Como viene al caso, hagamos un pequeño paréntesis para hablar de ética. Es cierto que hay motivaciones deshonestas que pueden llevar a un taxónomo a tomar decisiones simplemente para beneficio de su ego (“dedicar la especie al cuñado”, o que tu nombre se “inmortalice” como la autoridad de un taxón). Este conflicto de intereses puede existir, pero no se diferencia en nada del que afecta potencialmente a cualquier científico que quiera publicar: alteración de los datos, atomización de la información para sacar más publicaciones, etc. Una característica de la ciencia es que su código de conducta se supone regulado por los propios científicos. Por desgracia hay científicos deshonestos en todos los campos, y de vez en cuando salta algún escándalo que nos lo recuerda. Sin embargo no creo que esto deba entenderse como motivo para pensar que la taxonomía se hace a golpe de ego; a fin de cuentas la publicación de nuevos taxones se hace también tras una revisión por pares.

4. NOMENCLATURA

La delimitación de taxones está íntimamente ligada a su nomenclatura, pero es muy importante saber distinguir ambos aspectos. Nombrar algo (asignarle una sucesión de fonemas) es siempre un ejercicio arbitrario, y la nomenclatura taxonómica no es una excepción. Por supuesto, al igual que en el lenguaje, existe un código que hay que seguir, pero en última instancia lo que nos interesa es la posibilidad de comunicarnos y de referirnos sin ambigüedades a un taxón concreto y no a otro.

pommePor eso poco nos importa que Quercus pyrenaica no esté en los Pirineos o que Citrus sea el nombre que daban los romanos al actual Tetraclinis articulata, y no al naranjo, del que no conocerían ni su existencia o que haya muchos Homo sapiens bastante idiotas. Los códigos de nomenclatura son farragosos y somníferos, pero cumplen una función formal. Sus posibles polémicas y discusiones son al margen de las que puedan afectar a cuestiones puramente taxonómicas.

Si con motivo de una actualización en la taxonomía (por ejemplo, porque una nueva fuente de DATOS clarifica una relación filogenética que antes se interpretaba erróneamente) se cambia una especie a otro género, se sinonimiza una especie o se hace cualquier perrería nomenclatural, esto no significa que los taxónomos estén chalados, que no se aclaren, o que se haya puesto de moda tal o cual criterio. Son simplemente las consecuencias esperables de un trabajo coherente que está sin acabar y que es MUY complicado (y muy incomprendido).

Sorprende mucho comprobar cómo la gente confunde los nombres científicos (que son simples etiquetas, simples índices sin contenido) con el taxón al que pretenden designar. Los nombres escogidos siempre son arbitrarios, como lo son, como se viene aplicando desde hace tiempo, los rangos linneanos (a excepción de la especie, que es otro tema), que en la práctica se usan como balizas de referencia, pero que están vacíos de significado. Es más, el código entero de nomenclatura podría cambiar de la noche a la mañana y no afectaría ni un ápice a la taxonomía en sí y a sus propios problemas que se han comentado antes. Por ejemplo, hay una propuesta de adoptar un código nomenclatural universal, racionalista y sin fisuras ni atavismos jerárquicos conocido como PhyloCode. Técnicamente hablando, esto podría hacerse mañana. El principal obstáculo para adoptarlo es que supondría un trastorno colosal ponerse a cambiar tres siglos de nomenclatura (y sí, también la inercia esperable). No parece que compense un cambio tan grande cuando el objetivo de la nomenclatura (la comunicación científica efectiva) se viene cumpliendo sin problemas con los códigos de siempre. Es cierto que los códigos de nomenclatura tienen sus propios problemas y controversias, pero al igual que ocurre con las unidades de medida, la verdadera utilidad de un código de nomenclatura es que todos usemos el mismo para poder comunicarnos y entendernos.

Una cosa más. La nomenclatura, pese a su función meramente deíctica, no es un capricho. Esto no sé cómo explicarlo, seguro que un psicólogo o un lingüista lo hace mejor, pero digamos que la mente humana necesita ponerle un nombre a las cosas y los conceptos para poder utilizarlos. El conocimiento taxonómico llega a su punto de destino cuando el grupo estudiado recibe su etiqueta para que podamos procesar, archivar, almacenar y transmitir esa información.

Bueno, y si habéis llegado hasta aquí, después de mis felicitaciones, os animo a que volváis a leer las citas taxoescépticas del comienzo del post. Si he cumplido mi objetivo, podríais contestar a todas ellas.

He añadido en el título “versión beta” porque seguro que me he dejado cosas en el tintero. Espero irlo completando especialmente si recibo ayuda para ello.

Este post participa en el XX Carnaval de Biología que se aloja en Forestalia

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Publicado el 4 febrero 2013 en Ciencia y naturaleza. Añade a favoritos el enlace permanente. 29 comentarios.

  1. Biónica Habla que escucho

    Cope, la taxonomía merece todo mi respeto, ya lo sabes. Y me admira ahora que intento bucear en los orígenes de determinadas especies para explicar su taxonomía a través también de su historia. De todos modos, comentar, que por lo menos en mi campo, me parece que algunos autores y revistas hacen poco caso a clasificaciones que por lo menos yo creo que están obsoletas pues sólo contribuyen a aumentar la confusión. Si los taxónomos, desde 2004 nos dicen que Geotrichum capitatum se reasigna a Saprochaete capitata (anam. de Magnusiomyces capitatus), siguen apareciendo publicaciones en revistas médicas con el sempiterno G. capitatum… El problema viene con la convención esa de Melbourne (insisto, soy súper pez en taxonomía y estoy como quien dice en pañales documentándome…) que llega a la -necesaria- conclusión de que a cada hongo se le asigna un nombre. Yo estoy esperando a ver qué se hará con algunas especies porque uno de los criterios parece ser que sería el de utilizar el nombre más antiguo o frecuentemente utilizado… pero eso no debería ir en detrimento de la exactitud a la hora de describir un género, ¿no? Digo yo que un género no debería acabar con un miembro que es claramente diferente sólo porque se utiliza más esa designación, no sé…

    Aunque me admira la taxonomía, también digo madre mía en qué mala hora me metí con esto! xD

  2. Y es aquí donde he de reconocer que siempre he estado dentro de los taxoescépticos. O la menos cerca suyo, ja. Espero que esta declaración no te haga recurrir a Tyler-Pepe para una brutal y feroz venganza.
    De la misma manera que hay una ingente cantidad de peña dentro del mundo académico que considera que el estudio de las formas del terreno es un ejercicio poético que no lleva a aumentar el conocimiento que se tiene sobre el funcionamiento planeta (en vez de ser parte fundamental de la geodinámica externa y, por ende, de todo el aparato socioeconómico en el que se basa la sociedad), si no conoces los fundamentos y las implicaciones, no sabes apreciarlo.
    Te agradezco que, al menos a mí, me hayas ayudado a quitarme de mi error. Ya no consideraré a los taxónomos como volubles “entelequistas”.
    Aunque sigo pensando que los briólogos sí están chalados, jejeje.

  3. ¡Dedícame una especie! ¡Hazme tuyo! ¡No necesariamente en ese orden!

  4. pipistrellum

    Muy interesante. Me ha parecido que has explicado muy bien, algo que no es muy facil de explicar o por lo menos sintetizar.

    Tengo algunas preguntas, profe :P

    Creo que hay algun caso de anfibios en el que la especie es un poco difusa.
    Hay tres especies dispersas geograficamente,
    La especie A puede reproducirse con los miembros de B cercanos geograficamente, pero no con los lejanos. Igualmente pasa con C, puede reproducirse con los miembros cercanos de B geograficamente, (pero lejanos de A), pero no con los lejanos (de A y cercanos de C)
    A y C no se reproducen.
    La compatibilidad en la reproduccion no es unico criterio, pero afecta para que aparezcan caracteres de una especie en otra. E incluso que puedan aparece en el futuro.

    ¿Que se hace en estos caso?
    La pregunta es más complicada de lo que pretendia…

    ” aceptaría formas muy diversas de clasificar seres vivos, empezando por los propios intereses humanos. ”

    jeje, me acordado cuanto me contraria que llamen a los tomates fruta, aunque biologicamente lo son. Yo lo clasificaria como verdura, igual que los pimientos y casi todo lo que sale de la huerta.
    Habrá quien no considere el aguacate fruta porque no es dulce, esta clasificacion seguro que tiene su razon de ser a la hora cocinar y mezclar alimentos.
    Aunque no es muy objetiva.

    Tambien el termino pajaro, de ave pequeña. Yo estuve buscando un criterio mas cientifico de pequeño. La mayoria son paseriformes, pero hay pajaros que no lo son, los vencejos, si no recuerdo mal. Al final lo di por imposible.

    Tambien iba a preguntar cuando la excepcion no rompe la norma, pero ya lo has explicado un poco.
    Hay alguna planta parasita que no hace la fotosintesis (me extraña que no la haga en ningun estadio de su vida)
    Siempre habia oido que todos los mamiferos tiene 7 vertebras cervicales, incluida la girafa. Pero los perezosos tiene 6, creo y los manatis y familia tienen una cantidad variable.

    Y ya has puesto los bichos sin patatas. Las culebrillas ciegas, no las conocia, pensaba que eran luciones o lagartos. Aunque por la cornisa cantabrica no hay.
    Me parecia una cecilia pero era demasiado escamosa.

  5. pipistrellum

    Nuevas dudas relacionadas con los dinosaurios.

    Los cocodrilos esta mas emparentados con la aves, que con los demas reptiles?
    Los cocodrilos son reptiles?
    Reptiles es un clasificación obsoleta?

    Las aves estan más relacionados con los dinosaurios como el velociraptor y el tiranosaurio, que estos dos con los demas dinosaurios Ornitisquiso (triceratops y creo que todos los de 4 patas), no?

  6. Biónica: el problema que planteas no es taxonómico ¡es nomenclatural! Este es uno de esos detalles en los que creo muy necesario insistir. La gente se hace unos cacaos mentales de aúpa. “Describir con exactitud un género” es algo que no tiene NADA que ver con cómo le llamemos. Sólo estamos jugando a cambiar y enmendar la etiqueta que le hemos pegado, pero no altera el contenido de lo etiquetado. Dicho esto, sí, yo también creo que es necesario que anamorfo y telomorfo tengan el mismo nombre, y sí, si la gente no usa la nomenclatura actualizada quizá sea por inercia. Y de nuevo sí, los códigos de nomenclatura aceptan que excepcionalmente se mantengan nombres “antiguos” si la costumbre los ha hecho fosilizarse (pero para ello es necesaria una declaración formal del comité). No conozco con detalle el caso (bueno, ni en detalle ni en absoluto), pero por lo que dices creo que simplemente la gente no usa el nombre que debería, cosa que es cierto que a veces lleva su tiempo. Pero por lo que más quieras, ¡entiende que la nomenclatura es pura convención -como no puede ser de otra forma-! Ese problema concreto no es taxonómico. Es más, incluso aunque la gente se aferre a un nombre no actualizado, no tiene por qué suponer ninguna incorrección, simplemente están usando la nomenclatura de forma subóptima.

    Radagast: Todos sois taxoescépticos, para mi desesperación, pero te quiero igualmente. Tyler-Pepe tiene otros problemas en los que ocuparse últimamente.

    Lanarch: vas provocando ¿lo sabes, no?

    Pipistrellum: Vamos por partes:

    - El caso de los anfibios que propones es un ejemplo cásico de “especies anillo”. Potencialmente es una especie que se encuentra en esa “zona gris” previa a un evento de especiación. El problema surge al asumir que el concepto biológico de especie (¡cuánto daño ha hecho!) es la única herramienta de delimitación Si quieres saber más nunca me cansaré de recomendar el artículo monográfico sobre el “problema de las especies” del JoF donde encontrarás una laaarga respuesta a tu pregunta.

    - La cuestión que propones de la fruta me lleva a recordarte que la botánica es bastante rara. Se puede decir que la botánica es la disciplina en la que la avellana es una nuez, la nuez una drupa, y una bellota un glande; sí, aguacate, tomates y pimientos son botánicamente frutos, pero de nuevo, esto no es una cuestión taxonómica, y ni siquiera nomenclatural, es simple vocabulario “técnico”.

    - Sobre “pájaro”, más de lo mismo. “Pájaro” es un sustantivo coloquial que no tiene traducción directa en la nomenclatura biológica pero que como dices se aproxima a las paseriformes vagamente. Ojo, esto tampoco es taxonomía, sigue siendo nomenclatura, a no ser que te preguntes si Paseriformes es un clado.

    - Si una planta pierde la capacidad de fotosintetizar, no se convierte en un hongo ni entra a formar parte de ningún taxón no-planta. Esa pérdida de la fotosíntesis es secundaria (apomórfica), frente a la hipotética ausencia basal (plesiomórfica) de las supuestas no-plantas.

    - Vértebras de los mamíferos: S. Belizón al rescate

    - Sí, tanto cocodrilos como dinosaurios en general, y aves en particular, conforman el clado de los arcosaurios.

    - “reptiles” es como “pájaro”, una palabra que en la actualidad tiene sobre todo valor coloquial. Los cocodrilos son reptiles al igual que los atunes son peces, pero ni “reptiles” ni “peces” designan taxones monofiléticos.

    - Y por último, sí, pese a lo que pueda parecer por el nombre, las aves son saurisquios y no ornitisquios. Un nuevo ejemplo de que una cosa es taxonomía y otra nomenclatura, y que las apariencias engañan.

    ¡Eres insaciable!

  7. Hola, Copépodo. Da la sensación de que solo admites arbitrariedad en la nomenclatura, pero hay bastantes elementos de la taxonomía que son arbitrarios también. En nuestras discusiones ya mencionamos varios, entre ellos las definiciones de los clados (el “punto de corte”) que muchas veces coexisten varias al mismo tiempo (véase el caso de “Aves”), o los rangos de la clasificación (familia, superórden…). Arbitrarios no es la palabra perfecta, pero prefiero eso a decir subjetivo. Arbitrarios no en el sentido de caprichosos o absurdos, sino de “que podrían hacerse de otra forma, pero la tradición y otros factores, hacen que se haga de esta otra, sin que esté escrito en la naturaleza”. El admitir estas áreas de arbitrariedad no implica desprestigiar la taxonomía, y ayuda a entender muchas cosas.

  8. pipistrellum

    “al igual que los atunes son peces”

    Me la habia dejado en el tintero por no abusar, jeje

    Un atun es mas pariente nuestro que de una lamprea?

    La explicacion del las vertebras del perezoso, es como el cuello de la mujeres jirafa. No se les estira el cuello, se bajan los hombros.

    Yo recordaba que eran 6 y no nueve, pero era la otra especie de perezoso. la de 2 dedos. Y que habia sirenios con hasta 12 vertebras, Pero ahora no lo encuentro.

    Me parece que le perezoso gigante terrestre tambien tenia un numero anormal de vertebras. Me gustaria encontrar el dato, pero no lo he conseguido.

    Cuando hay menos vertebras hipotetizo que se han fusionado, creo que eso no seria muy dificil, no estoy seguro que pero los delfines tiene el cuello con por lo menos algunas vertebras fusionadas, a diferencia de los delfines de agua dulce del amazonas, que necesitan más movilidad.

  9. Biónica Habla que escucho

    Hm, ahora ya entiendo mejor :-), vale, entonces me estaba equivocando… ves cómo no me tenían que haber metido en este marrón? xD muchas gracias por la aclaración, es muy valiosa :-D

  10. Paleofreak: es cierto que de esto hemos hablado otras veces, pero tengo nuevas cosas que decir. La discusión del punto de corte también es nomenclatural: taxonómicamente no hay ningún problema en reconocer la existencia de todos los clados; lo que es una convención (esa sería la palabra adecuada, en lugar arbitrio) es qué clados se nombran y cómo se nombran, pero que un clado permanezca sin nombre no supone que no se considere. Lo que a ti suele preocuparte (deduzco por conversaciones previas) es por qué “Aves” empieza en Archaeopteryx y no antes o después, y te doy toda la razón: esa decisión es una convención, pero se trata del uso de una etiqueta. La postura que yo defiendo no es esencialista, yo no creo (y no lo creen los taxónomos) en “la esencia de ser ave”, lo que hay son clados, y se decide llamarles de una forma u otra con el mismo descaro con el que llamamos “ventana” a un agujero cuadrado en la pared. El problema es que me da la sensación de que quieres otorgarle un valor intrínseco a una palabra, eso es en lo que creo que te equivocas: las palabras sólo tienen el significado que queremos darle, ¡pero eso es algo propio del lenguaje!

    Dicho de otra forma: todo este asunto de rangos y puntos de corte desaparecerían absolutamente para ti si se adoptase el PhyloCode. En el PhyloCode no hay rangos y absolutamente todos los taxones reciben un nombre. Si la solución a los dilemas que planteas llega con algo como un cambio de código nomenclatural, obviamente esos dilemas son nomenclaturales, no taxonómicos.

    Mi interés no es darle “prestigio” a la taxonomía, sólo mostrar que está sujeta al mismo tipo de incertudumbres y cambios que otras disciplinas científicas (por ejemplo, al ampliarse los datos o al encontrar nuevos métodos), algo que al parecer el público general no percibe así (lo atribuyo en gran parte al desconocimiento y a mezclar la nomenclatura en todo ello) y que declaraciones poco afortunadas como las que abren el post no contribuyen precisamente a corregir.

    Pipistrellum: sí, el atún es pariente más cercano si con ello te refieres a que nuestro ancestro común mutuo es más próximo en la filogenia que el ancestro que ambos compartimos con la lamprea. Lo de las vértebras no lo conozco muy bien, mira a ver si en el enlace que te he puesto te lo aclaran más.

    Biónica:De nada maja.

  11. De acuerdo: convención. Se me olvidaba esa palabra. Pero tiene un matiz de consenso que no siempre existe.

    Sobre el ejemplo de las aves: no es que me preocupe, es que es muy ilustrativo.

    Definir un clado no es simplemente colocar una etiqueta. En primer lugar un clado puede asociarse (aunque hay autores que no lo hacen, o abogan por dejar de hacerlo) a un rango taxonómico, como género, orden, etc. Los rangos se usan después en estudios de diversidad y de radiación, extinción, etc. Por ejemplo, número de familias de mamíferos antes o después de un determinado evento de extinción. En segundo lugar al definir un clado y no definir otro distinto, o al no definirlo de forma más o menos inclusiva, o al proponer una definición alternativa a la de un colega científico, estás influyendo en todo el entramado científico y (lo que para mí es importante) en la divulgación. Y de unas formas que a mí me parecen intersantes.

    No le doy valor intrínseco a las palabras, pero las palabras influyen en muchas cosas y no son inocentes (proque nosotros no las procesamos así). No es lo mismo “Homo sapiens” que “bípedo implume” o que “Otro Puto Mono Más”. Existen las connotaciones.

    Con el Phylocode, que yo sepa, los rangos no desaparecen necesariamente sino que son opcionales; más o menos como ahora en muchas disciplinas: se tolera perfectamente que no asigues un rango al clado que estás definiendo, porque a nadie le importa. En cuanto a los taxones, siguen siendo grupos que define el hombre y no objetos que están en la naturaleza independientemente del clasificador. Definir un clado no es simplemente dar un nombre, es escoger entre un continuum y decidir qué incluye y qué no incluye. Si no estoy equivocado, con el Phylocode seguirá habiendo definiciones alternativas coexistiendo. Independientemente de su posición filogenética, el Archaeopteryx seguirá siendo un ave o no según quién esté hablando (a no ser que surja un gran consenso).

  12. pipistrellum

    Muchas gracias, Cope.
    Tenia alguna pequeña duda, pero no voy a abusar más :)

  13. A lo dicho por el amigo Copépodo, añadir alguna cosa más el relación al comentario de pipistrellum:

    “jeje, me acordado cuanto me contraria que llamen a los tomates fruta, aunque biologicamente lo son. Yo lo clasificaria como verdura, igual que los pimientos y casi todo lo que sale de la huerta.
    Habrá quien no considere el aguacate fruta porque no es dulce, esta clasificacion seguro que tiene su razon de ser a la hora cocinar y mezclar alimentos.”

    Las clasificaciones no son exclusivas de la biología, se usan en todas las ramas de la vida (vida humana, no quiero decir cultura pues suena demasiado rimbombante).

    Clasificar a los tomates como verduras es perfectamente válido si eres frutero/verdulero, cocinero, etc. Es más, para un frutero/verdulero, clasificar al tomate como fruta sería un error y le ocasionaría problemas en su trabajo. Una clasificación es válida en tanto que es útil en un determinado ámbito.

    Una clasificación no es otra cosa que ordenar un conjunto, su validez no viene dada por la esencia de los elementos que lo componen, viene dada por el motivo por el cual se establece el orden. En este sentido, todas las clasificaciones son arbitrarias. Por eso es tan importante el fundamento, la taxonomía es una forma de clasificar seres vivos según sus relaciones filogenéticas es válida para esto (y, curiosamente para muchas otras cosas, pero para otras cosas no lo es). Por ejemplo, clasificar a los seres vivos según sus características gastronómicas es una forma de clasificación válida para restauradores, tiendas de alimentación, etc., mucho más válida para este fin que la clasificación taxonómica.

    Con respecto de la nomenclatura, no conocía PhyloCode (uno es viejo y está bastante alejado de la biología), me da la sensación que podría llegar a ser tan útil como la nomenclatura IUPAC en química, todos la aceptan, reconocen si utilidad pero siguen diciendo agua en lugar de monóxido de dihidrógeno (vale, IUPAC establece agua como nombre válido pero para el ejemplo es perfecto).

    Lo que es importante es usar la nomenclatura correcta en el ámbito correcto o, al menos ser coherentes: hace años leí un artículo en el país sobre árboles de Madrid, entro otros hablaban del falso plátano, lo nombraron usando un par de nombres anticuados, tres o cuatro nombres de otras especies y, ni una vez, usaron el actualizado (hacía un año que se había publicado el tomo correspondiente de la flora ibérica).

  14. Paleofreak:

    Primero: Mezclas describir un clado, definirlo y nombrarlo. El clado se describe dando una lista de sinapomorfías (caracteres homólogos compartidos y exclusivos), por ejemplo, se llega y después de hacer el estudio de turno se define que existe un taxón monofilético formado por los organismos que a) tienen plumas de tipo jarepeich, b) tienen el coracoides transverso sigmoide, c) presentan una inserción de 17.000 pares de bases entre el gen X y el gen Y. A este clado decidimos nombrarlo, arbitrariamente, “plumiflauta”. Si después de que esto se ha hecho te piden “define plumiflauta”, tú le darás la lista de sinapomorfías a, b y c. Obviamente, describir no es nombrar, ¡eso ya se hizo antes! Es la palabra “plumiflauta” la que es arbitraria, no el hecho de la existencia de un clado con sinapomorfías a, b y c, eso seguirá siendo así aunque lo hubieses llamado “transistor”, aunque nunca lo hubieses estudiado o aunque la especie humana nunca hubiese llegado a existir.

    Segundo: Sí, los rangos son convenciones (excepto, discutiblemente, el de especie, que es otro tema aparte), pero son conceptos vacíos de contenido, limitados a apoyar la nomenclatura, a segmentarla. En gran parte son atavismos del pasado, no es que se rechacen, es que no aportan nada: las nuevas clasificaciones ya pasan de intentar cuadrarse en rangos. El PhyloCode es compatible con los rangos, pero que yo recuerde los rechaza frontalmente (aunque últimamente estaban de un suave sorprendente, pero me extrañaría que hubiesen renunciado al “rank-free”).

    Tercero: Todo lo que dices sobre las connotaciones de las palabras es evidente, y me parece muy pertinente que se busquen nombres adecuados, que se dé importancia a la divulgación, etc etc, pero al igual que al cardiólogo, cuando hace su trabajo, le importa un bledo las connotaciones sanvalentinescas de la palabra “corazón”, el taxónomo utiliza los nombres como etiquetas y las pone con mayor o menor fortuna, pero chico, a mí me resulta evidente que eso no tiene nada que ver con la clasificación en sí. A esos efectos “Otro Puto Mono Más” es una etiqueta tan arbitraria como cualquier otra. Aunque nuestro salario no se pague en sal, la palabra cumple perfectamente su función. Aunque los mamíferos con pulgares oponibles (etc) no merezcan objetivamente ninguna consideración de “primados”, la etiqueta “primates” se sigue usando, etc etc. No tiene ningún sentido discutir si Archaeopteryx es un ave al margen del uso de la etiqueta “Aves”. Desde un punto de vista CIENTÍFICO (y no coloquial), la palabra Aves, o la palabra Gasteropoda sólo adquiere un significado cuando se asigna a un taxón de forma totalmente arbitraria. Preguntarse si Archaeopteryx es un ave cuando por convención se ha decidido que justo ese organismo es el que marca el origen de las aves es exactamente igual que preguntarse por el color del caballo blanco de Santiago.

    Cuarto (y verdadero meollo de la cuestión): La vida claramente NO es un continuum. Ni todo el morfoespacio posible está representado por organismos reales ni en el presente, ni en el pasado ni en el futuro, ni los puntos de dicho morfoespacio ocupados por organismos reales están dispuestos uniformemente, sino que se “nuclean” en distintas áreas más o menos densas. Esto se puede demostrar objetivamente haciendo una ordenación que incluya organismos y variables estudiadas. Ídem si lo que estudiamos son genomas. Un árbol filogenético cumpliría el mismo propósito. A diferencia de lo que ocurre con una dispersión de puntos sin más, hay una explicación a la naturaleza “agregada” de estos puntos: que comparten ancestros comunes. Evidentemente los grupos de cosas no existen en la misma medida que las cosas en sí. Cuando digo que un clado es una entidad real, por supuesto que se trata de una abstracción. Un clado es una entidad real integrada por elementos en la misma medida que una galaxia es una suma de estrellas (¿existe la galaxia o sólo las estrellas individualmente?), pero esa afinidad, ese origen común, esa naturaleza fractralmente agregada de los organismos, es independiente a la existencia de un ser humano que lo observa.

    Bocarana:
    Lo que dices de la fruta y la verdura es como lo de las plantas medicinales: no tiene nada de malo clasificar según un criterio pragmático determinado, pero no estoy de acuerdo en que la clasificación taxonómica sea también arbitraria. Es la única que tiene sentido como clasificación científica. De alguna manera los seres vivos ya están “ordenados” según una jerarquía fractral, lo que toca es descubrir ese orden, descubrir la distancia que separa uno de otro, cuánto más próximos están estos de aquellos. Por supuesto que la elección del fundamento es contingente, pero desde un punto de vista científico, que exige objetividad y falsabilidad universal, ¿existe alguna alternativa? Yo no la encuentro, pero soy todo oídos.

    El PhyloCode está muy lejos de llegar a implantarse alguna vez, hay mucho rechazo y a los “iluminados” del mismo se les trata a veces de forma algo condescendiente. Por una parte es una pena, porque el sistema es muy bonito y es gratamente elegante, pero por otra es razonable no querer cambiar literalmente millones de nombres y buscar uno nuevo para cada taxón que exista, sabiendo además que la filogenia seguirá sufriendo modificaciones. Es más práctico asumir que la nomenclatura es subóptima, que de alguna forma, trabajaremos siempre “en pulgadas” en lugar de siguiendo el racional sistema métrico, o usando el teclado qwerty pese a que no es el mejor posible. Por otra parte, no me quiero ni imaginar el pitorreo que se generaría entre los taxoescépticos si se aplicara el PhyloCode. Su lectura sería en plan “que lo han hecho todo mal, que empiezan a clasificar desde cero, qué chapuzas” X-D lo tengo meridiano. Pero sí, la analogía con la IUPAC es procedente.

  15. Dije: “Una clasificación no es otra cosa que ordenar un conjunto, su validez no viene dada por la esencia de los elementos que lo componen, viene dada por el motivo por el cual se establece el orden. En este sentido, todas las clasificaciones son arbitrarias.”

    Lo que no tiene nada que ver con que la taxonomía sea la única clasificación de seres vivos con “validez” científica. Quizás el término arbitrario no fue afortunado, me refería a que, según a que te dedicas una clasificación es más válida que otra. Por cierto, desde un punto de vista científico el fundamento de la clasificación taxonómica no es contingente, es necesario, el el único que permite una clasificación con validez científica.

    Respecto de PhyloCode, sólo es una idea, pero se podría emplear más o menos igual que como suele emplearse IUPAC, como complemento en caso de duda y respecto al mensaje que das al usarlo… es algo parecido a las leyes relativistas respecto de las clásicas, hay gente que piensa que las segundas dejaron de tener validez al descubrir las relativistas, pero eso es por que no tienen claros los conceptos.

  16. Creo que este fragmento de uno de tus comentarios deberías de incluirlo en la entrada, me parece que refleja muy bien a lo que se dedica la taxonomía.
    “Un clado es una entidad real integrada por elementos en la misma medida que una galaxia es una suma de estrellas (¿existe la galaxia o sólo las estrellas individualmente?), pero esa afinidad, ese origen común, esa naturaleza fractralmente agregada de los organismos, es independiente a la existencia de un ser humano que lo observa.”

    Por otra parte entre lo comentarios frecuentes que estoy viendo no para de hacerse referencia a ordenar y clasificar, como si esa fuese la tarea de la taxonomía, cuando a mi parecer es una percepción incorrecta, no se trata de eso, si no que se trata sencillamente de describir, adjetivo que se ha utilizado peyorativamente al hablar de taxonomía, pero que me digan a mi alguna disciplina científica que no sea así (sobre todo las que suelen hablar mal de la taxonomía) cualquier cosa que no lo sea es arte o ingeniería. Simplemente se trata de describir.

    Por cierto, en toda esta reflexión ¿dónde queda la sistemática?

  17. Bocarana: sí, básicamente decimos lo mismo. No cuestiono la validez de cualquier clasificación como manera de ordenar perfectamente aceptable. Lo que quería decir es eso mismo, que si lo que buscamos es una clasificación científica, no parece que haya alternativa. Me cuesta mucho decantarme sobre el asunto del Phylocode. Es muy tentador y muy elegante, pero supondría una inversión tremenda de trabajo y de tiempo y no tengo claro que el resultado fuese bueno. Supongo que como parte del lenguaje al final la nomenclatura biológica la “poseen” los usuarios, y no me parece en absoluto que los partidarios del PhyloCode lleguen a formar una masa crítica suficiente siquiera para que se aplique como sistema alternativo.

    Musguito: gracias, lo añadiré cuando lo modifique para la versión final. Tu segundo párrafo, ¿se refiere a describir los organismos y su variabilidad o describir “su orden”? (o sea, insistiendo en que la “clasificación” es también una forma de descubrimiento). Por último, tienes toda la razón es reivindicar la palabra sistemática. De hecho he abusado mucho del lenguaje, poeruqe teóricamente taxonomía+filogenia=sistemática y aquí vengo tratando taxonomía y sistemática como sinónimos. Lo hago así porque creo que nadie considera la taxonomía al margen de la evolución y la filogenia. Ni siquiera al taxónomo más “fenético” se le olvida la razón del principio de homología, por eso creo que habría que aceptar que en el fondo ambos términos se refieren a la misma práctica. Otro motivo es que la mayoría de la gente no conoce la palabra “sistemática”. De todas formas quizá también deba aclararlo al principio. Gracias.

  18. Precisamente iba a comentar sobre la sistemática, aunque veo que ya ha caído un comentario al respecto. Creo que un día deberías escribir un post sobre ello. Uno pequeñito, aclaratorio, que distinga definitivamente los conceptos de sistemática y taxonomía. La verdad es que yo mismo, aún siendo biólogo, muchas veces no estoy seguro de qué es exactamente qué.

  19. Me parece correcto que lo trates así, de hecho me suena que en europa hacemos más hincapié en separar taxonomía de sistemática y en américa los tratan casi como sinónimos, lo que está claro es que los taxónomos hacen sistemática.

    Con lo de describir me refiero a que no se está creando ningún artefacto inventado, si no que son una realidad en la naturaleza, tanto las especies como los clados y cuando se les da una categoría, me parece que lo has explicado bien antes cuando lo interpretabas como puntos agrupados en el espacio, podemos alejarnos y ver como quedan estos puntos agrupados y entonces se le da una categoría (dar una categoría porque así funciona la nomenclaruta actual) o acercarnos a estos puntos hasta llegar a las especies. Es que el que se hable de descriptivo de forma peyorativa cuando se hace referencia a la taxonomía me parece ingenuo, ¿acaso no son descriptivos los descubrimientos de la física, la citología, la genética o la ecología?

  20. Diplotaxis: no hay mucho más que pueda aclarar; taxonomía + filogenia = sistemática, o sea, que la sistemática es la taxonomía que se aborda desde un punto de vista evolutivo. En el día a día los taxónomos no siempre piensan en términos filogenéticos, pero comprenden que ese es el verdadero sentido de su clasificación, aunque sólo sea mediante postulados. No creo que se pueda trazar una frontera clara entre ambas “prácticas”. Una de ellas está implícita en la otra.

    Musguito: sí, a mí también me parece que el término descripción se usa a veces de forma peyorativa. Curioso cuando queda tanto por describir. Hace poco estuve en una conferencia inolvidable en la que se hacía una reivindicación de la descripción de la biodiversidad como una aventura intelectual de dimensiones inabarcables. Estuvo muy bien. Uno de los aspectos que más me gustó era reconocer que una descripción de un taxon era en sí misma una hipótesis científica con la que trabajar y a la que someter al método.

  21. pipistrellum

    Pipistrellum: sí, el atún es pariente más cercano si con ello te refieres a que nuestro ancestro común mutuo es más próximo en la filogenia que el ancestro que ambos compartimos con la lamprea.

    En su momento me quedé con la duda por no atosigarte. Pero sigo con ella y no puedo evitar preguntarte.

    Hay algun criterio biologico o cientifico en el que atunes y lampreas o cocodrilos y reptiles esten mas relacionado que con sus pariente filogeneticos?

  22. No estoy seguro de haber entendido la pregunta

  23. pipistrellum

    Es verdad, la pregunta no ha quedado clara.

    Cocodrilos estan mas emparentados con pajaros y dinosaurios que con lagartos y demás reptiles.
    Pero hay alguno criterio biologico en el que estas relacionados mas lagartos y cocodrilos que cocodrilos con pajaros?

    Es que por el parrafo en cursiva parece que daba a entender que en ese aspecto cocodrilos y pajaros estan más relacionados, pero otros aspectos podrian no estarlo y estar mas relacionados lagartos y cocodrilos.

    Igualmente, con atunes, lampreas y personas.

    Explicación mas extensa, pero no se si mas clara :P

  24. Pipistrellum, lagartos y cocodrilos se *parecen* en una serie de cosas (por ejemplo son “de sangre fría” y tienen una cola larga, cinco dedos, dientes), pero eso no hace que estén más o menos emparentados. Aunque yo no me parezca a mi primo pero sí a un señor que acabo de ver por la calle, estoy más emparentado con mi primo que con ese señor. Supongo…

  25. Te ha respondido Sir Paleofreak perfectamente con ese ejemplo: no hay semejanzas que valgan, el único criterio de “cercanía” biológica con fundamento es el parentesco (otra cosa es que muy a menudo el parentesco tenga como consecuencia la semejanza).

  26. pipistrellum

    Gracias a los dos. Queda claro :)

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