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El expolio y destrucción del patrimonio sirio


No andamos precisamente escasos de tragedias humanitarias con las que horrorizarnos. Se suceden tan deprisa que las nuevas pasan a ocupar las portadas acumulándose sobre otras que continúan desarrollándose sin que parezca verse desenlace alguno. Aunque ahora estemos, inevitablemente, pendientes de lo que pasa en Gaza, los sirios están ya en su cuarto año de guerra civil. Por descontado que lo más trágico es el inmenso e irraparable daño en vidas humanas, que podría superar el cuarto de millón de muertes según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos y dos millones y medio de refugiados según ACNUR. Lo peor ya no es que el conflicto esté como olvidado desde el punto de vista informativo o diplomático (como tantos otros), sino que no parece tener pinta de mejorar.

Pero es que, superpuesto a este espantoso drama humano, hay otro que también se traduce en una pérdida insustituible, en este caso de un patrimonio cultural y arqueológico que no sólo pertenece a los sirios, sino a toda la humanidad. Resulta difícil creer que hace sólo unos años, Siria se anunciara como un destino turístico emergente (he intentado, sin éxito, encontrar los anuncios que había en el metro). Los atractivos eran muchos, y es que aunque no sea quizá tan conocido como el de otros países, el patrimonio artístico y arqueológico de Siria es simplemente abrumador (Con seis conjuntos reconocidos por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad y otros doce candidatos). Por desgracia no es la primera vez que la guerra se ceba también en la conservación de museos o yacimientos (como pasó en Irak o Afganistán), pero comprobar hasta qué punto han sido castigados es terrible. Recientemente, leyendo esta noticia me quedé asombrado de que simplemente usando el Google Earth se puede constatar el saqueo y la destrucción de algunos yacimientos.

El caso que más llamó mi atención es quizá el de Apamea, una espectacular ciudad romana famosa por conservar en buen estado la columnata de un Cardo Máximo de casi dos kilómetros de largo.

Apamea. Columna votiva
Unas ruinas impresionantes comparables con las mejores del Mediterráneo. A continuación podeis ver imágenes de Apamea tomadas de Google Earth correspondientes a julio de 2011 (izquierda) y marzo de 2012 (derecha).

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Si hacéis zoom en la imagen de la derecha se harán evidente los cientos de agujeros realizados por todas partes en busca de piezas que expoliar del yacimiento (fundamentalmente mosaicos que adornaban el suelo de muchas estancias y que no habían sido exhumados), cuya vigilancia, como podemos imaginar, ha dejado de ser prioritaria.

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El potencial de este yacimiento era, pues, enorme. Mientras los mosaicos siguiesen enterrados existía la posibilidad de que Apamea alcanzase, con la financiación y atención necesarias, el reconocimiento y los medios de disfrute y estudio dignos de ese potencial. Esa posibilidad se ha desvanecido por completo.

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Recuerdos de Siria


En medio de la inundación constante de opiniones y reflexiones diarias sobre actualidad internacional, quizá lo que menos falta haga sea otra persona hablando sobre Siria, pero no lo puedo evitar. Ya no tengo costumbre de hablar de estas cosas, en plan bloguero de pro, ya sabéis, como si tuviese algo original o interesante que decir, pero de todos los países que, allá por 2011, protagonizaron alguna de las revueltas de aquello que tan optimistamente se llamó “la primavera árabe”, Siria era el que más atraía mi atención por el recuerdo imborrable que me dejó durante mi visita en el verano de 2008. Aunque podría tirarme horas hablando, en plan abuelo cebolleta, de amaneceres en el desierto, de zocos laberínticos donde el olfato es seducido en cada esquina y de ciudades ancestrales que se remontan a un pasado casi mítico, lo que recuerdo por encima de todo, cada vez que Siria ha protagonizado titulares en los últimos años, es a la gente. He estado en pocos lugares donde me haya sentido tan a gusto y tan conectado con la población local, que invariablemente mostraba una espontaneidad y un optimismo arrebatador. Me pregunto por el taxista de Alepo que nos llevó a San Simeón (una versión siria de El Fary que se conocía bastante bien los yacimientos arqueológicos de su país), por los niños que nos siguieron en las Ciudades Muertas o por las mujeres que, cubiertas de negro de la cabeza a los pies, examinaban entre risas un tanga color verde chillón en una tienda de la medina de Damasco. Esto no va de opiniones sobre lo que puede significar una intervención occidental en Siria; el país parece condenado pase lo que pase y los grandes perdedores son los de siempre; sólo hay que mirar a Egipto para perder la poca esperanza que pudiésemos tener. Con toda la superficialidad de alguien que sólo estuvo de paso unas semanas, que desconoce la relevancia de los enredos de chiísmo y el sunísmo, de los intereses de Rusia, Europa y EE.UU. en este país y de todo lo demás, lo único que hago es preguntarme cuál habrá sido la suerte de estas personas y dejarme invadir por el pesimismo de la derrota continua de la paz y los derechos humanos en Oriente Medio, la historia de nunca acabar.

Alepense

Curiosos

Mezquita Omeya

Refrescándose

Zoco de Damasco

Mezquita Omeya

Ni un respiro

#acampadasol (20 de mayo), visita a Sevilla y una reflexión constructiva


Por no dejar cojo lo que empecé, antes de volver a la criptobiosis me gustaría terminar de recordar cómo transcurrió el fin de semana y escribir una reflexión sobre el estado del asunto de las acampadas a día de hoy, que para algo es mi bloj y enmiendo la plana a quien sea cuando me apetece, hale.

20 de mayo

No hace falta que diga que el viernes pasado, el movimiento del 15-m o como lo queramos llamar, tocó techo en cuanto a participación, protagonismo en los medios y notoriedad. Como había pasado unos días antes, la prohibición, en este caso de la Junta Electoral Central, provocó que un alud de personas no sólo llenaran la Puerta del Sol, sino que la hiciesen rebosar por todas partes. En la cresta de la ola, la manifestación de este día contaba con el reconocimiento ya de una parte muy importante de la población y era mencionada con interés por los medios extranjeros. Indescriptible el ambiente y la euforia de esta noche, la emoción del minuto de silencio a poco de que se iniciase la jornada de reflexión y, por qué no decirlo, el orgullo de que tus conciudadanos hayan sido capaz de reaccionar de forma tan notable. No me extenderé mucho más en esta noche. Para mí fue sin duda muy especial, y sé que quienes la compartimos sienten lo mismo.

En días anteriores llamaba a la cautela porque bastaba alejarse unas decenas de metros de Sol para darse cuenta de que todo seguía igual que siempre, y que hay que hacer un esfuerzo por no pensarse que la burbuja en la que está uno es lo único que hay. Este día, sin embargo, era evidente que la normalidad estaba alterada en toda la ciudad. Las calles y plazas cercanas estaban colapsadas, todo el centro de Madrid hervía de gente que iba o venía al kilómetro cero e incluso de vuelta a mi barrio la gente no hablaba de otra cosa y las televisiones emitían las imágenes que acabábamos de ver.

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#acampadasol 19 de mayo

Un día más de protestas y de euforia y un día más en el que se bate récord de asistencia. Sin la tensión del día anterior por la prohibición de la Junta Electoral de Madrid, el ambiente fue mucho más relajado que la víspera y además se podía constatar que el boca a boca empezaba a hacer de las suyas y la gente que venía era cada vez más diversa. (De nuevo, escrita del tirón y sin revisar)

19 de mayo

Gente más variada aún si cabe que antes, familias al completo y curiosos que ya no podían más y que querían verlo por sí mismos. Percibí también cierto ambiente de “mercaderes en el templo” (estoy de broma) : distintos colectivos que aprovechaban para hacer propaganda de grupos, sindicatos, asociaciones, etc. Un episodio interesante ocurrió al encontrarnos con una señora  a la que mis prejuicios (lo siento, los tengo) la calificaron como “de derechas”. Al final añado nuestro chanante diálogo, para que veáis que realmente esto de Sol puede interesarle a ciudadanos muy diversos. Un detalle interesante de ayer: un chaval agitó una bandera republicana. Con gran acierto, al igual que pasó el día anterior con la bandera monárquica, los asistentes le gritaron para que la guardara, cosa que hizo de inmediato, algo avergonzado y pidiendo perdón, ganándose el aplauso del resto.

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Más sobre #acampadasol (17 y 18 de mayo): no… pero sí


De nuevo, sin pretender escribir nada exhaustivo, continúo haciendo un breve resumen de las impresiones sobre lo que está pasando estos días. Por una parte a modo de “registro” personal, para tener un diario de lo que está pasando, y por otra para ofrecer mi testimonio a los amigos que no estáis en Madrid y os habéis interesado por los acontecimientos de la Puerta del Sol o los habéis seguido por el Twitter. El post anterior no es que se haya quedado obsoleto en tres días, es que leído ahora está a años luz de todo lo que ha pasado después. En la tarde del lunes hubiese sido impensable un desarrollo tan explosivo de los acontecimientos, así que es lógico que continúe la expectación. De nuevo, esta entrada está escrita sin tiempo y malamente, pero es lo que hay (ni siquiera debería estar escribiendo).

Lo primero es justificar esa coletilla rara, el “no… pero sí”. Es una reacción a muchas de las críticas que he leído o escuchado estos días, que vienen en sentido contrario: “sí… pero no“. Es decir, gente que está a favor en el trasfondo de la acampada o del “movimiento”, pero que enseguida empieza a poner pegas. Entre las más habituales: que tenía que haberse hecho antes, que habría que acampar aquí o allá, que por qué no se corta el tráfico, que no aportan ideas nuevas, que no hay objetivos, y un largo etcétera y, sobre todo, que no se va a conseguir nada. En general es gente que está de acuerdo en que la situación actual es una basura y que debería cambiar, gente que llevaba tiempo quejándose y pidiendo una reacción, pero cuando finalmente se presenta no es lo que ellos hubiesen hecho. Bien, seguramente yo tampoco habría montado este sarao de esta forma, y no me costaría mucho encontrar discrepancias, pero quizá ahí está el problema: si estás esperando que ocurra tu forma de protesta, la que quieres, lo mismo nunca llega. Esto es tan sencillo como una expresión de descontento ciudadano. Los manifiestos y carteles tienen faltas de ortografía, vale. Son idealistas, cierto. Las lonas son azules y deberían ser rojas, ¡cuánta razón! Pero qué queréis que os diga, para mí por encima de cualquier cosa, lo que me ha llevado estos días a participar ha sido la convicción moral (en plan imperativo categórico) de que no me puedo quedar en casa cuando por fin la gente le planta cara a la clase política putrefacta y al imperio de la usura institucionalizada. Así que mi respuesta es la contraria: no… pero sí. Por encima de las pegas y por encima de lo que se pueda conseguir o no a corto, medio y largo plazo, hay una cuestión de dignidad.

Y ahora, la breve crónica de las tardes del martes y el miércoles.

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