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Ciclista rural


¡No todo lo que voy a contar sobre gringolandia iban a ser cosas estrafalarias sobre el choque cultural! Hoy os traigo uno de los grandes placeres que me da el verano neoinglés (cuando no llueve o no hace un calor y una humedad de mil demonios): el gustazo de volver a casa en bici después del trabajo. Acostumbrado al ciclismo urbano madrileño, esto es un cambio más que destacable y he querido tomar un breve vídeo, sobre todo para que los allegados echéis un ojo a la pinta que tiene todo esto.

¡OJO!

- El vídeo está tomado con el móvil, en vertical, calidad más que mejorable, unido al manillar, por lo que se mueve mucho al pedalear y puede marear un poco. Soy consciente de esto y pido perdón a las retinas damnificadas. Sé que hay unas camaritas muy monas que se sujetan al casco y solucionan todos estos problemas, pero no me voy a comprar una, así que esto es lo que hay. Aunque la duración original era de unos 40 minutos, lo he dejado en unos digestivos 4 minutejos clavaos.

¡DEDICATORIA!

El cutre-vídeo está dedicado a Eulez, que fue el que me picó con el asunto de la bici en los orígenes. (Por cierto, felicitadle si le veis).

Hale, aquí viene el vídeo

Rodado, mostly, una tarde de viernes, refleja un poco lo que se ve de camino a casa por una carreterilla agradable y con poco tráfico. El recorrido son unos 14 km, generalmente cuesta abajo (¡y con buenas pendientes a veces! No me he embalado tanto en una bici en la vida). Este motivo hace que aunque sea muy asequible hacer el camino de vuelta, no me haya planteado en serio hacer el de ida (¡arf!), afortunadamente el autobús cuenta con soporte para bicis.

La selección de escenas incluye unas vistas del campus, algunas de las cuestas trepidantes, el avistamiento de un ciervo (nada extraordinario), algunos de mis parajes favoritos por el bosque mixto, vistas del valle del río Willimantic, sus praos y sus granjas y algunas vistas de las calles de Willimantic propiamente dicho.

En Connecticut los ciclistas siguen las mismas normas que el resto de los conductores, pero no deben circular por el centro del carril, como se empieza a permitir en España, sino a la derecha de la vía (algo que incumplo cuando cojo mucha velocidad de bajada por precaución). El tráfico está muy pacificado y es muy respetuoso con el resto de usuarios de la vía, en dos y en cuatro ruedas, se va bastante tranquilo, la verdad: los adelantamientos a bicis son a baja velocidad y dejando bastante espacio por lo general. El estado del asfalto es regulero, pero viniendo de Madrid no me voy a quejar. Veréis algunas señales que marcan que estos tramos de vía son frecuentados por ciclistas y se llama a tenerlos en cuenta (Share the road). En el código de circulación y el examen teórico se hace bastante énfasis en que el ciclista merece especial cuidado y respeto. El casco no es obligatorio, pero como es costumbre en EE.UU., todos los ciclistas lo llevamos. En general, la bici la usan mucho en el campus los estudiantes, pero fuera de él tiene más bien un uso deportivo, no me cruzo con mucha gente que la use para ir a trabajar.

En resumen: en esta zona, como en tantos otros sitios del país, necesitas el coche para todo, pero si tienes la suerte de poder ir en bici a algún sitio, se va bastante bien.

Cómo se hace un reportaje sobre movilidad ciclista en Madrid, mal y bien


Se van a cumplir 500 días desde que empecé a desplazarme en bicicleta con regularidad para ir a trabajar y a otros menesteres. Hubiese estado bien hacer un balance en el primer aniversario, pero me pilló la criptobiosis, así que lo dejaremos para la siguiente efeméride. Mientras tanto, y por pasar el tiempo, vamos a hacer un poco como en Barrio Sésamo y vamos a comparar dos reportajes sobre ciclismo urbano en Madrid: uno malo y uno bueno.

Resulta, queridos lectores, que los madrileños tenemos una mutación en el cromosoma 12 que nos provoca un atavismo intelectual indeleble por ahí donde el hipotálamo pierde su honrado nombre y nos hace tener como la mayor de las certezas que ¡Madrid no está preparado para ir en bici! (¡copón!). Científicos de todo el mundo intentan aún sin éxito encontrar una cura a este problema, pero hasta que eso llegue, seguiremos pensando que antes de poder ir en bici, la ciudad debe prepararse (como si de unos juegos olímpicos o una JMJ se tratase, solo que sin llegar a estar lista nunca). Además, inequívocamente, esa preparación consiste en hacer kilómetros de carriles bici. Mientras tanto, el resto de ciudades de España y de Europa pedalea cada vez más.

En este contexto, prestad atención a este reportaje de TVE que salió en el telediario hace sólo unos días. Está realizado por varios periodistas, cada uno en una ciudad distinta, y aunque os animo a que lo veáis entero (poco más de 5 minutos), vale con que atendáis a la parte de Madrid, que sale al principio, en apenas un par de minutos.

DALE CANDELA

(El reportaje empieza en el minuto 34:20 )

Se nota a la legua que este reportaje lo ha hecho una persona que no tiene ni puñetera idea de con qué tiene que enfrentarse un ciclista en Madrid y que tira de tópicos. Pese a haberse montado en una bici para hacer el trabajo de campo, el contenido del reportaje estaba ya preparado de antemano, todo a base de prejuicios.

En resumen:

- La bici es sostenible y verde como una lechuga (siempre según “los expertos”), pero Madrid no está preparado porque no hay suficientes carriles bici

- Ir en bici por Madrid es peligrosísimo: el año pasado murieron dos personas

- La bici molesta en todas partes

- Cada vez hay más carriles bici, pero aún estamos lejos de ese advenimiento prometido de la preparación madrileña a la bici. Mientras tanto, queda reservado a los suicidas.

Nótese que:

- La periodista alquila la bici (se ve que no tiene) para su experiencia ciclista. Por cómo viste y cómo pedalea diríase que no ha tocado una bicicleta en lustros.

- Decide estrenarse en calles de mucho tráfico en plena hora punta, para que se vea lo peligroso que es.  Necesita un escolta y, además, se salta un semáforo.

- Da a entender que “hay que ir sorteando” a los coches, en lugar de haberse informado sobre la forma correcta, circulando por el centro del carril (como bien apunta uno de los entrevistados, aunque ni se le entiende).

- Acaba hablando de asuntos que no tienen NADA que ver con el ciclismo urbano, como gente que pasea a su perro con patines.

- Hace preguntas a ciclistas. Algunos (sólo algunos) ponen un poco de cordura y hablan realmente de aspectos importantes sobre visibilidad y circulación, pero las conclusiones del reportaje son las mismas que las premisas: ¡Madrid no está preparado para la bici! (¡copón!) Y todo el reportaje está centrado  en la peligrosidad. Estoy seguro de que la reportera podía haberlo escrito tal cual sin salir de su estudio.

Y ahora, una pequeña reflexión: en el mismo reportaje en el que dicen que “constantemente hay accidentes y sustos y que en Madrid murieron tan solo en un año dos personas”, más adelante, cuando se habla de Berlín, se dice (textualmente) que “sólo hay una decena de muertos al año”. Tremendo. Dos ciudades europeas con poblaciones equivalentes pero cuyos ciclistas muertos se interpretan de forma completamente distinta. Diez muertos en Berlín son poquísimos según un reportero (que se ha informado en Berlín, claro), y sin embargo dos en Madrid son motivo para creer que la bici es un vehículo mortal ¡Y mueren cinco veces menos ciclistas! Es cierto que puesto que en Berlín hay más desplazamientos en bici, hay más probabilidades de tener un accidente, pero ¿Dos muertos al año es indicio de peligrosidad? Se me ocurren formas mucho más probables de morir en Madrid a las que no se le tiene miedo constante precisamente por su improbabilidad, desde un tiroteo entre bandas a un coma etílico, cruzar un paso de cebra, intoxicación alimentaria y, por supuesto, estar al volante de un coche. Por favor, un poco de cordura.

Frente a ejemplos como este, tenemos el reportaje de Rafa Vidiella que salió el lunes en 20 Minutos. Comienza con un hecho paradójico: el domingo se celebró la llamada “fiesta de la bicicleta” en Madrid. Se trata de un acontecimiento controvertido entre muchos ciclistas madrileños. Aunque es muy divertido y cortan calles a lo largo de 20 kilómetros para que miles de madrileños puedan darse unos tripazos por el asfalto (muchos de ellos, como la reportera de TVE, ni se acuerdan de dónde está el depósito de gasolina), está más que claro que para el ayuntamiento es una especie de concesión festivalera familiar que nada tiene que ver con una apuesta por la movilidad urbana. Algunos años, incluso el cartel promocional rezaba “disfruta de tu bici sólo por un día“. El reportaje destaca la paradoja que supone que en esa fiesta de la bicicleta, los ciclistas a los que el mediodía les pillaba sin haber concluido el recorrido, eran invitados por la policía a que dejara de circular por el peligro del tráfico y que se fueran a sus casas.

Quitando esta más que merecida denuncia, el resto del reportaje es justamente eso, un reportaje sin prejuicios ni conclusiones precocinadas en la redacción en las que se deja hablar a quienes tienen ya una experiencia en el asfalto madrileño. Como es de esperar, la visión de este segundo reportaje, mucho más fiel a la realidad por la autenticidad de sus fuentes, no es alarmista y muy al contrario, ofrece buenos consejos por auténticos expertos con hasta 38 años de experiencia.

¡leedlo ya!

Si para ir en bici por Madrid hubiera que esperar a que “la ciudad esté preparada”, ya podríamos esperar sentados los cambios siempre prometidos y nunca cumplidos. Quienes tienen que cambiar (de mentalidad) somos los madrileños, y por suerte parece que eso ya está ocurriendo.

Movilidad ciclista comparada: Frankfurt y Antananarivo

Ya sabéis cómo funcionan estas cosas: puedes estar toda la vida sin percatarte de algo que pasa a tu alrededor y, desde el mismo día en que te ves implicado empiezas a verlo por todas partes. Algo así me ocurre con las bicis en las ciudades, que de repente las veo constantemente. Tomando como ejemplo al amigo Eulez voy a contaros cómo viven los ciclistas de dos ciudades muy distintas con las que me he topado recientemente: Frankfurt y Antananarivo.

Commerzbank Filiale Commerzbank-Tower y BCE Antananarivo

Franfurt am Main, en la zona central de Alemania, es una ciudad de casi 700.000 habitantes, sede del Banco Central Europeo y un centro económico importantísimo de toda la UE. Disfruta de todas las bondades de una ciudad del mundo desarrollado: alumbrado, asfaltado, avenidas, parques, estupenda red de transporte público, y una amplitud suficiente para la convivencia de peatones y vehículos.

Como en muchas otras ciudades europeas, una parte importante de la población decide utilizar la bici para sus desplazamientos. En Franfurt se ven bicis por todas partes, tanto en movimiento como aparcadas.

Ciclismo en Frankfurt Ciclismo en Frankfurt

Los ciudadanos que deciden usar la bici pueden desplazarse por toda la ciudad con comodidad y seguridad. El tráfico es moderado, las velocidades modestas y hay un espacio reservado para ciclistas por todas partes, desde carriles bici en las calles hasta detallitos como pequeñas rampas para bicis en los puentes.

Las concesiones a las dos ruedas van mucho más allá que todo eso, por ejemplo, hay calles de un solo sentido en las que se reserva un carril-bici para ir en sentido contrario. Además, no tienen lugar los debates bizantinos habituales en ciudades españolas sobre por dónde pueden ir los ciclistas: se les veía por asfalto y zonas peatonales indistintamente, simplemente se les pide en estas últimas que vayan más despacio.

Ciclismo en Frankfurt

Ciclismo en Frankfurt Ciclismo en Frankfurt

Por supuesto, en los vagones de transporte público hay espacios reservados para bicis (aunque creo que deben pagar un recargo). En definitiva, un pequeño paraíso para quienes quieren usar la bicicleta como medio de transporte.

Difícilmente podría imaginarse una ciudad más distinta de Frankfurt que Antananarivo (o Tana, como se le llama a menudo). Con sus 900.000 habitantes, el transporte en la capital de Madagascar sufre en sus propias carnes algunos de los problemas urbanos típicos de las ciudades del tercer mundo donde la mayor parte de la población vive por debajo del umbral de la pobreza. Escasez y deterioro de las infraestructuras, tremenda dificultad para el transporte (tanto por el precio de la gasolina como por lo lamentablemente escaso e incómodo que es el ínfimo transporte público) y una concesión manifiesta del espacio al tráfico rodado (aceras estrechísimas) que aún así está colapsado a todas horas.

Antananarivo

Sorprendentemente (o no), una de las pocas cosas que Tana puede tener en común con Frankfurt es la profusión del uso de la bicicleta como transporte. En Tana se ven casi tantas bicis circulando como en Frankfurt, aunque como os podéis imaginar, las condiciones del tráfico son radicalmente distintas. El tráfico en Madagascar es salvaje, no hay indicaciones ni semáforos, no se respetan normas ni límites de velocidad ni distancias de seguridad de ninguna clase. Los coches circulan por donde pueden pitando a los peatones para que se aparten (porque andar por las aceras acaba siendo imposible).

Pedaleando en Tana

En este escenario las bicis también aprenden a sobrevivir  como buenamente pueden. Circulan por los huecos que les dejan los coches, sin inmutarse porque se les adelante constantemente rozándoles, porque tengan que parar cada dos por tres por culpa de vehículos que se incorporan, puertas que se abren o peatones que también cruzan por donde pueden.

Cuidado al cruzar

Ambositra Cebúes y taxi-brousse

Tana es un infierno ciudadano para el tránsito de peatones, coches, camiones, taxi-brousses, rickshaws, carros de cebúes y para la vida en general. Los ciclistas no iban a ser menos. Me pregunto qué pensaría uno de ellos circulando por los amplios carriles de Frankfurt.

Por motivos muy diferentes, miles de personas usan la bici diariamente en estas dos ciudades que difícilmente podrían ser más distintas. En ambos casos es una solución inteligente y eficaz para moverse que no entiende de otro tipo de fronteras más que el sentido común.

Ciclismo en Frankfurt Ciclista en Ambositra

Como madrileño, preferiría diez mil veces poder circular por una ciudad como Frankfurt antes que por una como Tana, sin embargo hay algo de la capital malgache que echo de menos en Madrid, y es el respeto. Con todo el caos circulatorio que hay en Antananarivo, me daba la sensación de que lo que no se ponía en cuestión en ningún momento es el derecho de cualquiera a moverse por la ciudad como buenamente pueda, sea coche, bici o cebú. Puede que los conductores adelanten a los ciclistas peinándoles, pero al menos no les van a reprochar que quieran ir a su destino en bici y se busquen la vida en la cuasi literal jungla de asfalto como todo hijo de vecino. Ojalá aquí se pudiese decir lo mismo.

Primeras impresiones de un ciclista urbano novato en Madrid


Van a cumpirse un par de meses desde que me animé a sustituir algunos de mis desplazamientos en transporte público por recorridos en bici, primero con una alquilada, y luego con mi propia plegable. No me ha dado tiempo a recopilar un anecdotario suficientemente jugoso (todo se andará), y por otra parte hay mucha gente que escribe en internet sobre ciclismo urbano, así que no creo que lo que vaya a contar aquí sea especialmente original. Sin embargo me parece que puede ser interesante reflejar cómo veo las cosas ahora que estoy empezando para comentarlas con otros ciclistas más experimentados y quizá para que quien se esté pensando pasarse a las dos ruedas se termine de animar (o no).

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Pues eso, por petición popular…

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