Archivo de la categoría: Mundo clásico

Fotos del nuevo Museo de la Acrópolis

Mi amigo Christos ha visitado recientemente el nuevo Museo de la Acrópolis, del que hablamos hace poco y me ha enviado algunas fotos de la tercera planta, en exclusiva para DDUC. Recordemos que la tercera planta es una galería acristalada dedicada por entero al conjunto escultural del Partenón, que está colocado siguiendo su disposición original, como se comentó en la entrada de turno.

acropolisymuseoVista aérea del centro de Atenas donde se ve la tercera planta del museo comparada con el Partenón.

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esculturas-partenonSituación original de las esculturas en el templo.

En el museo las piezas quedan así:

DSC04727Aquí tenemos el aspecto de la fachada sur. Las columnas de acero nos ayudan a ubicarnos en el edificio original, ya que efectivamente, entre columna y columna hay dos metopas (las piezas cuadradas que representan la centauromaquia). Al contrario que cuando estaban in situ, ahora se pueden apreciar sus detalles a sólo un par de metros de distancia. Originalmente estaban en el friso externo, a 12 metros . En el interior se dispone paralelamente el friso jónico, que representa la procesión de las panateneas, que se puede contemplar a la altura de los ojos.. Las piezas más blanquitas son reconstrucciones de lo que hay en Londres y París. Los fragmentos oscuros son los originales que quedan en Atenas (tres quintas partes de las metopas y poco más de un tercio de los bloques del friso interno).

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DSC04726Esta es la famosa metopa número 1. Originalmente en la esquina suroeste del templo, fue la única que se mantuvo in situ tras los avatares de la historia. Me preguntaba si la habrían dejado en su lugar, pero ya veo que se la han llevado con sus compañeras al calor del museo. Imagino que habrán subido una copia.

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metopa1Aquí vemos, efectivamente, cómo la metopa 1 ha estado hasta hace muy poco, bien colocadita. (Foto: Enseñ-arte).

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DSC04708Y aquí, uno de los fragmentos del friso más famosos de los que se conservan en Atenas. Corresponde con la parte que quedaba en la fachada oriental, sobre la puerta principal. Aquí acababa la procesión de las panateneas bajo la atenta mirada de los dioses. En este bloque: Poseidón, Apolo y Artemisa.

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Finalmente, las esculturas de los frontones, en los extremos de la nave. El frontón oriental (nacimiento de Atenea de la cabeza de Zeus) y el occidental (Disputa entre Atenea y Poseidón por el dominio del Ática).

DSC04732Estas piezas están muy deterioradas, y la mayoría de las que se conservan en un estado aceptable están en Londres.

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Dioniso, frontón oriental. Original en el British Museum

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DSC04731Dioniso. Copia (¿provisional?) en el Museo de la Acrópolis.

Pues nada. Entre que espero la ocasión de volver a Atenas y verlo con mis ojitos, ya hemos satisfecho un poco la curiosidad. Mientras preparaba esto me he topado con una página muy detallada que contiene imágenes del friso completo, arrejuntado y muy bien explicado.

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DSC04709Vistas de la Acrópolis desde la tercera planta del museo

El nuevo Museo de la Acrópolis

Acropolis-museum-cariatide

Mañana, 20 de junio, se inaugura en Atenas el flamante y novísimo Museo de la Acrópolis. Quienes hayáis tenido la suerte de visitar esta ciudad, seguramente habréis visitado ya el antiguo, que estaba en la propia acrópolis, al fondo a la derecha, bajando unas escaleras. Desde siempre fue un museo muy venido a menos, no sólo por las ostentosas ausencias, heridas sangrantes en el alma nacional griega (de esto hablaremos después), sino por el hecho indiscutible de que no dejaba de ser un museo en un sótano.

El gobierno griego, sobreponiéndose a su mediterraneidad, ha conseguido paliar esta situación y demostrar al mundo que los griegos son perfectamente capaces de conservar el patrimonio escultural de la acrópolis ateniense en muy buenas manos. Todo lo que llevo visto de este nuevo edificio me pone los dientes largos.

Acropolis-museum_eastside

Acropolismuseum002

Situado a los pies de la “ciudad en la punta”, el edificio combina un diseño moderno con espacios amplios y diáfanos y con el uso de la luz natural. Parece ser que muchas de sus estancias están acristaladas con un material especial que deja entrar a raudales el sol griego sin que aquello se convierta en un invernadero. De hecho la idea es que se trate del primer museo de este tipo en el que la luz natural goza de un protagonismo tan importante.

El nuevo edifico dispone de 14.000 metros cuadrados de superficie. si lo comparamos con los 1.450 que tenía el original, no cabe duda de que la mudanza va a ser muy beneficiosa, a la vez que permitirá exponer muchas obras que se encontraban dispersas en otros museos o que no encontraban espacio en el antiguo. Las ruinas sobre las que se asienta el propio museo también se han conservado y se pueden visitar en el sótano in situ.

La visita al museo está concebida como una visita a la acrópolis en sí misma, siguiendo una espiral. Es como si ahora se pudiese visitar la roca dos veces: una subiendo a la acrópolis propiamente dicha para ver los restos arquitectónicos, y otra en el museo para contemplar las esculturas. Conforme se avanza se pasa de visitar los restos arqueológicos de los santuarios y las murallas a las abundantes piezas de la época arcaica, después se pueden ver los restos de los templos de la cima anteriores a la época clásica (incluyendo los asociados a primer Partenón), para después llegar a los conjuntos escultóricos de los edificios “menores”, a saber, los propíleos, el templo de Atenea Niké y el Erecteion.

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La batalla de Cannas con clicks de Playmobil

Se trata de la exposición “Mundo Playmobil“, que se puede disfrutar en Zaragoza. Además de la batalla de Cannas hay muchas otras recreaciones de la Roma clásica. Ovando ha colgado más fotos en este set de Flickr.

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Galanthus nivalis y el “moly” de Homero

Acabo de regresar de unos días de descanso y esparcimiento por el Maestrazgo turolense de los que iré hablando próximamente. Aprovecho la tarde tonta que queda de vacaciones para compartir uno de los hallazgos más interesantes de estos días: una población de “Campanilla de invierno” (Galanthus nivalis), una plantita de la familia de los narcisos cuyas flores francamente bonitas aparecen incluso antes de que la nieve se haya derretido por completo.

Campanilla de invierno 6

Esta especie euroasiática tiene una distribución de las que pueden llamarse “boreo-alpinas” porque son frecuentes en las latitudes altas de nuestro continente y sin embargo según nos aproximamos al sur sólo aparecen en lo alto de los sistemas montañosos más elevados, cuyas condiciones climáticas son relativamente semejantes a la de la región boreal. En la Península Ibérica, que yo sepa, la campanilla de invierno sólo aparece de forma disyunta en la zona de los Pirineos y, como localidad más meridional, muy localmente en la Sierra de Gúdar (Teruel). Estas fotos fueron tomadas en el término municipal de Linares de Mora, y di con ellas casi de casualidad.

Campanilla de invierno 5 Campanilla de invierno 4 Campanilla de invierno 3 Campanilla de invierno 2 Campanilla de invierno 1

Además de todo lo mencionado, esta especie tiene un interés adicional para los aficionados a los clásicos, ya que algunos estudiosos piensan que la campanilla de invierno podría mencionarse nada menos que en la Odisea. Según los autores del artículo, Galanthus nivalis podría ser el “moly” que se menciona en el Canto X.

Recordemos cómo Circe envenena con un potente psicotrópico a los amigos de Ulises (posiblemente estramonio según los mismos autores) que les hace pensar que son cerdos y como tales se comportan:

Ya en la casa los hizo sentar por sillones y sillas y, ofreciéndoles queso y harina y miel verde y un vino generoso de Pramno, les dio con aquellos manjares un perverso licor que olvidar les hiciera la patria. Una vez se lo dio, lo bebieron de un sorbo y, al punto, les pegó con su vara y llevólos allá a las zahúrdas: ya tenían la cabeza y la voz y los pelos de cerdos y aún la entera figura, guardando su mente de hombres. Al mirarse en su encierro lloraban y dábales Circe de alimento bellotas y hayucos y bayas de corno.

Ulises es advertido por Hermes de la situación y le indica lo siguiente:

“¿Cómo vas, desdichado, tú solo a través de estas breñas ignorando el país? Tus amigos en casa de Circe como cerdos están encerrados en fuertes zahúrdas ¿Has venido por caso a sacarlos? Pues ni tú mismo desde allí volverás: quedarás donde ellos. Mas, ¡ea!, yo te quiero librar de estos males poniéndote a salvo. Hay aquí una raíz saludable: tendrás que ir con ella al palacio, que bien guardará tu cabeza…”

(…)

Tal diciendo, el divino Argifonte entregóme una hierba que del suelo arrancó y, a la vez, me enseñó a distinguirla; su raíz era negra, su flor del color de la leche; “moly” suelen llamarla los dioses; su arranque es penoso para un hombre mortal; para un dios, en cambio, es sencillo.

El brebaje divino, como no podría ser de otra forma, surte efecto. En teoría podría deberse la actividad anticolinesterásica de la galantamina, un alcaloide presente en el Galanthus nivalis, del que obtiene su nombre. ¿La dificultad para su obtención que menciona “La Odisea” sería consecuencia de su escasez en el entorno Mediterráneo? Desde luego conseguir raíz de campanilla de invierno en tiempos de Homero no debía ser nada fácil, si bien al menos en teoría estaría presente en las montañas de Grecia e Italia. Sea una verdad como un templo o una especulación indemostrable, este tipo de chascarrillos siempre tienen cabida en esta santa casa.

Batallitas: primera Guerra Médica

Bueno, pues como dije y aprovechando que estamos todos puestísimos con la estrategia militar en la antigüedad me ha dado por hacer posts de batallitas en sandalias que además de ser de gran utilidad a la hora de jugar al Civilization o al Age of Empires en todas sus variantes son moralmente inocuas porque la gente que murió en ellas lleva tantos años criando malvas que nos permite frivolizar libremente para regocijo de todos a los que les interesan estas cosas. Como esto no es un blog de historia tampoco es cuestión de enrollarse mucho, pero al final pongo siempre un poco de bibliografía por si alguien quiere más. Los escenarios de las batallas están tomados de GoogleEarth y son los reales, pero obviad las carreteras asfaltadas, cultivos y aeropuertos.

Lo que pasó antes
Bueno, pues todo el jaleo de estas guerras, cuya sangre todavía nos salpica en el cine y de las que tanto se ha escrito comenzaron con una cosa tan tonta como una subida de impuestos. Allá por el 499 a.C. las polis griegas ya rodeaban por completo el Egeo, sin embargo las que estaban situadas en Asia Menor (Jonia, actual Turquía asiática) no eran completamente independientes puesto que pagaban tributo al Imperio Persa. La cosa no es que fuera mal, pero con la subida de impuestos a Aristágoras de Mileto se le hincharon las narices y decidió fomentar una sublevación masiva que anunció a las demás polis por medio de un esclavo sordomudo con el pelo afeitado al que había tatuado las instrucciones en la cabeza y dejado crecer el pelo después. Para ello decidió pedir ayuda a los griegos europeos de los que sólo aceptaron prestar una modesta flota los atenienses. Una vez realizada la sublevación en la que los griegos masacraron a las tropas de ocupación persa y no contentos con ello, la coalición decidió incendiar y destruir Sardes, la capital de la “provincia” imperial que les correspondía.

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El rey Darío cuando se enteró no se lo podía creer. “¿Cómor, que han destruido lo qué?” “Han destruido Sardes, mi señor” “¿Y quién ha sido?” “Los jonios y los atenienses, mi señor” a lo que Darío se quedó con cara de pasmo pues no tenía ni idea de quién narices eran esos atenienses “¿Los jonios y quién..?“, así que tras consultar el mapamundi actualizado hizo que un esclavo le repitiera cada vez que se sentaba a la mesa “Señor, acuérdese de los atenienses” y claro, pasados varios años de oír esta cantinela 3 veces al día decidió dar un escarmiento a los griegos y sin olvidarse de los puñeteros atenienses.

En general, lo consiguió con creces y castigó duramente a todas las ciudades sublevadas sin piedad. Una vez hubo recuperado el control de Jonia preparó una expedición a Atenas para castigar su osadía. Los atenienses, cuando se enteraron, básicamente se hicieron caquita. En el año 490 las tropas persas de Artafernes (25.000 hombres entre infantería y caballería) desembarcaron en la llanura de Maratón, a 42 km de Atenas. Los atenienses hicieron un llamamiento a sus vecinos para que les prestaran ayuda, y exceptuando la polis de Platea todos les hicieron un corte de mangas. Los espartanos dijeron que sí que muy bien, pero que la luna no estaba propicia para luchar y que si eso luego ya eso.

Ahora bien, es importante aclarar que los persas no preparaban una invasión a gran escala sino un severo correctivo y que creían contar con la ayuda de algunos atenienses filopersas que, llegado el momento, traicionarían a los suyos y les abrirían las puertas de la ciudad. Mientras esperaron ese momento los atenienses y los plateos acamparon en las colinas adyacentes a Maratón.

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Los contingentes
El persa constaba fundamentalmente de infantería ligera y de caballería. La concepción de la guerra en las planicies asiáticas daba una importancia capital al poder de la caballería, sobre la que recaía la responsabilidad fundamental del ejército que quedaba dotado de gran versatilidad pero de escasa solidez. La caballería tiene una ventaja táctica natural en las llanuras. Como ejército de un vasto imperio estaba integrado fundamentalmente por mercenarios de origen diverso, y a menudo ni siquiera conseguían comunicarse efectivamente entre sí por hablar distintos idiomas.

greek_hoplite.pngAunque los griegos quizá no lo supieran, militarmente eran muy superiores a los persas. En Grecia no había pastos y planicies que propiciaran una caballería, pero por otra parte los soldados eran ciudadanos. Esto tenía como consecuencia que para el ejército, la vida de cada soldado tuviera un gran valor, y por ello se desarrolló toda una panoplia defensiva que caracterizaba al soldado griego clásico de infantería pesada: el hoplita. Su nombre, precisamente, deriva del hoplon (escudo) de más de un metro de diámetro que protegía al soldado individual y a toda la falange, cuya fuerza residía precisamente en formar un compacto e impenetrable muro de escudos de los que salían las lanzas. Mantener la formación era la clave del éxito de la falange griega, el frente de escudos era la frontera entre la vida y la muerte. Las falanges griegas, además, tenían la ventaja de estar siempre bien entrenadas gracias a las constantes guerras entre polis.
Veremos que es una constante en las guerras médicas que los persas intentan llevar el combate a las llanuras mientras que los griegos evitan el campo abierto, donde sus pesadas falanges son poco maniobrables.

La batalla
Tras varias jornadas de espera los persas decidieron forzar la rendición de la ciudad (gracias a los supuestos traidores con los que estaban en contacto). Una parte del ejército (10.000 efectivos, caballería incluida) embarcaron de noche de nuevo con destino al puerto ateniense de Fálero, junto al Pireo, para lo que tenían que rodear todo el Ática por el cabo Sounion. Los griegos, sin embargo, se dieron cuenta de la estratagema y aprovechando que no estaba la caballería decidieron emprender la batalla. Como estaban en inferioridad numérica (10.000 hoplitas frente a 15.000 infantes y arqueros) el estratega de la batalla (Calímaco de Afidna) dispuso sus tropas de una forma distinta a la habitual. En lugar de mantener una profundidad de 8 hoplitas en la falange redujo ese “grosor” a sólo 3 soldados en el centro, manteniendo reforzadas las alas (esta decisión fue crucial, porque permitió que la anchura de la falange fuese suficientemente amplia incluso en inferioridad).

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En esta disposición expandida “en H” los griegos tomaron la iniciativa y cargaron contra el persa armándose de valor y entonando el peán (canto de guerra), evidentemente manteniendo la formación en todo momento.

El centro del batallón persa resistió el embate como pudo, sin embargo las reforzadas alas de los griegos rompieron la línea enemiga. Una vez hecho eso ambos laterales giraron simultáneamente hacia el interior en una maniobra de pinza, dejando al enemigo rodeado. Pronto cundió el pánico y los persas se retiraron atemorizados a la costa, donde algunos fueron rescatados por la flota.

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Exultantes por el triunfo, los atenienses y plateos marcharon rápidamente a la ciudad (quien quiera agregar aquí la leyenda de Filípides puede hacerlo) que alcanzaron en unas 10 horas, a tiempo de comunicar la victoria antes del completo desembarco de la caballería persa en Fálero, que al saber de la derrota de sus compañeros hicieron la maleta y huyeron a Asia con el rabo entre las piernas.

Herodoto nos cuenta que murieron 6.400 persas y que sin embargo sólo hubo 192 bajas atenienses (número que se convertiría en un fetiche para Atenas) incluyendo al propio Calímaco. Aunque desde un punto de vista analítico la victoria griega estaba cantada por la ausencia de caballería, los atenienses se crecieron muchísimo con esta victoria durante los siguientes 10 años. Los espartanos, por cierto, aparecieron tiempo después de la batalla (cuando el ciclo lunar les fue ya favorable), y aunque no pudieron entablar combate sí que examinaron el campo de la batalla para ver “cómo estaba hechos” los persas.

A pesar de ese triunfalismo no hay que exagerar. El ejército persa salió muy bien parado de su incursión por el Egeo, recuperando y castigando a los territorios rebeldes. Se quedó con las ganas de hacer pupita a Atenas, nada más y nada menos, y ese tipo de tareas pendientes no se olvidan en diez años…

Bibliografía

Herodoto. Historia. Ed. Gredos

Víctor Barreiro Rubín. La Guerra en el mundo antiguo. Ed. Almena 2004

Angus Konstam. Atlas Histórico de la Antigua Grecia. Ed. Edimat 2003

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