España, años 30

En estos tiempos de supuesta crisis de identidad nacional me pareció muy interesante la lectura de este libro, porque siempre tiene su gracia saber cómo nos ven a los españoles desde fuera. Nikos Kazantzakis fue un escritor muy prolífico y polémico al que le gustaba reflexionar sobre la naturaleza humana y su trascendencia. Fue excomulgado por la iglesia ortodoxa debido a algunas de sus obras más “místicas” (como “La última tentación de Cristo”, donde ahonda en la naturaleza humana de Jesús de forma demasiado atrevida) y las grandes cuestiones del alma humana aparecen constantemente a lo largo de su obra.

El libro del que hablo pertenece a una serie de escritos que hizo como periodista a comienzos del siglo XX y consta de dos partes. “España” es un libro de viaje en sentido general. A lo largo de sus páginas narra sus primeras impresiones del país, recién estrenada la flamante república de 1931, con la cual simpatizaba. A Kazantzakis le fascina España incluso a pesar de que, nada más cruzar los Pirineos, se percata de que ciertos tópicos no son ciertos. Dos son las constantes que, según el libro, marcan el alma de los españoles. La primera es su naturaleza de pueblo “africano”, ancestral, que no está sometido a los mitos y creencias del resto de los europeos (esto le resulta particularmente atractivo). El otro elemento que define a los españoles es el Quijote. Kazantzakis afirma que Cervantes, al escribir su obra inmortal, retrata y disecciona el alma de España: Don Quijote y Sancho no son más que las dos caras de una misma naturaleza.

Disgresiones metafísicas al margen, la lectura de esta parte es muy agradable por la descripción que va haciendo de ciudades como Burgos, Valladolid, Ávila, Madrid, Toledo, Córdoba, Sevilla, etc. y por las reacciones de los distintos estratos sociales a la Segunda República. Todo un documento histórico hecho por un periodista que, si bien tiene un punto de vista muy particular sobre ciertos aspectos, no es menos cierto que era un gran conocedor de la iconografía y cultura española.

“Viva la Muerte” es la segunda parte del libro y en él el autor relata sus vivencias en su segundo viaje a España tras estallar la Guerra Civil. Kazantzakis es enviado como corresponsal a territorio franquista (si bien se lee entre líneas que no es lo que prefería). En esta ocasión entra por Portugal, visita Cáceres y llega finalmente a Salamanca, donde tiene una reveladora conversación con Miguel de Unamuno. A continuación llega a Toledo poco después de la caída del sitio del Alcázar, y tiene ocasión de entrevistar a algunos supervivientes (estos testimonios son realmente estremecedores). Para terminar, se acerca a Madrid y presencia desde Leganés y Getafe los bombardeos del otoño de 1936, cuando parecía que la capital caería pronto. Sin duda esta segunda mitad del libro es mucho más valiosa como testimonio histórico. Kazantzakis sufre con la guerra fraticida y plasma sutilmente (intentando mantener su objetividad periodística) lo absurdo del conflicto en muchas ocasiones. Al margen de sus simpatías por la república denuncia el hecho de la guerra en sí mismo y el del sufrimiento humano de una forma conmovedora.

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