Evolución vs. creacionismo (II)

Como está lloviendo, no apetece salir y acabo de ver un documental sobre evolución humana lleno de imprecisiones y errores, pues me acaba de dar el punto para continuar con mis desvaríos. En la entrega anterior solté un rollo sobre el verdadero papel del azar en la selección natural y la evolución. El otro fundamento de la supuesta Teoría del diseño inteligente es el Principio de la complejidad irreducible, que viene a decir que algunos aspectos de los seres vivos son muy complejos como para haber evolucionado de elementos más sencillos, y, por tanto, debieron haber sido creados de golpe (léase entre líneas: por Dios o, en todo caso, por el Monstruo de Espagueti Volador). Ponen por ejemplo al perfectísimo ojo humano. Pues manos a la obra.

En primer lugar, vamos a aclarar que el ojo humano no es, ni mucho menos, cúspide de la perfección en cuanto a ojos se refiere. Nuestros ojos son muy buenos para nuestra vida diaria, especialmente de hace unos cuantos millones de años: para saltar de rama en rama hay que saber calcular distancias, por lo que una visión estereoscópica (3-D) se hace imprescindible. Además está bien que sepamos qué es el color rojo, para comernos una fruta madura y no una verde. Ahora bien, otros compañeros de phyllum, además, distinguen a sus presas gracias a una agudeza visual que nos supera con creces (las rapaces, por ejemplo). Las abejas no tienen nuestra agudeza visual, pero distinguen la luz polarizada y son capaces de calcular el ángulo de la luz con una precisión milimétrica que les permite localizar su alimento con gran precisión haciendo una triangulación ¡y lo hacen sin calculadora y sin saber trigonometría! ¡totalmente a ojo! (qué chiste más malo). Además, ven colores invisibles para nosotros (ej. ultravioleta) precisamente porque muchas flores (que a nosotros nos parecen blanquitas y sosonas) son de ese color. Es decir, cada cual tiene los ojos acorde a sus necesidades, tras una larga historia de interacción con el ambiente, lo que es compatible incluso con las teorías evolutivas más rancias.

Lo segundo que se me ocurre es que la complejidad nunca es irreducible. Toda la materia, por compleja que sea, es una sopa de quarks. Existen, sin embargo, distintos niveles de organización (ejemplo, células > órganos > individuo > población etc.) que no implican en ningún caso un “cambio de reglas” de la ciencia; simplemente son aproximaciones más sensatas para su estudio. Volviendo al ojo: su anatomía es realmente compleja:


Anatomía del ojo

Sin embargo no hay nada en él que no tenga un origen conocido y que no pueda ser explicado por una deformación gradual de estructuras preexistentes y de una diferenciación celular progresiva. He escaneado algunas imágenes del “ladrillo” de zoología de vertebrados (Kardong, 2003. Mc Graw Hill). A continuación, y teniendo en cuenta que el desarrollo embrionario reproduce muchos aspectos de la evolución, vemos cómo empieza a formarse el ojo en cualquier vertebrado.


Desarrollo del ojo 1

Se ven, simplificadas, las dos porciones anteriores del encéfalo del embrión (prosencéfalo y mesencéfalo) rodeado de la epidermis. A ambos lados del encéfalo se produce una proyección llamada “vesícula óptica” (ya vemos por dónde van los tiros). En la siguiente foto se ve un detalle de la vesícula óptica, ya avanzado su desarrollo:


Desarrollo del ojo 2

La vesícula óptica, a su vez, ha sufrido una invaginación en forma de copa que dará lugar a la retina. Por otra parte el ectodermo (la “piel” del embrión) se invagina para dar lugar al cristalino. El resultado es este:


Desarrollo del ojo 3

Es decir, un ojo funcional. Me he saltado muchas cosas, pero no es plan de que la gente se duerma leyendo; lo importante es que ningún elemento del ojo surge por sorpresa. Un creacionista perspicaz me preguntaría por la funcionalidad del ojo “a medio formar”, y yo se lo agradecería por habérmelo puesto así de fácil. Si bien nuestros ojos forman imágenes muy sofisticadas, enfocan automáticamente y muchas otras cosas, los ojos empiezan a ser útiles antes de tener todas esas cualidades: basta con distinguir la luz de la oscuridad. En términos incluso darwinianos eso ya supondría una posible ventaja, por lo que la posesión de una vesícula óptica sin diferenciar ya sería funcional. De hecho las formas más sencillas de ojo son una sencilla superficie epidérmica revestida de neuronas fotorreceptoras. Y una cosa más: ojos hay de muchos tipos; aunque nos parezca lo contrario, la evolución ha dado con varios mecanismos para detectar la luz. Aquí pongo otro escaneo muy revelador de la evolución de los distintos tipos de ojos animales. Nótese que el más sencillo de todos puede conseguirse directamente de una vesícula óptica sin diferenciar.


Evolución de los ojos en los animales (del Eckert, Fisiología animal, 1999. Mc Graw Hilll Interamericana)

Sin embargo, hay otros casos en los que, durante la supuesta evolución de un órgano, no es tan evidente que sea funcional antes de alcanzar su estado actual (ya hemos visto que el ojo no es un buen ejemplo). El estudio de estos procesos evolutivos han levantado a menudo mucha controversia que suele resumirse en la relación entre la función y la forma. Es un tema de bastante interés del que se tratará en la próxima entrega de esta somnífera serie.

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4 thoughts on “Evolución vs. creacionismo (II)

  1. Julián 9 enero 2006 / 17:55

    Impresionante.
    Soapy Sam estaría acojonado ante estos planteamientos.

  2. irichc 14 mayo 2006 / 6:38

    La tesis o eslogan de “la supervivencia del mejor adaptado” es comprometedora para el neodarwinismo, para el que la evolución no es más que una mezcla de azar genético y determinismo ambiental.

    Ahora bien, ésta, como toda visión reduccionista, tiende a su propio absurdo. ¿Por qué considerar sólo el azar positivo y no el negativo? El desarrollo de un nuevo órgano o función dará nuevas posibilidades brutas de supervivencia, pero también implicará nuevos riesgos (piénsese en la cantidad de accidentes que provoca el ingenio humano). En ese caso, ¿no habría sido más afortunado el que no experimentara tal mutación? ¿Cómo decidirse?

    Lo que es bueno para la supervivencia, por ejemplo, tener ojos o la capacidad de construir armas, también puede ser malo. Así, se hace patente que el más adaptado y el más afortunado no tienen por qué coincidir. Las cucarachas integran una de las pocas especies que, en caso de invierno nuclear, sobrevivirían en la Tierra. Y su supervivencia no vendría dada, por supuesto, del hecho imposible de haberse adaptado a un medio que no las precedió, ya que fue desencadenado con posterioridad.

    Además, llamamos azar a todo lo que no depende de nosotros, y eso no es exclusivo de las mutaciones. De hecho la mayoría de acontecimientos que nos suceden son, en base a la definición anterior, azarosos. Entonces, ¿es sensato valorar la adaptación de un organismo o especie a partir de elementos puramente fisiológicos y ambientales, obviando, en cambio, cualidades activas como la racionalidad o la inteligencia?

    Califico como inteligente a lo que no entra en las categorías de lo mecánico o de lo azaroso. Es azaroso, pues, lo irracional, aquello de lo que no se puede dar razón; y es mecánico todo fenómeno que no contenga en sí su propia razón. Ahora bien, el actuar de los animales es razonable y depende de sus facultades intelectivas, más o menos primarias. Se sigue, en consecuencia, que no es azaroso.

    Desde la perspectiva de su desarrollo histórico, es cierto que la inteligencia es producto de la evolución. Pero no es menos cierto que la evolución es, en parte, resultado de la inteligencia.

    Si la evolución no depende ni de la inteligencia, relativa al individuo, ni del azar, relativo a la inteligencia, sólo puede depender del orden. Como el orden no es azaroso, debe ser inteligente o mecánico. Sin embargo, para ser mecánico debería tener su razón fuera de sí. Pero no hay nada fuera de la naturaleza. Luego es inteligente.

  3. irichc 14 mayo 2006 / 6:54

    Sobre el ojo, escribe Bergson:

    “Darwin hablaba de variaciones ligeras que se van sumando por efecto de la selección natural. Ahora bien, para que el ojo, que ha experimentado la variación, sea más perfecto y el individuo sea conservado con preferencia a los que no poseen ese nuevo ojo, es preciso que éste funcione y para ello que todas sus partes se desarrollen a la vez en el mismo sentido, manteniendo su coordinación. Un perfeccionamiento de la retina exige un desarrollo paralelo en los centros visuales y en las partes del propio ojo. Pero no es posible que si esas variaciones son fortuitas se produzcan a la vez y en el grado requerido en todas las partes del órgano de manera que éste cumpla su función como antes. Por eso Darwin supone una variación insensible que no perturba el funcionamiento del órgano, el cual puede esperar las variaciones complementarias para dar el paso adelante. Pero si por el pronto no se menoscaba ni favorece el órgano, ¿cómo se agarra a ella la selección natural? Y por otra parte ¿cómo idénticamente se han producido las variaciones insensibles, por tanto, infinitas, en el mismo orden sobre dos líneas de evolución tan diferentes si eran accidentales y cómo se acumularon y conservaron en el mismo orden? Esta hipótesis como otras que no admiten más que lo fortuito al principio, tiene que recurrir después a lo coordinado y armónico en sumo grado”.

    La respuesta que recibe este texto en un blog es la siguiente:

    “Debo recalcar que algo que suele escaparsele al seleccionismo adaptacionista es que para entender la evolucion es clave entender que no todo rasgo es funcional y optimizado, ni tiene que estar favorecido por la selecioin natural para estar ahi y poder dar lugar a nuevos ragsos. Muchos rasgos, por ejemplo, surgen como correlatos estructurales, resulta que pueden haber tenido una funcion original “x”, pero por sus propiedades, posicion, etc, en un nuevo contexto pueden empezar a cumplir una funcion totalmente distinta, sin tener que haber surgido la nueva funcion por acumulacion alguna de pequeños efectos. Se llama exaptacion y la evolucion esta re-ple-ta de hermosos ejemplos, muy concretos. En el ojo mismo, por ejemplo, las proteinas traslucidas que conforman el cristalino ahi poseen un rol estructural, pero en su origen no era estructural, era enzimatica y catalizaba reacciones, una funcion del todo diferente (si uno aisla esta misma proteina del cristalino incluso puede comprobar que retiene su actividad enzimatica). La nueva funcion no surgio poco a poco, sencillamente esta proteina puede funcionar de las dos maneras.

    Mi sugerencia es abandonar completamente la nocion de que un cambio en una parte no tiene sentido sin un cambio correspondiente en otra parte; mas bien el cambio en una parte, si no molesta se queda y eventualmente pude darle sentido a un cambio que ocurra en otra parte. Esta repleto de casos, tambien, en que rasgos que podrian ser adaptativos estan presentes pero no tienen uso. Y no viene ningun ‘principio optimizador” a quitarlos, la naturaleza es mas caotica que esa vision ingenieril”.

    A lo que replico con una objeción y una duda:

    “No es que una variación sin correlato “no tenga sentido” porque no se dirige a ningún fin propio de la evolución (hay otros fines). El problema es que cambios así privan a la evolución misma, en su versión aleatoria o “caótica”, de un sustento empírico sólido. Pues tu “eventualmente” convertiría a la lucha por la supervivencia del más fuerte en la de la supervivencia del más afortunado a larguísimo plazo”.

    En otra parte leo una respuesta que no va dirigida a mí, pero que parece atenerse a la dificultad que planteaba (subrayado mío):

    “Y si bien las mutaciones genéticas son al azar, no lo es la selección natural, que permite propagar los cambios evolutivos que den ventajas reproductoras en función del ambiente, lo que hace que este mecanismo sea causal y que combinado con las mutaciones al azar engendre orden”.

    A partir de esta cita se subvierte el darwinismo, dado que cabe suponer que el entorno genera a sus individuos, cuya mayor o menor adaptación, sí, depende del azar genético, pero cuya adaptabilidad queda ya establecida de entrada frente a los sujetos de otros entornos (¿y qué hay de las especies migratorias?). Luego, o azar o hado, mas nada se deja a la cualidad individual, a la oportunidad particularizada. No es posible hallar lucha, sino teatro de títeres en este escenario de cartón-piedra. El darwinismo estrictamente materialista, que los “neos” intentaron salvar “in extremis”, ha perdido su elegancia explicativa para convertirse en un anodino juego estadístico.

  4. Rafa 15 mayo 2006 / 16:53

    ¿Qué hay detrás de tanta verborrea? No paras de asumir características de un supuesto darwinismo que no son ciertas. La mayoría de las afirmaciones que haces tan rotundamente son muy discutibles y obviamente interesadas. Por otra parte, las variaciones en el material genético son llamadas “azarosas” ni más ni menos porque tienen lugar de forma aleatoria, imposible de ser predichas pese a conocerse el mecanismo físico que da lugar a ellas. ¿Es compatible una inteligencia divina y superior con la evolución? sin duda ¿es posible demostrarlo o falsarlo? nunca. Y lo sabes.

    Respecto a la parrafada “trasplantada” a este blog sobre el ojo, me da la sensación de que no te has molestado en leer lo que escribí.

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