El valor del voto en blanco

¿Qué ocurriría si, en las próximas elecciones, más del 80% de los electores de una capital decide espontáneamente votar en blanco? Este es el planteamiento de la penúltima novela del portugués José Saramago. Lo que en principio es un derecho ciudadano, una expresión de hastío o de incapacidad de otorgar el voto a ningún partido concreto, se convierte en una sacudida del sistema. La primera reacción de los políticos es la de incredulidad: las elecciones se repiten un tiempo después, pero el resultado sigue siendo igual de contundente y cunde el caos entre la clase dirigente del país, que se lo toma como una verdadera amenaza a la democracia. No pasa desapercibida para el lúcido lector la evidente paradoja que supone creer que la expresión del 80% del pueblo (demos) sea en sí misma antidemocrática, pero cosas más raras se ven todos los días.

A Saramago le gustan bastante este tipo de “experimentos sociales” que suelen ser el argumento de sus novelas, pero esta es la más “política” de todas las que he leído, hasta el punto de convertir la narración en una dura crítica a las altas esferas del gobierno (y de los medios de comunicación). El consejo de ministros inicia una serie de medidas contra el supuesto complot antisistema comenzando, ni más ni menos, que por declarar el estado de sitio en la ciudad rebelde en cuestión. Seguidamente (y aquí es donde empieza la trama propiamente dicha) se procede a buscar al culpable, porque “tiene que haber un culpable”…

Advierto a quien no haya leído a Saramago que su estilo es bastante “peculiar”: este señor no emplea signos de puntuación que no sean el punto o la coma. No esperéis ni dos puntos, ni puntos suspensivos, ni guiones en los diálogos (ni siquiera saltos de línea), ni interrogaciones, ni títulos en negrita de los capítulos ni nada de nada. Sus novelas son áridas sucesiones de frases, separados por puntos y comas (algún punto y aparte de vez en cuando que te permite dejar de leer cuando llegas a tu estación). Ahora haré una maliciosa puntualización: es curioso que le hayan dado un premio Nobel a Saramago por hacer algo que a cualquiera de nosotros nos hubiera costado un disgusto en el colegio/instituto. Malicia aparte debo aclarar que ese estilo me encanta. Aunque parezca árido, a mí en el fondo me recuerda a cómo funcionan las cosas en mi cabeza, cómo voy saltando de pensamiento en pensamiento de forma continua; quizá por eso me siento tan cómodo leyendo a este autor, al que considero más que recomendable.

Para terminar, un par de frases que me han gustado de esta novela (es política de la empresa no destripar nada de la trama):

“Lo más natural del mundo, en estos tiempos en que a ciegas vamos tropezando, es que nos topemos al volver la esquina más próxima con hombres y mujeres en la madurez de la existencia y de la prosperidad que, habiendo sido a los 18 años, no sólo las risueñas primaveras de costumbre, sino también, y tal vez sobre todo, briosos revolucionarios decididos a arrasar el sistema del país y poner en su lugar al paraíso, por fin, de la fraternidad, se encuentran ahora, con firmeza por lo menos idéntica, apoltronados en convicciones y prácticas que, después de haber pasado, para calentar y flexibilizar los músculos, por alguna de las muchas versiones del conservadurismo moderado, acaban desembocando en el más desbocado y reaccionario egoísmo. Con palabras no tan ceremoniosas, estos hombres y estas mujeres, delante del espejo de su vida, escupen todos los días en la cara del que fueron el gargajo de lo que son.”

“El silencio que sucedió a estas palabras demostró una vez más que el tiempo no tiene nada que ver con lo que de él nos dicen los relojes, esas máquinas fabricadas a base de ruedecillas que no piensan y de muelles que no sienten, desprovistas de un espíritu que les permitiría imaginar que cinco insignificantes segundos escandidos, el primero, el segundo, el tercero, el cuarto, el quinto, fueron una agónica tortura a un lado y un remanso de sublime gozo al otro.”

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9 thoughts on “El valor del voto en blanco

  1. mariohpr 26 enero 2006 / 20:58

    Saramago es un genio. A pesar de esa puntuación “extraña” que utiliza, sus libros se leen sin darte cuenta, y, lo que es más importante, haciendo que giren los engranajes de nuestras neuronas.

    Yo recomendaria “Ensayo sobre la lucidez”, “El hombre duplicado” y “El evangelio según Jesucristo”.

  2. mariohpr 26 enero 2006 / 21:00

    Queria recomendar “Ensayo sobre la ceguera” en vez de “Ensayo sobre la lucidez”, que ya lo has recomendado tu.

  3. Rafa 26 enero 2006 / 23:45

    Estoy de acuerdo en lo que dices mariohpr, y tus comentarios me recuerdan que este libro tiene muchas sorpresas para los lectores de “Ensayo sobre la ceguera”, por lo que es incluso recomendable que se lea antes (aunque no es imprescindible).

  4. Julián 27 enero 2006 / 10:30

    A mí hasta ahora no me ha llamado la atención este autor. Pero tu comentario, Rafa, me ha abierto el “apetito” de leerlo.

    Gracias por ello.

  5. Esther 27 enero 2006 / 12:24

    Mmmm…qué interesante. Pues sí, me lo leeré en cuanto acabe con las novelas juveniles que mandamos a los niños en el insti. En cuanto a lo de la puntuación, no es tan rara (hay por ahí algún escrito que sí que es raroraroraro), y casi me atrevo a decir que no te habría costado disgustos en el colegio, siempre y cuando te hubieran pedido un texto literario, claro (recordemos, señores lectores, que las normas siempre son flexibles cuando de arte se trata, pero no en otros casos). A mí también me gusta mucho,y sí, creo que se acerca bastante a lo que es el monólogo interior, pero de una manera más inteligible. Hurra por Saramago y enhorabuena por tu blog. Mola.

  6. Esther 27 enero 2006 / 12:40

    Otra cosilla…Me hace ilusión colgar en tu blog mi último relato, inédito y en vías de ser presentado a algún concurso, que, para más INRI, tiene cierto tinte erótico que creo que te (os) podría gustar. ¿Te hace? (Es que me crearía mi propio blog, pero aún no tenemos internet en casa, y hacerlo desde el insti ya sí que es un canteo)

  7. Rafa 27 enero 2006 / 19:23

    Como quieras, pero quizá cambies de opinión cuando te demuestre lo sencillo que es. En todo caso pondría el enlace por si alguien se ha quedado con los dientes largos ;-)

  8. Rufo 29 enero 2006 / 23:56

    La verdad que tienes razon, ese estilo que tiene sin otra cosa que comas y puntos agiliza mucho la lectura, como bien dices, recuerda a la forma que dentro de tu cabeza tienes de asociar ideas. Yo tambien me leí el ‘Ensayo sobre la ceguera’, me acuerdo cuando van por la ciudad y se encuentran esa especie de predicador (en verdad se encuentran dos predicadores hablando de cosas exactamente opuestas), y se dedica a comentar de qué estan hablando… mola :D

  9. pipistrellum 10 junio 2013 / 23:40

    No se si conoces la iniciativa “Escaños en Blanco” o “voto en Blanco computable”.

    Consiste en cambiar el voto en blanco, por un voto que traduce los escaños vacios los votos de desacuerdo.

    http://www.votoenblancocomputable.org/

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