Crónicas épicas a metro y medio: Acto 1

El del cadáver

Esta terrorífica y verídica historia se sitúa en el parque que había frente a mi casa. Uno de sus elementos más importantes para nosotros eran las cuevas, que lejos de ser una reproducción de Altamira en versión columpio (los presupuestos del ayuntamiento no habrían dado para tanto), se trataban de una serie de huecos que había entre los setos espinosos que crecían sin control por todas partes. Las cuevas servían básicamente para meternos dentro y que nadie nos encontrara, y tenían un alto valor estratégico en varios juegos. Además había toda una serie de objetos exóticos como preservativos, jeringuillas y bolsas de matarratas, vamos, el lugar en el que todo padre querría ver jugar a sus hijos (nunca llegamos a entender por qué no nos dejaban ir, aunque por supuesto, íbamos).

Un día, según entrábamos en una de estas cuevas Marcos y yo, le dimos una patada a un montículo que había justo delante de la misma dejando al descubierto una pequeña superficie de pelo. Marcos, mucho más espabilado que yo, tuvo clara la interpretación de ese signo desde el principio: se trataba, sin lugar a dudas, de un cadáver humano. Amigos, ni os imagináis la influencia que tuvo este hallazgo sobre nosotros en los días siguientes. Para nosotros era evidente que ese descubrimiento debía ser un secreto entre Marcos y yo, y que no debíamos contarlo a nadie (¡qué curiosa es la forma de razonar de los niños!).

Desde entonces, había un vínculo que nos unía, compartíamos un terrible secreto que era demasiado pesado para dos personas, pero ambos sabíamos que no podía ser de otra forma. Por las noches yo tenía recurrentes pesadillas en las que se me aparecía un cráneo con una larga melena de pelo castaño y ligeramente rizado, tal y como se podía ver asomando por el montículo. ¿Pensáis que evitábamos el cadáver? ¡nooo! eso hubiese sido demasiado razonable. Para alimentar ese miedo, una pulsión autodestructiva se apoderaba de nosotros todas las tardes para visitar el cadáver y hablar sobre él, por supuesto, bajo el más absoluto secreto.

Sin embargo, el inevitable desenlace de este misterio vino de la mano de la propagación del terrible e insoportable secreto: una tarde, Lucas me dijo que no se creía lo de “el zombi”. Yo me pillé un cabreo monumental con Marcos (no porque lo hubiese dicho, sino porque yo había guardado el secreto y me moría de ganas por contárselo a Lucas). Cuando Marcos bajó al parque aquel día le eché la charla, y Lucas erre que erre que no podía ser un muerto (aguafiestas).

Total, que allí nos presentamos los tres, junto al montículo, conscientes del momento trascendental que íbamos a vivir. Lucas vio los pelos y mantuvo que no podía ser un muerto (aunque os juro que yo leí el terror en sus ojos) y nos pusimos a discutir. Marcos, incapaz de soportar la presión, en un gesto que me pareció audaz y heroico como pocas cosas, avanzó hacia el montículo diciendo que estaba harto, que iba a acabar con el misterio.

Con el corazón en un puño vimos asombrados cómo Marcos quitaba la arena de alrededor de la superficie peluda con la zapatilla haciéndola más y más grande. Por fin, con la puntera desenterró lo que era, inequívocamente, la pata trasera de un perro. “Es un perro” afirmó lacónicamente con cierto tono de decepción. Siguieron unos segundos de silencio (quizá por el alma del difunto chucho, cuyo descanso habíamos interrumpido) y volvimos a nuestras cosas olvidándonos de toda aquella historia.

Reflexiones:

– ¿Quién coño entierra a su perro en un parque? ¿Para qué? ¿Acaso pretendía llevarle flores? no creo porque el montículo estaba bastante abandonadito.
– ¿Por qué no le dijimos a nadie lo del zombi hasta que no pudmimos más? ¿Qué extraño mecanismo cerebral nos hizo pensar que era mejor mantenerlo en secreto?
– ¿Por qué visitaba una y otra vez al muerto a pesar del miedo que tenía? ¿Por qué seguí teniendo pesadillas con la calavera melenuda meses después de saber que era un chucho?

Amigos, hay misterios que nunca tendrán solución.

Preludio y títulos de todas las crónicas

Anuncios
Sin categoría

4 thoughts on “Crónicas épicas a metro y medio: Acto 1

  1. Rufo 6 abril 2006 / 4:47

    una vez lo nuestro fue con una rata real… que asco ara que lo pienso joer, nos encontramos la rata, la enterramos el primer dia, y luego estuvimos volviendo varios dias a desenterrarla para ver como avanzaba la descomposicion… por supuesto hasta que alguien se chivo. El caso es no recuerdo haberla tocado, algo de listo si tenia, eran los otros los que se llevaban el trabajo… ejejej

    Y no hace tanto, pero si es verdad que un perro se fue a morir a una de las parcelas de olivas de mi padre, en un radio de bastantes metros hubo un tiempo que no era cosa de acercarse, olia bastante fino, olia a cuco aquello… A ultima hora nos acercamos a verlo, pero no es cosa de entrar en detalles :)

  2. Rafa 6 abril 2006 / 11:03

    El perro este estaba más seco que un bacalao. Pero sé perfectamente a qué te refires porque hace unos años hice un curso de entomología forense (sí, en plan CSI). La parte práctica consistía en dejar un cerdito pudriéndose en el campo y ver qué especies de bichos se lo iban comiendo con el paso del tiempo y poder establecer una sucesión de insectos que sierviera de modelo en una supuesta estimación del momento de la muerte de un cadáver real. En mi vida he visto nada tan repugnante. Tenías que vernos a los alumnos, al principio mareados del asco y del olor y al rato peleándonos por muestrear (“¡Que se te escapa el derméstido, cógelo cógelo!”)… en fin

  3. biosfofo 7 abril 2006 / 18:27

    Y una vez más, Rafa, demuestras que los biólogos están muy mal del cráneo.
    en cuanto al Thriller infantil que nos relatas me gusta mucho, y me hace recordar como aquellas cosas que apenas tienen importancia son magnificadas y acaban en una gran historia (cuasi detectivesca) cuando somos niños

  4. pipistrellum 28 junio 2013 / 20:23

    Cerca de mi casa, menos de 2km, han enterrado un rorcual de 16 metros, en una zona en obras.

    Que haceis con mascotas difuntas? En la pelis americana van al vater, se supone que es más digno que la basura?

    Yo a todas mis mascotas las he enterrado en las macetas. Peces y tortugas. Mi familia dice que antes de nacer yo tuvieron un periquito que se escapo por la ventana, pero podria ser un complot como el de los Reyes magos.

    Un perro no cabe en las macetas, si no tiene jardin o el monte queda lejos, lo esperable en Madrid; puede que enterrarlo en una zona poco transitada sea una opcion a considerar..

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s