El congreso científico como microcosmos (y una anécdota de regalo)

Las vacas mugen, los perros ladran y los científicos se reúnen en congresos. Esa es una de las grandes verdades de la ciencia, aunque quien dice congreso puede decir simposio, coloquio, meeting, workshop, conferencia o reunión, pero lo importante es arrejuntarse con otros de la misma calaña.

El azar (o el destino) quiso que “celebrara” el día del orgullo friki en uno de estos congresos, cosa que me parece de lo más adecuado. La “frikidez” de estos eventos es mayor cuanto más específico es el tema y menos aplicaciones tiene. Investigar el musgo de los troncos de los enebros o el polen de las cacas fósiles de mangostas africanas carece del reconocimiento social (y la financiación) de los descubrimientos sobre el cáncer o nuevos métodos de cultivo de tomates, y eso curte, amigos del blogoplancton. Para dedicar la vida a indagar sobre “el ala de la mosca” (parafraseando a un antiguo profesor de filosofía) hay que estar un poco loco, especialmente si se tiene en cuenta las condiciones de precariedad existentes, y ser apasionado por el conocimiento en estado puro, y eso no es muy común. No tardan en llegar las preguntas de amigos y familiares tipo “¿y eso para qué sirve?” o, peor aún “¡Ah! ¿es que te pagan por hacer eso?”. Pues bien, ahora coged al puñado de personas que investigan sobre un mismo tema y juntadlos 3 días para que hablen precisamente sobre lo que les tiene sorbido el seso. El ambientazo es indescriptible (Imagino que en los congresos de humanidades debe pasar algo muy parecido).

La recepción de los congresistas, tempranito para aprovechar el día, comienza con el reparto de acreditaciones y las “chuches” variadas (mochilitas, bolis y cuadernos de los patrocinadores), imprescindibles para evaluar la calidad del evento. Aquí se reencuentran viejos amigos, o si eres nuevo, le pones cara a la gente de la que tanto has oído hablar. Seguidamente (quizá después de una conferencia inaugural por el “pope” de turno) comienzan las sesiones de paneles y comunicaciones orales que sumirían en el más absoluto sopor a cualquier persona normal. No es raro, sin embargo, que los asistentes se tiren 10 horas escuchando a la gente hablar sobre lo mismo una y otra vez. Algunas presentaciones en “pagüerpoin” consiguen levantar murmullos de admiración y otros de desaprobación sin razones aparentes para un lego. Muy curioso. Los momentos de descanso suelen ser muy productivos porque tienen lugar los mejores intercambios de ideas y no es raro observar a la gente entusiasmada con las ideas de los demás. ¡Imaginadlo! Después de meses o años de trabajo en tu burbuja, indagando sobre cosas que posiblemente nadie más sepa (quizá porque a nadie le importan) alguien se interesa por lo que has hecho y te pregunta ¡puedes reconocer públicamente que te parece interesante la forma del aparato reproductor de una polilla! ¡y nadie te mira raro!

Como colofón final suele hacerse una cena de clausura en la que el objetivo fundamental es demostrar que además de raros, los asistentes saben pasarlo bien. Estas cenas suelen acabar con cierto aire decadans al ver bailar “La Macarena” a los próceres del conocimiento humano sin asomo de vergüenza.

No sé si visualizáis la frikidez del asunto, lo mismo es que ya he perdido totalmente el norte.

Para darle más gancho a la entrada de hoy, os cuento una de las situaciones más estrafalarias que he vivido últimamente, precisamente en el congreso de la semana pasada, que tuvo lugar en una ciudad castellana de cuyo nombre no quiero acordarme. Básicamente había asistentes españoles y franceses, y siendo éstos últimos minoría (unos 15) tenían tendencia a hacer piña cuando la ocasión lo merecía. ¡Ay amigos! No me preguntéis cómo ni por qué, pero ¿a que no adivináis dónde acabé cenando la noche del primer día? Efectivamente. Embaucado por otra persona (cuyo nombre no mencionaré por pudor y por depender de ella mi futuro) terminé sentado en la mesa rodeado de franceses que sólo sabían decir “Holá, ¿qué tal?” (se descojonaban cuando alguno lo decía) en un restaurante de mala muerte. Sobre la elección del restaurante tengo un comunicado oficial que hacer:

Hipotético ami du blogoplancton que lees estas líneas:

Si algún día te hayas de visita por las Españas y cuentas con la compañía de indígenas locales, ¡por el amor de Dios! déjales a ellos elegir el lugar de la comida, cena o degustación ¿no ves que ellos conocen mejor los indicios para distinguir dónde se sirven buenos condumios y dónde rancho barato?

(Fin del comunicado)

Una vez en la mesa del restaurante (escogido por los franceses) y observando que mi único acompañante español pasaba de mi y se sentaba en la otra punta, me vi en una de esas situaciones incómodas de aislamiento lingüístico. Como es una situación que ya conozco sabía con certeza que si no ponía todo de mi parte por intentar integrarme un poco acabaría cogiendo fama de autista integral. Así pues, me agarré los machos y rebusqué en los estratos más polvorientos del telencéfalo mis amarillentos y quebradizos conocimientos de francés. ¿Alguna vez habéis intentado hablar un idioma que no tocáis desde hace dos años justo una semana después de haber hecho un examen oficial de una lengua totalmente distinta? Os garantizo que es una experiencia épuisante, sobre todo si te preguntan sobre la maduración de los dátiles del palmeral de Elche o las especies ibéricas de retamas. Estoy hecho un campeón.

El momento estelar fue, sin duda, el de la degustación de los caldos de la Iberia profunda. El señor camarero, quizá para mantener la inmerecidísima mala fama de los vinos españoles en Francia, nos trajo tres botellas de matarratas vino malo, con otras tres botellas de gaseosa (de la barata, barata) para evitar la intoxicación. Primer problema: los franceses (al menos estos) no conocen la gaseosa. ¿No va el tipo de enfrente y se bebe un vaso de gaseosa de un trago pensando que era agua con gas? La cara que puso fue bastante cómica, se le leían las ideas (“¿Qué coño es esto”? “Oh la la, Qu’est-ce que c’est?). Y luego claro, el vino a palo seco, ni se les pasaba por la cabeza la idea de mezclarlo ¡sacrilegio! Pues ni os imagináis el revuelo que se lió en la mesa porque la botella de ese extraño brebaje (la gaseosa) decía “0 calorías” y luego resultaba que en la letra pequeña sí que se marcaba un contenido calórico nada desdeñable…

En fin, ¡anda que no me meto yo en fregaos raros!

Evolución sin más (IV)

Respirar, masticar, oír y otros menesteres (2)

La respuesta al “enigma” que dejé en el aire el otro día (pese a la falta de entusiasmo, al menos aparente) tiene solución, por supuesto, y pasó de ser uno de los argumentos contrarios a la evolución a una de las evidencias favorables más famosas.

No hubo tal discontinuidad, no hubo salto. La transformación de los huesos articuladores de la mandíbula reptiliana en el yunque y el martillo se hizo gradualmente y sin dejar “al aire” la unión entre la mandíbula superior y la inferior. La respuesta se hallaría al descubrirse los fósiles del grupo de organismos precursores directos de los mamíferos: los cinodontos.

Os presento a Probainognathus, un cinodonto del Triásico medio con un cráneo maravilloso: presenta una doble articulación mandibular.

Y aquí una reconstrucción de un pariente suyo, Diarthrognathus, cuyo revelador nombre significa precisamente “mandíbula con dos articulaciones.

Efectivamente, esa es la solución al enigma; los cinodontos mantuvieron la articulación reptiliana articular-cuadrado Y ADEMÁS desarrollaron una nueva, la de los mamíferos (dentario-escamoso). Y así, la separación del articular y el cuadrado para desarrollar el oído medio de los mamíferos no presenta dificultades teóricas ya que la mandíbula permanecería bien amarrada con su flamante nueva articulación. ¿No es maravilloso? Veamos una secuencia detallada del proceso:

Si aún os mosquea ese cambio tan drástico en la función de unos huesos, quizá es que os falta por conocer un último dato: El cuadrado ya estaba en contacto con el primero de los huesos de oído medio (el que aparece en los demás vertebrados terrestres: el estribo). Realmente es un cambio muy sencillo porque el cuadrado sólo tiene que perder el contacto con los demás huesos del cráneo (recordemos que la mandíbula permanecía ya asegurada) excepto con el estribo. Como una imagen vale más que mil palabras:

Pues bien, ahora que conocéis este proceso sabed que la transición reptil-mamífero es una de las que mejor se conocen en la paleontología: se han hallado muchísimos fósiles de cinodontos entre el Pérmico y el Triásico que ilustran armoniosamente esta transformación ósea, que lejos de ser un misterioso y sospechoso salto por intervención divina, casi podría calificarse de lento y aburrido gradualismo (el proceso completo llevó más de cien millones de años ¡cien millones!). Si Cuvier levantara la cabeza…

Os pongo por último un esquema de varios fósiles que ilustran este proceso evolutivo. Se ven las mandíbulas inferiores y se destaca en amarillo claro el articular (Ar) que acaba transformándose en el martillo (Ma) y en rojo un hueso accesorio, el angular (An) que termina como parte del anillo timpánico (Ty).

Esto es sólo un ejemplo de lo sofisticada y a la vez chapucera que es la evolución: todo lo hace con el material del que dispone, ni inventa ni crea de la nada. Ejemplos como este los hay a montones, visitad el blog del Paleofreak para asistir en tiempo real a descubrimientos que se hacen constantemente sobre “eslabones intermedios” como este o este.

Los gráficos están modificados del libro de anatomía comparada de vertebrados de Kenneth V. Kardong (Editado en español por Mc Graw Hill Interamericana), libro que nunca me cansaré de recomendar, y de esta página web con algunos otros ejemplos curiosos.

Meme de personajes históricos

Nadie me lo ha mandado, pero este meme lo he encontrado cotilleando entradas antiguas de la Taberna de Ahores y me ha gustado el ratillo que he pasado entretenido haciendo mi elección. Consiste en nombrar tus 4 personajes históricos favoritos en cada una de las categorías. Allá voy.

ARTISTAS
Fidias Autor del conjunto escultórico del Partenón y del Zeus de Olimpia (una de las Siete Maravillas).
Miguel Ángel Es inevitable incluir a uno de los artistas del renacimiento. Me quedo con este.
Cervantes Pues sí, soy pro-Quijote.
Picasso Los hombres que revolucionan nuestra forma de ver las cosas son imprescindibles.

CIENTÍFICOS
Copérnico Primera gran revolución científica: la Tierra no es el ombligo del universo.
Newton Padre del cálculo infinitesimal, la gravitación universal, la dinámica clásica y la óptica ¿quién da más?
Darwin Segunda gran revolución científica: el hombre no es el objetivo de “la creación”. Todos sabíamos que lo iba a poner.
Einstein La apoteosis de la física: las cosas no son para nada como parecen (he dudado hasta el último momento entre él y Schrödinger)

LÍDERES
Alejandro Magno Una persona irrepetible… ¿existió realmente?
Adriano El emperador ilustrado.
Gandhi Sus enseñanzas son tan recientes y a la vez parecen tan olvidadas…
Atatürk Un personaje fascinante que convirtió al “hombre enfermo de Europa” (Turquía a comienzos del XX) en una república moderna y laica.

PENSADORES
Aristóteles Sentó las bases para nuestra comprensión del mundo durante más de 2000 años. Se dice pronto.
Kant Sólo un genio como él podía llevar a la civilización más allá de Aristóteles.
Nietzsche ¿Quién no se ha sentido fascinado por él en alguna ocasión?
Freud Otro revolucionario: tú no eres quien crees ser.

Como estoy en contra de los mensajes en cadena molestos, se lo paso sólo a quien quiera hacerlo de la lista de habituales (y a los moradores del blogoplancton que quieran, por supuesto, en un comentario).

Evolución sin más (III)

Respirar, masticar, oír y otros menesteres (1)

Hace tiempo que quería escribir un tercer post sobre evolución, a propósito también de las cosas que hemos estado hablando últimamente. Ya sé que son densos, pero en este blog hay sitio para todo, que no va a ser siempre jiji-jaja. Aclaro también que ya no los voy a llamar “Evolución vs. creacionismo” como en la primera y segunda entregas porque da la sensación de ser un debate entre ambas cosas y en el fondo yo sólo doy evidencias o explicaciones evolutivas. Así pues, se presenta en sociedad “Evolución sin más”.

Hoy quisiera escribir sobre uno de los procesos más fascinantes de la evolución: el origen de los mamíferos. El interés de este proceso es muy notable porque además de simplemente informativo es muy revelador. Fundamentalmente voy a referirme al devenir de los arcos branquiales en los mamíferos. “¿Branquias en los mamíferos?” os preguntaréis, pues sí, así es. Si bien como adultos no tenemos branquias, los embriones de todos los vertebrados terrestres muestran hendiduras branquiales (homólogas a las de los peces) en algún momento, y lejos de desaparecer acaban transformándose en estructuras concretas en un proceso paralelo al de la evolución. En el dibujo aparecen destacadas en morado.

Más que de branquias hablaré de los arcos branquiales (estructuras esqueléticas entre hendidura y hendidura). Pues bien, la evolución de estos arcos branquiales a lo largo y ancho del árbol evolutivo de los vertebrados-cordados es apasionante y nos ayuda a descubrir muchas cosas sobre nosotros mismos y nuestra identidad biológica. El primer arco branquial, ya desde grupos muy antiguos de peces, se articuló posibilitando abrir y cerrar la cavidad bucal inventándose así las mandíbulas. Los peces (en sentido amplio) conservan la mayoría del resto de los arcos branquiales en posición similar a la original, y como ya habréis adivinado son los pequeños arcos de “espina” que sostienen las branquias (acúdase con prontitud a la pescadería o descongélese una pescadilla no descabezada para comprobar este aspecto). Por tanto, los arcos branquiales, en los peces tienen una función respiratoria.

Los vertebrados terrestres no poseemos branquias, y sin embargo nuestros embriones muestran con claridad meridiana las hendiduras branquiales que nos vienen de serie desde nuestro super-tatarabuelo cefalocordado. ¿Qué es de estos arcos branquiales en los adultos de estos animales? La mayor parte de ellos se convierten en los cartílagos de la tráquea, pero lo realmente fascinante es que algunos pasan a convertirse en los huesos del oído medio, y aquí es donde enlazamos con el tema principal. Todos sabemos que los mamíferos tienen pelo y son vivíparos, por lo que nos vemos capaces de distinguir a uno de estos animales de, digamos, un reptil. Sin embargo, ¿cómo identificaríais un fósil de mamífero? Un esqueleto no nos dice si pone huevos o no, y posiblemente muchos antepasados de los mamíferos ya tenían pelo (Os recuerdo, por último, que los mamíferos primigenios sí que eran y son ovíparos).

La respuesta está precisamente en los huesos del oído: los mamíferos tenemos 3 en cada lado mientras que el resto de vertebrados terrestres (anfibios, reptiles y aves) tan sólo 1. La presencia de 3 huesos en el oído medio es uno de los caracteres definitivos que ayudan a un paleontólogo a afirmar que un fósil es de un mamífero. ¿De dónde han salido estos 2 nuevos huesecillos del oído? La respuesta puede que os sorprenda: de la articulación de la mandíbula. En este dibujo se muestra la condición mamiferiana del articular y el cuadrado (yunque y martillo en anatomía humana) y su situación de articulación de la mandíbula en los ancestros “reptilianos”.

Bien pensado esto no es tan descabellado, palpad con vuestros dedos la rama ascendente de la mandíbula inferior hasta llegar a su punto de articulación con el cráneo ¿dónde tiene lugar la articulación? Pues eso.

Este hecho que os cuento fue considerado una de las pruebas contra la evolución en el siglo XIX ni más ni menos que por el célebre anatomista francés Georges Cuvier. Venía a decir que cómo era posible que estos dos huesecillos se trasladaran gradualmente al oído abandonando su posición articuladora de la mandíbula sin desestabilizar las especies intermedias. En el momento en el que el articular y el cuadrado se separaran de su posición mandibular, la mandíbula dejaría de ser funcional y perdería las supuestas ventajas adaptativas conduciendo a la extinción de la especie. ¿Cómo pudieron los mamíferos dar un salto por encima de esta discontinuidad? ¿Se trata esto realmente de una prueba en contra de la evolución?

Como me está quedando un poco largo, pegaré la respuesta en uno o dos días. Mientras tanto pongamos a prueba vuestro ingenio:

Basándose en el paradigma evolutivo actual ¿podríais deducir alguna característica del esqueleto mandibular del grupo predecesor de los mamíferos? (me refiero obviamente a ese “vacío” que había en época de Cuvier entre las dos situaciones de las que os he hablado)

(Si sabéis la respuesta NO la digáis, y tampoco vale buscarlo y ponerlo, es sólo para amantes de los acertijos)

Pues eso, a darle al coco.

Exposición pública de intimidades “biogeek”

Sí sí, el día 25 fue el día del orgullo friki, vale, todos lo sabemos y no voy a insistir en eso. Lo del movimiento friki en general me parece simpático, pero como en tantas otras cosas se desvirtúa cuando se convierte en una moda, que es lo que al final acaba pasando. No se nos olvide que friki (freaky) es un término despectivo cuya mejor traducción es “raro”. Yo me siento raro, siempre me he sentido un raro y a estas alturas de la vida ser raro es la última de mis preocupaciones: todo el mundo debería estar orgulloso de sí mismo, y si te toca ser raro, pues nada, a disfrutar de tus rarezas.

Ahora bien, ¿es raro (friki) que te guste La Guerra de las Galaxias? La saga de Lucas es de las más famosas y vistas de la historia del cine ¿qué tiene de raro saber quién es Yoda y que te flipen las espadas láser? ¡Qué error asociar lo friki con StarWars sin más! Hacer un Destructor Imperial con tus propias manos es raro, es friki, pero tener todos los DVDs de la saga no (esas cosas puntúan mucho en el friki-test a pesar de todo). Yo me siento más identificado con las palabras geek o nerd que hacen honor a mi historia de empollón redomado.

Si no hice mención de este tema el día 25 fue por estar ausente, aunque ¡oh ironías de la vida! casi casi se podría decir que lo estuve celebrando ni más ni menos que en un congreso. Los que no conozcáis el ambientillo de los congresos científicos os sorprenderíais de lo “frikis” que son. Habrá reseña sobre el tema pronto.

Después de refunfuñar, acepto la invitación de Rufo para demostrar (pese a la vergüenza que me dan estas cosas) lo raro que puedo llegar a ser exponiendo públicamente una pequeña selección de artículos bizarros hechos por mí mismo o adquiridos que me he encontrado revolviendo las cajas de cosas viejas. Como no tengo cámara digital, he tirado de escáner.

CORRESPONDENCIA

1) Pequeño paquete del Jet Propulsion Laboratory (Pasadena, California) con fotos a color tamaño A4 de planetas, montajes del Hubble, tripulaciones y lanzamientos de la lanzadera espacial y un libro con imágenes del Voyager 2. Fechado en 1994, lo recibí tras escribirles en mi incipiente inglés preguntándoles qué había que hacer para ser astronauta.

2) Carta de la secretaria de Gerald Durrell (célebre naturalista y autor de libros como “Mi familia y otros animales“) fechada en 1995, poco después de su muerte, en la que me informa de las actividades de su zoo de Jersey y discute sobre la mejor manera de cazar una Mantis.

3) 7 boletines de la Amateur Entomologist´s Society de 1995 y 1996. ¿Cómo narices conseguí esto?

CUADERNOS DE CAMPO

Siguiendo el consejo precisamente de Gerald Durrell, cogí la costumbre de llevar siempre un cuaderno al campo para tomar notas de todas las plantas y animales que veía. Llevo haciendo esto desde el 15 de marzo de 1995 hasta hoy sin interrupción (son ya 8 cuadernos completos y creciendo), y aunque a muchos esto ya les parece algo muy raro en sí mismo, hay algunas secciones que merecen una mención aparte:

1) Cálculo del ángulo de incidencia del sol en el solsticio de verano de 1996. Absolutamente artesanal, aplicando la trigonometría aprendida ese curso y con un gnomón que me hice yo mismo.

2) Seguimiento nocturo de los gatos callejeros del barrio. En verano suelo tener insomnio, así que me dio por salir a la terraza con unos prismáticos hasta que aprendí a distinguir a la decena de gatos de los alrededores y sus respectivos territorios (todas las observaciones están registradas con fecha y hora)

3) Experimentos sobre la sexualidad de los grillos. Los estuve criando en casa durante un año o así y hacía experimentos sobre si las hembras tenían preferencias por los machos según su canto. Como conclusión destacable, me pareció que las hembras tenían preferenias por los machos que habían vivido con ellas durante un tiempo antes que con desconocidos. ¿algún comentario al respecto?

ESTUDIOS

1) Resúmenes de selectividad. Uno de los mayores éxitos de mi método patentado de estudio: COU entero resumido en 9 folios.

2) Mega-póster de 4 hojas A-2 con las rutas metabólicas humanas (incluyendo las enzimas y la regulación de las reacciones). Una obra titánica. Me recuerda que desarrollé un sistema taquigráfico para estudiar bioquímica metabólica que daba buenos resultados. Si hay alguien interesado que pregunte.

COLECCIONES

– Sellos
– Monedas
– Minerales-rocas
– Fósiles (la mayoría recogidos por mí mismo)
– Insectos (colección comenzada en 1995 con alfileres de costura, especialidad en lepidópteros y coleópteros ibéricos). Algo abandonadilla últimamente por falta de espacio
– guías de campo
fotos guarras

Bueno y paro ya que es excesivo y me está dando vergüenza ajena, o, … espera, ¡es propia!

Teorías teóricas, teorías prácticas y la madre que las parió: aclarando conceptos

Como parte de mi cruzada personal por la defensa de la dignidad de la Evolución, me gustaría aclarar ciertas cosas que se dicen por ahí sin criterio. Me animo a escribir esto tras el éxito del post sobre el cómic creacionista que trajo bajo el brazo 25 comentarios a día de hoy y ciertas polemiquillas. Insisto e insistiré mientras me duren las fuerzas: no hay que ignorar al creacionismo, es un problema serio que hay que erradicar lo antes posible, pues muchos son los intereses para que permanezca como una alternativa verdaderamente científica.

Si bien el creacionismo no es, al menos de momento, una verdadera amenaza en España (El Vaticano es mucho más razonable en este aspecto que otras confesiones cristianas) se expande preocupantemente entre ciertas iglesias americanas, sobre todo en Estados Unidos. Aunque la intención informativa y didáctica que me propongo también es necesaria entre los españoles, la dedico especialmente a los lectores de Latinoamérica y Estados Unidos (en número creciente durante las últimas semanas según las estadísticas).

Es frecuente oír en círculos creacionistas expresiones como:

La Teoría de la Evolución es sólo eso, una teoría más, que nunca se ha demostrado del todo como verdadera y por tanto nadie debería objetar que se presenten teoría alternativas.

Las afirmaciones de este tipo son rotundamente falsas y no deberían confundir a partir de ahora a ningún lector. Creo que el principal motivo de estos equívocos son las distintas acepciones de la palabra “teoría” en según qué marcos referenciales. El diccionario de la RAE-online dice:

teoría. (Del gr. theoría).
1. f. Conocimiento especulativo considerado con independencia de toda aplicación.
2. f. Serie de las leyes que sirven para relacionar determinado orden de fenómenos.
3. f. Hipótesis cuyas consecuencias se aplican a toda una ciencia o a parte muy importante de ella.
4. f. Entre los antiguos griegos, procesión religiosa.

en ~. 1. loc. adv. Sin haberlo comprobado en la práctica.

La sensación que uno tiene después de leer por encima esta definición está en consonancia especialmente con el uso cotidiano que se le da a la palabra y a sus derivados. Así decimos “esto sólo es válido en teoría” o “mi teoría sobre los acontecimientos” de forma que todo lo “teórico” tiene connotaciones inciertas o hipotéticas.

Sin embargo, desde el punto de vista de la ciencia, una teoría es algo muy diferente. Me gusta la definición que hay en la versión española de la Wikipedia:

Una teoría científica es un sistema abstracto hipotético-deductivo que constituye una explicación o descripción científica a un conjunto relacionado de observaciones o experimentos.

Las diferencias respecto a las acepciones del día a día son muy notables, incluso si se compara con las acepciones 2 y 3 de la RAE, que resultan bastante torpes. Amigos del blogoplancton, una teoría científica es la máxima aspiración que puede tener una nueva idea o concepto e implica una capacidad de explicación de las observaciones y acontecimientos, así como la predicción de otros nuevos. La teoría es la culminación de la aplicación del método científico hipotético-deductivo y esto también es muy importante. Una verdadera teoría científica tiene como origen la observación de la naturaleza, la formulación de hipótesis que expliquen los acontecimientos y la verificación (o falsación) de esa hipótesis o conjunto de hipótesis mediante experimentos críticos u otras observaciones de contraste. Es decir, que no se construyen en la barra de un bar tomando unas cañas o por revelación divina inspirada por el Espíritu Santo. Darwin tardó una circunnavegación terráquea, 20 años y muchos, muchísimos dolores de cabeza hasta que presentó unas hipótesis medianamente coherentes que, a su vez, tardaron décadas en ser debidamente contrastadas hasta erigirse como paradigma de la Teoría Evolutiva (con mayúsculas). Es por eso que me jode que vengan dos mormones a recitarme cuatro salmos y dar por terminado todo el asunto.

Las teorías científicas, por cierto, no suelen ser consideradas “verdaderas o falsas”, sino que son modelos de la realidad. Permanecen vigentes mientras pueden explicar satisfactoriamente los fenómenos naturales y son rechazadas (o englobadas) cuando otra teoría los explica mejor. De momento el paradigma darwinista se defiende muy bien en su posición, y nadie ha propuesto una teoría alternativa que explique mejor el hecho de la evolución.

Otra cuestión que es necesario aclarar: la relación entre darwinismo y evolución, palabras tratadas a menudo como sinónimos sin serlo. El concepto de evolución biológica es anterior a Darwin y se refiere simplemente a la idea de que las especies de organismos no se mantuvieron inmutables a lo largo de la historia de la Tierra, sino que se transformaban de unas a otras (sin especificar cómo). Esta corriente de pensamiento nace tras los descubrimientos de las leyes estratigráficas por Charles Lyell y el número creciente de especies fósiles que empezaban a requerir una explicación. La evolución biológica fue, por tanto, una consecuencia lógica del incremento del conocimiento humano sobre la naturaleza. Lógicamente al principio tuvo poca aceptación (y cariz herético) pero las verdades tienen tendencia a abrirse camino.

¿Cuál es, por tanto, el papel de Darwin en todo esto? El motivo por el que se tiene un respeto y reconocimiento especial a Darwin (que no adoración religiosa) es por la meritoria hazaña de proponer, entre las distintas “hipótesis evolutivas” que medraban a mediados del siglo XIX una que resultó ser lo suficientemente solvente a lo largo del tiempo como para constituir el paradigma de la Teoría Evolutiva actual. Así, los descubrimientos sucesivos de la segunda mitad del siglo XIX y todo el siglo XX han contrastado positivamente el paradigma darwinista. Esto no significa que a día de hoy se tenga al “Origen de las especies” como una especie de Biblia o libro de fe. El darwinismo original ha crecido y se ha modificado gracias a aportaciones variadas, especialmente desde el campo de la genética. La ciencia ha ido puliendo el darwinismo como escultor que talla el mármol descubriendo la obra de arte que hay dentro aunque manteniéndose reconocible la forma original, la que sacó a la luz Charles Darwin en 1859.

Amigos del blogoplanton: recordad y difundid que la Teoría Evolutiva (mayúsculas) no es “una teoría más”, sino una genuina teoría científica, con todas las garantías que tan magna denominación ofrece a quien conoce el método hipotético-deductivo. Recordad también que la evolución biológica (minúsculas) no es teoría, sino práctica: un hecho incontrovertible que la ciencia debe intentar explicar de forma lo más satisfactoria posible (hasta que alguien encuentre algo mejor, será con el paradigma darwinista).

Reflexiones de un día de Internet

Hoy ha sido el día de Internet. Con nuestro ritmo de vida diario tampoco es que lo hayamos celebrado especialmente (como tampoco ocurre, por otra parte, con efemérides más importantes) pero es obvio que la inmensa mayoría, de los que leéis estas líneas usáis Internet con regularidad. A pesar de todo, sea o no su día, creo que no está de más reflexionar sobre el potencial de un instrumento cotidiano de nuestro trabajo y nuestro ocio.

El primer recuerdo que tengo de Internet es de mediados de los 90, cuando en un intervalo de pocos meses distintos artículos de los suplementos de los periódicos, la única prensa que leía, hablaban de las “Autopistas de la Información”. Por aquel entonces todo sonaba muy vago y además tenía una pátina como de empanada mental inmensa, vamos, de fantasía de cuatro locos. La Red fue colándose poco a poco en nuestra vida. El correo electrónico, los portales, los buscadores, los chats, el messenger, los blogs,… casi sin darnos cuenta nos familiarizamos con una nueva dimensión de nuestra vida que va a determinar el futuro del mundo y de la comunicación entre las personas.

El futuro nunca es como se espera. El siglo XXI debía haber sido el de los coches voladores, los teletransportadores, los viajes galácticos,… ni los escritores de ciencia ficción ni los profetas y adivinos podían imaginar algo como Internet. De hecho, si tuviéramos que definirlo con pocas palabras a alguien que nunca ha estado en contacto con ella (Internet es femenino, ¿no?) nos costaría hacerle entender las posibilidades que ofrece. ¡Y no estoy hablando (sólo) de música gratis, compra de entradas y fotos guarras! Lo que realmente es alucinante de Internet es la transmisión de información. Ahí más que en ningún sitio es donde la Red ha supuesto un antes y un después: bases de datos online, consultar la prensa de todo el mundo actualizada al minuto, democratización de la información, y un larguísimo etcétera.

Y aquí es donde hay que empezar a tener cuidado. Por experiencia propia sé que una cosa es la cantidad de información y que otra es la calidad de la misma. Internet es una fuente de datos que, en bruto puede enterrar vivo a cualquiera. Internet no sustituye a la formación individual, más bien al contrario: cuando mis amigos profesores me cuentan que sus alumnos entregan trabajos corta-pegados de la red (fácilmente distinguibles por la carencia de coherencia textual incluso en su estado original) llego a esa misma conclusión. Precisamente ahora que los volúmenes de datos son tan inmensos es cuando más necesaria se hace la capacidad del individuo de separar la paja del grano y de sintetizar todo lo que está a su alcance. Esto es especialmente importante si tenemos en cuenta la estructura de red que toma nuestra sociedad, ya que Internet nos conecta a todos, que como pequeños nodos emitimos y recibimos pequeñas cantidades de información.

Este concepto de Red Global y el sabernos integrantes de ella va más allá de un sistema mecánico. En el fondo se está tejiendo una auténtica red neural, y más que de nodos deberíamos hablar de neuronas, de células vivas que reciben, procesan, sintetizan y emiten información exactamente igual que el tejido nervioso. Tal y como ocurre en los tejidos vivos, la red como tal adquiere propiedades nuevas, que van más allá de la suma de sus partes. La naturaleza y “comportamiento” que adquiera la Red que se está empezando a formar ahora es un misterio. Como neuronas-nodos integrantes de la misma también tenemos una responsabilidad, si bien infinitesimal, del resultado del tejido que nos une.

Nota final: la televisión fue sin duda un gran invento, también de enorme potencialidad pero… ¿en qué se ha convertido? Pongamos nuestro grano de arena por una Red Global que merezca la pena. Tú también construyes Internet.