Esperando a los bárbaros

J. M. Coetzee, 1980
DeBolsillo, 4ª ed. Barcelona 2004

John Maxwell Coetzee nació en 1940 en Ciudad del Cabo, y a sus 66 años es uno de los escritores sudafricanos más célebres y el cuarto galardonado con el premio Nobel de literatura, que recibió recientemente (2003). Su obra está fuertemente influida por el apartheid y los sangrientos acontecimientos que se vivieron bajo ese régimen, y “Esperando a los bárbaros” no es una excepción. El título está inspirado en el poema del alejandrino K. Kavafis donde acontece de forma idealizada el último día del Imperio Romano.

El libro de Coetzee también está situado en un imperio, pero en este caso fuera del espacio y del tiempo, un imperio vago del que nunca conocemos su ubicación pero que es omnipresente y opresivo. El protagonista es un viejo magistrado de una plaza fronteriza del imperio que ha llevado una vida plácida ocupada en tareas cotidianas hasta la llegada de los militares, obsesionados con una (supuesta) invasión bárbara inminente. El magistrado reacciona con desconfianza ante los militares imperiales, ya que ha tratado a los bárbaros durante toda su vida debido a los intercambios comerciales de ambos pueblos y los conoce bien, desconfianza que crece tras las primeras acciones del ejército, tomando prisioneros a pescadores e interrogándoles bajo tortura.

Este hecho, que es observado por el protagonista de forma fortuita, supone el fin de la vida apacible y burguesa que ha llevado al ser consciente de las irregularidades que acomete el ejército, desconocedor de las tradiciones centenarias de la zona. Es este comportamiento avasallador el que supone el verdadero riesgo de una confrontación violenta entre dos pueblos que hasta entonces han convivido. La ignorancia sobre el que es diferente da paso al miedo y comienzan a tomarse medidas “preventivas” que terminan dando paso a la completa degradación del ser humano por medio de la tortura y la esclavitud. La situación para el protagonista se complica aún más tras ayudar a una joven prisionera bárbara a regresar con los suyos, acto que es identificado como una traición.

Me ha sorprendido la capacidad del autor de compaginar situaciones de gran ternura y sensibilidad con otras de atroces torturas, confrontación que es en el fondo la alegoría constante a lo largo del libro: el amor contra la guerra, la comprensión contra la ignorancia, la convivencia contra el miedo, la civilización contra la verdadera barbarie, la del hombre que deshumaniza a su igual.

Siguiendo la costumbre, os pongo un fragmento que corresponde a un monólogo interior del magistrado tras intentar, sin éxito, detener una tortura pública de prisioneros:

Las palabras que me impidieron pronunciar hubieran sido quizá insignificantes, palabras que ni siquiera hubieran encontrado eco en el gentío. Después de todo ¿qué defiendo aparte de un código anticuado de comportamiento caballeroso con los prisioneros enemigos, y a qué me opongo si exceptuamos la nueva ciencia de la degradación que mata a los hombres de rodillas, desconcertados y deshonrados a sus propios ojos? ¿Hubiera osado enfrentarme a esa multitud en demanda de justicia para esos ridículos prisioneros bárbaros con el trasero al aire? “Justicia”: una vez que se ha pronunciado esa palabra, ¿hasta dónde nos conduciría?

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4 thoughts on “Esperando a los bárbaros

  1. Graciela 4 junio 2006 / 18:50

    Pero lo mejor y más triste del libro Rafa es que como todos los buenos escritores vieron por el caleidoscopio del miedo lo que iba a pasar 14 años antes de que pasara. No narra lo que pasaba en el año 80, ni lo que había pasado en el 76 (cuando mataron a Steven Biko) sino lo que estaba por venir. Si bien la transición sudafricana ha sido empleada como ejemplo de pacifismo y buen hacer politico cuando la miras de cerca te das cuenta de que ningún poblador de esa tierra esta exento de culpa. Lo que más me gusto del libro es que lo que me suele gustar de casi todos los que recuerdo con emoción (pelitos de punta) y es que te das cuenta de que ni la verdad, ni la bondad, ni la maldad, ni la justicia, ni la perversión existen en el hombre forma absoluta. Si te da por leer “Desgracia”, del mismo autor, agárrate los machos (te va a gustar). Por cierto aprovecho tu blog como plataforma para dar un dato sobre el autor; NO es nada querido en Sudáfrica, tanto es así que poquísimos saben que le han dado un Nobel. ¿Por qué será?

  2. Rafa 4 junio 2006 / 23:03

    Lo que estaba por venir en Sudáfrica y lo que se viene repitiendo periódicamente por todo el mundo. Lo de la contemporaneidad de las guerras preventivas y la tortura de prisioneros no lo he querido comentar porque parece que siempre digo lo mismo, pero es escalofriante darse cuenta de que parece que es un libro escrito como consecuencia de la segunda guerra de Irak. Te agradezco que me hayas presentado a este autor, aunque creo que necesitaré un respiro antes de leerme “Desgracia”, porque ya me dijiste que “Esperando a los bárbaros” era de los menos duros y a mí me ha dejado en estado de shock.
    Y sí que es revelador saber que no es querido en su tierra.

  3. Ahores 5 junio 2006 / 0:58

    Lástima que quienes leemos estos libros seamos precisamente los que no necesitamos saber esas cosas, y que quienes necesitarían aprenderlas nunca los leerán…

  4. Alfie 7 junio 2006 / 13:43

    Es una pena pero así es. Ya tengo otro libro en la cartera para ser leido, Dios mio, no tengo tiempo para leer tanto. Pero prometo leerlo cuanto antes.

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