Europa desde Turquía

Moradores todos del blogoplancton:

He vuelto.

Volver casi siempre es algo difícil, y retomar la actividad del blog también. Después de quince días, cuatro vuelos internacionales (uno de ellos en primera clase gracias al overbooking), un vuelo nacional, 4036 kilómetros de camino por las carreteras turcas y muchas vivencias inolvidables tanto profesionales como personales se me hace un mundo intentar condensar el viaje de una forma no indigesta.

Podría hablaros de Gaziantep, de sus huertas de pistacheros, de sus barrios artesanos y del calor procedente del desierto sirio. Podría hablaros del golfo de Alejandreta-Iskenderun, la punta más oriental del Mediterráneo, y de lo inaccesibles que son los bosques húmedos de los montes Amanos. Habría un lugar privilegiado para la espectacular cordillera de los Montes Tauros, sus bosques de cedros y abetos y sus ciudades legendarias, capitales de reinos desaparecidos. Podría aburriros soberanamente hablando de Jonia, de sus costas míticas y sus maravillosos parques nacionales, y aún así me quedarían fuerzas para torturaros con el relato de los encantos de Estambul y de cómo se te eriza el pelo cuando oyes al muecín de la Mezquita Azul llamar a la oración al atardecer.

Para evitaros pasar por ese trago, prometo racionar mis batallitas turcas en cómodos taquitos de jamón para degustar cómodamente y prometo incluir una selección de fotos en el álbum de Flickr cuando estén reveladas, que un servidor aún no tiene cámara digital. Para mi reentrada en el blogoplancton prefiero expresar algunas relaciones intempestivas sobre este país y su relación con Europa.

Este es mi segundo viaje por Turquía. El anterior discurrió por unas regiones muy distintas: la costa del Mar Negro y las regiones pre-caucásicas, aunque en ambos casos se trata de viajes que recorren zonas muy rurales y generalmente alejadas de grandes centros turísticos. Por supuesto no es que me considere ningún experto en Turquía ni muchísimo menos, pero sí que he aprendido algo de este país y de las relaciones bilaterales con la Unión Europea desde un punto de vista, digamos ideológico.

Podría resumir mi tesis diciendo que los turcos tienen mucho más claro que nosotros lo que es la Unión Europea. ¿Qué clase de “club” es uno en el que los que están fuera quieren entrar y los que están dentro lo tratan con apatía e indiferencia pese a los beneficios objetivos que han sacado? Me estoy refiriendo, por supuesto, al bloqueo del Tratado de la Constitución Europea, recibido con bostezos de abstención (caso de España) o con rotundos “noes” que parecían más bien dirigidos a un gobierno que a un texto (caso francés).

No voy a enfrascarme en el tema de la abortada constitución, quizá en un futuro venga más a cuento retomar el análisis del texto, pero estaréis de acuerdo conmigo en que la sociedad europea cada vez parece más indiferente a los progresos políticos de la Unión (también a los estrictamente nacionales, me temo). ¿Indiferencia ante una clase política demagoga y corrupta? No me cabe la menor duda, pero no tomar partido no hace sino empeorar la situación. Como europeísta apasionado (a veces quizá en exceso) no dejo de echar de menos la presencia de las grandes personalidades políticas que impulsaron, por ejemplo, el Tratado de Maastrich del 92. No es sólo cuestión de la constitución, es la apatía y la indiferencia lo que me preocupa ¿Progresará alguna vez el concepto de una Europa unida más allá de los aspectos mercantilistas? Ni idea.

Y en esta situación de incertidumbre uno viaja a Turquía y ve que las matrículas tienen un rectángulo azul a la izquierda con las letras identificativas del país (TR), como a la espera de que alguien añada la coronita de doce estrellas amarillas. Este detalle no hace más que reflejar la voluntad de un pueblo que desde comienzos del siglo XX quiso integrarse plenamente en el concepto moderno de estado y desde mediados de ese mismo siglo lleva pidiendo el ingreso en la CEE/UE. El ingreso de Turquía presenta problemas titánicos que no voy a negar. En estos momentos, desde luego, no se encuentra preparada ninguna de las dos partes, pero la diferencia de voluntades es muy llamativa puesto que mientras en la UE reina el escepticismo e incluso el rechazo de plano en Turquía, incluso en los pueblos perdidos donde no han visto a un extranjero en mucho tiempo, hay un nosequé de voluntad sincera de modernidad y cosmopolitismo que me resulta conmovedor.

Este asunto debe plantearse como un reto. A Turquía le queda aún mucho camino por recorrer, pero tiene el tiempo de su parte y la fortaleza y el impulso de una nación joven y con chispa. Pero a nosotros también nos conviene trabajar por este objetivo en unas condiciones que sean las adecuadas para todos los millones de europeos y mirando más allá de la inmediatez. Estoy seguro de que Turquía contribuiría a definir la esencia de “lo europeo” y a extender la burbuja de paz y prosperidad a entornos donde es muy necesaria, como Oriente Próximo.

El desconocimiento de los que son distintos produce con frecuencia rechazo o recelo, pero a veces son más las cosas que unen que las que separan. Turquía no es un país musulmán más (entre otras cosas es un país laico desde los años 20). Conviviendo con costumbres ancestrales religiosas y conservadoras hay una tolerancia apreciable a la modernidad y a la libertad individual. No hay que irse a Estambul para ver, por ejemplo, grupos de niñas sin velo jugando a la salida del colegio o chicas que van en top por la calle sin que nadie se escandalice. Cosas por el estilo no las vi viajando por los pueblos y ciudades provincianas de Marruecos, por ejemplo, uno de los países más abiertos de la Liga Árabe. Se me hace muy plausible que la ciudadanía turca desee compartir los ideales de libertad y democracia sobre los que se asienta, al menos en teoría, la Unión Europea. Nosotros también tenemos mucho que ganar.

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4 thoughts on “Europa desde Turquía

  1. ricardo 28 julio 2006 / 10:45

    Apasionante lo que dices de Turquía. Es conmovedor saber que alguien tiene claro lo que es la UE porque lo que es nosotros, ni idea. Supongo que la entrada de Turquía sería un soplo de aire fresco y se acabarían las majaderías de los que quieren una Europa de “tradición cristiana” pasándose a un concepto más laico y cosmopolita. No onstante, todavía queda camino por recorrer (económicos y estructurales) aunque desde este lado deberíamos premiar lo ya realizados con etapas intermedias de integración/asociación. En cuanto a la cámara ¿Cómo es posible que te vayas a buscar muestras vegetales a Turquía y no te lleves equipo digital para hacer el reportaje?

  2. edryas 28 julio 2006 / 11:19

    Recuerdo una frase que vernía en mi libro de historia: “la Europa de los pueblos no es la Europa de los bancos” ¿Por qué me da la sensacióin de que la unión europea lleva fraguándose siglos sin resultado?, ¿para qué nos vamos a unir si, en el aspecto que interesa (económico) ya estamos más o menos unidos? Aquí sólo vende lo que da dinero, piensa en Hallowen,je,je.

  3. Esteban 28 julio 2006 / 21:03

    Hola Rafa, al fin me decido a dar una vuelta por tu pequeño espacio virtual de comparticion de cosas, luego de ver tu nombre tantas veces en la Divina Paradoja de Gabi.
    Es muy interesante lo que contas sobre Turquia y la UE, y te lo digo como un Argentino que desearía poder tener una verdadera union latinoamericana mediante el mercosur (su nombre te indica que por ahora es solo un mercado comun, pero poco a poco va cambiando). Aqui se ve tambien, como a la gente parece importarle poco lo que no tiene que ver con su propio bolsillo en lo inmediato. ¡Tanto podriamos ganar de la union, y sin embargo, queremos dividirnos siempre! En ese sentido, un pais que busca unirse y no dividir, es siempre un ejemplo.

  4. Rafa 29 julio 2006 / 9:33

    Ricardo: totalmente de acuerdo con tus puntualizaciones. Sobre la cámara te aclaro que no soy el único del equipo que lleva una, pero sí el único que la llevaba analógica :-P Tengo mi Pentax desde no hace mucho tiempo y quiero seguir aprendiendo a usarla antes de pasarme a lo digital, ¡ah! y también influye lo caras que son las digitales buenas, claro.

    Edryas: Creo y espero que sí que haya voluntades de ir más allá de la Europa de los banqueros. El camino no es fácil, pero la iniciativa es única en la historia del mundo, merece la pena intentarlo.

    Esteban: Gracias por venir, estás en tu casa. Es interesante que menciones el Mercosur, a mí me parece una idea estupenda y me trae recuerdos de un amigo colombiano que me habló de ello por primera vez. Estoy de acuerdo en que Latinoamérica tendría mucho que ganar con un proyecto así: a pesar de las dificultades que pudiera generar a corto y medio plazo, también creo que las uniones (bien hechas) siempre son más beneficiosas que las fronteras.

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