Crónica de la Noche en Blanco 2006

El excelentísimo alcalde de la Villa de Madrid, Alberto Ruiz Faraón, ha debido pensar que ya estaba bien de torturar a sus ciudadanos con zanjas, vallas y suspensión en los transportes públicos y en vista de la cercanía del año electoral llegó a la conclusión de que era el momento adecuado para las paladas de arena. Preocupado como él está de que los jóvenes (y los mayores) se den al alcohol, las drogas y el sadomasoquismo durante la noche de los fines de semana él mismo, junto con otras cabezas pensantes de las administraciones correspondientes, se dispusieron a ofrecer al populacho un macrobotellón cultural: señoras y señores, con ustedes la Noche en Blanco.
El concepto de Noche en Blanco nació en París en 2002 (pero allí se le llamó Nuit Blanche, ojo, que en Francia son tan cultos que hasta los niños hablan francés desde edades muy tempranas) y básicamente consistía en que los museos, teatros y cosas así estuviesen abiertos toda la noche para disfrute de los parisinos. La idea poco a poco fue calando y este año ya son 5 las ciudades europeas que la han celebrado o la van a celebrar: Riga, Roma, Madrid, Bruselas y París. La idea (según palabras de un politiquillo menor que lo explicaba en la caja tonta) era ofrecer al ciudadano un “tapeo” de actividades en museos, teatros, centros culturales, cines, y la propia calle que van desde danza y música hasta exposiciones y malabares, todo ello “gratis total”. Un centenar de actividades estaban programadas para la noche del 23 al 24 de septiembre, coincidiendo con la luna nueva y con el equinocio de otoño. Ya os podéis imaginar que un servidor se hizo con el programa de la noche que tanto prometía, más que nada para esquivar la monotonía de hacer siempre lo mismo y con la esperanza de que este tipo de actividades se repitan en el futuro. Pues bien, con algunos amiguetes, este copépodo se hizo el siguiente plan nocturno:

LA NOCHE EN BLANCO: PLAN COPÉPODO

21:30 Teatro al aire libre en la plaza de Santa Ana con marionetas gigantes (¡guau!)
23:00 Arquitectura en la noche: subida a la azotea de la “Torre de Madrid”, un rascacielos con una vista espectacular.
23:30 Templo de Debod: música y danza sufi
00:30 Concierto del órgano del siglo XVIII de la capilla del Palacio Real
01:30 Centro Cultural Conde Duque: exposiciones varias y helados gratis
02:30 Exposición en la Biblioteca Nacional de unos códices originales de Leonardo Da Vinci (que normalmente no están expuestos al público)
03:00 Concierto coral en los jardines del Palacio de Buenavista
04:00 Proyecciones de cortos en el Círculo de Bellas Artes
05:00 Palacio de Linares: “Fantasmas en la noche” (cine y literatura)
06:00 Concierto de clausura en el parque del Retiro

Seguro que a alguno de vosotros que no sea de Madrid le está dando un poquitín de envidia y todo ¿eh? Pues que sepáis que la noche en sí fue muy agradable, sobre todo por la compañía, que siempre determina lo bien o lo mal que acaban estas cosas, pero el plan sufrió distintas modificaciones:

LA NOCHE EN BLANCO: CRÓNICA

A las 21:30 se lanzaron simultáneamente palmeras de fuegos artificiales de color blanco desde distintos puntos de la ciudad para dar por inauguado el botellón cultureta (muy logrado, sr. alcalde) y en la plaza de Santa Ana empezó un pasacalle de monigotes que, si bien eran muy curiosos, NO eran marionetas gigantes. Primera decepción. Los monigotes entraron luego en el Teatro Español y empezó una función de teatro que, aunque era muy entretenida, no era al aire libre como decía el programa. Al menos pudimos sentarnos y disfrutar de la función el tiempo justo antes de ir corriendo a la Torre de Madrid y comprobar que había una cola kilométrica para subir a la azotea.

Algo desanimados por perdernos las vistas del centro de la ciudad desde las alturas, nos fuimos al Templo de Debod para ver el concierto de música y danza sufi. Allí descubrimos que, si bien había un concierto, ni era de música sufi ni había danza. Ssstupendo. Nos quedamos un rato y nos fuimos al Palacio Real.

Ya por la calle se veía que la propuesta había triunfado porque había más gente de lo habitual, muchos de ellos con el programita bajo el brazo. Al llegar al palacio, pues otra cola kilométrica para asistir al concierto de órgano. Tras superar esta nueva decepción comprobamos que el Teatro Real, los Jardines Sabatini y todas las actividades que teníamos cerca estaban precedidas por desmoralizantes filas, por lo que se decidió trasladar el jolgorio a otra parte de la ciudad. Vale que Madrid es muy bonito de noche y que estaban todos los edificios iluminados, pero ¡leches! Eso ya lo disfruta el personal durante una noche de botellón normal, incluso lo de los colorines.

Señores: parémonos un momento para reflexionar. ¿Qué narices puede motivar a un centenar de personas para ponerse en fila para un acontecimiento tan inusual como un concierto de órgano a las doce de la noche? ¿No se supone que debíamos estar todos aborregados de ver Gran Hermano y series de Ana Obregón? ¿De dónde ha salido tanto cultureta? ¿Será que nuestro característico comportamiento ibérico nos hace lanzarnos a todo lo que sea gratuito sin pensarlo dos veces? Dejo estas preguntas abiertas porque hay misterios en los que es mejor no adentrarse.

A eso de la 1:00 dimos de casualidad con el teatro Albéniz, que tenía programadas actuaciones de cantautores madrileños a la 1:30 y como la fila era aceptable, pues nos pusimos allí a ver si no nos íbamos a la cama literalmente “en blanco”. Efectivamente pudimos disfrutar de la actuación de los cantautores durante más de una hora, y a mí me gustaron, la verdad, pero a esas horas fue una experiencia que al cabo de los minutos me afectó seriamente al celebro y me quedé frito.

A las 3:00 salimos de allí, me quité las legañas y nos trasladamos al Ateneo que también tenía actividades programadas para la madrugada, pero resultó estar cerrado a pesar de la programación. Como último recurso fuimos al Círculo de Bellas Artes, que en teoría albergaba proyecciones de cortos hasta las 6:00. ¿A que no adivináis? Efectivamente, resultó que ya se había terminado todo y a pesar de ello había otra cola enorme para entrar a la cafetería. De risa. Allí nos encontramos con un amigo en segundo grado (amigo de una amiga, total desconocido para mí) que había estado en mogollón de sitios viendo cosas chulísimas y espectaculares toda la noche.

Para mí eso fue suficiente: me di por vencido y me fui a casita dándole un elegante corte de mangas al concierto de clausura, no sin pasar antes por el Palacio de Linares y escuchar las psicofonías que me dejaron varias noches sin dormir del acojone cuando era pequeño. Hora de llegada al hogar: las 05:19

Los comentarios a modo de conclusión los expresa muy bien una de las amistades gracias a las que finalmente disfruté la noche:

Cientos de personas, a diez minutos de que se cerrara el Thyssen esperaban una cola que daba la vuelta al edificio o que a las 4 de la mañana se agolpaban por entrar al Círculo de Bellas Artes, dónde solo se podría acceder a la cafetería.. Cualquier día pagas 6 euros (3 si eres estudiante) y vas al primero. Y al segundo entras cuando quieres y las actividades que organiza suelen ser gratis. Es decir, que al final da un poco igual lo que sea, el sinsentido se justifica porque hay que quedarse la noche en blanco, porque hay 240 actividades gratuitas. Aunque falten 10 minutos para que cierren uno agota todas las posibilidades de disfrutar de un acto cultural a una hora inusual. Los medios se harán eco de lo exitoso del acto, porque obviamente fue un éxito para los que pudieron acceder. Pero las colas tipo Expo, que no saldrán en ningún medio, son indicativo de lo que pasa en Madrid. Que sí, que es una suerte poder vivir en una de las capitales culturales de España, donde conscientemente yo me pierdo todos los días cien actos por falta de tiempo. Pero me canso de la inercia semanal arrastrada: miles de personas en el tren, miles de personas en el atasco, miles de personas en los centros culturales municipales (tiempo estimado de espera para acceder a un taller de lo que sea en Usera: un año y medio!), miles de personas en la escuela oficial de idiomas, miles de personas en urgencias,…miles de personas ardorosas de consumir arte gratis porque al final Gallardón es lo único que nos regala.

Luego uno va y lee las reseñas de los medios de comunicación (esta o esta, por ejemplo) y se queda con cara de gilipollas.

(fotos cortesía de Alfie)

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7 thoughts on “Crónica de la Noche en Blanco 2006

  1. ricardo 25 septiembre 2006 / 9:53

    Por lo menos habrás pillado helados gratis ¿No? Aquí en La Laguna tocó Pignoise, Celtas Cortos, Los Hermanos Auserón y Serrat pero todo era de pago y, además, me enteré tarde de todo así que me tuve que conformar con un perrito caliente a la luz de la luna y un paseo nocturno y provinciano. Así que lo tuyo moló mucho más, sobre todo si pillaste ¡helados gratis!

  2. Belenius 25 septiembre 2006 / 17:17

    Yo, que soy una experta en la envidia malsana, me he quedado más tranquila ahora. Estaba yo un poquitín verde (aquí, en provincias) cuando vi eso de la noche en Blanco, pero veo que ha sido como siempre cuando sí estaba en Madrid. Pero bueno, no llores, que a veces sí merece la pena…(avísame para que vaya)

  3. edryas 25 septiembre 2006 / 18:11

    Bueno, yo he de decir que en principio me reí bastante en el falso concierto sufi pidiendo al calvo del gorro (¿que cómo sabía que era calvo si llevaba gorro? Ah, ese es el misterio del sufi) que tocara “Final countdown” y con vosotros, en general.
    En todo caso estoy de acuerdo con toda tu crónica, teníamos que habernos quedado donde los cantautores que seguro que nos habían enseñado mucho (por cierto, el segundo que vimos, Antonio de Pinto, te regala su disco en su web, qué majetes son esta gente)

  4. Rafa 26 septiembre 2006 / 11:32

    Yo casi hubiese preferido pagar y ver algo. Y no, no conseguí ningún helado gratis. Ni me pasé por el Conde Duque visto lo visto. Uno de los objetivos del post era dejar tranquilos a los lectores de provincias, que al final no ha sido para tanto y que no se dejen engañar mucho por lo que se diga en la tele.
    Eso sí, siempre guardaremos en el recuerdo al calvo del gorro pidiendo el “Final Countdown” (gracias por recordarlo Edryas).

  5. alfredo 26 septiembre 2006 / 23:52

    Sufrí contigo la mitad de la noche y me entristece leer que las cosas no se enderezaron después de que yo me rajara. Un corte de mangas pa la noche en blanco, Somos como borregos, Nos ponen falsos “caramelitos” y llenamos las calles de madrid de colas interminables, sin tan siquiera amenizarnos la espera. No se si es la edad, pero muchas de las actividades se disfrutarían más durante el día. Lo dicho una pedorreta bien sonora.

  6. Gianna 28 septiembre 2006 / 15:34

    Nosotros estuvimos en el Thyssen (llegamos a las 9 e hicimos media hora de cola hasta que abrieron), y luego pensábamos ir al Prado, pero cuando vimos la cola kilométrica nos pasamos al Jardín Botánico a ver la exposición de arquitectura.

    Lo peor fue a la vuelta. Yo cojo en Atocha el búho para volver a mi pueblo y tardó más de lo habitual en llegar por el pedazo atasco que se formó al haber cortado el Paseo del Prado. Lo más gracioso es que al final yo llegué a casa antes que mi novio que vive en Madrid, porque él se tiró más de media hora para coger el búho en Cibeles. Entre que no habían aumentado la frecuencia y estaban petados, y que como habían cortado calles los buses tenían problemas para circular, tardó hora y pico en llegar a su casa desde Atocha.

    Supongo que se superaron todas expectativas, pero espero que el año que viene lo planifiquen mejor (por ejemplo, que funcione el Metro esa noche: no creo que se arruinen por pagar las horas extras a los conductores).

  7. Julián 22 octubre 2006 / 18:52

    La noche en blanco murió de éxito en su primera edición. Algo no previsible por los organizadores. Espero que el año que viene ya esté todo mejor organizado, aunque los aluviones de gente son muy díficiles de gestionar…

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