Panegírico al celacanto

Moradores del blogoplancton:

Hoy me he levantado con ganas de contar la historia de uno de mis grupos de animales favoritos: los celacantos. Para empezar un celacanto es un pez, un pez bastante grande de hecho, aunque su característica más famosa es su naturaleza de fósil viviente. A pesar de lo paradójico de este término, los fósiles vivientes son organismos actuales que cuentan con antepasados en tiempos remotos de los que se diferencian en muy poco, por lo que resultan al menos en apariencia muy semejantes a los ejemplares fósiles. Este término es un poco engañoso (las semejanzas superficiales no tienen por qué corresponder a una cercanía evolutiva) pero al menos en este caso no se puede negar que los celacantos son animales relictos pertenecientes a un linaje que ha sobrevivido desde hace muchos millones de años hasta nuestros días y esto es un hecho notable.

El elemento que hace especial a estos peces está en sus aletas. Como se puede ver en la comparación de la izquierda, al contrario de la situación habitual en los peces modernos, las aletas de un celacanto son carnosas en buena parte y no se limitan a unos radios óseos unidos por una membrana. Este hecho es importantísimo porque es atávico de los primeros vertebrados que salieron a tierra firme y caminaron por ella. Este grupo de audaces “peces de aletas carnosas” se conoce como Sarcopterigios, y tuvieron una época dorada en el periodo Devónico (416 a 359 millones de años atrás). El último fósil de celacanto data de hace 75 millones de años; desde entonces y hasta el siglo XX un inmenso vacío hacía pensar que estaban tan extintos como los tiranosaurios.

En 1938, un barco pesquero echó sus redes a unos 70 metros de profundidad en las cercanías de la desembocadura del río Chalumna (Sudáfrica). Media hora más tarde se recuperaron una tonelada y media de peces comestibles, varios tiburones y un pez de metro y medio de largo que ningún ser humano había visto hasta entonces. El capitán del barco ordenó guardar el animal y de vuelta en el puerto, situado en una pequeña población sudafricana, avisó a la conservadora del museo marino local, M. Courtney-Latimer, que se presentó en el puerto cuando el misterioso animal (que había mordido a algún pescador antes de morir) empezaba a descomponerse. Aunque carecía de formación especializada reconoció en el celacanto un espécimen de interés y convenció a un taxista local para llevar la maloliente masa de 60 kg de pescado en descomposición de vuelta al museo. Debido a la limitación de los medios económicos no disponía de una cámara frigorífica suficientemente grande para conservar al animal, por lo que tuvo que solicitar a un taxidermista su conservación (no si el recelo de la dirección del museo, que dudaba que el celacanto tuviera ningún interés).

Courtney-Latimer envió una carta al especialista L.B. Smith con una pequeña descripción del celacanto (izquierda) que tardó 11 días en llegar. Smith reconoció el alcance del hallazgo y consiguió escaparse de sus obligaciones como profesor de química y hacer el viaje de 560 km hasta el museo. En honor de la descubridora y del río que desemboca en la zona donde fue encontrado este celacanto, Smith lo bautizó como Latimeria chalumnae. Desde entonces se ha descubierto una segunda especie en Indonesia (L. menadoensis), se han capturado multitud de ejemplares y fotografiado y filmado en su medio natural.

Antes de terminar hay que aclarar un concepto que no me voy a cansar de repetir sobre la evolución. El hecho de que los primeros celacantos aparecieran en el periodo Devónico (hace 400 millones de años) y que hoy existan dos especies relictas de este linaje no convierte a estas últimas en “especies primitivas” en el sentido de “peor adaptadas” o “menos evolucionadas”, no, no y no, ¡quitáos eso de la cabeza! Todos los organismos que viven en la actualidad son, de alguna forma, “perfectos” para el modo de vida que llevan, y si no fuera así sencillamente ya no existirían. Los celacantos son animales modernos, igual que el cocodrilo del Nilo, la cucaracha alemana o que nosotros mismos. Su aspecto “primitivo” se debe a que retiene características que son poco habituales en los peces modernos, pero eso no es sinónimo de obsolescencia ni mucho menos. Además, y como decía al principio, las similitudes superficiales no implican que los celacantos sean iguales que sus antepasados devónicos: la mayoría de los sarcopterigios de aquel entonces vivían en aguas dulces poco oxigenadas, donde podían salir a la superficie y respirar aire a través de unos incipientes pulmones. Los celacantos modernos son marinos, sólo viven entre los 70 y los 160 metros de profundidad y han perdido su pulmón. Las apariencias engañan.

Aaah, los celacantos, qué majetes que son y qué graciosos están con sus aletitas carnosas. Al mirarlas podemos recordar a aquellos otros intrépidos primos suyos que se aventuraron en la tierra firme y que mucho, muchísimo después serían los primeros anfibios.

Y como despedida, una muestra de que estos pececillos resultan de lo más evocadores a todo tipo de personas: abajo un pokémon y un digimon inconfundiblemente sarcopterigioides, ahí es nada.

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8 thoughts on “Panegírico al celacanto

  1. Eli 8 octubre 2006 / 23:38

    ¡Hola Rafa!
    El caso es que los celacantos me cayeron simpáticos cuando los estudié, pero no tenía ni idea de toda esta historieta de su descubrimiento. Muy curiosa, sí señor. Con esas aletas carnosas yo me los imagino nadando a perrito :p ¡Un besazo!

  2. sinclair 10 octubre 2006 / 17:22

    Qué gusto leer cosicas tan interesantes, de verdad. Coño, con lo bien que me lo paso yo con los national geographics.

    Un gustazo, sí señor.

  3. edryas 10 octubre 2006 / 17:24

    Aunque no tiene mucho que ver con la zoología sí tiene que ver con la evolución. Cuando he leído “El hecho de que los primeros celacantos aparecieran en el periodo Devónico (hace 400 millones de años) y que hoy existan dos especies relictas de este linaje no convierte a estas últimas en “especies primitivas” en el sentido de “peor adaptadas” o “menos evolucionadas”” he pensado en lo que pasa a menudo con las lenguas. Hay lenguas menos evolucionadas (menos respecto a otras, claro, primer problema) y se suele pensar que esto se debe a mentes débiles, sociedades arcaicas y, por tanto, peores… Cuando uno busca ser el más de lo más… puede encontrarlo hasta en cosas tan tontas como un pescao (tan tontas, con perdón)

  4. Rafa 11 octubre 2006 / 10:07

    ¿Verdad que son adorables?

    Edryas: con tu comentario lo has clavado. Lo más “evolucionado” está más elaborado pero no implica que sea mejor en términos absolutos. ¿Qué está más bueno, un pato a la naranja con salsa de canela al coco o una tortilla de patata? pues eso.

  5. Rufo 22 octubre 2006 / 22:55

    Con los celacantos hay una pequeña anecdota que me hace gracia, y a ver si me sé explicar: son la típica noticia pollarda que dan en la ‘sección cientifica’ de las noticias de la 2 (donde digo la 2 pon A3, T5 o la que querais) como ‘gran descubrimiento’:
    -“Se acaba de descubrir una especie de pez que se daba por extinto hace 400 millones de años”
    atencion! SE ACABA de descubrir!! esto es la polla XD

    Lo digo porque lo hacen relativamente a menudo (lo he visto al menos 3 o 4 veces), cuando no es con el celacanto es con El Monte Olimpo/Valle Marineris, ambos en Marte (‘se acaba de descubrir el volcan/cañon más grande del sistema solar’) o alguna cosa asi por el estilo. Autentica ética y rigor periodistico :D

  6. milonguerotriste 6 agosto 2007 / 18:35

    El pescao sehi…. sofamoso, yo ha esta cancion celacanto, cuando en el mara….manezca, yo ha esta cancion celacanto. (ritmo de milonga pelágica, ma non tropo, cuasi avisal).

  7. Ximena 16 julio 2010 / 4:00

    Muchas gracias por tu artículo, es realmente excelente. La historia del hallazgo de celacantos vivos en Sudáfrica es simplemente apasionante; desde pequeña envidié a sus descubridores por la emoción que deben haber sentido y (por qué no) por la inmortalidad de sus nombres en la historia de la ciencia… Muy bueno tu blog, de los mejores que existen. ¡Un gran saludo!

  8. Copépodo 17 julio 2010 / 17:21

    Gracias a ti por tus comentarios

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