La tribuna de despotricar. Hoy: Renfe

 

De niño adoraba los trenes. En ocasiones, mi padre me llevaba a montar en cercanías el fin de semana sólo por el viaje en tren. Daba igual si íbamos a Atocha o a Alcalá de Henares, eso no me importaba porque el objetivo del viaje era usar el tren (y a ser posible, ser el que le diese al botón para abrir la puerta convenientemente aupado). Dibujaba trenes, convertía todo tipo de objetos en trenes y los padres de mis compañeros de guardería (próxima a una vía de ferrocarril) se sorprendían al oír afirmar a sus hijos que a la hora del recreo pasaban exactamente un Talgo, un “largo recorrido” y dos trenes de mercancías de los largos con contenedores y vagonetas. Si por aquellos años alguien me hubiese dicho que “de mayor” usaría el tren todos los días con certeza me hubiesen hecho el niño más feliz del mundo y me habría envidiado a mí mismo por ser tan afortunado. Con los niños… ya se sabe.

 Todo esto viene porque este fin de semana lo he pasado en Valencia, para lo que he tenido que ir en el “Regional Express” que tarda tres horas y veinte minutos ir de Murcia a Valencia, o eso es lo que se esperaba, porque llegué con 45 minutos de retraso. El viaje fue una tortura gracias a la colaboración del típico niño-cognazo que lo mismo te pasaba la escavadora de juguete por la cabeza que te tiraba una bolsa de plástico con envases de zumo usados o se ponía a buscar motes inoportunos a todos los viajeros. Vamos, el típico niño que cuando su madre le intentaba mantener a raya se ponía a llorar con la rapidez de un experto y el volumen de una sirena. Un encanto de crío al que no le gustan los trenes tanto como a mí. Es una suerte que los niños-cognazo me reconozcan inmediatamente como un individuo peligroso con el que no se debe jugar porque yo no suelo ponerme condescenciente por el hecho de que mida menos de un metro de alto y sea un malcriado, así que refugiado detrás de la biografía de Arthur Evans sólo tuve que soportar los llantos mientras miraba el reloj con desesperación.

 El retraso en sí no me sorprendió lo más mínimo, ¡claro! Un servidor lleva así como ocho años cogiendo el cercanías casi a diario y ha experimentado en sus propias carnes la degradación de Renfe, apreciable en todos sus servicios (quizá excluyendo la Alta Velocidad). La cosa es que con tantos años de retrasos, de averías recurrentes, de trenes que se paran mucho tiempo sin explicación, de descoordinación en las estaciones y un largo etcétera, uno ha tenido mucho tiempo de pensar en estas cosas. El tiempo es sin duda la clave. ¿Cuántos días de mi vida he desperdiciado con los retrasos de Renfe? (un transporte público virtualmente independiente del tráfico y del estado de la atmósfera). Prefiero ni pensarlo, aunque sobre las causas sí que he podido exprimirme el cerebro muchas veces. Los trabajadores de Renfe son muy propensos a las huelgas, y seguramente no les falta razón (otra cosa distinta es que su planteamiento tenga otro efecto a parte de joder hacer perder el tiempo a los usuarios). Todo viene por la progresiva privatización que está sufriendo el sector, un tema que viene desde ya hace bastante y que no sé en qué punto concreto se halla, aunque ya podemos comprobar con los anuncios de televisión que, por ejemplo, las estaciones ya no están bajo control público.

 Las empresas públicas tienen tendencia a ser un pozo sin fondo de dinero y a funcionar mal, pero son nuestras, son de todos, y su objetivo es dar un servicio al ciudadano. Privatizándose esa vocación pública, por mucho que nos lo maquillen, se pierde y los nuevos dueños tienen como objetivo primordial lucrarse a costa de un patrimonio que un día fue de todos y que sin preguntarnos nos quitaron.

 Hace unos pocos años sufrí un retraso de los históricos. Con la excusa de una avería en el tendido, mi tren se quedó detenido en la vía 55 minutazos mientras pasaban para un lado y para otro trenes que debían funcionar por energía solar porque si no, no me lo explico (y no había ninguna huelga ni nada de eso). Aquella fue la única vez que puse una queja por escrito. Me dirigí a los responsables muy educadamente y les pedí una disculpa y la devolución del precio del billete, vamos, una petición más simbólica que otra cosa. Jamás me respondieron, pero gracias a eso me puse a hablar con el trabajador de la taquilla de mi estación de destino y me contó de primera mano que muchos de los problemas de Renfe se debían a los recortes de personal. Antes solía haber varios operarios en la estación, pero ahora sólo había uno, por lo que si había cualquier problema en las vías alguien tendría que venir desde Madrid para arreglarlo porque lo demás estaba todo automatizado. Por aquel entonces ya se hablaba del tema de la privatización y esos recortes de personal no eran más que intentos por rentabilizar la empresa (con el evidente deterioro del servicio al ciudadano). Ya sé que me pongo muy pesado, pero es que no hay derecho.

 Lo que me lleva a escribir sobre esto no son los retrasos en sí, sino la campaña publicitaria absolutamente hipócrita y demagógica que encima los usuarios tenemos que soportar y que a mí al menos me parece un auténtico insulto a nuestra inteligencia. Por si no os habíais dado cuenta, Renfe está en pleno cambio de imagen corporativa. Cambia el logo, cambian los colores, cambian el mobiliario de las estaciones y cambian la pintura de los trenes. Todo es un cambio de apariencia (quizá coincidente con la anunciada privatización, supongo) porque lo que es el servicio sigue empeorando con una cadencia pasmosamente constante. Lo peor es que estoy convencido de que este cambio de envoltorio termina teniendo un efecto entre los usuarios y, por alguna misteriosa razón de percepción subconsciente muchos de ellos terminan asumiendo que esa imagen de modernidad y eficacia (las nuevas letras son más aerodinámicas y ¡moradas! ¡guau!) es síntoma de una eficacia del servicio también. Por si fuera poco, en las propias marquesinas de las estaciones hay que aguantar el nuevo lema: El tiempo es tuyo, conviértelo en lo que quieras. Pues esa falsedad, ese engaño manifiesto, esa forma de tratar con los usuarios, es lo que me saca de quicio. Por lo que a mis posibilidades comunicativas corresponde sólo puedo decir que no os dejéis engañar: Renfe es basura.

 El viaje de vuelta fue en un Talgo, así que en lugar de 45 minutos de retraso sólo fueron 25. No hubo niño-cognazo y todo transcurrió con la normalidad esperada, aunque tuve que soportar que en lugar de unas disculpas por el retraso una vocecita me diera las gracias por haber elegido Renfe y que esperaban verme a bordo de nuevo muy pronto. Escribir esto no cambia nada, pero me jode que me tomen por imbécil y que se piensen que por enseñarme un logo morado se me van a caer los calzoncillos.

 Otro día: Iberia

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17 thoughts on “La tribuna de despotricar. Hoy: Renfe

  1. Gabi 27 noviembre 2006 / 12:59

    Por fin me animo a escribir en un blog que no sea el mío :P
    Bueno Rafa, comparto tu indignación, aunque por el momento y el contexto no tenga que vérmelas con Renfe, empresa que se merece el más ácido cántico de chirigota.
    Gracias al cielo en mi vida no he tenido que usar mucho sus servicios, así que no he padecido en mis carnes sus desaciertos en materia de retrasos, pero te contaré una anécdota que me hizo sospechar ampliamente sobre su calidad.

    “El día en que Renfe me olió a podrido”

    Había planeado con bastante detalle, en mi habitual línea, un viaje a Marruecos con mi novia hace tres veranos. La idea era viajar barato hasta Algeciras y allá cruzar a Ceuta en el ferry. Alquilar un coche superaba mi presupuesto y para viajar en bus, casi que resultaba más cómodo -y encantador y romántico- el tren. Decir en este punto que para mí los trenes han sido también importantes durante mi infancia. Mi abuelo nos “secuestraba” a mi hermano David y a mí, a escondidas de mi abuela cuando se echaba la siesta, para llevarnos a la estación de Burgos a ver los trenes. Desde la misma casa de mi abuela pasábamos eones asomados al balcón viendo pasar los trenes por la vía paralela a la calle y separada de ésta por un muro. Saludábamos a los viajeros o “les hacíamos un calvo”…
    Bueno, volvamos al tema. Me informé por internet de una posibilidad de viaje llamada “Eurodomino” que es un billete que te permite viajar de tres a ocho días en tren por un país europeo, Marruecos, Argelia y Túnez, excepto el tuyo en 1ª ó 2ª clase, durante un mes. Acudí a Renfe para comprar el billete. El primer chasco fue la cola de espera para la compra de billetes. Habiendo como ocho ventanillas uno se preguntaba a santo de qué tanta cola. La respuesta llegó sóla cuando al guiri que me precedía le tocó comprar su billete: la empleada de Renfe no tenía ni papa de inglés. No sólo eso: además la mujer se estaba poniendo de los nervios, papel que en todo caso le tocaría interpretar al cliente, como si éste tuviera la culpa de que una empleada de una empresa que también vende billetes para trayectos internacionales no tuviera siquiera las mínimas nociones de inglés. No sin cierta vergüenza ajena me ofrecí a traducir, cosa que el guiri agradeció y que la empleada tomó como una especie de ofensa a su saber hacer profesional.
    Cuando me tocó el turno y pedí comprar dos billetes de Eurodomino, la misma empleada me miró como si le estuviese tomando el pelo. No sólo no sabía lo que era, sino que además le costó unos buenos diez minutazos, menos para mi desesperación que para la de los que me seguían en la cola, hacerse con la información. De hecho, conocía yo más detalles sobre esta modalidad de viaje que la empresa Renfe ofrecía, que uno de sus empleados. Me atrevo a extender esta afirmación sustituyendo “uno de sus empleados” por “muchos de sus empleados”. Además sé inglés (¿no tendrían por ventura un puesto para mí en el departamento de información o venta de billetes?). En total, desde que entré en la estación hasta que salí de ella con los billetes en la mano, pasó más de una hora. Que le pongan letras moraditas y aerodinámicas si quieren pero la sabiduría popular lo deja bien claro: “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”

  2. Ahores 27 noviembre 2006 / 19:08

    Lo de la empresa pública vs empresa privada da para mucho debate. Mi opinión personal es que hay ciertos servicios que deben ser público porque nunca van a ser rentables, y un ejemplo de ello es el servicio de transporte por ferrocarril.
    En la Gran Bretaña se privatizó hace unos años la compañía ferroviaria del Estado y poco tiempo después, infinitamente más endeudada que al principio, tuvo que ser comprada por el Estado, que además tuvo que asumir la deuda. Y, si RENFE se privatiza, mucho me temo que tendrá una historia similar, porque el transporte ferroviario no da beneficios.

  3. Alfie 28 noviembre 2006 / 12:51

    Estoy de acuerdo con Ahores que el debate empresa pública vs privada da para mucho, pero yo me ceñiré a la empresa que conozco, y que desde luego es un servicio público, de momento, hasta que al gobierno de turno se le ponga entre ceja y ceja privatizarlo, y que no es para nada rentable. Obviamente no digo cual porque no puedo escribir de ella, pero si puedo hablar del debate que abre Ahores. La estrategia que lleva a cabo el PP en la Comunidad de Madrid es transparente y cristalina. Dejo que el servicio se degrade hasta límites insospechados y luego lo privatizo a dos duros, vendiéndoselo a un coleguita de turno. Con lo que no cuentan es con los trabajdores que a diario sabemos que la clientela no tiene la culpa y curras como un cabrón por el mismo sueldo para ofertar un servicio de calidad, y encima hecho con los mínimos recursos que te dan. Hay veces que opino que hacemos relojes con cajas de zapatos y encima funcionan. Pero encima hay otro punto, cuando tu le explicas al cliente que hay un servicio de quejas y que si eso le ocurriera a Esperanza Aguirre o a cualquier político de turno, el servicio no sería el mismo y encima le colarían nuestros jefes en un afán de lamerles el culo como Dios manda, pero la sorpresa me llega y pongo cara de estupefaccción cuando veo que me ignoran y pocos son los que acuden a quejarse. Cosa que te puede llevar como mucho 5 minutos de tu tiempo.
    Animo, amigo Copépodo, si yo te contará como funciona el servicio regional de Iberia, te caes de la risa. Te meten en un avión de HÉLICES, si, habéis leido bien, HÉLICES, en pleno siglo XXI. Los yuppies de turno, que volvían a su tierra natal después de haber hecho negocios en Madrid, no sabían nada más que decir: “estoy deseando que abran el servicio del AVE, para dejar de usar el avión.” Eso si, te dan panchitos y Coca-Cola, para que soportes un retraso de una hora. Yo a diferencia vuestra soy un amante de los aviones desde pequeño, debe ser el karma, como dice Earl, a cada uno lo suyo.

  4. Gianna 28 noviembre 2006 / 13:28

    La amiga Renfe, cuántas mañanas nos ha dado…

    Bueno, unos comentarios cortitos que no quiero extenderme mucho:

    – Respecto a privado vs público, estoy con Ahores: hay cosas que sí se pueden privatizar y cosas que no.

    – El servicio de Alta Velocidad no se retrasa por una sencilla razón: si el AVE se retrasa te devuelven el dinero. Por eso siempre tiene preferencia el AVE. Si eso pasase con todos los servicios otro gallo nos cantaría.

    – Gabi, a mi novio y a mi nos pasó algo parecido en Alemania (sí, los alemanes tienen fama de gente seria y tal).
    En Dresde fuimos a coger billetes para un InterCity Express, que no entraba con el billete de InterRail, pero podías cogerlo pagando un suplemento. La taquillera no sabía ingles, llamó a otra que lo chapurreaba, y tuvimos que explicarles lo del suplemento. Y ni por esas. Al final tuvimos que coger el billete en Berlín. Por cierto, el tren de Dresde a Berlín llegó con 1 hora de retraso.
    Días después, en Heidelberg, íbamos a dejar las maletas en una consigna para ver la ciudad, y había varias rotas. Al ir a decírselo al señor que estaba en Información, nos contestó con un seco “No English”. Al final encontramos otras taquillas y las dejamos allí.
    Se ve que en todas partes cuecen habas (lo que no quita para que en Renfe haya que mejorar ciertas cosas). Podían aprender del servicio de trenes belga, que era extremadamente puntual.

  5. alberto 28 noviembre 2006 / 18:54

    El debate no es público-privado, es eficacia o no y en España, con el ferrocarril, hace años que pasan varias cosas:
    – La red convencional está abandonada, apenas se hacen trabajos de mantenimiento y mucho menos obras relevantes (mejora de trazados, construcción de nuevas líneas)
    – La Renfe lleva cientos de años muy mal gestionada.

    En Francia no sé si alguien tendrá quejas del servicio de la SNCF: ofertas, calidad del servicio, trenes de alta velocidad a casi todos los destinos… ¡y mantenimiento de la red!
    Saludos.

  6. Gabi 28 noviembre 2006 / 19:26

    Gianna, al respecto, desde que resido en Alemania soy consciente de cómo funciona el Deutsche Bahn. Es un mito aquello de que estas cosas en Alemania funcionan mejor. DB está en crisis: caída de número de pasajeros que sufren constantes retrasos incluso en los trenes de alta velocidad, precios desorbitados incluso para un alemán, deterioro del parque ferroviario… el sábado pasado, para una excursión a Münster, sufrí una hora de retraso en el viaje de ida y dos en el de vuelta.
    Y es que DB está en proceso de privatización, o más bien, de semiprivatización. La infraestructura será estatal pero la gestión privada. Es la última hazaña privatizadora alemana después de arrancar del dominio público a Lufthansa, Deutsche Telekom y Deutsche Post.
    Acá no obstante o debido a estas privatizaciones han surgido alternativas muy competitivas. Frente a los impagables precios de Lufthansa, tenemos los moderados e incluso baratos precios de HLX, German Wings y de vez en cuando Air-Berlin. En cuanto a las telecomunicaciones, bastará con dar un par de datos: 1) yo no pago más de 10€ al mes con tarifa plana de llamadas a fijos nacionales y ADSL 24h., 2) existen infinidad de prefijos que abaratan las llamdas hasta en un 100%. Y en cuanto a los transportes por tierra, no pudiéndo permitirse el alemán medio el tedio de viajar en regionales, lentos y con múltiples transbordos, o el desorbitado precio de los trenes de alta velocidad, surgen alternativas como Mitfahrzentrale (http://www.mitfahrzentrale.de) o Mitfahrgelegenheit (http://www.mitfahrgelegenheit.de). Consiste, en pocas palabras, en que si uno tiene coche y va a viajar de A a C pasando por B, publica su trayecto en una web donde el que quiere viajar desde A o B hasta B o C acuerda con el conductor compartir el trayecto. Los gastos se standarizan en función de unos criterios bastante aceptables (distancia, gasolina, mantenimiento del vehículo) en las propias webs. Funciona como un contrato y después se realizan reportes sobre la calidad de los conductores -o de los viajeros-. Es un medio que utilizo muy a menudo, es cómodo, más aún teniendo en cuenta cómo son los alemanes en general con el tema de los coches, y bien barato. El trayecto Hannover – Colonia cuesta alrededor de 50€ con un tren ICE. Con Mitfahrgelegenheit nunca he pagado más de 15€.
    Quizá, con lo pícaros que son los españoles, sólo hace falta apretar un poco más las tuercas de los desaciertos de RENFE para que empiecen a surgir alternativas como las que he citado.

  7. Rafa 28 noviembre 2006 / 19:52

    Bueno, bueno, ¡qué buena acogida ha tenido esto del despotrique! tendría que hacerlo más a menudo. Gracias a todos por participar.

    Tendría que matizar que no estoy en contra de la empresa privada por principio, pero sí que estoy en contra de las privatizaciones de empresas públicas, empezando porque es un patrimonio común que se malvende porque no es rentable. No entiendo por qué se tiene ese concepto tan mercantilista de una infraestructura que quizá está destinada a ser deficitaria pero que debe ser vista como un servicio y no como un negocio. Quizá el caso más extremo sea el de la sanidad. Me parece bien que exista la medicina privada, pero es esencial que eso nunca, jamás, afecte negativamente a la calidad del sistema de Seguridad Social (todo lo mejorable que queráis, pero envidiable para países del primerísimo mundo que todos conocemos) incluso si éste es un auténtico agujero negro en los presupuestos públicos.

    Más o menos pienso lo mismo en el caso de los transportes públicos y de las autopistas gratuitas (que están abandonadas) y así con un largo etcétera. Me gusta la diversidad, pero no me creo que a unos empresarios les importe más mi salud, mi seguridad o mi tiempo que el contenido de mi cartera.

    Alberto: estoy totalmente de acuerdo en que Renfe está abandonada, pero te aseguro que no siempre fue así. Los recortes de personal están sangrando el mantenimiento de trenes e instalaciones. El trabajador de la estación me habló de primera mano sobre el asunto y tengo entendido, por ejemplo, que los mecánicos se quejan porque antes trabajaban para prevenir averías y ahora no dan abasto. Quizá Renfe siga siendo pública, pero se gestiona casi como si no lo fuera (y lo mismo pasa con el metro de Madrid y con tantas otras cosas).

    Es un alivio lo que dices de la SNCF, pero el futuro de Renfe lo veo más cerca de lo que pasó en Gran Bretaña, como dice Ahores.

  8. Mario HPR 29 noviembre 2006 / 16:15

    Como usuario diario de Cercanias (en Madrid) he de decir que yo estoy bastante contento (me lleva y me trae sin demasiados problemas). Como norma general todo funciona más o menos bien, aunque es cierto que poco a poco todo va empeorando.

    Una cosa que se nota mucho de un tiempo a esta parte es la notable disminución de revisores. Hace unos años en todos los trayectos (o por lo menos la inmensa mayoria) te tocaba enseñar el billete correspondiente. Ahora, lo que han hecho es poner tornos en todas las salidas de las estaciones para verificar que has pagado originando el caos en las mismas.

    Después de tanto tiempo montando en tren uno se acostumbra a las huelgas (por cierto, se acercan las navidades y con ellas seguro que cae una huelguita, como en Semana Santa, en dias de trasiego veraniego y vacacional) que, como bien dices, parecen más destinadas a joder al usuario que a otra cosa.

    Saludos!!

  9. Gianna 29 noviembre 2006 / 16:22

    Vaya, Gabi, tenía que haber hablado contigo antes de ir de Interrail :-). Te todas formas en general los trenes iban bien, aunque nos hicieron la pirulilla de Dresde y lo del encargado borde que no hablaba inglés.

    La SNCF la cogí en París el año anterior e iba bien. Claro que tampoco puedo juzgar mucho porque sólo hicimos el trayecto Bruselas-París y por París nos movimos por Metro y SNCF (supongo que aquí equivale a Cercanías).

    Habría que ver qué modelo siguen en Bélgica, porque los que cogimos nosotros iban muy bien. En Holanda también iban bien, aunque tengo entendido que son caros (una iba con Interrail zona E y ya estaba pagado ;-).)

  10. Rafa 29 noviembre 2006 / 18:53

    Me sorprendes Mario. Creo que somos usuarios de la misma línea de cercanías y desde luego a mí también me lleva y me trae (¡qué menos!) pero cada vez peor. No siempre los retrasos y averías se deben a las huelgas, y aún así me parecen demasiado frecuentes. ¿Nunca te has tenido que bajar de un tren porque, en mitad del trayecto, te dicen que realmente no va donde habían anunciado que iba? A mí eso, desde luego, no me parece un funcionamiento normal. Y lo de los revisores y todo eso se me había olvidado comentarlo y también es una verdad como un templo. ¿Y qué me dices de las “redadas” de revisores a la salida del tren? Que monten ese dispositivo para recaudar multas cuando vamos todos como sardinas en lata y los trenes llegan cuando les da la gana me parece… bueno, me callo que se me hincha la vena de la frente. :-P

  11. Mario HPR 29 noviembre 2006 / 20:29

    Jejejeje, Rafa, respecto a lo de que me lleva y me trae sin demasiados problemas tiene una explicaión. Antes del tren usaba el autobus (vivo en Sanse) y eso si que era una autentica tortura de retrasos, malos modos, aglomeraciones alucinantes. Después de pasar mil y una trapisondas nos pusieron tren aquí y la cosa mejoró mucho.

    Una cosa que se me ha pasado, respecto a los retrasos, es que por increible que parezca, siempre que llueve los trenes se retrasan y aun no me explico por que ocurre eso.

    Lo de tener que cambiar de tren sólo lo he tenido que hacer una vez porque el tren el que yo viajaba se averió, en mitad del pardo, en el trayecto Chamartin- El Escorial. El resto de las veces el tren que he cogido me ha llevado a mi destino (con mayor o menor fortuna).

    Las redadas de revisores si me fastidian, por no decir alguna brutalidad. Que pasen por el tren, como antaño, me parecia hasta bien, pero ahora que necesitas el billete para salir (cosa que genera verdaderos atascos, empujones…) no tiene mucho sentido.

    Además, me encanta ir leyendo en le tren. Para mi es un auténtico placer (cada uno tenemos nuestras manias jejeje)…

    Saludos!!

  12. Rafa 30 noviembre 2006 / 18:34

    Ya bueno, los autobuses merecerían un capítulo propio. Me da la sensación de que nuestra diferencia de percepción de la Renfe tiene que ver con que tú no tienes que pasar por las estaciones centrales de Madrid, pero bueno. Y a mí me siguen gustando los trenes (no te mareas leyendo como en los autobuses) yo no me quejo del transporte en sí, sino de lo mal que funciona.

  13. Mario HPR 1 diciembre 2006 / 16:54

    Me da a mi también que el hecho de no pasar por las estaciones centrales de Madrid va a ser el culpable de la diferencia de criterio.

    Además, una cuestión importante que puede ser fundamental en el funcionamiento de los trenes es que la linea que cojo yo (de la UAM a Sanse) tiene una via exclusiva para ella y los problemas seguro que son mucho menores.

    Saludos!!

  14. Garvm 20 diciembre 2006 / 9:56

    Dos puntos.

    – Las estaciones siguen estando bajo control público, sólo que por otra empresa pública diferente a Renfe. Eso permitirá que puedan entrar compañías nuevas a dar servicio y puedan competir en plano de igualdad con renfe, que se dedicará a mover trenes sólamente.
    – Está claro que las privatizaciones de servicios importantes hacen que los precios de estos servicios suban una barbaridad y que los poco pudientes no nos los podamos permitir. Mirad si no los ejemplos recientes:
    Desde que Iberia se privatizó sólo las 20 personas más ricas del país tienen dinero para comprar un billete de avión. Cuando Iberia era una empresa pública todos cogíamos el avión varias veces por semana, aunque fuese para ir de Valencia a Alicante, porque como los billetes estaban tirados de precio…
    o la telefónica. Antes de que se privatizara era facilísimo darse de alta una línea fija, o comprarse un móvil. Había gente que se compraba 4 o 5 móviles. Ahora en cambio sólo las clases más altas pueden contratar una línea de teléfono, o comprarse un móvil, y qué decir de internet? sólo cuatro tienen conexión, y con modem de 14,4 kbps.

    Dejo ya el sarcasmo?

  15. Rafa 20 diciembre 2006 / 21:28

    Hombre, yo no he dicho en ningún momento que el precio suba (aunque dudo muchíiiiisimo que vaya a bajar), pero sí que mantengo que no sería nada raro que la calidad del servicio baje (como de hecho está pasando), y en la discusión de la entrada se han puesto varios ejemplos de ello (el caso del ferrocarril en Reino Unido que ha mencionado Ahores me parece bastante ilustrativo). Sobre la evolución de la calidad en nuestros trenes… pues a mí que la sufro a dirario no me podrás convencer de que no está empeorando paralelamente al recorte de personal. Esta misma mañana compañeros míos han estado más de media hora esperando el tren en Atocha.

  16. Garvm 21 diciembre 2006 / 9:06

    tal vez sea precisamente porque es una empresa pública. Son un tremendo sumidero de dinero público que acaba dando un servicio pésimo a un precio abusivo.

    Las empresas privadas compiten por los clientes. No se pueden permitir rebajar la calidad si no reducen también los precios de manera significativa.
    Pero para eso hace falta competencia y buena gestión, como en el caso de la telefonía o los aviones, que, con sus limitaciones, no se pueden comparar a los servicios de los que “disfrutábamos” cuando estaban gestionados por monopolios públicos.

  17. Rafa 21 diciembre 2006 / 11:03

    Garvm, entiendo lo que quieres decir, pero no estoy de acuerdo y te voy a dar pruebas:

    Sobre el caso de Telefónica: a pesar de la privatización y de la liberalización del mercado (y teniendo en cuenta la revolución tecnológica que ha sufrido el sector y que es independiente de la privatización) el servicio de telefónica es, digamos, el menos malo porque aún se beneficia de la red que heredó. A pesar de ello su servicio es pésimo, y sobre ello podría escribir otro día mis experiencias personales, que te aseguro que son bastante jocosas. Y por cierto, el hecho de la privatización en sí (y el escándalo que supuso) me sigue pareciendo mal. Telefónica sigue siendo, dentro de la amplia oferta que hay ahora, el operador más caro, o uno de los más caros.

    Sobre Iberia, pues casi lo mismo: si bien es cierto que no llega a ser “Air Madrid” todos sabemos que viajar con Iberia es bastante más caro que el precio medio y sobre el servicio… en fin, mejor no hablar.

    Y hablando de los transportes públicos: Antes de la privatización en sí hay un cambio de política, de forma que la administración gestiona estos servicios intentando superar el déficit y claro, recortes de personal, y empeoramiento del servicio. Estoy convencido de que un empresario, al que le va el negocio superar ese déficit, no puede hacer milagros en este sentido.

    Si por término medio los viajes en avión y las tarifas de internet están bajando es por los cambios del sector, totalmente independiente del funcionamiento de estas empresas. Yo mantengo que es imposible rentabilizar este tipo de empresas si no es en prejuicio del servicio: se recortan presupuestos y personal y todo funciona casi de milagro. Al menos en el caso de los transportes públicos, que no son un lujo, sino una necesidad, me parece totalmente lícito que con el dinero de nuestros impuestos se facilite un buen servicio cueste lo que cueste (lo que no quita que haya que evitar una mala gestión).

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