Copia 100 veces “No volveré a pagar por una película de Denzel Washington”

Dejà vu (Tony Scott 2006)

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denzel.jpgPues sí, Dejà vu es el último truño cinematográfico por el que he pagado, y lo peor es que ha sido culpa mía. Yo fui a verlo porque me chiflan las películas de viajes en el tiempo, y viendo que esta lo era gracias al engañoso tráiler, pues allá que iba yo a sentarme ante la pantalla. Que la protagonizara Denzel Washington no me inspiraba ninguna confianza, pero a veces es necesario hacer gestos arriesgados. La acción nos sitúa en la Nueva Orleans post-Katrina, donde un cruel atentado terrorista (coche bomba en un barco) mata como a 200 personas en medio del río Mississippi. Para resolver el crimen llaman al policía Doug Carlin interpretado por, lo habéis adivinado, Denzel Washington. Por enésima vez este actor interpreta a un agente de la ley de los USA que es un partidazo: joven (?????), guapete, cachas, buenazo, educado, optimista, sensible, sonriente e inexplicablemente soltero. Es tan jodidamente bueno que da asco, sobre todo porque siempre interpreta exactamente a los mismos personajes que parecen estar hechos de jamón-york. Bueno, pues esta vez no ha habido sorpresas.

Durante su investigación, que lleva casi personalmente y donde no se le escapa ni un cachito de plástico procedente (¡qué casualidad!) de la bomba del barco, encuentra el cadáver de una joven y bella afroamericana (Paula Patton) de la que se enamora mientras se le hace la autopsia (sí amigos, necrofilia). Más tarde unos mega-ultra-científicos del copón le llevan a un sitio secretisísimo donde tienen una tecnología que… efestivamente, permite ver el pasado. Y no sigo. La cosa es que a pesar de que Denzel ni es científico ni nada, al final termina siendo el puto amo y tomando el control de lo que hacen los susodichos ingenieros. Evidentemente todo para intentar rescatar a la difunta macizorra antes de que se la carguen, y de paso, a las 200 personas del barco. Vamos, un aspirante a esos “Buenos buenísimos” (los buenos que debieron morir).

He visto películas malas de viajes en el tiempo, pero sin duda esta se llena la palma. Básicamente cuando haces un guión de este tipo tienes dos opciones: o bien optas por un escenario de “universos múltiples” (lo más frecuente) en el que una alteración del pasado provoca la escisión del universo por un curso alternativo, o bien optas por un “espacio-tiempo autoconsistente” (una elección aún poco explotada en el cine), que consiste en que nada puede cambiarse en el curso del tiempo, lo que implica que las alteraciones que pretendes introducir ya estaban introducidas, aunque tú no lo supieras. Lo que no se puede hacer de ninguna manera es pretender meter los dos escenarios en la misma película. Desde el punto de vista de los vajes en el tiempo, el guión no hay por dónde cogerlo. Prometo, esta vez de verdad de la buena, no volver a picar nunca más.

Fotos de la Albufera

Ya están en el álbum las fotos seleccionadas de mis andanzas de los últimos meses. Pongo aquí las que más me han gustado, tiradas todas en la Albufera de Valencia (haced click para agrandar).

Focha cornuda

Una genuina focha cornuda (Fulica cristata). Es una especie más bien rara por aquí que se está introduciendo en la Albufera. Es común que se las anille en el cuello, para que se distingan de las fochas comunes desde la distancia.

Gaviota patiamarilla

Poniendo a prueba mi 300 he conseguido verle hasta las legañas a esta gaviota patiamarilla (Larus cachinnans).

Seta roja

Una bonita seta roja que se me cruzó en el camino. Entre que la intento identificar se aceptan apuestas de qué especie se trata.

Atardecer en La Albufera

Luz espectacular al atardecer.

Novedosa interpretación de la biodiversidad

Amigos del blogoplancton:

Investigadores de distintas universidades estadounidenses han encontrado una manera mucho más factible de explicar la diversidad de organismos vivos de la Tierra que a través del paradigma evolutivo. El día de hoy pasará a la historia de la ciencia como el de la superación de la “poderosa idea de Darwin“. Por explicar en pocas palabras cuáles son las claves de esta nueva interpretación de la biología (conocida como “Diseño Inteligente“) basta con aclarar que la complejidad de los sistemas vivos es tan apabullante que sólo puede entenderse como el producto de una mente creadora capaz de diseñarlos. Esa mente, como es natural, sólo puede corresponder a la de Dios. Me quito el sombrero ante esta exhibición de lógica implacable y acato tan novedosa perspectiva científica.

De esta forma tan sencilla se acaban las controversias y las preguntas que hacían perder el tiempo en vano a tantos científicos desde tiempos de Aristóteles. Si alguien tiene alguna duda basta con recurrir a la Biblia que, estoy seguro, todos tenéis en vuestra mesilla de noche. Ahora podemos dedicarnos a tareas más productivas, como recuperar el debate sobre qué programación televisiva es más adecuada: especial retrospectivo de “Noche de Fiesta” o maratón intensivo de “Cosas de Casa”.

Os dejo con la imagen de uno de los descubridores del Diseño Inteligente. Me voy a quemar libros.

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(viñeta)

Langostinos: nuestros bigotudos amigos

Ahora que ya se os habrá pasado a todos el empacho de la Nochebuena y se acerca el segundo y definitivo asalto gastro-navideño os voy a contar que me encanta el marisco, y que en estas fechas es casi el único momento del año en el que lo disfruto. Dentro de los rituales que llevo a cabo en estas cenas en las que siempre hay crustáceos de sobra está el hacer una cuidadosa extracción de los apéndices de uno de los individuos colocados con mimo sobre la fuente, por lo que suelen empezar así (en este caso, un cangrejo de río):

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y terminar, más o menos así

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(más sobre la anatomía de los crustáceos, en español, y con un soberbio capítulo sobre copépodos aquí).

Lo siguiente suele ser que me llaman la atención y me dicen que me los coma sin destrozarlos, y entonces es cuando me saco de la manga una de las cosas que aprendí durante la carrera que, a efectos prácticos ha resultado más interesante para mi familia: cómo distinguir las distintas especies de langostinos (cinco años de carrera y tres de doctorado para acabar sexando marisco…).

Para no alargar demasiado esto voy a centrarme en los langostinos en sentido estricto, que son crustáceos decápodos del suborden Natantia y la sección Penaeidea (concretando: marisco con forma gambiforme que se encuentra en la clase de tamaño inmediatamente superior a la de las gambas e inmediatamente inferior a la de los carabineros y cigalas) y ampliamos al resto sólo si hay demanda popular, porque no suelen presentar problemas.

En mi humilde opinión, dentro de la vasta variedad de langostinos que uno se encuentra en el mercado hay uno gastronómicamente superior: Penaeus kerathurus, también conocido como langostino de toda la vida y pescado en distintos puntos de la costa ibérica. Delicioso y a la venta fresco fresquísimo en las pescaderías. Ahora bien, ¿cómo distinguir este langostino de los demás? prestad atención:

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Hay que fijarse en el “pincho” que tienen en la frente, que en fisno se llama rostro y que tiene dientecitos en la parte dorsal y/o ventral. Nuestro amigo el P. kerathurus sólo tiene un diente en la cara ventral del rostro, fácilmente distinguible.

Ahora bien, en el mercado podemos encontrar muchas otras especies, algunas de ellas procedentes de mares lejanos y que, por tanto, llegan a nuestros comercios congelados. También están ricos, pero el regustillo a txapapote, pues ya no lo tienen.

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Esta es la cabeza de otro langostino atlántico, pero que procede de las costas estadounidenses y canadienses. Se llama Penaeus duorarum y se parece mucho al P. kerathurus, pero si os fijáis tiene dos dientecillos en la parte ventral del rostro.

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Una especie muy frecuente en los comercios es el gambón o langostino austral (Pleoticus muelleri), que procede del Atlántico meridional y suele ser más grande que los langostinos anteriores. El rostro es bastante más corto que en los Penaeus y carece de dientes ventrales.

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Por último, la gamba blanca (Parapenaeus longirostris) puede ser confundida por su gran tamaño con un langostino. La confusión no es posible si nos fijamos, de nuevo, en el rostro que es muy fino y alargado y que, como en el caso del langostino austral, no tiene dientes ventrales.

Amigos del blogoplanton: con estas sencilla instrucciones ya podéis sorprender a vuestras familias y amistades demostrando vuestro conocimiento sobre los langostinos, y de paso probáis cuál os gusta más y luego me contáis…

“Diario de un copépodo” cumple un año

Amigos y moradores del blogoplancton:

hoy se cumple un año de la primera entrada de DDUC, lo que comunico a efectos de notificación.

12 meses, 365 días

 183 entradas

más de 940 comentarios

17.000 visitas en la era “bitácoras” y 5.000 en la era “WP”

un blogroll de lujo

y un largo futuro por delante

Gracias a todos los que lo habéis hecho posible.

Y como decía ayer, aquí están los fuegos artificiales…

Axiomas del blogoplancton

Con motivo del inminente primer aniversario de esta santa casa (que será anunciado a su debido tiempo, es decir, mañana) me gustaría compartir algunas de las cosas que he aprendido durante este año en el blogoplancton.

“Bloguear” es una actividad productiva

Como no me sobra el tiempo, tengo tendencia a clasificar mis actividades en “productivas” y “no productivas”. Mi conciencia me recrimina cuando me dedico a actividades no productivas tales como ver la tele, mirar a las musarañas, etc. Al principio temía que esto del blog fuese una actividad de las no productivas, pero a estas alturas estoy muy contento de haberme embarcado el blogoplancton y lo considero enriquecedor (por la labor de documentación de los temas sobre los que escribo, porque me ayuda a centrar mis ideas y a practicar con la escritura no científica -cosa que si no no haría- y porque se conoce a mucha gente interesante, aunque sea virtualmente).

La gente lee tu blog

Creo que he tenido cuidado de no caer en el comportamiento del hipotético pesado que cuando algún amigo le pregunta por algún tema responde “de eso ya he hablado en el blog, paso de repetirlo”. Lo que sí he sufrido en mis carnes es ir a contar alguna anécdota y que me respondan “sí, eso ya lo leí en tu blog, no me lo repitas” (incluso personas que no consideraba lectores potenciales). Al principio era una experiencia bastante extraña. corolario: nunca sabes quién puede leer tu blog, así que escribe siempre pensando que cualquier persona (sí, incluso esa persona) es un lector potencial. La vida da muchas vueltas.

Los lectores tienen su propio criterio

Se aconseja, y me parece totalmente cierto, que para conservar la autenticidad uno debe escribir especialmente sobre los temas que le gustan, y cuanto más apasionadamente mejor. Como es lógico los criterios del autor no siempre coinciden con los de los lectores, y así llegamos a las típicas situaciones en las que se te ocurre un tema, te documentas, amplías información, consigues enlaces, gráficos e imágenes y te esmeras en la redacción de lo que consideras una brillante entrada que… es pasto de la mayor de las indiferencias. Por el contrario puede ocurrir que se te ocurre una chorrada mayúscula que es recibida con aplausos y vítores. Al principio desconcierta, pero no hay que darle mayor importancia.

El blogoplancton premia la constancia

Tomarse en serio la labor bitacoril e intentar ser constante y escribir con frecuencia da sus frutos. Las sequías existen pero ¡siempre surge algo sobre lo que escribir!

El blogoplancton es adictivo

Pues sí, y se cuela en tu vida cotidiana. Antes de darte cuenta el pensamiento “¿qué podría escribir hoy?” se mezcla con el de “¿qué hay en la nevera para cenar?” o “tengo que llamar a Fulanito para quedar el sábado” y de ahí a reprimir el impulso de sentirse obligado a escribir no hay más que un paso (y yo me reprimo, es decir, no escribo por obligación sino porque me apetece).

En fin, que mañana, Solsticio de Invierno, autor y lectores cumplimos un añito. Ya estoy preparando la pirotecnia.

Madrid, nación cultureta

¡Madrid, Madrid; qué bien tu nombre suena,
rompeolas de todas las Españas!
La tierra se desgarra, el cielo truena,
tú sonríes con plomo en las entrañas

Antonio Machado

madriz2.jpgEstos versos me venían a la memoria en una de las ocasiones en las que, regresando en autobús a la capital desde Murcia durante el fin de semana, recorría las obras de la M-30 tras cinco largas horas de viaje, emocionado por volver a casa. Me gusta Madrid ¿qué pasa? y os aseguro de que a casi todos los madrileños nos pasa igual. No obstante, los que no sean de esta ciudad habréis comprobado en más de una ocasión que el madrileño medio disfruta regodeándose en una especie de tendencia masoquista que consiste en echar pestes de su ciudad patria, y aunque esto sea una costumbre más o menos extendida, yo mantengo que es especialmente atávico de los Madriles. Es más: casi me apostaría una (modesta) cantidad de dinero a que si habláis durante más de cinco minutos con algún madrileño sobre su ciudad sacará a colación casi de inmediato lo infernal que es el tráfico o, en su defecto, lo que deja que desear el cacareadísimo sistema de transporte público, y en ninguno de los dos casos estarían mintiendo. ¿A que os ha pasado ya?

Pese a todo, e incluso en contra de mi tendencia caprina de “tirar al monte” (naturaleza en sentido amplio) yo soy muy feliz viviendo aquí. Quizá esté relacionado con el hecho de que durante más de la mitad de mi existencia he vivido en una “ciudad dormitorio” que, aunque muy digna ella, no estaba precisamente a un tiro de piedra de mi lugar de estudios y, por lo tanto, de mis amistades. Por eso lo de tener el metro casi a las puertas de casa es para mí una bendición, y doy gracias al Flying Spaghetti Monster cada vez que me estrujo en el vagón cada mañana.

Ahora bien: Madrid ha sido casi desde sus inicios una ciudad imposible, una especie de experimento que nunca terminó de despegar, un desafío al sentido común… ¿a quién se le ocurre edificar una capital en medio de una inhóspita meseta y junto a un arroyuelo en lugar de un río de verdad? Madrid es un milagro insólito, fruto de la perseverancia y de la cabezonería de los castellanos que aplicaron el mismo toque surrealista que ahora hace crecer barrios de cientos de miles de habitantes en sus afueras sin previsión de un crecimiento paralelo de los servicios.

Para mi gusto nadie ha expresado mejor la condición orgullosa y a la vez quijotesca de la capital del Estado como el escritor y periodista griego Nikos Kazantzakis en su visita de 1931:

Alegre, cordial oasis sobre la ruda meseta desértica. La capital más elevada de Europa, la más próxima al cielo. (…) En mitad de la inhumana Castilla la Nueva, la tozuda voluntad real extendió esta bulliciosa tienda polícroma, verdadero milagro del desierto. (…) Así de pronto, en este desierto de Castilla, de tierras amarillas y rojas, de granito verdinegro, tu alegría crece cuando te topas con Madrid. Porque junto con la alegría sientes también el orgullo de la voluntad y de la tenacidad del hombre.

Madrid es en verdad un triunfo moral. Aumenta la convicción del hombre acerca de su virtud. Y cuando digo “virtud”, quiero decir la tenacidad y la fuerza. Por eso, desde el principio Madrid te resulta agradable como un hito de la victoria humana.

Nikos Kazantzakis

Viajando. España. Ediciones clásicas. 1998

(un libro muy recomendable, por cierto)

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