Europa capital Sofía

El primer día de 2007 pasará a la historia como el de la entrada de Bulgaria y Rumanía en la Unión Europea (UE), además de la entrada en vigor del euro en Eslovenia. Esta ampliación (la segunda del siglo XXI) tiene, sin embargo, un regusto muy amargo por el delicado momento que atraviesa la Unión, tanto por el estancamiento de sus instituciones como por los niveles de pasividad registrados en la ciudadanía europea, precisamente ahora que conmemoramos el 50º aniversario del primigenio Tratado de Roma. A pesar de sus innegables éxitos (y contando también a sus no menos innegables fracasos), la UE atraviesa un periodo difícil, quizá una crisis de identidad o una tendencia más nacionalista que europeísta, no lo sé, pero está claro que ha vivido tiempos mejores.

nuevaunioneuropea.jpg

En mi opinión son varios los factores que están contribuyendo a este desencanto generalizado. Ya que aquí estamos para eso, para expresar opiniones, aquí os las dejo a sabiendas de que algunas de ellas no van a gustar a todos.


En primer lugar hay que destacar que el funcionamiento institucional de la UE está totalmente estancado. Esto se debe a que los mecanismos políticos prácticamente no se han tocado desde el Tratado de Maastrich (1992) y la toma de decisiones sigue haciéndose, en sus aspectos importantes, por unanimidad. El tema de la anulación del veto que tienen todos los países ha hecho correr ríos de tinta, y aunque en los años 90 (12-15 miembros) aún resultaba factible, ya no lo es con 27 países. Es necesario establecer qué mayorías pueden llevar adelante iniciativas europeas incluso a pesar de que haya países que estén en contra. El comatoso Tratado de la Constitución Europea proponía una mayoría cualificada consistente en un 55% de los estados miembros equivalentes a un 65% de la población de la Unión. Esta apuesta valiente y democrática habría modernizado las instituciones y las habría adaptado a las nuevas circunstancias, pero el proceso truncado de ratificación ha acabado con esta posibilidad, al menos por el momento… y aquí llegamos a un punto de gran importancia.

El “no” francés a la Constitución Europea es, casi con seguridad, el artífice de la crisis que se vive en este momento (sin prejuicio de que existieran otro tipo de problemas). Yo mantengo a capa y espada que tanto la negativa gala como la bajísima participación en el referéndum español son ejemplos en los que la ciudadanía europea no ha sabido estar a la altura de las circunstancias, y no una muestra de decisión democrática. El “no” francés fue fruto del populismo y no de la reflexión sobre el texto. Del mismo modo, la baja participación española no tiene nada que ver con que se hiciera de prisa y que la gente no tuviese tiempo tiempo de entenderla, sino de una indiferencia pasmosa. Y digo yo (aquí es cuando me apedreáis) que si un pueblo no está preparado para entender u opinar sobre un tratado internacional de la relevancia de la constitución de marras, un referendum tampoco tiene mucho sentido. Llegar al texto final fue un proceso dificilísimo en el que el cuerpo de redactores (La Convención) integrado por políticos de distintos partidos y naciones tuvieron que llegar a un texto de consenso con el que estuvieran de acuerdo los gobiernos de 27 países distintos. Fue un esfuerzo titánico que, si bien ha sido ratificado por casi todos los países de forma parlamentaria, ha fallado precisamente en aquellos que han querido dar una mayor participación a la ciudadanía mediante un referendum. Un esfuerzo ninguneado por los franceses e ignorado por los españoles, en ambos casos con argumentos muy débiles, ya que casi ninguno de ellos tiene que ver en realidad con un desacuerdo con el texto constitucional.

1. No es una constitución, es un tratado. Cierto, puesto que la figura de la UE es algo inédito, ésta es la forma más factible de dotar a un ente internacional de una constitución. Gran parte del texto es una simplificación de los tratados ya vigentes.

2. Plantea una UE muy económica y poco social. Desde sus orígenes la CEE / UE se ha basado en la economía. Con esta constitución se daba un salto cualitativo importantísimo hacia una europa más social (con una declaración de derechos, un blindaje de libertades, etc). A mucha gente (yo incluido) le hubiese gustado un tratado más social, pero quien no sabe fijarse en la progresión, en la evolución de la Unión a lo largo del tiempo no puede apreciar este cambio. Decir “no” a esta constitución es arriesgado, ya que es el punto de acuerdo entre posturas muy divergentes; pedir una constitución más social aún de entrada puede implicar el fin del consenso, en lugar de ello habría que entender que estos cambios van lentos pero que, al menos, vamos en la dirección adecuada.

3. Está a favor de la pena de muerte. Eso es rotundamente falso. El artículo II-62.2 dice claramente “Nadie podrá ser condenado a pena de muerte ni ejecutado”. Se levantó una falsa polémica sobre este asunto porque en un anexo se especificaba que no se consideraría infracción si una persona mata a otra en defensa propia o si lo hacen las fuerzas de seguridad del Estado en cumplimiento de su deber y de acuerdo con la Ley. Esto puede resultar un poco duro de leer, pero son condiciones que aparecen en el Convenio Europeo para la protección de los Derechos Humanos (CEDH), vigente en España desde 1979 y del que nunca nadie se ha quejado. Es un poco hipócrita ponerlo como excusa para votar “no”.

4. Motivos varios. Durante el debate (tanto el español como el francés) los partidarios del “no” también justificaban su opción con argumentos tales como “no se reconocen las raíces cristianas de Europa” “No se menciona explícitamente a Ceuta y Melilla” o “Francia/España pierden poder”. Alguna de estas opiniones sí que están bien fundada, pero creo que parten desde una perspectiva nacionalista y no europea. si el ciudadano europeo no es capaz de pensar como tal (es decir, en el ente supranacional y no en la suma de países), desde luego que no está en la onda del espíritu constitucional.

europe_cow.jpgToda esta verborrea podría tener por conclusión eso último: que la población europea no es capaz de pensar supranacionalmente. Quizá no ha llegado el momento, quizá se ha perdido parte de la ilusión, quizá los tiempos que corren no son propicios para ello y casi toca más bien el desencanto. Por supuesto creo que los políticos tienen buena culpa de todo ello. Me da la sensación de que en estos momentos carecemos de políticos de talla suficiente con aquellos que contribuyeron tanto a la construcción europea a finales del siglo XX, y en el caso español, convertido el parlamento en un gallinero, hablar de políticos de envergadura es poco más que ciencia ficción.

En concreto es posible que paradójicamente sean las ampliaciones las que han suscitado cierto rechazo al proyecto europeo. No deja de ser muy sorprendente, sin embargo, que los países del Este del continente que entraron en la UE en 2004 sufrieran los mismos niveles de baja participación en las elecciones parlamentarias europeas de ese mismo verano. Quizá unas ampliaciones más lentas, con criterios de convergencia exigentes y con las instituciones ya renovadas no hubiesen forzado tanto la maquinaria institucional hasta llevarla al punto muerto actual, aunque en el fondo todos sabemos que la el miedo paranoico a la inmigración de los países más desarrollados tiene también mucho que decir sobre el rechazo al proyecto común.

Puesto que la mayoría de los “países ricos” forman parte de la CEE / UE desde tiempos remotos, es inevitable que los nuevos miembros sean casi siempre países poco desarrollados. Rechazar a esos países en la UE precisamente por su bajo desarrollo es posiblemente uno de los argumentos más egoístas que se puede tener contra la UE, especialmente si se es español. Ya no nos acordamos, pero a principios de los 80 también hubo rechazo ante la entrada de España y Portugal en la CEE (recomiendo leer “La balsa de piedra” de Saramago), y sin duda son dos ejemplos de países que han sabido aprovecharse de las ventajas de la pertenencia al club europeo y que ahora son miembros con un nivel de vida superior a la media y a los que nos tocaría empezar a colaborar en el desarrollo de los demás con mucho orgullo y no como usureros. Sin ir más lejos el gobierno español no tratará a los rumanos como a los demás miembros de la Unión (en cuanto a la libertad de desplazamiento, residencia y trabajo) hasta dentro de dos años (hasta 7 en otros países), poniendo de manifiesto una discriminación flagrante.

Sean bienvenidos, por mi parte, los búlgaros y los rumanos. Ojalá que esta sangre nueva y joven sea capaz de ilusionar a los 500 millones de personas que integramos esta apuesta por la democracia y la concordia que, en este momento, tiene el futuro bastante incierto.

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7 thoughts on “Europa capital Sofía

  1. alberto 2 enero 2007 / 19:51

    A mí lo que me parece es que Europa no es tal Europa, no existe un espacio político, mediático o incluso sentimental que se llame Europa.
    La vida de la gente, las referencias políticas y mediáticas siguen siendo nacionales y no hay visos de que la cosa pueda cambiar. Vaya, por poner un simple ejemplo, un poco burdo, en España se conoce tan poco a Frank Dubosc como en Francia a Los Morancos y tengo mis dudas de que empiecen, en un tiempo cercano, a conocerse unos y otros a ambos lados de los Pirineos.
    Honestamente, sin ese tipo de referencias, que no son sino cultura compartida no hay sociedad política posible.
    Pero el problema es evidentemente más grave: sin referencias afectivas hacia Europa por parte de los ciudadanos, los políticos se van a preocupar poco de hacer que las instituciones europeas sean democráticas y representativas, porque la verdad es que eso ayudaría a que los europeos empezáramos a identificarnos con Europa, al menos para empezar.

    Por cierto, no estoy de acuerdo contigo cuando dices que “El “no” francés fue fruto del populismo y no de la reflexión sobre el texto”. Me parece una afirmación demasiado a la ligera:
    Si los franceses dijeron “no” fue precisamente porque durante meses y meses antes del referéndum se reflexionó públicamente, artículo por artículo, sobre el texto. El “populismo” tendría su incidencia en el “no” (como mucho el 20% de la extrema derecha, tal vez), pero la mayoría del “no” fue una respuesta muy seria a una cuestión política muy seria que los franceses se tomaron muy en serio, votando en consecuencia.
    El “paso de todo” español fue distinto, reflejo máximo de la “democracia” española. Ni un debate, ni una reflexión… ni nada de nada.
    Mira, como comparación, en la época del referéndum español oí una entrevista a José Borrell en France-Culture, una de las cadenas públicas de radio francesas, en la que defendía, con argumentos, artículo por artículo, el tratado en cuestión. A los pocos días oí al mismo político en un mitin en España: ni un argumento, ni un razonamiento. ¡Tenían ideas y las defendían de manera convincente fuera de España pero en cuanto venían aquí se callaban, como si los españoles fuéramos idiotas!

    Lo que hay que hacer en Europa es, en primer lugar, fomentar una auténtica ciudadanía europea (lo que se ha hecho con la libertad de circulación de rumanos y búlgaros es vergonzoso) tangible y visible (que yo, por ejemplo, si quiero trabajar en otro país, tenga de verdad las mismas oportunidades que los ciudadanos del país), fomentar un espacio cultural, mediático… europeo y, en fin, reformar las instituciones y hacerlas más democráticas. Ya sé que es un argumento un tanto simplista, pero ese debería ser el proyecto. Los medios para conseguirlo, en cuanto a ellos, deberían ser claros, queridos y aceptados por todos…

  2. Rafa 3 enero 2007 / 20:33

    Alberto, gracias por tu comentario, esperaba tu opinión como parisino de adopción.
    Sobre la existencia o no de una “cultura” o “identidad europea” creo que todo es cuestión de perspectiva: existe aunque a veces no nos demos cuenta. Puede que un sueco y un chipriota se parezcan más bien poco, pero seguro que sí que tienen un acervo común sólido si los comparamos con un japonés o un tunecino. De todas formas yo iría aún más lejos: la preexistencia de una identidad europea no es indispensable para que se forje. De hecho la mayoría de los sentimientos “nacionalistas” son totalmente artificiales (en mi opinión, claro). Bastaría con que se deseara que existiera Europa para que se justificara su existencia, pero insisto en que sí que creo que hay una identidad europea.
    Además, la UE surge casi como una necesidad en el siglo XXI: sólo integrados en un organismo supranacional podremos los europeos participar satisfactoriamente en un mundo globalizado.
    Lo que digo sobre el “no” francés es una opinión basada en la observación. Seguí el debate pre-referendum en distintos foros de internet(coincidía con el último curso de francés al que fui). Aunque sí que es cierto que el debate fue mucho más intenso en Francia, yo encontraba que los argumentos para el “no” eran los mismos que emplearon los homólogos españoles (algunos de los cuales menciono arriba).
    El único argumento que me convence y con el que además estoy de acuerdo es que sería preferible una constitución más social, pero el texto propuesto era ya fruto del consenso: unos la rechazaban porque estaba muy a la derecha y otros porque estaba muy a la izquierda.
    Dede luego el nivel de reflexión política en Francia es mucho mayor que el español, pero aún así los franceses me decepcionó, porque son muy participativos pero a la vez volubles y “revolucionarios”. Creo que fue más un “no” a Chirac y Raffarin que a la constitución, y también creo que los franceses no son muy entusiastas en la construcción de la UE pese a la fama de “motor” que tienen: el referendum de Maastrich del 92 salió adelante por los pelos.

  3. Alfie 3 enero 2007 / 21:04

    Es difícil saber por qué no tenemos un espacio político, mediático o incluso sentimental común, os prometo que si tuviera la respuesta estaría forrado trabajando para la UE, pero quiero haceros reflexionar sobre unas cosillas, campañas abrumadoras de propaganda de integración como la de la moneda única, cosa que descubrieron los romanos hace mucho tiempo, o la de hacer pelís con dinero del fondo europeo “euroimages” con el telón de fondo “beca Erasmus o que bien me lo paso follando en el España, que no dejan de ser un poco copia de los bodrios a la nortaca de pelís de estudiante salidillos” o el mero acto de elegir el parlamento europeo cada cuatro años, pero esas y una mil estrategias, por cierto, muy bien orquestadas no dan su fruto. Y me planteo:
    ¿Puede que estemos viviendo en la resaca de los nacionalismos del XIX?
    ¿Puede que nos venden que vivimos en la aldea global, pero en la realidad vivimos en Localia y lo demás me importa un “guevo”?
    ¿Nos hemos impermeabilizado los ciudadanos de Europa a las estrategias de propaganda? o ¿Van más rápido de lo que deben? Hay algo que es obvio, no es lo mismo cohesionar a 15 que a 22 o 45.
    ¿Puede que las becas Erasmus sean un mercaderio para a ver si me aprueban en el extranjero este truño de asignatura que en mi país nunca la conseguiré aprobar?
    Estoy siendo demasiado negativo, no sé, pero ahí os dejo mi reflexión, así lo veo por lo menos y me parece triste porque me gustaría que fuera de otra manera.

  4. Rafa 5 enero 2007 / 14:50

    Sí, mucha autoumbilicoscopia es lo que hay, de eso no hay duda.

  5. Gianna 8 enero 2007 / 13:13

    Estoy de acuerdo con casi la totalidad de tu artículo, salvo en la frase que dices al principio de “la ciudadanía europea no ha sabido estar a la altura de las circunstancias, y no una muestra de decisión democrática.”. Yo creo, más bien, que los políticos europeos no supieron estar a la altura de las circunstancias, asumiendo que la gente iba a votar sí, y si no votaban sí estaban en contra de Europa (de hecho, luego dices que carecemos de políticos de talla, afirmación con la que estoy totalmente de acuerdo, y creo que han sido la causa precisamente).

    Sin embargo, yo creo que la ampliación de los últimos años no ha sido acertada por varios motivos. Primero, por la famosa frase de “quien mucho abarca, poco aprieta”. Como dice Alfie, no es igual cohesionar a 15 que a 27. Y segundo porque creo que hubiera sido más lógico esperar unos años para crear una cohesión más fuerte entre los 15, y luego incorporar a más países, que haberse expansionado tan rápido. Claro que también hay argumentos para la opción que se ha decidido. Depende del objetivo final. Yo creo que la Unión Europea debería tender a ser una unión política. Por eso opino que la ampliación debería haberse demorado.

    Y sí, es cierto que cuando entraron España y Portugal tenían una renta inferior al resto de países de la UE. Pero no es lo mismo integrar a 2 países que a 12. Y más cuando, a pesar de aumentar el número de países con menor renta, se decide reducir la cuantía total de los fondos de cohesión.

  6. Rafa 10 enero 2007 / 20:35

    Gianna, yo insisto en que tampoco los ciudadanos estuvieron a la altura porque (opino) la inmensa mayoría de los que votaron que no, tanto aquí como en Francia, lo hicieron por motivos ajenos al texto en sí y más bien por ir contra el sistema, por oponerse a un gobierno, etc.

    Sobre lo demás estoy de acuerdo contigo: la mega-ampliación debió haberse hecho más gradualmente y con la estructura institucional ya modificada.

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