Muerte en el cine

Finalmente han cerrado los cines Benlliure (Alcalá 106). En este momento constaba de dos salas y fue inaugurado en 1954. Es sólo un caso más de la oleada de cierres de salas de proyección, algunas de ellas realmente antiguas, para ser sustituidas por tiendas de ropa y otros locales, digamos, más pragmáticos para el siglo XXI. No deja de llamar la atención que una ciudad que ha llegado a tener casi 600 salas se haya quedado, ahora que alcanza los niveles más altos en cuanto a número de habitantes, en poco menos de una treintena. Si el número de cines per cápita se pudiese usar como indicador cultural los madrileños saldríamos muy mal parados. Esta epidemia, sin embargo, no se ciñe sólo a la capital. Durante mi estancia en Murcia constaté que, descontando la filmoteca, sólo quedaban dos cines en el centro de la ciudad (y en el caso del cine Rex se llegó a hablar de su cierre inminente, que finalmente y por suerte parece que no se va a producir).

Al margen de la pérdida afectiva y simbólica de estas minusvaloradas “instituciones” (todo lo que sea afectivo tiene poco que hacer frente al poder de Don Dinero) se está perdiendo un patrimonio cultural insustituible, cosa que tampoco es que esté muy valorada en este momento. Ahora que parece que nuestras administraciones tanto se preocupan por nuestra cultura resulta especialmente irónica la permisividad con la que se observa sin ninguna reacción estas trágicas clausuras, en este caso por parte del ayuntamiento de Madrid. Como no podía ser de otra manera, las autoridades “competentes” tienen claras las causas de estos cierres: la culpa es de la piratería.

Semejante simpleza en el análisis llega a ser agotadora, o al menos eso creo yo. En primer lugar ya es un poco repetitivo el uso de la piratería y de las descargas muleras como la cabeza de turco omnipresente en los problemas cotidianos. Cuando consigan que nos creamos que el E-mule es el causante del cambio climático y del precio de la vivienda ya veréis qué bien nos va todo. De entrada me entero de que la asistencia al cine ha aumentado un 16% entre 1990 y 2005 y navegando un poco más me horrorizo no sólo al comprobar la cantidad de cines que se han cerrado en muy poco tiempo (y las amenazas que caen sobre algunos de los más emblemáticos de la Gran Vía) sino de la parte activa que está teniendo el ayuntamiento en todo el proceso.

Sin embargo, y aunque me parece vergonzosa e intolerable la actitud de mi ayuntamiento en este tema, también se puede ir más allá. ¿Cómo es que la asistencia a los cines aumenta, aunque sea muy poco, si cada vez hay menos salas disponibles? Pues creo que es evidente la relación que tiene este fenómeno con la (sub)cultura del centro comercial. Paralelamente a esa desaparición de salas añejas se han ido abriendo multicines cada vez más montruosos en centros comerciales igualmente mastodónticos en las afueras de nuestras ciudades, exactamente donde los mismos que chasquean la lengua al pasar ante un topmantero subsahariano disfrutan gastándose tiempo y ocio.

Por hoy dejo de lado lo decadente que me parece pasar la tarde del sábado en un centro comercial, precisamente porque esa forma de ocio está destinada al consumo de una forma tan explícita que me da náuseas. Aunque ocio y consumo vayan de la mano en la mayoría de las ocasiones (hostelería y espectáculos) el inducir a la población a considerar ocio comprar todo tipo de productos va mucho más allá. Los cines de estos lugares, e incluso los megalíticos “Kinépolis” y similares tienen una filosofía del consumo detrás que llega a atentar contra el propio hecho cinematográfico. Son proyecciones vacías, en las que a veces pienso que el espectáculo está más en el patio de butacas que en la pantalla: gente maleducada a tropel, comentarios, vítores y abucheos a la proyección, olores de todo tipo de alimentos (verbigracia: nachos con queso, hamburguesas,…) y una excesiva preocupación en el tamaño y la comodidad de la butaca (quizá por si el espectador quiere echar un sueñecito) y el espacio para poner la coca-cola. La película, evidentemente, es lo de menos. De hecho aunque pretenden vendernos que es precisamente en esos lugares donde hay una mayor oferta, es una verdad constatable que sólo ofrecen los taquillazos de turno, los que aseguran un lleno de la sala, por lo que el valor como templos del consumismo de estos lugares llegan al clímax al obligarnos a ver lo que ve todo el mundo. No hay cine más allá de Torrente y Star Wars.

El virus del centro comercial es más peligroso que el de Gallardón y que el del E-mule, y poco hay que hacer contra él. Tiene que ver con algo mucho más íntimo que el dinero que te ahorras por hacer una descarga en vez de comprar un CD o lo que se van a alegrar los de Zara por poner un nuevo garito en el centro de Madrid. Está relacionado con la manera que tiene un sector creciente de la población española de entender su tiempo libre, cada vez más ligado al consumo por el consumo. Poco puedo hacer más que quejarme, y no me extrañaría nada que alguien me tache de carca, pero al final uno se pone a analizar la situación y el cierre de cines me parece una consecuencia totalmente previsible de los tiempos que vivimos llenos de aborregamiento y pasividad.

Yo me quedo mientras pueda con los cine-ghettos en extinción, con sus butacas que se cierran, sin espacio para la bebida -que no compro-, con el silencio respetuoso de quien está dispuesto a la experiencia ya centenaria de disfrutar de una película en las condiciones en las que el director quiso que se viera, o mejor aún, que se viviera como una experiencia completa. Vivid el momento mientras queden cines “normales”, que a este paso nos estoy viendo a todos sentados en un butacón de orejas con vibrador-masaje viendo Harry Potter 14 mientras comemos una pizza 4 quesos y quedamos por el móvil para comprarnos ropa molona después de la película. Eso sí que es un plan.

Anuncios

12 thoughts on “Muerte en el cine

  1. Gianna 5 febrero 2007 / 13:13

    Por esas razones, yo sólo he ido dos veces al Kinépolis, y gracias. Además el tener que ir obligatoriamente en coche quita las ganas. Y precisamente por las cosas que comentas nosotros nos hemos abonado a la versión original. Ahí al menos te evitas gran parte de gente maleducada, y como hay que hacer el esfuerzo de leer los subtítulos, la gente suele ir a ver la película.

    Y, aunque estoy de acuerdo con el post, en los últimos tiempos los cines de toda la vida del centro de Madrid se aleja(ba)n bastante del silencio respetuoso de quien quiere ver la película. Mis últimas visitas al cine Callao o al “Palacio de la Música” se han caracterizado por el tener que chistar varias veces y por encontrarme niñatos de todo tipo haciendo el moñas. Además, si precisamente por algo se caracteriza(ba)n estos cines no es(¿era?) precisamente por poner películas de culto, sino taquillazos (para ver otro tipo de películas tienes que ir a los Alphaville, los Renoir o los Yelmo).

    De todas formas, los de Madrid capital no sabéis lo que tenéis (incluso aunque quiten algunos cines). En mi pueblo, durante toda mi infancia y adolescencia sólo teníamos un cine para todo el pueblo, donde ponían sólo los taquillazos, y no hemos tenido nada más hasta que nos han puesto el centro comercial (que no es ni la quinta parte del Kinépolis, todo hay que decirlo).

    Supongo que ni tanto ni tan calvo: ni sólo un cine en el centro para todo el pueblo, ni un huevo de cines en un centro comercial.

    PD: El 7º libro de Harry Potter será el último, así que no creo que hagan HP 14, aunque tampoco pondría la mano en el fuego por ello :-)

  2. edryas 5 febrero 2007 / 14:50

    ¿La Rowling ya es suficientemente rica?

    Lo más gracioso de la gente es que te dicen “Tenemos que ir a ver esa peli al cine porque tiene muchos efectos y en casa no se ve igual” o “En los cines de Col’lada -que ya de por sí son multisalas- no mola ver las pelis, hay que ir al Plenilunio, que tiene dolbisurrraun y una cacho pantalla la leshe” Y, lo mejor, lo mejor, es que eso te lo dice un dendrófilo ecologista que quiere boicotear todos los malls. ¿?

  3. Alejandro 5 febrero 2007 / 15:29

    Por eso las peliculas me las bajo de internet y las veoen mi pantalla e 200 pulgadas……

  4. Rafa 5 febrero 2007 / 20:00

    Gianna: es verdad eso de que si te gusta el cine al final acabas abonado a la versión original, quizá por eso tiendo a confundirme y creer que sólo hay palomiteros en los mega-centros. Por otro lado es lógico que los cines grandes pongan películas taquilleras, pero la diferencia entre ir al centro e ir al Kinépolis es que en la zona de Gran Vía y Plaza de España (15 minutos andando, como mucho, de punta a punta) acabas teniendo una diversidad de películas -incluyendo VO y dobladas- que no ves en un Kinépolis ni de cogna.

    Y lo de Harry Potter era una coñita -aunque lo que sí admito es que no me gusta nada- pero no te fíes tú, que secuelas más inverosímiles se han hecho :-P

    Edryas: ¿Sabes lo que me parece el colmo? Hay un centro comercial (creo que en Alcobendas) que por dentro llega a imitar una zona peatonal de una ciudad: parques (de corchopán), fuentes, bancos, farolas, tiendas… etc. De verdad que tal nivel de ridiculez me sobrepasa… ir a un edificio donde por dentro se imita lo que tienes al bajar a la calle. ¡Gensanta!

    Alejandro: A mí también me gusta ver cine en casa, pero qué quieres que te diga, para mí no hay color entre eso e ir al cine de verdad.

  5. cinefila 6 febrero 2007 / 19:35

    Tienes razón donde este el espacio magico del cine no hay otro lugar que lo supere. Es una pena lo de la Gran Via eso que dijo el Alcalde que iba a ser el Brouway madrileño y una lec… Una vez mas nos toman el pelo. Como soy algo mayor os contare que ir al cine en la Gran Via era una fiesta que solo podiamos hacerlo una o dos veces al año. El resto lo haciamos en los cines de barrio que me acuerdo (aunque soy mayor) ponían dos pelis y era sesión continua, por lo cual estirabamos las pelas y estabamos desde las 4 de la tarde hasta la hora de ir a casa a cenar veiamos la peli todas las veces que el tiempo nos dejaba. Ahhhh que buenos tiempos y eso que entonces no habia palomitas ni coca-colas pero nos comprabamos paluluz y chupabamos como locos aquellas tiras de palo que sabian dulces jajajajaj.

  6. Mario HPR 7 febrero 2007 / 10:32

    Que gran lacra es la SUBCULTURA del centro comercial. Yo vivo en San Sebastián de los Reyes, que ostenta el dudoso honor de tener más centros comerciales por metro cuadrado que habitantes. Centros comerciales que son capaces de albergar una gran masa de gente, pero que tienen unos accesos a ellos mínimos, originando monstruosos atascos todos los fines de semana. La gente parece que invierte su tiempo libre en consumir a “cualquier precio“, pero ¿les queda tiempo libre para disfrutar con lo que compran?

  7. alberto 7 febrero 2007 / 12:09

    Es vergonzoso lo que se está haciendo con los cines, de momento, en Madrid. El otro día hablé precisamente de eso en mi propio blog, porque en Paris es todo lo contrario: las salas de barrio estan super protegidas y el hecho de que siquiera se pensara en cerrarlas es practicamente inimaginable. Mi cuñada me hablaba el otro dia del cierre de los Benlliure, pero no son los únicos, porque a los de la Gran Via les quedan tambien dos dias mal contados. Y eso sin hablar de la penosa situacion de la versión original en la oferta cinematografica española (en Paris lo raro es que las peliculas sean en version doblada). En fin, la situacion en España es de vergüenza.

  8. Rafa 7 febrero 2007 / 19:22

    Razón tenedeis…

  9. Jorge M. Cartas 13 febrero 2007 / 1:28

    A mi me siempre me parecerá un poco triste el que se cierren lugares emblemáticos, pero Rafa, me parece que has sido demasiado exagerado. Planteas el tema como si fuera el fin del mundo, y creo que tampoco hay para tanto.

    Creo que no tiene nada que ver el cine del que hablas con el de las multisalas. No se puede comparar, porque su finalidad es diferente.
    No me gusta, pero me parece razonable que se vayan reduciendo los espacios donde se den actividades en desuso.

    Sé que no estás de acuerdo, pero alguien tenía que defender la postura contraria.

  10. loximann 13 febrero 2007 / 14:54

    No quito parte de razón, pero es que… ¡Qué cómodas son las butacas del Kinépolis! ¡Qué ricos los nachos con extra de guindilla! ¡Qué pantallas más grandes, y qué sonido! ¡Y si encima tu padre es cojo y puede aparcar en la mismísima puerta y saltarse toda la cola, definitivamente es la leche!
    Que de acuerdo, que las salas chiquiticas son muy cucas, pero también he tenido alguna experiencia nefasta en el cine de mi barrio, con los bakalorros (bakala+calorro).
    Pero Kinépolis, de todas formas, me parece una excepción. En general, estoy de acuerdo en que los multicines de los centros comerciales son sitios muy muy cutres.

  11. Rafa 13 febrero 2007 / 20:14

    Oye Jorge, que a mí me parece estupendo que defiendas la postura contraria ¡faltaría más! De todas formas te aclaro que no estoy en contra de las multisalas (los cines a los que yo voy son multisalas) ni de los cines de los centros comerciales (si no me gustan no voy y punto) sino de la clausura de cines en el centro. Y estoy en contra porque son lugares de valor cultural que las autoridades están obligadas a proteger (que para eso les pagamos los impuestos entre otras cosas) y porque la alternativa es, desde mi punto de vista, mucho más pobre.
    De todas formas te doy la razón en que no es el fin del mundo.

    Nada que objetar a lo de Loximann tampoco. Es que a veces me gusta desahogarme.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s