La viñeta de Ernesto Rodera

A diario me tiro hora y media usando el transporte público madrileño (los días buenos, quiero decir, los malos acaba siendo algo más). Con el tiempo uno termina conociéndose los periódicos gratuitos muy bien. Como las noticias son cortas a veces puedes leer varios en un mismo viaje y comparar, frecuentemente con tronchantes resultados. Además son de gran ayuda cuando no te has llevado el libro o el MP3. Por lo general no es que sean de una calidad extraordinaria, y de hecho alguno de ellos es definitivamente malísimo (desconfiad de los periódicos que tengan en rojo su nombre, como dice una amiga mía), aunque a veces ciertos contenidos sorprenden.

El diario ADN tiene como viñetista a Ernesto Rodera, que con un estilo que recuerda un poco al de El Roto, me arranca sonrisas muchas mañanas y me gustaría poner aquí algunas de sus viñetas que más me han gustado de los últimos días. Podéis ver muchos de sus trabajos en su página web, y su viñeta diaria está disponible en la versión digital del diario ADN. Pues eso, que ya que estamos, mejor nos reimos ¿no?

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El jefe de todo esto

Direktøren for Det Hele (Lars Von Trier, 2006)

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¿Qué? ¿Ya todos estábais pensando que iba a poner la crítica de 300, eh? ¿Os pensáis que esto es un blog medianamente serio cuyo equipo de redacción pierde el culo por ofrecer la información que todo el mundo quiere leer? Pues no. En lugar de hacer eso, como se puede leer ya en algunos de mis blogs frecuentados (1) (2), aquí sorprendemos al personal con una comedia danesa del director Lars Von Trier. Cosas de copépodos (y de la demanda de entradas). Vamos al meollo. Aunque muchos de vosotros arruguéis la nariz cuando veáis en la misma oración la palabra “comedia” y el nombre “Lars Von Trier” no se trata de un error tipográfico: el director de Dogville deja que los espectadores por una vez sus venas tranquilas y se dedica a hacer reir, ¡y con éxito!

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La historia trata de un actor de teatro con sofisticadas aspiraciones artísticas pero muy venido a menos, en el más absoluto de los paros y de los olvidos que es contratado para realizar una actuación muy atípica. Un alto ejecutivo de una empresa le pide que ejerza el papel de director (“el jefe de todo esto”) de la misma durante un acuerdo comercial con una influyente firma islandesa (?). Aunque el acuerdo no se puede cerrar, el actor descubre que la persona que le contrata es realmente el jefe de la empresa, pero que tiene engañados a todos los empleados haciéndoles creer que el director real está en EE.UU. (y gracias a esa excusa consigue mangonearles constantemente). El actorzuelo finalmente acepta el inusual empleo de hacer como si fuese el director general a pesar de no tener ni la más remota idea de nada que tenga que ver con la empresa ni con la informática. Así contado lo mismo queda un poco soso, pero os aseguro que las situaciones absolutamente surrealistas que se pueden dar son tan inesperadas como hilarantes. Me resultó muy sorprendente que el humor danés sea tan parecido al ibérico (los directores bien podrían haber sido los Fresser).

A nivel técnico hay que mencionar que aunque no es estrictamente “cine Dogma” el planteamiento es más bien austero a todos los niveles (realización, iluminación, música, etc), lo que deja en la interpretación y el guión (con giros hasta el último momento) todo el peso de la película, que me parece muy recomendable. Cabe preguntarse, sin embargo, si hubiese tenido la oportunidad de ver esta película si finalmente las salas de cine consiguen imponer su criterio de vetar la cuota mínima de cine europeo (uséase, minoritario) y conseguir que en todas partes se proyecte sólo lo que vende. Íbamos a tener espartanos para rato.

Europa en la edad del pavo

En un universo paralelo en el que un referéndum en Francia no hubiese sido empleado como arma contra el gobierno de turno hoy estaríamos celebrando no sólo el 50 aniversario del Tratado de Roma, sino la puesta en marcha de forma oficial del primer Tratado Internacional con aspiraciones constitucionales para 494 millones de ciudadanos. Sería hoy, 50 años después, cuando la Constitución Europea hubiese entrado en vigor dando una lección de política, democracia y humanismo a todo el planeta. Por alguna razón yo no vivo en ese universo paralelo y me toca estar en esta otra versión en la que el proceso constitucional está estancado y toda la UE se revuelca en una crisis de identidad de difícil solución. ¿Es una edad del pavo tardía o una menopausia?

Tenía pensado soltar aquí un rollazo intragable sobre política comunitaria que os forzara a no regresar nunca más por aquí, pero me voy a cortar. Ya dije algunas de las cosas que opino aquí o aquí y no es cuestión de repetirse. Seré breve:

  • Una inmensa mayoría de la ciudadanía española está de acuerdo en que haber ingresado en la CEE/UE ha sido bueno, aunque muchos refunfuñen cuando toca contribuir a la convergencia.
  • No todas las políticas de la UE me parecen bien (desde el canon de las bibliotecas al nuevo Espacio Europeo de Educación Superior).
  • El funcionamiento actual de la UE es inmensamente inefectivo ya que se sigue rigiendo por los principios que la mantenían viable con menos de la mitad de los países que la integran hoy. Una reforma en profundidad de sus instituciones es totalmente necesaria, haya constitución o no.
  • Sólo desde la UE los países europeos tendrán una voz en el mundo del siglo XXI, el de la globalización, el de la reducción de las libertades obtenidas en épocas anteriores, el del choque o alianza de civilizaciones. Corren tiempos turbulentos, tiempos de crisis (que preceden a los cambios) y los europeos tenemos algo que decir. Seamos creativos y constructivos en nuestras críticas.

Feliz 50 aniversario.

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Guía del naturalista galáctico (6): el estereoscoponto toracoluminiscente (E.T.)

Estereoscoponto Toracoluminiscente (E.T.)
Stereoscopontus toracoluminiscens

(El nombre de la especie hace alusión a su visión estereoscópica y a su tórax bioluminiscente)

Un E.T. camuflándose en el entorno

Introducción
En esta entrega de la Guía de campo del naturalista galáctico se ha incluido a un organismo singular y muy desconocido del que apenas se tienen datos contrastados. Esta lamentable situación se debe a que la breve interacción conocida de esta especie en nuestra biosfera tuvo lugar en una sola ocasión (Spielberg, 1982) que constituye la única fuente de información científica. Por desgracia los datos son limitados y muy fragmentarios debido a la falta de profesionalidad de los científicos encargados de su estudio. Hubo un segundo avistamiento años más tarde (Lucas, 1999), pero que no agregó mucha más información a efectos biológicos por su extrema brevedad. No obstante cabe destacar que el estereoscoponto toracoluminiscente (en adelante E.T.) se debe considerar como una criatura severamente peligrosa y se intentará evitar el contacto con ella en todo momento si no se quieren sufrir graves secuelas emocionales que pueden tener síntomas psicosomáticos conduciendo finalmente a estados profundos de depresión, ansiedad, autolesiones, síndrome de abstinencia y/o muerte.

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Lo que nos enseñó el preformacionismo

homunculuslarge.pngTenía pensado comenzar el título de esta entrada “los trapos sucios de la ciencia” como ya hice con la de la historia de la estructura del ADN. No lo he querido hacer porque podría transmitir una especie de mirada por encima del hombro a las teorías del pasado que una vez estructuraron la biología incipiente y que resultaron ser falsas. Con los medios de los que disponemos en la actualidad a menudo es tentador tachar de barbaridades muchos de los planteamientos científicos empleados en el pasado. Creo que resulta mucho más interesante meterse en la mentalidad de la época e intentar entender las motivaciones y evidencias que llevaron a pensar lo que ahora nos parece absurdo pero que en su momento fue totalmente razonable. Este ejercicio ayuda además a relativizar el avance de la ciencia: somos productos de nuestro tiempo, y a veces nuestra propia mentalidad, nuestros valores y nuestra forma de pensar como colectivo, como sociedad, determina qué somos susceptibles de creer y por qué tipo de ideas estamos dispuestos a luchar, y no sólo en el campo de la ciencia.

Allá por el siglo XVII ya se conocían los fundamentos básicos de la reproducción animal en lo que respecta al papel de los gametos (óvulos y espermatozoides) en la concepción de una célula-huevo (cigoto) que es la que, al desarrollarse, da lugar al organismo en cuestión “a imagen y semejanza” de sus progenitores. Había aún, como es natural, muchas lagunas por esclarecer (la embriología sigue siendo en la actualidad un campo con multitud de procesos y fenómenos por descubrir). Uno de los aspectos que resultaba más llamativo era la capacidad que tenía una célula indiferenciada en dar lugar a un animal completo, en todos sus detalles. Es en este contexto donde surge el preformacionismo que defendía que en los gametos ya existía una versión microscópica del organismo adulto y que por lo tanto el desarrollo embrionario se limita exclusivamente al crecimiento del animal liliputiense en cuestión (animálculo). Arriba a la izquierda podéis ver el dibujo de un espermatozoide humano realizado por Nicolas Hartsoeker en 1694 en cuya cabeza podéis ver un diminuto bebé en posición fetal (conocido como homúnculo). Por ridículo que pueda parecer en la actualidad, no sólo se pensó que esta explicación al desarrollo embrionario era posible, sino que además Harstoeker creía ver realmente a estos homúnculos a través del microscopio y ahí está la cuestión fundamental. Yo no dudo de la honestidad científica de Harstoeker, pero sirve para ilustrar que cuando se busca por todos los medios una explicación se llega a forzar tanto a la mente que a veces se le obliga a dar una. Por otra parte nos podemos imaginar las limitaciones tan enormes de aquellos microscopios pioneros donde al cabo de un rato dejándose los ojos el científico era capaz de ver cualquier cosa sin la ayuda de ningún tipo de psicotrópico.

No es censurable que Hartsoeker viera hombrecillos dentro de los espermatozoides. Sí lo es que este error permaneciera más allá de lo estrictamente inevitable. Me recuerda al chascarrillo que cuenta que, durante muchos años, se pensó que el número de cromosomas de la especie humana era de 44 (realmente son 46, como sabéis). Hasta tal punto este número quedó fijado en la mentalidad de los biólogos de la época que en ciertos libros se podía ver una imagen de los 46 cromosomas bien visibles mientras que el pie de foto sostenía que eran 44.

Continuando con el preformacionismo me gustaría añadir que con el tiempo se desarrollaron dos ramas: la de los espermistas (como Hartsoeker) que pensaban que el homúnculo estaba en el espermatozoide y la de los ovistas que veían más verosímil que éste estuviera en el óvulo. Para añadir más leña al fuego, hubo quien empezó a plantearse que, de ser cierto el preformacionismo, cada homúnculo contendría en su interior los gametos con los homúnculos de la siguiente generación y así sucesivamente.

Como oposición al preformacionismo estaba el epigenetismo (no confundir con la epigenética), que explicaba la formación del organismo a partir del material genético contenido en un huevo homogéneo. Con el paso del tiempo, especialmente con la mejora de las técnicas de microscopía y limpieza de legañas, dejaron de verse homúnculos y el epigenetismo terminó por imponerse.

Durante una clase de 5º curso un profesor mencionó al preformacionismo en una intervención que resultó ser de las que más me gustaron de toda la carrera. Nos habló del homúnculo y todo lo demás desatando risas entre muchos de los alumnos (recuerdo que fomentar las miradas por encima del hombro hacia el preformacionismo es precisamente una de las cosas que quería evitar). Tras las (esperadas) risas advirtió que no nos extrañáramos tanto puesto que aún a comienzos del siglo XXI se podían caer en simplificaciones semejantes. A continuación cogió un póster doblado y lo extendió a la vista de todos. Era el póster del número especial de Nature en el que aparecían resumidos los resultados del Proyecto Genoma Humano, cuyo “mapeo” había sido completado muy recientemente por aquel entonces. Aunque es muy discutible asemejar el preformacionismo con el PGH es cierto que había (y sigue habiendo) una tendencia a considerar desde un punto de vista quizá excesivamente determinista a todo lo que tenga que ver con los genes, y este efecto sí que tiene que ver con el preformacionismo: lo que aún no se conoce bien se rodea de un halo de misterio y de omnipotencia. Los titulares de los periódicos (a menudo excesivamente sensacionalistas) hablan constantemente de “el gen de la diabetes” “el gen de la inteligencia” o “el gen de las torrijas” como si todo estuviera ya de antemano escrito en los genes. Estemos advertidos de que en otras ocasiones en las que se forzó una respuesta a cuestiones que no estaban solventadas se acabaron viendo diminutos hombrecillos en los espermatozoides. En los planes de estudio modernos la importancia que se da a la historia de la ciencia es casi nula. Quizá no fuese una mala idea que los futuros científicos aprendiesen a relativizar los avances de sus disciplinas. No nos extrañe que luego pase lo que pasa.

Otro honoris causa para Saramago

saramago.JPGAyer al mediodía tuvo lugar la investidura como doctor honoris causa de la pintora amiga de Espe del autor José Saramago en la Universidad Autónoma de Madrid (¡la trigésimo sexta que le otorga este tipo de reconocimiento!), a la que asistí con muchísimo gusto. En realidad se trataba de una investidura doble, ya que también se le concedió esa distinción al filósofo Eugenio Trías Sagnier, al que no conocía y cuya obra queda, mucho me temo, más allá de mis capacidades. Si asistí fue porque las novelas de Saramago me gustan mucho y siempre que he tenido oportunidad de escucharle ha sido una experiencia enriquecedora. Por otra parte era la primera vez que iba a un acto de estas dimensiones y eso también merece un comentario: una investidura de estas rebosa protocolo por todas partes (hasta tal punto que según entras en la sala la universidad no sólo tiene el detalle de entregarte una copia de los discursos que van a ser pronunciados, sino también de un “guión “de la ceremonia para que sepas cuándo te toca levantarte y para que no preguntes cada cinco minutos al de al lado “¿falta muchoooo?”). Pequeño inciso: esta ceremoniosidad no se corresponde en absoluto con el trato que se da a los estudiantes, al menos en la UAM, que si bien recibimos una carta de felicitación del Rector Magnífico cuando nos admitieron, una vez licenciado no te dan ni los buenos días. Aprovecho esta tribuna para exigir una carta de felicitación cuando acabas los estudios que de paso podría estar acompañada de una sencilla pero emotiva ceremonia culminada con una patada en el culo graciosamente ejecutada por, al menos un decano.

Pero ya me estoy desviando (otra vez). La ceremonia comienza con la entrada en la sala del rector y otros doctores todos ellos ataviados con toga y con birrete coloreado en función del área de conocimiento de forma que parecen un parchís académico. Antes de la investidura propiamente dicha el padrino expone un laudatio sobre el doctorando (un discurso donde ensalza su figura y su importancia de forma que al final acabas convencido de que no sólo merece ese reconocimiento sino que debería presentarse a secretario de la ONU). En el caso de Saramago su padrino habló, entre otras cosas, del estilo peculiar de sus novelas (no usar signos de puntuación más allá del punto y la coma) y la función del mismo a la hora de facilitar una comunicación especial entre autor y lector y de hacerle partícipe a la hora de leer el texto.

Tras el repaso de los méritos se le impone al doctorando el birrete, se le otorga un diploma, un anillo y unos guantes blancos. Después el rector se acerca, le da un abrazo y todo el mundo aplaude. En el caso de Saramago el aplauso fue una verdadera y sentida ovación realmente emocionante, tras la cual procedió a darnos su lección magistral, que fue en portugués pese a que su castellano es exquisito (doy fe), pero dado que los asistentes podíamos seguirlo por escrito no era muy difícil entenderlo casi en su totalidad. En ella profundizó sobre el papel de la alegoría de situación en sus novelas, especialmente después de “Ensayo sobre la ceguera“, que según él mismo reconoce, marca un antes y un después en sus obras. Personalmente me parece que es su mejor libro, al menos de los que conozco. Por último me gustaría reproducir algunas palabras del escritor (su discurso está disponible al completo en portugués y castellano).

A história vai contar algo totalmente contrário ao senso comum, algo que até esse momento nunca havia sucedido, mas que o leitor, feitas as devidas abstracçoes, acabará por reconhecer como a realidade mesma com que lida todos os dias. No fundo, nâo invento nada, sou apenas alguém que se limita a levantar uma pedra e a pôr à vista o que está por baixo. Nâo é minha culpa se de vez em quando me saem monstros.