Dr. Lecter: quién le ha visto y quién le ve

Hannibal Rising (Peter Webber, 2007)

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Aqu� de niño, con su hermanitaContinúan los síntomas de la crisis de creatividad de principios del siglo XXI que precederán a las nuevas y extraordinarias vanguardias que ahora no podemos ni imaginar (el que no se consuela es porque no quiere). Nadie arriesga nada. La cultura del reciclaje se ha anclado en el arte y cada vez se tira más de secuelas, precuelas, remakes, adaptaciones de cómics de los 80, etc, y todo esto mientras vemos anunciadas las nuevas giras de Los Ronaldos, Héroes del Silencio, y The Police (¿tenemos todos un Condensador de Fluzo pegado al culo?), así que mientras esperamos el Segundo Advenimiento de Naranjito vayamos al cine a pasar el rato, ¡pero ojo! que no sea una película “de esas de pensar” ¿eh? que pensar ya pensamos demasiado en el trabajo y en el cine lo que hay que hacer es reirse y comer cotufas (qué gracia me hace esta palabra). Bueno, pues en este sentido, “Aníbal, el origen del mal” es un producto entretenido, con presentación, nudo y desenlace (cosa que ya es bastante), sus momentos de sangre, sus momentos de amor,… vaya, que contiene todo lo que cabe de esperar de una película de nuestro tiempo, y a pesar de todo no puedo decir nada más que “pssssssí, bueno, está bien”.

El argumento, como ya sabéis, trata sobre cómo el jovencito Aníbal Lecter (el que nos fascinó en “El silencio de los corderos“) acaba convirtiéndose en el complejo individuo que horroriza y fascina al tiempo en las distintas novelas de Thomas Harris y sus versiones cinematográficas (::1::, ::2:: y ::3::). Efectivamente, todas las películas van respaldadas por novelas de Harris, pero aunque tanto “El silencio de los inocentes” como “Dragón Rojo” preceden a las películas, da la sensación que tanto en el caso de “Hannibal” como en “Aníbal: el origen del mal” son más bien productos de encargo, como cuando, visto el exitazo de Parque Jurásico se le pidió a Michael Crichton una segunda parte con un maletín de dinero por delante. Esta vez no me he leído la novela, aunque sí que lo hice después de ver “Hannibal”, y hombre, el libro no está mal y de hecho es bastante mejor que la versión en cine, ambas bastante potables al mantener la esencia del personaje de Lecter. ¿Qué pasa en esta ocasión? Pues que aunque la película, como historia, es “correcta” en contenidos y forma, decepciona por haber vaciado totalmente a Aníbal Lecter de su encanto y convertirlo en un serial killer de tres al cuarto con excentricidades antropófagas. “Es un monstruo” se dice a modo de conclusión en un momento dado… bueno, es eso y mucho más ¿no? ¿O da lo mismo Lecter que el Fary?

¡¡UAAAAAAAA!! ¡¡Un comunista can�bal!!Comienza la película y se ve a Aníbal niño con su hermanita en una bella estampa rural y en seguida unos aviones de guerra (¡caramba, un trauma infantil! ¡qué original! ¡no me lo esperaba!) y al poco nos damos cuenta de que son los nazis invadiendo la URSS (¡vaya! ¡nazis! ¡qué original!). Como todo espectador avispado presupone, aquello acaba como el rosario de la aurora y Aníbal y su hermanita se quedan solos en una cabaña con un grupo de soldados muy malos muy malos que acaban haciendo cosas muy malas con su hermana (no es lo que pensáis, o…, bueno, o quizá sí). Aníbal acaba en un orfanato del que escapa ya mayorcito e interpretado por Gaspard Ulliel (ni fu ni fa, pero es que compararse con Anthony Hopkins es mucha comparación), se recorre media Europa, se salta él solito el telón de acero, recorre la otra media y llega a Francia, donde tiene una especie de tía japonesa (Li Gong, que se come a Ulliel, pero por lo bien que actúa, que el caníbal es el otro) que le acoge en su mansión. Se supone que es su tía la que empieza a educar a Aníbal en el sibaritismo al que nos tiene acostumbrados, pero queda bastante increíble, la verdad, y aparecen una serie de elementos de cultura oriental que no pintan mucho y que no se encuentran en el Aníbal adulto que conocemos y al que le va más el Duomo de Florencia que las katanas, pero bueno. Total, que al final, ya cuando está estudiando medicina, le da por buscar uno a uno a los soldados que le hicieron esas cosas malvadas a su hermanita e “invitarles a cenar”, y básicamente de eso trata la película.

Detalles tronchantes: como en toda película de Aníbal el actor de turno tiene que salir con la máscara-bozal puesta, aquí hacen un jueguecito con una máscara de samurái con cómico resultado pese a la banda sonora. Por otra parte, como hay que justificar de alguna manera que Aníbal siente predilección por los carrillos de sus víctimas resulta que le sirven un pez asado a modo de delicatessen (que para más inri es una carpa) y le dicen que la parte más exquisita del pez son las mejillas, y de ahí le entra la obsesión por comerse el carrillamen de sus víctimas. Nota al guionista: ¡Pero vamos a ver, alma de cántaro! ¿Cómo que las mejillas? Primero: ¿cómo le haces comer al mismísimo Aníbal Lecter una carpa asquerosa que parece pescada en el Retiro? Y segundo: por Dios, ¿tú alguna vez te has molestado en ver cómo son las mejillas de un pez? ¡Joer, al menos di que la parte más exquisita es la cococha y no quedas tan mal!

En fin, que no es decepcionante porque más o menos era lo que me esperaba, pero que se cargan la complejidad de un señor que era capaz de comerse el higadillo de un músico con chianti para mejorar así el sonido de una orquesta y que mantenía siempre el control de la situación aunque estuviese encerrado en una celda, tuviese un horrible pijama azul y no le dejasen ni hacer palotes. ¡Ah! y en esta no se lleva los sesos de su víctima en un tupperware ni se pone el careto de nadie ni ningún otro detalle molón de las otras versiones. A mí es que lo de la carpa me dejó ya por los suelos.

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6 thoughts on “Dr. Lecter: quién le ha visto y quién le ve

  1. SuperSantiEgo 18 abril 2007 / 14:41

    A medida que iba leyendo la vida del moshasho más me iba acordando de cuando el Doctor Maligno contaba escuetamente su vida en la primera de Austin Powers.

    Desde luego, qué manía de explicar las cosas. Si a veces sale bien de chiripa como en Los Inmortales. Luego cuanto más lo tocas peor.

  2. biosfofo 18 abril 2007 / 17:35

    No estoy de acuerdo enque la película tenga presentación, nudo y desenlace. Yo creo que la película mantiene el mismo ritmo monótono y que la historia que cuenta (si es que puede catalogarse como tal) me recuerda demasiado una de Steven Seagal o de Chuck Norris. De la esencia de Lecter conserva el nombre y poco más, en ningún momento me ha parecido que el chaválín ese tuviese educación, ni gusto artístico y mucho menos la exquisita maldad de Lecter. A mí me parecía Van Damme, en versión sanguinario (en vez de patadas, cuchilladas).
    El toque con la relación incestuosa es el remate, aunque todos los estábamos deseando. Pero, ¡por favor, un poco de seriedad!
    Y el policía me parece uno de los personajes más inútiles de la peli, todavía no sé a qué se debe que apareca este personaje.
    Conclusión: entretenida, pero no tiene nada que ver con lo que se espera.

  3. dick 19 abril 2007 / 16:13

    creo que era innecesaria esta precuela. Yo prefiero imaginarme sus traumas que le llevaron a ese estado de canibalismo, y la verdad la vi en el cine y no me dijo nada interesante.

  4. Rafa 19 abril 2007 / 21:54

    Pues sí, una secuela un poco absurda, y más si no aporta nada nuevo que sea relevante.

    Akiles: bienvenido

  5. Carlos 26 abril 2007 / 12:14

    Qué quieres que te diga, yo me quedo mil veces con el silencio de los corderos.

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