El otro lado de los exámenes

Tengo una pila de exámenes en la mesa. Es la primera vez que tengo la responsabilidad de corregirlos. Pensé que ahora, en plena vorágine de fin de curso, muchos lectores estudiantes sentirían curiosidad por saber qué les pasa a los exámenes cuando se entregan, o quizá no, pero estos días estoy teniendo una nueva serie de sensaciones.

Es como ser un superhéroe. Estoy descubriendo mis poderes y es una sensación curiosa. Los alumnos escriben, sudan, gruñen y murmuran cuando se les avisa de que el tiempo se acaba. También hacen toda clase de preguntas absurdas que, en cualquier otra circunstancia, un niño de 8 años habría sabido responder “¿se me ha acabado el boli azul, puedo escribir con el negro?” (qué cruel soy, recuerdo haber hecho exactamente la misma pregunta en un examen de fisiología vegetal). Para mí, como todo es nuevo, se parece a estar jugando a las casitas, como si no me creyera que lo que estoy haciendo es de verdad. Veo a uno que copia (descaradamente). Le miro fijamente hasta que capto su atención. Se sorprende pero me mira como diciendo “¡ey!, el profe enrollado…”, yo le miro y le transmito un “ya te vale tío”. Insiste una vez más, no le intimido. Empiezo a sentirme violento ¿este zote de qué va?. Lo hace una tercera vez, sin pudor, y yo dudo, pero finalmente me acerco, muy despacio, esforzándome en que el sonido de mis pasos resuene en el silencio del examen. Me pongo detrás de él, muy lentamente, me agacho ligeramente y le susurro al oído todo lo amenazador que puedo “como vuelvas a hacerlo te quito el examen sin avisar”, lo que, por supuesto es una vil mentira. Surte efecto, porque a pesar de su protesta se pone más rojo que el perianto que tiene delante. No es necesario intervenir otra vez. Tengo poderes.

Como para mí todo es nuevo, decía, hasta me hace ilusión la experiencia, que al parecer debería constituir un auténtico coñazo, así que saco los exámenes en el tren y me descojono de las pifias, de las divagaciones y de los tecnicismos inventados en la desesperación (atención al palabro: “BERMUCIO”, ¡Diosssss!).

Y ahora llega el momento de la verdad. Me he sentido tentado de poner una encuesta en el blog que sería tal que así:

¿Cómo debo evaluar los exámenes?

1. Como un cabrón, con el listón alto

2. Aprobado general y ya está

3. Tirando los exámenes al aire y aprobar a los que caigan sobre la mesa

4. Igual que el anterior pero aprobando a los folios que no se den la vuelta

5. Según mi estado de ánimo

En el fondo es una chorrada porque estaría comprobando tan solo vuestro nivel de sadismo, y menudo peligro tenéis. Noooo, el lado oscuro me llama, pero como todo buen superhéroe prometo usar mis poderes para hacer el bien., que soy un “pofesioná”.

Y que conste que no tiene nada que ver el hecho de que un grupete de alumnos esté empeñado en “tumbarme a base de cañas” cuando acaben los exámenes. Privilegios del “profe enrollado”, supongo. Si supieran que no sé cómo se llaman…

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11 thoughts on “El otro lado de los exámenes

  1. eli 30 mayo 2007 / 22:42

    No te pongas el traje negro Rafa…ya ves lo q le pasó a Spiderman…el poder es peligroso!! No puedes ser abducido tan rápidamente por “el otro lado”, que algunos aún sufrimos, sudamos y gruñimos porque se acaba el tiempo!Y lo que es más importante…algunos tenemos amigos que siguen con la botánica de 2º jajajjaja! Así que no lo pienses mucho y sé bueno!;)

    Eli

    P.D. Bermucio…al fin y al cabo podría ser otro latinajo más! miraré qué opina FontQuer :p

  2. Carlos 30 mayo 2007 / 22:54

    Jajajajajajajaja dios, esa es la sensación que siempre he querido tener, sentir el poder, tener la llave del futuro de unos cuantos de chavales, corregirles en plan quisquilloso… cómo me gustaría hacer eso algún día xDDDDDD

  3. Marple 30 mayo 2007 / 23:03

    Bienvenido al lado oscuro, amigo mío…Es cierto que esa emoción de los primeros exámenes que vigilas y corriges se desvanece con el tiempo, y que desaparece cuando tienes ante ti 43 exámenes de literatura de 1º de Bachillerato que has de corregir en un solo día porque has apurado hasta el último momento para que te diera tiempo a meter toda la materia. De todos modos, aún saboreo el momento de poder previo a leerme los exámenes. Y en mi caso, que sí que me sé los nombres y estoy deseando recompensarles o pillarles (según el caso), el goce es aún más sádico. En fin…sé bueno. Mola mucho seguir siendo el profe enrollado. Por cierto, qué manía tienen los alumnos con vernos borrachos, si supieras la de veces que me han dicho eso…

  4. Jezabel 30 mayo 2007 / 23:47

    Por experiencia, cuanto más novato es un profesor más cabrón se porta. Aunque yo lo que no tendría piedad es con el que copia. Le dejaría terminar el examen, y justo cuando fuera a irse, delante de todo el mundo -ya sabes como retumban las aulas cuando la gente se examina en ellas-, le diría con la voz más neutra posible: “Dame también la chuleta. Estás suspenso. Y no te molestes en intentarlo en septiembre.”

    ¿Qué es un bermucio? A mí me suena a prepucio…

    Si quieres el consejo de la Iraa… tira los exámenes al aire. Los que caigan de CANTO les apruebas.

    Y hazte un favor. Apréndete los nombres de esos pobrecillos. Pero nunca les des la dirección del blog, no sea que lean esto.

  5. Babs 30 mayo 2007 / 23:48

    Ay querido amigo!!

    Pronto comprobarás que las “mieles” de corregir tus primeros exámenes se convierten en un… “y por qué hago yo controles en medio, es que parezco tonta!”

    Yo también pensaba igual, qué bien corregir, esa sensación de tener el conocimiento absoluto pero luego la decepción llega y tienes unas ganas horribles de que el número 15 de la lista de 2º C (del cual sabes nombres, apellidos, ligues y hasta su olor cuando se acerca por el pasillo) aprenda de una vez por todas que los órganos sexuales femeninos encargados de fabricar los gametos se escribe OVARIO y no HOBARIO. En fin no te quejes de tu bermucio que suena mucho mejor y hace menos daño a la vista.

    Un besote

  6. dick 30 mayo 2007 / 23:51

    aprobado general! esta claro!!

  7. Rafa 31 mayo 2007 / 0:00

    ¡Si soy un cacho pan hombre! Todo lo digo en broma, que una cosa es tener ideas malignas y otra distinta aplicarlas. A ver si es verdad lo de las cervezas (no me he podido aprender sus nombres porque me incorporé tarde al curso, no porque no me importe, así que no es motivo de agravio. Por otro lado qué mejor indicio de objetividad que no poder poner caras a los nombres ¿no?). Ya veo que los demás lectores con superpoderes saben de lo que hablo, jejejeje. Y muy interesante el consejo de la Iraaaaa, como para ser tenido en cuenta en momentos extremos.
    Que no, que seré bueeeeeno… ¿acaso lo dudábais? Eso sí, lo de descojonarme con las burradas no me lo quita nadie. Vicia es una resedácea, sí señor, toma ya…

  8. SuperSantiEgo 31 mayo 2007 / 8:57

    Diles: “Dadme una buena rázón para aprobaros”. Luego les das un chorizo de números en plan Perdidos. El que sea lo bastante listo para deducir que es tu número de cuenta y que sabe hacer un ingreso, pues aprueba.

  9. edryas 31 mayo 2007 / 9:46

    enga, coño, bermucio, eso lo hemos hecho todos. Yo confundí a Heliodoro con Hesíodo y me inventé… ¿cómo era?

    Que sepas que gracias al vocable sales en gúguel mu alto ;)

  10. skizo 31 mayo 2007 / 11:15

    Yo como estudiante que soy, tengo que decir la mia:

    Voto por el “aprobado general”.

    Como he dicho antes, al vivir directamente lo que se sienta detras de un pupitre en un examen al que vas con “una mano en cada huev..” siento compasion por tus estudiantes y les daria un “aprobado general”, algo con lo que yo siempre he soñado y aun ando tras de ello. Jejeje

    Saludos Rafa!

  11. Alfie 31 mayo 2007 / 21:48

    Cuando estés desesperado, silba.

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