Una reflexión sobre los museos de Ciencias Naturales

El viernes pasado el diario El Mundo publicaba una noticia muy interesante sobre el Museo Nacional de Ciencias Naturales. Al parecer es muy posible que en los próximos años se libere por fin de la maldición que lleva acosándolo casi desde su fundación como Real Gabinete de Historia Natural en tiempos de Carlos III. Con sus más de 250 años de historia, este museo puede jactarse de ser el primero del mundo dedicado a la ciencia (¡toma ya!). Un cuarto de milenio de historia da para acumular unas colecciones de valor incalculable, pero ese no ha sido nunca el problema de este museo, sino más bien el espacio donde albergar las mismas. Situado originalmente en la calle Alcalá, compartiendo edificio con la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, se planeó trasladar su contenido a un edificio creado ex profeso que terminó convirtiéndose en el Museo del Prado, y algo similar ocurrió con el edificio del actual Ministerio de Agricultura en la glorieta de Carlos V. Finalmente, en 1887, es trasladado a su sede actual que desde antiguo comparte con la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales. Tras la guerra civil el museo se cierra al público por enésima vez y prácticamente se abandona. Nunca se podrá agradecer de forma adecuada al escasísimo personal que conservó sus fondos durante el franquismo su esfuerzo por que dichos fondos hayan llegado hasta nosotros. Aunque bastante recuperado hoy en día, el museo está gravemente amenazado por el colapso: sólo se expone un 0.15% de los fondos (¡¡un 0.15%!!). Con el Prado, de hecho, todos sabemos que pasa algo parecido, pero me da la sensación de que la población aprecia mucho más el arte que el patrimonio de un museo científico, así que me centraré en estos últimos.

Manda huevos. Resulta que tenemos un patrimonio incalculable escondido en sótanos y naves industriales de Arganda por falta de espacio (y de voluntad política por solucionar el problema) y nadie hace nada por arreglarlo. A ver si, como dice El Mundo, el segundo Advenimiento de Gallardón trae por lo menos una solución para esta vergüenza. Y luego es inevitable entrar en comparaciones: Te pones a viajar por Europa (no hace falta irse a los museos estadounidenses, que deben ser la hostia una maravilla) y se te cae la baba de la cantidad de material expuesto, de lo bien montados que están,… de todo. Aquí te pasas por el Museo Arqueológico Nacional y no sabes qué están exponiendo en las vitrinas, si los vasos campaniformes neolíticos o las cartulinas explicativas de los años 80. Lamentable. Y luego, por poner un ejemplo, te vas al Museo de la Ciencia Príncipe Felipe (Valencia). Una calatravación (que diría mi amigo Dimitri): enorme, fastuoso, impresionante, etc… y unos contenidos propios de un museo nuevo (por otra parte estupendo, valorado en su justa medida). Todo vacío, todo son maquetillas ¡no hay nada que exponer! ¿Cómo se va a comparar el patrimonio de un museo con 250 años de antigüedad, que es una institución de la historia europea de la ciencia con un museo nuevo? ¿Cómo se ha llegado a permitir que unas colecciones que podrían estar a la altura de los museos de Historia Natural de París, Londres o Bruselas estén echadas a perder? Aunque ambos me gustan y no son comparables, el contraste entre el MNCN y el de la Ciencia de Valencia es tristísimo y a la vez revelador: lo importante es la fachada, el aspecto, lo que queda bonito… lo de dentro, el verdadero valor, ya puede estar pudriéndose en un sótano. ¿Familiar, no?

Luego nos quejamos, pero es que a veces somos cutrérrimos.

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11 thoughts on “Una reflexión sobre los museos de Ciencias Naturales

  1. Felipe 5 junio 2007 / 0:27

    Rafa:
    Gracias por tu fidelidad y por tus visitas. Y gracias por dejar con el culo al aire a los pliticastros con tu denuncia. Para la cultura nunca hay dinero.
    Un abrazo.

  2. Babs 5 junio 2007 / 19:24

    Lo primero que tengo que decir es que estoy de acuerdo contigo y te recuerdo que además está el Museo de Ciencia y Tecnología que sería otro museo a tratar…

    Pero con lo que no estoy de acuerdo es con la comparación ya que si no me equivoco el museo de las artes y las ciencias de Valencia pretende ser un “cosmocaixa” y no un museo de ciencias como dios manda. Así que creo que si su pretensión era esa la han conseguido (independientemente del mal uso que hace la población del mismo que sería otro tema también).

    Un beso

  3. Marple 5 junio 2007 / 20:12

    Vaya, pues no tenía ni idea de todo eso que cuentas. Efectivamente, creo que es una vergüenza que tengamos tantos fondos y que no estén expuestos al público. Pero, ¿sabéis cuál es el museo más visitado de Madrid después del del Prado? El de trofeos del Real Madrid. Deprimentemente cierto.

  4. Rafa 5 junio 2007 / 21:01

    Babs: Esto lo escribí sobre todo porque el porcentaje ese de 0.15% me dejó impresionado ¡Menudo desperdicio!
    Sobre el de Valencia: creo que dejo claro que no se puede comparar un museo con otro, pero más que nada por la antigüedad, porque seguro que un “cosmocaixa” de 200 años tendría un patrimonio educativo de la leche. Lo que destaco es el contraste entre la cantidad de recursos destinados a un mega-edificio-calatraviano básicamente vacío mientras las colecciones del MNCN se pudren en una nave. Y digo más: me gusta el museo de Valencia, pero creo que es bastante peor que el cosmocaixa de Alcobendas, pese a que no está tan fastuosamente ubicado; por ejemplo: la maqueta del ADN no está a escala, los juguetitos son bastante peores que los que vi en el CC y me dio la sensación de que estaba muy, muy vacío. Lo mejor que tiene es el edificio en sí. Viene a ser un ninot gigante (bonito y fastuoso, pero vacío).

    Marple: te recomiendo sinceramente una visita al museo del Real Madrid, pero no por los trofeos, sino por los visitantes y sus comportamientos; todo un encuentro con la verdadera realidad, jejeje

  5. jmongil 6 junio 2007 / 11:49

    Acertada denuncia y me temo que infructuosa.
    Las corporaciones locales buscan vender productos que vaya dirigido a las masas. Como mola presumir de haber visitado el Guguenjain de Bilbao, a pesar de que el contenido quizás no sea apto para cualquiera. Pero te haces la foto fuera, y a fardar. Idem con el conjunto arquitectónico chulillo de Valencia, construido con fondos estructurales europeos. Los alemanes están que echan chispas con nosotros: nos dan pelas para estructuras y nos los gastamos en artificios turísticos.

    El concepto de museo interactivo ha desplazado al museo tradicional. Un museo interactivo puede ser visitado por familias enteras; los padres sueltan a sus fieras, las cuales corretean de sala en sala aporreando todas las teclas y resortes que encuentran. Probablemente no se enteren de nada, pero no les dan la paliza por un rato, y salen de allí orgullosos de haber pasado un rato de esparcimiento cultural.
    En un museo convencional, los nenes hay que llevarlos con correa y mordaza, no vaya a ser que se pongan a escalar el diplodocus de turno. Habría que darles alguna explicación sobre lo expuesto, porque ¿no pretenderemos que se pongan a leer lo que ponga por ahí? Con lo que cansa leer. Y tirar de la erudición de los papas en temas ajenos al Tomate o fútbol es en general una quimera.

    Por tanto, museos como el de ciencias naturales de Madrid es para minorías, y las minorías no llenan las urnas.
    A joderse tocan.

  6. Carlos 6 junio 2007 / 20:09

    Y yo que planeaba ir a Madrid este verano un día o dos para ver el museo de Ciencias Naturales… jope, me quedo un poco decepcionado, de todas formas iré a ver qué se cuece por allí, pero si es cierto que tienen mucho más material… no sé qué hacen los dirigentes del museo que no se ponen en pie con el puño en alto y reivindican un espacio mayor donde exponer todo eso.

  7. Rafa 6 junio 2007 / 20:57

    Jmongil: si, creo que van por ahí los tiros, nuestros tiempos se caracterizan porque la gente disfruta más con el exterior de los museos que con el interior…
    Carlos, no te confundas, el museo de Ciencias Naturales te va a encantar. Como aficionado a la paleo te va a dar un patatús cuando veas el ictiosaurio embarazado, el megaterio completo (hasta el último hueso), la reproducción del diplodocus… si lo que da pena es que no se pueda ver más que una pequeña parte ¡la de cosas que deben tener!, pero para el espacio disponible que hay es un museo excelente. Echa un vistazo a su web

  8. yamila 27 abril 2011 / 1:28

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