Erótica y retórica del poder

Llevo mucho tiempo queriendo escribir este post pero me daba un poco de reparo. He estado esperando una ocasión especial para que venga a cuento o justifique que lo escriba. Esta situación no ha llegado, y no creo que llegue nunca, así que voy a lanzarme. Aquí lo dejo y que pase lo que tenga que pasar.

La mente humana es sorprendente. No importan los límites que uno crea que puede tener, siempre nos descoloca una y otra vez con respuestas paradójicas y cortes de mangas al sentido común; nada es imposible gracias a su laberinto sináptico y su alquimia de neurotransmisores. Pensemos por ejemplo en el placer. Es bien conocido que el sentimiento de placer está mediado por unos opiáceos naurales que conocemos como endorfinas. A modo de “premio” nuestro organismo segrega endorfinas y nosotros ronroneamos como gatitos; nos autoabastecemos de nuestra propia droga de forma gratuita, sólo hace falta realizar la acción adecuada… ¿pero cuál? Pues aquí llega la parte interesante, porque la forma en la que cada persona segrega sus endorfinas puede variar muchísimo. Está comprobado que es habitual liberar endorfinas al realizar ejercicio físico, hasta el punto de que puede llegar a suponer una (sanísima) adicción. Mi propia experiencia me dice que, incluso cuando he conseguido seguir una estricta disciplina y correr unos pocos kilómetros todos los días durante meses siempre que he terminado de ejercitarme he acabado de una mala leche que nada tiene que ver con lo opiáceo. El deporte no es lo mío. Para el asunto de las endorfinas me funciona mejor el chocolate…


dominatrix44.jpgTampoco tiene mucho de misterioso sacar a colación el asunto del sexo como una de las fuentes de endorfinas más conocidas y eficaces, y aquí volvemos a toparnos con el “hay gente pa tó”, porque a cada uno le pone lo que le pone. Concretamente quiero destacar un conjunto de prácticas que, si bien son sobradamente conocidas, provocan bastante tabú cuando se habla de ello: pongamos que me refiero al sadomasoquismo, o por matizarlo mejor, la dominación/sumisión. Como buen tema tabú que es, el contacto de la mayoría de nosotros con esto suele provenir de algún reportaje de Antena 3 cuando no se les ocurre nada mejor y se nos presenta a una feliz pareja vestida con cueros que hablan abiertamente de qué tipos de azotes les molan más provocando la risa tonta de los espectadores en el salón familiar de turno. (Si bien es cierto que este post es una empanada mental, estoy intentando hacerlo pasar por algo serio, así que no me vengáis con la risa tonta vosotros también).

La propia existencia del “sado” como práctica placentera “civilizada”, consensuada y reglada me parece un fenómeno curioso. Para que esta situación se de debe existir lógicamente un/a dominante y un/a sumiso/a. Parece que no es necesario justificar que puede ser placentero ejercer el poder: cuando haces lo que quieres o influyes en los demás para que lo hagan te pones en una situación de dominio, de superioridad, que beneficia tus posibilidades de éxito o supervivencia y se recompensa con endorfinas. Lo que realmente es increíble y muy poco predecible es que haya gente que obtiene placer siendo sometida. Va contra el sentido común, pero así es: hay gente, y sospecho que no poca, que libera endorfinas al ser sometida sexualmente a otra. Ojo que también está demostrado que ciertos tipos de dolor provocan la segregación de opiáceos endógenos, pero no me estoy refiriendo al dolor, hablo de la sumisión. Creo que con un ligero esfuerzo de imaginación cualquiera puede entender de qué va este “rol” aparentemente ilógico que se ha explotado hasta la saciedad, por ejemplo, en el cine o en la literatura. Independientemente de lo que a uno le guste diría que las frases tipo “hazme lo que quieras”, las fantasías de sentirse “objeto sexual”, los jueguecitos con cuerdas, vendas, uniformes, zapatos de tacón u otros elementos de autoridad no nos suenan especialmente estrafalarias.

Sin embargo lo políticamente correcto responde a estos planteamientos, como decía, con la risa tonta. Y definitivamente no se mira igual al que domina que al que se somete. Aunque cualquiera de los dos papeles está sujeto al tabú que comentaba, podría decirse que someterse voluntariamente, renunciar a la propia dignidad aunque sea dentro de un juego consensuado es impropio de un ser humano y origen de vergüenza propia y ajena. La sumisión voluntaria es degradante siempre. ¿siempre? No voy a entrar en responder a esta cuestión; donde yo quiero llegar es que lo políticamente correcto puede ser bastante hipócrita en cuanto a la valoración de la sumisión, pues me he percatado de que puede resultar muy placentera para ciertas personas en ciertos contextos sin que por ello haya tabú y que la indignidad o degradación quede totalmente diluida.
aznar.jpgEmpecemos por la política. Muchos encuentran que la virtud suprema de un político es que sepa imponer su autoridad. Uno de los reproches más generalizados que se le hacen a ZP es que es un blando y que va siempre diciendo cosas bonitas pero sin firmeza, en claro contraste con Aznar, que venía a ser un presidente como es debido. No me estoy inventando nada, conozco a personas que admiraban la soberbia del expresidente al tratar cualquier tema demostrando que a él no le tosía nadie y que se hacía lo que él dijese. Pues sí, la mano dura como virtud; es como si diese igual que te digan que tienes que hacer algo que no quieres (pagar impuestos, participar en la guerra de Irak, bañarte en aceite hirviendo…) siempre que te lo digan con cara de mala leche y con un rictus de suficiencia… ¡¡¡Ahhhh!!! Así es que da gusto. Por cierto, el ejemplo es deliberadamente sesgado y podéis llamarme lo que queráis, pero eso no cambiará que haya gente a la que el tono autoritario y soberbio de Aznar le parezca algo virtuoso (y no sólo en la no-negociación con el MLNV). “Si toca hacer lo que dice el presidente se hace, aunque no guste, que para eso es el presidente” (aplicable en España y en los U.S.A.), y aquí, amiguitos, tenemos el primer ejemplo de sumisión voluntaria políticamente correcta.

Ejemplos extremos de este tipo hay muchos. Estoy seguro de que las multitudes que jaleaban ora a Franco, ora a Stalin liberaban endorfinas a cubos, y esto sigue siendo un ejemplo del placer por sumisión. Sin embargo mi caso favorito es aquel que tuvo lugar en 1814 cuando el rey Fernando VII regresó de las garras del malvado Napoleón a la corte madrileña, y en entrando en la villa castellana, unos espontáneos liberaron a los caballos de su yugo y remolcaron ellos mismos con su cuerpo serrano el carro de Su Majestad hasta Palacio. Gloriosa anécdota de nuestra historia nunca suficientemente recordada, y apuesto que enormemente endorfínica para rey y súbditos equinos por igual.

Cambiemos de tercio y adentrémonos, por un breve instante, en la religión. Muy posiblemente nunca ha liberado el ser humano tantas endorfinas-sumisas como arrodillándose al poder omnipotente de los diversos dioses de turno. Es un fenómeno interesante que nos resulta mucho más habitual pero que es susceptible del mismo tipo de análisis que con el sado: someterse a quien es más poderoso resulta placentero y bueno; no sólo eso, sino que además se supone que de forma natural la divinidad de turno también disfruta de ver a sus siervos arrodillados, incluso aunque sea un padre bondadoso. Es cierto que, sobre todo en occidente, las religiones cada vez se enfocan desde un punto de vista más razonables y consistentes con una visión Dios-Padre, pero si queréris presenciar secreciones de endorfinas espectaculares basta con ir a la mezquita más cercana a ver cómo todo el mundo se postra en el suelo sincrónicamente en absoluta sumisión, y si os queréis sado más fuerte esperad a que en Semana Santa los penitentes se humillen voluntariamente descalzos y con los tobillos bien apretaditos con unos grilletes que harían las delicias de la dominatrix de turno. Y esto pasa al lado de nuestras casa en el siglo XXI.

No tan cerca de nuestras casas pero bastante apropiado para este tema es el caso de la sumisión de la mujer al hombre, en el Islam sin ir más lejos (relacionado con el aspecto religioso). Como fenómeno no es nada raro, sobre todo si levantamos la vista hacia lo que ha sido la historia de la humanidad, pero son especialmente llamativos los casos de las mujeres musulmanes “liberales e ilustradas” que consciente y voluntariamente mantienen todos los síntomas de sumisión a su marido como algo bueno (y placentero) especialmente la ropa “folclórica” de turno, tratando de convencer a la anonadada turista europea de que el Islam es la caña.

sadoislam.jpg

Y para terminar, la abstracción suprema, la apoteosis de la sumisión políticamente correcta: el trabajo. En una reciente comida familiar, un pariente político (subrayo que no comparto genes con el individuo en cuestión) se mofaba de que otro asistente iba a disponer de mes y medio de vacaciones diciendo algo así como “¡Menuda empresa la tuya! ¡Curioso sistema de gestión!”. Para que ubiquéis mejor al personaje bastará con que diga que tiene el pelo un poquitín largo y engominado y que le he visto llevar un cinturón aposemático con la bandera de España. Pues sí amigos, una forma sofisticada de sumisión que gana adeptos es el servilismo laboral. El currito debe mirar por los intereses de “la empresa”, “porque son también los suyos” (interesante eso de no distinguir entre los puntos comunes en los intereses de empresario y currito y la equivalencia absoluta de ambos). Por tanto, un buen trabajador debe someterse por completo a la voluntad de su jefe: horas extras “by the face“, contratos basura para ahorrarse las vacaciones, horarios escandalosos… y todo lo que implica el abuso de una situación de poder. Los “liberales” más espabilados te dicen que quiénes son los sindicatos para coartar tu libertad de trabajar todas las horas que te de la gana para ganar el dinero que quieras. Pues eso, que hay mucho masoquista suelto.

Hasta ahora, cuando te hacían una jugada de éstas al menos podrías cagarte en sus muertos, pero es que resulta que no, que hay que acatar esas reglas de juego y estar orgulloso de pertenecer a una empresa que sólo puede permitirse el lujo de concederte 20 días de vacaciones y encima sonreir. Conozco a poca gente que haya sido capaz de darle un corte de mangas a un trabajo abusivo y sublevarse. Contáis con toda mi admiración (alguno hay que lee mis desvaríos), pues es mucho más fácil la someterse, aunque sea sin cuero.

¿Alguna conclusión? Pues no exactamente. ¿Forma parte la sumisión de la naturaleza humana? No lo sé. Me hubiese encantado iniciar esta entrada con un “Ya los antiguos romanos conocían el sadomasoquismo”, pero ni idea oiga. Dejémoslo todo en el curioso contraste entre el tabú que despierta la dominación/sumisión sexual como actividad consensuada y las demás situaciones de “sumisión políticamente correcta” que nos encontramos cada día sin darnos cuenta. Ya decía al principio que la mente humana nunca deja de sorprender.

A modo de epílogo un pasatiempo: encontrar las diferencias…

sumisiones.jpg

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5 thoughts on “Erótica y retórica del poder

  1. Milgrom 12 julio 2007 / 0:16

    La sumisión es el estado natural del proletario. Sino de que seguimos aguantando los abusos que aguantamos. Todo por asegurarnos nuestros pocos euros al mes, tragamos lo que sea.

  2. vespinoza 12 julio 2007 / 10:20

    A mi siempre me han hecho gracia los que defienden su empresa y se toman como algo personal cualquier crítica a la misma. Yo lo enfocaría mas bien como pobres desgraciadillos que no encuentran otro colectivo con el que identificarse. En cuanto a la sumisión de Ansar era curioso ver como “nuestro deber” era mantenernos en Irak hasta el momento en que Bush lo decidiers, y este lo haría cuando la presión de los votantes norte americanos así lo exigiera. Eso significa que españa funcionaba como una colonia

  3. ricardo 12 julio 2007 / 13:24

    A mi lo que me más me ha liberado endorfinas ha sido las, ya casi inexistentes, sesiones de europerrito con los amiguetes

  4. Ornitorrinco enmascarado 12 julio 2007 / 22:42

    cuando el rey Fernando VII regresó de las garras del malvado Napoleón a la corte madrileña, y en entrando en la villa castellana, unos espontáneos liberaron a los caballos de su yugo y remolcaron ellos mismos con su cuerpo serrano el carro de Su Majestad hasta Palacio

    De ser verdad este episodio, sería el primer -y por ahora, único- caso de meritocracia en España: En efecto, los caballas, claramente más inteligentes que los espontáneos (por no hablar de otros atributos) ascendieron en la escala laboral. Admirable comportamiento equino.

  5. Jezabel 13 julio 2007 / 15:39

    Bueno, ya sabes lo que opino sobre el poder y las relaciones de pareja; aunque no tengo muy claro donde entra el sadomasoquismo en todo eso.

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