Mitos electorales recurrentes

congreso.jpgBasta una rápida visita al Gúguel para percatarnos de que la necesidad de una reforma en la ley electoral es algo que preocupa a muchos ciudadanos. Yo comparto esta preocupación puesto que el actual sistema de reparto de escaños me parece bastante injusto por dos motivos. El primero es el de la circunscripción provincial. En efecto, cada provincia tiene asignados un número de escaños determinado que depende de su población pero que finalmente se traduce en que el número de votos necesario para obtener un diputado es mucho menor en Soria que en Barcelona. Aunque se suele decir que dando más votos a los ciudadanos de provincias menos pobladas se evita que caigan en el olvido yo diría que el principio de igualdad es más importante que la ubicación de tu colegio electoral. En segundo lugar me disgusta también el llamado sistema d’Hont, que es una manera de lidiar contra la contrariedad de que está mal visto fragmentar a sus señorías los diputados cuando en el reparto del hemiciclo salen decimales al hacer la cuenta de la vieja. De todos los sistemas para afrontar esta vicisitud, el sistema d’Hont es destacable por su tendencia a sobrevalorar a los partidos más votados a costa de los menos votados o más dispersos. El tándem circunscripciones provinciales + sistema d’Hont hace que el porcentaje de votos obtenido tenga poco que ver con el reparto final de escaños.

Sin embargo, para sorpresa de aquellos a los que todo esto les pille de nuevas, la mayor parte de la gente que se queja de la ley electoral es porque considera que los partidos nacionalistas periféricos están significativamente más representados de lo que les corresponde. De esta forma el partido en el gobierno, salvo mayoría absoluta al canto, siempre tiene las manos atadas y tiene que tragar los sapos de turno.

Básicamente este temor, este mito que seguimos escuchando una y otra vez en los medios (o al menos en algunos) es falso como ya nos demostró en su día Malaprensa usando una calculadora para sorpresa de muchos (entre los que me encuentro, que parece ser que es cierto eso de que te acabas creyendo algo cuando lo escuchas muchas veces):

repartopropescanyos.jpg

Compárese el número de escaños que le correspondería a cada partido si se aplicase una rigurosa proporcionalidad y los que obtienen finalmente.


En efecto, en esta tabla se ve que, según resultaron las pasadas elecciones de 2004, los únicos partidos que inequívocamente obtuvieron un número inflado de escaños fueron los mayoritarios, PSOE y PP. Curiosamente los partidos nacionalistas periféricos son los únicos que obtienen más o menos los diputados que les corresponderían por porcentaje de voto. El gran perjudicado del tándem es Izquierda Unida, que pese a ser la tercera fuerza en votos del país, por tener su voto disperso en muchas circunscripciones y por aplicarse el sistema d’Hont obtiene algo más de la cuarta parte de lo que correspondería. Esta circunstancia se ha repetido en muchos blogs hasta la saciedad, pero como se sigue escuchando el mismo mito de siempre yo lo digo, por si alguien no se ha enterado aún.

Claro que podría ser mucho peor. En Estados Unidos, sin ir más lejos, el sistema d’Hont es una minudencia comparado con lo que le hacen allí al porcentaje de voto cuando toca elegir presidente. Cada estado aporta su cupo de representantes en la cámara de turno en función del partido que allí haya ganado; no hay sitio para los perdedores:

electoralcollege2004-large.png

Imagináos los panoramas parlamentarios que hubiésemos tenido aquí en determinados años si se hubiese aplicado el mismo patrón:

1982y2000.jpg

Sin comentarios

Lo realmente divertido en este momento es preguntarse qué es lo que quieren en realidad reformar aquellos que se quejan del “sobredimensionado poder de los nacionalistas” que casi siempre tienen la llave de los gobiernos y no dejan gobernar en paz a los pobrecitos partidos en el poder. Cuando uno bucea por la red encuentra que, en realidad, es acabar con el poder de los nacionalistas el único objetivo y no trabajar por un sistema de reparto más justo (más justo = que represente más fielmente a la sociedad española).

¿Soy al único al que este fin le parece una perversión? Quiero decir, yo tampoco soy especialmente un amigo de los nacionalismos (ni centrífugos ni centrípetos), pero en todo caso oponerse a ellos entra dentro de la trifulca política y se resuelve en la arena electoral/parlamentaria. Descalificar al adversario de antemano porque sus objetivos chocan con los propios es de las ocurrencias más antidemocráticas que se nos pueden venir a la cabeza. Por supuesto que sería más fácil gobernar sin ellos dando por saco, pero más fácil aún sería si el partido con más votos obtuviese automáticamente mayoría absoluta ¿no? No hablamos de partidos que no condenen los atentados o que usen dinero público para poner bombas, sino de agrupaciones políticas con las dosis de impresentabilidad más o menos habituales pero que se preocupan únicamente por lo que pase en su terruño. Al margen de la valoración de sus programas y sus fines, la idea de negarles la entrada al congreso cuando son los únicos que están representados de forma más o menos realista proporcional resulta realmente cómica, sobre todo cuando se sigue oyendo cada día que ellos son el verdadero problema político del país.

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19 thoughts on “Mitos electorales recurrentes

  1. SuperSantiEgo 5 febrero 2008 / 22:42

    Si esto algunos lo sabemos desde hace tiempo. ¿Pero de dónde va a sacar si no votos Ciudadanos?

  2. Lanarch 6 febrero 2008 / 0:37

    Encima, las pocas propuestas concretas para reformar que yo he escuchado no quitan las circunscripciones provinciales, sino que van a establecer un porcentaje mínimo de representatividad para entrar en el congreso. Creo que fue Ibarra el que dijo nosequé de un 5% de los votos totales para poder optar a escaño, lo cual molaría un huevo porque entonces solo estarían PP y PSOE.

    Peronfín, a mí ya es que me la pela un poco. Es solo otro de los muchos trucos que usan los partidos para manipular el sistema político. Este lo que tiene de gracioso es que se basa en las matemáticas, sabiendo que la mayoría de la gente no se va a molestar siquiera en enterarse porque suena complicado. Terreno abonado, por tanto, para los gritos de “los nacionalistas mandan demasiado”.

  3. Xist 6 febrero 2008 / 1:00

    Desconocia los entramados tan perversos de nuestra ley electoral. Yo era de esos que creian que habia que cambiar la ley para que los nacionalismos no estuviesen sistematicamente sobrerepresentados. Y resulta que no lo estan. Es como un gancho en pleno higado, a mi que me tiraba el discurso de R10, que me permite comprender, al fin, por que el pp no la cambio. Y por que tienen tanto poder ?

  4. jmongil 6 febrero 2008 / 10:37

    Ojito con tocar la ley D’Hont. Sin ella el Congreso tendría una pléyade de partidos y acabaríamos como en Italia, con gobiernos de coalición de 5 partidos, y un fresco como Berlusconi al acecho.

    En cuanto al criterio seguido en las presidenciales americanas, no es trasplantable al Congreso. En USA se pueden permitir ese sistema porque el perdedor no se lleva nada. No obstante, yo preferiría un sistema más proporcional allí.

    ¿Y qué me dices de la Cámara de los Comunes? Un candidato por cada circunscripción. El que obtiene más votos, gana. Es decir, que si el reparto de votos entre partidos fuera homogéneo entre todas las circunscripciones, teniendo el partido más votado sólo un 22,7 % de los votos (por ejemplo), ganaría en todas partes, y coparía la Cámara sin ningún representante de la oposición. Qué barbaridad.

    En cuanto al nacionalismo en España, hay quien sugiere que para que un partido pueda tener representación en el Congreso, que obtenga un mínimo de votos en provincias de más de una comunidad autónoma. ¿Ingenioso? No tanto. Esas reformas pensadas para echar o favorecer a un partido, a medio plazo frustran los objetivos pretendidos. Por ejemplo, en el caso que acabo de mostrar, bastaría que los partidos autonomistas se presentaran coaligados con otros de otras CCAA, como ya se ha hecho en las elecciones al Parlamento Europeo.

    Con la ley electoral no se hacen experimentos con gaseosa. No hay más que ver las bobadas que hacen en Italia con la suya. Así no hay forma que de que un gobierno (Berlusconi aparte) dure más de dos años.

  5. edryas 6 febrero 2008 / 13:05

    La verdad es que lo que cuentas cae por su propio peso. Creo que mucha gente opina como tú porque gracias a la ley d’Hont vemos cómo el voto soriano eclipsa al barcelonés (por ejemplo)
    Sólo hay un partido donde se realiza una votación primaria: IU, antes de las elecciones se elige entre los miembros del partido al candidato que se elegirá.
    Efectivamente, podría haber problemas si hubiera coaliciones de 5 partidos (sobre todo si se sigue con la política de “dime negro que te diré blanco, porque sí, porque me da”) Pero el hecho es que ya hay un montón de partidos sin representación (no se votan ni ellos mismos, esto puede verse en las listas que salen tras las elecciones)Bien está que exista una gran pluralidad de partidos, pero ¿qué hace el partido de la marihuana o el de viudas y esposas legales? Más que nada gastar papel en papeletas.
    No soy estadista y no sé cuál es la mejor manera de que los partidos queden eficazmente representados, pero, desde luego, aquello de “un hombre, un voto” no es de este reino.

  6. Copépodo 6 febrero 2008 / 14:11

    Jmongil: Ni tanto ni tan calvo. Veo razonable que se ponga un umbral para poder tener una representatividad en el congreso, pero eso no es incompatible con establecer un reparto proporcional al voto para que el congreso represente la realidad (circunscripción única incluida). Ya que los 45 millones de españolitos no cabemos en una habitación, que esa España modelizada que es el congreso sea fiel a la original ¿no? Si quitamos al batiburrillo de partidos que no tienen escaños el panorama que se nos queda después de hacer el reparto no es en absoluto italiano y recuerda bastante al actual (una vez corregido el asunto PSOE-PP-IU). Por ejemplo, creo que es conveniente que el número de escaños totales baile un poco para poder hacer un reparto razonable antes que un partido obtenga casi cuatro veces menos escaños de los que le corresponderían.
    De todas formas, si el espectro electoral realmente estuviese atomizado ¿hasta qué punto es lícito modificarlo para favorecer a los partidos grandes? Yo creo que Edryas tiene razón: el problema es que hace mucho que no se sabe hacer política parlamentaria.
    ¿Y qué me dices de las reformas planteadas en el enlace? Están dirigidas únicamente a echar a los nacionalistas y no a mejorar objetivamente el sistema, cosa que no se justifica de ninguna manera.

  7. Milgrom 6 febrero 2008 / 16:36

    Yo no lo vería tan mal si el Senado fuera algo más que una puta mierda para que politicastros a los que se les ha pasado el arroz o aspirantes con ínfulas saquen tajada económica. Si el Senado fuera la voz de las autonomías y el vehículo para que estas, siguiendo con las directrices del gobierno autonómico defendieran sus propuestas ante el Congreso, y no una mera chapuza; el sistema sería justo. Se ha de llegar a una gobernabilidad donde todos estén representados y donde unos pocos no impongan sus cosmovisiones a una mayoría que no se la ha pedido.

  8. Xist 6 febrero 2008 / 17:00

    De: http://app2.expansion.com/blogs/web/saballs.html?opcion=1&codPost=27393

    Vuelve a estar de moda la ley electoral. Quiero recordar qué hubiese ocurrido en España si la manera de hacer el recuento electoral no fuera el de la Ley d’Hondt tal como lo conocemos. Quizás esto sirva para ver qué los cambios pueden ser de tal magnitud que mejor que, virgencita, me quede como estoy. Repito tres posibilidades de acuerdo con los resultados de las elecciones generales de 2004. Hay otras. Todos sabemos que la Constitución permitiría aumentar a 400 el número de diputados. También es verdad que sacralizar la Consti puede ser un error (todos los países serios la van mejorando con el paso del tiempo. Ahora, Sarkozy quiere hacerlo con Francia), con lo cual las puertas pueden abrirse a otras opciones: listas abiertas, sistemas mixtos, reformar de una vez por todas esta cámara inútil que se llama senado, etc.

    En cualquier caso, paso a contaros que hubiera ocurrido en 2004 si:

    A. España hubiera sido una circunscripción única. En teoría, la más justa. Reparto de diputados proporcional con una salvedad: sólo cuentan aquellos partidos que obtienen más del 1% de los votos. Si es proporcional sin poner límites porcentuales, entrarían al Congreso hasta quince partidos:

    – PSOE 161
    – PP 142
    – IU 19
    – CiU 12
    – ERC 10
    – PNV 6

    Hubiésemos tenido gobierno de coalición PSOE +IU

    B. Cada provincia una circunscripción única. Quien gana se lo lleva todo:

    – PP 183
    – PSOE 152
    – PNV 15

    Gobierno de mayoría absoluta del PP, que gana en Madrid y Valencia (29 provincias en total). El PSOE ganó en Barcelona y Sevilla (21). El PNV gana en dos

    C. Cada Comunidad circunscripción única

    – PP 200
    – PSOE 131
    – PNV 19

    De nuevo gobierno de mayoría absoluta del PP. El PSOE tiene su granero de votos en Andalucía, Aragón, Catalunya y Extremadura.

    D. Situación actual

    – PSOE 164
    – PP 148
    – CiU 10
    – ERC 8
    – PNV 7
    – IU 5
    – CC 3
    – BNG 2
    – CHU 1
    – EA 1
    – NA BAI 1

    Un apunte: en 2004 las diferencias en muchas provincias entre PP y PSOE fueron mínimas.

    Tal como expuse en un blog similar hace año y medio de bastante éxito, quedan abiertas más propuestas, análisis y simulaciones. Por lo que a mi respecta me despido hasta el 6 de agosto. Gracias a todos por vuestra participación. Salud y felices vacaciones.

  9. Lanarch 7 febrero 2008 / 1:24

    No veo qué tienen de malo coaliciones de cinco partidos con frescos como Berlusconi al acecho. Como si en nuestro sistema no tuviéramos frescos. Es más, como si entre los políticos los frescos no fueran la norma en lugar de la excepción.

    A mí me encanta cómo resuelven el problema en Ankh-Morpork: un hombre, un voto. Y ese hombre era el Patricio.

  10. jmongil 7 febrero 2008 / 10:11

    Perdón, pero me he debido explicar mal.
    Lo que quiero decir es que toda reforma electoral destinada a un fin concreto, ya sea reforzar la representatividad de un partido (como IU) o reducir la de otros (nacionalistas), puede acabar siendo un imprudente experimento de aprendiz de brujo. El sistema vigente quizás no sea el mejor, pero qué fácil es estropearlo más todavía.
    Recuerdo que hace uno lustros, Fraga reformó la ley electoral gallega aumentando de 3 al 5% el mínimo de votos para obtener representación en cada provincia. ¿Cual fue la motivación para tal reforma? La oficial, satisfacer el bienestar general. La oficiosa, expulsar al Bloque del Parlamento Gallego. Pero no lo consiguieron. Al final, el electorado tiene la última palabra.

    Lo de la circunscripción única para todo el país, de entrada no lo veo mal, siempre que se conserve el sistema d’Hont.
    Desgraciadamente, sin un sistema que favorezca las mayorías (como el vigente) el Congreso se podría llenar de partidillos, a semejanza de Italia. Y así les va, con crisis de gobiernos cada año y medio, sin posibilidades reales de desarrollar programas de gobierno a medio plazo. En suma, el desgobierno.

    Si me lo permites, llevemos el tema a las votaciones del Consejo Europeo: Actualmente cada país miembro tiene un número de votos pactado tras laboriosos acuerdos. En base a esos acuerdos, Malta tiene mucha más representatividad que Alemania. Lo justo por tanto sería que España, en lugar de contar con 20, 25 29 votos o los que sean, debería contar con 45 millones de votos. Malta, siguiendo este criterio, 6000 votos, es decir, que los malteses ni pinchan ni cortan. Por tanto, lo que sería justo o injusto con los malteses, también lo será con los sorianos.

    Francamente, lo siento mucho por IU, partido al que he votado alguna vez, y que quizás reciba mi voto en nuevas ocasiones, pero reformar la ley electoral para mejorar su representatividad, lo considero imprudente. Seguro que al final, el beneficiado sea el que menos uno se lo espera.

    Lanarch. Es cierto que la política está desgraciadamente llena de frescos. Pero el de Forza Italia es un fresco cum laude.

  11. Copépodo 8 febrero 2008 / 9:35

    No, yo te he entendido la primera vez, pero por una parte lo que digo es que el sistema de reparto es injusto porque no refleja bien al electorado, no porque IU salga perjudicada (que vale, que se me ve el plumero, pero que es que es verdad). Y por otro lado me pregunto hasta qué punto es legítimo trastear con esas proporciones incluso en el caso de que hubiera atomización italiana, que no digo que no, digo sólo que no estoy yo seguro de que eso esté bien.

  12. jmongil 8 febrero 2008 / 11:47

    En realidad, creo que estamos mezclando temas. Es decir, el sistema d’Hont es el responsable de que se favorezcan las mayorías provinciales, perjudicando a IU que tiene el voto diseminado por todo el país y beneficiando a los nacionalistas, y sobre todo, al PP y PSOE. Yo soy partidario de no tocarlo. Creo que el verbo “trastear” no es el apropiado, pues el sistema D’Hont forma parte de las reglas del juego práctica desde la instauración de esta era democrática. En su momento benefició a la UCD (y perjudicó a la antigua AP), luego al PSOE y al PP. Ahora bien, cambiar la ley para perseguir un determinado resultado, sí es “trastear”, algo que en Italia llevan años haciendo con pésimos resultados.
    Otro asunto es el agravio entre provincias por ejemplo, Madrid y Soria. La causa no está en el sist d’Hont, sino en la propia Constitución. Según el artículo 68, cada provincia debe tener una representación mínima (actualmente creo que dos diputados) más un número adicional proporcial a su población.
    En consecuencia, hay por Soria 2+1 diputados y por Madrid 2+40 diputados. Claro, dividiendo la población entre el nº de diputados, se ve la causa del agravio. ¿Esto se debería arreglar? Pues no sé. En el fondo me compadezco de los sorianos. Los pobres pierden población a ojos vista. Si encima les quitamos los diputados…

  13. jmongil 8 febrero 2008 / 12:00

    Otra cosa. La causa profunda de los problemas de IU no derivan de la ley electoral sino de su falta de entendimiento con el gran Capital, por obvias razones ideológicas, lo que impide que el discurso de ese partido llegue a oídos de los votantes.

  14. Alberto 8 febrero 2008 / 22:29

    El problema del sistema electoral español no es la sobrerrepresentación y ha quedado claro en este post.
    Los problemas son otros. El primero y más importante, porque lo cierra casi per secula seculorum es que sus bases están incluidas en la Constitución (proporcionalidad, circunscripción provincial y número de diputados para Ceuta y Melilla). Esto hay que explicarlo bien, porque resulta que en lo que se llama el Derecho Constitucional Comparado te encuentras con que lo de constitucionalizar el sistema electoral NO OCURRE EN APENAS NINGUNA CONSTITUCIÓN DEL MUNDO. El sistema electoral, en la mayoría de países, se fija, en todos sus términos, en la Ley. Es decir, aquí se cometió un error muy grave que impide hacer cualquier tipo de reforma sustancial del sistema electoral al estar incluido en la Constitución. Por ejemplo, no se puede añadir una circunscripción nacional que diera valor a los “restos” que no entrasen en el cómputo provincial porque dicha circunscripción nacional no puede existir sin reformar la Constitución, y todos sabemos que, por mucho que se diga, AQUÍ NO REFORMA LA CONSTITUCIÓN NI DIOS (esto no lo digo yo, simplemente es una constatación basada en una experiencia de ya 30 años). Tampoco se puede introducir un sistema mixto proporcional-mayoritario (como en Alemania) porque de nuevo la señora Constitución dice que aquí esto es proporcional, dividido por provincias, ¡Y PUNTO PELOTA! Por supuesto, que nadie piense en otra división distinta a la provincia porque la famosa Constitución no lo permite. En fin, ni siquiera puede suprimirse la representación mínima por provincias que, según algunos, sobrerrepresenta a las provincias con menor población, porque así lo manda la Constitución.
    Con lo cual, visto lo visto, estamos condenados a un debate poco fructífero.
    Se pueden hacer, sin embargo, algunos pequeños cambios. Por ejemplo, se puede reducir el mínimo de representación por provincia de 2 a 1 (no se puede suprimir, como hemos dicho). Por ejemplo, la Constitución no manda que el reparto de escaños se haga según el sistema D’Hont, ni tampoco exige la Constitución el 3% actual de votos mínimos por provincia para entrar en el recuento. Con lo cual, por un lado, se puede emplear cualquier otro método de atribución de escaños siempre que respete el (supuesto) sistema proporcional (ver manuales de Derecho Constitucional) y, por otro lado, se pueden establecer otros mínimos dentro de la misma circunscripción (en realidad el mínimo del 3% solo tiene validez práctica en Madrid y Barcelona, en las demás provincias, de hecho, el mínimo para obtener 1 diputado es mucho mayor). No se puede, como proponía Rodríguez Ibarra, establecer un mínimo nacional (del porcentaje que sea), porque la Constitución, de nuevo, dice que el reparto se hace por provincias. Con lo cual, para eso habría que cambiar también la Constitución.
    En todo caso, la influencia de estos cambios posibles es tan escasa que muestra lo atado y bien atado que quedó todo con la Constitución cerradísima que tenemos, que, vuelvo a repetir, y no me canso, y creo que no me equivoco, ¡NO LA CAMBIA NI DIOS! Ojalá me equivocara y, fuera el que fuera el resultado de las próximas elecciones, se estableciera un proceso serio de reforma. Pero, la verdad, algo me dice a mí que no va a ser así.
    Un saludo.

  15. Alberto 9 febrero 2008 / 11:46

    Espero que con lo que he dicho antes no parezca que todo me parece mal en la Constitución. Pero mientras que hay aspectos que sí tienen que estar perfectamente expresados en la constitución (por ejemplo, los derechos de los ciudadanos y las garantías de éstos), hay aspectos que resultan ser una carga muy pesada para el buen funcionamiento de las instituciones. Habría bastado (y lo dicen casi todos los buenos constitucionalistas de este país) con señalar que los diputados al Congreso serían “elegidos por sufragio universal, libre, igual, directo y secreto, en los términos que establezca la Ley” (eso dice el final del artículo 68.1 de la Constitución). Y nada más. De este modo, los demás puntos de ese artículo, en la práctica, sobran, porque todo eso que dicen es básicamente materia de ley, no de Constitución. Pero en ese embrollo nos metieron, especialmente los representantes de UCD y del PSOE, en el debate constitucional de hace 30 años (y aquí seguimos). Curiosidades de la vida, el que más hizo ver el error fue Fraga (están disponibles las actas y los diarios de sesiones para el que lo quiera comprobar), que era partidario de un sistema mayoritario a la inglesa, y que además en su vida exterior a la política fue profesor de Derecho Político. Fraga conocía bien el Derecho constitucional comparado y sabía que el sistema electoral, después de haber garantizado el sufragio universal, libre, directo y secreto, es materia de ley, no un asunto constitucional. Yo siempre digo: “mira, al menos estoy de acuerdo en algo con Fraga”. Pero el hombre habló contra una pared: a UCD y al PSOE lo que les interesaba era justamente un sistema como el que habían planteado, que les convertía en partidos mayoritarios y que, por eso, les interesaba tenerlo atado y bien atado. Visto en perspectiva, al PSOE le salió bien la jugada. A UCD no tanto y, curiosamente, al partido de Fraga al final el sistema le acabó viniendo muy bien.
    Pero bueno, no meto más rollo. Lo importante es que, por las decisiones de hace 30 años, ahora nos vemos con que, por muchas teorías que tengamos, el sistema electoral no lo reforma nadie. Y eso, volviendo al Derecho comparado, es inaudito.

  16. jmongil 9 febrero 2008 / 12:20

    Muy buena la exposición de Alberto, la cual ha tratado de la viabilidad de posibles reformas de la legislación electoral, no de su conviniencia.

    En cuanto al criterio de Fraga que era partidario del sistema británico, yo no lo comparto, pues da lugar a mayorías bastante mayores (valga la redundancia) que las que actualmente se obtienen en ese país. También podría favorecer la presencia de representantes nacionalistas en el Congreso, cosa que a mi no me satisface por razones que no vienen al caso.

  17. Sara 22 octubre 2012 / 7:11

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