El herbario del Jardín Botánico de Nueva York

A escasos diez días de mi regreso a Madrid, me gustaría ir cerrando temas y hablaros de algunas cosillas que se han ido quedando en el tintero, sobre todo por falta de tiempo en esta recta final.
Hace poco tuve la oportunidad de visitar el Jardín Botánico de Nueva York (NYBG), sito en el Bronx. En este caso no se trataba de una visita turística, por los parques e invernaderos llenos de plantas vivas debidamente identificadas, sino de una visita de trabajo a la trastienda, a los edificios de investigación que normalmente no están abiertos al público y concretamente a las colecciones científicas de plantas (el herbario, vaya).

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Un herbario consiste, en efecto, en una colección de pliegos. Cada uno de ellos contiene un espécimen vegetal debidamente conservado e identificado con toda una serie de datos sobre el lugar y la fecha donde se recolectó, la persona que lo hizo, las condiciones en las que vivía la planta e incluso puede llevar adjuntas notas de taxónomos que se han encargado de su estudio en el pasado o correspondencia entre científicos que discutieron el estatus del ejemplar. Las plantas pequeñas suelen conservarse enteras, pero las de tamaño mediano y grande, lógicamente, no son conservadas íntegramente sino que se seleccionan porciones de su anatomía que resulten representativas y suficientes para su identificación. Cada pliego de herbario encierra una pequeña historia y pueden llegar a ser muy antiguos y valiosos, a la vez que muy necesarios para la investigación botánica contemporánea. Por ejemplo, si uno se ve en la tesitura de decidir si unas plantas determinadas pertenecen o no a la especie “A”, hay que recurrir al texto que escribió el autor de la misma para comprobar exactamente a qué se refería cuando decidió que “A” era una especie distinta a “B” y “C”. A menudo puede ser necesario recurrir a la propia planta que recolectó dicho autor y sobre la que se basó al describir la especie “A” (lo que llamaríamos el holótipo), y esto nos puede llevar, como fue mi caso, a bucear entre pliegos de herbario centenarios hasta dar con el añejo ejemplar y comprobar de primera mano en qué estaba pensando Fulano de tal en 1801 cuando describió “A”.

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Como ocurre con un museo o una biblioteca, los herbarios se enriquecen con el tiempo y con el trabajo de los especialistas. Las guerras y la desidia son responsables de la pérdida de grandes colecciones de valor incalculable. El NYBG, fundado en 1891, cuenta con más de siete millones de pliegos y puede jactarse de ser uno de los más importantes del mundo. Hoy os voy a colar por una de las dependencias del herbario para mostrar cómo lo tienen montado.

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Al igual que en muchas hemerotecas, los herbarios de este calibre suelen estar ubicados en grandes salas (a veces casi una suerte de “búnkers”), protegidos de las inclemencias del tiempo, cambios bruscos de temperatura y humedad, fuego y demás “inconveniencias”. Los pliegos están depositados en enormes estanterías móviles, también ignífugas, que se pueden desplazar girando unos volantes para dejar libre el pasillo que nos interese y compactar las estanterías que no necesitamos (de esta forma se aprovecha mejor el espacio).

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El contenido de cada estantería se indica en su extremo, siguiendo normalmente un orden taxonómico.

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Cada estantería aparece dividida en cajones en los que están ordenados los pliegos, a su vez agrupados en carpetas de cartón. Una vez que hemos localizado el género de la planta que buscamos, encontramos las especies ordenadas alfabéticamente (aunque los especímenes tipo están todos juntos en primer lugar). Existe además un código de colores que relaciona las carpetas con el continente donde fue recolectado el material.

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Tomamos con amor y cariño los pliegos que buscamos y nos los llevamos a alguno de los puestos que hay por allí para hacer nuestras observaciones y tomar nuestras notas.

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Aquí, por ejemplo, veis el aspecto que tiene un pliego de un helecho.

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Las plantas de tamaño muy pequeño, como los briófitos, suelen colocarse en sobres que se pegan a la carpeta correspondiente. En este caso estamos ante un espécimen tipo, como aparece indicado.

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En los pasillos de acceso tienen expuestos algunos pliegos realmente bonitos que quedan mucho más atractivos en esta entrada. En estos ejemplos podéis ver que “doblar” una rama para que quepa en un pliego de forma elegante es todo un arte o a qué soluciones se puede llegar para representar una planta demasiado grande.

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En la página web del herbario del NYBG podéis acceder a mucha información e incluso hay digitalizada una parte del material. Abajo: imagen del holótipo de Pourouma uvifera, una cecropiácea recolectada en Bolivia en 1921.

webmedia

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5 thoughts on “El herbario del Jardín Botánico de Nueva York

  1. Jezabel 24 noviembre 2008 / 13:37

    Pero qué bien vives.

  2. Alfie 25 noviembre 2008 / 3:05

    Bueno, a mi me parece que tiene más encanto y es más romántico el de Madrid, independientemente del valor que la cantidad de muestras que puedes encontrar en este inmenso herbariode cuatro plantas. No hay nada como los rinconcitos tan hermosos y tan apropiados apra la lectura como los que tiene el de madrid. Eso sí, este como todos a lo grande, ande o no ande.

  3. lalo 25 noviembre 2008 / 4:31

    Eso si es un herbario… una vez estuve en uno, pero no tiene nada que hacer en comparación con el que nos muestras.
    a decir verdad la botánica no es lo mio, pero de vez en cuando es emocionante leer acerca de cosas como esas. que suertudo

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