Naturaleza capense contada para europeos (3/3): el bosque afromontano y la costa

Tercera y última entrada de la serie dedicada a la naturaleza de la región del Cabo. Para cerrar este recorrido por esta zona tan interesante tenemos un par de ecosistemas más de los que hablar.

El bosque afromontano de la región de Knysna

Helechos arborescentes

En primer lugar, ¿qué es un bosque afromontano? Se engloba en este término, un tanto laxo, a una amplia variedad de bosques tropicales o subtropicales perennifolios que aparecen por varias zonas del África oriental y meridional, generalmente asociados a zonas montañosas y caracterizados por un clima templado y húmedo durante todo el año. Debido a la naturaleza fragmentada de este ecosistema, que aparece de forma discontinua desde el valle del Rift hasta el extremo sur del continente, a veces podemos leer la expresión “archipiélago afromontano”, haciendo referencia a esa fragmentación que mencionaba.

Al contrario que cuando hablábamos del fynbos o del karoo suculento, los bosques afromontanos de Sudáfrica no son un ejemplo paradigmático de este ecosistema, sino más bien los coletazos marginales de un ecosistema que presenta su máximo esplendor en las montañas del valle del Rift, aunque, si bien cerca del ecuador es necesario ascender a los 1500-2000 metros para encontrarnos con estos bosques, en las montañas sudafricanas cercanas a la ciudad de Knysna, este tipo de bosque aparece a los 700 metros de altitud (clásica compensación altitud-latitud).

agulcurrPese a no ser los mejores ejemplos de bosque afromontano, los sudafricanos tienen mucho aprecio por sus bosques, ya que ocupan menos del 0.5% de la superficie del país y se encuentran bastante maltrechos por la explotación histórica que han sufrido y porque, al contrario que ocurre con el fynbos, estos bosques no son pirófilos y difícilmente se recuperan después de un incendio.

Antes de iniciar nuestro recorrido por el bosque, de nuevo se hace necesaria una explicación sobre la presencia de este ecosistema justo en este lugar, y una vez más la respuesta la tenemos en el mar. Si la corriente de Benguela, que traía aguas gélidas del Antártico, era la responsable de la sequía estival del occidente de la región (fynbos, karoo y desierto del Namib), en el lado oriental tenemos una corriente contraria, que trae aguas cálidas desde el canal de Mozambique por toda la costa africana hasta el cabo Agulhas y que se llama, precisamente, la corriente de Agulhas.

Dicha corriente sitúa una buena masa de aguas relativamente cálidas frente a Knysna, fácilmente evaporables, de forma que cuando se topan con las montañas de su área de influencia aseguran la precipitación durante el verano, neutralizando la sequía estival y premitiendo que se desarrolle el bosque afromontano.

Si a algún lector canario esta descripción le suena de algo, quizá no ande desencaminado. En el fondo el clima que permite este tipo de bosque así como la estructura y apariencia del mismo guarda ciertas similitudes con la laurisilva canaria, como veremos enseguida, aunque el origen es completamente distinto.

Dicho esto, comencemos nuestro paseo por la reserva de Gouna/Diepwalle.

knysna

El bosque afromontano es denso y oscuro. El clima atemperado y la abundante humedad permite que la vegetación crezca exhuberante y la luz se convierte en el principal factor limitante para el desarrollo de las plantas. El bosque presenta un dosel bien desarrollado de varias decenas de metros de altura en las mejores zonas y está integrado por árboles perennifolios de hojas de color verde oscuro, muy lustrosas, como la del laurel (de ahí lo de “laurisilva” y términos similares). Quizá no nos sorprenda encontrarnos aquí con parientes de lo que integran otras laurisilvas del mundo, como Ocotea bullata o Ilex mitis, un primo cercano del olivo, Olea capensis y distintas especies de la familia de las podocarpáceas (gimnospermas típicas del hemisferio sur), como Podocarpus falcatus o Podocarpus latifolius.

podocarpus

A identificar / to be identified A identificar / to be identified

Podocarpus latifolius (creo) y un par de plantas no identificadas con hojas lauroides.

Por lo general, los árboles “lauroides” son bastante difíciles de identificar por los novatos, porque todos tienden a parecerse mucho, pero sorprendentemente a mí me ayudó mi experiencia en la laurisilva canaria para poder identificar algunos géneros gracias a los “truquillos” botánicos de los que me hablaron algunos amigos durante una visita a la Gomera.

El interior del dosel es muy oscuro y no hay un sotobosque especialmente desarrollado. Triunfan las lianas y las trepadoras y hay una gran variedad de helechos. De obligada mención resultan los helechos arborescentes (Cyathea capensis), que llegan a alcanzar varios metros de altura. En las zonas muy húmedas encontramos también creciendo con profusión a los diminutos y delicados helechos de la familia de las himenofiláceas, una maravilla tropical.

Helechos arborescentes

himenofiláceas

Helechos en el bosque: Cyathea capensis y unas himenofiláceas

Y no puedo dejar de hablar de algunos hábitats colonizados por las plantas de estos bosques gracias a la elevada humedad. El bosque afromontano es muy rico en epífitos (plantas que crecen sobre otras plantas). Por ejemplo, nos encontramos con los típicos musgos colgantes que pueden llegar a medir más de un metro de largo y que forman verdaderas cortinas viviendo a expensas de la humedad y las nieblas. Sólo los ambientes permanentemente húmedos son propicios para el crecimiento de este tipo de musgos (de nuevo, como en la laurisilva canaria), y como podemos ver, no sólo los musgos se atreven a vivir sobre las cortezas de los árboles.

Briófitos epífitos Epífito

Epífitos de varios tipos

Un medio aún más extremo que el epífito y verdaderamente excepcional es el epífilo. Las plantas epífilas son aquellas capaces de vivir sobre las hojas de otras plantas. Es un medio trmendamente hostil, ya que la superficie foliar, cubierta por una cutícula impermeable, es muy seca y apenas retiene nutrientes más que por el polvo acumulado. Por eso es realmente excepcional que haya plantas epífilas, y esto sólo puede ocurrir en medios realmente húmedos. Pues bien, en el bosque afromontano, si miramos con atención, descubriremos hepáticas epífilas sobre las hojas de los árboles, unos diminutos vegetales emparentados con los musgos.

Hepáticas epífilas

Hepáticas epífilas

Hepáticas epífilas, un modo de vida realmente extremo, pese a que no lo parezca

En cuanto a la fauna, no tengo muchas fotos que ofreceros. Algunas personas del grupo con el que viajé vieron una serpiente, pero yo no tuve esa suerte, y por lo demás, ni un triste pajarito que poder fotografiar. Fue una visita corta, y el naturalista sabe que esto de la observación de fauna depende también mucho de la suerte. Os dejo una foto de un milpiés bastante grande y un cartel que anuncia una ruta de paso de elefantes, porque el bosque de Diepwalle, al parecer, es uno de los pocos sitios de la zona donde quedan elefantes en estado salvaje. Ese cartel fue lo más cerca que estuve de uno.

Miriápodo Senda de elefantes

Y aunque no pude verlo y mucho menos fotografiarlo, no me resisto a contaros que una de las joyas de este bosque afromontano es el turaco endémico de Knysna (Tauraco corythaix). Hay una breve lista de animales interesantes en el artículo de la Wikipedia.

Knysnaloerie

Algunas líneas sobre la costa

No es que la costa de la región capense sea un ecosistema aparte, pero se me han quedado algunas cosillas fuera que me gustaría incluir y queda muy adecuado acabar esta serie en la Reserva Nacional de De Hoop, a más de 34º sur.

Dunas en De Hoop

Las costas meridionales del Cabo pueden ser tanto rocosas como arenosas, pero en ambos casos la vegetación está fuertemente influida por el fynbos colindante. Así, nos encontramos con proteáceas, restionáceas y asteráceas, pero también con otras familias y géneros que están especialmente diversificados en este ambiente. Las Metalasia son unas asteráceas muy curiosas, con capítulos tan reducidos que contienen sólo una flor, pero agrupados en un gran número. El género Agathosma (rutáceas) está muy diversificado en las zonas costeras.

Metalasia sp. Agathosma sp.

Metalasia y Agathosma, dos géneros muy frecuentes en las dunas, y también muy ricos en especies

Las mareas son tremendas en esta parte del mundo. En las zonas rocosas, durante la bajamar, se pueden encontrar arrecifes de vermétidos y praderas de laminariales con un desarrollo tremendo, además de la fauna típica de las pozas intermareales.

Laminariales con marea baja

Actinia Estrella de mar

En la costa se pueden ver muchas especies de aves: gaviotas, cormoranes, ostreros,… muchas de ellas endémicas, y no podemos olvidarnos del pingüino africano (Spheniscus demersus), la única especie de pingüino que vive de forma estable en África.

Pingüino africano / Jackass penguin (Spheniscus demersus)

Spheniscus demersus, anillado

Cormoranes

Cormoranes del Cabo (Phalacrocorax capensis)

Y para terminar, una sorpresa. Desde las dunas de De Hoop, sin necesidad de tomar ningún barco, se pueden ver a menudo distintas especies de ballenas. Durante mi visita tuve mucha suerte, ya que estaban de paso distintos grupos de ballenas francas australes (Eubalaena australis), así como ejemplares aislados, que salían a respirar y se daban algún revolcón que otro. Las fotos de estos encuentros no son nada vistosas, pero poder disfrutar de las ballenas desde la costa fue una auténtica gozada.

Ballena franca austral (Eubalaena australis)

Y con las ballenas francas despidiéndonos desde el Océano Índico, que ahora queda tan lejano, ponemos el punto y final a este recorrido por el Reino Capense. Espero que os haya gustado.

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Serie sobre la naturaleza capense en DDUC

Presentando el reino capense

Naturaleza capense contada para europeos 1: el karoo suculento

Naturaleza capense contada para europeos 2: el fynbos

Naturaleza capense contada para europeos 3: el bosque afromontano y la costa

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19 thoughts on “Naturaleza capense contada para europeos (3/3): el bosque afromontano y la costa

  1. macroinstantes 15 octubre 2009 / 10:30

    Ya podían los libros explicar las cosas así… solo con tus tres relatos es como si ya hubiese estado por allí, de hecho ya no voy a ir ¿pa qué?, aparte que me pilla un poco a desmano para ir en el finde,

    te propongo que hagas lo mismo con los ecosistemas mediterráneos (los que quedan), algo tipo “Naturaleza Mediterránea contada para nativos (mediterráneos)”, que no te creas que la gente los conoce mucho más que los capenses… Saludos.

  2. Raven 15 octubre 2009 / 10:39

    No podía irme de aquí sin al menos comentar para evitar que algún pobre niño termine como el de la viñeta de la izquierda !

    Por cierto, bonitas fotos, sobretodo las epifitas ( casi que las habría confundido con musgos)

  3. lisi 15 octubre 2009 / 17:59

    Una lección de ecología magistral. Muy didáctico.

    gracias mesié Copépodo! >:0]

  4. César 15 octubre 2009 / 23:35

    Buenas, aquí el ignorante. Hay cosas que no me cuadran: lo de las epífilas me ha dejado cabilando y, claro, he ido al enlace de las hepáticas en la wikipedia para descubrir, ¡oh sorpresa!, que no son endémicas de África. ¿Cómo narices algo que necesita tanta humedad y vive sobre una hoja puede llegar a colonizar un bosque de montaña aislado, en otro continente además? ¿Vino en un barco? ¿Y cómo subió allí? [La curiosidad me matará algún día…]

    Ahora, Rafa, permíteme una de nacionalismo lingüístico: (Gran) Valle del Rift.

    ¿Que si me ha gustado la serie? 10/10. Muchas gracias.

  5. Copépodo 16 octubre 2009 / 0:07

    Qué bien está esto de que haya gente que se lea los rolletes. He acabado satisfecho por que esta serie haya quedado completa y más o menos apañada. Gracias a todos por los comentarios, pero para que no queden dudas: puede que estas entradas sean didácticas, divulgativas, entretenidas o sintéticas, pero NO son magistrales, ni lo pretenden, ojo, esto es una aproximación muy vaga, muy general, pensada para el formato bloj. Si a alguien le interesa conocer el fynbos a fondo encontrará muchísima y muy buena bibliografía.

    Como algunos sois nuevos aprovecho para darme un poco de autobombo: el año pasado, durante mi primera estancia en Connecticut hice una serie parecida, aunque no tan exótica, claro.

  6. Copépodo 16 octubre 2009 / 0:09

    Gracias, ¡Y no descartes ir a pasar algún puente! Apuntada la sugerencia, aunque la veo difícil de satisfacer, ¡no sabría ni por dónde empezar!

  7. Copépodo 16 octubre 2009 / 0:42

    Te respondo encantado.

    Lo primero: el enlace original al artículo de las hepáticas estaba mal (corregido)

    Lo segundo: tienes toda la razón del mundo con lo del anglicismo (corregido)

    Sobre la cuestión que planteas: las hepáticas, como tales, son cosmopolitas, hay más de 8000 especies. De todas ellas, sólo una minoría son epífilas, y no constituyen un grupo natural, sino que varias familias distintas han desarrollado algunos miembros capaces de vivir en este medio tan hostil.

    En la foto que pongo, sin ir más lejos, se distinguen entremezcladas dos especies distintas (una de “hojitas” grandes y otra de “hojitas” pequeñas), presumiblemente de dos familias distintas. Digo presumiblemente porque su identificación es dificilísima.

    Ni las hepáticas en general ni las epífilas en particular son endémicas de África, claro que no. Habrá especies africanas, otras indomalayas y otras sudamericanas. Sin embargo, tu pregunta sigue “vigente” porque también las hay de distribuciones más amplias, presentes en varios de estos continentes.

    A tu pregunta (¿Cómo han sido capaces de estar presentes en dos continentes a la vez?) aplicada a una especie en concreto podríamos responder con dos hipótesis distintas:

    1) la distribución original era continua y se ha fragmentado con el tiempo (cambios climáticos y tectónica de placas)

    2) Se han dispersado de un continente a otro

    Esto es un típico dilema de biogeografía, y se puede responder científicamente. Ambas hipótesis son plausibles (las hepáticas se reproducen por esporas y hay casos documentados de dispersión a largas distancias).

    Para resolver el dilema habría que ir caso por caso (no siempre tendría la misma explicación) y comprobar, por ejemplo, la conectividad genética entre poblaciones de distintos continentes. Este tipo de estudios se hacen muchísimo últimamente y son muy interesantes. A veces resulta que hay intercambio genético entre poblaciones distantes miles y miles de kilómetros (sugiriendo que las esporas viajan entre unos núcleos y otros, muchas veces ligadas a vientos dominantes) y otras veces se descubre que determinados núcleos llevan aislados tantísimo tiempo que es factible pensar que las poblaciones sólo estuvieron unidas hace muchos millones de años.

    Conozco varios artículos que giran sobre el tema, pero de memoria no sé decir ninguno que trate sobre hepáticas epífilas. Mira, sería un tema muy bonito para una tesis :-P

  8. Raven 17 octubre 2009 / 12:25

    Dios… Después de ver la entrada de Nueva Inglaterra, que envidia, las imágenes son increíbles, y además consigues cambiar una sensación que odio y darle utilidad, supongo que esta es la diferencia entre un biólogo de bota y un medio biólogo de bata. Incluso aún tengo pendiente botánica de primero xD

    Y cuando veo un paisaje, no lo veo en si, sólo veo un gran amasijo de especies las cuales todas me suenan pero no soy capaz de recordar casi ni al filo que pertenecen. Ni siquiera he salido de España, pero si algún día puedo, intentaré colgar la bata olvidarme un rato de tinciones, PCRs, siembras y demás. Ponerme las botas y observar con mas detalle el macromundo. Realmente el resultado parece que merece la pena.

    Un saludo, le seguiré de cerca

  9. Alfie 19 octubre 2009 / 15:38

    Me da miedo y me parece inquietante las Hepáticas epífilas me recuerdan mucho a una de las especies aparecidas en la Guía de Naturalista Intergalactico, que curioso. Aunque me quedo con el cromo del Tauraco corythaix, ¡Qué mono! ¡Qué punky!, yo quiero uno, ¡Qué exótico! Aunque mi favorito es Spheniscus demersus, sin dudarlo. Es el mejor, el más guapo, el más elegante y el más hermoso.

  10. Copépodo 21 octubre 2009 / 2:56

    Raven: olvídate de la distinción de biólogo de bota y de bata, está desfasada. Dices que soy de bota, y con razón, pero sospecho que llevo haciendo PCRs desde antes de que te quedara la botánica por primera vez (que por cierto, ya te vale). Un saludo

    Alfie: Spheniscus demersus, guapo y hermoso vale, pero elegantes… no sé yo

  11. Raven 21 octubre 2009 / 20:59

    Pues casi que me da vergüenza, la primera vez que la suspendí fue en 2006 En ese momento decidí que Botánica, matemáticas, estadística y física serían las últimas que aprobaría. Después pensé en hacer lo mismo con genética xD (Es lo que tiene ser hiperactivo… que las cosas con números no me van)

    Pero después de consumir casi todas las asignaturas que me gustaban, y de que bolonia amenace con destruirme… No me queda otra que tomarme más enserio a las plantas y los números.

    Por cierto he seguido mirando entradas antiguas y he visto entre otras la de Tyler-pepe. Si fuera chica creo que me habría enamorado xD Así que si me lo permite, cuando tenga tiempo me gustaría ponerlo en mi blog !

  12. Copépodo 22 octubre 2009 / 4:00

    Tyler-Pepe es patrimonio de la humanidad, puedes usarlo todo lo que quieras. Ya que te pones podrías enviarle alguna pregunta a su consultorio. Ya ha habido un par de ediciones.

  13. Anónimo 21 mayo 2013 / 20:46

    Increible blog, mas increibles las fotos… Se nota que sabes apreciar estos paisajes tan excepcionales
    En nombre de Tyler pepe dejo aqui mi comentario ;)

  14. Anónimo 8 octubre 2015 / 13:11

    Muchas gracias por esta serie. Bueno, por el blog en general, pero esta serie me ha resultado una primera aproximación muy interesante al mundo capense. Me has dejado con ganas de saber más sobre el tema (menuda sorpresa lo de las hepáticas epífilas!), tendré que ponerme a ello.

    Muchas felicidades, muchas gracias de parte de un intento de botánica =)

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