La expresión de las emociones

No sé si conocéis la serie de televisión “Lie to me” (Miénteme, en castellano). Trata sobre un equipo de… ¿investigadores? especialmente dotados para detectar a los mentirosos simplemente por las microexpresiones involuntarias que mostramos en distintas partes del cuerpo. Seguro que habéis oído hablar del tema y muchos de vosotros conoceréis también el famoso y recomendable libro de Flora Davis “La comunicación no verbal” que trata también ese asunto entre otros muchos. La cosa es que el protagonista de la serie, Tim Roth (en el papel del Dr. Cal Lightman) es un fuera de serie detectando y catalogando signos no sólo de mentira, sino también de contención, frustración, sorpresa y un largo etcétera. Los capítulos suelen estar salpicados de fotos de celebridades y políticos mostrando las mismas expresiones faciales de las que se habla  en la serie. Vamos, que la cara es el especjo del alma.

Algún seguidor perspicaz habrá detectado en el despacho del Cal Lightman un retrato de Charles Darwin, y esto me sirve de pretexto para comenzar la última entrada del año del bicentenario dedicada al amigo Carlos, ya que no deja de ser sorprendente que Darwin fuese pionero en este campo de las expresiones faciales y las emociones que transmiten.

En efecto, en 1872 se publica la que podría considerarse la obra más excéntrica de Darwin: La expresión de las emociones en el hombre y los animales. ¿Qué interés tenía Darwin en este tema aparentemente tan alejado de la evolución de las especies? La respuesta se remonta muchos años atrás, ya que este libro originalmente estaba pensado como un apéndice de “El origen del hombre”, que como sabéis también fue un intento de ir allá donde no se había atrevido con “el origen de las especies”, y con muy buen criterio.

Darwin dejó el tema de la evolución humana separado de su tratado general sobre la evolución por selección natural, pero paralelamente al desarrollo de su teoría había estado preguntándose por el origen del ser humano. Por desgracia para él, en aquella época se podía inferir poquísimo acerca de nuestros ancestros, ya que no se conocían ninguno de los fósiles que hoy en día salpican con creciente profusión nuestro propio árbol genealógico. Así pues “El origen del hombre” es en gran medida, pura especulación, aunque en él Darwin se atrevió a afirmar nuestra descendencia simiesca.

Vemos así que el hombre desciende de un mamífero velludo con rabo y orejas puntiagudas, arbóreo probablemente en sus hábitos y habitante del Viejo Mundo. Si un naturalista hubiera examinado toda la estructura de este ser, le habría clasificado entre los cuadrúmanos, lo mismo que el progenitor aún más antiguo de los monos del viejo y nuevo continente.

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El Fary se aparece en una encina de Cenicientos

El madrileño municipio de Cenicientos se ha despertado hoy plagado de unidades móviles de distintos medios de comunicación. Al parecer su vecina Bernarda Peinado, de 68 años de edad, según regresaba a su domicilio ayer por la tarde tuvo una visión de el Fary subido a una encina en las afueras del pueblo.

“Me dijo -Mujer, no temas, soy el Fary-. Yo me asusté, pero entonces se puso a dar unas palmas y en ese momento le reconocí y supe que era él, aunque parecía algo más enjutico que en sus últimos años de vida, se le notaba remejorao.”, declaró Bernarda al diario ABC. Según su marido, la Berta (como se la conoce en el pueblo) salió a echar un ojo a las gallinas a las 13:20 y no regresó hasta más de una hora después, para enfado de toda la familia que había ido a visitar a los abuelos y acabaron comiéndose el arroz pasado. Durante esa larga ausencia, Bernarda estuvo charlando largo y tendido con El Fary sobre los distintos problemas del mundo y el espectro acabó por contarle tres revelaciones que debería mantener en secreto hasta que llegue el momento. “Él los llamó ‘mis secreticos’, y se trata de cosas muy fuertes, de verdad, pero prometí no decir nada”.

Pese a todo el primero de los secreticos del Fary ya ha sido revelado hoy mismo a la hora de la siesta cuando la Berta se cogió una cogorza impresionante a base de pacharán con granos de café. Todo parece indicar que el Fary reveló al mundo que José María Aznar será el próximo ganador del certamen musical “Eurovisión”, aunque curiosamente no como representante de España, sino de Eslovenia. El Partido Popular y la Fundación FAES han declinado hacer ninguna declaración al respecto aunque algunas filtraciones de miembros del PSOE aseguran que Zapatero piensa votarle por SMS llegado el caso.

Mientras tanto, en Cenicientos, la que ha sido bautizada como “encina del Fary” se ha convertido en un centro de peregrinación donde acuden vecinos del pueblo y los alrededores todos los días a las 13:20, hora de la aparición. Entre todos cantan clásicos del artista español con la esperanza de que regrese y revele sus secreticos a gente de mayor confianza que la Berta, que al parecer es un poco embustera.

Vecinos de Cenicientos concentrados a la espera de que se aparezca el Fary

David después del dentista

Entre los videos más vistos en YouTube durante 2009, uno de los triunfadores es “David after dentist”. Seguro que muchos lo habéis visto, un padre graba a su hijo de siete años a la salida del dentista, aún bajo los efectos de la anestesia o vaya usted a saber qué potente estupefaciente. La verdad es que el chaval es divertidísimo:

Bien, el video va ya para los 40 millones de reproducciones, y no han parado de salirle imitadores (aunque no tan divertidos como él):

Kevin después del dentista (inglés)

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Chad Vader después del dentista

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David después del divorcio (inglés)

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Sin embargo, lo más interesante de todo es que el padre de David, gran emprendedor, ya ha abierto su propia página web para sacar beneficios de las ocurrencias de su criatura: davidafterdentist.com

Donde se pueden comprar pegatinas, chapas y camisetas. Vale, una parte de todo esto va a una organización benéfica, pero está claro que el que no corre vuela.

Y recuerda que no, esto NO es la vida real.

Tiernos momentos prenavideños

Andaba yo el otro día por la calle pensando en mis cosas cuando veo de frente a un grupo de unas seis niñas de unos doce años aproximándose. Detrás de ellas, a dos o tres pasos de distancia, dos mujeres ya hechas y derechas. Todas ellas cuchichean y me miran, para mi mosqueo; algo se traen entre manos. Conforme la distancia se acorta, lejos de mirar para otro lado, se excitan más todavía y se ríen. Yo empiezo a mosquearme en serio, pero sigo mi camino haciéndome el loco. Una de ellas saca como un papelote brillante, y cuando el encuentro se hace inminente, estallan en un jubiloso “¡Feliz Navidad!” multiplicado por seis y sin que tenga tiempo de reaccionar me pegan una pegatina en el pecho. Las mujeres de detrás las corrigen: “Hablad más claramente, que se os entienda bien, FELIZ NAVIDAD”. Yo, totalmente pillado en un renuncio no puedo responder más que un titubeante “gracias”. Lo único en lo que pienso es en si me van a pedir dinero, ya que hasta entonces mi experiencia me decía que cualquier persona que te pone pegatinas en el pecho sin pedirte permiso es porque quiere dinero. Como aquella vez en la que, siendo un tierno preadolescente pringao, una señora me pegó “la paloma de la paz” en el abrigo y acabé dándole cinco duros por el compromiso. Qué pringao que era, madre mía, si la pegatina estaba pintada a mano y ni era una paloma de la paz ni nada. En fin. No ha sido el caso. La chiquillería y las mamás-pato pasan de largo en busca de su siguiente víctima. Yo me detengo a mirar la pegatina.

(inmensa gota de sudor manga recorriéndome la frente)

Ya sabéis que tengo el alma podrida, así que lejos de enternecerme con el gesto, me ha fastidiado un poco. No es que me haya molestado como si me hubiesen puesto la zancadilla, ya sé que lo hacen de buena voluntad, pero son este tipo de cosas las que me hacen pensar que las religiones no se pueden librar del proselitismo. Una cosa hubiese sido que me hubiesen deseado felicidad en estas fechas tan entrañables, como me dijeron de palabra, pero la letra pequeña de la pegatina, “Jesús nace para todos” parece querer ir más allá: “quieras o no quieras, Jesús también nace para ti, no te resistas, no hay escapatoria”. En fin, que seguro que me lo tomé por donde no era, pero me dieron ganas de llamar a las catequistas y devolverles la pegatina.

Sí, ya lo sé, me merezco que me visiten tres fantasmas en Nochebuena, a ver si espabilo.

Cuarto aniversario de esta santa casa

Pues sí amigüitos: tal día como hoy, solsticio de invierno, pero de hace cuatro años estaba yo procrastinando más de lo habitual y me dio por abrir “Diario de un copépodo”. No hubo planificación previa ni intenciones definidas y pensaba que sería la típica tontería que perdería el interés a los cuatro días. Sin embargo, aquí estamos para acordarnos de que todo tiene un principio (y llegado el momento, un final).

Como suelo hacer llegado este punto, el balance de estos cuatro años (obviando los datos de la oscura y horrible era de bitácoras.com, que sólo recordarán los más viejos del lugar) son 616 entradas, 6.686 comentarios y 549.589 visitas. El promedio de visitas diarias, fines de semana incluidos, de los últimos meses está entre las 630 y las 750. La mitad de esas visitas son hoygan que entran con ganas de contarme lo que piensan de Dios y otra gran parte son lectores interesados en aprender cómo afecta el ciclo del nitrógeno a su acuario, pero me satisface y me sorprende que hay mucha más gente de la que nunca hubiese esperado dispuesta a leer las chorradas que se me ocurren.

Aquí debería acabar el tradicional post-aniversario, pero como esta ocasión no volverá hasta dentro de 365 voy a hacer algo que no he hecho nunca hasta hoy:

Y además me voy a permitir hacerlo con la satisfacción de ser ya un poco “abuelo cebolleta” en esto del blogoplancton, que cuatro años sin faltar a la cita es mucho tiempo y alguna cuestión que me planteaba antes empieza a tener una respuesta para mí.

La cuestión que quiero abordar en este ramalazo de autoumbilicoscopia tiene que ver con una pregunta que siempre me hacía llegado el aniversario: ¿Cuál es la vida media de un bloj? Sigo sin saber la respuesta, pero hay algunas pistas que he aprendido sobre el envejecimiento de una bitácora. Un cierto porcentaje de blogonovatos se cansarán del asunto en unas semanas. Son pocos los que consiguen mantener viva varios años una criatura de estas con una frecuencia aceptable. Muchos blojs que empiezan con buen pie acaban espaciando más y más sus entradas. Seguro que conocéis más de uno que empieza todas sus entradas con un “Siento haber estado tanto tiempo sin actualizar, pero…” o variaciones similares (por cierto, ¿por qué se disculpa uno con sus lectores? ¿Acaso nos creemos que hay gente echándonos de menos por ahí?).

El espaciamiento entre entradas es un síntoma claro de envejecimiento de un bloj. Es normal que al principio se coja con ganas y se actualice mucho, pero en la, a veces larga y agonizante senectud blogueril, el lapso aumenta y aumenta. Yo empecé intentando mantener los 15 posts mensuales (excepto en viajes y vacaciones), y hace ya meses que me conformo si puedo mantenerlos en 12. De momento la situación no parece muy terminal, pero esta santa casa empieza a mostrar síntomas inequívocos.

¿Por qué pasa esto? No es que crea que lo que escribo es nada meritorio (de verdad, no lo creo, y me incomodan un poco las adulaciones, aprovecho para decir), pero sí que me parece que por término medio las entradas que hago ahora son mejores que al principio. Sin embargo, hay algo que echo de menos, y es la frescura. Antes no me importaba hablar del creacionismo, de lo que me hubiese pasado ese día, de la primera chorrada que se viese por televisión o de la última película que he visto. Con el tiempo me da la sensación de que es muy difícil conseguir una entrada como aquellas sin sentir que ya he contado eso antes. Sinceramente, me da pereza hablar de las cosas de siempre, me parecen muy trilladas y me autocensuro algunas entradas por este motivo. Vale, muchos lectores son nuevos y no las han leído, pero el efecto es el mismo: siento que me repito.

Una de las razones por las que un bloj envejece es porque los lectores cambian, pero el autor no. Me explico. A todos os habrá pasado que habéis dejado de leer ciertos blojs para leer otros. No es que ya no os guste vuestros “blojs de referencia”, sino que con el tiempo ya no apetece tanto comentar, porque lo que al principio os parecía original, pues con el tiempo ya no os sorprende tanto, y por otra parte hay tanto que leer en internet que en pocos meses los nuevos blojs que aparecen y que son interesantes también requieren atención. Lo mismo incluso mantenéis una buena relación con el autor del otro bloj, quizá hasta lo conocéis en persona y sois amigos, y no hay ningún problema, y a pesar de todo, se le deja de prestar atención. No digo esto como reproche, que conste, sino que todo lo contrario, lo digo por experiencia personal. A mí mismo me ha pasado que los blojs que leo ahora no son los mismos que leía hace cuatro años (obviando que la mayoría ya no existen), y quizá los sigo leyendo y los mantengo en el agregador, pero ya no comento. Igualmente poquísimos de mis comentaristas iniciales siguen pasándose por aquí regularmente, y tristemente a mí me ha acabado pasando igual (Hay honrosísimas excepciones, no obstante).

La enseñanza de este proceso, creo que natural, es que nunca hay que entender el público de un bloj como algo estático, sino como una corriente en movimiento, y eso hay que hacerlo como autor y como lector/comentarista: no anclarse únicamente en los amiguetes de siempre e intentar estar constantemente buscando nuevas bitácoras interesantes: renovarse siempre.

Esto tiene un lado “malo”, y es que con el tiempo uno cada vez tiene más cosas interesantes que leer y muy, muy poco tiempo para comentar. Durante los últimos meses tengo la sensación de no doy abasto, literalmente, y así me pasa, que tardo una eternidad en leer por encima qué se cuece en el blogoplancton y apenas me queda tiempo para comentar o para enzarzarme en debates o discusiones de los que antes disfrutaba mucho. Por si esto fuese poco, acabo descuidando incluso mi propio bloj, no respondo a tiempo a muchos comentarios y eso da un poco sensación de abandono.

Todo esto para decir, que mientras otras veces no me veía a mí mismo cerrando el bloj, hoy sí que puedo vislumbrar una decisión así: cortar por lo sano en lugar de una larga agonía de entradas distanciadas meses en el tiempo. No quiere decir que vaya a hacerlo próximamente, digamos que aunque sí me veo celebrando el quinto aniversario, no creo que esto llegue al octavo. Curiosamente, no creo que eso signifique que deje de escribir blojs, no estoy aburrido de los blojs en general, sino que veo que este tiene problemas de estancamiento, la verdad es que me encantaría empezar desde cero algo radicalmente diferente. Si me decidiera a abrir otro, posiblemente lo haría sin decir nada. Un “spin-off” que me llama la atención sería el bloj de Tyler-Pepe, pero entonces todos sabríais que soy yo y lo que quiero es precisamente empezar desde cero, así que me guardo para mí alguna otra idea que tengo en mente y lo dejamos aquí.

Breve conclusión: acabadas las excusas voy a intentar revitalizar este antro en su lucha contra la muerte y de momento, le deseamos que cumpla muchos más.

Nuevas inauguraciones de la Espe

Muchos os habréis dado cuenta de que la Espe está muy activa últimamente. Sin ir más lejos hace poco la veíamos inaugurar un hospital, una guardería, un paso de cebra y hasta un vertedero, eso sí, mediante una curiosísima actitud de tumbarse encima de todo lo nuevo. Inmediatamente vimos cómo copiaba esta actitud en otros eventos más lúdicos aquí o aquí, y la cosa parece que no va a quedarse en eso.

Ayer mismo la veíamos estrenar un nuevo centro de salud en el madrileño barrio de la Elipa. Este centro, que llevará el nombre de “Meganodo integral sanitario chachiguay Andrés Vesalio” cuenta con las más avanzadas técnicas de diagnóstico y tratamiento gracias a las necesarias reformas que la lideresa viene haciendo en el podrido sistema público sanitario. ¡Gracias Espe!

Esa misma tarde, como estamos ya en esas fechas tan entrañables, se pasó por el tradicional Belén viviente de Robregordo, donde quiso participar “como una vecina más”.

Y aún tuvo tiempo para estrenar el nuevo plató de entrevistas de Telemadrid, donde intercambió reflexiones sobre el gobierno y la vida en general…

Sin duda, a nuestra lideresa le encantan los baños de multitudes. Di que sí, Espe. ¡Estamos orgullosos de ti!