Post de tetas

Amigos, lo prometido es deuda. Vamos a hablar de tetas.

Resulta que hoy muchos de nosotros cerraremos el chiringuito, nos meteremos en el coche todos a la vez y recorreremos la geografía de nuestra piel de toro para ver procesiones religiosas, fustigarnos con lo que tengamos más a mano y ponernos hasta el culo de torrijas. Es una tradición como otra cualquiera, pero yo hoy quiero proponer que nos dejemos de localismos provincianos y adoptemos alguna celebración extranjera, de algún país bárbaro, como por ejemplooooooo… Estados Unidos, por aquello de la alianza de civilizaciones.

En ese lejano país donde los filetes son de tres dedos de gordo y donde la policía da mucho, mucho miedo, tienen una cosa a la que llaman “Spring Break” (vacaciones de primavera) que así groseramente viene a coincidir con la semana santa ejpañola como Dios manda. Sin embargo estas vacaciones no son un periodo de descanso normal, sino que para los estudiantes va asociado a un frenesí alcohólico-estupefaciente-sexual mucho mayor del habitual. Los yanquis son así: más sosos que el asa de un cubo el 99% del tiempo, y cuando toca pasárselo bien se desenfrenan, se ponen hasta las cejas de todo y hale, a aparearse se ha dicho.

Por suerte o por desgracia yo nunca he conocido de cerca un Spring Break, pero en la universidad donde anduve en 2008 y 2009 me dijeron que más te vale no tener aparcado el coche cerca del campus, porque no sería el primero ni el segundo que acaba ardiendo, con eso lo digo todo.

Para captar la esencia del Spring Break, el desmadre, la locura y los oídos sordos de los cuerpos de seguridad, nada mejor que recurrir al sociólogo y humanista Matt Groening que retrató la naturaleza explosiva, violenta y desmedida de este acontecimiento en el capítulo de los Simpson “Mata el aligátor y corre“.

Pero me estoy desviando. ¿Por dónde iba? ¡Ah, sí! ¡Las tetas!

La cosa es que en Spring Break la gente (o al menos los estudiantes) ven más tetas que en todo el resto del año, o eso cuentan. Sospecho que acaban tan borrachos que sus recuerdos no son de fiar, pero sea como sea, aquí propongo yo la campaña…

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VII muestra de cine fantástico de Madrid

Pues sí señor, un año más llega la hora de ponerse a hacer cola en el cine Palafox para disfrutar de la otrora muestra de cine fantástico y ciencia ficción, posteriormente sustituida por la “Muestra SciFi” y que finalmente se viene a llamar “Muestra SyFy” por el reciente cambio de nombre de la cadena de televisión que lo patrocina.

He seguido en este bloj muy de cerca esta muestra de forma ininterrumpida en sus ediciones tercera, cuarta, quinta y sexta. Además asistí a la segunda edición, pero entonces no tenía bloj (sí, amigos, hubo un tiempo en el que no tenía bloj y podía dedicar el tiempo libre a cosas productivas como el porno o los videojuegos). Por eso es para mí una triste noticia decir que debido a la programación inconveniente de este año, coincidiendo con las vacaciones de Semana Santa, no voy a poder asistir más que a unas pocas películas.

Lo siento, y de verdad, porque todos estos años con Zombi, Nata, Patricia, Blogger in the Shadow y todos los demás ha sido un despiporre que nada tenían que ver con la calidad de las películas (o mejor dicho, que era tanto mayor cuanto peores eran las películas). Pero amigos, esperemos que el año que viene podamos disfrutar de este acontecimiento como se merece, aunque esta vez os deje colgados.

Pese a todo, no quería faltar a mi cita anunciadora y ya está, ya lo he dicho: a partir de mañana empieza la VII muestra en el cine Palafox. Disfrútenla quienes puedan.

El epitafio de Nikos Kazantzakis

Sin que sirva de precedente, hoy nos vamos a poner profundos. Eso sí, no me responsabilizo de que lo que vaya a soltar a continuación sea una gilipollez sin pies ni cabeza, pero oye, si un bloj no sirve para decir lo que te apetece, es que no sirve para nada. ¿no? Avisados estáis. Decía que me iba a poner profundo, y concretamente quiero hablar de la muerte, o de posibles actitudes ante ella. Como sois unos lectores muy espabilados ya os habréis dado cuenta de que quiero hablar de lo que dice el epitafio de un señor, pero quedaría muy soso si sólo contase eso.

De Nikos Kazantzakis (1883-1957) ya he hablado en otras ocasiones (aquí y aquí), fue un escritor y periodista de Heraklio (Creta) que estudió medicina en Grecia y filosofía en Francia y que se pasó la vida viajando y escribiendo reportajes sobre muchos países. No voy a dejar pasar la ocasión para recordaros que uno de los países que visitó fue España en los años 30 (primero en la recién estrenada república, y unos años después durante la guerra civil como reportero de ídem. El resultado de estos viajes fue un librito (Viajando. España: ¡viva la muerte!) muy interesante, una verdadera disección de las Españas que tampoco me cansaré de recomendar.

Sin embargo, si por algo es conocido Kazantzakis es por algunas de sus obras como “La última tentación de Cristo” o “Cristo de nuevo crucificado” en las que manifiesta su interés casi obsesivo por la figura de Jesús de Nazaret desde un plano nada ortodoxo, sino como la tragedia de un hombre, con todas sus limitaciones y necesidades, llamado sin quererlo a una misión que claramente le excede y que le llena de remordimientos y de frustraciones. Kazantzakis era un personaje con una agitadísima espiritualidad. Nunca se contentó con lo que las religiones ofrecían para responder a las preguntas últimas del hombre, y no se censuró a la hora de expresarlo. No en vano fue excomulgado por la Iglesia Ortodoxa Griega en 1955, a lo que respondió: “Me habéis maldecido, santos padres, pero yo os bendigo: que sea vuestra conciencia tan clara como la mía propia y que seáis tan éticos y tan devotos como lo soy yo”.

¿Era ateo Kazantzakis? No creo que haya una respuesta fácil a esta cuestión, y sin embargo veréis muchas de sus citas asociadas a webs sobre ateísmo y cosas por el estilo. Lo que está claro es que frente al “ateísmo estéril”, como lo llaman algunos por ahí, Kazantzakis es una contrapartida espectacular, precisamente porque no ignoró las cuestiones más profundas del alma humana. Tras sus continuos viajes y ansias por conocer mundo y “empaparse de humanidad” había un ser sediento de respuestas y atormentado por la incertidumbre (muy a la moda del existencialismo de la época).

Frente a la llana negación sin más, ahí tenemos a un tío que tan pronto se tira seis meses meditando en un monasterio como que escandaliza a las autoridades religiosas de su época. Qué queréis que os diga, pero yo sí que creo que hay varios tipos de ateísmo, y que aquel que no se haya acojonado en una noche estrellada pensando en el infinito y en el vacío, que no haya perdido el sueño alguna vez pensando en la esencia de la naturaleza humana o que no haya sostenido la mirada a los ojos de acero inoxidable de un vacío existencial sin ponerse las gafas de sol es que no tiene sangre en las venas. Está en la esencia del ser humano hacerse pajas mentales sobre la existencia. Nunca dejaremos de buscar. Por eso me parecen interesantes los personajes valientes, como Kazantzakis, que se enfrentan a pelo con la incertidumbre.

Nikos Kazantzakis muere en Alemania en 1957 de leucemia. Sus restos son devueltos a su Creta natal, donde la Iglesia Ortodoxa Griega se niega a darles sepultura en un cementerio para indignación de sus seres queridos y admiradores. Si visitáis Heraklio y os perdéis en el sur del casco histórico, en una de las torres de la antigua muralla (ver mapa) encontraréis la tumba del reportero griego. Llama la atención la cruz que finalmente consiguieron colocar junto a la misma y cabe preguntarse qué habría dicho Kazantzakis al respecto aunque sospecho que al morir él estaba por encima de esas minudencias.

La cosa es que lo que resulta singular es la frase que podemos encontrar grabada en la parte posterior de la lápida:

Δεν ελπίζω τίποτα. Δε φοβάμαι τίποτα. Είμαι λέφτερος

No espero nada. No temo nada. Soy libre

Al parecer se trata de un extracto de una de sus obras, y casi tiene un tufillo budista. Cuando no se tienen expectativas ni temores es cuando se puede vivir con verdadera libertad. Leer esto grabado una lápida me sugiere que difícilmente se podría haber escogido un epitafio mejor para él y para hacer pensar al visitante. No sé a vosotros pero a mí me encanta.

La parte frívola de toda esta historia es que el texto, con la misma caligrafía manuscrita, se ha reproducido hasta la extenuación y cualquiera puede comprarse como souvenir de Creta una camiseta o una taza con el epitafio de Kazantzakis, para que lo lleves siempre encima. Yo me compré una camiseta, pero creo que hice trapos con ella hace poco porque era de pegatina y se estropeó enseguida.

No somos nadie.

Mapa interactivo de diversidad de familias y géneros de plantas

Atención al juguetito que me he encontrado en la página web del jardín botánico de Kew. Resulta que se han tirado dos años haciendo una revisión exhaustiva de materiales de herbario y obras de referencia para actualizar nuestro conocimiento sobre dónde crecen las distintas familias y géneros de plantas vasculares de todo el mundo. El resultado es el bonito mapa interactivo que podéis consultar aquí.

Se representa la superficie de la Tierra fragmentada en distintas áreas con un color que cambia de acuerdo a la cantidad y proporción de géneros y familias presentes en esa región y endémicos de la misma (es decir, que exclusivamente viven allí y en ningún otro lugar). Además tiene también su capa de GoogleEarth para poder disfrutarlo a tutiplén, como en la primera imagen. Pinchando en cada área geográfica se despliegan los detalles de la revisión que ha hecho esta gente. Antes de comentar el mapa tened en cuenta varias cosas:

– La división en regiones es bastante arbitraria, restringida por las fronteras nacionales de muchos países, y por lo tanto a menudo no separa entidades biogeográficas propia o fragmenta algunas que deberían ir unidas.

– La valoración de la diversidad se hace en función de las cifras totales, no se tiene en cuenta la superficie de la región. Evidentemente un pequeño archipiélago no puede tener una diversidad comparable a la de toda Australia, y no por ello deja de tener su importancia.

– No todas las áreas están igualmente estudiadas. Es de esperar que con el tiempo la diversidad de algunas regiones aumente (quiero decir, si el ritmo de extinción lo permite, claro).

Por tanto, se trata de una aproximación aunque grosera,  muy interesante que nos permite percatarnos de algunas cosas muy obvias y de otras que quizá no lo sean tanto.

Por ejemplo, se aprecia que como tendencia general la diversidad aumenta en la zona intertropical, mientras que las zonas templadas y frías, y muy concretamente el Reino Holártico, presentan una diversidad más baja. Quizá esperaríamos que los grandes “picos” de diversidad estuvieran rondando las pluvisilvas ecuatoriales, y vemos que no tiene por qué ser así.  Es cierto que el área amazónica es una de las regiones más diversas,  sin embargo podría sorprendernos ver que el África ecuatorial no destaca especialmente en este sentido. Igualmente, aunque el archipiélago indomalayo destaca por su diversidad, quizá no esperaríamos que los verdaderos campeones de la biodiversidad vegetal asiática sean la zona de India y China, mucho más verdes en el gráfico.

Para explicar esto basta con tener en cuenta que en la India y cía  se incluye una gran parte del Himalaya, una inmensa cordillera donde hay una gran variedad de distintos ecosistemas, cosa que favorece mucho la presencia de muy diversas familias y géneros de plantas, más aún que la pluvisilva, aunque ésta sea en principio el ecosistema más diverso. Es decir, que si en una de estas regiones arbitrarias encontramos pluvisilva y sistemas montañosos, no es de extrañar que las cifras globales de diversidad se disparen. De igual forma China puede que no caiga en el ecuador, pero siendo un área tan inmensa que abarca un número tremendo de distintos ecosistemas no nos extraña que albergue el mayor número de familias del mapa (269, un 59.65% de todas las que hay descritas). De forma análoga, la región que abarca desde Colombia hasta Bolivia, por aquello de incluir los Andes septentrionales, es el hogar de 2733 géneros de plantas, casi el 21% de los que existen a escala global. Toma ya.

Otras cosillas: véis que tímidamente el sur de Europa levanta un poco el escalón de relativa baja diversidad del Holártico. Esa es la manifestación de que nuestro Mediterráneo mantiene su dignidad como reciente centro de diversidad.

El área de diversidad más baja corresponde a las islas de Ascensión y Santa Helena con sólo 55 géneros. No es de extrañar habida cuenta de la reducida superficie del área, de lo aisladas que están estas tierras de otros continentes y de la poca variedad de ecosistemas que pueden albergar.

Fijáos también que aunque es relativamente normal que haya géneros endémicos de muchas regiones del mundo, las familias endémicas son rarísimas y sólo las encontraremos en áreas que han estado aisladas durante muchísimo tiempo (verbigracia, Australia o Madagascar), o bien algunas regiones de gran riqueza florística y origen misterioso, como el sur de África, ubicación del Reino Capense.

Una actividad interesante sería representar estos datos de diversidad de forma relativa al área ocupada (dato aportado también por el mapa interactivo), seguro que daría algunos cambios muy interesantes, pero me pilláis con el pijama puesto y no estoy por la labor.

Si os llama la atención alguna otra cosa lo decís.

Dos centímetros de hierba

La protagonista de esta entrada es una pequeña mariposa azul llamada Phengaris rebeli, (anteriormente bajo el género Maculinea) también conocida como “hormiguera de lunares“. Este diminuto lepidóptero es bien conocido desde hace muchas décadas por parte de los entomólogos debido a unas particularidades muy curiosas de su ciclo vital. Pertenece a la familia de los licénidos, unas mariposas pequeñas y de belleza delicada y discreta que levantan pasiones entre ciertos fotógrafos. Muchas larvas de licénidos muestran algún tipo de mutualismo con las hormigas, siendo común que éstas las defiendan en sus plantas nutricias de insectos depredadores a cambio de una melaza que exudan por unas glándulas de su cutícula. Sin embargo la especie que nos ocupa se hizo famosa precisamente por ir un paso más allá y completar la última fase de su metamorfosis dentro de un hormiguero. Al parecer fue en 1956 cuando un investigador británico vio casualmente cómo una larva en último estadio de la Phengaris se “dejaba caer” de la genciana que la había alimentado y cómo una hormiga obrera de la especie Myrmica nausithous se la llevaba a su hormiguero.

El entomólgo en cuestión acabó de hilar lo que estaba ocurriendo y dio a conocer el curioso fenómeno: la larva debía sufrir su última muda como tal en el hormiguero, estando de esta forma la crisálida segura y protegida bajo tierra, emergiendo como adulto en el momento adecuado. El descubrimiento de esta singularidad atrajo la atención sobre esta especie de mariposa que llevaba un tiempo en franco retroceso y para finales de los años 50 estaba prácticamente extinguida en Gran Bretaña. En 1960, como medida desesperada, la sociedad entomológica de turno compró el terreno donde vivía la última población inglesa de Phengaris rebeli y la valló como último intento de evitar su desaparición. Hagamos aquí un merecido comentario sobre la bienintencionada intervención de estos ingleses. No sé cuántos ejemplos previos habría de medidas de protección de una especie de invertebrado, pero no creo que fuesen muchos. Desgraciadamente, unos pocos años después, esta mariposa desapareció definitivamente de esa orilla del Canal de la Mancha. Una década después, la pariente cercana Phengaris arion (=Maculinea arion), siguió por el mismo camino y se extinguió en todo el país.

La historia continúa en la Europa continental, donde se fueron ampliando los conocimientos sobre la biología de la hormiguera de lunares. Se acabó desentrañando, por ejemplo, el engaño bioquímico que le permite compartir habitáculo con las celosas hormigas: unas glándulas porosas secretan una sustancia atractiva para las hormigas, mientras que los llamados “tentáculos” se encargan de producir la feromona que identifica esta larva como hormiga, evitando ser devorada por sus matronas de alquiler. Esto hace que la vida de la larva dependa totalmente del correcto funcionamiento de estas glándulas farsantes de la cutícula y convierte el momento de la muda en crítico. Como sabéis, todos los artrópodos mudan su cutícula y esta mariposa no es una excepción. Recién salida de la crisálida, la nueva cutícula del adulto carece de las glándulas embaucadoras que mencionábamos y cualquier hormiga que la detecte no dudará en atacarla. Es por ello que la mariposa adulta huye del hormiguero de noche, mientras las hormigas están inactivas, como un ladrón inverso: saliendo de la casa con nocturnidad y sigilo.

Las nuevas investigaciones dieron igualmente con la posible causa de la extinción de la población británica, ya que la relación bioquímica de esas mariposas era bastante estrecha con una especie de hormiga (recuerdo: Myrmica nausithous), pero no con otras. Al parecer, al vallarse el área donde vivía la última población de mariposas, el ganado dejó de alimentarse en el área y el pasto se hizo unos centímetros más alto. Esto bastó para que la temperatura media del suelo bajara de temperatura un par de grados, y este enfriamiento del suelo fue suficiente para que Myrmica nausithous fuese desplazada por otra especie de hormiga muy similar, M. scabridonis, no susceptible de ser engañada por las glándulas de las larvas de la mariposa, que se veían incapaces de completar su ciclo.

Ironías de la vida, la medida desesperada para proteger la población inglesa de Phengaris con toda la buena intención del mundo fue la que provocó su extinción en la isla. Un ejemplo estupendo que demuestra que las intrincadas relaciones entre los seres vivos pueden ser muy sorprendentes y que para realizar labores de conservación de fauna y flora no hay que cansarse de investigar y profundizar en la biología de las especies, no vaya a ser que la acabemos liando por cosas tan tontas como dos centímetros de hierba.

La historia de las mariposas hormigueras daría para hablar mucho: hay larvas que acaban siendo carnívoras y se alimentan de huevos y larvas de las hormigas que las albergan; recientemente han descubierto que además de los engaños químicos, las larvas de hormigas emiten también engaños sonoros para ser identificadas como hormigas, y seguro que encontráis fascinante saber que hay avispas icneumónidas (esas cabronas que ponen huevos en las larvas de otros insectos para que se las vayan comiendo vivas por dentro manifestando el inmenso amor de Dios) que se posan en la entrada del hormiguero y son capaces de “oír” si hay dentro una larva de mariposa hormiguera antes de aventurarse a entrar y ponerle el “alien”. Sin embargo creo que merece la pena acabar con una buena noticia. El año pasado se publicaba en Science unos buenos resultados en la reintroducción de P. arion suecas en las islas británicas: las poblaciones estaban incrementándose gracias, entre otras cosas, al correcto diagnóstico del problema. Precisamente allí donde el ganado volvía a pastar según el uso tradicional del terreno, las poblaciones de la mariposa prosperaban de nuevo demostrando que el conocimiento y la investigación son la clave para el diseño de buenas estrategias para la conservación de la flora  y fauna amenazadas, y que una vez más el abandono de los usos tradicionales del terreno es causa probable de la extinción de muchas especies.

En la mitad norte de España viven cuatro especies del género Phengaris, incluyendo P. rebeli. Esta última está considerada según el Libro Rojo de los Invertebrados de España como una especie vulnerable. Sus principales amenazas son, como era de esperar, el abandono del pastoreo bovino y ovino de su hábitat y la proliferación de las pistas de esquí junto a algunas de sus poblaciones aragonesas.

Hongos, gusanos y cosmovisión

Todos tenemos nuestra propia manera de entender la realidad, aunque eso no quiere decir que sea representativa. Pensemos, por ejemplo en los nemátodos. “Ya está el pesao este”, diréis muchos “hablando de bichos inmundos”, bueno pues sí. Los nemátodos vienen a cuento porque, salvo debido a ciertas enfermedades no muy agradables, la mayoría de los seres humanos vivimos totalmente ajenos a su existencia. Ni siquiera son gusanos bonitos, como los poliquetos, o medianamente interesantes o asquerosos, como las sanguijuelas, simplemente son un gusano reducido a su mínima expresión, blancuzo, insulso, diminuto y completamente obviable.

Lectores, aquí un nemátodo, nemátodo, aquí unos amigos

Se conocen alrededor de 25.000 especies de nemátodos. Pueden parecer muchas, pero en el contexto del millón y medio largo de especies de organismos (en un 70%, insectos) que se conocen no parecen muchas, apenas un modesto 1.6%. Pues bien, dado que los nemátodos están por todas partes y establecen todo tipo de relaciones simbióticas, a menudo muy estrechas con unos organismos determinados, se piensa que con toda probabilidad la importancia de los nemátodos se ha infravalorado muchísimo, probablemente en uno o más órdenes de magnitud. De hecho, algunos especialistas en invertebrados sospechan que los nemátodos en realidad podrían tener una diversidad comparable o superior a la de los artrópodos. Si a esto le añadimos que, pese a que desconocemos cuántas especies existen en todo el mundo, pero todo el mundo parece de acuerdo en que conocemos sólo una pequeña parte, estaríamos hablando de millones de especies de nemátodos pululando por ahí. El mundo es un gusanal.

Pensemos ahora en los hongos. Lo mismo os creéis que sabéis más de hongos que de nemátodos, pero tampoco hay que exagerar. Seguramente cuando se os habla de hongos penséis en esto:

Buenísimos para la depresión y para las tortillas

Y también os equivocaréis. Las “setas” son sólo el cuerpo reproductivo visible que un puñado de especies producen para liberar las esporas, pero el verdadero “cuerpo” del hongo son las hifas: una red de filamentos microscópicos que pasan la vida sin pena ni gloria mayormente en el suelo. Es decir, que aunque algunos produzcan setas, el hongo básicamente es un conjunto de hifas anodinas que andan por ahí perreando sin que les prestemos la más mínima atención.

Hifas. No miréis más, eso es todo

De nuevo hablando en números: hay descritas unas 70.000 especies de hongos (de algunos de ellos no se conoce más que unas secuencias de ADN obtenidas a ciegas). Aunque las estimaciones han oscilado mucho en los últimos años, parece ser que muy posiblemente existen sobre un millón y medio de especies de hongos, es decir, tantas especies como las que hoy hay descritas juntando todos los seres vivos modernos. De nuevo, una diversidad inabarcable y anónima, enterrada y a oscuras o pasando desapercibida para la humanidad en una inmensa proporción.

Este paralelismo entre los nemátodos y los hongos no es casualidad. Para el ser humano son criaturas absolutamente ajenas que no nos dicen nada: son pequeñas, escasamente aprovechables, subterráneas, sólo interaccionamos con una pequeña proporción de su riqueza, nada representativa y para nuestros sentidos son enormemente aburridas y uniformes… y sin embargo pueden ser una de las piedras angulares de la biosfera. Su mundo es absolutamente distinto: sin luz y sin sonido, pero con una plétora de señales químicas y de complejas interacciones que no nos podemos ni imaginar.

Compartiendo tantas cosas, no es de extrañar que ambos linajes interaccionen con frecuencia. Quizá lo más sorprendente que ocurre que sepamos es que hay hongos nematófagos, es decir, hongos que “comen” nemátodos.

Los hongos nematófagos más conocidos producen unas trampas con forma de anillo que se cierran cuando el gusano pasa a través de él atrapándolo y, eventualmente, digiriéndolo gracias a unas hifas especiales que le chupan al gusano hasta la primera papilla.

Un nemátodo, siendo atrapado por dos trampas en anillo de un hongo.

Animación de la trampa (versión constrictora)

No he encontrado vídeos donde se vea cómo el momento de la captura, pero aquí vemos un desgraciado nemátodo intentando futilmente escapar de su hongo captor.

Estos anillos son sólo uno de los seis tipos de trampas que los hongos han desarrollado durante su evolución, incluyendo pelos pegajosos de distintas formas, lazos, y verdaderas redes. Según esta página se conocen 160 especies de hongos que devoran o parasitan a nemátodos. Sabemos que son una pequeña parte de un montante mucho mayor del cual nuestra ignorancia es enciclopédica. Extrapolando la información de las estimaciones podemos calcular que, como mínimo hay 4000 especies de hongos cazadores de gusanos, un número quince veces más alto que el de mamíferos carnívoros que existen.

Pensemos finalmente en las imágenes de documental que tenemos de mamíferos carnívoros cazando: leones persiguiendo a gacelas, lobos corriendo detrás de cervatillos, el zorro de turno matando una perdiz, el oso pescando salmones en Alaska, y un largo etcétera. Pues bien, hay un universo al menos quince veces más diverso bajo nuestros pies en el que maléficos hongos ponen trampas a gusanos, se tienden emboscadas químicas, se producen escapadas espectaculares y la vida y la muerte siguen su curso totalmente a espaldas de nosotros, que nos creemos tan importantes con nuestras vértebras, nuestros ojos y nuestras hipotecas. Y de nuevo, esto es sólo una pequeñísima proporción de ese universo paralelo que vetado a nuestra comprensión, y todo ello en la mugre y la tierra que pisamos. No sé a vosotros pero a mí me viene muy bien intentar ver la vida como un gusano. Curiosamente hace que me sienta menos importante.