El hocico de los lémures y otras historias de marineros


Hoy toca hablar de la naturaleza de Madagascar, y vaticino que no será la última vez durante los próximos meses. Este post es largo, pero creo que interesante y comprensible.

ResearchBlogging.orgHablar de la fauna de Madagascar, irremediablemente nos lleva a hablar de lémures. Como sois gente de mundo y estáis bien enterados de todo, sabéis de sobra que los lémures no sólo eran los “fantasmas” de los romanos, sino que además son un grupo de primates endémicos de Madagascar y el emblema más significativo de la fauna de esta isla. Todos ellos son únicos. Todos ellos son endémicos de este privilegiado rincón del mundo. Es más, tanto la flora como la fauna de la isla tiene unos niveles de endemicidad que causa auténticos mareos: en 80% de sus especies son exclusivas de este lugar, situándola con todo el derecho como uno de los puntos calientes de biodiversidad. Ahora bien, este fenómeno es conocido en otras grandes islas/continentes del mundo, como Australia, Nueva Guinea, las Galápagos, Canarias,… ¿Qué tiene de especial Madagascar? Pues bien, resulta que Madagascar es la isla más antigua del mundo, y esto la convierte en el laboratorio ideal para entender mejor cómo funciona la evolución.

¿Qué tienen de especial los lémures?

Madagascar formaba parte del supercontinente Gondwana, que englobaba básicamente todo el mundo actual excepto lo que luego se convertiría en Eurasia (salvo India) y Norteamérica. Su fragmentación comenzó hace 167 millones de años, pero lógicamente, unas partes quedaron aisladas antes que otras. Madagascar (originalmente unida a la India) se aisló completamente en el Cretácico inferior, hace unos 120 millones de años; mientras que la India acabó colisionando con el sur de Asia (homogeneizando la flora y fauna que albergaba), Madagascar ha continuado “derivando” por su cuenta hasta nuestros días. Si tenemos en cuenta, por ejemplo, que Australia (con todos sus marsupiales y eucaliptos) no se aisló del resto del mundo hasta hace “sólo” 80 millones de años se entenderá mejor por qué el caso de Madagascar es realmente único en el mundo.

Mapilla del mundo en el Cretácico, se ve cómo Madagascar y la India formaban una gran isla

Los lémures, inconfundibles en cuanto se les ve, son unos simpáticos primates que forman parte de los llamados “prosimios“. Esto no quiere decir que sean más tontos que los “simios de verdad”, simplemente es como se denomina al grupo basal de primates, que tenían otras preocupaciones distintas a los que evolucionaron después  al margen de su inteligencia y que con el tiempo fueron sustituidos por la versión más moderna del concepto de primate. Aunque fueron multitud en su día, los únicos representantes de los prosimios vivos en la actualidad son los lémures y sus primos asiáticos y africanos (loríes y gálagos). A estos primates se les llama también estrepsirrinos, porque tienen hocico “húmedo” (una característica que refleja su cercanía con otros mamíferos no primates), mientras que a los primates más derivados se les (nos) conoce como haplorrinos, y tienen (tenemos) nariz “seca”.

Mamíferos con “hocico húmedo”, incluyendo perros (carnívoros), ratas (roedores) y primates estrepsirrinos (un lémur de cola anillada malgache y un lorí del sudeste asiático)

Estos, por el contrario, son primates haplorrinos, y tienen “nariz seca”

Una traducción a efectos fisiológicos: el mundo de los estrepsirrinos es sobre todo, olfativo (como para la mayoría de los mamíferos), mientras que para los haplorrinos la vista pasó a jugar un papel preponderante. Esta interpretación se ve fundamentada en qué regiones del cerebro están más desarrolladas en unos y otros primates.

Parece que tiene sentido que en una isla tan antigua permanezcan los prosimios, que se han ido extinguiendo en el resto del mundo, ¿no? Sería fácil entender que en un pasado remoto, los ancestros de los lémures poblaran toda Gondwana, de forma que unos pocos de ellos se quedaran en “Indiagascar” tras la fractura de las placas tectónicas y, como si fuese una fortaleza, Madagascar los ha mantenido a salvo de lo que ha pasado “fuera”. Pues bien, la sorpresa llega cuando nos enteramos de que los primeros restos de primates datan de hace 65 millones de años, es decir, que para cuando los primeros prosimios estrepsirrinos vieron la luz, Madagascar llevaba como 100 millones de años vagando por el mar.

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Los misterios de La Isla o el teorema de Bolzano

Otra entrada sobre Lost

Sí, ¿qué pasa? Yo también voy a hablar de Lost, me da igual que estéis hasta el moño o que nunca hayáis visto la serie: me he pasado seis años viendo cada capítulo, descargándolos con mimo, volviéndolos a ver bastantes veces, empleado mucho el tiempo en devanarme los sesos con explicaciones inverosímiles y desesperándome ante la lenta y dolorosa agonía que ha sufrido esta serie, así que estoy en mi derecho, y ya sabéis que este NO es un bloj de ciencia. Así que toca aguantarse.

Esta entrada NO es sobre el capítulo final de Lost, pero conviene que lo hayas visto para leerla (puede contener trazas de sopilers)

Me daba un poco de pereza escribir esta entrada, pero por suerte ya hice un avance hace unos meses que suscribo hoy en su totalidad, por desgracia:

Perdidos tenía que haber tenido cuatro temporadas y ya está. Es cierto que el recurso de introducir nuevos elementos “misteriosos” es parte esencial de esta serie, pero se corre el riesgo de que cuanto más y más se mantiene esta tendencia, más fácilmente se pierde verosimilitud. Perdidos, desde hace mucho, era una serie de fantasía, como tantas otras, pero razonablemente verosímil y consistente. Los seguidores coincidirán conmigo en que la verosimilitud hace aguas desde la cuarta temporada, se abusa de soluciones y de explicaciones “ad hoc”, conejos de la chistera y recursos muy forzados. Lejos de resultar en que las piezas van encajadando, se siguen dejando más y más cabos sueltos, y cada vez se hace peor.

El efecto más grave que tiene esta improvisación, esta aceleración de la trama es que se ha cargado por completo algunos de los elementos que hicieron de las primeras temporadas una genialidad narrativa: el desarrollo de los personajes, esa alternancia del argumento del capítulo con los episodios de la vida del personaje protagonista que te hacían entender el por qué de su reacción en el momento justo; ahí se notaba un mimo, un celo de los guionistas, una coherencia interna, fidelidad a una idea, a un plan. Echo de menos cosas aparentemente tan superficiales como el cuidado en la banda sonora, o esa fotografía tan cojonuda de las primeras temporadas, ¡había planos que llenaban todo el salón de mi casa, joder! Ahora, por el contrario, se meten personajes nuevos que nunca se desarrollan, quedan superficiales; la cadencia narrativa se ha destrozado totalmente y los aspectos formales están descuidadísimos.

A esto hay que añadir que los personajes dejaron de tener reacciones razonables y que pasaron de convertirse en personas con un pasado complejo a marionetas que cambian de bando dos o tres veces en un capítulo o que se dejan convencer por la persona que ha intentado matarlos hace nada. Esto no tiene nada que ver con que sea una serie fantástica, tiene que ver con aspectos esenciales de saber escribir una narración coherente consigo misma. No me importa comulgar con ruedas de molino (magia, religiones, viajes en el tiempo) siempre que se haga con coherencia.

Al contrario de lo que dicen algunas críticas por ahí, el problema de Perdidos no es tanto cómo se resuelven los misterios, o incluso que se resuelvan o no (yo aceptaría incluso un final en el que no se desvelaran todas las incógnitas); más bien pienso que el problema viene porque ha dejado de ser fiel a sí misma.

Pues eso, he aquí un espectador que se decepcionó mucho en la cuarta temporada, se tiró de los pelos en la quinta y mandó la serie a la mierda varias veces durante la sexta. Sé que como yo hay bastantes.

En mi caso, el final no me ha decepcionado mucho, incluso opino que supone una auténtica remontada del nivel al que se había caído (sin salir de la mediocridad). Supongo que esto se debe a que hacía años que estaba casi seguro de que los “misterios de La Isla” no se iban a solucionar. ¿Por qué? Muy fácil, era evidente que esos misterios se regían por una función estrictamente creciente. Los guionistas sólo sabían resolver las incógnitas de una manera: desdoblándolas, respondiéndolas con más preguntas, nunca siendo claro en la respuesta, y demasiado a menudo en la última fase, ignorándolas por completo y creando lagunas (qué digo lagunas, ¡océanos!) que era evidente que nunca se podrían vadear. Por tanto, cuando quedó claro que los guionistas no sabían hacer otra cosa, sólo había dos opciones: bien que llegado el momento apareciese alguien y se tirase días contando, paso a paso cómo coño se explicaba todo, o bien que sólo se resolverían algunos. Sinceramente, lo primero no se lo creía nadie.

Al contrario de lo que se empieza a leer por ahí, esto de dejar casi todas las tramas a medias es un rotundo fracaso para la serie, que una cosa es un McGuffin y otra tener un morro inmenso y no reconocer que la cosa se te ha escapado de las manos. Pero con todo, y con mis expectativas por los suelos, disfruté del capítulo final. Tras el mismo, han abundado dos reacciones que me enervan por igual.

Por un lado, los seguidores entregados irracionales a los que básicamente les da igual lo que les echen: nunca reconocerán que hubo una caída en picado y que los capítulos se conviertieron en una parodia de lo que eran.

Por otro lado, hubo mucha gente que ni era fan de Perdidos ni le había importado nunca una mierda que estaba, literalmente, afilando el machete esperando el “final Resines” para pasar a descojonarse de los que la hemos estado siguiendo y mirar por encima del hombro a los demás porque al parecer ellos son demasiado listos para ver este tipo de series (muchos de ellos, por cierto, ni siquiera se enteraron del final).

Reconozco que aunque soy el primero que pone a parir a los responsables de Lost por haber estropeado una historia muy prometedora y su propio sello de identidad creativo, me pongo a la defensiva cuando la gente a la que nunca le gustó la quiere poner a parir como si fuese una basura. No lo puedo evitar. Ya estoy muy mayor para andar intentando convencer a Internet de mis puntos de vista, pero aquí hay algo más que el contenido de una serie de televisión: está la inmadurez de no entender que a cada uno nos pueden satisfacer cosas distintas sin necesidad de que nos engañen ni de ser absolutamente racionales. Todos hacemos cosas por el simple hecho de que nos gustan: gente que se disfraza de sus personajes favoritos de ficción, aficionada a determinados videojuegos, a tunear coches, a ser emo, a comprar ordenadores caros con las mismas prestaciones de uno barato, a ver cómo otros practican deporte, y un largo etcétera. Hace poco hacía en el bloj de Eulez una comparación entre el fútbol y Lost, y es un símil que se puede sacar aquí, dado la vuelta: ¿se puede entender que uno vaya a ver el partido de su equipo, que éste vaya ganando en la primera parte y la cague garrafalmente en la segunda -derrota estrepitosa incluída- y que aún así uno no se arrepienta de haber comprado la entrada? Así me siento yo con Perdidos. No me siento engañado. No me siento estafado, y me molesta que haya gente que piense que es así como debería sentirme (bueno, en el fondo me la suda, pero me toca un poco el epidídimo, ya me entendéis). Y sí, también es verdad que los fans de Lost pueden (podemos) ser muy cargantes.

Soy el primero en reconocer que la han cagado, pero no puedo evitar sentir que algo especial se ha terminado, algo que me ha hecho disfrutar como ningún otro producto televisivo lo ha hecho jamás, y tristemente dudo que vuelva a haber una serie que me emocione, que me provoque y que me agite tanto.

¿Cómo se come esta contradicción tan grande? ¿Cómo puedo a la vez poner a parir a los cabronazos que fueron incapaces de estar a la altura de lo que se esperaba de ellos y reconocer que volvería a ver la serie entera desde el primer capítulo hasta el último mañana mismo? Pues haciéndolo, ya véis: no soy completamente racional, y no me avergüenzo de ello. No digo que Lost haya sido objetivamente “la mejor serie de la historia” como dicen por ahí, pero sí que creo que ha sido una muy especial.

Se me siguen poniendo los pelos como alcayatas del siete.

Esta entrada está dedicada a Rufo, responsable de que me enganchara (cabrón), y a Alfie, con quien he visto todos y cada uno de los capítulos (algunos, muchas veces) y he compartido momentos tronchantes como los de las “fotos-lost” en Cuba. Una foto-lost consistía en lo siguiente: plano americano de Alfie o mío en la selva, con una camiseta sin mangas sudada, sosteniendo las cinchas de la mochila, mirando al infinito con cara de pasmo como pensando “estoy oyendo susurros misteriosos en la selva” o “¿Qué coño está pasando aquí?”. No tengo palabras para contaros las risas que pudimos echarnos.

En fin, que sí, que estoy un poquitín triste estos días. Jack Shepard que estás en Lost cielos: sit tibi terra levis.

Irracionalmente vuestro: er Cope

Evaluando

Las viñetas de PhD comics ya han salido por aquí varias veces por su excelente labor reflejando la realidad de los doctorandos (y post-docs). Una vez más vuelven a dar en el clavo. Estos días me toca evaluar algunos exámenes (hasta hice un curso y todo hace poco, donde me contaron cómo hacer rúbricas) y aquí Cecilia lo clava:

Motivos para la revolución

Hoy estoy en plan abuelo cebolleta, y advierto: si estás estudiando una carrera y continúas leyendo esta entrada, al final de la misma posiblemente pienses que soy un gilipollas, y puede que con razón, pero avisado quedas.

La entrada de hoy es una especie de comentario de texto. Un texto muy breve de esos que se te cruzan por casualidad. En un campus universitario de cuyo nombre no quiero acordarme hoy me he encontrado con esta pintada:

5 DIAS, 5 EXAMENES? REVOLUCION [sic]

Apenas unas palabras y cuantísimas cosas podemos comentar de las mismas. Vamos a empezar por lo obvio. El autor de esta pintada parece ofuscado, (¡qué digo ofuscado! ¡iracundo!) porque al desgraciado le toca estudiar mucho: el pobrecito va a tener que presentarse a cinco (¡cinco!) exámenes en cinco días, es decir, a uno diario. Esta circunstancia debe parecerle un abuso tan grande que no puede contener su indignación y pide una revolución para que la pedagocracia inmunda atienda a sus demandas.

Tela.

Para empezar, estaréis de acuerdo conmigo en que la queja revela de forma cristalina qué sistema de aprendizaje tiene este individuo. Puesto que tener un examen al día no es una exigencia física ni psicológica insalvable (contando con un buen desayuno y sus necesarias horas de sueño), todos sabemos que lo que echa en falta el artista es tiempo suficiente entre examen y examen para olvidar todo lo que llevaba “aprendido” con pinzas para la prueba anterior y echarse al hombro con los mismos alfileres los conocimientos necesarios para salvar la siguiente evaluación y así sucesivamente.

¿Cuánto tiempo sería necesario tener libre entre examen y examen? Todos sabemos la respuesta: el imprescindible para darse el atracón de último momento y poco más. Estas estrategias de aprendizaje, impropias de una persona adulta que, se supone (ya, soy un ingenuo) quiere adquirir una educación superior pueden negarse de forma más o menos convincente pero se revelan ante lapsus del lenguaje muy habituales entre los alumnos: “me he quitado ya x créditos” (cuando quizá debería “ponérselos”), y expresiones por el estilo, como si una carrera fuese precisamente una ídem de obstáculos donde los exámenes se ponen para joder y no una suerte de escalera donde los escalones se suben progresivamente, no sin esfuerzo, pero tampoco sin recompensa.

Anécdotas al margen, sabemos de sobra que se pueden hacer varios exámenes seguidos ¡e incluso varios en el mismo día! Es más, los estudiantes universitarios saben perfectamente qué es eso y todos ellos han salido airosos al menos en una ocasión (las pruebas de acceso a la universidad duran 3 días, y me da en la nariz que se hacen más de cinco exámenes).

Por supuesto no se trata de ser hipócrita. Todos nos hemos dado atracones de estudio en algún momento u otro, pero igualmente todos sabemos que así no es como se hacen las cosas, y que es nuestra responsabilidad asumir las consecuencias de decidir cómo queremos sacar adelante la carrera. En la mano de cada uno está la posibilidad de dosificarse el esfuerzo o de dejarlo para el final. Por eso ver esta pintada me produjo una mezcla de ternura y ganas de dar collejas pensando en el inocente autor de la pintada, rabioso de ira, incapaz de dar crédito porque quieran hacerle estudiar en una universidad.

Manda narices.

Pero eso no es lo más importante, a fin de cuentas estoy exagerando y sí que es razonable quejarse si el calendario académico no está bien planificado. Lo que me llama la atención es el medio elegido y esa “exigencia revolucionaria”. Podéis pensar que simplemente es una queja más o menos razonable de un estudiante, pero ¡hay que ponerse en situación! Por mucho que ese pensamiento ronde los encéfalos de muchos alumnos, esa pintada no se ha hecho sola. Alguien concreto, con nombres y apellidos, se ha tomado la molestia de plasmarla. Vamos a intentar ponernos en su piel.

Imagináos comprando el bote de spray, esperando mientras pasan las horas del día, buscando un momento discreto, os acercáis a la pared, completamente en blanco, más que una pared es un murete, pero se hace inmenso según os acercáis; la adrenalina se derrocha en vuestra sangre, oís vuestros propios latidos acompasados con el sonido de los pasos solitarios en el suelo hasta que estáis a apenas unos centímetros de la pared y sentís un agradable mareo de euforia. Una pared en blanco, inmaculada, un universo de posibilidades, ávida de recoger vuestra ira e indignación, sedienta de libertad de expresión, esa pared os está pidiendo que le digáis al mundo con un alarido cuál es la causa por la que estáis dispuestos a luchar, se os brinda esa oportunidad en bandeja, ¡es el momento!

… y decides quejarte porque tienes que estudiar mucho.

¡No hombre no! ¡Menuda cagada! ¡Nene, tú estás tonto hombre! No os imagináis lo que he deseado haber estado al lado en el momento de la pintada y quitarle el spray al tontuelo quejica y haber hecho algo útil en esa pared. Total, no sería la primera vez que se me acusa de apología de la violencia callejera, que sea por alguna razón. Si yo me viese en esa situación desataría mi rabia y mi ira por motivos  que realmente me dan ganas de tirar cócteles molotov a según quién.

¿QUÉ MIERDA DE FUTURO ES ESTE?

AHORA METÉOS LOS LADRILLOS POR EL CULO

FELIZ 1984

LA HUERTA MUERE Y TÚ TE EMBORRACHAS

MEDIO MUNDO SE MUERE DE HAMBRE Y EL OTRO MEDIO PORQUE LA GRASA LE OBSTRUYE LAS ARTERIAS

EL MILENIARISMO VA A LLEGAAAAAR

Y yo qué sé, cualquier cosa tío, que Jesús te ama, que te tiraste a Maripaz, que te gusta la fabada, pero ¿que estás en la universidad y tienes que estudiar mucho? ¡Serás blando y quejica!

Da un poquito de pena que eso sea lo que dé de sí la rebeldía de un estudiante universitario. Ya sé que, además de hacer apología del gamberrismo contra paredes públicas, también soy un maniqueo manipulador por descontextualizar la frase y que no tiene por qué ser representativa, pero es que según la he visto, eso ha sido lo que me ha venido a la cabeza: qué desperdicio de spray, de pared y de matrícula.

Fátima reloaded (meme)


Os tengo que confesar que me fascinan los papas. No es coña ¿eh? voy en serio. Creo que esa gente que consigue ser un príncipe medieval, reconocido mundialmente como jefe de estado, rodeado diariamente de algunas de las más gloriosas piezas del arte universal y protegido por un ejército de efebos suizos se lo han montado francamente bien. Todo el rollo ese secretista y mágico que parece sacado de una novelilla fantástica que te dan con el Phoskitos es encantador, y seguí muy atento el proceso de “sucesión” de Juan Pablo II (entre otras cosas porque era la primera vez que lo podía ver). Que si llegaban los cardenales por aquí, que si recorrían los pasillos, que si cierra esta puerta con llave por dentro y por fuera (cón-clave), que si fumata negra, que si fumata blanca… vamos, un frenesí de ritualillos antiquísimos que por unos días fascinan al mundo del interné y del libremercado que se queda mirando a la panda de frikis de la mitra. Impagable.

¿Y qué me decís de toda esa sucesión ininterrumpida de nombres que se remontan al albor de nuestra era?, las intrigas papales, las guerras y las batallas, los dogmas, las cátedras,… bueno, bueno, no me extraña que luego algunos escritores se pongan ciegos con estos temas. Os lo digo en serio, en la wikipedia mismamente hay material para estar horas absorto maravillándose de que siga viva un estamento absolutamente medieval en nuestros días.

Ya sabéis, y si no os lo digo yo, que los papas pueden abdicar, pero no pueden ser depuestos, porque no hay autoridad mayor que la suya. A esto no ayuda especialmente que los papas, desde muuuuy antiguo, tengan también poderes terrenales. Los Estados Pontificios fueron uno de los países más antiguos de Europa durante once siglos. A efectos prácticos el papa era un monarca más, solo que el tema de la sucesión se resolvía de una forma diferente. Aunque sus fronteras variaron a lo largo de la historia, lo que es el centro de la península italiana siempre estuvo bajo su poder hasta que en 1870, por culpa del fervor nacionalista, los Estados Pontificios son asimilados por el creciente Reino de Italia (previa batalla perdida por los guardias suizos, claro). Los papas subsiguientes se hicieron un poco las víctimas y se encerraron en el Vaticano, aunque eventualmente, la rabieta se les terminó.

Hoy en día todos damos por hecho que la Ciudad del Vaticano es un estado soberano (de hecho el más pequeño del mundo) y que el papa tiene rango de jefe de estado. Se nos olvida que esta recuperación del estatus perdido en justa lid durante una guerra se la debemos a Benito Mussolini, quien concedió en 1929 de nuevo poderes políticos al papa, ya en pleno siglo XX. El por qué no se cuestiona que en plena Unión Europea a 2010 exista un estado regido por una monarquía absoluta teocrática donde derechos fundamentales como el de la igualdad de sexos no se respeta y a cuyo jefe de estado se le lame el culo se le trata igual que al presidente de una república democrática decente es un misterio que escapa a mi comprensión, y es que como os decía, el papa se lo monta muy, muy bien. Pero estoy divagando…

Hay otra cosa en concreto que hacen los papas y que me mola, y es interpretar oráculos.

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El ataque del Phormidium

Hacía ya tiempo que no escribía nada sobre el acuario, y no por nada, sino porque no ha sufrido especiales novedades y mis pececillos y plantas ahí seguían, plácidamente. Sin embargo, hace poco he tenido una plaga de “algas” y he pensado que es una buena ocasión para contar cómo ha sido el proceso de erradicación de la misma.

La cosa es como sigue: desde hace unas semanas, el fondo del acuario y la superficie de muchas plantas empezó a cubrirse por una película verde asquerosilla muy antiestética. Al principio no le di mucha importancia, porque coincidió con una época en la que el acuario estaba un poquillo descuidado y tal. Con el cambio de agua semanal intentaba sifonear el moquillo verde ese confiando en que al volver a estabilizarse las buenas condiciones de agua el asunto se arreglaría. El agua y sus condiciones. Una especie de chiste-chascarrillo de acuarófilos dice que en el fondo no tienes que preocuparte de cuidar a tus peces ni a tus plantas, sino que lo que tienes que cuidar es el agua. Es una exageración, pero no va desencaminada: si consigues unas condiciones químicas del agua buenas, lo demás viene rodado.

Pese a todo, el moco asqueroso se regeneraba cada pocos días y cada vez más rápidamente, con lo cual hubo que tomar medidas.

Primer paso: identificación del “alga”. Bajo el término “alga” se engloban muchos tipos de organismos diferentes que sólo tienen en común su capacidad de hacer fotosíntesis y su sencillo grado de organización. En general cualquier acuario sano tiene una población “oculta” de muchos organismos además de peces, plantas y bacterias: nemátodos, rotíferos, protozoos y por supuesto muchas, muchísimas algas. Tanto por estética como por la salud de los peces, normalmente lo que se busca es que las plantas del acuario prosperen, mientras que las algas se mantengan inconspicuas. Esta situación es un equilibrio inestable que se basa una vez más en las condiciones del agua y de la luz recibidas, que idealmente favorecen a las plantas vasculares. Una plaga de un determinado tipo de alga se deberá, lógicamente, a una alteración de este equilibrio que favorece a estos organismos en particular, por lo tanto, para averiguar la causa de la plaga y su posible remedio es esencial identificar el tipo de alga que la constituye, ya que las medidas a adoptar pueden ser totalmente distintas en función de su naturaleza. Vamos, que no todas las algas aparecen por lo mismo ni se erradican de la misma manera.

En mi caso, como ya comentaba, el tipo de crecimiento en forma de película sobre el sustrato y las plantas y su inconfundible color azulado hacía sospechar que en realidad la plaga se debía a cianobacterias (no son algas propiamente dichas, pero posiblemente siga empleando la palabra en un sentido amplio).

La capa de moco asqueroso cubriendo el fondo del acuario y jodiéndome los musgos

Al contrario que el resto de los organismos a los que se les suele llamar “algas”, las cianobacterias son células muy sencillas, procariotas, y estrechamente relacionadas con las bacterias. Desde un punto de vista evolutivo y fisiológico son muy diferentes a todas las demás, y como veremos eso puede tener sus ventajas.

Por aquello de confirmar lo que era obvio y de intentar afinar lo máximo posible, me llevé una muestra al laboratorio para poder echar un vistazo:

El moco asqueroso, visto de cerca

Aunque las masas verdeazuladas contenían todo un microcosmos de distintos tipos de algas, protozoos e invertebrados, el grueso de la plaga estaba formado, efectivamente, por una cianobacteria filamentosa que me identificaron como perteneciente al género Phormidium.

Segundo paso: identificación de la causa. Una vez que sabemos cuál es el alga que nos causa problemas, podemos consultar en algún libro o enlace de internet (ver al final de la entrada) qué situaciones provocan explosiones del alga de turno. Como a menudo estas situaciones se relacionan con la química del agua, es conveniente en este momento tener hecho un análisis lo más completo posible de la situación del agua de nuestro acuario.

Resultados del análisis del agua de mi acuario durante la plaga:

AMONIO- 0 mg/L

NITRITO- 0 mg/L

NITRATO – < 5 mg/L

pH – 6.8

FOSFATO- 0.05-0.1 mg/L

Consultando la bibliografía encontramos una lista de situaciones que pueden provocar explosiones de cianobacterias:

Exceso de nitratos (sólo por cianos que no son capaces de fijar nitrógeno): no, mis nitratos están bajos.

Escasez de nitratos (cianos que sí fijan nitrógeno atmosférico): me parece insólito que se pueda tener una plaga por tener el agua demasiado limpia. Los nitratos están bajos, pero no creo que tanto como para que sea la causa de una plaga.

Escasez de oxígeno (por no tener plantas o porque no haya suficiente movimiento de agua): mmmm, improbable, mi acuario sí que tiene muchas plantas y el filtro funciona bien

Luz de mala calidad: Las cianos absorben luz a unas frecuencias algo diferentes a la de las plantas vasculares. Unos tubos fluorescentes viejos pueden presentar un espectro alterado y favorecer las cianos, pero no es mi caso porque de hecho me tocó sustituirlos durante la plaga y no desapareció.

Exceso de fosfatos: Las cianobacterias prosperan a menudo en aguas con una relación N/P baja, pero el test tampoco indicaba un exceso de fosfatos.

CONCLUSIÓN: no tenía ni puñetera idea de qué estaba causando la plaga, pero algo había que hacer.

Paso 3. Buscando una solución. Por si acaso era un exceso de nitratos o fosfatos, hice un sifoneado cuidadoso del fondo e hice varios cambios de agua consecutivos, pero la situación no mejoró, así que empecé a pensar en formas de combatir a las cianobacterias directamente. Lo bueno de que la plaga sea de cianos es que como su metabolismo y fisiología es muy diferente al de las plantas, es más fácil de atacar únicamente al Phormidium.

En internet encontré varias posibles soluciones:

– Usar agua oxigenada (porque libera oxígeno y soluciona una de las posibles causas de la explosión). Como este problema es realmente improbable en mi acuario, no pensé que fuese a ayudar mucho.

– Tratar con un antibiótico. Un antibiótico específico para bacterias (que ataque la síntesis de proteínas o la síntesis de peptidoglicano, por ejemplo) sin duda fulminaría a las cianos, pero las bacterias del filtro (absolutamente vitales para el ciclo del nitrógeno del acuario) también se verían afectadas, y eso sería terrible. Una medida como esta sería para mí un último y desesperado recurso.

– La solución alternativa era tapar el acuario durante cuatro días. Plantas, algas y cianos necesitan la luz para vivir, pero las plantas son mucho más capaces de aguantar varios días en oscuridad. Este parecía un sistema poco agresivo y potencialmente útil… y así fue. Tapé el acuario con una mantita durante cuatro días con las luces apagadas y, efectivamente el efecto había sido brutal: los tapetes de cianobacterias habían muerto y se habían quedado reducidos a un polvillo negro, fácilmente sifoneables en un cambio de agua. Algunos de los musgos han quedado irremediablemente dañados por la plaga y tuve que quitarlos, pero han pasado ya varios días y (toquemos madera), parece ser que las cianobacterias están bajo control.

Así que ya lo sabéis: si tenéis plaga de algas en el acuario, lo suyo es que le dediquéis un tiempo para averiguar la causa de la plaga y que busquéis una solución específica y lo más natural posible. Ya sé que queda un poco raro que diga esto pese a que no pude establecer la causa de mi plaga, pero así son las cosas.

Algunos enlaces de páginas que ofrecen ayuda para que identifiques y soluciones las algas de tu acuario:  ::1:: ::2:: ::3::