Galletas de desayuno: comparativa muy personal



Está fuera de toda duda que el desayuno más exquisito que existe son un par de tostadas de un pan en condiciones, aún calentitas, con unos generosos chorretones de un aceite de oliva virgen de esos que rascan la garganta con tomatito natural por encima coronado todo ello por unas lonchitas finísimas y cuasi-transparentes de jamón ibérico. Este es un hecho que no voy a discutir con nadie que no sepa apreciarlo. Sin embargo, no todos los días uno tiene la oportunidad de prepararse exquisiteces y hay que recurrir a alimento más mundanos y no por ello menos ricos. ¿Cuál es vuestro desayuno más habitual? En mi caso, las galletas. Galletas ceremonialmente mojadas en leche (leche fría, por cierto), el tiempo suficiente como para que tengan una textura esponjosa pero consistente para que no crujan, pero sin pasarse de tiempo (de lo contrario la galleta se rompe y debemos realizar la incómoda misión de rescate con una cucharilla-batiscafo). Si la cosa se ha dado bien, incluso tendremos ocasión de rellenar el vaso de leche y aplicar un desayuno-prórroga que nos dará la energía necesaria para acometer las tareas diarias.

Qué galleta escoger y cómo valorar cada una en su individualidad es una tarea nada sencilla. Como ya sabéis, soy un filántropo incorregible y una buena persona y por ello voy a compartir mis opiniones sobre las distintas marcas de galletoides industriales* que me han llevado a donde estoy durante los últimos treinta años de mi vida. De nada.

(*) Sí, ya sé que en los ultramarinos que tienes en la esquina hay unas artesanas mucho más ricas y que incluso hechas en casa son mejores, pero ¿qué valor de universalidad tienen las galletas no industriales? No me seas aguafiestas y entra al trapo.

Para el siguiente análisis vamos a valorar distintas cualidades a observar en toda galleta y se puntuarán del 1 al 5.

Diseño. Nulla ethica sine aesthetica, serán galletas industriales, pero no es lo mismo poner un grumote de masa sin más que molestarse en darle una impronta inconfundible que marque la infancia y despierte el apetito.

Consistencia. Una de las pruebas clave para el noble arte del mojeteo. Una galleta pulverulenta y farinosa se deshará con sólo mirarla, mientras que una que sea como un ladrillo nos llevará a gastar preciados segundos de inmersión hasta que haya alcanzado su punto justo.

Sabor. Obviamente, el factor más relevante (y quizá el más subjetivo). Una buena galleta debe dejarte buen sabor de boca, para ir con el regustillo en el metro o en la bici.

Valor energético. Si estuviésemos en un mundo postapocalíptico, el mayor número de calorías se puntuaría con el máximo valor, pero en nuestro entorno no son calorías lo que nos falta, precisamente. Se penalizará el exceso.

Packaging. ¡Ajá! Una comparativa adecuada no puede pasar por alto cómo se empaquetan las galletas. Los galletófilos tienen en casa cajas adecuadas donde conservarlas sin que enrancien, pero pese a todo, los fabricantes cada vez incluyen más y más envoltorios de plástico, aumentando aún más su huella ecológica. Se penalizará el exceso de embalajes.

Cantidad/precio. ¿Cuánto nos dura una caja de galletas en la despensa? ¿Compensa el gasto económico por el peso neto que se nos ofrece? ¡Estamos en crisis, amigos!

¡Manos a la obra!

María-Fontaneda. La galleta clásica y total merecedora de iniciar nuestro análisis. Diseño. Bueno, es redonda y tiene su impronta propia. No es el colmo del buen gusto pero algo es algo: 2. Consistencia. Las María son demasiado sólidas para mi gusto; tardan demasiado en reblandecerse y después tienen una textura mocosa que no es especialmente seductora: 2. Sabor. No por nada es la galleta clásica por excelencia; sencilla y sin originalidades, pero bien rica: 4. Valor energético. Su austeridad se corresponde con un aporte calórico bastante moderado, 436 Kcal/100 g, lo cual está muy bien. 4. Packaging. Caja de cartón y paquetillos de plástico transparente, lo típico: 3.

MarieLu.  Galletas con huevo, o eso dicen. Diseño. Tienen un bonito festón alrededor y una rosa de los vientos marca el centro exacto de la galleta, por si te gusta mojarla y dividirla en dos hemigalletas iguales, como es mi caso: 3. Consistencia.  Bastante correcta, equilibrio consistencia-permeabilidad: 4. Sabor. Sinceramente, no sé por qué las sigo comprando. A la tercera ya me han cansado: 2. Valor energético. 464 Kcal/100g, un poco pesadas, la verdad: 2. Packaging. Nada a destacar, caja de cartón y paquetillos de plástico: 3.

Yayitas. Pequeñas delicias mañaneras, me encantan. Diseño. Un bonito y original trenzado decora una de sus caras y las hace inconfundibles, me gusta: 4. Consistencia. El equilibrio consistencia/permeabilidad alcanza con las yayitas una de sus más logradas expresiones, son perfectas: 5. Sabor. Están estupendas, no tengo nada que añadir: 5. Valor energético. Nada es gratis, amigos, las yayitas aportan 463 Kcal/100 g: 2. Packaging. Como siempre, con el agravante de que al ser tan pequeñitas, la cantidad relativa de envoltorio por galleta es mayor: 2.

Digestive. Te venden nosequé historias de la fibra, y la primera vez que las pruebas saben a cartón, pero contienen una sustancia que las hacen adictivas y no puedes parar de comerlas. Diseño. Sinceramente, se las podían haber currado más, son bastante feotas: 2. Consistencia. Son peligrosamente blandurrias y suelen romperse con facilidad. Sabor. Como he dicho antes, no puedo parar de comerlas, me encantan “sólo una más”: 5. Valor energético. ¡¡473 Kcal/100g!! ¿Pero qué narices les echan a estas galletas?: 1. Packaging. Los paquetes son de un antiecológico plástico blanco grueso. Mal: 2.

Chiquilín. Un desayuno a base de estas galletas te deja el cuerpo capaz de cualquier cosa. Diseño. Veamos, son cuadradas, tipo ladrillote, y tienen impronta. Aprobadas: 3. Consistencia. Son bastante sólidas, pero se hidratan bien. No se suelen romper: 4. Sabor. Están muy ricas y saben a infancia, a piscina y a la casa de mi abuela cuando me quedaba a dormir: 5.  Valor energético. En la línea de algunas de las anteriores, 464 Kcal/100g:2. Packaging. Paquetones que además de paquetes plastiquito, cuentan con una especie de cartón totalmente prescindible: 2.

Campurrianas. Es la mejor manera de desayunar galletas industriales con una leve impresión de que son productos de pueblo. Diseño. No pueden ser más feas: la máquina suelta la dosis de pasta y como cae, así se queda. Son redondas de milagro: 1.  Consistencia. La correcta pese a ser algo farinosas: 3. Sabor. Nada del otro mundo, pero están buenas y cumplen su propósito de forma satisfactoria: 3. Valor energético. Sus modestas 455 Kcal/100 g las hacen una opción muy a tener en cuenta. Packaging. A alguien se le ocurrió la idea de meter un mogollón enorme de galletas en una única bolsa de plástico en lugar de los paquetitos individualizados. Me parece un gran acierto, porque además la bolsa es reutilizable: 5.

Dinosaurus. Desayunar y jugar al mismo tiempo ES una opción gracias a las dinosaurus. Diseño. Veamos, son galletas con forma de dinosaurio, por lo tanto son intrínsecamente insuperables en este aspecto: 5. Consistencia. Un poco blandurrias y quebradizas, desgraciadamente: 2. Sabor. No sólo molan mogollón, sino que están muy buenas: 4. Valor energético. Viene a ser como comerse un filete de triceratops: 484 Kcal/100g ¿Y son para niños?: 1. Packaging. Cajas pequeñas y paquetes de sólo 3 galletas. Una pena, pero detallitos como estos hacen que sólo compre dinosaurus de vez en cuando. Eso sí, tienen hasta su propia página web.

Bueno, y vale ya. Iba a continuar con un par de productos más, pero para una mañana tonta de domingo creo que es suficiente. La puntuación final queda como sigue:

Como se puede ver, la compra maestra recomendada por DDUC son las Yayitas, seguidas a una mayor distancia por las Chiquilín, las Campurrianas y las María. Esto ha sido todo por hoy. Al principio parecía una buena idea y todo.


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25 thoughts on “Galletas de desayuno: comparativa muy personal

  1. Cendrero 25 septiembre 2011 / 13:41

    Me veo obligado a protestar ante la alarmante falta de chocolate en tu surtido de galletoides industriales. Donde se pongan unas galletas Yayitas con pepitas de chocolate, que se quite el resto :P

  2. Copépodo 25 septiembre 2011 / 13:45

    Ah, es verdad, se me ha olvidado aclarar que además de industriales, la selección está limitada a galletas básicas (sin chocolate ni rellenos), que si no tendríamos que empezar a añadir muchas otras obviamente. Me gustan las galletas con chocolate, pero no las tomo para desayunar porque a veces me resultan indigestas tan temprano.

  3. tomaquina 25 septiembre 2011 / 15:31

    Me hubiese gustado ver en la comparativa a las Napolitanas. Me encantan y son desde hace tiempo mi elección preferente, superando incluso a las yayitas, que son claramente mis segundas preferidas, muy cerca de las Napolitanas. Felicidades por el post estilo OCU.

  4. Virginia 25 septiembre 2011 / 15:39

    ¡Haaaalaaa!! Me parece que el juez ha sido totalmente injusto con las Marie Lu… Están deliciosas, buenísimas, estupendásticas… Y las integrales ya, ni te cuento… Y los dinos también los hay de chocolate, mmmmm…. riquísimos!

  5. Rufo 25 septiembre 2011 / 16:09

    Ay pájaro, esto me recuerda que llevo mucho tiempo dándole vueltas a hacer una comparativa de una opción mucho menos sana: ¡patatas fritas!. El caso es que no soy muy de galletas para el desayuno (soy más de zumo de naranja, la leche para la noche), pero tomo nota de las Yayitas, ni me había planteado probarlas

  6. Cat77 25 septiembre 2011 / 19:12

    Estoy por imprimirme el cuadro de resultados y enmarcármelo en la cocina. Me ha encantado.

    No obstante, te has dejado las Tosta Rica, que son unas de mis favoritas.

    P.D.: Ya sé que has dicho que sólo ibas a hablar de las galletas industriales, pero debo decir que las galletas de mi pueblo son de las más ricas, y mojaditas en café con leche ganan lo suyo.

    P.D.2: Qué alegría que hayas vuelto en todo tu esplendor…

  7. Trotalomas 25 septiembre 2011 / 23:52

    Sin entrar en tan exhaustivos detalles ya habría dado a las Yayitas el primer puesto. Me pierden, lo admito. :) Se agradece, de cualquier modo, la información sobre cada tipo de galleta. Últimamente como bastantes de avena con algo de té. Eso sí, desayunando galletas siempre tengo que recordarme que el aporte de calorías no va en consonancia habitualmente con la cantidad.

    Saludos.

  8. flauros 26 septiembre 2011 / 4:05

    ¿Y nunca has comprado pedaceria de galletas? muchas veces hasta vienen 3 tipos de galletas diferentes todas fusionadas en una sola esfera, si no tienes problema con comer puños de harina de galleta esta también es una buena opción.

  9. Marta Pe 26 septiembre 2011 / 9:22

    He recibido esta información por Miguel me ha gustado, siempre me interesan los aportes de galletófilos de inmersión. Yo que no soy de leche fría sino de café con leche incandescente siempre he votado la galleta chiquilín como la mejor galleta de inmersión, el mundo submario de las maría fontaneda nunca me gusto a pesar del buen sabor, y el resto de galletas son para pequeña infidelidades. Yo soy fiélisima a chiquilín a pesar de que la vieja fábrica la adquiriera Nabisco.
    Y el chocolate por favor, chocolate en onzas y del 70 % en adelante de cacaco se admite la conbinación con naranja de marca Lindt, cualquier otra cosa es sucedáneo del chocolate auténtico.

  10. Dr. Litos (@DrLitos) 26 septiembre 2011 / 16:30

    Hacía tiempo que no me reía a carcajadas mientras leía: lástima que haya sido en pleno laboratorio, pero en fin, ya saben que soy un demente. En cualquier caso: GRACIAS.
    Es un estudio fascinante, lástima que venga lastrado por una gran subjetividad: pensad que como bien ha indicado el autor, muchas de estas galletas son descubiertas y devoradas en la tierna infancia, muy a menudo asociadas a la presencia de abuelitos y abuelitas; además, las que primero se descubren suelen marcar más. Así que es difícil ser objetivo.

    Por ejemplo, galletas con forma de dinosaurio, por el amor de Darwin, quién podría resistirse?? Mas un anti-dinosaurios o con algún tipo de trauma, las encontraría repulsivas.

    En fin, no puedo dejar el comentario sin recomendarte, en caso de que no lo conozcas, un libro llamado “Cómo mojar una galleta”. Si creías que tu análisis del mojamiento de galletas era preciso (sin desmerecerlo, que está muy bien), flipa con el primer capítulo de este compendio de “ciencia en la vida cotidiana”, donde se analiza incluso mediante fórmulas las dimensiones idóneas que debería tener una galleta ideal para mojarse sin quebrarse y sucumbir en la leche. El resto del libro está bien, pero el capítulo de las galletas es insuperable.

    Lo de dividir en “dos hemigalletas” me ha matado. Y qué hambre me ha entrado oiga…

  11. Dr. Litos (@DrLitos) 26 septiembre 2011 / 16:31

    Por el blogoplancton, qué horrible me ha quedado el comentario, no me había dado cuenta que noe staba logado ni nada… O_o

  12. eulez 26 septiembre 2011 / 16:38

    Madre mía, con tabla comparativa con las calificaciones y todo…

    Mi problema con las galletas es que si tienen chocolate las devoro de cinco en cinco y si no, me parece que están malas y luego tengo hambre a media mañana. Ains.

    PD: Dr. Litos siempre se está quejando de sus comentarios…

  13. Copépodo 26 septiembre 2011 / 19:20

    Mmm, qué curioso vuestro interés por las galletas. Este post es de estos que empiezan pareciéndote muy buena idea pero que según lo iba escribiendo cada vez me gustaba menos y casi acabo por no sacarlo. Ahora me arrepiento de no haber metido a las tostarrica y las napolitanas. También me echó para atrás no ser capaz de encontrar una tabla normalizada con los precios de todas (ya veis que me he saltado el campo final).

    Me plantearé hacer más comparativas de este estilo en el futuro.

    tomaquina: las napolitanas me gustan, pero me empachan demasiado pronto; me temo que no las habría dejado bien paradas.

    Virginia: las Marie Lu empecé a tomarlas porque de niño existían una versión llamada “mini marie lu” que eran como cereales, pero en versión nanogalletas. Me volvían loco y cuando las vi pensé que iba a recuperar ese sabor perdido de la infancia, pero me decepcionaron mucho. No llegaron a mis expectativas y creo que no sabían a lo mismo que me daban de pequeño. Quizá por eso las he tratado “mal”.

    Rufo: debes probar las yayitas, te gustarán. En cuanto a tu comparativa sobre patatas fritas, creo que ya estás tardando… :-)

    Cat77: Ya, me he quedado sin fuelle a medias, pero las Tosta Rica también me gustan mucho. Llevaba años sin probarlas, pero hace poco las he recuperado. De niño me ponía ciego.

    Trotalomas: ¡Bravo por los yayitófilos! ¿Qué galletas de avena tomas?

    flauros: hombre, me lo apunto, pero lo pintas de una forma muy poco glamourosa.

    Marta: Chiquilín también es de mis favoritas sin ninguna duda, y como me decía ayer Jezabel, te tomas un par de ellas y vas a Mordor y vuelves tres veces.

    DrLitos: como bien dices, es una comparativa muy subjetiva y lo reconozco. Pero ¿y eso del libro sobre cómo mojar una galleta? ¡¿Cómo es posible que no lo conozca?! ¿Es un capítulo o un libro en sí mismo? Qué maravilla.

    Eulez: Ah, el chocolate es que es un mundo aparte, y considerar en el estudio las galletas chocolatadas sería un agravio comparativo (especialmente si el chocolate es bueno). Yo es que soy galletista puro (sin hacer ascos al chocolate CHOCOLATE, como lo aprecia Marta)

    Gracias por comentar

  14. panta 27 septiembre 2011 / 0:47

    Perdona por el absoluto off-topic pero Me he permitido lanzarte una pregunta
    Saludos

  15. Iván Rivera (@brucknerite) 27 septiembre 2011 / 11:25

    [Ayer intenté dejarte un comentario, pero por un error tipo “entre silla y teclado” no quedó grabado, según veo. Intentaré reconstruirlo…]

    ¡Galletas! Omnomnomnomnom…

    Recuerdo una vez que me leí los ingredientes de *todas* las marcas de galletas “normales” que vendían en el híper buscando alguna que no estuviera fabricada con grasas hidrogenadas. La idea era encontrar algo que estuviera hecho partiendo de un aceite vegetal algo menos taponaarterias que la margarina.

    Comprobé que sólo las galletas de marca Gullón especificaban “aceite vegetal” en su composición, frente a la “grasa vegetal” de todas las demás. Los caminos del etiquetado de ingredientes industriales son tortuosos, así que usa esta información con cautela. A mí no me aclaró gran cosa, pero desde entonces sólo compramos galletas de esa marca, en lo que sin duda es una aplicación excesiva del principio de precaución.

  16. etringita 27 septiembre 2011 / 16:44

    Me he quedado con ganas de leer el análisis de las Napolitanas. Yo hace tiempo era de yayitas, pero noté que me picaba la boca cuando las comía y como no es cosa de tirarse de cabeza a las reacciones alérgicas las dejé.
    En cuanto a las MarieLu he de recomendarte que pruebes su versión integral. Saben muchísimo mejor que las normales.

  17. Copépodo 27 septiembre 2011 / 23:06

    Iván: mirar con demasiada atención la composición de los alimentos industriales no puede ser bueno para la salud, pero esa aportación puede ser interesante. Ahora bien, no creo haber visto galletas “Gullón” en la vida, y menos aún catarlas.

    Etringita: gracias por comentar. Les daré una oportunidad a las integrales, a ver si me reconcilian con el sabor perdido de la infancia y las “Mini MarieLu”, ¿nadie más las recuerda?

  18. G de Galleta 29 septiembre 2011 / 10:58

    Me encanta la comparativa. En general, coincido con tus opiniones, y los criterios de comparación son muy acertados. Buen análisis!

  19. Lillu 29 septiembre 2011 / 23:50

    Me ha encantado la comparativa :D A mí me encantan las Campurrianas y los Churruscos, que son muy parecidos (realmente no sé si la diferencia está sólo en el nombre :P), pero en los últimos años suelo hacer mis propias galletas para comérmelas con más tranquilidad por mi temilla de colesterol. Aún así, si tengo que comprar también suelo elegir Gullón que, como han comentado por ahí, usan aceite vegetal (normalmente de girasol) por lo que suelen tener menos grasas saturadas.

    saluditos

  20. Mecacholo 30 septiembre 2011 / 9:48

    Un humilde consejo galletil: si tu galleta falla en consistencia, hay un truco infalible: por dos (o incluso tres) galletas juntas, teniendo en cuenta que la velocidad de hidratación se incrementa considerablemente. No he investigado a fondo el asunto, pero conjeturo que ese incremento de velocidad se debe a que la proximidad de las dos caras de galleta contigua hace que la rica leche se filtre por ellas por capilaridad. Hay que cogerle el punto, eso sí, hasta llegar a controlar los tiempos, lo cual es más importante que con una sola galleta, pues la consecuencia de su fractura es tanto mayor cuantas más galletas hayas adjuntado a la primera: no salpica lo mismo una sola mitad de galleta que tres mitades unidas que impactan en la leche de forma simultánea.

    Aparte de ello, he de señalar que mi criterio principal a la hora de elegir una galleta es la procedencia de la marca: de las marcas más tradicionales, Gullón es la única empresa familiar que se mantiene en Aguilar de Campoo resistiendo, cual galos entre romanos, los envites de las multinacionales. Eso lo valoro especialmente y trato de encontrar satisfacción a mis exigencias cualitativas entre su oferta.

    Me ha entrado hambre, mira tú. Gracias por el concienzudo análisis, Cope. Me alegro de volver a leerte.

  21. Marple 3 octubre 2011 / 19:35

    Jo, lástima que yo huya de la leche cual si de cianuro se tratara… Tu post me ha recordado que debo recomendarte un libro (encarecidamente): Rapsodia gourmet, de Muriel Barbery. Una maravilla para cualquier amante de la buena mesa que se precie, qué bien escribe esa mujer. ¡Besos!

  22. Copépodo 4 octubre 2011 / 11:59

    Muchas gracias, Marple, Mecacholo y Lillu, por vuestras sugerencias, y a conGdegalleta por comentar en tan adecuado post :-)

  23. POP 31 octubre 2015 / 10:42

    Me parece un poco injusta esa diferencia a la hora de calificar el sabor de las MarieLu y las Dinosaurus, cuando realmente saben EXACTAMENTE IGUAL.

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