Perdiendo la durianidad


Qué bien sienta tener la oportunidad de hacer cosas por primera vez ¿verdad? Es como volver a ser niño. Ojalá seamos lo suficientemente afortunados como para continuar teniendo experiencias nuevas por muchos años. Hoy mismo he tenido la suerte de experimentar una muy esperada sensación: la de probar una fruta hasta ahora desconocida para mis sentidos… ¡el durián!

Como quizá no hayáis oído hablar de él, os cuento. El durián es un fruto procedente del sudeste asiático. Reciben este nombre el fruto de  alrededor de 30 especies distintas del género Durio, aunque la más extendida y la única que se comercializa fuera de su distribución original es Durio zibethinus. Los árboles pueden llegar a los 50 metros de altura y los frutos  alcanzan el tamaño de un melón. Son inconfundibles por su aspecto espinoso, y aunque aquí (que yo sepa) no lo vemos en los mercados, se exportan a todo el mundo.

Su interior está dividido en paquetillos, tantos como carpelos, normalmente con unas pocas semillas del tamaño de una castaña. La parte carnosa que envuelve las semillas (arilo) es lo que se come.

Para los obsesos de la botánica aclaro que este es uno de esos géneros que tradicionalmente se englobaban entre las bombacáceas o bien entre las malváceas si se tiene un concepto muy amplio de esta familia, y que como nuestras modestas malvas tienen estambres de una sola teca reunidos en fascículos. En la actualidad, tras la incorporación de los avances de la filogenia molecular, tiende a considerarse que su historia evolutiva se refleja mejor con una familia propia, la de las durionáceas, con seis géneros y unas 45 especies restringidas al Archipiélago Malayo, Indochina, Sri Lanka y sur del Indostán.

¿Y por qué tenía yo tanto interés en probar el durián? Es probable que hayáis oído hablar de esta fruta exótica por una de sus más sobresalientes cualidades: su olor nauseabundo. En efecto, el pestazo del durián es célebre en todo el mundo. En muchos lugares de Asia está prohibido en determinados edificios o en el transporte público. En los bosques tropicales donde es originario, incluso antes de que madure y caiga al suelo el durián desprende su característico y penetrante olor que los orangutanes son capaces de percibir y rastrear desde kilómetros de distancia. El paseo les sale a cuenta, ya que los durianes son tremendamente energéticos, y apreciados por estos primates como un auténtico manjar.

Orangután dándose un banquete. Vídeo completo en Arkive

Entre los humanos la cosa no parecía tan clara. Las experiencias de mis informantes eran a veces contradictorias: unos lo ponían como la asquerosidad más repugnante con la que se habían topado, mientras que otros me hablaban de un manjar de dioses que le habría dado el sobrenombre de “el rey de las frutas”. En cuanto a la fetidez de su esencia todo el mundo aparentaba estar de acuerdo, pero en lo que respecta a la exquisitez de su sabor, parecía haber grandes discrepancias.

Al parecer, esto es del metro de Singapur. Nótese que llevar un durián es una falta, pero comérselo en el metro es una doble infracción.

Nuestro amigo Alfred Russell Wallace lo describía de una forma más que indulgente en su libro de peripecias por el Archipiélago Indomalayo.

Para los que no están acostumbrados, al principio parece oler a cebollas podridas, pero inmediatamente después de probarlo, lo preferirán a cualquier otro alimento. Los nativos le rinden honores, lo exaltan y componen versos sobre él.

Los cinco gajos son blancos y sedosos y están rellenos de una masa de pulpa firme de color crema con tres semillas cada uno. Esta pulpa es la parte comestible y su consistencia y sabor son indescriptibles. Unas natillas con aroma de almendras dan una idea general, pero hay bocanadas ocasionales que recuerdan a crema de queso, salsa de cebolla, jerez y otros sabores incongruentes. Además está la deliciosa textura untosa en esa pulpa que ninguna otra cosa posee, pero que se añade a su delicadeza. No es ácido ni dulce ni jugoso, pero no requiere ninguna de estas cualidades, es perfecto tal y como es. No produce náuseas ni otro efecto negativo, y cuanto más lo comes, menos te apetece parar. De hecho, comer durianes es una nueva sensación que bien merece la pena viajar a Oriente para experimentarla.

Buscando esta cita me he topado con otra (también en la Wikipedia), que no puedo evitar poner igualmente para ilustrar la disparidad de opiniones que levanta esta fruta sin igual. La siguiente descripción es del escritor Jon Winokour.

Su olor puede describirse como mierda de cerdo, trementina y cebollas aderezado con calcetines sudados. Se puede oler a kilómetros de distancia.

Con estos antecedentes, y esa capacidad de polarización entre los comensales ¿Quién no querría salir de dudas por sí mismo y comprobar si uno es pro-durián o anti-durián? Anteriormente yo había visto durianes en el Chinatown de Nueva York (izquierda), pero claro, no me iba a poner a comprar uno y más aún conociendo los problemas que puede darte en el metro.

Por suerte un compañero de trabajo ha regresado de un viaje por Laos y entre otras curiosidades gastronómicas ha traído consigo unos paquetitos de pulpa de durián, que hacen que la experiencia no sea tan inmediata (ni posiblemente tan intensa) como tener la fruta delante, pero que para quienes somos vírgenes en esto de la durianidad, es una estupenda idea.

El olor, desde luego, es indescriptible y muy difícil de comparar con ninguna otra cosa que haya olido nunca. Muy penetrante e intenso, dulzón (demasiado), empalagoso, que recuerda al vómito y al mismo tiempo muy artificial, como si tuviese betún. Estoy de acuerdo en que el sabor es completamente distinto, pero es muy difícil evadirse de la sensación que produce su aroma. La textura es muy suave, mantecosa pero sólida como un “sugus” y efectivamente sabe como a crema, como a caramelo pero sin ser apenas dulce. Si os digo la verdad no estoy seguro de si me ha gustado o no, me tengo que decidir. Las emanaciones olorosas te repiten tiempo después de haberlo comido, pero dan ganas de comer más. Es bastante raro. No me ha parecido una exquisitez pero ha satisfecho parcialmente mi curiosidad hasta que tenga la ocasión de probarlo al natural.

¿Y vosotros? ¿Habéis perdido la durianidad? ¿Opiniones?

..

Bueno, yo ya me he decidido. ¡Qué cosa más asquerosa, por favor!

.

Bueno, no, mejor me espero a probarlo mañana sólo una vez más.

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19 thoughts on “Perdiendo la durianidad

  1. SuperSantiEgo 30 noviembre 2011 / 20:55

    Pues a mí me parece el postre perfecto para el hákarl, el pescado podrido típico de Islandia.

  2. Dr. Litos 30 noviembre 2011 / 20:56

    Maldita sea, ¡qué curiosidad malsana me ha entrado! Aunque no creo que me guste, tendré que probarlo antes de morir: ningún tragaldabas como yo puede dejar pasar por alto la oportunidad de descubrir un sabor digno de dioses, por arriesgado que sea.

    Aunque bueno, aunque no parezca mierda, si huele a ella pues como que empezamos mal…

    La de cosas que aprende uno con este bloj, como para que luego digan que no es de divulgación!

  3. Pancho 30 noviembre 2011 / 21:39

    A lo mejor es como un “antivicio”. Ya sabés eso que dicen que los vicios son tan malos porque están tan buenos.
    A lo mejor el durian es tan bueno por ser tan asqueroso… ¿?

    O quizás sea simplemente asqueroso.

  4. Trotalomas 30 noviembre 2011 / 21:43

    ¡Oye, yo quiero uno!

    A mí también me ha entrado la curiosidad y quiero probarlo, si bien es cierto que cuento con la ventaja de que mi olfato está tan atrofiado que puede que hasta me guste la experiencia y todo. :)

    No he podido evitar (no sé si por la asociación de ideas entre el fruto exótico y algunas conversaciones nuestras) pensar en los colonos de isla Lincoln cosechando algunos durianes para degustarlos junto a Jupe, el orangután. ;)

    Por cierto, no te quejes que estás recuperando el buen ritmo. ¡Me estoy quedando atrás con las entradas, voy a ponerme al día con la anterior, a la que ya he echado un ojillo por encima!

    Saludos.

  5. James 30 noviembre 2011 / 21:43

    Pero no sé, tengouna dudilla…¿olfato y gusto no están intrísecamente relacionados? es que no soy incapaz de imaginarme algo que huela mal y sepa bien o viceversa. También me es imposible imaginar un filete que huela a filete y sea a chorizo. Además cuando estás acatarrado (y en estos lares, Galicia, es bastante habitual) la comida no te sabe a nada…

    ¡Curioso cuanto menos! aunque tanto “uhm, no sabe muy bien, pero quiero más” recuerda a argumentos de grandes películas como The Stuff :D

  6. eulez 30 noviembre 2011 / 23:22

    Yo con lo del olor no puedo. Además, el olor y el gusto están conectados, es que no se puede separar una cosa de la otra. Las gallinejas las va a probar su tía.

  7. Bruno Taut 1 diciembre 2011 / 0:48

    Yo soy un fervoroso adicto al durian. Hay pocas frutas tan sabrosas como él. Y creo que la experiencia de abrir la fruta uno mismo y separar los carpelos añade placer a la comida, sobre todo en presencia de un botánico.

    En Madrid se puede encontrar. El problema es el precio,

    Saludos,

    BT

  8. El Crazy Xabi 1 diciembre 2011 / 3:58

    Aqui en Australia lo tienen en cualquier fruteria y en muchos supermercados. La verdad es que nunca se me dio por comprarlo, pero si lo del pestazo es cierto, me abstengo de momento, que para estas cosas mi olfato es demasiado quisquilloso…

    Saludos

  9. Iván Rivera (@brucknerite) 1 diciembre 2011 / 9:07

    Mientras leía tu artículo me venían recuerdos de un buen Pont l’Évêque a temperatura ambiente… Recuerdo que en mi adolescencia mi padre trajo un surtido de quesos de uno de sus viajes a Francia y casi tenemos que pasarle un lanzallamas después a la nevera. Los dedos se quedaban impregnados de un olor penetrante, entre amoniaco y mierda de vaca, pero el sabor era algo diferente. Muy graso, algo picante. En vista del éxito (y de que yo era el único en la casa capaz de comerme algo así) no repitió la experiencia. Ahora, en mi adultez, solo tengo quesos malolientes si me los regalan, y por poco tiempo. El olor no compensa: lo saboreas un rato, vale, pero el frigorífico huele mientras los almacenas, e incluso después. Con esta fruta imposible seguro que me pasaría lo mismo.

  10. Ofelia 1 diciembre 2011 / 9:40

    Es verdad que el sabor tiene un deje a queso y el olor es fuerte, pero no nauseabundo. Está muy bueno, aunque yo no puedo comer demasiados gajos sin hastiarme. Y creo que los deliciosos quesos franceses corruptos son más persistentes en la nevera, no temáis.

    La experiencia de pasear por el metro de Tokyo con uno envuelto en papel de periódico fue lo mejor, junto con abrirlo a mano. Los pobres viajeros miraban a su alrededor intentando averiguar de donde venía ese olor maldito. Si lo llegan a descubrir habrían puesto un letrero como el de Singapur, segurísimo.

    Copépodo, tiene que probarlo con la fruta entera en tus manos. Estoy segura de que cambiarás de opinión. Yo me lo pasé en grande.

  11. Eduardo 1 diciembre 2011 / 17:16

    wow que interesante y atemorizante al mismo tiempo. en realidad no se i me da curiosidad probarlo, aunque seguro que es una de esas experiencias que vale la pena. aquí en México no lo he visto, aunque en algunos lugares es posible conseguir esta fruta: http://es.wikipedia.org/wiki/Artocarpus_heterophyllus (tambien de origen asiatico y apariencia marciana. solo que esta sabe y huele como a goma de mascar de tutti frutti).

    Luego nos cuentas si en realidad te ha gustado

  12. Panta 1 diciembre 2011 / 18:18

    En ‘La vida secreta de las plantas’ David Attenborough habla de ellos en términos muy elogiosos.
    Yo juraría que sí los he visto en una frutería por mi zona (Tenerife), pero me estás haciendo dudar si probarlos o no :)
    Saludos.

  13. Copépodo 1 diciembre 2011 / 23:04

    ¡Ey! Qué buena acogida

    Jalesp: Bueno, ya me dirás qué te parece.

    SuperSantiEgo: sí, también podríamos sacar a colación esas judías podridas que toman los japoneses y que me dan arcadas sólo de pensar en ellas.

    DrLitos: Me alegro de que te haya picado la curiosidad, tarde o temprano lo probarás.

    Pancho: ufff, no sé, es que lo de que es asqueroso no lo digo en serio, es simplemente MUY raro.

    Trotalomas: dudo que la isla Lincoln estuviese en la distribución de las durionáceas, pero oye, acabas de mencionar al orangután, ¡es cierto!

    James y Eulez: sí, es verdad que el olfato y el gusto están muy relacionados, pero de verdad que lo que es más fuerte es el olor, al gusto no es agresivo, lo que pasa es que lo sigues oliendo. Alguien ha mencionado al mango. Pues es algo parecido: el mango es muy muy aromático, a mí al principio no me gustaba incluso, y ahora me encanta. Esta fruta es que tiene un olor tan, TAN intenso que casi marea, pero a la vez está rica. Como un sugus. Lo dicho, muy raro.

    Bruno: me alegro mucho de que participe gente a la que le gusta, que se vea que no es tan fiera la fruta como la pintan.

    Xabi: ¡Tío tienes que probarlo! No me puedo creer que no quieras experimentarlo por ti mismo al menos una vez.

    Iván: como al resto, yo te animo a que si alguna vez tienes ocasión, la pruebes. También pensé en quesos fuertes, aunque creo que nunca he tenido la ocasión de probar los que dices. Supongo que el Cabrales se queda corto.

    Ofelia: Tú fuiste la primera persona que me habló del durián, así que me alegro de verte por aquí. Me quedo con las ganas de probarla al natural y lo haré cuando pueda, claro que sí.

    Eduardo: ese que dices es el fruto del árbol del pan. También lo he visto en mercados de Madagascar y se parece al durián pero no es tan espinoso. Es de una familia distinta y que yo sepa no tiene esta acogida de amor/odio entre los que lo prueban. Desde luego, si lo cato te lo haré saber.

    Panta: sí, ahora que lo dices me suena haber visto al amido Attenborough hablando del durián. Oye y si lo tienes a mano yo no lo pensaba, ¡hay que experimentar las cosas por uno mismo! Luego descubres que te vuelve loco e imagínate lo que te has estado perdiendo.

    Gracias a todos por comentar.

  14. Xema Romero (@xelemari) 2 diciembre 2011 / 12:41

    Pues yo no he perdido la durianidad, pero si me han hablado mucho de ello. Mi hermano estuvo una temporada trabajando en Malasia y me conto cosas sobre él. La conclusion es que los nativos pierden los papeles con esta fruta mientras que a los europeos nos repulsa.

    Una saludo.

  15. Miguelón 5 diciembre 2011 / 18:34

    “¡Curioso cuanto menos! aunque tanto “uhm, no sabe muy bien, pero quiero más” recuerda a argumentos de grandes películas como The Stuff :D”

    No está mal esa referencia, pero me sorprende que nadie hubiera hecho mención del “tomaco” de “Los Simpson”.:D

    Y yo también me apunto al bando de los tragaldabas, según decía Dr. Litos. Mi afición a las novedades gastronómicas es bien conocida (que no compartida) por mi familia, que ya es capaz de predecir con una cierta seguridad los platos de la carta del restaurante hacia los que me inclinaré (los más extravagantes, según ellos). Y por otra parte. el olor no debería ser obstáculo para alguien que como yo, se pirra por el Cabrales y otros quesos igualmente ofensivos.

  16. José Antonio López Espinosa 16 diciembre 2011 / 13:47

    Bueno, lo prometido es deuda y aquí dejo mi opinión después de haber probado más de medio paquetito de durian que amablemente me envío copépodo. El otro lo reservo para compartirlo con un amigo, ¡que tendrá que ver antes que yo mismo me lo echo a la boca!

    Tengo sensaciones contradictorias, pero no por el fruto en sí, que me ha gustado y bastante, sino por las opiniones que había leído antes y que me tenían bastante temeroso, hasta para desenvolver el pequeño paquete de durian. Tanto que me he salido y todo al balcón, pensaba que iba a apestar de mala manera…

    El olor, al menos para mi, no llega al nivel de desagradable, no se si será porque he olido cosas más apestosas… Incluso se lo he acercado a mi padre, que sólo huele cosas intensas, y a 1 cm de su nariz no ha olido nada de nada.

    El sabor al principio es similar al olor, como he leído, recuerda a cebollas podridas, pero muy levemente, y sobre todo me ha recordado a alguna medicina, a alguno de esos sobres con olor a rayos de cuando eramos niños. La textura invita a comer más, me recuerda a una mezcla entre membrillo y un dulce del que no me acuerdo el nombre. Y el sabor es dulzón, pero muy suave, y que aparece al poco de comerlo, no al mismo instante de echartelo a la boca, en ese momento sabe como huele, pero después parece como que desaparece.

    Eso sí, a mi me repite un poco, no se si porque no he comido nada desde que desayuné, y entoncés repite el olor, no el sabor ;)

    Y nada más, que no os frene el olor y animaros a problarlo, ¡esos miles de los orangutanes no pueden estar equivocados!

  17. Juna 4 enero 2012 / 13:34

    Cuando estuve en Singapur, fue noticia que un tío con un durian atacó a un policía en el metro.

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