El gen de “porque no me sale de los cojones”


Hace ya mucho tiempo que no hablo de “actualidad”. No sé muy bien por qué es. No es nada que haya querido hacer a propósito, simplemente no me ha apetecido. No creo que tenga nada nuevo que decir. Esto no significa que no esté puteado, como todo hijo de vecino, ni que haya sufrido ningún cambio personal y que ahora me la sude todo lo que pasa. Como nos ocurre a todos, o eso pienso, las conversaciones con amigos, conocidos y fruteros están dominadas por el monotema (no confundir con los mamíferos ovíparos) y todos discutimos alegremente durante horas, si es necesario, sobre los orígenes de la crisis, los culpables, las posibles soluciones, interrelaciones con factores internos, internos y todo tipo de pajas mentales variadas. Vamos, lo que de toda la vida se ha llamado “arreglar el mundo”.

Esta actividad hay que tomársela con calma para no amargarse la tarde y para que lo que empezara siendo una quedada con los amigos se convierta en un velatorio, pero sea como sea, es curioso ver cómo con mucha frecuencia, e independientemente de con quién estés, se puede acabar reduciendo cualquier problema a una serie de “primeras causas”, así, en plan aristotélico. Después de un tiempo hablando de cualquier conflicto se llega como a un núcleo duro de cuestiones irreductibles: cooperación-deserción, colectivismo-individualismo, bien-mal, yin-yang… como si todo fuera muy sencillo y los problemas complejos se pudiesen expresar como excrecencias, tumores y metástasis de situaciones cotidianas en las que demostramos que como colectivo, como especie “somos lo peor”. Lo mejor llegado este punto es pedir otra ronda y hablar de otra cosa.

La verdad es que a veces es muy tentador pensar que realmente llevamos dentro una capacidad innata de echar a perder cualquier proyecto colectivo. Hace poco tuvo lugar una anécdota en mi comunidad de vecinos que va en ese sentido, y como no tengo nada mejor que hacer, pues os la voy a contar.

Vivo en un pequeño y añejo edificio de Madrid. Entre unas cosas y otras (viviendas vacías, consultas ilegales de homeopatía y cosas por el estilo) somos en total seis (6, six, ni una más) “unidades familiares”  que convivimos a diario. Este reducido número nunca ha sido óbice para que esta pequeña finca recuerde a la de “La Comunidad” de Alex de la Iglesia, y os podría contar algunas historias de terror, como la del moroso que debe 11.000 napos, los pleitos entre familias, los insultos en las reuniones y el día en el que nos llamaron “pobres” a mi Alfie y a mí por sugerir que nos acogiéramos a una subvención para poner de una puñetera vez un ascensor. Bien, dejemos eso para otro día. El tema de hoy tiene que ver con la basura.

Nuestra comunidad es muy pequeña y no tenemos portero. La adecuada colocación de los contenedores de basura en la vía pública y su recogida por las mañanas depende de la buena voluntad de los vecinos. Ya os imaginaréis que la cosa funciona… así así. Una de las cosas más frustrantes es ver que en el cubo amarillo (destinado a envases de plástico, bricks y demás) aparecen constantemente grandes cantidades de cartón y papel. El hecho de que tengamos un contenedor específico de papel a menos de veinte metros de la entrada al edificio me sacaba de mis casillas. El contenedor está tan cerca y es tan accesible que no me entraba en la cabeza que hubiese alguien tan sumamente huevón como para no dar dos pasos más y tirar la basura donde corresponde. Como soy un ingenuo, tendía a dar el beneficio de la duda y pensar que el culpable quizá no conocía muy bien el asunto del reciclaje, o algo por el estilo.

Yo no soy nada de llamar la atención a los demás. Nunca he sido el héroe que lee en voz alta su libro al desgraciado que tiene la música a todo trapo en el metro, haciéndole que la apague avergonzado (¿leyenda urbana?). En una ocasión, hace como doce años, tuve la osadía de señalarle a una mujer, educadamente, que no se podía fumar en el autobús y sólo recibí insultos. Asumí que el papel de desfacedor de entuertos y justiciero cudadano no iba conmigo, y así fue hasta hace un par de semanas, cuando apareció en el portal un cartel del ayuntamiento que avisaba de un nuevo calendario de recogida del cubo amarillo.

En un arrebato de civismo, y acogiéndome a un buenrrollismo y talante zapateril, decidí escribir uno de esos letreros pasivo-agresivos tan típicos de portal. Mi padre estaría orgulloso. Podría bajar y hacerle una foto ahora mismo, pero paso de que os riáis de mí, así que os haré un resumen:

“Ya que estamos, recordad que el papel y el cartón NO van al cubo amarillo, sino al contenedor azul que hay justo enfrente del portal. No cuesta nada. Gracias”

Como veis, tiene mucho de pasivo y poco de agresivo, pero aún así no ha servido de mucho. Ayer mismo, frente a la puerta, había un montón de papel desparramado. Interpreto que el basurero, hasta los mismísimos cojones de recoger papel de nuestra comunidad, decidió tirarlos al suelo. Esta misma tarde volvía a haber papeles en el cubo amarillo. Mi cartel, ahí sigue, muerto de risa.

Me hubiese gustado una respuesta, un insulto, un feedback negativo, pero no: la más absoluta y completa indiferencia es mucho más elocuente. Quienquiera que sea de las seis viviendas simplemente pasa olímpicamente de todo y sigue echando los papeles por sus santos cojones en el cubo del plástico. Y antes de que lo digáis: no, no hay abuelos ni analfabetos ni ciegos en la comunidad. Ojalá os hubiese podido relatar una historia épica en la que le subo una pila de papel a un vecino y tenemos un pollo monumental, pero os tenéis que conformar con esta historia mediocre.

La reflexión:

Si seis familias no son capaces de colaborar en algo tan sencillo, tan fácil y tan accesible como tirar la basura a veinte metros del portal, ¿tiene esperanza una estirpe cuyo porvenir quizá dependa de la cooperación de miles de millones de personas? ¿Estamos condenados a la deserción? ¿Es el hombre un lobo para el hombre? ¿Es el lobo un hombre para el lobo? ¿Existe el gen de “porque no me sale de los cojones”?

Cita autocrítica:

“Todos llevamos un inquisidor dentro”

Julio Anguita

Seguiremos informando…

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13 thoughts on “El gen de “porque no me sale de los cojones”

  1. Dr. Litos (@DrLitos) 7 octubre 2012 / 22:54

    Me temo que la respuesta a estas preguntas es de esas de las que es mejor no querer conocer la respuesta… me siento muy identificado: esa reflexión es a la que llego yo cada vez que protagonizo o presencio un absurdo e insignificante acto de incivismo. Siempre digo lo mismo: “Luego nos extrañamos de que haya guerras”. Son cosas sencillas, con un reducidísimo coste personal… pero a la gente no le sale de los huevos. Así de simple.

    Y esto ocurre cada día en mi centro de trabajo, todo un Instituto de Biomedicina del CSIC, y veo a mi propio jefe (director del centro y muy buena persona, todo sea dicho) arrugar su bola de papel y tirarla a las papeleras amarillas que tenemos desperdigadas por todo el centro para las ingentes cantidades de envases y plásticos que generamos. Y en el comedor, es increíble todo lo que aparece en esos contenedores amarillos. Todos científicos, doctores, y mil títulos más. Vamos, que no es cosa de “fincas de viejos”.

    Por lo demás, al menos me he descojonado con el tono del post, como es habitual. Mejor reírse que llorar.

    ¡Suerte, justiciero! ¡El héroe siempre está solo, recuérdalo!

  2. mariadocavo 7 octubre 2012 / 23:09

    Todos sabemos que sí somos capaces de separar la basura, hay gente que lo hace, hay países enteros en los que todo el mundo lo hace. La cuestión es por qué en Noruega todo el mundo lo hace y en España no. Yo supongo que es algo cultural que tiene mucho que ver con la educación, igual que el tema del fraude fiscal y tantos otros. Y yo me niego a pensar que “nosotros somos así” Es algo que tiene que cambiar. No se como se hace. El caso es que tu post me ha recordado a algo que oí hace un par de días: “Los políticos son un fiel reflejo de la sociedad”

  3. Electroforesis 7 octubre 2012 / 23:19

    Me siento totalmente identificado e igualmente frustrado.
    Ánimo, la lucha sigue. Y dura, y dura,…

  4. Ofelia 8 octubre 2012 / 8:03

    No es por deprimir, pero ojalá todos los problemas vecinales fueran por la separación de la basura. Vivo en una urbanización, digamos de clase media, y me conformariá con que mi vecino (de cuarenta y tantos como yo), no dejara pudrirse cinco dias en la puerta de su casa los restos biológicos de la matanza de una cabra. Lo del volumen de la música en el jardín, lo dejamos para otro rato.

  5. banchsinger 8 octubre 2012 / 8:09

    Apuntando el comentario de mariadocavo: Yo vivo en uno de esos países desde hace casi tres años. He llegado a la conclusión, que puede estar equivocada por supuesto, de que tal comportamiento se debe a una falta de cultura, por supuesto, pero también a una falta de MANO DE HIERRO. Descubrir esto último fue (y es) una de mis mayores penas, hasta entonces aún albergaba esperanzas en el género humano. En este país, al que no recicla un simple tetrabric el vecino se lo come a gritos y demandas. Si lo haces dos veces, los antidisturbios entran en tu casa. Fuera coñas, La educación hace mucho, casi todo, pero en este santo país cubierto de educación ciudadana, civismo, y respeto a las leyes hasta la bandera del Reichstag, el día que quiten los 5 Rádares por kilómetro que tienen en cada carretera y calle peatonal, se saltará los límites de velocidad hasta perico el de los palotes.

    Me temo maría, que yo sí que sé como se ha llegado a esta situación de extremo civismo. Lo llaman aquí “civil courege”, una cosa heredada de los tiempos de la temible Stasi. Denuncia civil sin a salir a la luz + mano de hierro estatal = Aquí no delinque ni dios.
    Eso explica que los teutones, una vez llegados a Benidor y liberados del yugo opresor, sean igual o mas gamberros e incívicos que el mas chungo de los hispanos. Yo me negaba a pensar que nosotros somos así, pero así somos.

  6. Pablo Sánchez (@Pablunchu) 8 octubre 2012 / 9:58

    Nosotros nos hemos tirado dos semanas con la puerta del patio sin cerradura porque hasta que no se hiciera una reunión plenaria no se podía aprobar (porque ya ha habido casos de hacer algo “de sentido común” antes de la reunión, para ahorrar tiempo, y luego el típico vecino que no quería pagar).
    Eso sí, tengo que decir en nuestra defensa que somos una comunidad de 18 núcleos familiares. Aún hay esperanza para la humanidad.

  7. jmongil 8 octubre 2012 / 15:45

    Más de una vez me he quedado con ganas de decirle algo al gilipollas de turno que está escuchando música sin auriculares en el metro,… pero siempre me rajo. Me limito a largarle unas cuantas miradas de asco, aunque sospecho que sólo sirven para extremar posturas.

    En mi comunidad ha habido algún caso de impagos, pero se ha resuelto rápidamente tras la pertinente denuncia. En esos casos, la justicia es bastante rápida. Ahora bien, hace falta el acuerdo de la comunidad de vecinos reunida en asamblea. Cosa que no siempre se consigue.

    ¡Buen vuelo!

  8. Justo 9 octubre 2012 / 11:36

    Bienaventurado quien puede decir: estos son los problemas vecinales en mi comunidad. En la mía las discrepancias existentes son de otro calibre: las relaciones de algunos vecinos entre sí tienen lugar, exclusivamente, a través de sus respectivos abogados.

  9. Copépodo 10 octubre 2012 / 11:55

    Gracias por comentar.

    La verdad es que yo también me he quedado de bajón con lo que dice Banchsinger sobre la verdadera naturaleza del civismo europeo, pero en fin, yo es que eso de denunciar no lo llevo nada bien. Es muy de pusilánime carpetovetónico también lo de quedarse callado, o poner un cartelito anónimo.

    Insisto también en que el ejemplo que he puesto era deliberadamente trivial, como para ilustrar el colmo del pasotismo. Como he dicho hay problemas mucho más graves en la finca (el moroso de los 11.000 euros y varios pleitos, algunos de ellos recurridos hasta instancias que no creeríais, por rencillas históricas, en plan Falcon Crest). Eso sí, lo de los restos de matanza me ha dejado “muelto”.

  10. Exseminarista ye-ye 10 octubre 2012 / 17:56

    Sinceramente, estoy convencido de que estamos condenados. Los egoístas son más y más cada día que pasa.

    Salud y saludos.

  11. Rufo 10 octubre 2012 / 23:36

    Pues si, aquí ya han dicho unas cuantas cosas sobre la mano de hierro, y bueno, eso ya no sé cuanto tiene de cultural, psicosocial o ambiental. Allí la ley se aplica, y aquí, no. Sencillo, ¿no?. Así que también voy con mi (breve) anécdota:
    En la residencia de estudiantes en la que viví en Dinamarca hace dos años, todo el mundo le tenía una tirria tremenda al portero, un treintaañero llamado Stefan. El día que llegamos había numerosas pintadas en los edificios con amables pintadas tipo ‘FUCK YOU STEFAN’ y tal. El caso es que las normas eran claras, había un contrato que firmabas al entrar (y que supuestamente leías, claro), y si por lo que fuera rompías las normas dos veces, ibas a la calle. Pues bien, cierto día se le acabaron las pilas al detector de humo de mi apartamento (dentro de la resi). Los tres que vivíamos allí no teníamos ni idea de como funcionaba, el caso es que eso emitía un pitido horrible que impedía cualquier tipo de vida normal, y sencillamente lo desconectamos. Mientras se lo íbamos a decir al tal Stefan, bueno, los unos por los otros (la clásica), nos fuimos de viaje, y tal vez pasaron tres días hábiles antes de que a Stefan, por la razón que fuese, entrara en nuestro piso y encontró el detector encima de la mesa. Y ni lloriqueos ni ostias: multón al canto (40€ del ala), y a la siguiente, a la puta calle.
    Y eso que nosotros íbamos de buenas: imaginad los cipotes que se montaron por fiestas, ventanas rotas, extintores vacios, todas las cosas que pueden llegar a pasar en una residencia con 300 jovenzuelos internacionales dispuestos a arrasar con todo, y ‘aleccionados’ a liarla aún más solo por ‘jorobar’ al tal Stefan. Daño que por supuesto iba contra nosotros, porque cada vez iban peor las cosas, y bueno…
    Sobra decir que las pintadas que ya habían sido borradas volvieron a aparecer, cual caras de Belmez, poco antes de irnos…

  12. pipistrellum 18 octubre 2012 / 11:41

    No se muy bien como va el tema de los contenedores en madrid. Aqui los pone el ayuntamiento y nosotros llevamos la basura alli.

    Una opcion que se me ocurre es poner el contenedor cercano junto al lejano o incluso un metro o 2 mas lejos. No creo que te moleste mucho a ti, yo creo que teniendo ambos a lado los echará correctamente.

    Ya que tenemos tendencia cientifica deberiamos ver el problema de esa manera. Yo creo que la teoria de juegos es un buen modelo.

    Hay sistemas que propician el altruismo y la colaboración otros que no. Tambien, normalmente cuesta mas esfuerzo hacer el bien que el mal.

    Tener la iniciativa de poner flores en un jardin abandonado cuesta mas que destrozarlas.

    Teniendo estas cosas en cuenta, pienso que podría ser peor aun.

    Yo creo que seria util pensar en las circunstacias en la que los comportamientos deseables son “premiados” y cuando son “castigados”, muchas veces involuntariamente y desapercibidamente.

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