La naturaleza de Etiopía contada para europeos (5/5). Alta montaña etíope


Para terminar con la serie de naturaleza etíope, ascenderemos a dos grandes macizos montañosos del país: el de las Montañas Simien y el del Sanetti, en el parque nacional Bale. Suponen un espacio relativamente reducido de superficie en comparación con los de los capítulos anteriores, pero su singularidad bien merece que le dediquemos en exclusiva este cierre de la serie.
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Simien

A las montañas Simien se les llama a veces “el techo de África”. No porque supongan las mayores altitudes del continente, sino quizá por el espectáculo que nos presentan. Caminamos por los límites del Macizo Etíope recorriendo planicies suavemente inclinadas que interrumpen riscos y acantilados con un desnivel de más de mil metros respecto al terreno circundante. Las nubes cubren estas cimas constantemente, y sólo con un poco de suerte podemos disfrutar de las vistas. Como es habitual en la montaña etíope, estas tierras son muy húmedas y cubiertas de vegetación, incluso de cultivos en las lomas bajas del parque.

Panorama desde las alturas de Simien

Vistas desde las cumbres de Simien, en una rara mañana de sol

Se pueden encontrar los últimos integrantes del bosque afromontano del capítulo anterior: enebros, hagenias, knifofias, etc. El aspecto es el de un vergel rico y fresco, pero no debemos olvidar lo que nos revela el altímetro: estamos a más de 3.500 metros sobre el nivel del mar, por encima de lo que sería la cumbre del Aneto. La altitud que en Europa supondría prácticamente las nieves perpetuas, aquí permite el desarrollo del bosque: no en vano estamos a 13ºN (ejemplo estupendo de la llamada compensación latitud-altitud). Sin embargo la altitud no es sólo clima y al poco de andar empezamos a notar los efectos fisiológicos de una menos presión parcial de oxígeno: cansancio, movimientos más lentos y mareos entre algunos de nosotros. La misma distancia o dificultad que en Guadarrama recorrerías sin despeinarte, aquí cuesta un esfuerzo considerable a los visitantes de bajura, que tenemos que tomárnoslo con calma.

La planta dominante en muchas de estas zonas es otra integrante de la Rand Flora: me refiero al brezo arbóreo (Erica arborea), que en la Península Ibérica acostumbramos a ver como arbusto más o menos desarrollado y que en el monteverde canario adquiere portes algo más imponentes, pero en ningún caso esperaba que esta especie hiciese, al fin, honor a su epíteto específico como ocurre aquí.

Erica arborea

Escarpe de Chennek

Brezales de Erica arborea cerca de Chennek. La abundancia de nieblas permite la colonización de líquenes colgantes

En la fauna de estos brezales, al igual que ocurría en el cinturón afromontano y como veremos repetido incluso en las cumbres más altas del país, seguimos encontrando esa original mezcolanza entre lo puramente paleotropical y la biota boreal que, de alguna forma ha conseguido alcanzar estas montañas casi ecuatoriales. El saltarrocas (Oreotragus oreotragus) es un pequeño y tímido antílope adaptado a la vida alpina que desaparece de la vista a los pocos segundos de ser avistado.

Oreotragus oreotragus?

Saltarrocas (Oreotragus oreotragus)

Un poco más adelante, descansando junto a un risco, se pueden observar  un grupo ruidoso de chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax) tan frecuentes también en las montañas europeas. Lo realmente notable es que estas poblaciones etíopes constituyen las más sureñas de todo el mundo, y hay quien discute si tras tanto tiempo de aislamiento genético podrían constituir ya una especie distinta. Junto a las chovas aparecen de vez en cuando el cuervo abisinio (Corvus crassirostris) y algunos quebrantahuesos (Gypaetus barbatus).

Quebrantahuesos (Gypaetus barbatus)

El quebrantahuesos (Gypaetus barbatus) también es un elemento boreal que ha conseguido instalarse en estas montañas tropicales de Etiopía

Continuando las ascensión hasta las cumbres de Simien, llegamos finalmente al límite del bosque: cerca de los 4.000 metros de altitud, los brezos acaban por desaparecer y se empieza a ver una planta excepcional, que por su forma podría recordar a una palmera. Se trata de la lobelia gigante etíope (Lobelia rhynchopetalum). Lo extraordinario de esta planta es, en efecto, su tamaño. Si conocéis la pinta que tienen normalmente las lobelias encontraréis que hay algo que falla: en lugar de un modesto arbustillo, esta es una especie esbelta, capaz de superar los dos metros de altura, con unas hojas enormes y endurecidas que protegen de las duras condiciones de la montaña la yema terminal. Cuando alcanza su madurez sexual crece una inflorescencia terminal que puede doblar incluso el tamaño de la planta, alcanzando casi los cinco metros en los ejemplares más espectaculares. Este inmenso esfuerzo reproductivo se culmina con la producción de millones de diminutas semillas dispersadas por el viento, y la muerte de la lobelia.

 Inflorescencia de Lobelia rhynchopetalum Paisaje con lobelias gigantes

Lobelia rhynchopetalum

Lobelias gigantes (Lobelia rhynchopetalum)

Parque Nacional de Simien

Escarpes de Simien cerca del Bwhahit. Las lobelias se siguen apreciando en la distancia

El gigantismo en ciertas plantas en roseta de la alta montaña tropical está bien documentado en distintas familias y lugares del mundo. No hay más que recordar, por ejemplo, los Dendrosenecio, las Espeletia e incluso los Echium. De forma independiente se han desarrollado paisajes alpinos muy similares, lo que nos hace pensar que cualquiera que sea el motivo del éxito de este diseño anatómico, ha sido igual de conveniente como solución a la vida austera

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OLYMPUS DIGITAL CAMERA Lobelias gigantes

Rosetas gigantes en distintas plantas alpinas tropicales: una adaptación convergente alcanzada independientemente en distintas partes del mundo por diferentes familias de plantas: Echium wildpretti en las Cañadas del Teide, Dendrosenecio keniensis en el Monte Kenia, Espeletia sp. en el páramo colombiano y las Lobelia rhynchopetalum de Simien

Los animales de esta zona no son menos espectaculares. Antes de nuestra ascensión definitiva a la cumbre del Bwhahit, en un pastizal alpino, nos encontramos con uno de los reyes del parque y una de las especies de primate más características de África: el babuíno gelada (Theropithecus gelada).

Babuinos gelada (Theropithecus gelada)Manada de geladas, comienzo hierbas y raíces

Las hembras y los juveniles destacan por un pelaje muy denso, pero es en el caso de los machos dominantes donde dicho pelaje alcanza su másximo esplendor, garantizándole además de el aislamiento necesario a estas altitudes, cierta magnificencia poco habitual entre los cercopitécidos. el pelaje se interrumpe característicamente en el pecho, mostrando un inconfundible triángulo de piel rosada.

Macho de Theropithecus gelada

Macho de Theropithecus gelada

Los gelada son endémicos de la montaña etíope, son casi exclusivamente vegetarianos y el pasto alpino constituya casi la totalidad de su dieta, por lo que necesitan emplear la mayor parte del día en alimentarse para garantizar su suministro calórico. Los grupos son pequeños, de unos doce individuos, y claramente liderados por un pomposo macho dominante.

Geladas (Theropithecus gelada) Geladas hembra (Theropithecus gelada)

Babuino gelada (Teropithecus gelada)

Más fotos de geladas

El otro mamífero de especial interés que observamos en estas cumbres no podría tener una historia más diferente. Con los prismáticos pudimos ver algunos cuando la niebla se disipaba, pero fue en el camino de regreso cuando nos topamos con una nutrida manada de íbices wallia (Capra walie): efectivamente, una cabra montés etíope, endémica de las montañas Simien, en peligro de extinción y de la que sólo quedan unos 500 ejemplares en todo el mundo. También se trata de un elemento boreal que supo colonizar el trópico. Son capaces de comer incluso las duras hojas de las lobelias.

Íbex etíope (Capra walie)

Capra walie, entre las lobelias gigantes

Nuestra aventura en Simien tocó cumbre en el pico Bwhahit (4430 m), entre niebla impenetrable y algún chaparrón épico en el regreso.

cuaderno-etiop

Cuaderno de campo. Vegetación de Simien

Sanetti

De todos los lugares que visité en Etiopía, el que me dejó una impresión más honda fue, sin lugar a dudas, la meseta del Sanetti. Una extensión inmensa, por encima de los 4.000 metros de altura que se extiende en todas las direcciones mostrando lo que aprimera vista sólo es roca desolada y castigada por el viento. Un paisaje casi marciano, mágico, donde al igual que en Simien es fácil quedarse sin aliento y sentirse torpe y exhausto a cada paso. Cuando las nubes se despejan, la claridad del horizonte es espectacular, y los colores de los líquenes de las rocas y de la floración incipiente de los arbustos transforma el entorno de un momento a otro. Pese a su aspecto inicialmente austero y sin vida, me sorprendió la cantidad de cosas interesantes que se nos cruzaron en el tiempo limitado que pudimos disfrutar de este paraje único en el mundo.

Recorriendo el Sanetti

Llegando al Sanetti un día despejado

Desolación magnífica

Me venía a la cabeza aquello de la “desolación magnífica”

La vegetación del Sanetti está dominada especialmente por arbustos del género Helychrisum y por herbáceas del género Alchemilla. Hay varias especies, la mayor parte de ellas endémicas de estas montañas y que le dan un toque de exclusividad botánica.

Helichrysum
Helichrysum sp.

Alchemilla
Alchemilla sp.

Las lobelias gigantes también están presentes en el Sanetti, pero son mucho más escasas y se localizan únicamente en algunos enclaves particulares.

Paisaje con lobelias gigantes

Algunas lobelias gigantes (incluyendo ejemplares muertos, en los que aún se ve la inflorescencia) en una zona pantanosa del Sanetti

En todo el Sanetti son muy abundantes los roedores. Basta quedarse quieto en la superficie, especialmente si el sol calienta, para ver una rápida actividad de estos pequeños animales que entran y salen de sus madrigueras. De entre las especies de mayor interés destaca la rata-topo gigante (Tachyoryctes macrocephalus), muy esquiva y que no pudimos ver, pero por todas partes se encuentran restos óseos de ratones y topillos.

Cráneo de roedor Mandíbula de roedor

También hacen sus madrigueras por aquí las liebres endémicas del altiplano.

Lepus starcki

Lepus starcki

El Sanetti es, además, un lugar privilegiado para observar aves, tanto endemismos de la alta montaña etíope como especies que sólo están de paso por aquí, o de amplia distribución por zonas más bajas. El rascón etíope (Rougetius rougetii), el ganso de alas azules (Cyanochen cyanoptera) y el chorlito cabecinegro (Vanellus melanocephalus) son ejemplos de endemismos locales, mientras que la grulla caunculada (Bugeranus carunculatus) aunque es bastante escasa, se distribuye por once países del África subsahariana. El agua es muy abundante en todo el Sanetti, y en muchas zonas el nivel freático llega hasta la superficie, quizá por ello no deba sorprendernos la cantidad de aves endémicas de hábitos palustres.

Rascón etíope (Rougetius rougetii) Ganso de alas azules (Cyanochen cyanoptera)

Vanellus melanocephalus Grulla carunculada (Bugeranus carunculatus)

Rascón etíope (Rougetius rougetii), ganso de alas azules (Cyanochen cyanoptera), chorlito cabecinegro (Vanellus melanocephalus) y garza carunculada (Bugeranus carunculatus)

La abundancia de aves pequeñas y de roedores favorece además la presencia y abundancia de depredadores, que a su vez pueden pertenecer a elementos faunísticos diversos. El ratonero augur es muy común en todo el país, y ya lo vimos en las sabanas y en el valle del Rift. Su presencia aquí es muestra de una gran amplitud ecológica. En el Sanetti es habitual observarlo en su forma melánica, de color más oscuro.

Ratonero augur (Buteo augur)

Buteo augur

Mentiría si dijera que la elección de la meseta del Sanetti como entorno para acabar esta serie no estuviese relacionada precisamente con el depredador más emblemático de las montañas abisinias: el lobo etíope (Canis simensis).

Lobo etíope (Canis simensis)

Uno de esos encuentros que recordaré toda la vida

El lobo etíope pertenece a otra de esas estirpes aventureras de animales boreales que durante las glaciaciones del Pleistoceno, huyendo del frío, alcanzaron las montañas etíopes e hicieron de ellas su hogar. Cientos de miles de años después pertenecen a una especie hermana y vicariante de los lobos de las zonas frías y templadas del hemisferio norte: Canis simensis, endemismo etíope, símbolo de la fauna única de estas montañas. El lobo etíope está especializado en la caza de los abundantes roedores de la alta montaña etíope. Su color rojizo puede hacernos pensar en un zorro, o incluso en un coyote, pero los estudios moleculares estuvieron de acuerdo con su inclusión en el género Canis. A día de hoy se cree que tan sólo quedan unos 400 ejemplares en todo el país, la mitad de los cuales estarían en Bale: se trata del cánido más raro del mundo y del carnívoro más amenazado de toda África. No se puede describir con palabras la emoción de observar a estos animales campear en libertad en la inmensidad del Sanetti.

Canis simensis

Lobo etíope (Canis simensis)
¿Tú por aquí?
Lobo etíope (Canis simensis)
Canis simensis

La alta montaña es siempre un ecosistema delicado, especialmente sensible a las alteraciones, al cambio climático y al sobrepastoreo. Como siempre, de nosotros dependerá que este patrimonio natural sobreviva para que pueda seguir siendo inspiración y disfrute de próximas generaciones.

Vistas desde el Tullu Demtu. 4377 m

Vistas desde la cima del Tullu Demtu, el techo del Sanetti, a 4377 m.

La naturaleza de Etiopía contada para europeos

1. Introducción

2. Valle del Omo y alrededores

3. Valle del Rift

4. Macizo Etíope

5. Alta montaña etíope

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19 thoughts on “La naturaleza de Etiopía contada para europeos (5/5). Alta montaña etíope

  1. Felipe 11 noviembre 2013 / 19:05

    Ya veo que tienes una entrada hablando de la Aspicilia.. ;)

  2. Copépodo 11 noviembre 2013 / 19:26

    Vaya, Felipe, ¡eso que acabas de decir es interesantísimo! De haberlo sabido a tiempo habría estado particularmente atento (recolecté algunos musgos, grimiáceos incluidos, pero sólo por encargo), no conocía la existencia de ningún musgo vagante, y desde luego el Sanetti, con sus vientos y su topografía, es un lugar ideal para esta curiosísima adaptación. Muchas gracias por el dato.

  3. Jaime 11 noviembre 2013 / 20:15

    una pena que se acabe esta magnífica serie! Gracias por recopilar tanta información (y por explicarla tan bien) que se nos escapó en gran medida a tus afortunados compañeros de expedición!

  4. 1vin 12 noviembre 2013 / 1:05

    Vaya fotones amigo, me quedo con las geladas :)

  5. Copépodo 12 noviembre 2013 / 14:43

    Jaime: ¿Cómo que se os escapó, si no paré de daros la brasa? Tenías que contar la anécdota de los otros españoles que vieron el lobo en Simien diciendo que era “un zorro o algo” y que casi me provocan la combustión espontánea.

    1vin: ¡muchas gracias!

  6. pipistrellum 12 noviembre 2013 / 17:47

    Gracias por compartir virtualmente tus viajes. Dan ganas de patrocinarte :P
    Te podrias dedicar a hacer articulos de viajes.

    Has subido mucho. No es peligroso subir a esas alturas, sin asegurarse si los turistas estan preparados?
    A veces aunque se tenga una forma fisicamente formidable se puede pasar muy mal en altura si el cuerpo no esta acostumbrado.

    Tu por lo menos vivias a 700 m, aunque no se si es una ventaja apreciable sobre los menos de 20 m que vivo yo.
    Además, creo que no he pasado de los 2000 m que yo recuerde.

    Notaste dolor de cabeza u algun otro sintomas aparte de la falta de oxigeno?
    Curiosamente en altura al cuerpo tambien le falta CO2 y el cuerpo necesita eliminar electrolitos para compensar el pH de la sangre.
    Por eso recomiendaba beber y mear mucho.

    La Alchemilla se parece a las fresas. son parientes? Veo en wikipedia que tiene parentesco.

    Por aqui me he encontrado una especie de fresa silvestre, que en vez de tener la semillas embutidas como botones de sofa, la sobresalen como se fuese los ojo de un cangrejo. Con un pie muy estrecho.
    Las conoces? porque yo hasta hace poco no las había visto nunca.

    PD:Presion a 700m de altura

  7. Copépodo 13 noviembre 2013 / 1:16

    Está muy bien que digas eso de que podría ganarme la vida con estos reportajes, aunque sea mentira, porque puedo aprovechar para decir que si alguien me ofrece un trabajo así, de reportero intrépido, dejo la investigación. Dicho queda.

    Sobre lo de la altitud: 4000 metros empieza a ser ya una altitud considerable, pero no es para tanto. Mi “techo” hasta la fecha era el Teide, y no recuerdo haber notado ningún efecto cuando subí, pero aquí la cosa fue distinta, era ciertamente curioso. Como he dicho, lo que más se notaba era que te quedabas sin fuelle enseguida, y cuatro pasos, aunque fuesen sin mucha pendiente, te dejaban agotado. Sólo uno de nosotros tuvo realmente mal de altura uno de los días; evidentemente si te dispones a hacer marchas más largas (de muchos días de duración) lo ideal es estar unos días adaptándote para que empieces a producir más glóbilos rojos antes de empezar a andar, pero en una visita corta como la nuestra, no merece la pena ni tampoco es muy necesaria mucha preparación, aunque sí conviene ir despacito.

  8. beavigsl 14 noviembre 2013 / 5:56

    Genial cono siempre. Y justo a tiempo, porque nos estamos acercando ya a las Simien.
    Apoyo la emocion del avistamiento del lobi en Sanetti, te quedas sin respirar (y a esa altitud no es bueno, jeje) cuando lo ves a lo lejos y a medida que te acercas el sigue tan tranquilo a pocos metros del coche ignorando nuestra presencia y siguiendo su busqueda del desayuno a base de roedores.
    Las bale han sido increibles, aunque nosotros hemos llegado con la floracion pasada. A ver que nos deparan las Simien.
    Saludos desde el lago Tana.

  9. Graciela (@gilromera) 14 noviembre 2013 / 15:13

    De todas las entradas sobre el viaje a Etiopía me quedo sin duda con esta. Creo que de todo lo que viste y viviste es lo que yo conozco menos, he aprendido mucho: gracias!. ¡Fantásticas fotos de todos los componentes del bosque afromontano! (Me encantan las Espeletias Rafa!)

    Yo no te puedo patrocinar para un trabajo full-time, pero puedo liderar el crowdfunding para una visita guiada a algún lugar menos ambicioso :)

  10. pipistrellum 14 noviembre 2013 / 19:49

    Está muy bien que digas eso de que podría ganarme la vida con estos reportajes, aunque sea mentira, porque puedo aprovechar para decir que si alguien me ofrece un trabajo así, de reportero intrépido, dejo la investigación. Dicho queda.

    Hombre, una cosa es que puedas rentabilizar los articulos del blog. Conseguirlo seria otro trabajo añadio… Pero yo lo digo en el sentido de serias capaz de hacer ese trabajo a nivel profesional.
    Creo que tambien te referias a lo segundo. No seas tan humilde ;)

    Hay muchas labores que son importantes y es dificil lucrarse con ellas y otras es muy facil y pueden no tener ningun valor util, por ejemplo, las apuestas y sorteos.

  11. orab 20 noviembre 2013 / 14:10

    ¿Las lobelias tienen efectos afrodisiacos? por lo del pedazo nardo que tiran al cielo y tal.

  12. aphanius 26 noviembre 2013 / 1:37

    Sólo puedo expresar mi más sana envidia y el agradecimiento por compartir tus vivencias que nos trasladan a parajes lejanos que la inmensa mayoría de mortales sólo podemos contemplar a través de fotografías.

    Para poner una guinda al pastel, y como apasionado de los anfibios que soy, me habría gustado ver una foto o cita de Balebreviceps hillmani, cuyo nombre profano viene a ser “rana etíope de cabeza corta” y que probablemente sea tan difícil de observar como los lobos etíopes o los íbices wallia,

  13. Copépodo 26 noviembre 2013 / 2:02

    Gracias Aphanius. Lo cierto es que la rana que mencionas, junto con el mono de Bale o la rata-topo gigante, fue otro de los endemismos que se nos escapó (y no porque no andara yo atento), pero en general la verdad es que hubo bastante suerte y no nos podemos quejar.

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