Érase una vez la vida (de los adultos)


“¿A qué viene esto?” Se preguntará alguno. Pues os recuerdo que en un post reciente dejé caer que existía la posibilidad de que contara cómo me enteré de en qué consiste el sexo y como sois unos cotillas morbosos, varios de vosotros, de los que nunca comentáis luego en las entradas de intrépidas expediciones a las montañas tropicales, enseguida confesasteis que, mira por dónde, eso sí que os interesaba saberlo. Así que vamos allá.

Seguro que no os sorprende si os digo que yo era un niño bastante empollón. No lo fui siempre, y en retrospectiva que empecé a serlo un día en el que la profe me dijo que había hecho bien un ejercicio que consistía en describir nuestra propia mochila (dicho sea de paso que no tenía ningún mérito y que quizá fue fruto del azar, pues me limité a seguir las instrucciones del libro de texto). Ese inesperado refuerzo positivo me hizo pensar que lo mismo se me podía dar bien eso de estudiar, y a partir de entonces, como perro pavloviano, nada librepesador, me esforcé en recibir ese refuerzo positivo en los años subsiguientes. Sin embargo, aunque joven y pipiolo, yo ya tenía mis preferencias claras  de frikismo, un tanto obsesivo, por las ciencias naturales.

Aquí tengo que hacer un pequeño inciso, porque sinceramente, no sé si fue antes el huevo o la gallina y no puedo distinguir si mi interés por las ciencias naturales fue causa o consecuencia de la llegada a mis manos de un conjunto de libros divulgativos de gran calidad que aún conservo. Siendo sincero me da incluso un poco de angustia pensar en la hipótesis de la tabula rasa y en que todo por lo que me interesé después y que me ha llevado a ser quien soy ahora dependiera de una contingencia tan fortuita como la de que mi tío (pescador y amante del campo) y por supuesto mis padres, me regalaran precisamente esos libros y no, qué sé yo, un álbum de cromos de la liga española de fútbol (En una realidad alternativa, un Copépodo fichado por el Manchester United, podrido de dinero, se congratula en una entrevista de que pasara juso lo contrario). Como están todos en Madrid no puedo decir aquí cómo se llamaban estos libros exactamente, pero muchos de vosotros quizá también los tuviéseis: unos eran una colección de libros con recortables de papel, (del cuerpo humano, animales, plantas etc) de forma que se podía ver lo que había dentro de las distintas estructuras, y otra colección era sobre naturaleza en distintos ambientes (ríos, bosques, etc), todos ellos muy bien ilustrados y escritos.

A pesar de todo eso de los animales y las plantas, en aquella etapa de mi vida yo lo que quería era ser médico, o esa era la conclusión de mi interés por cuál era el lugar de cada tripa en el cuerpo humano. Después de babear el expositor de la juguetería durante varios meses mirando un modelo anatómico para niños, mis padres accedieron al capricho como regalo de cumpleaños, y me dediqué en cuerpo y alma a montarlo y desmontarlo de forma compulsiva y a aprenderme el nombre y el lugar de cada piececita de plástico del muñecote. Coincidiendo con esta obsesión, comenzaron a emitir en la tele la serie de televisión “Érase una vez, la vida”, que seguro que todos recordáis bien (corría el año 1987 en su primera emisión, si la wikipedia no falla). Esa serie me fascinó desde el primer momento en que la vi, y me afianzó más en mi propósito de devorar todo lo que se pusiera a mi alcance que tuviese que ver con el cuerpo humano, y en este caso fue el coleccionable de libros basados en la misma serie (“Érase una vez, el cuerpo humano”), que exprimí hasta la última coma.

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No sé si lo leéis bien, pero en estas dos páginas hay todo lo que puedas necesitar saber sobre los glóbulos rojos para ir tirando

El coleccionable incluía el mismo modelo anatómico que ya tenía, entregando una nueva pieza cada semana (con lo que al final acabé con dos), y unos cupones para conseguir un balón reglamentario de baloncesto que nunca me interesaron lo más mínimo y que se perdían sistemáticamente por los cajones. El segundo modelo anatómico estaba bien, pero lo que yo realmente quería cada semana era recibir el fascículo, meterme en mi cuarto y leérmelo de tapa a tapa como si no hubiese un mañana hasta que me sabía el nombre y las funciones de las enzimas de los jugos gástricos o las meninges. Dibujaba con el mismo desenfreno  esquemas del aparato circulatorio (poniendo cuidado en que el cayado aórtico quedara bien representado, algo que me llevó bastante práctica), el ojo o la vesícula biliar. Como era un inconsciente, no me daba cuenta de que mis compañeros de la academia de inglés y algunos profesores me miraban un poco raro cuando veían los garabatos de los márgenes de las hojas con la sístole y la diástole.

0Pero a efectos de lo que os iba a contar, la situación se desbordó con la llegada del fascículo número 19 (El nacimiento, parte 1), un número que estaba esperando con ganas porque me acordaba del capítulo de la serie de la tele en la que las células de colorines del embrión en gestación se iban colocando muy ordenadamente en función del órgano de destino (izquierda), mientras un altavoz iba diciendo “las células del riñón preséntense aquí, las del colon transverso allá” en una escena de clímax dramático sólo superada por el capítulo de la coagulación sanguínea, en el que los glóbulos rojos más queridos de toda España estuvieron a punto de caer al vacío de un corte en el dedo. (Qué angustia). Pues en ese baile de células estaba yo pensando cuando recibí ese fascículo 19.

Primera página, introducción. Bien. Segunda página: el aparato reproductor masculino. Bien, sin novedad: epidídimo, conductos deferentes y tal. Tercera página: aparato reproductor femenino, folículos, trompas de Falopio y tal. Bien. Siguiente página: la fecundación. ¡Un momento! ¡Aquí falta algo! Vuelvo atrás, no no me he dejado ninguna página, pero hay algo que se me escapa en toda esta cronología. Vale lo de la fecundación y los cromosomas, vale lo de los ovarios y los testículos, pero, ¿Qué pasa entre medias? ¿Cómo narices llegan los espermatozoides a las trompas de Falopio? ¿Qué narices pintan allí? El resto del fascículo no tenía nada de sorprendente (Ya viví el embarazo y nacimiento de mi hermana), pero no conseguía encajar todas las piezas del rompecabezas.

Con la duda sin resolverse ni esfumarse, consulté los otros libritos de anatomía que tenía, intentando leer con más atención en los capítulos correspondientes a la reproducción. En todos pasaba lo mismo: aparatos reproductores en detalle y ¡zas! fecundación y embarazo, como por arte de magia. ¡En ningún sitio explicaban cómo era esto posible! Sólo había frases crípticas, como dándolo todo por hecho, y saltando a lo de los cromosomas bailando y el zigoto dividiéndose. Misterio.

Mis rutinas siguieron su curso, pero debí de acabar realmente extrañado por ese salto narrativo del capítulo 19 porque recuerdo que al menos le comuniqué mis dolores de cabeza a varias personas. La primera de ellas era mi amigo Mario, el vecino del 12, que me sacaba año y pico de edad y que era con diferencia el más avispado de todo el vecindario. A mis dudas sobre cómo podían entrar los espermatozoides en el aparato reproductor femenino, él me respondió, como si fuese algo de sobra conocido, que esas cosas pasaban “cuando la pareja se besa”. Una respuesta, a todas luces absurda porque la boca forma parte del aparato digestivo y del respiratorio, pero no tienen ninguna conexión con el aparato urogenital, ni masculino, ni femenino. Notablemente decepcionado con los conocimientos de anatomía de Mario, dejé de manifestarle mis dudas. Obviamente, también compartí el motivo de mis pesquisas a mis padres, eternos sufridores.

Yo no sé muy bien si cuando te dan el carnet de padre te preparan para que un mocoso de 8 años te mire a los ojos y te diga así de buenas a primeras que no entiende cómo llegan los espermatozoides a las trompas de Falopio, lo que sí sé es que daría una suma considerable de dinero por recordar la cara que pusieron en ese momento, algo que no puedo hacer porque no era ni remotamente consciente de que mi duda podía ser delicada o incómoda de responder; para mí era más o menos equivalente a preguntar por el funcionamiento del píloro. Lo que me pareció en aquel momento es que el asunto debía ser en verdad bastante misterioso, porque mis padres tampoco sabían darme una respuesta. Podemos imaginarnos que, ya sin mí dando por culo, mis padres debieron hablar de si era el momento de tener la conversación. Aquí no iban a valer metáforas de abejitas fecundadoras ni nada por el estilo (ni mucho menos de cigüeñas) porque el monstruito de hijo que habían cebado a base de libros de anatomía no iba a darse por satisfecho con verdades a medias. Supongo que las largas tampoco eran una buena idea porque sería cuestión de tiempo que acabara preguntándole a un profesor o a alguien más enterado que el vecino del 12. Tengo que preguntarles cómo viveron ellos esa decisión, pero la cosa es que quizá vieron que la forma “fácil” de salir del embrollo era permitiéndome estar informado a través de mi forma favorita:

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Un día mis padres me dieron este clasicazo de Grijalbo (quizá animados por lo de “un eficaz instrumento de ayuda a los padres”). Lo hicieron con toda la naturalidad del mundo, como diciendo, “uy, mira lo que teníamos por aquí en la estantería, que no nos acordábamos ni de que existía, anda, léetelo que lo mismo te gusta”. Reconozco que cogí este libro con decepción: letras grandes, estilo infantil, ¿qué es esto? Las primeras páginas trataban sobre mitos reproductivos (lo de la cigüeña y tal), y después introducían el tema de la desnudez. A estas alturas yo me sentía totalmente humillado por estar leyendo un libro así, y me preguntaba con arrogancia qué podría enseñarme.

Obviamente el libro sí que resolvió el misterio que tenía pendiente. De la ¿treintena? de páginas que tenía, tan sólo una contenía la información que necesitaba, e incluso en esa, sólo una frase, un dato, era el realmente esencial: el pene se introduce en la vagina. Ese momento fue uno de esos que tienes en la vida y que resulta ser una revelación: era a la vez una guarrada que nunca jamás, nunca, se me habría pasado por la cabeza, pero a la vez resolvía de una forma directa y elegante todo el asunto previo a la fecundación. Era una guarrada, sí, pero tenía que ser cierto, era lo único que tenía sentido por muy increíble que pareciese.

Terminé de leerme el libro con prisa y sin emoción, y se lo devolví a mis padres, a los que les confirmé que mi curiosidad había sido por fin satisfecha, tras lo que debieron suspirar con alivio. Me aconsejaron sabiamente que no me prodigara mucho en detalles sobre mi descubrimiento con mis compañeros de clase o con mi hermana, y no pude más que estar de acuerdo con ellos: entendía que si ibas por ahí metiendo penes en vaginas no debería gustarte demasiado que la gente lo supiera (por cierto que mis padres se ganaron un respeto extra: sí que tienes que tener ganas de verdad de tener un hijo para decidirte a hacer de tripas corazón de una forma tan sacrificada). Pero de pronto todo el rollo de la incomodidad, las afirmaciones tácitas y las elipsis en los libros de anatomía cobraban sentido. Incluso escenas de películas y chistecitos de la tele cobraban una dimensión inesperada; hasta el más puro sentido común dejaba en evidencia la ubicuidad del sexo: los adultos estaban constantemente pensando en penes que se metían en vaginas, a todas horas, constantemente, siempre había sido así, ¡y nunca me había dado cuenta! ¡Nadie a mi alrededor parecía ser consciente! Me sentí con ganas de gritarlo a los cuatro vientos, como quien grita que el Soylen Green está hecho de gente, pero superada la sorpresa inicial, y llegado el fascículo del sistema inmunitario, me encogí de hombros.

No sé cuál es el corolario para padres, que cada uno saque el suyo.

 

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27 thoughts on “Érase una vez la vida (de los adultos)

  1. Oscar Moreno 18 noviembre 2013 / 8:00

    Jajaja, la historia es bastante graciosa, es cierto. Yo no tengo recuerdos de cómo llegué a enterarme, pero sospecho que fue con más de 8 años y con textos menos biológicos.
    Lo que sí que he experimentado recientemente es el caso opuesto: explicárselo yo a mi hija mayor. La verdad, para mí no ha sido traumático, sino algo bastante espontáneo… es como si ella misma hubiera ido montando las piezas del puzzle poco a poco y yo simplemente estuviera confirmándole que iba por buen camino. Y, finalmente, algo parecido a lo que dices tú: una cara de “pero-qué-asco-no?”, una risilla de “esto se lo cuento mañana a mis amigas” y fin de la historia.
    Bueno fin tampoco, que en cualquier momento, sin previo aviso y como si nada, suelta frases del estilo de “Papa, ¿esta noche le vas a meter el pene en la vagina a mamá?” y ahí sí que me imagino que mi cara será un poema XDDD

  2. Pueblerino 18 noviembre 2013 / 8:38

    Lo que me he podido reír. A mí me pasó algo muy parecido y tampoco podía dormir pensando en la dichosa incógnita que no despejaban los libros de Conocimiento del Medio. Yo era bastante cabezón, así que recuerdo estar varios días detrás de mis padres preguntándoles como llegaban los espermatozoides al óvulo con toda mi inocencia mientras ellos no sabían donde meterse. No tuve mucho éxito en mi empeño, así que comencé a formular mis propias hipótesis, la más exitosa de las cuales fue que papá debía hacer pis en mamá de alguna forma. Pero qué asco, ¿no? Además, estaba eso del aparato excretor por un lado y el reproductor por otro, y juntos. Así que seguí buscando hasta que en alguno de esos atlas ilustrados (lo mismo de El País Aguialr) se hizo la luz y vi el esquema de un pene introducido en una vagina. Absurdamente lógico. Comprendí entonces los malos ratos que había hecho pasar a mis benditos padres…

  3. Teresa 18 noviembre 2013 / 8:41

    Cuando mi madre se sacaba la carrera de Biologia estudiando en la biblioteca, mi hermano y yo correteábamos por la zona infantil y juvenil, devorándolo todo, y también nos encontramos con ese pedazo de clásico. Tuvimos la misma reacción que tú, que el sexo era un sacrificio asqueroso que había que hacer para poder tener hijos, me encanta xDD
    Muy fan también de La vida es así, y de los cromosomas bailando pegados y liándose y desliándose… Qué tiempos! :)

  4. basileia29 18 noviembre 2013 / 13:44

    Me encanta la serie de Erase una vez… y el libro de dónde venimos también lo tuve cuando era pequeña, la verdad es que no me acuerdo de mi reacción, pero me aclaro todo muy bien ;-)

  5. pipistrellum 18 noviembre 2013 / 14:19

    Cope, gracias por contarnos la historia. Es mejor de lo que me imaginaba y jamas hubiese pensado que podria ser asi. XD

    Yo creo que una de las reticencias de los padres a explicar estas es que, aunque el dato en si no sea comprometedor, abre la puerta a mas preguntas incomodas.
    Como te ha ocurrido a ti (o a tus padres)

    La verdad yo sabia que se desarrollaba dentro de la tripa, pero no me cuestionaba que habia que hacer para disparar la gestación. Creo que simplemente queriendo, el bebe empezaba a desarrollarse.

    Aunque yo me preguntaba por donde salia. Tenia dos alternativas.
    He oido de casos de hace decadas donde la mujer se ha quedado con la intriga durante todo el embarazo hasta el parto y creo que no eran raros.
    Que malo es no saber y no poder preguntar.

    Yo me pregunto desde cuando la humanidad sabe como se concibe? Creo que casi todas las tribus lo han descubierto, creo que hay una que no sabe el mecanismo. Aunque la evolucion ya se encarga de que no haga falta saberlo.

    Siento que te hagamos mas casos con estos chascarrillos que en articulos más currados. Ya se sabe el tiron que tienen estas cosas incluso en el siglo XXI.

    Muchas gracias por la entrada, me han encantado.

  6. Dr. Litos (@DrLitos) 18 noviembre 2013 / 14:26

    Fascinante documento, sobrecogedor. La de veces que se menciona “Érase una vez la vida” como referente para toda una generación… da qué pensar, acerca de la divulgación y todas esas zarandajas.

    La verdad es que estoy lejos de sufrir ese papelón paternil, pero la verdad nunca me ha preocupado demasiado. Tampoco hay que hacer mucho drama, y menos hoy día, con tanta información desde tantos frentes distintos. Aunque es bien cierto que los tabúes clásicos siguen ahí incrustados, por muy modernos que nos creamos como sociedad.

    Me ha encantado la actitud tan científica: la solución de “pene dentro de vagina”, por rara, asquerosa e increíble que te pareciese, respondía a todas las incógnitas planteadas; con lo cual, no podías sino dar (por el momento) dicha hipótesis como la más plausible. Método científico puto y duro.

    Sin duda la efemérides más original de todas cuantas has escrito, que por cierto, felicidades ;D

  7. eulez 18 noviembre 2013 / 14:57

    Pues yo esto se lo pregunte a mí padres, que directamente me dijeron lo del “pene en la vagina”. Vale, pero a mí, sin tanto libro de por medio y sin tanto estudio de la anatomía, me entró otra duda, que parece que al Cope infante y empollón se le pasó por alto. Vale, el pene en la vagina ¿y cómo llegan los espermatozoides a donde deben? Porque del pene TIENE que salir algo. Y ese algo ¿CÓMO sale?

    Amigos, es ahí es donde viene la situación embarazosa de verdad para los progenitores, que evidentemente no se van a poner a explicar los mil detalles del apareamiento entre hombre y mujer. Lo de dar salami, vaya. Aún así mi padre (creo) que intentó explicármelo y yo no lo entendí, porque lo único que a mí me salía del pene, por aquella época (claro), era pis. La conclusión por mi parte era evidente: “Entonces, ¿el hombre se mea dentro de la vagina de la mujer?”. No me acuerdo de la reacción de mis padres, probablemente descojonarse y mandarme a jugar con los playmobil. O similar.

  8. pipistrellum 18 noviembre 2013 / 15:01

    Ya que has sacado el tema de los libros, tal vez te interese esta pagina de libros divulgativos antiguos.

    En casa tuve un libro del cuerpo humano. No se compro nuevo y no se si se encontro o se compro de segunda mano, pero le faltaba la paginas de esa parte.
    En la biblioteca de clase me encontre el mismo libro sin falta de paginas.

    El estilo no era realista pero era un estilo diferente del de erase una vez la vida. El cuerpo humano era un mecanismo como una fabrica y habia hombrecillos vestidos de albañill cientifico segun la tarea.
    La parte reproductiva la incluia, incluso el mecanismo hidraulico de ereccion aunque en la representacion era una manguera helicoidal alrededor del pene, en lugar de dos tubos, paralelos.
    He intentado encontrar alguna imagen por internet, pero no lo he conseguido. Lo siento.

  9. Marple 18 noviembre 2013 / 20:46

    Guille (4 años) tuvo recientemente una conversación curiosa con su padre. Estaban jugando con nuestra sobrina, Valeria, que tenía en ese momento unos cuatro meses, y Beni le preguntó:

    – Guille, ¿te apetece que compremos un hermanito o una hermanita como Valeria?
    – Los hermanitos no se compran, papá, salen de la tripa de mamá.
    – ¿Ah, sí? ¿Tú saliste de la tripa de mamá?
    – Sí, y también Nico. ¿Sabes por dónde?

    Breve momento de estupor.

    – No, ¿por dónde?
    – Por el agujero de hacer pis (señalándose el hipotético lugar donde, caso de tenerla, estaría su vagina).

    Conclusión: creo que “la conversación” llegará antes de los ocho años. Los niños de ahora…

  10. jmongil 18 noviembre 2013 / 21:11

    A mí cuando un compañero me reveló lo del pene y la vagina también pensé que estaba de coña conmigo. Menudo disparate. ir por ahí fecundando a base de meadas. Como que las tías se iban a dejar mear así sin más.

    Por cierto, he tenido que esperar a llegar a casa para poder leer esta entrada. En el curro no pude; según el filtro del pc en este artículo había pornografía.
    No sé, el que parametrizó el filtro debe ser un legionario de cristo o algo así.

  11. Multivac 19 noviembre 2013 / 1:43

    Yo no se en qué debía estar pensando en esa época, porque la verdad es que no recuerdo cómo me enteré de estas cosas. De hecho, por aquel entonces me llamaba más la atención la historia, los mapas y la geografía, en lo que también tuvo que ver la serie “Érase una vez”, pero en este caso la versión “…el hombre”. Aunque ahora que lo pienso, recuerdo un libro con unos dibujitos donde explicaba lo de la erección y esas cosas. Y haciendo memoria me doy cuenta por primera vez que ese libro apareció de repente y estaba sospechosamente a mano en la estanteria… Supongo que, sabiendo lo que me gustaba trastear con los libros, estaba previsto que lo encontrara y me enterara por mí mismo. Sutiles, mis padres…

  12. Copépodo 19 noviembre 2013 / 5:17

    Una cosa a añadir que dejé en el tintero y que viene a colación por las distintas experiencias que contáis y la reacción, al parecer más común, de incomodidad o asco con el tema: en un montón de culturas en todo el mundo (quizá sea incluso el estado original de las familias humanas), la familia entera duerme en la misma estancia, con lo que los niños seguro que acaban conviviendo con el sexo de sus padres de forma más cotidiana. a nosotros nos puede chocar bastante, pero seguro que en el fondo era lo más habitual en el paleolítico.

    Hoy en día supongo que estas cosas se tratan con más naturalidad. Ya iréis contando los padres (como Óscar) cuando os vaya tocando contarlo, pero creo que somos más de decir las verdades que de pensar que éstas pueden causar ningún tipo de trauma.

    Pueblerino: muy avispado y perspicaz, sí señor

    Eulez: en los libros estos, de hecho, sí que hablaban de lo que era el semen (por lo que sabías que era distinto a la orina, aunque no necesariamente cómo se le hacía salir)

    Jmongil: pues menudo filtro flojo que puso el responsable. ¡Cuidado no te vayan a pillar leyendo cosas inadecuadas!

    Gracias a todos por comentar

  13. ccasanueva 19 noviembre 2013 / 9:29

    Pues no es por fardar (o no) pero el mío con 4 años ya nos ha preguntado “cómo llegan los bebés a la tripa” y “cómo se juntan las piezas de mamá y papá”. La terminología viene de un cuento que le compramos cuando venía su hermana de camino, que decía básicamente que hacer un niño era como juntar las piezas de un puzle, una de papá y otra de mamá.
    Le contamos lo del pene y la vagina y se quedó callado mirando al infinito (raro en él que esté callado) durante unos minutos. Luego nos miró y dijo “vale”. Y se alejó de nosotros en silencio. No hemos vuelto a oir nada sobre el tema XD

  14. Pancho 19 noviembre 2013 / 15:12

    En referencia a tu párrafo introductrio, es que eso está cantado: ir a una montaña tropical no tengo muchas chances de que me toque y menos aún de saber lo que estoy haciendo allí.

    Lo otro se da un pelín más seguido.

    Tu relato es impagable y da para pensar en cuántos tabúes podrían suprimirse por tontos, a la vista de que decenas de libros e imágenes, no te dicen nada, para luego sacar el meollo del tema en una frase :)

  15. pipistrellum 19 noviembre 2013 / 15:27

    En nuestra cultura parece claro de donde viene la represión. Aunque puede que tenga una base practica. Era lo unico que habia para combatir las ETSexual.

    Pienso que con la agricultura cambio tambien la cultura y entre otras cosas la poblacion se concentro y habia que tomarse el sexo con mas cuidado para evitar contagios masivos.
    En poblaciones recolectoras la dispersion reducia los encuentros personales.

    Pero no esto seguro si la represion existe desde hace 2000 años con las religion catolica. Ya oido que de hace menos de 200 años habia bastante libertad de este tipo y hace siglos los papa tenian hijos. Asi que no tengo nada claro.

    Es interesante la forma de tratar el sexo y la intimidad fuera de nuestra civilizacion hoy y antiguamente.

    Me ha resultado curioso que los indigenas tambien hacias bromas con temas sexuales y escatologicos. Yo pensaba que estaba bromas se debian a la represion.
    Tambien puede ser una contaminacion de la traduccion, no se ningun idioma indigena; pero no lo parecia.

    Puede haber un razon para la vergüenza en momento intimos. Si haces caca en el monte la velocidad de reaccion en caso de peligro es mucho menor. Y teniendo relaciones pasa parecido, aunque dos pares de ojos ven mas que uno.

    En tal caso deberiamos sentir mas vergüenza de otros seres que de humanos conocidos. Pero en realidad pasa todo lo contrario.

    En tribus indigenas que viven todos juntos en una misma choza no si se tiene relaciones en la propia vivienda. No solo padres sino el hijo con la novia, etc o buscan un sitio perdido entre la selva.

    Tambien está el tema de la planificación familiar. Conviene poder controlarla, porque es mas eficiente tener menos hijos y vivan casi todos.
    Aqui hasta la llegada de los metodos modernos casi solo existia la abstinencia y algunos metodos de baja eficacia.

    Creo que las tribus Zoe han encontrado sus propios metodos anticonceptivos, aunque creo que son abortivos. En España, creo que la Ruda tambien tiene efectos abortivos o hacer bajar la regla.

  16. Gui García-Saúco S. (@guillesauco) 19 noviembre 2013 / 23:55

    Dios, Copépodo. Creo que ahora te respeto más por compartir esto con la blogosfera o como se llame. Por cierto, me he reído, gracias.

    Como era de esperar, esa manera tuya de preguntar me recuerda a la mía, que fue hace ná, dicho sea de paso. Solo que yo directamente preguntaba cosas a los mayores, hasta que mi padre me compró un librillo bastante serio sobre medicina humana. Era como una guía de campo, pero a mí lo que más me gustaba eran los huesos. Total, que un día, tras avalanchas de preguntas al estilo de: “Papá, ¿cómo se aparean los humanos?”, mi padre abrió el libro y me lo puso delante de las narices en un capítulo del que yo siempre pasaba, porque los cortes sagitales y sobre todo los órganos que desconocía me aburrían un poco. No lo entendí, cerré el libro y pasé. Al poco tiempo se lo pregunté y me lo contó, y yo con un trauma que no veas. Menudo guarrindongo hay que ser para ir por ahí metiendo el pene en sitios. Por cierto, luego abrí el libro de nuevo y lo entendí, pero me pareció ultrapornográfico: era un corte sagital, al estilo de los dibujos de da Vinci, que mostraba un pene dentro de una vagina. Mortal. Yo tenía 8 años.

    Seguro que estabas acostumbrado a ver insectos y otros animales, por ejemplo, en la 2, los ñues unos detrás de otros y haciendo “eso”, y luego ni podrías imaginarte cómo llegaban los espermatozoides a cumplir su cometido.

    Pero así es la vida, y es gracioso recordarlo luego. O no, a lo mejor resulta que el sexo nos corrompe y hace que seamos adultos, quién sabe.

  17. orab 20 noviembre 2013 / 14:08

    HAY QUE METERLA EN ADOBO. Así se lo diré a mi hijo.

  18. Copépodo 21 noviembre 2013 / 0:31

    Ccasanueva: ¡Cuatro años! Creo que se lleva el premio a la perspicacia infantil.

    Pancho: Bueno, gracias por pasarte, ya ves que al final, cumplo.

    Pipistrellum: a mí me da que en los casos de indígenas que viven en espacios pequeños tienen el sexo dentro aunque haya niños, creo que todo este tabú es cultural.

    Saúco: Tu preguntita es cojonuda. “¿Cómo se aparean los humanos?”, jajaja, debe ser de las formas más incómodas de que un hijo te pregunte por el sexo.Lo del corte sagital, a mí me pasó lo mismo, como contaba arriba, la solución la tuve delante todo el tiempo, pero me resultaba tan inimaginable que era incapaz de interpretarlo.

    Orab: ¡Borrico! X-D

  19. pvaldes 23 noviembre 2013 / 1:20

    Me parece fatal, aquí deberías haber puesto un cartel que pusiera “atención spoiler” en letras gordas.

    Ahora no voy a poder dormir con la idea… estarás contento

  20. Cat77 24 noviembre 2013 / 10:10

    Me encantan estos posts, Copépodo. Yo soy de las que van entrando pero no comentan nunca, aunque esta vez no puedo evitar dar mi “versión de los hechos”.

    Yo también vi “Érase una vez la vida”, y recuerdo que mi libro de 5º de EGB explicaba la fecundación y todo eso. Pero yo también notaba que me faltaba algo; cómo llegaban los espermatozoides al óvulo. No había forma de enterarse. Una amiga me comentó que el pene y la vagina “se tenían que tocar”, y claro, a esa edad ya me di por satisfecha.

    Cuál fue mi sorpresa cuando encontré, unos pocos años más tarde, en la habitación de mi primo mayor, una revista pornográfica con fotos tamaño folio a todo color… El asco fue monumental, dejándome con la sensación de que eso tenía que doler un montón, y que nunca en la vida iba a hacer algo así… XD

    También recuerdo lo sorprendida que estaba de que eso hubiera existido siempre sin yo enterarme, e iba mirando a la gente por la calle preguntándome si ellos también lo hacían. No sólo eso, la idea de que tooodo el mundo había nacido porque alguien había hecho “eso” me parecía increíble.

    Mis padres nunca me hablaron del tema, y si yo pregunté no lo recuerdo. Sí recuerdo que cuando tenía 16 años y empecé a salir con mi primer novio, mi madre me soltó: “Sabes que si haces según qué te puedes quedar embarazada, ¿no?”. A buenas horas.

    En fin, que enhorabuena por el post. Genial, como siempre. :)

  21. Copépodo 25 noviembre 2013 / 23:02

    Uf, supongo que el porno debe ser un camino especialmente duro para caerse del guindo en este aspecto. ¡Gracias por animarte a comentar!

  22. Rufo 30 noviembre 2013 / 1:41

    Pues en mi caso fue con ‘El Médico Responde’, un coleccionable de tres tomos que vino a primeros de los 90 con el ABC (porque en mi casa cuando aún vivía mi abuelo, se leía el ABC), y bueno, en alguna de las entradas de esa enciclopedia, que por cierto era bastante seria, venía aquello de ‘pene-dentro-de-vagina’. Y si, misma reacción, “qué asqueroso”, y “qué violento”. Pero Dr. Litos ha hecho una observación muy aguda: al igual que Kepler al estudiar la órbita de los planetas (como muy bien narraba Carl Sagan), en vez de ignorar, investigamos; y al enfrentarnos finalmente a la dura y desagradable verdad, la aceptamos. Porque ciertamente ‘tenía sentido’. Si amigos: método científico puro y duro. Si es que nos viene de lejos, macho.

  23. Pilar 11 diciembre 2013 / 12:43

    Descubrí hoy tu blog, por casualidad, intentando averiguar las diferencias entre un gambón y un langostino!
    Estoy leyendo muchas de tus entradas de un tirón, y, aunque no suelo participar, esta vez quiero presentarme para darte la enhorabuena por tu ingenio en los post y, sobre todo, para darte las gracias por escribir tan bien (tan correctamente), y tan ameno.
    Lo dicho, gracias y un saludo

  24. Copépodo 12 diciembre 2013 / 6:11

    Rufo: por una parte estoy orgulloso de mi “yo” pequeño por su perspicacia, pero por otra me decepciona que no se hubiese dado cuenta teniendo todas las pistas, jeje.

    Pilar: pues muchas gracias a ti por animarte a comentar, un saludo

  25. Nevermind 16 diciembre 2013 / 1:22

    Rafa, grande, grande, grandisimo post. Cada historia que escribes es una delicia.

  26. AnnaGallis 18 diciembre 2013 / 20:27

    Has descrito mi vida infantil punto por punto: la serie de érase una vez la vida coincidiendo con el nacimiento de mi hermana, la lenta pero efectiva colección de los libros de la serie (el muñeco por desgracia, no… mi hermana por aquel entonces tenía un año y pico y disfrutaba metiéndose los higadillos del pobre hombre en la boca, de forma que mi madre los tiró sin piedad antes de que se asfixiara), dibujos escabrosos de gente abierta, las incógnitas y el libro de Grijalbo, que creo que lo repartían junto con el libro de familia.

    Lo que es cierto y he de confesar (a petición de mi novio, que se está descojonando de la risa) es que traté de encontrar ese eslabón siempre omitido (y a conciencia) de la cadena y fui derecha a mi madre a espetarle: “mamá, tú… ¿tú sabes si los espermatozoides vuelan? Eso en el libro no viene, ¿se notan de alguna manera?” Creo que le salieron canas in situ. Luego se recompuso y se rió de mí en mi cara.

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